EL INTERCAMBIO ESTUDIANTIL
Mi nombre es Natalia y cuando estaba en el secundario fui en
un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es
verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a
Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando
me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.
El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este
caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo
iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada
para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores
debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera
sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.
Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que
soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen
que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es
una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos
pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.
Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con
la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más
lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor.
Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero
finalmente todo en la vida llega.
Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y
cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me
voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se
hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo
baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada
más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte
dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.
El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del
avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una
ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad
del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el
optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo.
Seguía muy emocionada y contenta.
Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un
empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y
mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca.
Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas
(español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la
casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero
se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un
esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y
trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba
tan contenta que no me molestaba.
Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se
llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos
la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de
cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para
romper el hielo.
La primer semana transcurrió con absoluta normalidad. Me
llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le
faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos
napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta
que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar.
Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.
La familia que me recibió se dedicaba a la industria
vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el
tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros
días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero,
un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero
los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen
instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a
la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.
Todo transcurría con aboluta normalidad pero luego de una
semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que
seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el
negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra
distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que
descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál
era ese "segundo negocio".
Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo
recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos
a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que
había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina
así que también charlamos acerca de mi país.
Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me
sorprendió que el plato principal tardó en venir. En un momento La Dueña de Casa
tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían "Madam".
Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia
bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de
este "speech" fue al grano y dijo algo así como: -"Acá la comida y el
alojamiento hay que ganárselo". Me explicó también que el negocio de los vinos
estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la
familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de
manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos
en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no
me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y
entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me
quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color.
Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que
tenía puesto. En uno de los ricones del comedor había un espejo de auténtico
cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito
de ropa interior celeste.
"Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que
ganárselo" me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica
que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y
buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores
atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando
de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a
todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en
bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba
"examinando". Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el
culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y
con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria
salvaje.
"Necesito verte las tetas" me dijo. Yo no me saqué el sostén
de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo
desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me
desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el
amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme
Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga,
si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me
observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba
abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo
fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer,
miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba
lo que veían, porque no podían parar de mirar.
Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de
mirarme y revisarme les pregunté: -"¿Ya me puedo vestir?"
Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy
normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que
estábamos pasando: -"Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego
puedes ir a tu habitación".
Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar.
Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue
porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el
exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que
nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve
ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez,
era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si
fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede
haber en una playa.
Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a
dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y
luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.
Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para
ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi
sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes
de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco
alto, y un cartel que decía: "Tu ropa está muy bien guardada en nuestra
habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos
lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando
andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa
que esa sin autorización". Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar,
cuando sentí un Toc Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que
esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo
completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que
así lo hiciera. Espero a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha
lujuria una vez más y luego se fue.
Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente
desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba
a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo
no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo,
desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche
y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca
abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.
Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un
corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de
lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy
caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el
placard.
Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la
casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha
gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a
la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que
era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente.
Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y
corpiños.
Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en
la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total
cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación
que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron
en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la
casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay
muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa
interior.
La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté
bastante.
A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: "Mirá, los
hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la
bombachita y el corpiño así te quemás mejor". Yo bien obediente, hice lo que me
pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios
me trajo al mundo.
Rikjard también me dijo: -"Acostáte acá que te voy a pasar el
bronceador" y se dedicó unos quince minutos a paserame el bronceador por todo mi
cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio
también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me
lo toqueteó todo un rato largo largo largo.
Luego me dijo. –"Ahora date vuelta que te voy a poner de
adelante".
Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los
hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las
tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo largo. También me metió
mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -"Espera que
de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte" e hizo llamar a una sirvienta y le
pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema
especial y una hojita de afeitar. Rikjar me colocó la crema por la vagina, y
luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy
prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.
A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por
la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo "natural" el hecho de que los
sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un
poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Conciente
o inconcientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más
provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me
metiera bien bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños,
si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran
más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes.
Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.
El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta.
Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la
que empecé a andar semi-desnuda por la casa la La Sra. me invitó a pasar con la
frase: -"Conoce el lugar, ambientate. Mira el lugar, fijate bien como es todo.
Que mañana vas a empezar a trabajar". Pasé así como estaba en ropa interior.
Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba
lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma
cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era
más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran
bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de
entender y descifrar "los códigos" del lugar.
Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y
corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me
había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no
era que hiciera "pases" con los clientes. También me dijo que iba a ser como un
juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura
hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que
era un experiencia completamente nueva.
No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más,
hasta que un cliente me vió, se ve que le gusté y me solicito especialmente. Yo
no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo
atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre
así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un
ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -"Dale es él, pasa
con él". Y luego nos presentó: -"Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés,
y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina". "Hola, ¿Que tal?" lo
saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo
en inglés, pero él hablaba cero español.
Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más
física: -"¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?" Le preguntó.
Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le
dijo: -"Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera". Ni Madam ni yo estábamos
seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una
excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de
este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas
y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma)
prosiguió: -"Nati date vuelta". Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin.
Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y
luego me dio una nalgadita. "Mirá lo que es esto Kevin" le dijo, "¿Estás seguro
de que no estás convencido?". Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y
dijo: "Ok. Acepto. En la habitación de siempre".
Madam me condujó hacia una sala privada en dónde una de sus
asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y
consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que habia decidido por
un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -"Hacé todo lo que te
pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te
pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale
una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando
con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores
pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud
y condiciones para puta no te faltan".
Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos
privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué
del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por
completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: "Oh esto va demasiado rápido".
Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no
de esta forma.
Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era
una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque
tenía su bañito privado.
Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la
nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo.
Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi
bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la
sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me
toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que
me gustara. Me estrujo el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en
el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba
su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba,
que él era el cliente y yo bueno ... la flamante puta. Me puso de espaldas a él
también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto
me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me
seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me
deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego
debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.
Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más
acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y
se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en
hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena fellada, o por lo
menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su largo vergo en la
boca.
Se la chupé por un larguísimo tiempo. El se calentaba. Yo
metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las
manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí,
mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo.
El estaba realmente muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la
siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de
la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están
pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su
leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas.
Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en
las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente.
Eso lo calentó mucho mucho mucho.
El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se
lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una
experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue
ayer que estaba subiendo al avión y ahora ... Tantas cosas nuevas vividas.
Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza
a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me
empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En
cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi
como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me
estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó
mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde
tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, el
hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy
lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dió. Fue por un
intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo
como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera,
aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó,
descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él
casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya
que había sido de los buenos.
Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me
puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había
pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al
principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo,
no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco
le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el
tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el
culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba
por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el
forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó todo su
leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó
que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de
Roxana, que algo sabía del tema: "Hacé todo lo que te pidan".
Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me
echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero
puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así
naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración
y potencia.
Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente
importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la
noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de
las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes.
Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de
la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa
noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero
suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como
tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo
para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y
luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó
Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me
dijo: -"Bueno, ahora quiero vestirte".
"Ningún problema" dije yo.
Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la
puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e
hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me
pusó en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos
como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.
Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me
miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que
había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer
ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré
frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.
Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este
día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto
ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos
ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba
vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailabamos así en
bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o
bien a "pasar" a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que
este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y
con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para
hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas
y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me
molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente
los hombres mayores.
Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni
bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy
planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En
este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.
En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se
masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que
"pasar". Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser
garchada. Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme
desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor.
Algunos me decían "Juntate un poco las tetas" o "A ver date vuelta y mostrame el
culito". Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión
esta gente, no así los otros.
La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de
"hablar sucio" y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi
vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como "Putita",
"Que trolita que sos", "Cómo te gusta la verga", etc. y muchas frases de este
estilo.
Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad,
fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el Nombre y Nro. de la calle, la
calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso
jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera
tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam
pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harém de bellezas que no
estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba
perdiendo de a poco.
Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida
muy hermosa muy linda, muy distinguida.
Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me
indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los
elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos,
etc..
Toqué el timbre: "Ring" sonó el timbre de la calle Rhing 383.
Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya
les mencioné su fetiche era jugar a "la nena y el doctor". Y jugamos todo un
día. El me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus "instrumentos" médicos por
todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez.
Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.
A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero
en general se parecían al primero y al segundo: hacía "pases" con los clientes,
y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro
strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte
Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me
gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).
A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero
cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a
la ropa: "Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una
prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser
que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño
puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam". Nuevas reglas, parecía casi
lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto
tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con
ropa, yo me sentía "vestida" (por efecto del acostumbramiento) en tanga y
corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que
me acostumbrara.
Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al
Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de
"violarme" con la mirada.
La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la
mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a
recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los
empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se
deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.
Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más
acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me
elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más "pases" con
clientes que antes.
Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: "Va
muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa,
extraordinario". "Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración,
pero condiciones y actitud no le faltan".
A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la
casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: "Nuevamente
hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu
cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que
antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por
completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te
puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam".
Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería
inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me
parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y
Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir
o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas.
Ellos muy estrictos me dijeron: -"Las reglas son las reglas y debes aceptarlas".
Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en
los que mi vagina anduvo bien ventilada.
Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de
la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Alguna veces me
permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los
clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido
más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos
clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían
desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la
vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna
que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la
más puta entre las putas.
A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando
mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard
estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no
había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía:
"Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que hay
aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa
puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni
siquiera puedes usar biquini y No puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No
debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del
que te hemos hablado. Rikjard y Madam".
Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda
todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como
Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada.
Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis
tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba
exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo,
necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca
y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me
permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi
como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado
Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no
iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o
despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena
relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.
En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le
comentaba a su mujer: -"Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está
sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar
que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret". Y no se equivocaban para nada
...
Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me
agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa.
Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le
molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran
las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente.
Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludo muy
cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla,
en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello,
para marcar que estaba en peritencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese
collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo.
Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una
manera especial.
Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me
estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs.. Así lo hice.
Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me
llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A
esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collár negro que
marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete
sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me
tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.
Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la
boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano.
Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la
vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio
sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente
expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo.No veía, no podía
gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve
ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. "Aguantate" me
dijo él en un tono cortante. También los clientes podían introducirme dedos en
la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera
zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación
era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de
abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con
un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y
por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba
unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano.
Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacermelo así, ya que estando yo
parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente
pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía
una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por
un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese
cliente y practicarle sexo oral, tragandome todo el semen.
Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo
estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos
que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería.
Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten
porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo
disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo
vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy
intensamente.
Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al
Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver
a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos
en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el
Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No
le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón
en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.
Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de
intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al
aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un "intercambio
estudiantil normal" y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte
terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender
a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que
hoy ya devuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso
cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.
Me excitaría recibir tus comentarios a:
julieta_s24@hotmail.com