Apenas si pasó una semana de ser cogida a la fuerza por un
tosco taxista y mi raja ya se humedecía de solo pensar en que llegaba al fin el
sábado, y con él, las posibilidades de iniciar mi vida de puta, con el único fin
de mi ahora, enfermo placer. Mis amigas de la oficina, nunca sospecharon nada:
de hecho, les sorprendía verme tan tranquila, después de una decepción amorosa;
igualmente, se intrigaban al verme trabajar, toda modosita, seria, con mi carita
de siempre "de no matar ni una mosca", y de pronto, sin motivo, soltar una
sonrisa maliciosa y una débil risita apenas contenida: era por que por mi cabeza
aparecía, a cada instante, durante el trabajo, flashes de memoria, imágenes,
sensacines, que estaban frescas en mi mente, acerca de la cogida de aquella
noche: yo subiendo torpemente, mansamente, al taxi del tipo ese que me violó,
las manos del moreno recorriéndome toda, yo jadeante, queriendo tapar mi concha
con mi mano, mientras su leche caliente pugnaba por salírseme,… mmmm,… todos
esos recuerdos eran míos y solo míos, y me estremecían constantemente, haciendo
que mi raja ansiosa, soltara sus jugos y mi olorcito (que yo ya adivinaba, se
debía sentir a "olor de putita"), sin que nadie se diese cuenta: siii!, jugos y
olor a perrita novata, procedentes de Vivianita, la inocente secretaria,
enfundada en su uniforme gris; es decir, yo. Mmmm,… ese pensamiento me erizaba
por completo.
Al llegar a mi departamento, ya lejos de las miradas de los
demás, daba yo rienda suelta, a mi otro placer recién descubierto: la ropa. Tras
gastarme buena parte de mi sueldo, mi dormitorio ahora estaba abarrotado de
lencería y ropa incitante: me echaba dichosa sobre la cama, revolcándome
jubilosa, envolviéndome en el olor de la ropa interior nueva,… mmmm,….encaje,
cuero, látex: eran mi nuevo y delicioso pasatiempo. Disfrutaba como loca,
acariciando la tela, sintiendo su textura, e imaginando la sensación de tenerla
pronto puesta encima. Luego, me desnudaba con desenfreno, tirando mi horroroso
uniforme al suelo, para luego, cual ceremonia, lentamente enfundarme en el
uniforme de mi nuevo y excitante "oficio": primero subía lentamente por mis
piernas un diminuto hilo dental, acariciando mi piel; luego enfundaba mis tetas
con una apretado sostén que las hacía casi salirse por encima. Luego, una
diminuta faldita de cuero rojo, que más parecía un cinturón, y finalmente, una
casaquita abierta, que dejase ver a todo mundo que abajo solo estaba en ropa
interior. Mi cuerpo casi se estremecía al ponerme unos zapatos de tacón,
inmensos. Me pasaba las noches caminando por la sala de mi depa, caminando, así
vestida, repasado una y otra vez la forma de andar, de mirar, de fumar, de
apoyarme contra la pared, sonriendo para clientes invisibles. Me maquillaba una
y otra vez, buscando verme cada vez más golfa, más incitante,… mmmm,…
finalmente, me sentaba en el suelo de mi cuarto, me abría de piernas, y así
vestida, me masturbaba con locura, hasta embarrarme por completo, jadeante,
exháusta, pensando en mis próximas largas noches de placer por venir. Sabía que
me estaba convirtiendo en una enferma,… y me gustaba.
Finalmente el fin de semana llegó, y con el crecían las
posibilidades de nuevas experiencias. Podía buscar al taxista ese: sabía dónde
encontrarlo, pero no,.. al menos aún no; yo quería ser cogida de nuevo por otro
desconocido,… entregarle mi cuerpo a otro tipo que no me conociese en absoluto;
eso era lo me motivaba más que otra cosa. Mis amigas –Rita y Camucha-, pensando
que disimulaba el estar deprimida (estaba yo cualquier cosa, menos triste), me
obligaron a salir con ellas, ¡qué lata!; acepté, pero eso sí, decidida a que eso
no interrumpiría mis planes. Mientras iba en taxi a su encuentro en el bar
convenido, le dije al conductor que "cortara camino", por la "zona roja" del
centro de la ciudad: ¡casi no me pude contener, al pasar por la calle donde se
ofrecen las putas: quería masturbarme ahí en el asiento trasero, al verlas
exhibirse!
