Capitulo 13.
Una semana antes.
Nuria llamó a Eva y a Ana a su despacho.
Se le veía encolerizada, muy nerviosa y afectada. Eva se
contagió de su nerviosismo pero Ana permanecía impasible, quizá incluso
desafiante, con los brazos cruzados sobre el pecho y una mueca de soberbia en el
rostro.
Eva aprovechó para fijarse en que, efectivamente, Nuria no
llevaba sujetador y que los pezones se le marcaban a través de la blusa como dos
clavos.
Tengo que decirles a las dos que estoy un tanto
decepcionada con ustedes... — empezó Nuria, rondando por la sala como un
león en una jaula — esperaba mucho más...
Ana ya había vivido un número parecido antes, sólo que con
Olga en lugar de con Eva. No pudo evitar que se le escapara una risita.
¿Le hace gracia, Ana? ¿Le hace gracia estar aquí?
¿Por qué no va al grano?
Nuria se sorprendió de la insolencia de su subordinada. Por
unos instantes la lengua se le trabó.
Muy bien, iré al grano — continuó — algunos miembros
del personal de esta empresa... les han visto a ustedes dos cogidas de
la mano.
Eva resopló. Un sudor frío le recorría la frente y el cuello
haciendo que le brillara la piel. Ana se dio cuenta, le parecía un cuello muy
besable.
No pienso consentir ese comportamiento indecente en
esta empresa...
¿Qué comportamiento indecente? — soltó Ana elevando
un poco el tono de voz —
¿Cómo que cual? Ya lo saben, esas porquerías...
¿Qué porquerías? Sólo nos hemos cogido de la mano ¿
de qué está hablando?
¿Qué de que estoy hablando?
¡Sí! — gritó Ana acercándose peligrosamente a Nuria —
¿de qué estás hablando?
A mi no me levante la voz...
Ana se encaró a su jefa de la forma más intimidante posible.
Eva no cabía en su sorpresa, nunca había visto a nadie hablarle así a Nuria.
¿Qué hemos hecho? ¿Qué es eso tan indecente que hemos
hecho? ¿Qué hemos podido hacer nosotras que no hayas hecho tu antes en
este mismo despacho?
¿Cómo se atreve...? Voy a despedirlas a las dos...
¿Por qué? ¿Por qué nos acostábamos con la misma chica
que tu?
Nuria se quedó parada como si se hubiera convertido en una
estatua. Miró a Ana con mucha furia y apretó el puño con todas sus fuerzas.
Cuando parecía que iba a descargar ese puño contra lo primero
que tuviera delante rompió a llorar de la forma más desconsolada posible.
Ana abrazó a Nuria con ternura y la dejó llorar contra su
pecho y Eva también se acercó para poner de su parte.
No puedo vivir sin ella — balbuceó Nuria en cuanto
estuvo un poco más calmada —
No llores más — le dijo Ana secándole con el pulgar
las lagrimas de las mejillas — no se lo merece...
Pero yo la quiero...
Y yo también — intervino Eva — y me cuesta mucho
odiarla.
Sois un caso perdido — dijo Ana, ceñuda —
Ni siquiera sé donde está — continuó Nuria muy
angustiada — le mando un mensaje cada día, le llamo varias veces, pero
nunca me contesta...
No la necesitas, Nuria, eres mejor que eso...
Nuria, ante semejante demostración de comprensión y
confianza, se separó de las dos y se dispuso a mantener las distancias, tanto
físicas como emocionales.
Bueno, bueno... no nos dejemos llevar...
Ana quiso aproximarse de nuevo, pero Nuria se desplazó en la
otra dirección y se colocó detrás de su escritorio.
Bueno, esto es todo lo que quería decirles, pueden
regresar a sus puestos de trabajo...
Pero... — musitó Eva perpleja —
Hay mucho trabajo que hacer — concluyó Nuria — así
que venga...
