EL MEJOR AMIGO QUE UNA CHICA PUEDA TENER
Aunque estábamos riendo por ver a un grupo de cómicos en la
calle haciendo un número muy divertido, yo me encontraba muy triste. No podía
reprimir por más tiempo la emoción que a lo largo de aquella mañana desde que
desperté me había rondado por el corazón como un cuervo de mal agüero.
Finalmente la aflicción me sobrevino, y pudo conmigo, abatiéndome por completo.
-¡Ey-me sonrió él al verme así-!, ¿qué pasa mi amor?. ¿A que
viene esa cara?.
Me rodeó la cintura y me medió abrazó afectuosamente, dándome
unos pocos besos en frente y mejillas. Las lágrimas salían imposibles de
detener. Y los recuerdos volvieron a mi mente.
Hacía un mes había llegado del otro extremo del país. Un
sitio desconocido, una ciudad nueva, gente nueva…excepto él. Él era Manuel, una
de las más bellas personas que jamás había conocido, el mejor amigo que una
chica pueda tener. Atento. Fiel. Sincero. Honesto. Muy cariñoso. El tipo de
hombre que solo existe en el cine. Nos habíamos conocido por un chat muchos años
atrás, tantos como toda una década. A raíz de aquellos contactos por el
inforchat se estableció una amistad más que cordial. Cuando él estaba mal, le
ayudé. Cuando lo pasé mal yo, él me devolvió el favor. A veces nos llamábamos,
apreciando el sonido de nuestras voces, una cualidad poco valorada hoy día.
Cuando la amistad se consolidó, descubrí su gran ternura, fruto de una infancia
carente de ella. Cada vez que podía me decía uno de sus piropos capaces de
sacarle los colores a una. Yo sabía que eso solo lo hacía con las amigas muy
allegadas a él, con las que quería de verdad. En el fondo, incluso me daba algo
de pena. Un hombre tan fantástico y que siempre estuviera solo por el mundo, sin
una chica que lo amara. No era justo.
Fue ese sentimiento lo que me indujo a coger mis vacaciones e
ir a verle. No le había dicho nada hasta el día anterior a la partida del viaje,
y lo único que le dije en ese momento fue se allegara al aeropuerto X día a X
hora, que luego lo entendería todo. El momento en que me vio se creyó morir, no
sabía donde meterse. Cumplió la promesa que durante años me hizo si un día nos
veíamos en persona: nada más verme me dio un abrazo tan largo y cálido que medio
en broma medio en serio pedí que nos separásemos de una vez. El trayecto del
aeropuerto al bus que nos llevaría a la ciudad lo hizo abrazado a mi cintura,
como si tuviera miedo de soltarme por temor a que me desvaneciera. En mis largas
charlas con él le confesé que me preocupaba todo ese cariño retenido y lo
idealizada que me tenía, pero él demostró tener los pies en la tierra más de lo
que creía y no se dejó llevar, quedando en una posición de "amigo íntimo". Las
tres siguientes semanas y media fueron la locura: conocí a sus amigos, de los
que tanto me había hablado, visité los lugares que había visto en sus fotos, y
por suerte mi viaje coincidió con las fiestas patronales de su ciudad, por lo
que disfruté como una loca de bailes, música y diversión a su lado. Manuel, cada
vez que me veía, y eso era todos los días, me sonreía y me dedicaba los mismos
piropos que me decía por MSN: "cara guapa", "cosita preciosa", "angelito
bello"…Siempre pensé que lo hacía por esa cualidad del MSN que era no tener a la
gente delante, de esa libertad que supone no tener cara a cara a la otra persona
y por la que muchas personas son mucho más sueltas por el MSN que fuera de él.
Sabía que él era muy tímido con las chicas, era algo que no había logrado
superar, pero conmigo era como el novio perfecto…sin serlo. Aún así, cada vez
que me miraba veía cuanto me quería, y cada vez que me daba un abrazo me sentía
segura. Veía lo especial que yo era para él, notaba que yo era diferente de las
otras amigas con las que tenía ese trato. Si no lo conociera bien, podría decir
que él me quería de verdad, pero nunca dio muestras de querer ir más allá de la
amistad, jamás se propasó ni una sola vez, y muy raro era verlo en una salida de
tono.
