El amanecer nos expulsó del paraíso y nos devolvió a la
realidad, Carmen salió hacia su trabajo, temiendo el encuentro con su jefe,
presagiando su propia indecisión, luchando por compaginar su dignidad y su
ambición.
Y yo, mientras me dirigía al gabinete, pensaba si no me
habría extralimitado con mis palabras sobre Roberto, prácticamente le había
aconsejado que se dejase llevar del placer que pudiera sentir cuando éste la
metiese mano. Recordé algo preocupado mi respuesta a su pregunta sobre si
debería dejarle ir más allá. Lo que le dije parecía una clara invitación a hacer
lo que hiciera falta para no perder el ascenso.
……
-
"¿Qué?" – Carmen llevaba ya un rato incómoda por las
insistentes miradas de Roberto a sus piernas y se decidió a afrontar el
asunto con la esperanza de que la dejara trabajar tranquila, se había
sentado de lado para poder cruzarlas sin preocuparse ya que Roberto estaba
al otro lado de la mesa, pero éste se las ingenió para acabar frente a ella;
era como un niño, - pensó Carmen -, a veces su comportamiento rayaba lo
infantil.
Prefería verlo de ese modo antes que como un acosador, le
resultaba menos difícil afrontar sus manoseos como la travesura de un chiquillo
que como el abuso de un pervertido. Roberto la miró fingiendo no entenderla
-
"Basta ya, no me dejas concentrarme en lo que leo"
-
"¿Y yo qué culpa tengo de que tus piernas sean tan
largas, tan perfectas…"
-
"Ya, ya, ¿podemos seguir trabajando?" – Roberto no tenía
intención de parar.
-
"¿Te las has medido alguna vez?" – Carmen se quedó
boquiabierta ante lo inesperado del argumento, no pudo evitar un golpe de
risa que molestó visiblemente a Roberto, ella intentó suavizar el efecto de
su gesto.
-
"Nunca se me ha ocurrido tal cosa, eso de las medidas es
mas cosa de chicos" – Carmen maldijo su tendencia a sacarle punta a todo,
Roberto creyó ver en esa frase un resquicio y lo aprovechó
-
"¿Quieres saber mi medida?" – su sonrisa resultaba casi
sucia.
-
"No gracias, no tengo el más mínimo interés, venga,
sigamos trabajando"
-
"Veintidós centímetros" – Carmen estalló en una
carcajada, era un farol propio de un adolescente en plena sobredosis
hormonal y no se pudo controlar, Roberto se levantó y echó mano de la
cremallera de su bragueta.
-
"¿Qué haces? ¿estás loco?" – Carmen descruzó las piernas
y se irguió dispuesta a levantarse si a Roberto se le ocurría seguir
adelante.
-
"¿Juegas al mus?" – Carmen no le seguía – "he lanzado un
órdago y tú has dicho ‘lo veo’"
-
"No Roberto, no he dicho nada, dejémoslo ya, y si no
vamos a trabajar me voy" – dijo recogiendo los papeles de la mesa, Roberto
levantó las manos en señal de rendición
-
"De acuerdo, se acabó el tema, pero reconoce que te he
intrigado" – Carmen renunció a seguir alimentado aquel absurdo diálogo.
-
"Venga, a tu sitio" – dijo indicándole con un dedo la
silla al otro lado de la mesa, le trataba como a un chiquillo malcriado y
Roberto obedeció sonriendo.
-
"Luego dirás que no te hago caso" – Carmen había
reanudado la lectura del documento y no se dio cuenta de que había sonreído
al escuchar este último comentario, Roberto vio el gesto.
-
"¿Ves como en el fondo te lo pasas bien conmigo?"
Carmen subió la vista hacia él con expresión de incredulidad
y volvió a la lectura; pensó que, a pesar de todo, había conseguido crear un
buen clima entre ellos en el que le resultaba más fácil controlar sus excesos o
soportarlos cuando no podía disuadirle. Aquella situación le resultaba más
llevadera que la confrontación permanente en la que ella asumiría el papel de
víctima y él sería el abusador.
Poco antes de terminar la reunión, Roberto le anunció un
almuerzo para el día siguiente con miembros de la junta del Colegio para
negociar una inserción no publicitaria en la revista con motivo de la
reestructuración del gabinete.
Carmen redactaba unas notas reclinada sobre el respaldo de la
silla, ‘¿ya sabes?’, levantó la vista del documento.
-
"¿Pretendes que los seduzca?" – aquello era una broma
típica de Carmen sin ninguna intención, pero se arrepintió inmediatamente de
haberla dejado escapar, Roberto la miró de arriba abajo.
-
"¡Vaya! Me parece una gran idea, ya sabes lo que dice el
refrán: puede más un par de tetas…"
-
"Ya, ya"
-
"Ese vestido de punto que trajiste hace unos días, sería
ideal, te sienta como un guante" – Carmen se sorprendió de la frescura con
la que intentaba organizarle su vestimenta.
Al día siguiente, tras ducharse, se detuvo ante el armario de
su ropa, si accedía a la sugerencia de Roberto parecería un gesto de obediencia
que éste intentaría repetir, por otra parte si no se ponía ese vestido se
sentiría mal consigo misma, estaría sometiendo su criterio en función de lo que
él dijese.
Al final se decantó por un vestido que le había regalado un
par de semanas antes, me gustó porque tenía una caída similar a la de la seda,
se ajustaba a su cuerpo marcando el contorno de sus formas y me pareció muy
sensual; En tonos burdeos y tierra, de manga francesa, justo por encima de la
rodilla, abotonado por delante hasta la cintura y con un amplio escote redondo;
Cuando se lo probó en la tienda me gustó tanto que no dudé en regalárselo; Como
el tejido es muy ligero y se marca mucho eligió un conjunto de braguita y
sujetador en encaje de color rosa palo, con cierre delantero en el sujetador que
evita que se marque en la espalda, la braga de talle alto y con forma casi de
tanga apenas dejaba huella en su culo. Rara vez usa pantys y aquella mañana
escogió unas medias de presión, unos zapatos de tacón bastante alto y bolso a
juego.
Cuando Roberto la vio al entrar en su despacho, silbó con
admiración.
-
"¡Dios! Es mucho mejor que el que te había dicho que te
pusieras" – Carmen se sentía desnuda cuando Roberto la miraba así, aguantó
un momento mas y le interrumpió.
-
"¿A qué hora hemos quedado’" – dijo avanzando hacia la
mesa de reuniones, su caminar lento y armonioso hace danzar sus caderas de
una manera que es difícil no quedarse enganchado en ellas, Roberto la
alcanzó a medio camino dejando caer la mano en su cintura, Carmen se percató
de la levedad del tejido al notar el contacto, mucho más nítido que con
otros vestidos de invierno, los dedos de Roberto persiguieron el relieve del
borde de la braga por su cadera mientras caminaban hacia la mesa, dándole un
pequeño cachete en el culo cuando llegaron a su destino; Hace apenas unos
meses, - pensó – no le hubiera tolerado una cosa así, sin embargo ahora
formaba parte de lo cotidiano y apenas levantaba en ella la menor
incomodidad, apenas sentía el azote en su culo lo olvidaba, era la mejor
manera de no salir quemada de aquellas situaciones.
Fue una reunión corta en la que establecieron la estrategia a
seguir en el almuerzo, al levantarse de la silla Carmen captó la mirada que se
colaba en su escote ahuecado, evitó hacer ningún comentario, ya se había
acostumbrado a aquellas intrusiones y había llegado a la conclusión de que era
mejor ignorarlo para no darle pie a que insistiera; Se dirigió a la puerta
deseando no tener que aguantar ninguna escaramuza mas.
Pero Roberto no iba a perder la oportunidad y la alcanzó casi
en la puerta, sujetándola por las caderas con sus dedos demasiado adelantados
hacia su vientre, la levedad de la tela hacia que lo sintiera casi como si no
llevara ropa, esa misma sensación debió sentir Roberto al tocar la cresta de sus
caderas porque su dedos no se estuvieron quietos.
-
"¿No te despides?" – le pareció tan pueril la excusa que
no pudo evitar que se le escapase una breve risa.
-
"Nos vamos a ver en un par de horas, no me voy a China"
-
"No importa" – dijo haciéndola girar.
Carmen se dejó hacer, preparada para reconducir hacia sus
mejillas un par de besos mal dirigidos y resignada a soportar algunos tanteos a
su culo y sus caderas, siempre vigilante por si alguna vez se le ocurría
sobrepasar los límites que estaba dispuesta a tolerar. Quedó frente a él apoyada
en la puerta, Roberto mantenía las manos en sus caderas a medio camino de sus
nalgas, ella sujetaba la carpeta con sus brazos como una especie de barrera;
Subió lentamente sus manos a lo largo de los brazos de Carmen y la tomó por los
hombros.
La miró al escote y cogió la carpeta con una mano, Carmen
resistió un instante el intento de despojarla de su improvisada defensa pero al
final cedió y dejó que se la quitara y la lanzara a una silla; Otra vez – pensó
hastiada– otra vez tendré que aguantarle; Apoyó sus brazos en los hombros de él
en una postura que le permitiría alejarle si fuera necesario; En ese momento
recordó mis palabras, ‘un día de estos va a querer tocarte el pecho, o las
bragas’ – no lo iba a consentir, en absoluto.
Sintió el roce de sus dedos en el cuello e instintivamente
echó la cabeza hacia atrás como si ahuyentara a una mosca, esos gestos de Carmen
provocaban en Roberto un sentimiento de humillación y cierto rencor que pensaba
cobrarse algún día.
-
"Estas preciosa, les vas a dejar boquiabiertos, sobre
todo si este botón…" – cogió con dos dedos el primer botón del escote y lo
desabrochó con habilidad – "… aparece así, como por descuido" – los dos
lados del escote se doblaron hacia fuera.
-
"Yo no hago esas cosas" – dijo al tiempo que avanzaba una
mano para abrochárselo, Roberto la retuvo antes de que llegara a su destino.
-
"No te engañes querida, tú haces esas cosas y muchas más
con tal de conseguir lo que ambicionas"
Carmen recibió aquel insulto como una bofetada; Era cierto,
la enfrentaba a su realidad, Roberto la estaba calificando de puta sin
mencionarlo. Avergonzada, sintió el rubor que caldeaba sus mejillas. Como si esa
afrenta que acaba de recibir la hubiera dejado inerme, dejó que le apartara la
mano del escote. Roberto la miraba a los pechos sin disimulo.
-
"Así está mucho mejor, dejas que se insinúe más de lo que
en realidad se ve, pero será suficiente para que coman de nuestra mano" –
alcanzó con sus dedos el segundo botón que quedaba justo encima del
sujetador – "… porque dos, quizás sea demasiado" – soltó el segundo botón y
el lacio vestido se abrió dejando el sujetador a la vista, Carmen, decidida
esta vez a detener aquello se movió con rapidez y comenzó a intentar
abrocharlo, pero de nuevo Roberto la detuvo.
-
"Espera mujer, no tengas tanta prisa, total ¿ya qué más
te da?"
-
"Roberto, déjalo ya, por favor" – su mano estaba
prisionera por la de él, ninguno de los dos cedía, Carmen agachó los ojos
para ver lo que mostraba; Demasiado, el escote se abría hasta más abajo del
sujetador que quedaba expuesto ante Roberto, éste captó su mirada.
