A veces la vida te da sorpresas, dijo alguien y realmente es
así, sin vueltas, nunca se sabe que sorpresa te espera, y cuando menos la
esperas, allí aparece ella. Jamás me hubiera imaginado que los acontecimientos
que les contaré muy pronto iban a cambiar mi vida de una manera tan rotunda...
A los dos días de haber pasado el terremoto sexual con mi
vecino y su hijo, mi marido recibió el llamado de su padre, que vive en una
finca a unos 400 km de la ciudad en que vivimos.
Resumiendo les cuento que mi suegro es viudo, vive en una
granja en la cual se dedica a la cría de animales,(su especialidad son los
caballos) los cuales comercializa y le dejan muy buenos dividendos, vive en
medio del campo, en una casa enorme con todo tipo de comodidades, tiene personal
especializado que trabajan en la finca, da trabajo a varias familias del lugar,
las cuales están muy agradecidas y es muy respetado por todos.
Mi suegro había tenido un accidente, se había caído de un
caballo, lo que le provocó algunas lesiones y debía estar en cama haciendo
reposo por lo menos 4 meses, y luego vendría el período de rehabilitación.
Mi suegro necesitaba a su lado una persona de confianza que
lo ayudara en la finca en distintos quehaceres administrativos, y como mi cuñada
no podía dejar la ciudad porque los niños no podían faltar al colegio, y mi
marido y cuñado cada uno tenía su propio trabajo, se le ocurrió que yo fuera a
quedarme allí y que mi esposo nos visitara los fines de semana, me pagaría un
muy buen sueldo.
Mi trabajo en la finca era solamente ayudarlo a él en los
números y trámites bancarios, debía ir a la ciudad a hacer los depósitos, dos
veces por semana, nada más que eso, la casa tenía servicio doméstico, y en mis
horas libres era dueña de hacer lo que quisiera.
Me negué rotundamente, tenía mi vida allí, mis amigos y mi
familia. Mi esposo me pidió por favor que lo ayudara al viejo, estaríamos en
contacto por teléfono y los fines de semana viajaría para estar conmigo.
¿Qué haría sola en el medio del campo?, tenía mi vida en la
ciudad y era para mi un sacrificio enorme dejar todo.
Mi marido me rogó encarecidamente, que el viejo nos
necesitaba, que para él también iba a ser difícil estar solo, pero que era una
emergencia y como yo formaba parte de la familia debía ayudarlos.
Mi suegro ofrecía y ordenaba, desde el teléfono, la cuestión
que no podía negarme y en menos de dos horas, ya estaba en camino hacia la
finca, ya se había puesto de acuerdo con el peón para que me buscara en la
estación de trenes y me llevara a mi y a todo mis bártulos hacia la finca.
Fue todo tan rápido que no tuve ni tiempo de despedirme de
mis queridos vecinos, los cuales me habían cogido de una manera tal, como para
que los recuerde por el resto de mis días.
Mientras iba en el tren camino a la granja, pensaba en mi, y
en mi futuro inmediato, en lo aburrida que estaría en al campo, en cómo iba a
sobrevivir sin tener sexo, con lo que a mi me gustaba que me cogieran, y lo
caliente que estaba siempre, era realmente para preocuparme, pues en ese lugar
debía cuidarme, todo el mundo conocía a mi suegro, y como era un lugar con muy
poca gente todos se conocían y yo no iba a poder hacer libremente lo que
quisiera, debía cuidar mi reputación y no hacer locuras, eso me puso de muy mal
humor, pues yo quería tener sexo siempre y en esas condiciones no se que haría.
Cuando el tren arribó a la estación, el peón de mi suegro me
estaba esperando.
Pepe era un hombre de unos 48 a 50 años, ese tipo de hombres
que pasa por la vida sin que nadie se de vuelta a mirarlo, tenía gruesas manos
callosas por el trabajo, un cuerpo grande y musculoso, debido a su trabajo, (era
domador de caballos) tenía una incipiente calvicie, lo que lo hacía parecer de
más edad de la que realmente tenía, usaba un frondoso y largo bigote, que apenas
dejaba ver sus labios inferiores, siempre húmedos. Un vientre prominente,
producido por la cerveza.
