Juegos femeninos
Ella se encontró por casualidad con una antigua amiga del
instituto, fueron a cenar y luego a un espectáculo de hombres con lo que la
excitación que sufrió una de ellas motivó que la reunión de amigas se
convirtiera en una reunión de sexo.
Ella se encontró por casualidad con una antigua amiga del
instituto, fueron a cenar y luego a un espectáculo de hombres con lo que la
excitación que sufrió una de ellas motivó que la reunión de amigas se
convirtiera en una reunión de sexo.
La historia que me dispongo a contar ocurrió el pasado verano
cuando conocí a Pili, una chica rubia de 1,70 aproximadamente, poco pecho y culo
estrechito y apetecible. La primera vez que la vi calculé que tendría no más de
veinticuatro años. Ella llevaba poco tiempo en nuestra ciudad a la que se había
desplazado para casarse y trabajar. Me dijo si podía acompañarla a ella y a su
amiga Julia, aún más alocada y cachonda que yo misma y la cual aprovechaba la
menor ocasión para hablar de chicos y de sexo sin el más mínimo recato. Pili me
dijo que me invitaba a cenar con ellas para, de este modo, celebrar una pequeña
fiesta de despedida de soltera. Por supuesto accedí gustosa a su invitación.
El sábado siguiente fuimos a un restaurante italiano y allí
le regalé unas prendas íntimas que había comprado en un sex-shop al que había
ido en alguna ocasión. Consideré que era lo más adecuado pensando que se iba a
casar en unos días. Así pues todas reímos cuando Pili abrió sus regalos. Un
corsé con el que estilizar su figura, unas bonitas braguitas de color blanco
junto al portaligas a juego en el mismo color y todo ello bien transparente para
que nada quedara a la imaginación de quien lo viera.
Por su parte Julia, mucho más provocativa, nos sorprendió a
ambas regalándole un enorme consolador imitando la textura masculina y otro tipo
de liguero con dos penes, uno por cada lado.
Si tu marido no funciona con esto le jodes tú a él –le dijo
riendo de buena gana.
Después de cenar y tras tomarnos dos botellas de un exquisito
vino decidimos irnos a una sala de fiestas que Julia conocía y en la que,
casualmente, se desarrollaba como espectáculo un destape de hombres sólo para
mujeres. Tanto Pili como yo estuvimos de acuerdo con la idea pues pensamos que
podía ser algo divertido.
Una vez llegamos al local, pagamos las entradas y entramos en
una gran sala en la que nos sentamos cómodamente en unos amplios sillones. En
pocos minutos llegó un apuesto camarero el cual con la mejor de sus sonrisas nos
preguntó qué deseábamos tomar. Tras tomar nota y marcharse, Julia comentó
divertida lo que le gustaría tomar del guapo camarero.
Pedimos copas entre risas y bromas hasta que, bastante
cargadas de alcohol, empezaron a desfilar los hombres. Al poco rato pude ver
como Pili se relamía los labios mirando a uno de los chicos mientras que Julia,
en un par de ocasiones, se levantó la falda de vuelo que llevaba enseñando
provocativamente su tanga y gritando como una loca:
¡Muchachos, aquí, aquí! ¡Venid aquí tíos buenos!
Pili, muerta de vergüenza, trataba de agarrarla para que se
estuviera quieta pero era casi imposible pues debido a su estado de embriaguez
no atendía a razones. Llegados al final del espectáculo invitaron al público
para que se apuntara para participar en un destape con premios en metálico.
Ahora sí que fue imposible mantener a Julia quieta
apuntándose ésta la primera aunque fue la última que salió al escenario. El
alcohol empezaba a hacer estragos en nosotras y eso que la noche apenas había
hecho más que empezar.
Cuando Julia apareció en el escenario parecía una auténtica
profesional. Empezó a moverse de forma sensual acariciándose por todo el cuerpo
para así animar al público presente. Lo primero que se quitó fue la bonita falda
que llevaba dejando tapado lo demás por su larga blusa que se levantaba de tanto
en tanto dejando su tanga al aire.
El público asistente aplaudió cuando se dio la vuelta y se
agachó pues, en esa postura, levantó la blusa y su tanga, por detrás, no tapaba
nada. Sin embargo, cuando se deshizo de la blusa fue aún mejor ya que sus
grandes tetas colgaban como si le pesaran y, cuando se agachó, parecían las
ubres de una vaca.