-
"¿Ves? no es para tanto, solo me enseñas un poquito el
sostén y un poquito de tus tetitas, concédeme este pequeño placer y te dejo
ir"
Le miró a los ojos indignada, era la primera vez que se
refería tan claramente a sus pechos, su conducta le pareció miserable y su
mirada tradujo ese sentimiento sin disimulo, a pesar de ello, sintió un
cosquilleo en su estómago.
-
"¿Me vas a decir que te asusta enseñar las tetas? Con el
color que tienen estoy seguro que te pasas las vacaciones en top less
delante de todo el mundo" – sus ojos no dejaban de mirarla al pecho, Carmen
sintió de nuevo ese hormigueo en su vientre al escuchar cómo se refería a
‘sus tetas’.
-
"Eso es algo que no te incumbe" – dijo con dureza.
Roberto rió, mantenía firmemente sujeta su mano sobre su
pecho, sin permitir que se abrochara.
Se sentía acorralada, le preocupaba plantear una situación
rígida en la que Roberto no iba a ceder y no sabía a dónde le podía conducir su
intransigencia, pensó que si no luchaba terminaría todo antes; ·De nuevo comenzó
a sentir esa sensación de irrealidad en la que las cosas parecen suceder
demasiado deprisa y sus reacciones, sin embargo, se vuelven exasperantemente
lentas. Al fin relajó la tensión en su mano y al notarlo Roberto la dejó libre,
Carmen dejó caer su brazo.
-
"Vale, como quieras…" – Carmen tenía el vestido abierto
mostrando su ligero sujetador hasta la mitad de las copas, apenas enseñaba
nada pero se sintió desnuda – "¿ya has visto suficiente? Ahora me marcho" -
pero no estaba dispuesto a terminar tan pronto.
Roberto detuvo con firmeza el intento de Carmen por separarse
y clavó los ojos en sus pechos que aparecían apenas cubiertos por el breve
sujetador rosa.
-
"Estas preciosa, pero es demasiado para ellos, aunque no
para mi" – sus dedos acariciaron su piel bordeando la curva de sus pechos,
amenazando con introducirse bajo el fino tejido del sujetador.
-
"Suéltame ya, por favor"
Hablaban casi en un susurro, ambos eran conscientes de
que, pegados a la puerta, podían ser escuchados desde fuera y ese punto de
clandestinidad despertó en Carmen sensaciones que no esperaba; Afuera se
escucharon unos pasos a lo largo del pasillo que se acercaban, Carmen volvió
alarmada la cabeza hacia la puerta, su cuerpo estaba en tensión por si
aquellos pasos se detenían. Roberto movió los dedos sobre la curva de su
pecho derecho, pero Carmen le detuvo de un rápido manotazo, toda su atención
se concentraba en vigilar quien se acercaba a la puerta.
Cuando los pasos se alejaron, Roberto reanudó sus
caricias sin que ella le detuviera, aun estaba agobiada por la situación y
no reaccionó al movimiento de sus dedos sobre su piel; Son esos pequeños
gestos no pensados los que sin saberlo, marcan las pautas de conducta;
Carmen le detuvo cuando se acercaba un peligro potencial pero le permitió
seguir cuando ese peligro se alejó; de cara a Roberto aquello significó una
aceptación tácita si las condiciones eran las adecuadas, es como si Carmen
le hubiera dicho: "ahora no, es peligroso", para luego añadir: "ahora ya
puedes".
Pasado el peligro Carmen sintió los fuertes latidos que
golpeaban su pecho, un leve temblor que esperaba no fuera perceptible
recorría todo su cuerpo, otra vez mis palabras resonaron en su cabeza, ‘¿Te
mojas cuando te toca?’ jamás, nunca se había sentido húmeda… hasta ese
momento; Roberto deslizaba un dedo por debajo del tirante del sujetador
hasta alcanzar el bordado de la copa, forzándolo hacia fuera como si
quisiera arrastrar toda la prenda, luego emprendía el camino de regreso una
y otra vez, aumentando imperceptiblemente la intensidad con la que lo
elevaba y la profundidad que alcanzaba el dedo bajo su tirante y que se
trasladaba más adelante bajo su copa rozando la parte alta de su seno; Se
alarmó, no se sentía excitada ni atraída por Roberto, no le gustaba la
situación que estaba viviendo, sin embargo, su cuerpo decía otra cosa; ¿por
qué?
Mientras Carmen se hacía estas preguntas había abandonado
la vigilancia de los movimientos de Roberto, ahora la sujetaba más abajo de
los riñones con una mano y la mantenía pegada a él, su espalda seguía
apoyada en la puerta pero aquella mano que la sujetaba la forzaba a pegarse
a su pubis y hacía que su espalda se arquease, en una postura inestable que
solo su punto de apoyo en la puerta le evitaba perder el equilibrio. Carmen
sentía el contacto de los muslos de Roberto en los suyos, presionando
ligeramente; Debería haberse movido para mantener un equilibrio mejor pero
evitó hacerlo para no darle opción de intentar meterse entre sus piernas.
Notó como la mano que sujetaba sus riñones se deslizaba junto con el vestido
hacia arriba, el tejido era tan ligero que resbalaba por su piel sin
dificultad. Echó una mano hacia atrás y le obligó a soltar la tela.
Roberto mientras tanto había ido bajando su mano hasta el
enganche del sujetador y jugaba con él. Carmen se puso tensa al notar
aquellos dedos entre sus pechos.
-
"Ya está, Roberto, se acabó" – éste hizo caso omiso de su
advertencia.
-
"Calla, te van a oír" – Carmen forcejeó débilmente.
-
"¡Por favor!"
-
¿Me vas a negar un capricho a mí, que te estoy
encumbrando en esta empresa?" – las yemas de sus dedos palpaban el enganche
como si estuvieran intentando descifrar un código, de nuevo resonaron mis
palabras ‘¿te mojas cuando te toca?’
Se escandalizó al notarse húmeda, ¿Por qué esta vez le
ocurría? ¿Qué diferencia había? ¿Y por qué le estaba permitiendo avanzar más que
nunca?
Muy a su pesar tuvo que reconocer la excitación que por
primera vez le provocaba aquella situación, excitación que no deseaba pero que
estaba ahí, era innegable, y que quizás le daba ese punto adicional de
tolerancia que contaminaba sus razonamientos y desvirtuaba su balance entre las
diferentes consecuencias de rechazarle de plano o tolerarle un poco sus manoseos
antes de pararle. Su escote estaba abierto hasta su estómago, su sujetador, que
apenas ocultaba sus pechos, se mostraba a los hambrientos ojos de Roberto, la
mano que palpaba su culo se empeñaba en arrastrar su vestido hacia arriba… Ya
estaba sucediendo así que darle esa pequeña satisfacción durante unos segundos
mas no era tan grave y le permitía mantenerlo bien predispuesto para su ascenso,
las breves caricias que sentía en su piel rondando el inicio de la curva de sus
pechos era un tributo que las primeras veces la alteraba pero al que se había
comenzado a habituar.
Un dedo se introdujo por dentro del enganche mientras la uña
del pulgar presionó por encima; en un abrir y cerrar de ojos el cierre saltó y
las copas se separaron bruscamente al liberarse sus pechos de la opresión del
sujetador que ahora apenas ocultaba los pezones. Roberto exclamó con admiración
– "¡Pero qué dos preciosidades!" - dobló los dedos y comenzó a acariciar uno de
los pechos por la zona interna empujando la copa del sujetador hacia fuera,
Carmen escuchaba la respiración agitada de Roberto que, con la cabeza agachada
miraba sus senos a punto de quedar desnudos, era cuestión de segundos, sus dedos
se movían lentamente descendiendo hacia la base de su pecho y disparando sus
terminaciones nerviosas, la copa que lo cubría se iba plegando ante el avance de
los dedos, en cualquier momento quedaría desnuda, era cuestión de un segundo
apenas…
Cuando sintió el aire frío en su pezón al separarse la copa
que lo protegía reaccionó empujando con sus brazos a Roberto enérgicamente.
Estaba enfadada, sobre todo con ella misma por haber tardado
tanto en reaccionar, pero volcó todo su enfado en él; De pronto siguió la mirada
de Roberto hacia su cuerpo, el brusco movimiento para alejarle había descubierto
su pecho izquierdo que se mostraba completamente desnudo ante él; se colocó con
rapidez el sostén iniciando un movimiento para darse la vuelta, sintió el rubor
en sus mejillas pero inmediatamente pensó que no podía mostrarse avergonzada; se
volvió hacia él, le miró a la cara con gesto duro y mientras se intentaba
abrochar el sujetador siguió recriminándole.
-
"¿Te crees que puedes hacer cualquier cosa que se te
ocurra? Parece mentira Roberto, es como si hubiera dos personas en ti, a
veces eres capaz de ser una persona estupenda y en dos segundos echas abajo
todo lo que tienes de admirable"
Carmen se sentía ofendida y asustada por su reacción, por dos
veces consecutivas sus nerviosos dedos fueron incapaces de acertar con el cierre
y en ambas ocasiones las copas salieron de nuevo disparadas hacia los lados
provocando que estuviera a punto de volver a quedar desnuda, Roberto observaba
divertido sus problemas y apenas atendía a sus reproches.
-
"Si quieres te ayudo, he sido más hábil que tu soltándolo
creo que podré cerrarlo" – dijo avanzando hacia ella.
-
"¡Idiota!" – el insulto le brotó de lo más hondo, Roberto
rió divertido, aquello había sonado casi infantil.
-
"¡Si solo quiero ayudarte, mujer!" – avanzó la mano hacia
el sujetador y Carmen de un manotazo lo apartó, pero ese gesto desplazó la
copa dejando otra vez desnudo su pecho ante él y tuvo que volver rápidamente
a cubrirse mientras intentaba nerviosamente abrocharlo; Se sentía insegura,
aquellos torpes gestos para taparse daban una imagen de mujer pudorosa,
tímida y vergonzosa, una imagen que no cuadraba con ella, Roberto disfrutaba
con su azoramiento, la veía indefensa y débil; Sujetó sus manos sobre el
sostén y detuvo sus movimientos descoordinados. – "Tranquilízate, vas a
acabar rompiéndolo, déjame a mí, en serio" – su voz había cambiado, su tono
mostraba serenidad, atrás había quedado el juerguista que intentaba meterle
mano.