Al verme descender del tren, vino a mi encuentro y me ayudó
con las maletas y paquetes que llevaba, era casi una mudanza, me había llevado
todo tipo de ropa, pues eran varios meses e iba a necesitarla, aunque mi suegro
me dijo que me dejaba su camioneta a mi disposición para lo que quisiera hacer y
si me olvidaba o faltaba algo podía ir a buscarlo al pueblo.
Llegamos a la casa principal de la finca, entre el peón y
María, la doméstica, se encargaron de llevar todas a mis cosas a la habitación
de arriba, que era la que usábamos mi esposo y yo cuando íbamos de visita.
Mi suegro me recibió en su habitación, pues por el momento no
podía levantarse de la cama, desde allí nos pusimos de acuerdo para empezar a
trabajar desde la mañana siguiente.
Pasé por la cocina y María me sirvió la cena, apenas terminé
me retiré a descansar pues estaba agotada.
A la mañana temprano, María me sirvió el desayuno, siempre
estaba muy sonriente y de buen humor, era una mujer de unos 50 años, rolliza,
con unas piernas duras y un vientre bastante abultado, se veía que era una mujer
que le gustaba el buen comer. Pero tenía una característica, siempre ella estaba
contenta, de buen humor y sonreía y cantaba en voz baja todo el día.
Mi vida en la finca era bastante tranquila, trabajaba con mi
suegro en su habitación cuatro horas y otras dos por la tarde, me quedaba
bastante tiempo libre para pasear, tomar sol, o ir a bañarme al estanque.
El fin de semana vino mi esposo, la pasamos bastante bien, mi
suegro no sabía que hacer para conformarme y darme algo que me tuviera más
contenta y ese mismo domingo, me regaló un caballo andaluz, Pepe me lo cuidaría
y también me iba a enseñar a montar, yo era una mujer de ciudad, y todo esto era
un mundo nuevo para mi.
El domingo apenas entrada la tarde mi esposo se volvió a
nuestra casa en la ciudad.
Ese domingo hacía mucho calor, así que decidí por la noche,
ya tarde, dar un paseo por los alrededores de la finca.
Estaba muy ansiosa y con ganas de tener sexo, deseaba un
hombre que me lamiera y me penetrara, que me hiciera correr varias veces, con mi
marido el sexo era aburrido, yo aún no había empezado y él ya había terminado.
Después de la experiencia vivida con dos hombres penetrándome
a la vez, me dejó plena, fue la mejor vivencia sexual que había vivido hasta ese
momento, me sentí pletórica y deseaba volver a repetirlo, es imposible describir
lo que se siente que dos lenguas te laman entera a la vez, y cuatro manos te
acaricien por todas tus zonas erógenas, y ni qué decir lo que es chupar dos
vergas duras al mismo tiempo, y que después de todo ese juego morboso, te
penetren uno por adelante y otro por atrás, y tu marido durmiendo muy cerca de
esos acontecimientos, era el súmmun de los súmmun.
Estaba con mal humor, la falta de sexo, me hacía poner
cachondísima, y no tenía como desahogarme, así que decidí esa noche antes de
acostarme, darme placer con mis deditos.
Mientras iba sumergida con estos pensamientos, y ya muy
caliente y húmeda, me acerqué al establo, y decidí ir a ver a mi mascota, el
caballo andaluz que me había regalado mi suegro.
Escuché movimientos, voces y risas apretadas, me llamó la
atención pues no me imaginaba quién podría estar por ahí, me acerqué lentamente
a un costado del establo y me puse a espiar, a ver de dónde venían esas risas
apagadas.