De más está decir que ganó el premio y un par de botellas de
champán por lo que en el viaje de vuelta no paramos de reír y felicitarla por el
éxito que había tenido. Al regresar a casa se acercó a mí y mientras me tocaba
las tetas me susurró débilmente al oído:
¿Te ha gustado? La verdad es que tú también las tienes
grandes….
Es cierto pero no las tengo caídas –respondí notando
como Julia las sopesaba entre sus manos.
Como las dos estaban bastante bebidas conduje yo mientras
ellas iban detrás jugando y comentando todo lo que había ocurrido. Entramos en
la cochera de la casa y, al bajar, se me ocurrió comentarle a Pili que nos
enseñara el conjunto que le había regalado. Ella, sonriente, lo sacó pieza por
pieza y nos lo enseñó.
No tonta, así no, mejor puesto. ¿no crees? –la animé
divertida a que se lo pusiera.
¿Aquí? –preguntó indecisa.
¿Por qué no? Es tu cochera y sólo estamos las tres
–añadí tratando de acabar con sus últimas resistencias.
Bueno está bien, pero daos la vuelta que me da
vergüenza –dijo tras pensárselo un rato.
Riéndonos de buena gana de su falsa vergüenza nos dimos la
vuelta pero yo, por el cristal del coche, la miraba hasta que, al acabar, nos
dijo que ya podíamos mirar. Nos giramos y ambas nos quedamos completamente
calladas mientras observábamos su bonito cuerpo.
Su rubio cabello, la mirada ingenua que siempre había tenido,
los altos tacones, las medias de encaje, la braga transparente y diminuta que,
con el corsé transparente, dejaban ver unos exquisitos senos de tamaño pequeño y
firme con una gran aureola y, entre sus piernas, se notaba todo el coñito con el
vello rubio y perfectamente recortado. Creo que me mojé allí mismo ante la
imagen de mi amiga.
Tenemos una orden para ti –le dijo entonces Julia.
Debes cruzar el jardín hasta llegar a tu casa, nosotras te
acompañaremos.
Lo hizo sin rechistar pues, a la hora que era, nadie la podía
ver pero yo me fijaba en su cuerpo y en aquel pequeño y redondo culo. Ya en el
interior de su casa y sin cambiarse de ropa, nos ofreció una copa diciéndonos
que nos quedáramos a dormir pues ya no eran horas para volver a nuestras
respectivas casas. Sin hacernos de rogar aceptamos y, de pronto, escuché a Julia
decir sin el más mínimo recato:
¿Sabéis chicas lo que me gustaría ahora? Lo que más
me gustaría ahora sería tener una buena polla entre mis piernas.
Pues chica, como no te metas el consolador que le has
regalado a Pili –contesté yo.
Levantándose de inmediato fue a buscarlo y, una vez volvió,
se soltó la blusa dejándola caer al suelo para a continuación desprenderse de la
falda. Se sentó cómodamente en el sofá, se quitó el tanga y, desnuda por
completo, empezó a pasarse el consolador por su peludo y ya humedecido coño.
Levantó las piernas abriéndolas al máximo con lo que nos
ofreció el espectáculo perfecto de su vagina y su agujero posterior y aunque el
consolador era de considerables dimensiones la verdad es que no le fue difícil
metérselo por completo escuchando con agrado como chapoteaban sus jugos al
entrar y salir aquel pene de látex de su excitado coñito.
Yo me encontraba a su lado mientras Pili se sentaba enfrente
de ella. Julia no aguantó tanto placer y alargó una mano poniéndomela sobre uno
de mis senos el cual empezó a sobarme como una loca hasta que despojándome del
top con el que cubría mis pechos, me desnudó de cintura para arriba para después
quitarme la falda hasta que quedó al aire mi delicada braguita de color negro.
Al final, me coloqué sobre ella obsequiándola con mis pechos
para que los chupara lo cual hizo con exquisita delicadeza. Empezó lamiéndome
los pezones con gran dulzura haciendo que se endurecieran al instante. Gemí
agarrándola de la cabeza para que no abandonara el sensual tratamiento que me
estaba dando. No tardó en hacer más perversa su caricia acariciando el grueso
pezón con sus abultados labios con los que lo envolvió haciéndome estremecer de
placer.
