Después
de la comida, mi hijo me agarró y me estuvo follando un buen rato. Me hace
disfrutar mucho, sabe como tratar a una mujer. Entre la follada del mozo de
habitaciones y la de mi hijo acabé agotada y no tardé mucho en quedarme dormida,
mi hijo se acostó en mi misma cama y estuvimos toda la noche abrazados.
A la
mañana siguiente me despertó la voz de mi hijo:
●
...si por favor, no
tarden...gracias.
●
¿Con quién hablas, Pedro?
●
Con el servicio de
mantenimiento del hotel. Hay una lámpara que no funciona.
●
Bueno, me voy a duchar
antes que vengan.
Me
levanté y me fui al cuarto de baño para darme un baño. Me metí en la bañera y
abrí el grifo haciendo que el agua recorriera todo mi cuerpo. Aquella ducha me
estaba relajando mucho, cerré los ojos y estuve así un buen rato, hasta que
sentí como llamaban a la puerta.
●
Buenos días, pase por
favor.
●
Con su permiso caballero.
¿Dónde está el problema?
●
Es aquella lámpara, no
funciona.
Aquella
conversación me devolvió a la realidad. Cerré el grifo y me dispuse a salir,
cuando me di cuenta que en el baño no estaba el albornoz, sólo había una toalla
de invitados.
●
Mamá sal ya del baño que
nos tenemos que marchar, se nos hace tarde.
Al
escuchar a mi hijo comprendí que quería exhibirme delante de aquel tipo. Estuve
dudando un poco. Después de lo la noche anterior con el mozo de habitaciones, no
me parecía del todo bien intentar algo con el mozo de mantenimiento. Hice tiempo
mientras me secaba, esperando que el operario hubiera acabado para cuando yo
saliera.
●
¡Mamá, se nos hace tarde!
¡Sal ya!
Aquello
era ya una orden, me lié la toalla al cuerpo, pero al ser una toalla de
invitados, me tapaba lo justo, dejando ver mis muslos y un hermoso escote.
●
Vaya, por fin. Venga
vístete que se nos hace tarde.
●
Buenos días señora
●
Buenos días.
Por la
forma de mirarme de aquel tipo, estoy segura que el mozo de habitaciones ya le
habría puesto al corriente. Estoy segura que la avería (si es que la había) ya
la había arreglado. No me quitaba los ojos de encima.
Mi hijo
se había marchado al baño, creo que quería probar si yo era capaz de hacer algo
sola, sin su ayuda.
Yo
estaba muy nerviosa, no me atrevía ni a moverme y permanecía sentada en el borde
de la cama, esperando si terminaba de arreglar la lámpara.
●
Mamá, ¿te estás vistiendo?
●
Voy enseguida.
Está
claro que mi hijo me estaba probando, así que empecé a vestirme. Como sabía que
el mozo no me quitaba los ojos de encima, primero me puse a hacer la cama. Me
incliné para estirar las sábanas, dejando a la vista mi culo. No sabía en
realidad si me estaba viendo, ya que estaba de espaldas a él. Pero me entretuve
un buen rato.
Luego
me fui hasta la mesita de noche, saqué unas bragas, y también de espaldas me las
fui poniendo lentamente. Me incliné para meterla por los tobillos, dejando
nuevamente mi culo al aire, y fui subiendo lentamente.
Cuando
llegué a la parte de la toalla, no tuve reparos en subirme ésta completamente,
dejando a la vista mi culo un buen rato mientras subía las bragas, ahora más
lentamente.
Seguía
de espaldas, así que no sabía si en realidad el mozo lo había visto todo. Para
salir de dudas, me volví, manteniendo la toalla ya desliada de mi cuerpo, pero
sujeta con una mano tapándome los pechos.
El mozo
estaba mirándome fijamente, con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta. En
el pantalón se le marcaba un buen paquete, estaba claro que lo había puesto muy
cachondo.
●
Por favor, ¿me acerca la
blusa que está en aquella silla?
●
Si... si... enseguida.
¿Esta?
●
Si esa, gracias.
Se
acercó a mi y me dio la blusa. Yo sin dudarlo dejé caer la toalla, dejando mis
pechos al aire, y delante suya me puse la blusa. Me la abotoné muy despacio. El
mozo no me quitaba la vista de encima, pero estaba inmóvil, incluso creo que no
respiraba.
En eso
que mi hijo se decidió a salir del baño.
●
¿Ya ha terminado con la
avería?
●
Si... si... ya está lista
señor...
●
¿Todavía estás así mamá?
●
No sé que ponerme.
●
Ponte lo que sea, no vamos
a tardar en volver.
●
Señor yo me marcho...
Aquel
chico quería su propina como su compañero.
●
Mamá, ¿tienes algo suelto
para darle al mozo?
●
No...
●
Déjelo señor... otro día si
acaso...
●
No hombre, no te vas a ir
así.
●
Venga mamá, dale su
propina.
Sin
dudarlo me acerque al chico y le dí un beso en los labios. El chico estaba
inmóvil y tenso. Me agaché y le bajé los pantalones y los calzoncillos. Hice que
se los sacara y empecé a tocarle la polla, y darle besitos, luego me la metí en
la boca y se la chupé un buen rato.
Aquel
chico no se movía, tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad. Creo que
no tenía mucha experiencias con la mujeres. De pronto se le puso la polla muy
tiesa, me agarró de la cabeza y empezó a meterla y sacarla con fuerza. A mi me
costaba trabajo chupar por lo que me quedé quieta y dejar hacer al chico. Se
corrió dentro de mi boca. La corrida era interminable, salía tanta cantidad de
semen que no pude tragármelo todo.
Cuando
acabó no me la sacó de la boca y como me tenía sujeta la cabeza no pude
separarme de él. Se le empezó a poner poco a poco flácida y pude otra vez
empezar a jugar con ella en mi boca. Le dama lametones y se la succionaba, pero
no entendía por qué no me la sacaba de la boca.
De
pronto me agarró con fuerza y se quedó muy quieto, y empecé a notar en mi boca
un líquido caliente y amargo. ¡Se estaba meando en mi boca!
Quise
liberarme, pero no pude y su meada entraba con fuerza en mi boca. Mi hijo, que
lo estaba viendo todo, dijo:
●
¡Traga, traga! Trágatela
toda.
Aquello
era asqueroso, pero no tuve otra opción y me bebí gran parte de la meada del
aquel chico.
Por fin
terminó, pero aquello había excitado mucho a mi hijo, quien sin mediar palabra,
me quitó la ropa me tumbó en la cama y me la metió de golpe. Me folló
salvajemente, con fuerza y debía de estar tan cachondo que no tardó mucho en
correrse.
El
chico seguía en la habitación, pero una vez que mi hijo hubo acabado con su
follada, le despidió.
●
Mamá has estado estupenda,
me has sorprendido.
●
Deja que vaya al baño para
limpiarme.
●
Está bien, pero no tardes.
Me fui
al baño a limpiarme, estaba sucia. Tenía la boca llena de restos de leche y de
meada del mozo y el coño lleno de la leche de mi hijo.