Entré al establo silenciosamente, era muy grande, al fondo
como a dos cuadras de donde estaba yo, empezaban las caballerizas, con un box
para cada caballo, el box de mi mascota era el último, así que salí del establo
y fui por la parte de afuera y decidí entrar por el portón de atrás, que estaba
semi abierto, cosa que me llamó la atención, pues el establo por las noches se
cerraba, silenciosamente entré, había unas maderas acumuladas, que habían dejado
por la tarde, cuando los peones que ya se habían retirado, pues su horario
laboral ya había terminado, esas maderas eran para agrandar parte de la
caballeriza, entre esas maderas había un hueco y por ahí pude espiar y me
encontré con una sorpresa, que ni en cien años, me la esperaba.
Allí estaba María con Pepe, el peón que me fue a buscar a la
estación de trenes
María y Pepe estaban completamente desnudos, se besaban y
acariciaban. Al costado de ellos estaba mi caballo parado, María acariciaba, al
animal mientras Pepe le sobaba los pechos, María se dejaba magrear por el peón
que por el momento yo lo veía solo de espaldas.
La cara de María demostraba un placer indescriptible, Pepe
fue bajando lamiéndole todo el cuerpo, hasta llegar a su entrepierna y comenzó a
besarle la vagina, la cara de María y sus gemidos lo decían todo, el placer que
estaba recibiendo, me ponía más cachonda aún.
Luego María se arrodilló y desparramó todas sus carnes, ante
mis ojos gigantescamente abiertos.
Comenzó a mamarle la verga a Pepe, mis ojos no podían dar
crédito a lo que veían, Pepe, acercó su pene a la boca de María, y ella se lo
relamía, el pene de Pepe, era de un tamaño y espesor increíble, lo estaba viendo
y no podía creerlo.
Pepe se cogía a María en esos instantes por la boca, no le
llegaba a entrar toda, debido al tamaño que a mi me dejó impresionada y más
caliente aún.
María se puso en cuatro patas, sus nalgas gordas y grandes,
quedaron ante mis ojos que seguían desorbitados.
Por detrás del animal María, tomó el pene de mi caballito
querido y comenzó a masturbarlo, el caballo se puso algo nervioso y comenzó a
mover lentamente sus patas para adelante y para atrás, ella seguía tocándole la
verga al animal, que fue creciendo y creciendo en forma increíblemente grande,
cuando la verga del animal llegó a su punto máximo de erección, la muy puta de
María se metió una buena parte en la boca, la parte de la verga que quedó fuera,
se la tocaba con ambas manos.
Pepe con su verga dura en la mano, le empezó a besar las
nalgas, pasándole la lengua de punta a punta por el ano, luego la penetró por el
inmenso culo.
La imagen que tenía ante mis ojos era muy excitante, ver a
esa mujer obesa mamándosela al caballo y Pepe cogiéndola como un demonio por el
culo, era para una película porno.
Por los movimientos y suspiros de Pepe se notaba que ya
llegaba a su orgasmo, retiró ese pene (que me hubiera comido en ese momento yo),
y regó toda la espalda de María, a los pocos segundos, el caballo comenzó con un
relinche y movimientos de sus patas y eyaculó en la boca de María, saliendo
chorros y chorros de semen, desparramándose por toda la cara de esta puta de
María.
Mi caballo llenó la boca de María, de leche, en ese momento
cuando Pepe la inundaba con su semen por la espalda.
Yo no podía moverme del lugar pues iba a ser descubierta por
ellos, así que me quedé acurrucada, casi sin respirar, esperando el momento
oportuno para irme de ahí.
Después de limpiarse con un trapo los restos se semen del
caballo y de Pepe se acostaron en el piso a fumarse un cigarrillo.
-¡Qué rico me coges, Pepe!
-¿Te gustó María?.
-Muy lindo, no se los orgasmos que he tenido, la verga de los
caballos me excitan, algún día me la meteré hasta donde la soporte.
-Será muy lindo, mientras te doy por el culote gordo, la
verga del caballo en tu concha, serás muy feliz María.
-El patrón le regaló el caballo a la nuera.
-Si, ¡la nuera!, qué rica está la muy puta.
-Es simpática la señora, ¿no?.
-Si, muy simpática y debe ser más puta que tú en la cama.