Carmen estaba a punto de llorar y era lo último que quería
que viera Roberto, había perdido su seguridad y su aplomo había sido sustituido
por una conducta vacilante e indecisa, se encontraba sin saber cómo actuar, no
estaba acostumbrada a sentirse insegura; Sin saber por qué, cedió y dejó que él
se hiciera cargo, bajó las manos, las dos copas quedaron sueltas sobre sus
pechos, por un instante temió que se le ocurriera… pero no, Roberto tomó el
enganche de ambas copas y los estiró manteniéndolos apenas un segundo separados,
admirando la forma redondeada de sus pechos y sopesando la tentación de
desnudarlos ante él hasta que advirtió que estaba a punto de protestar, luego
comenzó a abrocharlo. Carmen sentía el roce en su piel; dos dedos, el índice y
el medio por dentro de la copa derecha sujetando una parte del enganche, otros
dos dedos sujetando la otra mitad del enganche se introducían por debajo de la
copa izquierda rozando la parte baja de su pecho, Roberto mantenía la vista en
sus manos y Carmen le miró mientras la vestía, ¡porque la estaba vistiendo! Y
ella, dócilmente, sumisamente, dejándose hacer; El cosquilleo que sentía en su
vientre con cada roce de aquellos dedos en la sensible piel de sus pechos se
hacía cada vez más patente, comprendió que tenía razón, que hasta ahora se había
obligado a ignorar esos conatos de placer hasta conseguir no sentirlos, pero
siempre habían estado ahí, en cada roce que Roberto había provocado; Notó la
tensión y el rechazo que aparecía en ella ante estos brotes de placer que
avanzaban como pequeñas oleadas y descubrió que, además de considerarlo
impropio, sentía temor a que crecieran sin control. Eso es lo que más le
asustaba: perder el control.
"No luches contigo misma, sería lo más dañino para ti" - mis
palabras resonaron en su mente, intentó hacerme caso, se relajó, dejó de luchar
contra la excitación que nacía en sus pechos y conectaba con su vientre y
entonces la pudo percibir, agradable, dulce, morbosa, aun tuvo que pelear con la
recriminación que se hizo a sí misma por permitirse ese instante de placer no
censurado pero se fue relajando y entonces fue cuando pudo asumir que aquel roce
en sus pechos era agradable, que la situación era excitante, que le gustaba
sentirse deseada y que, sobre todo, le molestaba vivir aquello desde una
posición de indefensión, como si fuese una chiquilla asustada.
Miró a Roberto mientras manipulaba cuidadosamente el cierre
de su sujetador, volvía a ser esa otra persona amable, sensible que a veces
aparecía tras su máscara de conquistador. Se fijó en el relieve puntiagudo de
uno de sus pezones sobre el ligero tejido del sostén y un sentimiento morboso la
invadió al darse cuenta de que Roberto tenía ante sí sus pezones erectos
oscureciendo el rosa pálido del sujetador y se sintió aun mas desnuda: le estaba
mostrando la prueba innegable de su excitación. Era evidente que estaba
demorando intencionadamente el final de su trabajo con su sujetador y sintió una
mezcla de simpatía y ternura por aquel niño grande que mostraba tal ingenuidad
en su treta.
Roberto levantó los ojos y la descubrió mirándole, le sonrió
mientras comenzaba a abrocharle el vestido, cuando terminó con el botón inferior
se detuvo, miró el efecto y dejó el último desabrochado.
Carmen se había rendido, sus brazos caídos a los lados
mientras él la vestía indicaban su renuncia a luchar, la expresión de su rostro
debió delatar su estado porque Roberto se acercó más a ella, la rodeó con sus
brazos y la atrajo hacia su pecho, Carmen no se resistió.
-
"Ya pasó, niña, ya está todo en orden" – le susurró al
oído – "ahora centrémonos en el almuerzo, tenemos que volver a ser el equipo
bien coordinado que ya somos"
Al escuchar esas palabras se avivaron las enormes ganas de
llorar que sentía pero se rebeló ante esa emoción que nunca antes había podido
con ella, de repente se sintió protegida en sus brazos, era lo que necesitaba,
unos brazos en los que refugiarse y aunque no eran los de Roberto los que
deseaba se dio cuenta de que no había hecho el más mínimo gesto para apartarle.
Él lo advirtió también y alargó ese momento de intimidad.
Tras unos segundos en los que Roberto comprendió que algo
había cambiado, acercó su boca a su mejilla y la besó con suavidad, una, dos,
tres veces, mientras le susurraba palabras tranquilizadoras, Carmen se
sorprendió ante aquel arranque de ternura en un hombre que no aparentaba tal
sensibilidad. Roberto continuaba dándole ligeros besos dispersos por su sien, su
oreja, por la mejilla que, lejos de excitarla, la calmaban; Carmen cerró los
ojos deseando que acabase, luchando contra la sensación agradable que esos besos
despertaban en ella, aquellos labios que se acercaban a la comisura de su boca
producían besos breves, suaves y fugaces que acortaban la distancia que le
separaba de su boca, sus palabras tan cerca de su rostro lanzaban su respiración
a su piel como un leve viento que le proporcionaba un placer añadido, era una
caricia deliciosa; Carmen no hacía nada, tan solo le dejó hacer, asombrada por
su incapacidad para reaccionar; Un segundo mas, -se decía a sí misma -, y le
haré detenerse, solo un segundo más.
Roberto estaba entusiasmado, cada vez que la besó y no sintió
rechazo creció su decisión de intentar lo que realmente deseaba, aquel último
beso casi había rozado su boca, avanzó aun mas y dejó que las comisuras de ambos
permaneciesen en contacto, entonces se detuvo ahí, en el límite, en la frontera
de su boca, sin romper el contacto, esperando.
Carmen sintió como se detenía en el borde de su boca, un
pequeño cosquilleo, una sensación agradable de paz y serenidad le impidió
moverse, no pensaba en nada, solo se tranquilizaba en brazos de Roberto con sus
mejillas pegadas y sus bocas a punto de unirse, si lo intentaba le detendría
pero ahora, era todo tan agradable…
Nada. Roberto no sintió ninguna reacción de rechazo, entonces
se deslizó con calma rozando lentamente sus labios y por fin sus bocas se
juntaron, muy brevemente porque Carmen volvió la cabeza y la agachó aunque no
hizo ningún esfuerzo por separarse de él, tan solo pronunció una débil negativa,
Roberto la tomó de la barbilla y la hizo levantar la cabeza, se miraron un
instante, luego puso sus labios en los de ella, suavemente, sin violencia,
presionando tan solo para sentir la carnosa suavidad de su boca.
Carmen notó el movimiento de los labios deslizándose sobre
los suyos, quería pararlo, debía pararlo pero estaba inmóvil, asistiendo como
una espectadora al momento en el que iba a dejar que su jefe la besara, sabía
que no era buena idea, sabía que aquello anulaba todas sus protestas… un roce
suave, agradable en sus labios, una ligera presión… ya estaba hecho, había
sucedido e instintivamente retiró su rostro huyendo de esa boca que no debía
besar, creyó pronunciar una negativa, quizás solo la pensó, luego notó los dedos
de Roberto en su barbilla electrizando su cara, sintió como elevaba su rostro
sin ninguna oposición hasta que sus ojos conectaron con los de él, tan cerca… el
aliento fresco de Roberto actuó como un afrodisíaco, se sentía derretir, se
sentía sin voluntad… cerró los ojos al notar de nuevo como sus labios se hundían
en los de Roberto.
Un nuevo beso en su boca ignoró su protesta, Carmen mantenía
los ojos bajos, casi cerrados, la excitación de Roberto ya era incontenible, el
siguiente beso nació cargado con toda la pasión contenida, apretó sus labios
sobre los de ella que de nuevo protestó forcejeando esta vez para soltarse,
Roberto la rodeó con sus brazos y la besó con gran intensidad, buscando abrir su
boca que cedió a la presión, sus labios se entreabrieron y como un reflejo notó
como su coño se abría como una flor, Carmen instintivamente rodeó su espalda con
sus brazos, pero al sentir como aquella lengua invadía su boca reaccionó,
aquella sensación física de entrega fue suficientemente intensa y peligrosa como
para que recobrase la cordura y le separase con una fuerza que Roberto no
esperaba.
De nuevo Roberto pareció humillado y confundido, se colocó
las mangas de la camisa con un gesto violento mientras Carmen recogía su
carpeta.
-
"No, Carmen, no te entiendo…no sé a qué estás jugando… en
fin, será mejor que vuelvas a tu despacho, o mejor aún: Sal a tomar algo y
te tranquilizas, luego, a las dos te recojo" – Estaba molesto, humillado
otra vez, pensaba que Carmen jugaba con él; Se volvió hacia su mesa sin
mirarla, sin esperar a que saliera.
Carmen no respondió y salió apresuradamente.
Entró en su despacho y cerró la puerta tras de sí, dio unos
pasos hacia su mesa y se inclinó sobre ella apoyando las manos, cerró los ojos,
de nuevo los sentía arrasados en lagrimas ¿Cómo había permitido que sucediera
todo aquello? ¿Qué había sucedido en tan solo unos segundos para que se hubiese
mostrado tan dócil? Se incorporó y caminó por el despacho como si estuviera
enjaulada, al fin se apoyó en la pared y dejó caer la cabeza hacia atrás.
Aún podía sentir el contacto de su boca, intentó sentir rabia
o asco, pero no lo consiguió, lo que su cuerpo sentía era una intensa emoción,
el temblor en todo su cuerpo que la había acompañado durante todo el suceso se
volvió más intenso y la hizo consciente del placer y el riesgo que había sentido
mientras Roberto la besaba.
Las cosas habían cambiado radicalmente, pensó; Roberto había
descubierto a una Carmen sumisa, dócil, complaciente, que apenas oponía
resistencia a sus deseos ¿cómo estaba dejando que las cosas evolucionasen de esa
manera? Cada vez tenía menos control sobre Roberto. Cada vez se sentía más
insegura y vulnerable delante de él. Era algo nuevo para ella y no sabía cómo
reaccionar desde su desconocida posición de debilidad.
Tomó el abrigo y el bolso y salió a la calle, el frio pareció
despertarla de un sueño, una y otra vez revivía la escena que acababa de suceder
y cada vez se escandalizaba más por su tolerancia, ¿Qué vendría después? ¿Qué
iba a querer Roberto tras aquella escena?
Y de nuevo la sensación de humedad en sus bragas en contacto
con su sexo la hizo consciente de algo que hasta entonces no había sucedido, se
había excitado durante el acoso de Roberto, su mente lo rechazaba pero su coño
estaba rezumando flujo como si…
Como si hubiese disfrutado con aquello; pero no era así, no
quería admitir que fuera así, revivió de nuevo la escena, ¿cuándo se había dado
cuenta de que estaba húmeda? ¿Qué estímulos habían desencadenado aquella
reacción física?
La clandestinidad, el peligro de ser descubiertos, si, pero
también el contacto de los dedos de Roberto en su piel, la mirada clavada en sus
pezones erectos que se marcaban puntiagudos a través del sostén y luego, sus
ojos cruzándose mientras él cerraba su sujetador aprovechando para rozar sus
pechos.
Y aquellos besos recorriendo su mejilla mientras ella se
rendía al abrazo acogedor, preludio de los besos a los que se había entregado
después sin ningún intento serio por detenerlo.
Y lo más alarmante y al tiempo lo que más la avergonzaba: su
coño sometido a breves y crecientes contracciones, su coño abriéndose al mismo
tiempo que su boca se abría para recibir su lengua.
Se había excitado, no lo podía ignorar, no podía hacer como
si no hubiese sucedido.
Caminó durante un cuarto de hora antes de entrar a tomar un
café y volver al gabinete.
Tras dejar el abrigo en su despacho se dirigió al baño, allí
se cambió el salvaslip y comprobó que el flujo era abundante, más de lo que
había supuesto, ¿Era una medida fiable de su excitación? No, en absoluto,
rechazaba lo que había sucedido, no quería que su cuerpo la traicionara de esa
manera.
