DOMINACION.
Estoy casada hace varios años. Mi
vida se desarrollo sin mayores sobresaltos hasta que sucedió lo que hoy me
atrevo a confesar.
Soy una mujer alta, de buen
físico, delgada, y según los hombres, aun atractiva. Mi personalidad me ha
traicionado durante mi vida. Soy tímida y muchas veces he aceptado decisiones de
mi entorno por no saber decir que no en el momento preciso.
Mis relaciones sexuales se fueron
espaciando en el tiempo. Con mi esposo eludíamos el tema. La monotonía se
instalo en nuestras vidas. Mi marido me instaba a descargar mi insatisfacción
buscando alternativas pero yo no me decidía a frecuentar amistades o concurrir a
un gimnasio para mantener la forma física hasta que ocurrió un imprevisto que
cambio mi vida.
Mi esposo sufrió un accidente
automovilístico que lo postro en cama por un largo periodo. Para su
rehabilitación necesito de los servicios de una kinesióloga que comenzó su tarea
concurriendo a nuestro domicilio tres veces por semana.

Era una mujer alta de complexión
atlética. Muy locuaz y amena. Enseguida congeniamos y su visita era un placer
para mi soledad. Su mirada encerraba un halo misterioso que parecía hurgar en
mis pensamientos, y no sé porque yo trataba de desviar la mirada cuando se
posaba en mis ojos, ¿temía que leyera mis necesidades o pensamientos?
Con el transcurrir de los meses
me fui sincerando y encontré en Gloria una confidente maravillosa. A pesar de mi
timidez termine confesándole mis frustraciones y las angustias por mi vida
monótona y aburrida. Recuerdo que sonrió y me aconsejo dar un cambio total para
recuperar el tiempo perdido.
“Yo voy a lograr que ello suceda
cuando te sienta dispuesta, y esa oportunidad esta al llegar”, me dijo.
Fue una tarde de verano en que
ocurrió lo que paso a relatar. Mientras merendábamos, luego de la sesión de
rehabilitación con mi marido, y cuando El se ausento a su trabajo, me propuso
masajearme pues me notaba contracturada y sumamente tensa. No sé si me ruborice
avergonzada pues temía mostrarme desnuda, algo que jamás lo había hecho ante
otra persona que no fuese mi esposo o porque temía demostrar mi excitación
recordando sus palabras de tiempo atrás, agrego sin esperar mi respuesta.
“Quédate tranquila, será un secreto entre las dos, tu marido no tiene porque
enterarse”. Entonces acepte.
Fuimos al dormitorio y luego de
desnudarme, pudorosa me cubrí con una salida se baño para ocultar mi cuerpo.
Pero Gloria me ordeno quitarme totalmente la ropa y a pesar de mi vergüenza le
obedecí. Era incapaz de contradecirla, su personalidad era avasallante para mí.
Me coloco de bruces sobre la camilla. Cubrió mis glúteos con una toalla y
comenzó desde arriba hacia abajo con movimientos circulares y concéntricos hasta
llegar a la cintura. Era maravilloso sentir sus manos cálidas untadas con aceite
deslizándose sin pausas. Mi mente estaba en blanco, solo quería disfrutar de los
masajes que eran una caricia para mi cuerpo. Estaba absorta con mis pensamientos
y casi no me di cuenta cuando retiro la toalla y comenzó a masajear los glúteos.
Los movimientos profundos abriendo y cerrando los glúteos, hacían que se
abriesen los labios de la vulva y comencé a excitarme y sentir el chasquido de
los jugos que fluían de la vagina. Estaba cachonda. Estire mi mano tratando de
impedirle continuar con los masajes intentando sacar sus dedos que se insinuaban
en mi vagina pero ella no se detuvo y continuo con sus movimientos.
“Date vuelta”, me dijo con voz
imperativa “Yo sé lo que necesitas”.
Gire, y obedecí su orden. No
atinaba a contradecirla, era su esclava. Se situó sobre mi cuerpo y de arriba
abajo comenzó con sus masajes. Se apodero de mis senos mientras yo cerraba los
ojos y se aceleraba mi respiración. Mis pezones endurecieron. Mi concha estaba
encharcada por los jugos que fluían de la vagina. Ya no podía disimular mi
excitación. Luego desde abajo masajeo las piernas hasta llegar a la pelvis y
merodeo la entrada de la cueva apoderándose de los labios mayores para luego
acariciar el clítoris. Abrí mis piernas incitándola a seguir, y comencé a gemir.
