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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » 5 CHICOS (27: UNA PAJA EN CASA DE PABLO)
[ Mano lavada, salud bien guardada. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 04-Sep-08 « Anterior | Siguiente » en Autosatisfacción (596 de 611)

5 Chicos (27: Una paja en casa de Pablo)

Hector Richvoldsen
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Carlos, Jaime y Daniel pasan la noche en casa de Pablo, y una vez más, ocurre lo inevitable. De nuevo el pie lo darán los canales de TV locales. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Era el primer viernes del curso, y los ánimos estaban bastante distendidos en el IES Ribera. Daniel y Pablo no tenían partido ese fin de semana, pues acababan de lograr el ascenso y tenían un par de semanas de descanso antes de empezar la liga regular. Carlos y Jaime estaban aún sin plan, pues David y Luis apenas habían dado señales de vida en toda la semana. El quinto que solía juntarse con ellos en los recreos, Manu, hoy había faltado a clase al estar con gastroenteritis.

-¿Habéis quedado con alguien esta tarde? –Preguntó Pablo en el segundo y último recreo.

-No, ¿por? –Respondió Daniel, mientras Jaime y Carlos negaban también con la cabeza.

-Pues porque esta noche mis padres se van a una boda y me han dicho que si quería que invitara a algún amigo a dormir para no estar solo. Si os queréis venir...

-Vale. –Dijo raudo Daniel, que desde que había llegado de Sevilla apenas había hecho amistades.

-Tú no has quedado con David, ¿no? –Preguntó Jaime.

-Que va. –Dijo Carlitos. –Por mí vale, mis padres seguro que me dejan.

-Vale, pues yo también voy. –Se apuntó también Jaime. –Si eso se lo podíamos decir a David...

-Si no te importa mejor no, que tampoco quiero que seamos muchos. –Dijo Pablo, aunque lo cierto era que no le hacía mucha gracia invitar a alguien a quien apenas había visto dos o tres veces.

-Vale, si seguro que decía que no...

-Pues entonces quedamos en mi casa a las 8 o así, ¿vale? Mi madre ha dicho que me iba a dejar dinero para pedir unas pizzas o algo, y si queréis bajamos al videoclub que hay al lado de mi casa a alquilar alguna peli. Vosotros sabéis donde es, ¿no? –Dijo Pablo refiriéndose a Jaime y a Daniel. Carlos era obvio que lo sabía, vivían en el mismo portal.

-Yo no. –Dijo Daniel.

-¿Sabes donde están los juzgados?

-Ni idea.

-¿Y el parque de Santa María? –Intervino Carlos.

-Ah, eso sí.

-Pues justo ahí, el único bloque que hay con los ladrillos blancos, ese es. Es el número 14, 3ºC. –Dijo Pablo.

Unas horas más tarde ya estaban todos en casa de Pablo. Comenzaba a hacerse de noche, y ya tenían todo preparado. Un par de juegos para la consola, una peli de miedo con pinta de ser bastante gore, unas cuantas bolsas de patatas fritas, una caja con cuatro helados para el postre, dos botellas de Coca-Cola de 2 litros y dos cartones de vino que habían conseguido gracias a Luis. El plan perfecto.

Hasta las diez y pico estuvieron viciándose a la consola, pidieron las pizzas y se pusieron a ver la peli, que en realidad tampoco era para tanto. El calimocho se empezó a subir, y más que miedo, la película les dio bastante risa. La sangre era tan exageradamente roja y los gritos de dolor tan cómicos que era imposible tomársela en serio.

Por suerte no era demasiado larga, y hora y media después, poco antes de las doce, ya se había terminado, con un final a la altura del desafortunado guión. Aún era pronto para irse a la cama, al día siguiente no había que madrugar y había que aprovechar que no había padres que les mandaran a dormir. Pablo hizo zapping, y quitando programas del corazón y películas empezadas, no había nada de interés. Casi sin quererlo, acabó parando en los canales locales, donde las películas empezadas eran algo más subidas de tono.

En el primer canal había una película erótica, en la que más que verse se intuía la acción, lo cual dejaba bastante que desear. Al pasar al siguiente la cosa mejoraba, dos chicas se desvestían la una a la otra de forma sensual. No eran muy guapas, pero tenían un par de cuerpos muy bien modelados. La escena tenía su morbo. Una vez desnudas, las chicas se tumbaron en el suelo para dedicarse a un buen 69.