Pero allí, a solas, en el silencio del baño, volvió a revivir
la escena y no pudo ignorar el chispazo de placer que la sacudió al recordar
cómo su pecho quedó desnudo al empujar a Roberto, no pudo ignorar el placer que
sentía al recordar aquella mano sujetando sus riñones y pegándola a él hasta
hacerla sentir su polla en su vientre. No pudo negar que aquellos besos en su
boca habían sido tolerados, que sus brazos habían abrazado a Roberto y que había
estado a punto de rendirse ante la pasión de aquel último beso.
Se miró al espejo, le parecía imposible que la mujer que se
reflejaba en él estuviera haciendo las cosas que hacía. Le asustaba su falta de
control, su abandono ante una situación comprometida, le asustaba no haber sido
capaz de detener lo que sucedía y haber cedido a la excitación que había ido
creciendo en ella hasta dejarla sin voluntad. Había faltado bien poco para que
no hubiera habido marcha atrás.
La seguridad que creía tener de ser capaz de mantener bajo
control a Roberto permitiéndole tan solo pequeños avances se esfumó, ahora se
veía a sí misma como su mayor peligro, ya no solo desconfiaba de Roberto,
empezaba a desconfiar de ella misma.
Miró el botón del vestido, aun desabrochado y se rebeló a
dejarse manipular, lo abrochó con rabia. ¿Era ese un gesto de independencia o
una señal de que se dejaba intimidar? Si lo llevaba abrochado Roberto podía
pensar que se avergonzaba de algo que, si hubiera sucedido por descuido, no
habría tenido la menor importancia, pero si lo dejaba desabrochado podía parecer
que obedecía a sus deseos; O quizás no, quizás significaba que era una mujer
independiente y aprovechaba un gesto que les favorecía en una negociación. Lo
desabrochó de nuevo.
Jamás dudaba tanto, nunca tenía problemas para tomar una
decisión ¿qué le estaba sucediendo? No sabía qué hacer, aquella absurda duda la
mantenía indecisa como no recordaba haber estado nunca. Finalmente volvió a
abrochar el botón.
A las dos en punto Roberto entró en su despacho sin llamar,
apenas se cruzaron unas palabras, la esperó en la puerta hasta que tomó su
abrigo y su bolso, parecía serio; Salieron juntos hasta el garaje y llegaron
hasta el auto de Roberto, Ambos dejaron el abrigo en el asiento de atrás y los
documentos que llevaban.
Camino del restaurante Carmen se mantuvo callada, esperaba
que Roberto no hiciera ninguna alusión a lo sucedido.
-
"Cuando te fuiste me llamó Eduardo, estuvimos hablando un
buen rato sobre todo el proyecto…" – Eduardo, el presidente del consejo,
mentor de Roberto en quien tenía depositada toda su confianza, un psiquiatra
de la vieja escuela, con muchos años de profesión y muy bien situado en
medios profesionales y universitarios, había sido quien la entrevistó y
quien la contrató – "… ¿sabes?, aun no tiene del todo claro tu puesto en el
organigrama, me ha estado preguntando… dándole vueltas…"
Carmen le miró preocupada, había olvidado que aun no era
firme su nombramiento, lo veía tan seguro que no había tenido en cuenta esa
posibilidad, imaginó que debía haber presiones por parte de otros compañeros con
más antigüedad, ya lo había notado en la reunión de los lunes a la que asistía
desde que Roberto la había propuesto para el ascenso.
Se sentía sola en la empresa, sus compañeros de siempre
habían cambiado tanto en su forma de actuar ante ella que se sentía fuera de
lugar, esto había hecho que se fuera distanciando y renunciara a participar en
los grupos habituales que se formaban para tomar café y para almorzar, por otra
parte los psicólogos con más antigüedad, responsables de grupos de terapia como
ella y que aspiraban tiempo atrás a un puesto en el consejo la veían como una
intrusa, una advenediza en un núcleo cerrado que se movía en un nivel cercano a
los socios; Sabía que los rumores sobre su supuesta relación con Roberto
abundaban en ambos grupos y adoptó la única conducta que podía: una altiva
indiferencia, una firme seguridad en sí misma que terminó de alejarla de todos
los que habían sido sus amigos.
Se acomodó en el asiento del auto hasta que su nuca descansó
en el respaldo, más abajo del reposacabezas, estiró la pierna izquierda hasta
alcanzar el fondo del coche con su pie y dobló ligeramente la derecha apoyándola
en la puerta, asentó el codo en el borde de la ventanilla y apoyó la cara en su
mano.
No encajaba en ninguno de los dos ambientes, estaba sola. Eso
es lo que la había llevado a terminar aceptando el café cotidiano con Roberto en
la cafetería de la esquina, momentos relajados en los que había ido descubriendo
a la persona que se escondía tras el rol de conquistador y mujeriego que le
gustaba aparentar. En esos escasos quince minutos de descanso Carmen se había
ido encontrando con otra persona, más amable, inteligente, ingeniosa y educada
de lo que aparentaba cuando estaba delante de sus compañeros; en esos momentos
del café Roberto se quitaba la coraza, dejaba de representar el papel de
triunfador y se convertía en alguien con quien se podía conversar cómodamente.
Si siempre fuera así…
El contacto de una mano en la media la sacó de sus
pensamientos, esta vez no era una tímida caricia a la altura de su rodilla,
Roberto extendió la mano sobre su muslo, justo hasta donde el vestido se había
retirado al arrellanarse en el asiento, y la apretó disparando sus terminaciones
nerviosas en una combinación de cosquillas y placer que ascendió rápidamente por
su ingle. Carmen aun mantenía su pierna izquierda extendida y la derecha
parcialmente flexionada y algo separada, aquello le permitía un acceso fácil a
Roberto. Su voz detuvo cualquier reacción de Carmen.
-
"He pensado que la única manera de zanjar esas dudas es
que participes en la presentación previa que haremos al consejo a primeros
de Enero, te encargarás de la defensa del nuevo departamento, de la
distribución de la inversión y de los costes de reestructuración, eso
terminará con las reticencias de Andrés" – Roberto acompañó esta noticia con
un avance decidido de su mano hacia arriba, arrastrando el vestido hasta
llegar a la banda elástica de la media– "mmm… ya imaginaba que no eras mujer
de pantys, es la prenda menos sensual que existe" – comentó como si aquello
estuviera relacionado con su argumentación anterior.
Carmen no reaccionó, aun estaba intentando asimilar la
decisión de Roberto; Aceptó la evidencia de que de nuevo se estaba dejando meter
mano, y solo durante un segundo se preocupó por el hecho de que su silencio
podía interpretarse como su aceptación a pagar por el favor recibido.
Toda su atención se concentraba en las palabras que acababa
de escuchar, estaba abrumada por la envergadura de la propuesta de Roberto,
sentía aquella mano en su muslo que le disparaba ráfagas de placer con cada
presión de sus dedos pero la importancia que adquiría su papel en el consejo con
aquel imprevisto regalo era tal que no podía interrumpirlo con un arranque de…
¿de qué? Había estado a punto de calificar como mojigatería el defender su
dignidad.
Apartó de su cabeza ese razonamiento, no era el momento, no
podía, no debía estropear aquel ofrecimiento. Suponía una concesión por parte de
Roberto invalorable, le cedía gran parte de su protagonismo personal durante
aquella presentación previa en la que inicialmente no estaba prevista su
presencia, un sentimiento de agradecimiento emocionado comenzó a crecer en ella.
Roberto callaba, y Carmen entendió que debía decir algo.
-
"Gracias, significa mucho para mí lo que estás haciendo"
– pronunció aquellas palabras y al escucharse, la otra Carmen, la que había
quedado arrollada por su ambición entendió que acababa de firmar su
claudicación; Roberto se movía libremente bajo su falda y ella, en lugar de
reaccionar contra la caricia que avanzaba por su piel, le expresaba su
agradecimiento. Pensó en bajar su pierna derecha y recomponer su postura
pero hubiera aprisionado los dedos de Roberto, no podía moverse sin que
pareciera una insinuación.
-
"¡Vaya! Es la primera vez que me das las gracias" – dijo
claramente halagado.
Parados en un semáforo la miró a los ojos mientras su mano
seguía apretando su muslo, sus dedos se movían nerviosos, como si tecleasen una
melodía en un piano, palpando la dureza de su carne; En silencio, sin dejar de
mirarla, aflojó la presión y traspasó la frontera de la media alcanzando la piel
desnuda cuyo próximo límite era su pubis, Carmen no pudo reprimir ponerse en
tensión, contrajo sus músculos y encogió ligeramente su vientre.
-
"No te asustes" – susurró Roberto mientras la miraba con
una sonrisa en su rostro, Carmen bajó la mirada, su reacción instintiva de
nuevo la hacía aparecer como una niña asustada, sabía que no iba a protestar
y se encontraba sin recursos para afrontar aquella situación.
Los dedos intrusos tropezaron con el otro muslo que
obstaculizaba su avance, un cosquilleo irresistible recorrió sus nervios hasta
su coño, la mano se desplazó en perpendicular para abarcar ambos muslos y poder
acariciarlos como si se tratase de una sola pieza, estaba a menos de dos
centímetros de su pubis. Un involuntario roce del canto de la mano en su braga
volvió a provocar su sobresalto, Roberto lo captó, no dejaba de mirarla
sonriendo, Carmen se sentía violenta y por dos veces consecutivas desvió su
mirada.
-
"De verdad, me has impresionado, creí que nunca te oiría
pronunciar una frase como esa, repítelo, por favor, si no, creeré que lo he
soñado" – su voz se había vuelto sugerente.
Carmen veía como la mano se movía bajo su vestido que ya
apenas cubría su braga; Se sentía paralizada, conmocionada aun por el
ofrecimiento que Roberto le había hecho poniéndola en la mejor posición posible
para afianzar su carrera en el gabinete incluso a costa de su propia posición;
Roberto estiró el brazo y rodeó su muslo derecho en una caricia por debajo del
vestido que se extendió hacia la nalga y la cadera rozando la cinturilla de la
braga, luego retiró la mano y comenzó a acariciar la parte interior del muslo
derecho con el anverso de sus dedos, arrastrando el vestido sobre ella, avanzaba
hacia su rodilla y el vestido acabó por caer plegándose a la altura de su pubis
dejando sus muslos completamente descubiertos, Carmen dirigió una mirada, que
quería ser seria pero no dura, hacia la mano que recorría sus muslos y luego le
miró; Si pensó que con aquel gesto explícito iba a detener su invasión se
equivocó, muy al contrario Roberto interpretó aquella mirada como una aceptación
de sus caricias, cambió el rumbo de la deriva por su piel subiendo hacia la
rodilla y volviendo a descender hasta el límite que marcaban los dos muslos en
contacto, pasando de uno a otro, el roce del vello de sus dedos en esa zona tan
sensible le producía un irresistible cosquilleo.
El movimiento de la mano en sus muslos, tan cerca de su sexo,
quedaba condicionado ante la sensación irracional de deuda que sentía hacia él.
Un nuevo roce en su braga desvió sus ojos al escenario donde Roberto jugaba su
batalla con ella, elevó sus ojos y se encontró su mirada, se la mantuvo un par
de segundos mientras decidía, sin darse cuenta de la intensidad que transmite su
profunda mirada cuando está excitada; Por fin accedió a su petición.
