INES, un regalo inesperado. (14)
Autor: Sir Stephen
XIV
En ese momento recordé la referencia que el liberto Rafael
había hecho a la existencia de un programa piloto de modificación de conducta al
que estaba siendo sometida su compañera Angeles y decidí que iba a empezar mis
nuevas ocupaciones interesándome por conocer más a fondo en qué consistía ese
programa que, al parecer, daba tan buenos resultados con la esclava Angeles, así
que, para empezar, ordené a Inés que me pusiera al corriente de cuanta
información tenía al respecto.
Adoptando la ya tradicional postura de sumisión, mi
encantadora esclava, volvió a sorprenderme con sus palabras:
"Amo, el programa de modificación de conducta fue
concebido, desarrollado y puesto en marcha por el difunto Amo para
mejorar y ampliar el control sobre sus propiedades; esta esclava tuvo el
honor de ser la primera a la que le fue aplicado el programa hace poco
más de un año.
Cuando el difunto Amo empezó a estar incapacitado
encargó el desarrollo y ejecución de su programa a los Amos Fernando y
Antonio, quienes han continuado eficazmente la tarea de forma que hasta
la fecha hemos sido programadas un total de nueve esclavas y cinco
libertos a los que nos ha sido eliminada cualquier capacidad de
iniciativa y suprimido todo rastro de voluntad propia para amaestrarnos
de forma que únicamente sabemos actuar obedeciendo ciegamente y
sometiéndonos a nuestros Amos de manera absoluta y total.
Algunas de las esclavas, concretamente las que tienen
el honor de ser usadas como esposas, hemos sido programadas
especialmente para poder mantener una apariencia de normalidad y
comportarnos como si fuéramos personas; las demás esclavas y los
libertos que ha sido sometidos a la modificación de conducta están en
una fase menos avanzada y simplemente, por el momento, se les ha
eliminado la capacidad de decidir por sí mismos convirtiéndolos en los
animales dóciles y completamente sometidos a la voluntad de sus Amos que
deben ser, de manera que no muestren ni el menor atisbo ni capacidad de
rebeldía o resistencia.
Como parte esencial de la programación general de la
conducta de todos los esclavos –tanto las hembras como los machos-,
hemos sido diseñados para estar siempre en disposición de ser usados
como objetos o instrumentos sexuales para el placer de nuestros Amos sin
más límites que su voluntad, su capricho o su deseo, de forma que el Amo
puede estar seguro de poder disfrutar como le parezca tanto de sus
esclavas como de sus esclavos que siempre será obedecido.
Tal y como ya ha podido comprobar el Amo, espero que
a su plena satisfacción, ninguna de sus propiedades tiene la más mínima
capacidad de decidir por sí misma, todos estamos adiestrados y diseñados
para la sumisión absoluta y la obediencia y sólo servimos para ser
usados por nuestro Amo.
En cuanto a la esclava Angeles, está siendo sometida
a una evolución del programa que hace compatible la sumisión absoluta a
la voluntad del Amo con la convivencia en sociedad sin que se aprecie
ninguna modificación de su comportamiento respecto de cuando era una
persona normal.
Si el Amo me lo permite, antes de que el Amo decida
utilizar a esta esclava como su esposa oficial, sería conveniente que
concluyera la fase final de la programación mental introduciendo en el
cerebro de la esclava las órdenes adecuadas para fijar y adaptar su
comportamiento al uso que el Amo quiere hacer de su esclava y ello
incluye las rutinas de conversación, de utilización sexual, de
mantenimiento propio y de trato a los demás esclavos y libertos; tal vez
el Amo quiera consultar con los Amos Fernando y Antonio la forma de
programar mejor esas rutinas diarias de la esclava y así el Amo podrá
servirse de su esclava, como esposa o como lo que desee, sin tener que
estar dándole órdenes continuamente."