Aunque era guapo, su concepto de sí mismo lo limitaba a la
normalidad. Tenía el mismo color de pelo que yo, castaño oscuro, y con los ojos
verdes. Tenía ese antiguo corte de pelo de raya y flequillo ladeado que a pesar
de mis intentos por cambiárselo no pude hacerlo, y no fue por falta de
intentonas si no por propio pelo, cuya forma estaba tan asentada que aunque el
viento se lo movía, luego recuperaba su aspecto de siempre por sí solo. Me hacía
tremenda gracia eso, y él estaba encantado de hacerme reír. Conocí a sus padres
(el resto de sus familiares vivían en otras ciudades), su mundo…pasé 30 días
enteros de felicidad absoluta a su lado, parecía vivir en una nube, pero mis
vacaciones tocaban a su fin. La realidad se imponía, y yo con ella.
-Ojalá no tuviera que irme. ¡Estoy tan bien contigo!...
-Y yo contigo cariño-me sonrió-…Venga por favor, no me pongas
mala cara, no quiero que mi último recuerdo de este mes contigo sea una cara de
tristeza.
-No puedo evitarlo. No soporto la idea de dejarte solo.
-Pero no soy solo, cosita bella. Tengo a mis amigos, a mi
familia…Tengo todo lo que necesito…¿no te apenes, vale cariño?...Estaré bien…
No quise contradecirle, pero me moría de ganas de preguntarle
"¿y el amor?". Si no lo hice fue porqué sabía qué respondería: agacharía un poco
la cabeza, ladearía la vista con amargor y luego fingiría estar bien, como si no
pasara nada. Me acerqué a su lado y me dejé abrazar por él. Podía notar que él
tampoco estaba alegre, pero se resistía a dejar que la tristeza la dominase. Su
esfuerzo por sonreír me impresionó pues (durante años) una larga depresión lo
condenó al ostracismo social, del que salió a duras penas. ¿Cómo una persona tan
buena podía sufrir tanto?. Jamás he podido entenderlo. Incluso llegué a
preguntarme si su bondad fue el resultado de su dolor o si por el contrario fue
que por ser tan bueno acabó sufriendo tanto. Es un misterio que nunca pude
resolver.
-¿Te parece que pasemos un último día mejor que todos los
demás días?.
-Estaría bien-le sonreí-.
De pronto se me quedó mirando fijamente. Intuía que algo me
iba a decir.
-Los hombres somos gilipollas.
-¿¡Qué-me reí ante aquel comentario-!?. ¿A que viene eso?,
¿por qué lo dices?.
-Por ti. Lo digo por ti…¿Cómo es posible que los chicos solo
quisieran hacerte sexo…cuando podrían hacerte el amor?.
Me puse de mil colores, aunque esos comentarios eran para mí
algo cotidiano y natural desde que, años atrás, me sobrevino una depresión tras
una ruptura sentimental muy dolorosa, que me provocó una pérdida total de
autoestima. Cuando él lo supo me empezó a decir cosas de esas: "vales mucho",
"eres preciosa", "te comería a besos"…Sé que no estaba enamorado de mí, que lo
único que intentaba hacer era animarme para que recuperara la alegría, para
sacarme del pozo de la depresión que él conocía tan bien…y lo hizo, logró que me
recuperara, que volviera al mundo. Se portó como todo un ángel, y era así fuera
del MSN, no como otros que conocía, que eran como Jekyll y Hide. Lo que otros
tenían que fingir a duras penas, a él le salía de forma natural.
-¡Ay calla, que me vas a ruborizar-le dije con un manotazo-!
-¡Mejor, me gusta que te emociones-me sonrió con ternura-!.
Cumplimos nuestro pacto, y pasamos un día estupendo, un
último día lleno de una alegría que posiblemente no repetiríamos en años. Las
horas pasaron y al final nos encontrábamos en la puerta de mi hotel, mientras la
tarde caía hacia el crepúsculo.
-¿Cuando marchas?.
-Mañana a primera hora. Creo que esta es la despedida,
Manuel. No me podrás ver para despedirte mañana, estarás durmiendo a esas horas.
-Eso parece…pero no me importa, lo he pasado genial, angelito
bello.
Besó mi frente y me cogió las manos, intentando retenerme
inútilmente.
-¿Me pasarás las fotos en cuanto las reveles?.
-Te mandaré una copia de todas-le dije-.
Sabía que si se iba le perdería, que no volvería a verlo,
posiblemente de por vida. Nos dimos un último abrazo y un par de besos en las
mejillas, pero cuando íbamos a separarnos quedamos cogidos de las manos, con los
brazos extendidos. Por mi mente pasaron todas las largas charlas sobre la
amistad y el amor, sobre sus comentarios hacia mí a lo largo de los años: "a ti
no hay que quererte….hay que amarte", "eres una de las pocas personas de las que
no me importaría enamorarme", "si se diera el caso de que mi primera vez fuese
contigo, sería el hombre más afortunado de toda la tierra". Al verlo, algo
cambió dentro de mí. Me quedé mirándole a lo ojos. Podía ver la inocencia en su
rostro. Él no entendía porqué no le soltaba. El caso es que no podía hacerlo. No
me veía capaz de dejarle ir. Aún no.