Me introdujo primero dos, luego tres y finalmente su mano en la concha lubricada
por mis jugos e inicio un masaje erótico intenso y profundo. Goce y tuve un
orgasmo maravilloso entre gemidos y expresiones obscenas de calentura y placer
que no pude contener.

Me levante temblando y sollozando,
avergonzada por haberme sometido a su voluntad traicionando a mi esposo pero a
la vez agradecida a Gloria por haberme proporcionado un placer desconocido e
impensado hasta ese día que no quería reconocer íntimamente.
AL retirarse me beso en la boca y
me expreso que había encontrado una mujer mucho más sensual de lo que había
pensado. “En otra oportunidad experimentaras otras alternativas ya que tu sexo
dormido ha despertado”. “Necesitas una sesión de sexo bizarro para entrar en un
mundo desconocido”, agrego como despedida.
Sus palabras me intrigaron. Me
di cuenta que influía sobre mi persona como nadie antes lo había hecho pero no
fui capaz de preguntarle a que se refería.
Cuando concurrió la semana
siguiente a rehabilitar a mi marido la sesión transcurrió como si no hubiese
pasado nada. Yo estaba avergonzada pero esperaba que se refiriese a las palabras
vertidas cuando se despidió. ¿Qué habría querido decir? Cuando se retiraba la
acompañe hasta la puerta y debe haber visto mi ansiedad, porque me espeto de
golpe.
“Zorrita quieres probar lo
prohibido, estas intrigada por lo que te dije la vez anterior”.
Mi negativa no fue muy
convincente. Entonces continuo “Te espero el sábado en mi domicilio a las 16
horas, no te vas a arrepentir”.
“No creo que vaya”, le
respondí bajando la cabeza dudando de mi decisión.
“Estoy seguro que vendrás”,
fue su lacónica respuesta
Durante los días siguientes
trate de olvidarme de su invitación, pero a medida que se aproximaba el día del
encuentro crecía mi ansiedad. Había decidido no ir pero Gloria me llamo el
viernes para recordarme la cita. En principio trate de excusarme, pero Gloria
insistió. Su personalidad y mi debilidad de carácter o mi curiosidad pudieron
más.
Fragüe un encuentro con unas
amigas del colegio secundario y me dirigí al domicilio de Gloria en el barrio de
Almagro. Llegue puntualmente y cuando pulse el timbre del portero eléctrico, me
contesto la voz inconfundible de la masajista invitándome a pasar al
departamento del último piso.

Me recibió con un beso diciéndome, “Estaba
segura que vendría mi zorrita preferida”.
“¿Porque creías que vendría?”.
“Eres una putita en potencia y
deseas una experiencia diferente”. Sus palabras directas me sonaron brutales
al decirlas.
Ofendida amague con irme pero me
retuvo de la mano y me introdujo al departamento sin hesitar. Nos sentamos a
platicar y degustar una bebida espirituosa, que me puso alegre, desinhibida y
locuaz. Me confesó que supo desde el primer día que era una mujer ardiente y
sensual que estaba desperdiciando las maravillas que me ofrecía el sexo. Acto
seguido me sugirió una sesión de masajes y experiencias de las que no me iba a
arrepentir, y cachonda como estaba acepte. Debía obedecerla y dejarme llevar por
los sentidos según me explico.
Me acompaño y pasamos a una
habitación donde el mobiliario se circunscribía a un diván y una camilla. Sobre
las paredes se veían cuadros con figuras de actos sexuales donde los
protagonistas cubrían sus rostros con un antifaz que evitaban su
reconocimiento. Le pregunte intrigada y su explicación me pareció convincente.
“Es la forma de gozar plenamente del sexo puro sin mezclarlo con los
sentimientos”.
Gloria me facilito un antifaz
que cubrió mis ojos. Quería disfrutar. Gloria ejercía sobre mí un poder
absoluto. Era su sumisa, estaba para complacerla. Luego de quitarme la lencería
erótica que había comprado para la ocasión quede totalmente desnuda. Me recosté
sobre la camilla esperando las manos sabias de Gloria que comenzó a acariciarme.