Pili se nos acercó observando como me las chupaba y la cara
de inmensa satisfacción que ponía gracias a los labios y la lengua de mi amiga.
Aprovechando su cercanía alargué mis manos cogiéndola de sus morenos y robustos
glúteos para empezar a magrearle con descaro su bonito culo al tiempo que Julia
no cejaba en su chupeteo sobre mis tetas.
Julia, sin sacarse el grueso consolador del interior de su
vagina, me levantó sin aparente dificultad dejando mi chocho a la altura de su
cara mientras mi cara quedaba frente a Pili. Nos quedamos mirando fijamente y
poco a poco y como si ambas lo estuviéramos deseando hace rato, acerqué mi cara
a la suya besándola con extrema dulzura. Unimos nuestros húmedos labios sin
decir nada, tan solo sintiendo nuestras entrecortadas respiraciones. Acaricié
con mis dedos su mejilla mientras ladeaba la cabeza al mismo tiempo que
entreabría mis labios ofreciéndole mi lengua juguetona la cual recibió con
evidente agrado enroscándose ambas en un combate que poco a poco fue haciéndose
más cruel y despiadado.
Julia aprovechó mi actitud descuidada para llevar la tela de
mi braguita a un lado dejando ante su excitada vista mi empapada entrepierna la
cual reclamaba ansiosamente sus primeros cuidados. Con gran regocijo por su
parte escuché como le decía a Pili:
¡Cielos Pili, mira qué sorpresa tenemos aquí! ¡Pero
si está completamente depilada!
Arrancándome la braguita de forma brutal mis dos amigas se
dedicaron a mirarme el coñito como si estuvieran adorando aquel delicado tesoro
que les ofrecía sin ningún recato. El interés mostrado por ambas hizo que me
mojara aún más si eso era ya posible. De un solo golpe y sin esperármelo Julia
se hizo con mi caliente chocho llevándolo hacia su hambrienta boca para empezar
a comérmelo con gran avidez como si en ello le fuera la vida.
Así cariño, vamos cómemelo. Así, así….me encanta como
me lo haces –apenas pude articular animando a mi amiga a que siguiera
con aquel encantador tratamiento.
Mientras tanto Pili no se quedaba atrás aprovechando mi total
indefensión para besarme y cogerme el culo con sus dos manos para abrírmelo y
cerrármelo a su antojo. No tardé en perder la noción de qué manos eran las que
me tocaban, unas me abrían las nalgas, otras me metían un dedo en el coño o bien
me restregaban el agujero del culo haciéndome lanzar verdaderos alaridos de
placer.
Ante ese doble ataque al que era sometida, despojé a Pili del
corsé empezando a chuparle su pequeño pero apetitoso seno el cual empecé a
chupar de forma frenética centrándome en su sensible y oscuro pezón. Mi amiga me
ayudó en mi sensual contacto acariciándome la nuca con sus dedos para después
apretarme contra ella de forma furiosa como si pretendiera no dejarme escapar.
Pude escuchar como Pili gemía totalmente entregada a mí; me sentía poderosa al
ver cómo lograba dar placer a aquella muchacha que se entregaba a mis juegos con
total complacencia.
La habitación se llenó con los suspiros y lamentos
satisfechos de todas nosotras; sería difícil decir cual de las tres gozaba en
mayor medida. Cuando Julia se apartó de mí me quedé bien abierta de patas y en
posición de perrito continuando chupando las tetas de Pili la cual me pedía que
siguiera de aquel modo enloquecedor hasta que finalmente acabó corriéndose
chillando de placer.
Tras observar como se corría de aquel modo tan magnífico bajé
lentamente hasta llegar a su palpitante entrepierna.
¿Qué quieres hacer conmigo? –le escuché que decía con
dificultad tratando de recuperarse del orgasmo obtenido.
Ya lo verás cariño, es un secreto –le respondí
guiñándole un ojo mientras le sonreía de manera pícara.
Sin embargo, tuve que dejar de hablar pues sentí algo frío
que rozaba la entrada de mi vagina. Volví la cabeza descubriendo a Julia
jugueteando con el consolador doble que se había introducido en su coñito
mientras con el otro extremo apuntaba sobre el mío. Aquella idea me gustó
sobremanera pues me apetecía follarme a Julia mientras ella me follaba a mí al
mismo tiempo con aquel largo y grueso instrumento.