-Manuel-susurré en un suspiro-…
Le hice venir a mi lado y le besé suavemente, abrazándole.
Manuel no protestó ni se enfadó, sólo dejó salir todo ese cariño que llevaba
retenido.
-Eres una auténtica belleza-me dijo al oído-, eres…
-Sssh-le puse mi dedo en sus labios, y luego la mano-…
Le hice entrar en el hotel. Subimos a mi habitación y allí
creí llegar al cielo. En sus brazos me sentía protegida, segura, a salvo. Le
volví a besar, y él respondió al beso con otro. Le desnudé como él a mí, sin
prisa, poco a poco. Parecía que el mundo hubiera dejado de existir: sin trabajo,
sin agobios, sin jefes protestones, sin facturas, ni ataduras de ninguna
clase…solo dos personas profesándose su mutuo cariño, un hombre y una mujer en
el umbral de un destino común.
-¿Lo deseas de verdad?.
Mi respuesta fue mi entrega a él, ya totalmente desnuda. Le
abracé y entonces él me apartó sin brusquedad para que no creyera que me
rechazaba. Cogida de sus manos, me miró de arriba abajo. Aquella mirada tan
cargada de pasión me hacía sentir de todo. Me tenía azorada y emocionada desde
la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies.
-Oh dios mío, ahora ya sé que estoy en el cielo…
-¿Por qué-le pregunté curiosa-?.
-…Porqué estoy delante de un ángel.
Era una fuente inagotable de piropos y halagos. Le atraje
hacia mí, nos echamos en la mullida y confortable cama, y nos seguimos besando.
Sabía que aquello quizá solo traería complicaciones (la naturaleza del sexo
jejeje), pero no me importaba. Estaba allí porqué quería estar allí.
-Eres un camelador-bromeé-. Como sabes halagarme.
-Es que te mereces todos esos halagos. Te quiero muchísimo
Ángeles. Te adoro.
Su voz sonaba tan maravillada, tan infantil y tan inocente,
que me enterneció y me excitó más a la vez. Si ninguna chica lo había amado
debidamente, entonces yo iba a ser la primera. Usando un poco el ingenio me
levanté, cogí una silla, le hice sentarse en ella y yo me senté encima de él,
frente a frente, y mis manos bajaron por los músculos de su vientre hasta sus
piernas, para luego subir y apoderarme de su enhiesto miembro. Los preliminares
en la cama daban paso al gran momento final, el momento que los dos deseábamos.
Preliminares de besos y caricias, de lametones, de sensaciones cálidas y
exuberantes.
-Eres una auténtica belleza, cariño mío...¡un verdadero
encanto!.
Metió su cabeza entre mis pechos y los devoró como un niño
glotón. No paró de alabar mis curvas una y otra vez, de bendecirlas con sus
labios y con su lengua jugosa y juguetona que estaba encantada de jugar con la
mía.
-Que hermosura de mujer…¿Cómo puedo ser tan afortunado por
haber conocido a una ninfa tan linda como tú?...Mi amor-me besó en los labios-,
mi ángel-otro beso-, preciosa-otro eso-, cosita bella-y otro más-…
-¿Seguro que esto es lo que queremos?.
Su respuesta fue el beso de lengua más apasionado y largo que
nadie me había dado jamás. Teniendo en cuenta la amistad que nos unía fue normal
que tuviera un leve ataque de duda, pero él disipó todas mis inseguridades de un
plumazo.
-Te quiero-y si no lo conociera tan bien, aquello hubiera
significado "te amo con toda mi alma"-.
Presa de la lujuria y de la pasión separé las piernas para
él, y él posó su cabeza entre ellas. Aquello no era algo que me apasionaba, pero
por él accedí a dejar que me lo hicieran…¡y bien que hice!. Manuel sabía más de
lo que parecía, supo dedicar tiempo y ganas a mi sexo mojado y palpitante. Fue
el mejor trato que le habían dado jamás, muy atento y sin prisa por terminar, no
como otros que lo hacían solo por cumplir.
-¿Quieres más-me preguntó con su mejor sonrisa-?.
-Síiiii, claro…lo quiero todo. Dámelo todo.
-¡Marchando-me besó en la boca-!.
