Ha sido una de las experiencias más sabrosas de mi vida verlo
cocinar al Señor L para nosotros un exquisito curry (carne, cebolla, ajo y
tomate en leche condensada y caldo de verduras). No solamente por que todos los
olores que salían de esa sartén eran como un poema para mis receptores olfativos
sino también por que toda la situación incitaba al máximo todos mis demonios. Me
quedé medio ida apoyada sobre una columna mientras lo miraba cocinar.
Entonces Ud me preguntó "camelia, dónde estás?"
Sin siquiera pensarlo, contesté: "En la sartén" (hubiera quedado mas graciosa la
expresión "en el horno", pero era una sartén... )
La calentura accidentalmente acumulada durante toda la semana -y empeorada por
Su ausencia- hizo estragos en mis alucinaciones sexuales. Antes de partir para
la casa del Sr L Ud me dijo que yo tenía tanta cara de boba que parecía
regalada. Hasta se le ocurrió ponerme un gran moño amarillo en mi collar de
perra para simbolizar mas iconográficamente esa situación y jugar con mi
humillación.
Al sentarnos a la mesa, el Sr L nos comentó que se trataba de una comida hindú y
que la tradición indicaba que se debía comer con las manos. Yo sabía que ese día
tendría mil sorpresas especiales para mi. Así fue como durante esa tarde tuve el
honor y el placer de poder darles de comer con mis manos tanto a Ud como al Sr L
y Ustedes también lo hicieron conmigo. Horas de dedos jugando en bocas ajenas,
mezclados con saliva y labios jugosos...
Salí al balcón para calmarme un poco y disfrutar de la vista primaveral y los
perfumes de verano insipiente.
Cuando volví, no se como habían cambiado todos los muebles de lugar tan
rápidamente. Habían abierto un espacio y el piso estaba cubierto de papel de
diario. Yo ya estaba un poco en pedo y alucine con poder servirles de algo, de
lo que sea. Ud me indicó que me parase sobre los papeles.
Pude ver como remojaban las puntas de las pinzas metálicas que habíamos
comprando, en una lata de látex líquido y las dejaron a un lado para que se
secasen. Ud comenzó a pintarme la pierna derecha y el Sr L hizo lo Suyo con la
izquierda. Se divirtieron haciéndome un body painting de látex líquido. Mi piel
se erizaba siguiendo los caminos que trazaban Sus pinceles sobre mi cuerpo. Me
fabricaron unas medias de ligas, un corsé y unos guantes largos. Luego dejaron
Sus pinceles de lado, se untaron las manos con un producto brillante y
comenzaron a manosearme mientras hablaban entre Ustedes haciendo alusión a
partes de mi cuerpo y riéndose sobre mi calentura que se evidenciaba cada vez
más. El látex cobraba un color negro intenso y brillante. Fui colocada en un
rincón en el que comenzaron a sacarme fotos en diferentes posturas.

De pronto apagaron las luces y Ud se puso a sacar fotos de la
vista espectacular y de la luna amarilla que repuntaba mágica sobre el
terciopelo azul noche. El Sr L acercó una lámpara muy luminosa y caliente. Me
arrodilló y se dedicó a violarme la boca con embestidas intensas y profundas
hasta que se apartó para darme las últimas pinceladas blancas sobre mi negro
corsé. Para ese entonces Ud ya estaba devuelta tomándome fotografías. El Sr L me
fue despellejando poco a poco todo el látex pegado sobre mi piel mientras la
música seguía sonando en compases que para aquellas alturas estaban ya calados
en mi alma.
La tarde había transcurrido sin que yo pronunciase una sola palabra. Ud preparó
dos tazas de té negro y se nos acercó con un royo de papel de diario debajo del
brazo. El Sr L ya estaba terminando de despellejarme cuando sorbía de la taza
que Ud le dio. Ud me dio de beber de la Suya propia mientras me acariciaba la
cabeza con ternura y me besaba el cuello. Mis piernas temblaban de excitación.
Estaba empapada. Un ruido repentino me hizo abrir los ojos. Fue cuando Ud dejó
caer el fardo de papel sobre el piso delante mio. Luego me empujó suavemente
hacia atrás yo caí sentada sobre una silla.
"Nuestro amigo quiere ver cómo se moja una perra de verdad y yo deseo verte
orgasmear" dijo.
Metió Sus dedos en mi vagina para arrancarme mil eyaculaciones presionando sobre
mi punto g. Mojé y chorreé como nunca antes. Tuvo que traer un tupper por que
temía que la cantidad de papel no fuese suficiente.
Luego me giró y me cogió, agarrándome de las muñecas por la espalda y tirándome
del pelo. Me pegó algunas veces justo cuando Su pija me hizo sentir tantas
explosiones de placer como fuegos artificiales en un año nuevo de Disney. Me
hubiera encantado que me rompiese el culo, aunque me doliese. Aunque me
humillase mucho más justamente por tener al Sr L mirándonos. Sentía que mi
sufrimiento le causaría más placer. A mi, me hubiera encantado poder darle a Ud
tanto placer como el que yo estaba experimentando.
Mi cuerpo quedó hecho una masa de temblores y jugos sexuales. Fui al baño y me
arreglé lo mejor que pude.
La sonrisa volvió a Su rostro al verme tan sexual como siempre lo fui. Pude leer
en Sus ojos un deleite de los más violentos. Entonces supe que no obtendría
piedad de Su parte en este juego que me había impuesto.
Me invitó a cenar al puerto.
Con el Gancia en Su mano y el Bellini en la mía, brindamos por los dos.
Y luego, brindamos por los tres.