-
"Gracias, gracias por todo" – acompañó esa frase con una
caída de ojos, un gesto muy suyo; Se rendía, pero no podía hacer otra cosa,
se sintió derrotada, su lucha estaba acabando, comprendió que su frase de
agradecimiento mientras le ofrecía sus muslos desnudos era una capitulación
en toda regla, una aceptación clara de su estatus.
Roberto la había estado observando mientras ella miraba la
mano que la acariciaba, no solo no protestó, tan solo le miró y se quedó
enganchada en sus ojos; Por dos veces consecutivas rozó deliberadamente su braga
y Carmen en ambas ocasiones siguió con su ojos el movimiento de su mano en su
carne antes de volver a mirarle; No había duda, estaba a punto.
Aquellos gestos tenían otro significado muy distinto: Carmen
intentaba mostrarse firme, dejarle claro sin necesidad de palabras que no iba a
ignorar por más tiempo lo que estaba haciendo y forzarle de ese modo a desistir.
Mas para él aquello era pura lujuria, una invitación a seguir
avanzando.
Roberto comenzó a inclinarse hacia ella, Carmen sabía que iba
a buscar sus labios y aun no tenía claro si le iba a rechazar o dejaría que la
besase como había ocurrido unos momentos antes, si le dejaba, aquella mano que
se acercaba a su pubis acabaría alcanzando su objetivo.
El claxon impaciente de los coches que esperaban detrás de
ellos le hizo reaccionar, abandonó su presa para cambiar de marcha y arrancó.
Carmen se quedó pensativa mirando por la ventanilla, absorta
ante el cambio de rumbo que daba su posición. No se había percatado de que su
vestido había quedado subido muy por encima de sus medias mostrando los muslos
en su totalidad y una pequeña parte de sus bragas, Roberto la miró de reojo y
sonrió al ver que ella no se había tapado, lo que había sido una falta de
atención por su parte él lo tomó por un acto de seducción, movió el espejo
retrovisor hasta enfocar sus piernas y se deleitó largamente con la visión de la
ligera braga de encaje rosa cubriendo su abultado pubis.
-
"Me encanta la lencería rosa y mucho más si es de un
encaje tan… etéreo, tienes buen gusto querida, aunque el efecto del
salvaslip estropea el cuadro" – dijo sonriendo, Carmen se dio cuenta del
estado de su vestido y se lo colocó sin hacer ningún comentario – "Lo
comprendo, no podías prever que sería hoy cuando me ibas a mostrar tus
bragas, estoy seguro que no habrías descuidado ese detalle"
Carmen se ruborizó como una cría, y eso la hizo sentirse aun
más insegura y frágil; Antes de que acabase de arreglar su vestido, cuando aún
no había podido cerrar las piernas Roberto volvió a colocar su mano entre sus
rodillas y continuó con sus caricias mientras ascendía intentando forzar que se
mantuvieran abiertas. Carmen reprimió su primera intención de apretar sus
piernas; Se acababa de ruborizar como una adolescente no quiso adoptar otra
conducta ridícula, estaban casi llegando y prefirió detenerle si era necesario
más adelante.
Carmen había cedido tras los primeros movimientos ascendentes
de su mano, ahora veía preocupada que su avance no iba a detenerse y la única
solución que podía adoptar echaría por tierra todo lo que acababa de
presentársele. No se veía capaz de detenerle con dureza poniendo en peligro el
buen clima que había entre ellos, tampoco veía como colocar sus piernas juntas
forzando una absurda postura en la que impediría su avance aprisionando su mano
entre sus muslos, pero lo que no iba a hacer era dejarle llegar hasta su coño.
Y de nuevo ese calor húmedo en su sexo que le recordaba el
flujo que mojaba sus bragas.
Roberto seguía hablando, adulándola, haciendo valer la
importancia de su gesto, mientras su mano avanzaba sin apenas resistencia entre
sus muslos que iban rindiéndose poco a poco dejando un resquicio cada vez más
amplio por el que ascendía disparando las terminaciones nerviosas de su piel.
Cada vez que la mano de Roberto ascendía y sus muslos se separaban Carmen lo
vivía como una oportunidad perdida, inmediatamente pensaba que sería la última
pero a continuación sentía la presión de aquella mano entre sus muslos y
ella…ella se veía incapaz de enfrentarse a él y notaba como cedían a la presión
y se abrían un poco más.
Carmen quería protestar, decirle que el sábado teníamos
planes, pero no podía hablar, no mientras tuviera su mano avanzando hacia su
sexo, no mientras ella no estuviera dispuesta a detenerle.
Roberto alcanzó de nuevo la banda elástica de las medias,
apenas había ofrecido resistencia y se había ido abriendo a medida que su mano
avanzaba, jugueteó con el borde de las medias y las traspasó, otra vez sus
muslos estaban desnudos, su vestido había sido arrastrado hacia arriba por su
mano, el nudillo de su dedo meñique se apoyó en su pubis; El recuerdo de su
braga mojada fue suficiente para que le detuviera, sin violencia, apenas
haciendo fuerza, sus manos reposaron sobre la suya, mas parecía una caricia que
una defensa. Roberto la miró.
Carmen suplicaba, era todo lo contrario a una orden, le
rogaba que se detuviera, incluso la expresión de su rostro era la de una persona
derrotada que pide clemencia al vencedor. Roberto miró hacia abajo, sus muslos
desnudos y abiertos y su mano hundida entre ellos le excitaron visiblemente,
cuando volvió a mirar a Carmen ésta reiteró su ruego.
Al salir del coche Roberto le ayudó a ponerse el abrigo,
luego se situó delante de ella, la miró de arriba abajo, sus mejillas aun
conservaban el rubor.
-
"Estás preciosa, pero olvidaste algo" – tomó el botón de
su vestido y lo desabrochó - "Así está mucho mejor, tienes que aprender a
utilizar toda tu… artillería para negociar con más fuerza" – al decir
aquello había tomado los dos picos del escote y los había separado, luego se
inclinó hacia ella para mirar hacia el interior del escote – "preciosas, me
gustan así, tan morenas, no tienes ni una marca de bikini ¿haces top less en
la playa, verdad?" - Otra vez insistía sobre lo mismo y Carmen calló, pensó
en decir algo pero al final no planteó objeción alguna. Roberto, antes de
separarse de ella, la sorprendió con un breve beso en los labios, ni
siquiera hizo el más mínimo gesto de rechazo, tan solo miró a su alrededor.
-
"Tranquila, no nos ha visto nadie" – dijo con aire de
complicidad.
Intuyó que, como en otras batallas ya perdidas, Roberto
intentaría en adelante no perder ese terreno tan fácilmente conquistado y
buscaría convertir los besos en la boca en algo habitual. Con un aplomo absurdo,
pensó que no era tan desagradable como hubiera imaginado ni tan grave, al fin y
al cabo solo era un beso. Su serenidad la sorprendía pero era bienvenida en
aquellas circunstancias. Venía a mitigar la tensión y el nerviosismo que le
producía aquella situación.
Salieron a la calle, Roberto se detuvo para localizar la
ubicación del restaurante, luego tomó su mano y la colocó en su brazo, Carmen ya
no luchaba, caminó cogida de su brazo como solo lo hace conmigo.
Al llegar al restaurante, hizo el amago de separarse de él
pero Roberto sujetó su mano en su brazo y ella claudicó una vez más. Entraron en
el comedor y los dos invitados se levantaron de sus sillas para recibirles,
Carmen se sentía violenta avanzando del brazo de Roberto, aquello insinuaba una
relación más allá de lo profesional. Con sus veintinueve años, aparentando
cuatro o cinco menos, parecía una niña al lado de Roberto que a sus treinta y
cinco ya peinaba muchas más canas que yo. A primera vista parecía la viva imagen
de la joven amante de su maduro jefe.
La comida transcurría como estaba previsto, ambos se
alternaban en la argumentación bien coordinados, sin pisarse la palabra en
ningún momento, pronto olvidó el asedio al que la había sometido, atrás quedó su
preocupación por sus recientes concesiones. Enseguida se percató de las miradas
que se dirigían a su escote, recordó las palabras de Roberto, aquello les haría
comer de su mano; ‘soy una desvergonzada’, pensó, pero al mismo tiempo una
sensación desconocida comenzó a crecer en su interior, por el rabillo del ojo
veía las miradas de complacencia de Roberto cada vez que ella hablaba mezclando
la pasión por sus argumentos y la vehemencia con un toque de sensualidad, cada
vez que se adelantaba sobre la mesa para enfatizar un punto o para señalar algo
en la documentación era consciente de que todos se perdían en el color rosa de
su sujetador que se insinuaba por su escote. Calculó que desde la posición de
uno de sus interlocutores, el más influyente, situado en diagonal con ella, casi
se podía ver entera una de las copas de su sostén cuando se inclinaba sobre la
mesa. No dudó en jugar aquella baza que la fortalecía en la negociación, estaba
eufórica por su futuro y decidida a no perder ni una oportunidad.
Debería sentirse violenta, su convicción fuertemente
feminista tendría rebelarse ante la manipulación que deliberadamente estaba
haciendo de aquellos hombres con sus "encantos".
Pero nada de eso bullía en su mente, en su lugar una
sensación de morboso erotismo, una agradable sensación de poder sobre aquellos
hombres la dominaba como jamás le había sucedido. No parecía ella, pensó, no
actuaba como ella actuaría.
Estaban en los postres, la negociación continuaba intensa,
con fuerza, uno a uno iban desmontando los argumentos que les planteaban
calificando aquella inserción como publicitaria en lugar de informativa.
Aprovechando un momento en el que ordenaban los cafés y unas copas Carmen se
excusó y salió al baño, necesitaba cambiarse y limpiarse, allí tiró el salvaslip
húmedo y descubrió que no llevaba ninguno mas en el bolso, se sintió incómoda,
el flujo que brotaba era más copioso de lo que pensaba y su braga era demasiado
ligera ¿Acaso estaba excitada? Sí, pero la excitación que sentía le parecía el
producto del combate profesional que mantenían más que un reflejo de todo lo que
había sucedido durante el trayecto. No se creía excitada sexualmente, pero su
cuerpo estaba reaccionando como si realmente lo estuviera, por un momento pensó
que ni siquiera tenía el control de las reacciones de su propio cuerpo.