-Joder, que desperdicio... –Dijo Daniel.

-¿Por qué? –Preguntó Jaime.

-Pues porque se lo están montando entre ellas cuando yo le daba un buen pollazo a cada una...

-Claro, y seguro que se conforman con una polla canija como la tuya... –Dijo Pablo, el único que había visto a Daniel desnudo.

-Pues si, a las tías les gustan las pollas sin casi pelos, como a nosotros los coños. –Afirmó Daniel muy convencido.

En la pantalla, un primer plano del coño rasurado de una de las chicas era lamido con fruición. Los rosados labios vibraban mientras la lengua de la otra atacaba directamente a su clítoris. Giro de cámara, y vista general del otro chochito. Un par de dedos se adentraban suavemente en él, aunque daba la impresión de que podían entrar otros dos sin problemas.

Los cuatro chicos se estaban empalmando irremediablemente, y ninguno parecía tener interés en dejar de ver la película. Es más, todos estaban pensando en lo mismo, hacerse una paja disfrutando de la peli, pero ninguno se animaba a ser el primero. Daniel miraba a Pablo, no le parecía de recibo empezar sin tener el beneplácito del dueño de la casa. Tampoco le importaba mucho la presencia de Carlos y Jaime, seguro que en cuanto empezaran a masturbarse ellos también estarían a lo suyo.

Pablo se pellizcó la polla sobre el pantalón, un gesto que pareció abrir la veda. Daniel hizo algo similar, aunque de paso se levantó suavemente la camiseta verdiblanca del Real Betis Balompié, dejándose el ombligo al descubierto. Era como un primer paso, una declaración de intenciones. Hubo un cruce de miradas por toda la sala de estar, aunque nadie dijo nada.

Tampoco hizo falta. Un nuevo pellizco de Pablo fue acompañado por un descarado restregón de Carlos y por un movimiento rápido de Jaime colocándosela bajo los slips. Daniel lo interpretó como vía libre, y también metió su mano dentro del pantalón, aunque esperando acontecimientos. Pablo se arrancó, y los demás le imitaron enseguida.

De la nada había aparecido un hombre en la escena, que se apresuraba a desnudarse mientras las dos chicas terminaban con su dueto. Una vez desnudo, se abalanzaron sobre él y comenzaron una mamada a dos bocas. Antes de que soltara el primer gemido, los cuatro ya estaban con las pollas en la mano, eso sí, aún por dentro del pantalón.

Era un tanto absurdo, pues al fin y al cabo todos sabían lo que estaban haciendo los demás y salvo Daniel con Carlos y Jaime y viceversa se habían visto todos, pero en el fondo todos estaban bastante pudorosos. La estancia comenzó a llenarse de olor a polla, propia o ajena, y Pablo cayó en la cuenta de que necesitarían algo con que limpiarse o alguno podría ponerle la casa perdida. Se fue rápido al baño y trajo un rollo de papel higiénico a medio terminar, con eso sería más que suficiente.

Ya que él era el dueño de la casa y también el único que se había masturbado ya con los tres invitados por separado, decidió ser quien tomara la iniciativa a la hora de quitarse algo de ropa. Hacía calor, y aunque no lo hubiera hecho, siempre es más cómodo hacerse una paja en pelotas y dejar que el chorro de lefa caiga donde quiera sin miedo de mancharte la ropa.

Se quitó la camiseta y se bajó un poco los vaqueros piratas y los boxers de lycra para estar más cómodo mientras Jaime, sentado justo a su derecha en el sofá, le miraba como pensando por qué no se le habría ocurrido a él antes. De paso, aprovecharía para lucir los cuatro pelitos que le habían crecido en las últimas semanas, que aunque seguían bastante lejos del matojo negro de Pablo, le ponían por delante de Carlos, como poco.

La incógnita era Daniel, aunque hubiera apostado porque andaría también por detrás. Duró poco la emoción, pues de un tirón se bajó pantalones y boxers hasta los tobillos. Como Carlos, más o menos, aunque su polla era más rara, si bien Jaime no sabía muy bien por qué. No dijo nada pues tampoco le interesaba demasiado el tema, prefería mirar a los dos pivones del televisor.