Ana y Eva se resignaron a ser echadas del despacho. Cuando
estuvieron fuera se dieron un beso y comentaron brevemente lo que acababa de
suceder. Luego, cada una se marchó a su puesto.
La jornada transcurrió sin incidentes remarcables. Nuria se
había ido a lavar la cara después de la explosión emocional y cargando con su
portafolios se dispuso a abandonar la oficina. Al pasar por la entrada no quiso
mirar hacia el mostrado, donde se encontraba como de costumbre Eva. Fue
directamente hacia la puerta, pero al hacerlo se encontró de cara con Ana que
estaba parada justo delante.
Nuria esquivó su mirada y cruzó la puerta sin decir palabra,
pero no hubo recorrido unos metros cuando la voz de Ana le dijo algo a sus
espaldas.
¿Qué es lo que quiere? — preguntó Nuria visiblemente
incómoda —
Sólo hablar contigo, nada más...
No tengo nada de lo que hablar...
Pues yo creo que si — dijo Eva apareciendo por detrás
—
¿Qué es esto? ¿Una conspiración? ¿Queréis vengaros?
¡No, no! — dijo Eva acercándose — creo que será mucho
más útil si nos hacemos amigas...
¿Amigas?
¿Quién te va a entender mejor que nosotras? —
sentenció Ana —
¡Yo no soy una sucia bollera como vosotras! — gritó
Nuria muy molesta —
¿Ah no? — dijo Ana con perplejidad — ¿Y los gemidos
en tu despacho cuando te encerrabas con Olga?
No... — dijo Nuria y continuó caminando — yo no soy
una lesbiana como vosotras...
Ana y Eva se miraron la una a la otra muy extrañadas. Luego
decidieron seguir a su jefa en su camino.
¡Oye! — dijo Ana con un tono inquisitivo — ¿Te da
vergüenza ser lesbiana o que?
¿Qué?
Que si te avergüenzas de lo que eres — dijo Eva
visiblemente enfadada —
¡Yo no soy como vosotras! — gritó Nuria que había
llegado por fin a su coche — siempre pensando en los chochos, siempre
tocándoos...
Eva y Ana se miraron. Estaba claro que, al pronunciar esas
palabras, Nuria estaba empezando a excitarse.
Sólo pensáis en tocaros las unas a las otras...
Creo que sé lo que quiere decir — dijo Ana con una
sonrisa —
¿Ah sí?
Si — contestó Ana mientras Nuria entraba en su coche
— lo entiendo perfectamente...
De repente, Ana y Eva se introdujeron en el coche con Nuria.
Ana en el asiento del copiloto y Eva detrás. Ana echó mano a desabrocharle la
blusa a su jefa mientras Eva la sujetaba por los hombros y le besaba el cuello.
Cuándo dice que sólo pensamos en tocarnos unas a
otras... — decía Ana mientras desnudaba a una complaciente Nuria — lo
que quiere decir es "sólo pienso en tocaros a las dos" ¿me equivoco?
¡No!
Nuria se bajó las bragas y se arremangó la falda. Echó la
cabeza hacia atrás y besó a Eva en la boca. Enseguida Ana se acercó para besarla
también mientras sus manos terminaban de desnudar sus pechos. Eva aprovechó para
palpar por delante pues desde que Ana le hiciera fijarse en la ausencia de
sujetador de su jefa había deseado esos pechos escasos con mucha lujuria.
Nuria apenas tenía espacio para alargar las manos pero
consiguió alcanzar la palanca bajo el asiento y hacer que éste se reclinara
hacia atrás, poniéndose casi en horizontal. Eva recibió esta iniciativa
desabrochándose la blusa y el cierre delantero del sujetador y colocando sus
pechos a la altura de la boca de Nuria.
Ana hizo uso del espacio recién abierto acomodando como pudo
su boca entre las piernas de su jefa. Nuria tenía el coño muy mojado ya, y le
olía muy fuerte. Tener la nariz tan cerca provocó inundaciones en el coño de Ana
y una violenta ansia de abrir y chupar cuanto antes esa vagina.