De un solo golpe y sin decir nada mi amiga me lo metió entero
con decisión arrancándome un fuerte lamento al sentirme taladrada por aquel
fálico invitado. Pili observó excitada la doble penetración y colocándose sobre
mí en posición inversa se dedicó a lamerme el agujero de mi culito al tiempo que
Julia aprovechaba para follarme como una desesperada.
Podía sentir como aquel duro consolador entraba y salía de mi
encharcado chochito el cual lo recibía con gran placer. Cerraba los ojos pues no
me era posible mantenerlos abiertos ante el tratamiento que mi amiga me daba.
Julia sabía como moverse para hacer que mi deseo por ella se multiplicara hasta
el infinito. Tan pronto se movía de manera lenta pero precisa como de pronto
aumentaba sus embestidas hasta hacer que me fuera aproximando al orgasmo. Sin
embargo y de manera maliciosa sabía cuando parar para hacer que el placer me
abandonara para de nuevo empezar a percutir contra mis entrañas haciéndome
jadear de satisfacción.
Sigue Julia, sigue cariño….me estás volviendo loca.
¡No me hagas sufrir más, te lo suplico –susurré débilmente mientras me
relamía de gusto.
¿Te gusta, eh putita? Ya verás como vamos a disfrutar
las tres juntas –me dijo con aquellos ojos brillantes llenos de lujuria
y vicio.
Por lo visto no tenía bastante con joderme de aquel modo
salvaje pues separó a Pili de mi culito y escupiendo sobre el mismo lo ensalivó
con sus delicados dedos humedeciéndolo mientras me frotaba las nalgas las cuales
empezó a golpear con pequeños azotes que fueron adquiriendo paso a paso mayor
ímpetu hasta que mi dolorido trasero empezó a enrojecer.
Agarró las manos de Pili poniéndolas sobre mis nalgas
obligándola a que me las abriera y, de este modo, teniéndome completamente
entregada presionó sobre mi anillo anal introduciendo un dedo para luego
acompañarlo por otro más. Era la primera vez que alguien me prodigaba una
caricia como aquella y debo decir que aquella caricia desconocida me encantó.
Noté como mi estrecho esfínter se dilataba permitiendo el paso de aquel par de
exploradores en busca de aquel tesoro todavía virgen.
Sin pensarlo dos veces me dediqué a hacer lo mismo con Pili
la cual acogió el contacto con un profundo suspiro. No tardé en aprender aquella
primera lección sumergiendo mi cabeza entre aquel par de montículos comenzando a
chupar el oscuro agujero de mi amiga el cual comenzó a dilatarse sin aparente
esfuerzo. Imité a Julia y tras escupir sobre el ano de Pili me entretuve
esparciendo la cálida saliva sobre aquel agujero para humedecerlo de manera
conveniente.
Julia extrajo el consolador de su coñito y dirigiéndose a su
bolso empezó a buscar en el mismo hasta que encontró lo que buscaba. Con los
ojos vidriosos por la emoción que me embargaba vi como blandía un juguete del
que había oído hablar en diversas ocasiones pero con el cual nunca había tenido
el gusto de tropezarme. Nuestra amiga vino hacia nosotras llevando entre sus
manos unas excitantes bolas chinas las cuales estaba segura que harían las
delicias de todas nosotras.
¿Qué tienes ahí? A ver, déjame verlo –le pedí
mientras me estremecía ante la imagen de aquel diabólico juguete.
¿Alguna vez habéis jugado con algo como esto? Puedo
juraros que con este juguetito se pueden alcanzar los orgasmos más
brutales –nos aseguró Julia jugando con las bolas chinas entre sus
dedos.
No quise perder la oportunidad de ser la primera en probar
aquel artilugio así que, poniendo mi trasero en pompa, se lo ofrecí para que
fuera profanado por mi amiga.
Fóllame con ellas, vamos. He oído hablar muchas veces
de ese juguete y nunca he tenido ocasión de disfrutar de ellas –dije
gritándole a Julia para que se animara a introducírmelas en mi interior.
¿Así que quieres que te folle con ellas, eh
muñequita? Verás como te correrás con ellas como una perra.