-¿Qué te pasa en la polla, tío? –Saltó Carlos, que sí parecía más interesado.

-Que tengo fimosis, creo. –Respondió Daniel.

-Hostia, eso lo tuvo un primo mío de pequeño. Es lo de que tienes la piel de la polla muy estrecha y te molesta, ¿no?

-Más o menos. Dolerme no me duele mucho, pero no puedo dejar el capullo al aire.

-Joder, ¿y entonces como te haces pajas? –Intervino Jaime.

-Pues así. –Explicó Daniel mientras hacía una pequeña demostración a poca velocidad.

-Pues vaya. –Carlos cortó la conversación, se bajó un poco el pantalón y comenzó a pajearse de nuevo con la peli, no era plan de descentrar a todo el mundo, pues Jaime y Pablo seguían a lo suyo pero empezaban a molestarse.

En la tele, el tío comenzaba a cepillarse a una de las chicas mientras la otra se dejaba meter mano por los dos. Era un trío de libro, sin aportar apenas nada al género, pero en el fondo era excitante. Había multitud de primeros planos, algo que el pajillero siempre agradece.

Pablo se había colocado de medio lado en el sofá, con las piernas dobladas sobre él. Aún conservaba el moreno que había cogido en la playa, y era sin duda el que tenía la piel más oscura de los cuatro. Era incluso difícil de distinguírsele los cuatro pelos negros que tenía por las piernas. El corte del bañador le dejaba un corte blanco en el pubis y los muslos, haciendo un fuerte contraste con el resto de su piel.

Se pajeaba deprisa, sin mucho afán por aguantar mucho tiempo. Comenzaba a ser tarde y tenía algo de sueño. También estaba más emocionado que de costumbre con la película, aunque había cogido la costumbre de ver los canales locales siempre que podía. Una gota de sudor resbaló desde su axila, mientras su mano derecha se agitaba sobre su polla.

Incluso un poco más rápido iba Daniel, subiendo y bajando el prepucio con buen tino para no darse tirones. Se fijó en que Jaime dejaba al descubierto casi todo el glande cada vez que se echaba la piel hacia atrás, mientras que Carlos se pajeaba más o menos como él, con el capullo siempre tapado. Al menos no era el único en hacerlo así.

Se giró y vio a Pablo poner caras raras. Había acelerado un poco y miraba fijamente a la pantalla, aunque tan absorto que parecía estar mirando más allá de la televisión. Sin previo aviso, un chorro blanco se estrelló contra su moreno abdomen, y dos gotas más salieron disparadas un poco más cerca del vello púbico. Los demás le miraron, como de costumbre, aunque esta vez su corrida no fue tan copiosa como en otras ocasiones.

Jaime se animó y se propuso superarla, aunque sería difícil. Se había desarrollado un poco más en los últimos meses, pero seguía sin correrse en condiciones, apenas unas gotillas acuosas en el mejor de los casos. Había probado con todo lo que había oído, quesitos, tocino, bollería industrial, y hasta con pistachos, pero lo único que había conseguido era que le saliera un nuevo michelín. El único método que le había dado algún resultado era estar dos o tres días sin pajearse, pero era demasiado sacrificado.

En la tele el tío había cambiado tanto de chica como de postura, pero continuaban la misma música repetitiva y los primeros planos recurrentes. La calidad de la cinta era bastante pobre, pero en realidad eso era lo de menos. A los chicos les bastaba con lo que se veía.

Mientras Pablo se limpiaba un poco con el papel higiénico, Jaime se preparó para correrse. Cogió un trozo de papel y se lo colocó sobre la tripa, para evitar pringarse de lefa. Las medidas de precaución eran del todo desproporcionadas, ni un caballo habría necesitado tanto para limpiarse. Lo retomó por donde lo había dejado, y en pocos segundos se demostró que se había pasado con las previsiones. Se le formó un goterón de semen espeso en la punta, pero que quedó contenido con la mano que rodeaba la polla. Agarró el papel y se limpió con él, pero aún así siguió sobrando un buen trozo.