Al volver observó que Roberto tenía su brazo bajo la mesa,
sabía bien lo que significaba aquello, se lo había visto hacer mil veces, sintió
una mezcla de fastidio y preocupación, no era el momento de defenderse de una
escaramuza bajo el mantel, tenían una negociación complicada en marcha, pero
Roberto se había anticipado y evitaba de esa forma que ellos vieran su maniobra
ligada a su presencia, Carmen se sentó a su lado esperando que no se atreviera a
tocarla delante de ellos, pasaron unos minutos y se tranquilizó al no haber
ninguna acción por su parte; Se hallaba contraargumentando con fuerza y
seguridad cuando sintió la mano de Roberto que avanzó con decisión y rapidez
bajo su vestido dejándola sin tiempo para reaccionar, se posó directamente sobre
el final de sus medias, jugando con el borde elástico, cogiéndolo con dos dedos,
elevándolo y disparándolo contra su piel, aquel juego casi infantil la
desconcentraba, le parecía una chiquillada fuera de lugar, hizo una breve pausa
en su argumento y le miró fugazmente intentando expresarle su enfado, Roberto
sonreía, No podía alargar mas la pausa y continuó su exposición, le preocupaba
que observaran su mano bajo el mantel y pudiesen sospechar algo, para evitarlo
se acodó en la mesa ocultando con su cuerpo el brazo que se perdía bajo el
mantel; Al moverse en el asiento para acercarse a la mesa los dedos de Roberto
quedaron entre sus muslos y rozaron su braga, Carmen cerró las piernas pero lo
único que consiguió fue apresar sus dedos entre sus muslos y en contacto con su
sexo y reaccionó con rapidez separándolos de nuevo esperando que Roberto se
retirara pero éste, al notar que volvía a abrirlas, comenzó a acariciarla con la
yema de un dedo justo por encima del comienzo de sus labios. Notó que estaba
perdiendo el hilo del argumento e intentó recuperarse, la caricia en su sexo la
tenía desorientada, no esperaba algo así en medio de aquella reunión que le
impedía defenderse, no podía concentrarse en lo que decía, le irritaba que
Roberto estuviera aprovechándose de las circunstancias y abusando de ella de una
manera intolerable, aunque tampoco veía cómo detenerlo sin provocar una
situación muy violenta: Y por encima de todo, le avergonzaba que llegase a notar
su humedad.
Terminó como pudo y Roberto tomó la palabra para apostillar
lo que ella había planteado, Carmen no se atrevió a retirarse hacia el respaldo
y se quedó con los codos apoyados fingiendo leer uno de los documentos que había
esparcidos por la mesa, se sentía encadenada, estaba rabiosa, incapaz de moverse
para liberarse de ese contacto no deseado, ¿Cómo podía estar haciéndole aquello?
Roberto hablaba con precisión mientras su dedo meñique
comenzó a dibujar en la braga el relieve de la línea vertical entre sus labios,
intentó echar la cintura hacia atrás y los dedos la acompañaron sin perder el
contacto, pensó en cerrar de nuevo los muslos pero eso dejaría prisioneros a los
dedos en contacto con su sexo; cada vez estaba más violenta y ofendida, aquello
sucedía sin su consentimiento, se sentía engañada, burlada, y enfadada porque
sabía que en el fondo era ella la que había dado pie a que se llegase a esta
situación, Carmen tenía la respiración alterada mas por el riesgo que asumían
que por el amago de placer que comenzaba a percibir muy a su pesar, un placer
que rechazaba y que intentaba ahogar centrándose en su sentimiento de ofensa, su
mente producía argumentos inconexos, se lamentó por haberse quitado el salvaslip
que la hubiera protegido un poco, ahora aquel dedo tan solo tenía la fina braga
como única separación.
Tuvo que volver a prestar atención cuando se dirigieron a
ella para plantear una objeción, tomó la palabra y se intentó concentrar en la
respuesta mientras se escandalizaba al sentir como el dedo de Roberto hundía
rítmicamente la braga en su sexo mojado, ya era obvio que habría notado su
humedad, además podía parecer que había obedecido su insinuación sobre el efecto
del salvaslip, ¿pensaría que se lo había quitado para él? estaba tremendamente
avergonzada, notaba el calor en sus mejillas pero no quería perder el hilo de su
réplica e intentó concentrarse en ella. Las miradas huidizas a su escote que se
ahuecaba debido a su postura, unido a las sensaciones que le llegaban de su sexo
y al riesgo de la situación conferían a su exposición una vehemencia inusual que
la hacía más convincente... y más sensual. Se reconoció excitada, intentando
sinceramente acabar con aquello pero excitada.
Roberto tomó el relevo cuando ella terminó y en ese mismo
momento logró introducir un dedo por la parte lateral de la braga, Carmen se
removió en la silla intentando rechazarle, pero él no cejaba en su empeño,
estuvo a punto de no aguantar más cuando sintió el roce en su vello, una caricia
leve que erizó su piel y que pronto fue acompañada por otro dedo, ambos
intentaban desplazar la braga hacia un lado, Roberto elevó los dedos en diagonal
y la braga se deslizó por la pendiente formando un cordón en su ingle; Estaba
avergonzada, se sentía desnuda a disposición de Roberto, no podía seguir
moviéndose en la silla sin que resultase extraño para ellos, se sentía impotente
ante tal abuso, como si estuviese siendo violada y no pudiera hacer nada, no
entendía como podía parecer tan concentrado en su exposición al mismo tiempo que
se dedicaba a aquella sucia maniobra.
Sucedía todo tan rápido… pensó varias veces en bajar su mano
y retirarle pero eso sería tan evidente para todos que provocaría una situación
embarazosa, Roberto había logrado desplazar por completo la braga hacia su ingle
y jugueteaba con sus rizos, intentando desde la forzada postura de su mano,
bajar hacia su vagina, cuando notó el contacto de uno de sus dedos en la pequeña
oquedad que daba comienzo a sus labios y sintió que comenzaba a hundirse entre
ellos se volvió a mirarle intentando transmitirle su cólera y un ultimátum:
estaba dispuesta a interrumpir la reunión si seguía abusando de ella; Roberto
ignoró su mirada y siguió hablando.
Apenas habían transcurrido unos segundos desde que se había
vuelto a sentar a la mesa y todo parecía suceder a una velocidad incontrolable,
Roberto no podía avanzar más, su mano mantenía una postura imposible, totalmente
retorcida y no le daba más juego, Carmen no podía reaccionar visiblemente ante
todos y se sentía impotente sintiendo aquellos dedos que intentaban bajar más,
profundizar algo mas pero no lo lograban.
Uno de los representantes del Colegio estaba exponiendo una
traba a su juicio insalvable; De retórica espesa y redundante alargaba
innecesariamente su exposición, Carmen estaba impaciente, sentía un calor en sus
mejillas que temía fuera visible; En cuanto acabase de hablar se levantaría con
cualquier excusa.
Roberto le interrumpió respondiéndole con exagerada
vehemencia y se adelantó hacia la mesa para dar más fuerza a su respuesta, eso
le concedió un margen que aprovechó para deslizar sus dedos hacia abajo entre
sus húmedos labios, pasó rozando su clítoris y provocó una respingo en ella que
no le pasó desapercibido; Y llegó más abajo, a la entrada de su coño que no
cesaba de rezumar su excitación, hizo una leve presión y logró hundir la yema de
uno de los dedos. Habían transcurrido menos de quince segundos en los que
Roberto se había apoderado de su coño.
Ya no lo soportó más, tenía que salir de allí, se separó de
la mesa interrumpiendo a Roberto, la miraron sorprendidos por la brusquedad con
que se levantó, Carmen expresó una disculpa, tomo su bolso y se dirigió al baño
sintiendo al caminar la molestia de la braga en su ingle y su sexo desnudo.
Encerrada en uno de los servicios, apoyó las manos contra la
pared y agachó la cabeza ¿qué estaba pasando? ¿Eso era lo que quería? ¿Realmente
estaba dispuesta a todo por lograr el ascenso?
Su respiración agitada, los nervios agarrotados en su
estómago, por un momento temió padecer una crisis de ansiedad, respiró hondo
varias veces y logró calmarse, fue entonces cuando al retirarse la ansiedad dejó
vía libre al placer sexual, a la excitación dominando sobre su sentimiento de
ofensa y sobre su pudor. Una descarga espontánea de placer la obligó a cerrar
los ojos y a sujetarse temblando a la pared y a la cisterna para que sus piernas
desfallecidas no la derribaran.
Abrió los ojos atónita ante lo que acababa de experimentar,
su respiración agitada, su corazón latiendo desbocado, la palpitación en su
coño… era casi un orgasmo. Se avergonzó de sí misma.
Tardó unos minutos en recuperarse, secó la braga con papel
higiénico y cuando se intentó limpiar, el roce del áspero papel en su sexo le
provocó un nuevo fogonazo de intenso placer, pero tenía que hacerlo y cada vez
que secó su sexo, el contacto del papel le provocó una sacudida que intentaba
contener sin éxito.
Se sentía confusa, aturdida, no se creía lo que le estaba
sucediendo.
Necesitaba escapar, por primera vez en su vida se planteaba
huir ante un problema.
Cuando volvió al comedor, llevaba el móvil en la mano, como
si acabase de colgar e hizo el gesto de guardarlo en el bolso.
-
"Me tendréis que disculpar, me acaban de llamar, ha
surgido un asunto familiar grave y tengo que irme de inmediato" – Evitó
mirar a Roberto que se mostró serio, todos se levantaron y expresaron sus
mejores deseos, Roberto fue el último en despedirla.
-
"Seguro que es una falsa alarma, ya verás como todo se
tranquiliza y vuelve a la normalidad" – una frase ambigua que Carmen recogió
sin apenas mirarle.
Se dirigió a la puerta – "Te acompaño a pedir un taxi" – oyó
que decía Roberto justo antes de sentir su mano en su brazo.
-
"Esa no es forma de huir, aun no hemos acabado"
-
"Eres un cerdo, jamás pensé que llegarías tan lejos" –
dijo absolutamente ofendida
-
"Tenemos que cerrar este asunto, venga no te cabrees"
-
"Acaba tu con ellos, yo no tengo ni ganas ni humor"
-
"No me hagas esto Carmen, no abandones en una reunión tan
importante" – su tono se había vuelto serio, pero estaba decidida a no
tolerar aquello.
-
"Y tú no me vuelvas a hacer una encerrona como esta, no
vuelvas a tratarme como si fuera una de tus fulanas" – le dijo casi
gritando. Roberto apretó su brazo con la mano que la retenía y la detuvo en
la puerta del restaurante.
-
"Querida, hace tiempo que te convertiste en una fulana,
de alto nivel por supuesto, pero fulana al fin y al cabo. Además, no
parecías estar tan mal en mi despacho cuando te besé, ni en el coche cuando
dejaste tu falda levantada todo el camino para que te mirara, ni hace un
momento cuando me empapabas los dedos con tu coño chorreante" – dijo
llevándose los dedos a la nariz, Carmen bajó la mirada avergonzada– "mmm… me
vuelve loco tu olor… " – chupó sus dedos lentamente – "y tu sabor cariño, es
delicioso" – Carmen se ruborizó sin poder evitarlo, oyó la risa con que
Roberto recibió la imagen de sus mejillas rojas, de pronto se volvió a poner
serio – "Mira Carmen, acaba de una vez con esas dudas que te hacen oscilar
de un extremo al otro, decide de una vez lo que quieres y actúa en
consecuencia, nunca sé si me vas a tratar como un amigo o como un violador y
estoy un poco harto de tus arranques de decencia, primero me calientas y
luego te comportas como una monja, ¡coño! hace tiempo que tomaste una
decisión, deja de titubear de una vez"
Soltó su brazo y se dirigió hacia el restaurante, Carmen se
volvió hacia la calle para buscar un taxi, pero Roberto lo debió pensar mejor y
regresó hacia donde estaba, se sobresaltó al notar como la agarraba de nuevo del
brazo, fuerte, dominante.