-Jajaja, ¿te parece?, la veo algo delicada, típica hembra de
ciudad.
-¿Delicada?, jaja, estoy seguro que le gusta la verga más que
a tí.
-Si, puede ser, pero eso no se mira ni se toca, es la nuera
del patrón.
-Yo la tocaría, le pegaría una mamada en la concha, que me
pediría más, más mássss.
-Tú Pepe, estás loco.
-Si, loco por cogerla, chuparla, mira hablo de eso y se me
para, ajajaja.
-Tú cuídate de esas locuras, y de tu esposa, mira si se
entera de lo nuestro y de la patrona, ¡sería un escándalo!
-Mi mujer mientras lleve el dinero a casa, mi vida sexual, no
le interesa.
-Todo lo que quieras, pero la patrona no se toca, jajaja.
-Mañana empiezo a enseñarle a montar, la tendré bien cerca, y
no se como voy a hacer para no tocarla, es muy rica y estoy seguro que muy puta,
se nota en la mirada.
-Es la nuera del patrón, no hagas locuras, Pepe.
-Será la nuera del patrón, si, pero..., no deja de ser una
hembra, y te apuesto lo que quieras, lo intuyo, es una hembra sedienta de verga,
lo dice su mirada, tiene poses y actitudes de buscona, de esas que una sola
verga no le alcanza.
-¡Tú estás rematadamente loco!, eso no se mira ni te toca.
-María, y esto te lo digo en serio, es una zorra, y si puedo
cogérmela, lo haré, el marido, es cornudo, y ella una zorra, ya verás tú.
-Ahora me tienes a mi aquí, y yo te haré gozar a tí. ven para
aquí.
La muy puta de María, se levantó un poco, le tomó la verga
que descansaba, se la empezó a jalar y poco a poco, se fue agrandando, cuando
estaba en su punto máximo, María se la puso en la boca de un solo empellón,
Pepe, gemía y balanceaba su polla dentro de la boca de María.
Mis deseos aumentaron, pero en ese momento usé la razón y era
la oportunidad de salir de allí, sin ser vista, ellos estaban en otro mundo.
Salí tan silenciosamente, como entré, fui directo a la casa y
subí las escaleras hasta mi habitación corriendo, me desnudé y me acosté, con
mis manos empecé a recorrer mi cuerpo, estaba muy caliente, la visión de la
verga de Pepe me había dejado más caliente aún, fui penetrando dos de mis dedos
dentro de mi conchita empapada, luego tres, con la otra mano me pellizcaba los
pezones, pensando que eran los labios de Pepe que me recorría todo el cuerpo,
luego, acaricié mi clítoris inflamado y húmedo, lo froté con deleite, hasta que
logré un orgasmo y luego otro y otro..., me quedé dormida, soñando que una polla
me atravesaba y me partía, era la verga de Pepe, que me había dejado ardiendo...
A la mañana siguiente María con su eterna sonrisa me sirvió
el desayuno, entonces entendí su sonrisa y su buen humor, la envidiaba porque yo
era muchísimo más joven, más linda y no me comía nadie, como se la comían a
ella.
No podía mirar a María a la cara, pues recordaba la
conversación y la gran cogida que le había dado Pepe, y ya estaba húmeda y
deseosa nuevamente, el tamaño y el grosor de la polla de Pepe estaban grabadas
en mi retina y en mi cerebro, daría todo por que una polla así me penetrara por
todas partes, la chuparía con locura..., ese hombre era de temer, si a esa verga
le sumaba la lengua, y bueno..., estaba perdida, pero perdida por el placer que
ese macho rudo, estaba dispuesto a darme.
Mientras trabajaba con mi suegro en la computadora, no podía
sacarme las visiones de la noche anterior, la polla de Pepe, como María se la
había chupado a mi caballo, la polla de Pepe, la lengua de Pepe, hicieron que me
pasara toda la mañana caliente.
Después del almuerzo, Pepe vino a buscarme a la sala para
empezar con las clases para eseñarme a montar.
-Señora Andrea, permiso.