¡Guarras! — dijo Nuria aprovechando que Eva la había
abandonado momentáneamente para quitarse las bragas — ¡Sólo pensáis en
comeros el coño la una a la otra!
Es verdad... — contestó Eva sentándose, ya sin
bragas, en la cara de Nuria —
¡Ah!
Eva, la única de las tres que no tenía la cara entre las
piernas de nadie, emitió un grito de espanto. Había un adolescente mirándolas
por el cristal del auto, con los ojos como platos y la boca abierta. Con la mano
llamaba a sus amigos para que vinieran a ver el espectáculo.
¡Mierda! — Dijo Eva — ¡La calle está llena de gente!
¿En que estábamos pensando?
Yo no creo que estuviésemos pensando en nada... —
dijo Ana sacando, muy a su pesar, la cara de entre los muslos de su jefa
—
Vámonos... — dijo Nuria recuperando la verticalidad
del respaldo del asiento y abrochándose la blusa de paso — A un hotel...
Nuria puso la llave en el contacto y arrancó, pero antes de
poner el vehículo en marcha le dio un beso con lengua a cada una.
Vámonos a un hotel.
¿Las tres? — pregunto Ana con una sonrisa de
complicidad —
Vosotras tenéis la culpa ¡No sabéis como me habéis
puesto! Con vuestros coños calientes y vuestras lenguas húmedas...
Yo creo que si que lo sabemos — dijo Ana metiéndole
mano por debajo de la falda mientras conducía —
¡Señorita Ana! — dijo Nuria gritando — ¡Yo soy su
jefa, y si le ordeno que me devore el coño tendrá que hacerlo!
¿Entendido?
Y con mucho gusto... — contestó Ana dejando libertad
a sus dedos para profundizar cuanto quisieran —
¡Usted, Eva! — dijo Nuria alcanzando sus bragas en el
suelo del coche — ¡Le ordeno que huela mis bragas!
Eva obedeció, cogiendo las bragas y llevándoselas a la nariz.
¿Le gusta el olor de mi coño?
Si... — contestó Eva que daba cuenta al mismo tiempo
de su clítoris — huele muy bien...
Buena respuesta, usted llegará lejos en esta
empresa...
Ana chupaba los dedos que iba introduciendo entre las piernas
de Nuria. Tener las piernas abiertas le ponía muy difícil manejar los pedales
del auto, pero no se quejaba.
Nos vamos a matar... — dijo Eva que veía la escena
desde el asiento de atrás —
¡Quiero vuestras lenguas! — dijo Nuria aprovechando
que se detenía en un semáforo —
Seguidamente, primero Ana y después Eva la besaron en la
boca.
El coche volvió a arrancar. Ana aprovechó para extraer los
dedos del interior de Nuria (tres de ellos) y metérlos en la boca de Eva.
Nuria aceleró, como si de repente tuviera mucha prisa. Entró
en el parking del hotel como una loca. Aprovechando la oscuridad Ana se lamió
los dedos y se los deslizó coño abajo a Nuria. Eva palpó por delante sus
pequeños pechos.
¡No os he traído a un hotel tan caro para que me
violéis en el parking! — exclamó Nuria — ¡vamos a una buena habitación!
Las tres mujeres bajaron del auto. Estaban nerviosas y
calientes. Las manos se aventuraban torpemente a tocar un trasero o un pecho; se
dieron algún beso furtivo...
Aún así consiguieron alcanzar el ascensor. Una vez dentro Ana
asió por entre las piernas a Nuria mientras la besaba lascivamente la boca. Eva
la agarraba por el trasero mientras le lamía el cuello. Nuria, por su parte,
deslizaba una mano entre las piernas de Ana y con la otra buscaba uno de los
pechos de Eva.