-
"No Carmen, esto no va a quedar así, no me puedes dejar
en evidencia delante del Colegio. Te doy diez minutos, invéntate una excusa
creíble, di que fue una falsa alarma, lo que quieras, pero en diez minutos
te quiero dentro otra vez, luchando por el acuerdo, casi lo tenemos, y es
imprescindible que estén tus tetas ahí, delante de ellos para que acaben de
ceder ¿entendido? Si no lo haces lo perdemos y si lo perdemos… tú sabrás– su
tono grosero la dejó sin habla, Roberto la soltó con violencia y se marchó
dentro.
Carmen estaba desolada, se hubiera echado a llorar allí
mismo, se acababa de dar cuenta del error que había cometido cediendo cada día
un poco más hasta llegar a esta situación. Recordó el día que le ofreció el
departamento, si aquella tarde le hubiera puesto en su sitio quizás no habría
perdido el ascenso y ahora no estaría en esta situación. Calibró la opción de
marcharse y renunciar, no tardaría mucho en tener otro puesto de trabajo.
Pero no era eso lo que quería, sería volver a empezar desde
cero cuando aquí ya lo tenía todo prácticamente al alcance de la mano. Ya había
pasado, le había dicho con claridad que no volviera a intentarlo nunca más,
quizás fuera el momento de pensar con calma y no precipitarse.
Diez minutos más tarde Roberto la vio entrar por la puerta
del comedor, se levantó fingiéndose sorprendido y los demás se levantaron a
recibirla.
-
"¿Todo bien?" – dijo tomándola de la mano, Carmen parecía
serena, como si la tormenta que la había vapuleado unos minutos antes jamás
hubiera existido.
-
"Si, todo bien, volví a llamar y me dijeron que había
sido solo un susto"
-
"Te agradezco mucho que hayas vuelto, hablábamos
precisamente ahora de los últimos cambios que deberíamos adoptar en la
redacción del artículo para quitarle cualquier matiz pubicitario."
Se sentó de nuevo a su lado preparada para afrontar un nuevo
ataque, pero el resto de la sobremesa transcurrió en un tono totalmente
profesional, pensó que había acertado al volver, Roberto había actuado mal pero
quizás no debía haber protagonizado aquella escapada que no estaba segura de
haber justificado convincentemente ante los miembros del Colegio, tenía que
haber intentado otra forma de detenerle sin provocar aquella huída.
Salieron del restaurante con el acuerdo establecido, eran ya
las cinco de la tarde y Carmen preparó un argumento para evitar volver al
despacho; Roberto se adelantó.
Al llegar al gabinete Carmen se dirigió a su despacho.
Encerrada en su despacho, comenzó a evaluar todo lo que había
sucedido, se sentía serena, con una extraña tranquilidad que presagiaba momentos
de desesperación futuros, cuando fuera capaz de superar esa barrera protectora
que su psique le proporcionaba para no hundirse.
Recordó que había silenciado su móvil al comienzo de la
comida y comprobó que tenía varias llamadas perdidas, dos mías, tres de Carlos.
Marcó el número de Carlos, necesitaba hablar con él antes que
conmigo, ante mi sentiría remordimiento y vergüenza, con él todo era un oasis en
el que refugiarse y olvidar, aunque solo fuera por unos momentos.
-
"Hola preciosa, creí que no querías hablar conmigo" – su
voz alegre la calmó como si fuera un bálsamo.
-
"Nada de eso, tuve un almuerzo de trabajo"
Charlaron de cosas intrascendentes, justo lo que Carmen
necesitaba, agotó la media hora de la que disponía evadiéndose de lo que le
esperaba y zambulléndose en el placer que le proporcionaba Carlos.
-
"Me muero por volver a besarte, no lo podré evitar, sabes
que cuando te vea, lo primero que hare será buscar tu boca, lo sabes,
verdad?" – Carmen estaba agotada de tanto luchar, la presión de Carlos era
tan diferente..
-
"Eres un loco"
-
"Dime que no vaya si no quieres que lo haga, pero si voy,
no conseguiré evitarlo, no podría estar a tu lado sin probar de nuevo tu
boca"
Quería verle, necesitaba verle, era el refugio en el que
quería olvidar todo aquello, ante él no habría remordimientos ni culpa, solo se
dejaría acariciar por sus palabras, por sus manos y si: sabía que cedería a sus
besos.
Era embriagador, se sentía adorada, seducida, todo lo
contrario que con Roberto.
A la hora prevista entró en el despacho de Roberto, tenía las
ideas muy claras sobre lo que quería plantearle. Se encontraba de pie al lado de
la librería consultando un volumen. Carmen se detuvo tras cerrar la puerta,
ninguno había dicho palabra alguna, Roberto la miró con seriedad, luego dejó el
libro en su lugar y avanzó hacia ella.
-
"Espero que no se repita una situación como la de hoy
Carmen, no puedes salir huyendo en medio de una reunión tan importante para
nosotros como ésta"
-
"No debiste actuar como lo hiciste, ni era el momento, ni
el lugar" – Carmen quiso despejar la ambigüedad que había dejado en su frase
– " ni es ese mi deseo, ha sido algo intolerable que espero que no se repita
jamás, lo único para lo que he venido es para escuchar una disculpa"
Le miraba con altivez, estaba serena pero distante, no estaba
preparada para abandonar, sabía que debía hacerlo pero se sentía incapaz de
perder aquella oportunidad, intentaba establecer unos límites y si tenía que
volver a someterse a sus manoseos al menos lo haría sin perder su dignidad y
marcando claramente la frontera que no iba a permitirle traspasar. Roberto
percibió ese matiz de fría superioridad.
-
"Mira Carmen, durante muchos años me has mirado
exactamente como lo estás haciendo ahora, como si fueras mejor que yo, más
integra, más decente… lo he soportado e incluso he intentado acercarme a ti,
pero siempre me he encontrado ese muro de fría y distante superioridad, como
si me hicieses un favor dignándote a hablar conmigo" – caminó a su alrededor
– "veía como mirabas a las chicas que hacían lo mismo que estás tú haciendo
ahora, ni más ni menos, intentar medrar; Las mirabas como si fueran unas
pobres desgraciadas, los demás, hipócritas, me envidiaban pero las miraban
como si fueran unas putas. Tú no, tú las juzgabas desde tu pedestal como si
estuvieran traicionando al género femenino, como si fueran débiles, justo lo
contrario de lo que tu presumes." – se detuvo delante de ella, su rostro
aparecía serio, duro.
-
"Ya ves lo que son las cosas, ahora tu estas siguiendo su
mismo camino y seguro que tu propia autocritica es la que te hace dar estos
bandazos que me desconciertan, creo que te has convertido en tu peor juez,
¿acierto?" – Carmen desvió su mirada y no contestó.
-
"Y ahora tengo que soportar tus cambios de criterio,
primero me dejas que te acaricie, incluso pareces desearlo, mas tarde me
miras como si te estuviese forzando, me dejas besarte y me apartas ofendida
como si no te hubieses dado cuenta de lo que haces, ¡acaba ya con eso por
Dios, no seas ridícula!"
Carmen le escuchaba sin creerse lo que estaba oyendo, no
podía consentir que la tratase de esa manera.
-
"No tengo por qué aguantar que me…" – Roberto se volvió
con brusquedad hacia ella
-
"Exactamente, no tienes por qué aguantarlo, pero la
realidad es que aquí estás, haciéndote la estrecha para calmar tus
prejuicios pero aguantando, tragando lo que haga falta con tal de no perder
tu departamento, tu flamante despacho… así que no te pongas tan digna
Carmen, tu y yo sabemos lo que quieres y lo que estás dispuesta a pagar por
obtenerlo"
Carmen quedó enmudecida, no estaba preparada para que nadie
le hablase en ese tono, aquel era el momento de salir de allí, porque si se
quedaba ya no habría lugar para protestas. Tuvo la clara intención de girarse y
abandonar el despacho pero la voz de Roberto la detuvo.
-
"Antes me advertiste que no te tratase como una de mis
fulanas…" – acercó su rostro al de ella, y Carmen volvió a bajar la mirada –
"lo siento nena, ya eres una de ellas, una autentica fulana" –le miró
enfurecida, Roberto puso un dedo en su boca instándola a callar.
-
"Te ofrecí el ascenso y no tardaste ni un minuto en
dejarme acariciar tus muslos ¿lo recuerdas? Fue tu primera venta, no fue
fácil lo sé, pero lo superaste, has ido bajando los humos y has ido pagando
con pequeñas concesiones grandes regalos que te he ido haciendo, no has sido
justa y lo sabes, pero he sido paciente contigo, se que no te gusta lo que
haces pero no estás dispuesta a perder lo que te ofrezco ¿a qué no?
No contestó, Roberto hizo un gesto de interrogación pero
Carmen mantuvo su mirada altiva y no abrió la boca, él pareció irritarse,
entonces le lanzó un reto: puso su mano en el escote y la acarició, sonrió ante
su pasividad, ´"A que no?" – repitió, ella le mantuvo la mirada, Roberto hundió
su mano entre sus pechos y de nuevo se detuvo esperando alguna reacción, Carmen
no iba a mostrarse asustada, no lo iba a conseguir, mantuvo su mirada fría y
despreciativa, entonces Roberto movió la mano y la desplazó por dentro del
sujetador hasta abarcar su pecho derecho, Carmen se sobresaltó al sentir el
contacto de los dedos en su pezón – "¿Ves cómo no estás dispuesta a renunciar?"
– volvió a retarla y de nuevo Carmen vaciló, el tiempo jugó en su contra, dejó
que pasaran los segundos sin reaccionar. – "¿Lo ves?" – Sacó la mano con
brusquedad y se alejó de ella – "convéncete, eres una furcia y no te voy a
tolerar ni una humillación mas, que te quede claro" - de pronto se volvió y se
acercó con paso decidido hasta quedar casi pegado a su cara. Su propia
irritación y la pasividad de Carmen le envalentonaban. Quizás la carga de
excitación que había ido acumulando a lo largo del día fue la responsable de que
actuara como lo hizo.
Desabrochó un botón de su vestido, Carmen no movió un músculo
de su rostro, su mirada mostraba un desprecio total, Roberto soltó el segundo,
luego el tercero y se detuvo retándola; Carmen no iba a asustarse, no esperaba
que Roberto fuera capaz de avanzar más, estaba lanzando un farol, tan solo
esperaba que ella vacilara; Tras una breve pausa desabrochó el ultimo botón, a
la altura de su cintura, Carmen le miraba a los ojos con frialdad, con altivez,
estaba preparada para aquello, había supuesto que tendría que pasar por algo así
aquella tarde y estaba decidida a hacerlo sin perder su dignidad, sin
doblegarse, sin asustarse ante él, convencida de que si se mantenía firme sería
él quien retrocedería.
Sin ninguna delicadeza soltó el enganche del sujetador,
actuaba sin prisas, mirándola a los ojos, esperando un paso atrás, un ruego,
pero Carmen se mantuvo altiva, no le creía capaz, estaba segura de que no se
atrevería; podía más en ella su orgullo herido que su pudor. Las copas habían
saltado e intuyó por el frío en su piel que la habían dejado aun mas desnuda que
la vez anterior, Roberto la miró alternativamente a los ojos y a los pechos, la
expresión de Carmen no había cambiado, si esperaba ver miedo o súplica solo se
encontró frialdad; Despechado, tomó las copas entreabiertas y las arrastró junto
con el vestido bajándolo de un golpe hasta la mitad de sus brazos, Carmen nunca
había supuesto que llegaría tan lejos pero sacó fuerzas de su desprecio y se
quedo desnuda ante él, sin bajar la mirada, sin pestañear, paralizada, como si
el tiempo se hubiera detenido. Su cabeza funcionaba atropelladamente, pensó en
aguantarle la mirada un segundo más y vestirse antes de abandonar el despacho
diciéndole que renunciaba, pensó en denunciarle ante Andrés. Su serenidad
exterior era solo un muro que ocultaba su desasosiego, no esperaba tanto y tan
rápidamente, el frio en su cuerpo le gritaba que estaba desnuda ante Roberto,
deseaba escapar, cubrirse y huir de allí, su respiración agitada elevaba sus
pechos desnudos que eran el foco de atención de Roberto.