-…¡HOOOLA GUAPOOOO!,.. –gritaba a nuestro taxi, sin pudor,
una zorra de botas altas, que sin más abrió su largo abrigo de par en par,
dejándonos ver su cuerpo lascivo y contoneante, solo vestida con un calzoncito
negro, mostrando sus enormes tetas; ¡yo quería exhibirme asiiií!
Al llegar al bar, mis amigas del trabajo se quedaron de una
pieza: decidida a putear, me había vestido de acuerdo a la ocasión: una casaca
de cuero rojo, diminuta, polito a tiritas negro, muy escotado, una minifalda
apretada negra, sin pantis y unos zapatos de plataforma; me veía a la vez
espectacular, y mi atuendo contrastaba con mi carita de niña buena, mis cabellos
lacios, sosos, y mis infaltables lentes: me veía como una niña mala, que hacía
la travesura de verse vulgar (pero esa apariencia era sólo momentánea)
- Vivi,… -me preguntó, Rita, la más extrañada con mi cambio
de apariencia-, ¿estás bien?,…
- Sí, Rita –le respondí, sintiéndome divinamente bien, al
percibir sobre mí la mirada de todos los machos del bar-, me siento muy bien,…
La velada en el bar transcurrió sin más ni más:
conversaciones anodinas con mis compañeras de labor sobre chismes de oficina, y
unos buenos tragos; yo casi ni les prestaba atención: miraba a la clientela.
Frotaba disimuladamente mis piernas una contra la otra, pensando. Trataba de
hacerme una imagen mental de los hombres ahí presentes: quién tendría la verga
larga y grande, quién corta y gruesa, quién me la clavaría cual animal,…
mmm,…sin ninguna vergüenza miraba al más feo y tosco de todos, y me lo imaginaba
encima mío, casi violándome como el taxista; miraba al más joven de todos en el
bar, y me imaginaba siendo yo su puta iniciadora,… mmmm,… mi mente volaba a mil
por hora, haciéndome humedecer sin remedio, deseando yo que ya pudiese
entregarme por dinero,... a pesar que no lo necesitaba,…
- …Vivianita,… ¿qué haces?- me soltó mortificada Camucha. Me
había descubierto: instintivamente, estaba yo sobando con mi mano mi culo
enfundado por la mini, mientras miraba fijamente a un tipo que estaba sentado al
fondo del bar.
La noche avanzaba, y ya sin poder contenerme, decidí que
había llegado la hora. Asimismo, también había decidido que no quería que fuese
mi "cliente" ninguno de los del bar: quería yo ir a la calle, y que me aborde el
primero que pasara. Tras tomarme tres tequilas de golpe –para el valor-, hice
como que me sentía mal y a la vez deprimida. Las chicas se lo creyeron. Tras
convencerlas de que me podía ir a casa yo sola, salí del bar. Apresuré el paso y
me metí en otro bar cercano, a pedir el baño. Aún recuerdo la cara de la
clientela al salir de nuevo: Vivianita de quedó adentro; la que salió fue otra:
a mi atuendo atrevido había agregado yo un maquillaje sobrecargado, sombras,
rímel rojo fuego, pestañas postizas, así como una peluca adecuada para evitar
ser reconocida: era una cabellera larga, color negro azabache, y llegaba casi
hasta mi cintura; me había costado un ojo de la cara, pero lo valía. Mis lentes
quedaron en mi cartera, dejando en su lugar unos preciosos lentes de contacto
cosméticos: ahora mis ojos eran verdes como el mar: aún recuerdo con placer, las
miradas sobre mí, las exclamaciones contenidas de los machos excitados, los
reproches a media voz de las mujeres,... todo eso junto hacía vibrar mi cuerpo
mientras caminaba decidida hacia la calle. Mi concha se humedeció al instante en
que, al llegar al umbral, oí un susurro:
-…Puta,…
Al sentir el frío de la noche, era yo otra: había nacido
"Sheyla", y se apresuraba a buscar su primer cliente de la noche (tardé mucho en
encontrar un nombre, pero ¡daba igual!, lo cambiaría por muchos otros, después),
Caminaba al rato por una calle desierta,… y valgan verdades, ¡todo mi cuerpo
ardía por ser cogida!: podría mentirles, pero la verdad del asunto es que me
moría de ganas por ser abordada. Al poco rato de caminar, sentí que un ruido me
acompañaba desde atrás mío, como acompasado al sonido que hacían mis plataformas
golpeteando el cemento; volteé a ver hacia atrás y lo ví: un hombre me seguía.