Mi concha se humedecía por el deseo. Colocándome al borde de la camilla separo
mis piernas. Escuche que se abría la puerta de la habitación y alguien se
acerco. Una lengua se ocupo del clítoris, no era la de Gloria pero ya no me
importaba. Los lengüetazos se insinuaban en la vagina y comencé a gemir de
placer. Sentí otros pasos que se acercaban y la voz de Gloria que me ordenaba
girar la cabeza y tomar el pene que acariciaba mi mejilla. Lo atrape entre mis
manos y lo introduje en mi boca. Apenas me cabía. Estaba desaforada y lo mame
con fruición. No sabía de quien era pero solo quería disfrutar. Sentí que unas
manos rudas acariciaban mis tetas y pellizcaban los pezones. Eso no era todo, un
hombre se situó entre mis piernas y me cogió. Su enorme verga se introdujo en mi
concha sedienta y comenzó un bombeo acompasado dilatando las paredes de la
vagina mientras yo lo ayudaba con los movimientos pelvianos para hacer mas
intimo el contacto. Sentí cuando el semen cálido inundo mis entrañas. Jadeaba y
gemía de placer “Que maravillosa sensación experimente cuando mi orgasmo
coincidió con su eyaculación”.
Gloria me insto a cambiar de
posición. Uno de los hombres se situó de espaldas sobre el diván.
“Móntalo y cabalga como una
amazona” Fue la orden de Gloria.
Me coloque a horcajadas y
luego de montar sobre su verga, cabalgue.
Gloria me hizo inclinar sobre el pecho de
mi cabalgadura y lubrico con su saliva mi ano. Supe lo que me esperaba. Me puse
tensa y contraje el esfínter temiendo el dolor que podía sentir.
“No por ahí no, no lo he
hecho nunca”, “Se que duele mucho”, alcance a decir.
“Relájate” fue la orden de
Gloria, mientras me propinaba nalgadas que colorearon mis cachetes. “No temas es
solo el primer momento, luego disfrutaras”.
Mi culo en pompa se aflojo y
abrí mis piernas. Con mis manos separe los glúteos para facilitar la
penetración. Era esclava de los deseos de Gloria en una sesión de sexo extremo.
El segundo hombre me enculo. Cuando
atravesó el esfínter no pude contener un grito de dolor. Su polla rígida se
introdujo profundamente en el recto hasta que sentí el golpe de sus testículos
contra mis nalgas, había entrado totalmente. Esa verga dura me empezó a dar
dolor y placer al mismo tiempo. Entre jadeos y gemidos bombeo mi jinete entrando
y saliendo del culo hasta que eyaculo y lubrico mis intestinos como nadie lo
había hecho. Estaba en trance, solo quería sexo y mas sexo. Cuando tuve un nuevo
orgasmo, desfallecí reclinándome sobre el pecho viril de mi hombre de frente que
seguía bombeando mi vagina llenándola de semen.

Me levante temblando y sin
fuerzas. Me quite el antifaz que cubría mis ojos y por primera vez observe a mis
amantes. Ya no me importaba guardar el anonimato. Eran dos jóvenes atléticos. Me
arrodille y tome con mis manos sus vergas las que se pusieron nuevamente rígidas
ante mis caricias. Sentí que iban a eyacular y Gloria me ordeno tragar el semen
cálido que fluyo a borbotones. Lo hice y deguste el sabor agridulce como jamás
lo había hecho con mi esposo.
Mareada y exhausta ante tanta
entrega me levante y luego me deje caer en el diván. Gloria presurosa me abrazo
y mientras me besaba elogio mi iniciación en la nueva vida sexual.
“No me equivoque cuando me
imagine que eras una zorrita necesitada de estímulos para gozar de la vida”, “De
ahora en mas recuperaras el tiempo perdido”, concluyo.
Me bañe y me acicale frente al
espejo para recomponer mi imagen de mujer seria, tímida y recatada aunque mis
ojeras por tanta lujuria y sexo duro me delataban y me parecían indisimulables
muestras de lo sucedido y todos se darían cuenta de lo que había pasado, pero me
equivoque.
Al llegar a casa mi marido me
pregunto si había disfrutado de la reunión y no sospecho nada de lo sucedido
por lo que me acosté rendida y feliz durmiendo plácidamente hasta la mañana
siguiente.
A partir de ese día comencé una
doble vida con la complicidad de Gloria con quien compartimos periódicamente
veladas de sexo que disfruto sin tabúes ni remordimientos.