Al verlo una corriente eléctrica empezó a recorrerme desde la
punta de los pies a la cabeza, mi vagina latía de deseos y empezaba a
humedecerse.
-Si Pepe, ¿en qué puedo ayudarlo?. –Hablaba con la vista
baja, no podía mirarlo a los ojos, porque mi mirada me iba a traicionar y solo
le diría: -Ven cabrón, fóllame.
-Vengo a buscarla para darle una demostración para montar el
caballo, debe familiarizarse con él, ahora daremos una vuelta los dos, para que
usted tenga una idea, pero las lecciones verdaderas, empezarán mañana, cuando
comience a bajar el sol, a esta hora es imposible por el gran calor.
-Como usted diga; Pepe.
-Bueno, vamos que el animal nos espera.
-Es que no estoy vestida como para montar.
Y era verdad, como hacía tanto calor, tenía puesto un short
cortito y apretado de jeans y una camisita blanca, de una tela muy fina y
transparente que había anudado bajo mis senos, dejando todo mi abdomen al aire.
-No importa señora Andrea, ya le dije que las clases
empezarán mañana por la tardecita, ahora solo daremos una vuelta juntos; para
que usted y el potro se vayan conociendo.
-Ah, ok.
Salimos caminando juntos hacia la caballeriza, a buscar a mi
potro, los recuerdos de la noche anterior volvían a mi memoria, mi vulva empezó
a latir y a mojarse, ella pedía polla, y polla, ¡Dios, mío!, ¡qué ganas de coger
tenía!.
Pepe montó al potro sin ninguna montura, desde arriba del
caballo, estiró sus brazos, para que yo montara al animal.
Sus fuertes brazos me tomaron desde las axilas, y me ayudó a
montar, quedé sentada y muy pegada delante de él.
Como soy una provocadora sexual por naturaleza, y para más
estaba ardiendo de deseos, instintivamente, acomodé mi trasero entre sus
piernas, Pepe pasó sus dos brazos por mi costado, y tomó las riendas del
caballo, así quedé aprisionada a su cuerpo, sus brazos fuertes me tenían
cautiva, y por delante, mientras manejaba las riendas del caballo, me rozaba
suavemente los senos, como al descuido sus brazos frotaban por un momento mis
pezones, ya duros, los fregaba y retiraba un poco los brazos, hizo ese juego
enloquecedor para mi, mientras nos íbamos alejando lentamente del establo.
Mientras nos distanciábamos de la casa, me susurraba al oído
los distintos desplazamientos del caballo.
-Esto que le voy a mostrar ahora, se llaman aires.
-Si.
El caballo caminaba despacio y me dijo:
-Esto se llama paso, es el aire más lento, con cuatro
tiempos. El caballo en este aire avanza en bípedo diagonal (es decir, avanza a
la vez la mano izquierda y el pie derecho, y luego viceversa). Es un aire
marchado, pues siempre hay algún pie apoyado en el suelo, y simétrico, porque el
movimiento del bípedo diagonal izquierdo se repite de forma idéntica en el
bípedo contrario.
-Si, ok. –Lo escuchaba embelezada, mientras sentía como en mi
espalda, su miembro duro iba creciendo.
Luego empezó el caballo a andar más rápido.
-Esto se llama trote: aire más rápido que el paso, de dos
tiempos, simétrico y saltado (porque en un momento determinado, el caballo queda
en suspensión, sin ningún pie apoyado en el suelo). El trote puede ser de
trabajo (a buen ritmo), reunido (un aire cadenciado, lento y elevado) o largo
(en el que el caballo alcanza la mayor amplitud de tranco; no por ello es el más
rápido.
-Si, muy interesante. Mi voz ya era un susurro.
El muy tunante me hablaba quedamente en el oído, su aliento
en mi nuca, sus labios en mi oído, y su verga cada vez más dura apoyada en mi
cuerpo, yo ya no tenía demasiada resistencia, suavemente me frotaba en su falo
erguido.