Pero no se movió, el tiempo pareció detenerse, se concentró
en una sola fracción de segundo. Aguantó inmóvil, sin darse por vencida, sin
bajar la vista. Tenía la esperanza de que Roberto se calmase y diese por
terminada su humillación.
-
"Este es el precio que tienes que pagar por tu nuevo
despacho" – acarició sus pechos, rodeó sus pezones con la yema de sus
pulgares y estos reaccionaron rápidamente adquiriendo una puntiaguda dureza
que Roberto siguió tocando, una veces con un dedo, otras aprisionándolos con
dos, Carmen sintió de nuevo la humedad brotar en su coño y una creciente e
incontrolable excitación que rechazaba pero que no podía evitar, ¿Hasta
cuándo duraría esto? ¿Hasta dónde podría aguantar sin doblegarse?
-
"No tienes por qué aguantar, Carmen, ¿no decías eso?– no
dejaba de mirarla mientras continuaba acariciando sus pechos, ella le
sostuvo la mirada, la tomó por la cintura la atrajo hacia él y la besó en la
boca, se dejó hacer como una muñeca inerte, se mantuvo hierática, lejana,
inaccesible a pesar de su entrega.
Roberto estaba nervioso, la seguridad de Carmen, su aparente
serenidad frente a su abuso le dejaban en evidencia ante él mismo, se inclinó
hasta alcanzar con su boca uno de sus pezones, Carmen cerró los ojos un instante
al sentir sus dientes apretando levemente, luego su lengua comenzó a lamerlo
provocando en ella sensaciones contra las que no podía luchar. Se incorporó,
estaba visiblemente alterado y muy nervioso,- "¿Ahora qué" – repetía una y otra
vez mientras sus manos recorrían su cuerpo saltando de un lugar a otro sin
pausa.
Carmen estaba bloqueada, se sentía incapaz de reaccionar, su
cuerpo no obedecía su impulso de cubrirse y salir de allí, era como una
pesadilla en la que se movía a cámara lenta mientras a su alrededor las cosas
sucedían con una agilidad que superaba su capacidad de reacción.
Sin embargo parecía serena mientras le miraba a los ojos,
ahora era él quien tenía la mirada huidiza y la evitaba; la tomó de los brazos y
de un solo golpe terminó de sacar las mangas y las hombreras del sujetador que
cayó al suelo, sus pechos vibraron por el brusco movimiento, el vestido quedó
suspendido de sus caderas. Roberto se irguió y la miró, - "¿dónde está tu carta
de dimisión?" - Carmen se mantenía como una estatua de hielo, sin evitar su
mirada, pero con un frio glacial en la suya.
Por dentro, estaba a punto de desmoronarse, se daba cuenta de
que su estrategia había sido un error, se encontraba en un callejón sin salida,
¿de qué le valía resistir si estaba permitiéndole que hiciera lo que quisiera
con ella, si no salía de allí, si se dejaba desnudar ¿Qué clase de dignidad era
la que creía defender con esa actitud?
Avanzó con paso rápido a su mesa y rebuscó algo en ella con
impaciencia, tirando algunos papeles al suelo, por fin se acercó con un
documento en la mano.
Carmen no movió sus ojos, seguía mirándole con desprecio,
Roberto le puso el papel delante de la cara, era la tabla salarial para el año
2000, sus datos figuraban remarcados en rotulador fluorescente.
-
"Tres millones, Carmen, tres millones de pesetas de
incremento, plaza de aparcamiento, beneficios… y no has visto la tabla de
incentivos, te equiparo a los socios, ¡joder!" – Tiró el papel al suelo con
rabia – "¿Cuánto estas dispuesta a pagarme por esto?"
Estaban frente a frente, casi rozándose, mirándose a los
ojos, ninguno de los dos parecía ceder, ella lanzándole su desprecio pero
aturdida por lo que acababa de escuchar, él con la mirada cargada de rabia.
Carmen se tambaleó por la brusquedad con que había sido
despojada del vestido, por primera vez sintió miedo, se sintió en peligro, sus
bragas habían sido arrastradas por aquel rápido gesto y habían quedado por
debajo de su pubis, con el lado izquierdo más caído y la parte posterior por
debajo de sus nalgas, estaba prácticamente desnuda, peor aún: le hacía sentirse
más humillada tener las bragas a medio bajar, las sensaciones que le llegaban de
su cuerpo le indicaban que incluso la prenda había quedado separada de su sexo y
colgaba entre sus piernas, sintió como una de sus medias había perdido sujeción
y se deslizaba muy lentamente por su muslo. Era mucho peor que estar desnuda.
Roberto debió quedar impactado por el erotismo de la escena:
Erguida y orgullosa, subida a sus tacones de 12 cm como si fueran un pedestal,
con la melena cayendo sobre sus hombros desnudos y sus pechos elevándose por su
agitada respiración, su vientre plano y firme marcando sus abdominales por la
tensión a la que estaba sometida y su pubis que se asomaba por la braga caída,
dejando ver una estrecha franja de vello y mostrando el bronceado total de su
piel, los brazos a lo largo de su cuerpo, una mano apoyada en su muslo, como si
se hubiera detenido en su camino para ocultar su sexo, la otra apenas rozándolo
con un dedo como si ese punto de contacto le diera seguridad, y sus larguísimas
piernas enfundadas en aquellas medias; Las bragas a medio bajar y la media caída
casi hasta la rodilla le debieron conferir un poderoso componente erótico al
conjunto.
Durante unos segundos se quedó paralizado mirándola mientras
Carmen intentaba no derrumbarse, le vio acercarse y temió lo peor ¿Por qué no
huía? ¿Por qué estaba reaccionando así?
Roberto puso sus manos en sus hombros, quería sentir su
tacto, bajó por sus clavículas a sus pechos, siguió por sus costados, acarició
su duro vientre y viajó hacia sus glúteos. La sujetó por las nalgas retirando
hacia abajo la braga que estropeaba su sensación de desnudez, presionó y el
cuerpo de Carmen, como si no tuviese vida, se movió hacia él dando dos cortos
pasos, pisó el vestido y sin pensarlo lo apartó con el pie, Roberto rozó el
vello que asomaba por la braga, con decisión introdujo la mano por el hueco que
dejaba la prenda y abarcó su coño con la palma forzándola a separar las piernas
para admitir la mano intrusa que avanzaba sin detenerse, pareció perder el
equilibrio y quedó con un pie apoyando solo las puntas de los dedos, con la
espalda arqueada hacia atrás como si quisiera huir, prisionera y encadenada por
su culo y su coño a las manos de su violador. Carmen vivía aquel momento tras
una especie de niebla que filtraba su visión, sintiendo una extraña clase de
fiebre que adormecía sus sentidos y le confería un aire de irrealidad.
Sus miradas estaban clavadas, Carmen no se movía pero su
expresión había cambiado, había sorpresa en sus ojos, quizás miedo. Roberto
movía su dedo medio como si fuera una serpiente a lo largo de su coño, hollando
el camino hacia su interior, obligando a sus labios a separarse y darle cobijo,
su respiración sonaba en los oídos de Carmen como si fuera un animal salvaje; le
molestó el contacto de la braga en su mano y la bajó con urgencia hasta medio
muslo, luego subió la mano que había mantenido en sus nalgas por su espalda y la
atrajo hacia él, sus pechos quedaron pegados a su camisa, la besó, besó una boca
muerta, paralizada.
Carmen no sentía nada, estaba fuera de su cuerpo, alejada, se
sentía un observadora de una escena ajena a ella, sin emociones, sin
sensaciones, notaba aquellos dedos moviéndose entre sus labios, deslizándose por
ellos y lo único que sentía era la inestabilidad de su postura , aquella mano en
su coño la obligaba a separar las piernas, Roberto puso un pie entre los suyos y
golpeó el zapato hacia fuera obligándola a separar las piernas y haciéndola
perder el equilibrio, la apretó hacia él para no dejarla caer, la braga a medio
muslo se estiraba clavándose en su carne, esas sensaciones predominaban sobre
las que nacían del contacto de los dedos entre sus labios, rozando su intimidad.
Carmen no pudo reprimir una queja cuando sintió dos dedos
hundirse en su interior, instintivamente subió los brazos y los apoyó en el
pecho de Roberto, sus manos temblaban crispadas.
Al escucharla separó su boca de ella. Carmen tenía los ojos
cerrados y un rictus de dolor contraía su rostro; Roberto comenzó a mover la
cabeza, negando fuertemente algo que bullía en su mente, de improviso la soltó y
se apartó dando grandes pasos por la sala, de un lado a otro.
Se detuvo frente a ella. Carmen se había recuperado y hacía
vanos esfuerzos por aparecer fría e inexpresiva, sus mejillas habían adquirido
un intenso color.
-
"Serias capaz de dejarte follar con tal de conseguir tu
puesto y aun así seguirías con esa expresión de dignidad y de desprecio,
como si los demás fuéramos unos desgraciados y tu… tu estuvieras por encima
de nosotros" – había desaparecido la rabia de su expresión, se alejó unos
pasos – "¡Pero qué coño estoy haciendo! …" – parecía hablar consigo mismo,
de nuevo se volvió hacia ella – "Enhorabuena, has conseguido sacar lo peor
de mí mismo…" – siguió dando pasos por la sala, se detuvo y la miró - "…pero
no soy un violador, no, no soy tan cabrón como piensas. Jamás, nunca antes
había…" – siguió caminando, torturándose, sin terminar las frases – "…no
estoy tan necesitado de un polvo como para caer tan bajo, no me vas a volver
a humillar, por muy buena que estés, por mucho que te desee..." – se detuvo
ante ella, ahora eran sus ojos los que mostraban desprecio – "Eres una puta,
peor que una puta" - se agachó, recogió la ropa de Carmen y se la arrojó con
violencia a los brazos sobresaltándola, el sujetador cayó al suelo – "¡Sal
de aquí!, ¡fuera!, ¡inmediatamente!"
Carmen no se creía que hubiera acabado aquella pesadilla,
lentamente para no temblar recogió el sujetador del suelo y comenzó a vestirse,
Roberto se había vuelto de espaldas y se apoyaba inclinado en su mesa, se sentía
absurdamente serena, salvo el temblor de sus manos no sentía nada; Se vistió
despacio para dominar sus manos, de espaldas a él, sintiendo como la humillación
tan brutal que acababa de soportar comenzaba a derrumbar sus defensas; luego
abandonó el despacho, pasó brevemente por el suyo, recogió sus cosas y salió a
la calle.
No fue hasta que estuvo en los jardines de nuestra
urbanización que rompió a llorar.