Era joven y vestía un abrigo oscuro. Apuré el paso, pero no por temor: buscaba
yo un lugar algo más alejado de las zonas concurridas del centro de la ciudad.
Volví a voltear y ví que me sonreía, mientras continuaba atrás mío, en silencio.
Todo mi ser se estremecía, sintiendo que mi conchita se iba humedeciendo cada
vez más y más. Al llegar a una esquina oscura, me detuve, como si esperase un
taxi. Contoneé mis piernas, de perfil hacia él, para que las viese bien. Él
finalmente se me acercó:
- …¿Cuánto?,.. – me dijo.
¡Era guapísimo!, tendría a lo sumo unos 21 años; alto, de
porte atlético, rostro de rasgos finos y sensuales,… tenía unos ojos celestes,
de un mirar seductor que me encandilaron, al igual que su sonrisa, ¡me miraba
como si fuese yo una belleza!,… pero lo más importante de todo: ¡me había
confundido con una puta!; no lo pensé ni un segundo: quería que me la meta ya,…
Sin pensarlo dos veces, le dije la primera cifra que se me ocurrió: le pedí una
miseria – no quería yo por nada del mundo dejarlo escapar-. Casi no lo pensó.
Simplemente con un ademán con la cabeza, me ordenó que le siguiese.
Así me encontraba de nuevo, ardiendo por dentro y siguiendo a
ese chiquillo que me tenía obnubilada, no era solamente por que era guapo: era
más que todo por que me iba a pagar por tener sexo con él como una golfa, y por
que era mi primer cliente de la noche –esperaba yo-. Sin mediar palabra,
caminamos apenas unas cuadras más: el chico abrió una puerta de un vetusto
edificio de departamentos del centro; tras cerrar la puerta, nos encontramos
frente a unas altas y solitarias escaleras: me dijo que ahí vivía con sus
padres, así que lo haríamos en las escaleras.
El ambiente descuidado del sitio, las escaleras polvorientas,
me excitó de inmediato: por primera vez me sentía yo una completa callejera, de
las que no valen ni una habitación de hotel, de las que te puedes "comer" en
cualquier hueco inmundo y luego tirarla sin más,… y eso me enloquecía de placer.
Yo estaba ya más que dispuesta a ser penetrada, así que sin perder tiempo,
recibí mi paga, subí dos escalones, y sin ningún pudor, me subí la mini por
completo, para luego bajarme bragas frente a él, gozando con su atenta mirada
clavada en mi concha ya húmeda sin remedio. Abriéndome de piernas casi al
máximo, apoyando mi culo en el borde de un escalón, me eché para atrás, y le
invité con la mirada, a clavarme a su antojo. El frío del cemento en contacto
con mis nalgas me hacía ya sollozar de placer contenido; disfruté como loca cada
segundo que transcurría, como en cámara lenta, mientras él, con su divina cara
de chiquillo, me veía la concha mojada culo como si fuese lo más hermoso del
mundo, y con la verga casi reventándole los pantalones. Solté sin poder
controlarme una exclamación de gusto cuando sacó al aire su aparato: era una
verga espléndida, larga, cabezona. Cada fracción de segundo en que su cabeza
roja se acercaba a mi agujero fué delicioso, hasta que finalmente me introdujo
su palpitante aparato; ¡solté un gemido gutural, casi animal, sintiendo otra vez
que mi cabeza me daba vueltas como trompo!!
- …¡AUUUUMMMM!!!,… ¡AHHHH!,…¡AAAAH!!! –, exclamaba yo,
completamente descontrolada, alucinada por el golpeteo sonoro de su verga contra
mi concha mojada.
- ….¡SHHHT: calla puta de mierda, que nos van a oír!!!,… -,
me ordenó ásperamente el chiquillo.
¡Quería yo gritar como una cerda!,… pero le obedecí: ¡era una
sensación deliciosa, el ser tratada sin respeto, mandoneada sin miramientos, por
ser solamente una zorra!!,… instintivamente me metí un dedo en la boca y lo
masqué hasta casi hacerme sangrar, conteniendo mis gemidos de placer. Jadeando,
disfrutaba a la vez de otras nuevas sensaciones: tratando de mantener esa
postura, comenzaba a gozar del raro placer que me ocasionaba sentir a la vez, el
golpeteo de sus huevos contra mis nalgas, aunado al dolor en el hueso, cada vez
que mi culo chocaba con cada embestida contra el duro escalón: ¡era yo ya una
puta "de callejón" y lo disfrutaba como nunca en mi vida!!!. Trataba de
arquearme, de sentir toda su pieza dentro mío, me abría de piernas más y más y
ese chico seguía taladrándome sin cesar; me corrí hasta casi hacer un charco en
el escalón. Hubiese querido que dure más pero el ímpetu del chico no duró mucho:
cuando yo ya llegaba a mi segundo orgasmo, sacó su pene de dentro de mí, y soltó
su lechada sobre mi concha: ¡fue delicioso ver toda mi concha, mi vello,
recorrido por completo por su semen, goteando al piso!