Ni Daniel ni Carlos lo necesitaban, aunque de haberlo hecho tampoco se lo hubieran pedido prestado, claro. El primero no soltaba ni una gota; el segundo apenas se mojaba los dedos. Tampoco es que estuvieran obsesionados por el tema, eran los más pequeños y era normal, pero en el fondo sentían cierta envidia sana por Pablo. Iván le había contado a Carlos que desde que había empezado a correrse aquello le daba mucho más gusto, así que tenía interés por experimentarlo, no por presumir de machote.

El sevillano era feliz así, era un pajillero compulsivo y solían caer más de dos o tres diarias. Le bastaba con el gustillo que sentía al cabo de un rato dándole al manubrio, aunque externamente no diera ningún síntoma de haber llegado al orgasmo. "Ya llegará", se decía. En el fondo hubiera preferido tener la polla más grande para presumir en las duchas, como todo el mundo, pero tampoco le quitaba el sueño.

Siguió pajeándose a su manera mientras Pablo y Jaime se subían la ropa. Se la sujetaba con dos dedos y movía la piel todo lo que podía, evitando no hacer tope para no hacerse daño. No había tenido acceso a demasiado porno, así que aquella película era de lo mejor que había visto hasta el momento. Se imaginó siendo él quien se montaba un trío con su antigua profesora de Lengua y con una compañera repetidora que siempre iba enseñando tanga y no duró mucho más sin correrse. Como siempre, fue un orgasmo discreto y nada aparatoso, al ser totalmente en seco. "Ya me correré", pensó.

Carlos se había quedado el último, quizá porque se había pajeado ya tres veces a lo largo del día. Una nada más llegar a casa después de clase, otra después de comer y la última en la ducha, antes de salir de casa. Ninguna tenía un motivo especial, sólo le había apetecido y lo había hecho, sin más. Como cuando estaba sin compañía se corría en menos de dos minutos, se podía permitir el lujo de hacérselas en cualquier momento.

La cuarta del día estaba costando un poco más, pese a ser la única con inspiración gráfica. Le gustaba la peli, pero se resentía del esfuerzo de toda la tarde. Se propuso correrse antes que el tío de la tele, pero apenas lo pensó, cambió la escena y el protagonista se masturbaba frente a la cara de las dos chicas, que esperaban su corrida con la lengua fuera y los ojos cerrados. El primer chorro le cayó en el pelo a una de ellos, el resto se esparció por sus caras de una forma muy poco glamourosa. Carlos lo observó con atención y comenzó a pajearse a toda leche, como tuviese que esperar a la siguiente escena se le iba a cortar todo el rollo.

Por suerte las chicas se pusieron a jugar con el semen, esparciéndoselo por la cara y las tetas. No le gustaba mucho ese tema, pero Carlos no tenía más remedio que aprovechar. Unas cuantas sacudidas rápidas y se corrió sin pena ni gloria, apenas mojando un poco el glande con líquidos preseminales. Demasiado esfuerzo para un solo día. Se limpió lo poco que había manchado y se vistió también, y siguió mirando la tele a la espera de que alguien decidiera que hacer.

-¿Lo cambio ya? –Preguntó Pablo cortésmente cuando comprobó que los demás habían terminado.

-Sí, sí, quítalo ya, yo ya estoy. –Respondió Carlos subiéndose de nuevo el pantalón.

-Vale. Joder, vaya rollo de tele.

-Oye Daniel, ¿has ido al médico o algo para lo de la polla?

-Que va.

-Pues yo que tú iría, que a mi primo le dijeron que si no se operaba se le podía romper en cualquier momento y desangrarse allí mismo... –Dijo Carlos, convencido de ser un experto en el tema.

-Venga ya... –Dijo Jaime.

-Los del equipo ya le hemos dicho que se lo mire, pero él pasa...

-Joder, es que... ¿Qué hago? Voy y le digo a mi madre: "mamá, mírame la polla a ver si me pasa algo", ¿no? –Dijo Daniel, partiéndose de risa nada más terminar la frase.

-Pues tú verás, pero como un día te hagas sangre vas a tener que decírselo igual... –Intervino Carlos.

-Bueno, pues ya veremos lo que hago. ¿Otra partida al FIFA?

TodoRelatos.com © Hector Richvoldsen

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