Como pudieron recuperaron la compostura en cuanto la puerta
del ascensor se abrió en la planta de recepción. Nuria caminó hasta el mostrador
y pidió una suite.
Enseguida las tres mujeres volvieron a utilizar el ascensor.
La habitación se encontraba en lo más alto del edificio, así que Ana tuvo tiempo
de introducir a base de bien sus dedos entre las piernas de Nuria mientras Eva
le devoraba la boca, le acariciaba los pechos y se dejaba acariciar los suyos.
¡Desnudaros, zorras, quiero ver vuestros coños! —
gritó Nuria tan pronto estuvieron dentro de la habitación —
Sin prisa alguna las dos compañeras se desvistieron hasta no
tener una sola prenda de ropa que cubriera sus cuerpos. Eva destacaba por su
generoso pecho mientras que Ana lo hacía por ser algo más ancha de caderas que
las otras dos.
Antes de que Nuria consiguiera imitarlas y quedarse también
desnudas, Ana y Eva se echaron juntas en la cama para besarse y abrazarse.
Nuria contempló el bello espectáculo mientras se desnudaba
muy lentamente. Su coño empezó a chorrear piernas abajo al ver en primer plano
el culo y el chocho de Ana o como ésta le engullía los pezones a su amiga.
Ya completamente desnuda Nuria se acostó justo al lado de las
dos mujeres. Antes de decidirse a participar las admiró, tocándose a si misma
mientras lo hacía. Luego le acarició la espalda a Ana, tomándose cierto interés
en su culo.
Ana se lo tomó como una invitación a cambiar de postura, así
que se despegó de su amiga para acercarse a Nuria y besarle en la boca. Luego
Eva hizo lo mismo.
Que pechos tan bonitos... — dijo Nuria agarrándoselos
a Eva y amasándolos con avaricia —
Pronto tanto Ana como Nuria se apoderaron cada una de los
pezones de Eva con sus bocas.
Estos enormes pechos — dijo Nuria parando a respirar
un instante — son míos ahora, para hacer con ellos lo que yo quiera...
Si... —contestó Eva con un susurro —
Y este coño es mío — añadió Ana sujetándole
precisamente por ahí a su jefa —
Sin mediar palabra Ana se puso a masturbar a su jefa de un
modo violento, metiendo y sacando los dedos a un ritmo frenético. Nuria se puso
a chillar de puro placer, pero enseguida Eva la hizo callar sentándose en su
cara. Ana sustituyó sus dedos por su lengua. El coño de Nuria estaba encharcado
de abundantes y calientes jugos, justo el plato favorito de Ana. Y algo parecido
podía decirse de lo que recibía en su propia boca la propia Nuria procedente del
chocho de su empleada.
¡Qué bueno está éste coño! — exclamó Ana —
Yo también quiero probarlo — dijo Eva propiciando un
cambio de postura —
Eva sustituyó a Ana poniendo su lengua entre las piernas de
Nuria y Ana la sustituyó a ella poniendo su coño en la cara de Nuria.
Eva fue la primera en recibir una violenta corrida en su boca
inesperadamente.
¡Se ha corrido en mi cara ¡ — dijo Eva divertida —
Yo también quiero... — anunció Ana cambiando de
postura para poder chupar la leche recién ordeñada —
Mientras las dos chicas se encargaban de limpiar a lametazos
la entrepierna de su jefa ésta las observaba regocijándose.
Muy bien... así me gusta... chuparme bien...
Lo siguiente que hizo Ana fue besar a Nuria en la boca con la
suya perdida de zumos vaginales. Nuria saboreó su propia leche encantada.
Venga, chicas — dijo Nuria — ahora quiero comeros yo
a vosotras el coño —
¡Buena idea! — dijo Eva — pero estaría bien que
fuésemos una más...
Ana y Nuria quedaron en silencio. Las tres mujeres se miraron
entre si de forma inquisitiva, y luego sonrieron con complicidad.