Solté un gritito de gozo y él me ordenó callar de nuevo; me
excitaba al hacerlo. Preguntó en qué esquina me podía volver a encontrar. Le dí
una referencia falsa. Mi cuerpo aún no estaba satisfecho, por lo que, tras
limpiarme el coño, me puse las bragas de nuevo y me decidí a salir; el chiquillo
se guardó la verga en el pantalón y sin más, subió las escaleras, tras decirme
que cierre bien la puerta.
Apenas salí a la calle, dudé acerca de qué dirección tomar;
no quería arriesgarme a ser asaltada en "mi primer día de trabajo", así que
regresé por donde vine. No llegué muy lejos: casi en la esquina, me cerraron el
paso tres chiquillos; ¡me estremecí de temor solo al verlos!, eran menores de
edad, pero su apariencia era intimidante: altos, robustos, camisetas anchas,
gorras hasta las cejas, en fin, unos pandilleros,… ¡por un instante temí y a la
vez me excité ante la posibilidad de ser violada!!!
- …¡OYE TÚ, PERRA!!! -, me gritó el que parecía el "jefe",
dejándome azorada-, ¡SÍ TÚ!!,.. ¿CÓMO ES?!!,…
Por un instante no entendí lo que quería: temblaba yo como
una hoja. Al ver que no me querían hacer daño, comprendí: querían una puta para
pasarla bien,… a mí. Les dí un precio, más elevado en esta ocasión; el chiquillo
delincuente sonrió. No era problema, tenían dinero. Haciéndome mojar con su
forma de tratarme, me tomó del brazo y casi me arrastró a una calle solitaria,
en medio de las carcajadas de aprobación de los otros dos.
- …¿Cómo te llamas, puta? -, fué lo único que me dijo.
- Sheyla, "cariño",… -,le respondí con dulzura, estrenando
así mi nombre.
Tras caminar un poco, entramos en un barrio "de cuidado". Uno
de ellos me ofreció droga: la rechacé. Quería estar completamente consciente de
los que me harían. El chico que me zarandeaba me introdujo entonces en un oscuro
callejón: yo estaba excitadísima. Los otros dos no se quedaron atrás; nos
siguieron. Me cogerían por turnos y mirarían a la vez. Me empujó contra una
pared y sin más me bajó la mini y mis bragas juntas, dejando mi culo expuesto
ante ellos, yo ya estaba a mil por hora. De un golpe, me obligó a abrir las
piernas. Yo le miraba, mitad azorada, mitad encandilada :
- ¡ABRE LAS PIERNAS, GOLFA!,.. –me ordenó-, ¡TE PAGO PARA QUE
LAS ABRAS, NO PARA QUE ME MIRES!!!,..
- … Si, "papi",… -, le respondí por puro instinto.
Su verga metiéndoseme adentro me cogió de sorpresa, como un
latigazo: ¡era ancha y poderosa!!!,… casi al instante en que me dilató, me hizo
gritar y mojarme, todo junto; cogiéndome de las caderas, el tipo me comenzó a
penetrar rápidamente, arrancándome gemidos de gozo sin parar, mientras que yo,
su puta sumisa, crispaba mis manos contra la pared, casi reventándome las uñas
postizas que tenía puestas.
- ….¡AHHH!,…¡AHHH!!!,… ¿QUIÉN ES TU "PAPI", PUTA?, ¿QUIÉN ES
TU "PAPI", PUTA?,…¡AHHH!!!,… -, me decía sin cesar.