Ayudada por Pili para que me abriera las nalgas empezó a
presionar sobre mi anillo anal hasta que lanzando un ahogado gemido noté como la
primera bola se alojaba en mi conducto anal. Tras la primera entró la segunda y
así sucesivamente fueron introduciéndose todas haciéndome gemir con cada uno de
aquellos fantásticos ingresos. Me estremecí de placer tratando de evitar el
orgasmo que notaba cercano gracias al roce de aquellas bolas en el interior de
mi sensibilizado culito.
Goza, cariño, goza –me tranquilizó Julia
acariciándome el cabello mientras me hablaba. Aguanta la respiración
mientras gozas con ellas dentro de tí.
Son estupendas –respondí completamente agradecida por
aquel regalo con el que me obsequiaba. No creo que tarde en correrme.
Jamás había sentido un placer igual.
Lo estás haciendo muy bien. Espera que voy a
sacártelas para que goces como nunca.
Efectivamente, tras unos segundos disfrutando de aquel modo
irrepetible, Julia empezó a estirar del hilo haciendo que aquel dulce tormento
que sentía fuera aumentando paso a paso. A cada bola que iba saliendo lanzaba un
fuerte gemido gozando de un modo desconocido y genial. Era increíble el placer
que aquello podía ofrecer. Mordí con fuerza mi labio inferior tratando de
controlar el escandaloso orgasmo que se avecinaba entre mis piernas. Al notar
como la última bola abandonaba mi agradecido agujerito acabé prorrumpiendo en un
fenomenal orgasmo el cual me dejó completamente satisfecha y relajada.
Tras descansar unos minutos, Julia no quiso dejarme tranquila
y cambiando de objeto cogió el consolador para llevarlo hasta mi satisfecho
culito. Gracias a la anterior caricia no le fue difícil hacer que entrara en mis
entrañas empezando a follarme el culo mientras por el otro extremo se lo metía
en el coño a Pili la cual empezó a berrear como una loca.
Creí que no sería capaz de soportar tanto placer. Aquel falso
miembro masculino me follaba una y otra vez sin descanso. Ambas nos movíamos
adelante y atrás prodigándonos una maravillosa sensación placentera en nuestros
respectivos agujeros.
Al fin escuché como mi amiga Pili emitía un ahogado jadeo
indicando que se corría sin poder aguantar más. Esa fue la señal para volver a
dejarme ir viendo como de mi empapada vagina volvía a escapar una nueva porción
de jugos vaginales la cual fue recogida por Julia lamiéndome una y otra vez
hasta dejarme bien seca.
Julia escapó de mi palpitante entrepierna y con dificultad
logré quitarle el consolador el cual todavía mojado me metí en mi coño. Mi amiga
se sentó cómodamente sobre la cara de Pili mientras yo aproveché para chupar su
pequeño agujero rosado metiendo mi hambrienta lengua todo lo posible. Al ver
cómo empezaba a dilatarse favoreciendo el tan necesario contacto, aproximé aquel
pene de látex a la entrada de su culo. Ayudé a mi amiga a levantar las piernas y
poco a poco fui metiéndoselo, primero con movimientos lentos y pausados para
hacer juego y luego todo de un solo golpe acompañando aquella follada con dos
dedos sobre su excitado clítoris el cual se endureció nada más acariciarlo.
Le ofrecí mis labios a mi amiga empezando a morrearnos
apasionadamente. Julia me mordía ligeramente los labios agradeciéndome de aquel
modo el placer que le daba. Le obligué a bajar la cabeza hasta el coño de Pili
haciendo que se lo chupara mientras yo la enculaba hasta que Pili, entre fuertes
convulsiones acabó corriéndose.
Sudadas nos acostamos las tres desnudas en la misma cama
poniendo cada una la mano donde más le pudiera apetecer. Mientras trataba de
recuperar el ritmo cardíaco vi acercarse a Pili a mi oído susurrándome en voz
baja:
Me gustaría repetirlo pero la próxima vez tú y yo a solas.
¿De acuerdo?
Accedí a su solicitud sonriéndole de forma cómplice pero
disimulada para que Julia no se percatase de aquel mudo acuerdo. Dejé descansar
la cabeza sobre su abdomen cerrando los ojos a continuación para caer en brazos
de Morfeo en busca del tan necesario descanso tras aquel estupendo polvo.