Después de un buen número de minutos de besos, de sentir sus
labios en las puntitas de mis pezones, de gozar con su lengua entre mis piernas
y él de devolverle el mismo favor por otro, lo único que nos quedaba era lo que
los dos más deseábamos.
-Ángeles, mi amor…
-Manuel…
Incorporándome un poco sobre él coloque su puntita sobre mi
entrepierna, y con mucha pausa fui bajando, arqueando un poco la espalda y
poniendo el culo un poco en pompa. Manuel me recorrió la espalda con sus manos y
las posó sobre mis nalgas. Oír sus gemidos de placer me excitó más. Me abrazó y
confortó en todo momento. Al recuperar la postura, estaba sentada frente, los
dos íntimamente unidos como solo un hombre y una mujer pueden unirse. Durante
unos momentos quedamos muy quietos, sin mover un músculo a excepción de nuestras
bocas, unidas y entrelazadas por nuestras lenguas cariñosas. Entonces, al
mirarnos, empezamos a hacer el amor como si de verdad fuéramos enamorados. Yo me
balanceé con suavidad y mi interior recibía a Manuel con los brazos abiertos. Le
rodeé con los míos por encima del hombro, y en un acto que fue mutuo, no
cerramos los ojos mientras nos amábamos, si no que nos aguantábamos las miradas
como en un juego secreto de ver quien los cerraba primero, pero ninguno de los
dos cedía, haciendo que la complicidad fuera más elevada.
-¡Contra la pared-forcejé un poco-, contra la pared!,
¡llévame contra la pared, mi amor!. ¡Ponme entre ella y tú!.
Con un brazo me rodeó por mi trasero y con la otra mi espalda
a la altura de los hombros, sin dejar de penetrarme. Me levanto como si yo
pesara un jirón de nube y me puso contra la pared tal como yo quería
sosteniéndome con su poderoso ariete y con mis piernas entrelazadas por su
cintura. Le cogí bien fuerte y me apreté contra él. Mi deseo por él estaba más
encendido que nunca. Le amaba, le quería, le apreciaba, le deseaba, estaba loca
por él. ¿Cómo no estarlo?. Era del todo imposible. Manuel me amaba, me poseía de
tal manera que todas y cada una de sus acometidas era una declaración de amor.
Era el cielo, y si no lo era, desde luego se trataba de algo muy parecido.
-¿Puedes…puedes llevarme a la cama-le supliqué-?.
-¿Quiere que terminemos allí?.
-Sí-le pedí con los ojos vidriosos-.
-¡Pídemelo mejor, preciosidad-me besó-!. ¡Dímelo de nuevo mi
amor.
-Llévame a la cama, vida mía…Llévame al cielo…
Con las pocas fuerzas restantes que le quedaban cumplió su
palabra, me llevó a la cama, me tumbó con mucha dulzura y allí, en un ambiente
que solo puedo calificar de perfecto, hicimos el amor hasta que me llevó al
éxtasis.
-Te quiero Manuel….¡mi amor goza, goza conmigo!, ¡quiero ser
tuya, gózame!.
-Te amo, cosita bellísima…te quiero con locura…quiero gozar
contigo, quiero acabar cuanto tú…gocemos juntos…gocemooooooos…
Nos cogimos de las manos y besándonos para callar los gritos
de placer al fin dimos rienda suelta a años de pasiones reprimidas y deseos no
consumados. Se movió unas pocas más y entonces lo sentimos, estallamos,
explotamos, reventamos por dentro hasta el delirio. Cayó sobre mí y le recibí
con los brazos abiertos, le colmé de mimos y de atenciones como él a mí. Por
espacio de varios minutos permanecimos abrazados, y aunque al día siguiente
debía despertar temprano me dio igual, ya dormiría en el viaje de vuelta a casa.
Viví el resto de la noche en sus brazos.
Han pasado ocho meses desde aquel viaje, ocho meses en que
nuestra relación no cambió un solo ápice. Seguimos siendo amigos, seguimos
diciéndonos piropos y planteando (de vez en cuando) la misma posibilidad que
planea sobre todos desde hace años, la de una futura relación entre nosotros
dos: cambiar una amistad perfecta por un noviazgo incierto. Es un riesgo, sí,
pero cuando era niña me dijeron que quien no arriesga no gana. A pesar de no
estar decidido, ya tengo planes para volver en cuanto pueda, posiblemente para
quedar junto a él de forma definitiva. Quizá pierda al mejor amigo que he tenido
jamás, pero a cambio quizá gane al amor de mi vida.