Comenzó a ir a más velocidad por el campo, internándose en un
camino oculto por los árboles, era como en pequeño monte, cada lado del camino
estaba bordeado por inmensos árboles, cuyas copas en lo alto se unían y no
dejaban pasar la luz del sol.
-Esto se llama: Galope: es el aire más rápido, pero el
caballo se agota antes, no tiene independencia respiratoria. Al apoyar las manos
en el piso, está obligado a expulsar el aire y por ello no puede acelerar su
frecuencia respiratoria a voluntad. Es el único aire asimétrico (tiene tres
tiempos, durante el cuarto se encuentra en el aire). El caballo puede galopar "a
mano derecha" o "a mano izquierda". En el galope a la derecha, por ejemplo, el
bípedo derecho avanza más que el izquierdo. Galopar a las diferentes manos les
permite girar cómoda y equilibradamente al lado (o mano) al que galopan. Y
comenzó a galopar internándose cada vez más entre los árboles.
Luego de quince minutos de internarnos entre los árboles, fue
bajando la velocidad hasta que decidió parar el caballo.
Desmontó del caballo, y me dijo:
-Vamos a dejar que el animal descanse un poco, y que tome un
poco de agua, (al costado a una cuadra de allí corría un arroyo).
-Venga señora, la ayudo a desmontar.
Nuevamente sus rudos brazos me tomaron de las axilas, y
mientras desmontaba, nuestros ojos se encontraron, mi boca estaba entreabierta
por el calor y el deseo ardiente que se había adueñado de mi, aprovechó a
pasarme sus manos por el trasero.
Una vez en el piso, me dijo:
-Mientras fumo un cigarro, si quiere vaya a refrescarse al
arroyo.
-Es que no traje ropa adecuada para bañarme.
-No importa señora, desnúdese, yo no la miro.
Sus ojos ardían y me desnudaban lentamente.
Sin pensarlo demasiado, me desabroché lentamente la camisa,
quedando mi corpiño al aire, mirándolo a los ojos desafiante, me quité el short,
mis bragas blancas y diminutas estaban empapadas. Me acerqué a Pepe y le dí la
espalda.
-Por favor Pepe, puedes desabrochar mi corpiño?
Con sus manos torpes tiró de los breteles del corpiño, mis
senos turgentes y jóvenes, saltaron hacia fuera, me dio vuelta y me puso de
frente, inclinó la cabeza y tomó mis pechos, pasó toda su mano por mis pezones,
se inclinó un poco y como un endemoniado empezó a chuparlos, mientras su otra
mano se metía en mi entrepierna, y con uno de sus dedos corrió mi braguita hacia
un costado, su dedo empezó a recorrer mi vagina empapada.
-Mira como estás de caliente, perra. Te como esa conchita, te
la como las veces que quieras, las veces que me lo pidas, te la como, puta, me
trago todo tus jugos de puta, te devoro entera, putita.
Mientras me decía todo esto, iba besándome todo el cuerpo,
sus dedos se removían dentro de mi rajita, se arrodilló, sacó sus dedos
empapados de mis jugos, y se los lamió.
-¡Qué rico sabor a hembra! ¡a hembra puta y caliente!
Me quitó la tanga, abrió mis piernas y su lengua comenzó a
hurgar dentro de mi vagina.
Yo ya no podía resistirme más, era lo que deseaba, estaba
necesitada de sexo, quería coger y que me cogiera bien cogida.
Por toda respuesta abrí más mis piernas, le tomé la cabeza
calva y la conduje a mi conchita caliente, comencé a friccionar su cabeza entre
mis piernas.
-Vamos, ya, dame una buena lamida, cabrón. Chúpame mucho.
-Puta, lo sabía que eras una reverenda puta. Y tu marido un
cornudo.
Su lengua recorría mi conchita entera, tomó mi clítoris y lo
empezó a sobar con maestría, en segundos tuve mi primer orgasmo.
-¡Ahhhh, ahhhh, qué rico, qué rico!
-¿Te gusta perra?, ¡zorra!.
Mis piernas temblaban por la posición. Me recostó sobre el
pasto, y así acostada, sobre el pasto, me pegó otra buena mamada de concha,
haciéndome correr por segunda vez en su boca lujuriosa.