- …¡AAAAHHH,…AAAAUHHH!!!,… ¡TÚ MI "PAPI"!!!- e respondí yo,
ya descontrolada-, …¡TÚ ERES MI "PAPI", AMOOOORR!!!,… ¡AAAAHHH!!!!,…
El cuerpo me ardía, mientras que de rato en rato miraba a los
otros dos, que gozaban viendo a esta, su golfa, siendo machacada contra la
pared, vibrando mis nalgas con cada embestida. Tras unos minutos, el chico ese
terminó, descargándome toda su leche espesa dentro: ¡casi me desmayo de placer
al sentir la oleada caliente llenándome las entrañas!!. No pude descansar ni un
instante; apenas terminó, otro pidió su turno. Me dió media vuelta y, apoyando
una de mis piernas en un tacho de basura, me la clavó sin más en mi raja aún
rezumando semen.
- …¡AUUUUUHHHHMMM!!!!,…
- …¡Assssií!,…¡AHHH!!,… -exclamó mientras me la hundía,
lentamente, pero hasta el fondo-, …¡CÓMO LE GUSTA LA VERGA A ESTA PERRA!!!,…
¡SIIIÍ, ME ENCANTA, ME ENCANTAAA!!!, pensaba yo mientras
sentía cómo mi entrepierna abierta se dilataba aún más, por la combinación de
esa pose y su verga joven y completamente erecta. Me enloquecía sentir cómo el
chico me bajaba el polito con los dientes, sin dejar de clavármela, para luego
mordisquear mis pezones erectos hasta casi inflamármelos,… mmm,… mi "nueva yo",
Sheyla, la puta, gemía y berreaba escandalosamente, mientras era cogida en ese
callejón oscuro, mientras el que la había llenado apenas momentos antes, le
miraba burlón ,lascivo, deleitándose, viendo mis tetas mordisqueadas
bamboleándose frente a él, a la vez que el tipo que cogería después, miraba mi
culo vibrando con cada embestida del que ahora jadeaba introduciéndome su pene;
¡mis venidas se sucedían una a otra, casi sin intervalo!!!
El chico ese estaba tan excitado que tardó poco en que su
verga comenzase a palpitar dentro mío: ¡wow, que tal lechada!, fue tan caliente
e intensa que me crispó por completo,... riéndose a carcajadas, el joven
delincuente sacó su verga aún tiesa, haciendo que su lechada y la de su amigo se
desparramasen por mí, recorriendo por completo mis piernas temblorosas. El
corazón se me salía del pecho por todo el goce recibido, pero aún faltaba uno;
con violencia me tiró al suelo, ordenándome ponerme en cuatro.
- ¡LÍMPIATE LA CONCHA, PERRA ASQUEROSA!!!,… -me gritó-,
…¡ESTÁS TODA SUCIA DE LECHE!!!,…
¡Casi me oriné de gusto al ser llamada "perra asquerosa"!,
sonriendo de loco placer, me saqué con la mano, gustosa, la lechada de salía a
borbotones de mi concha: quería más, ¡maaaásss!,.. deseaba yo seguir siendo "una
puta toda sucia de leche",… su verga entró dentro de mí con gran facilidad,
estando yo toda húmeda de mis jugos y de la leche,… mmmm,… ese último fue el que
más se tardó: fue una larga y deliciosa media hora en que gocé como loca, a
cuatro manos en ese callejón polvoriento y oscuro, cual perra callejera siendo
montada por un perro que pasaba, gimiendo, jadeando, y disfrutando a la vez al
ver la calle, al otro lado del callejón a ocasionales transeúntes nocturnos que
se sorprendían al verme fugazmente, siendo cogida.
¡La cabeza casi me explotó cuando descargo al fin su semen,
mientras que de ventanas que daban al callejón, se escuchaban exclamaciones que
me encendían!,…"¡calla puta!",…"¡váyanse a otra parte con esa zorra!",… "¡quiero
dormir: lárguense a tirar a un hotel!!!":
Caminando de vuelta a casa, finalizado mi primera noche "en
la calle", pero anhelando que hubiesen más hombres que se cruzaran conmigo,
conté mis ganancias: había ganado el triple que lo que me pagaban por un día de
trabajo en la oficina y había gozado cada instante del tiempo así deliciosamente
transcurrido; me caía muy bien el dinerillo, pero eso no era mi motivación: mi
motivación era el ser una golfa. Ya acostada en mi cama, viendo el amanecer
llegar por la ventana, dejé el dinero triado en el suelo. Desnuda, abierta de
piernas, me metía la mano en mi concha irritada y aún húmeda, para luego sacarla
y acercarme la mano a mi rostro: ¡era delicioso sentir el olor a semen salado,
el olor a varios machos, rezumando de mi vagina!; ésa, y solo esa, era mi
verdadera paga,…
(CONTINUARÁ,…)