Levantó un poco la cabeza calva, y con su lengua traviesa
recorrió todo mi cuerpo, de los pies a la cabeza, yo me revolcaba de placer.
Se incorporó y me mostró su verga soñada, larga, gruesa y
dura como una roca, me la mostró en todo su esplendor, estaba orgulloso de
portar semejante aparato que era el sueño de toda hembra, de las hembras putas y
sedientas como lo estaba yo.
Sin que me dijera nada, me arrodillé y la tomé entre mis
manos, estaba rígida como un monumento, desesperada la llevé a mi boca y se la
chupeteaba lentamente, pasándole mi lengua a todo lo largo, y ancho, era una
verga preciosa, con sus venas bien marcadas, con mis labios la fui atrapando
desde el principio, y la fui enterrando dentro de mi boca de puta, me la tragué
hasta la garganta, jugaba con ella, entrándola y sacándola, Pepe gemía y me
decía ¡puta!, cuando noté que estaba por correrse la saqué de mi boca, pues
quería que me la enterrara bien adentro mío.
Me puse en la posición de la perrita caliente.
-Pepe, vamos dámela, quiero tenerla adentro mío.
Me tomó con una de sus manos de las la caderas, y empezó a
penetrarme lentamente, haciéndome sentir cada milímetro de polla, cuando la
tenía ya toda adentro, comenzó con un mete y saca lento, entraba y salía, salía
y entraba, mis gemidos eran cada vez más continuos, y le pedía más y más.
El muy perverso, en un momento la quitó de adentro.
-La quieres, puta? ¿la quieres?
-Si, Pepe, dámela, por favor dámela.
-Te haré sufrir, por puta que eres, si la quieres dentro,
primero me debes chupar los huevos.
-Haré lo que sea, pero dámela.
Me recosté nuevamente sobre el pasto, Pepe, se sentó casi en
mi boca, acomodando sus huevos inflados de leche en mi boquita sedienta.
Le chupé hasta los vellos, le chupé el ano, mi lengua iba y
venía de sus testículos al ano, era tal mi calentura, que hasta le besé el
orificio del ano.
-¿Haces cualquier cosa por esta verga?
-Lo que pidas, dámela, le rogaba.
Me recosté sobre el pasto para recibir su verga, y la recibí
hasta el fondo, pero Pepe, era perverso, le gustaba hacerme sufrir.
La sacó y me la refregó por la cara, los ojos, por todo el
cuerpo…
Después se recostó él sobre el pasto y yo lo monté. Ahí la
que mandaba era yo, sepulté toda su verga hasta el fondo, y lo empecé a coger
yo, entraba y salía a mi antojo, disfrutaba cada milímetro de su hermoso pene.
Pepe con sus manos tocaba todo mi cuerpo, me corrí de nuevo, le pedí que no
terminara dentro mío, para cuidarme del embarazo.
Me quité de arriba de él, y se la mamé nuevamente, hasta que
su eyaculación entró en mi boca, pasando por mi garganta, mi boca quedó
atiborrada de su dulce y tibia leche.
Quedamos exhaustos tirados sobre el pasto, el caballo pastaba
a un costado. Luego de un rato me metí desnuda en el arroyo y me di una
zambullida. Sequé mi cuerpo bajo el sol.
Al rato volvimos montados en el caballo, el calor, el sol y
la brisa secaron mis cabellos. Esta era la primera de las tantas buenas cogidas
que me dio Pepe, el peón a lo largo del tiempo que estuve en la casa de campo.
Al llegar a la estancia, subí a mi cuarto, me recosté y me
quedé dormida, por fin había tenido sexo, con una verga soñada.
Ojalá disfruten de este relato como disfruté yo, espero sus
correos y sus comentarios y quisiera saber si les interesa que les cuente como
siguió mi nueva vida en el campo. Les aclaro que tuve otros amantes, aparte de
Pepe.
Gracias a todos por sus correos, los espero con ansias. Un
beso a todos.