Como Inés no hacía referencia alguna a cómo se llevaba a cabo
la programación, pensé que lo mejor iba a ser preguntárselo directamente a mis
socios, sin embargo, para comprobar su Inés se callaba alguna cosa o simplemente
no conocía los detalles de la programación le pregunté expresamente cómo se le
había aplicado ese programa que tan buenos resultados daba y, con una expresión
totalmente sincera y sin la menor duda me contestó:
"Amo, la esclava no sabe cómo se ejecutó la
promagación a la que fue sometida, per, antes de empezar, el difunto Amo
se tomó la molestia de comunicar a la esclava que le iba a ser realizada
alguna forma de "lavado de cerebro" muy especial para eliminar completa
y definitivamente su voluntad y modificar su conducta y hábitos para
convertirla en una esclava perfectamente adiestrada sin más objetivo que
satisfacer todos los deseos y órdenes de su Amo; la esclava se sometió
voluntariamente a la programación y sólo espera que el resultado-una vez
concluido el proceso- sea del agrado del Amo, pero si el Amo lo desea,
puede ordenar que la esclava sea reprogramada de nuevo para convertirla
en lo que el Amo prefiera.
Lo que la esclava sí que sabe es que la programación
a la que fue sometida, como a todas las demás, está diseñada para que no
afecte ni a la capacidad intelectual ni a la memoria; tampoco suprime ni
la capacidad de sentir dolor o placer, ni la alegría o tristeza, ni
siquiera el amor o el odio, pero todos esos sentimientos, pasan a estar
sometidos a la voluntad del Amo que puede usarlos a su antojo para sacar
mejor provecho de la esclava.
Por eso, una vez finalizada la programación de cada
esclava, corresponde a la voluntad del Amo decidir cómo va a hacer uso
de esas capacidades y para ello está dispuesto que el Amo inculque en la
esclava desde el principio las rutinas y las instrucciones que estime
más adecuadas para ajustar y adaptar su comportamiento a los deseos del
Amo y para que el Amo pueda servirse adecuadamente de la esclava sin
tener que repetir las mismas órdenes y no tenga que molestarse en estar
siempre pendiente de decidir cómo quiere que la esclava actúe en cada
momento o situación.
Sin duda los Amos Fernando y Antonio podrán informar
detalladamente al Amo de todo cuanto desee conocer respecto de la
programación concreta de las esclavas."
Aunque me seguía intrigando la forma en la que se había
conseguido un resultado tan perfecto, pospuse mi curiosidad hasta que me
reuniera con mis socios para que me pusieran al corriente con todo detalle del
proceso de programación.
Una vez desvelado, aunque fuera parcialmente, el secreto de
tanta sumisión y hasta que llegara el momento de profundizar más en las
interioridades de la programación, decidí continuar con los preparativos para
organizar una semana que iba a dedicar a visitar mis propiedades y conocer más a
fondo las interioridades de mi herencia.
Para corroborar sobre la marcha la información que acababa de
recibir me propuse visitar al día siguiente y sin previo aviso a mi pareja de
libertos, Rafael y Angeles, tanto para comprobar las ventajas que me podía
ofrecer en la práctica el nuevo estatus laboral del liberto como para asegurarme
de la efectividad de la programación a la que había sido sometida la esclava.
Así pues, ordené a Inés que preparase mi equipaje para varios
días y que incluyera algo de ropa para ella porque la iba a llevar conmigo, y
que Bautista estuviera preparado a primera hora de la mañana para llevarnos al
aeropuerto; después encargué dos billetes para el vuelo de media mañana – por
supuesto en Clase Preferente- y me relajé con una película hasta que el
cansancio acumulado me venció y terminé el día en la cama casi como lo había
empezado, con la boca de mi mascota particular (la esclava Lucía) atendiendo mi
sexo y procurándome el placer necesario para relajarme y dormirme a gusto.
A la mañana siguiente, en cuanto bajé al comedor, encontré mi
equipaje listo, a Bautista esperando y a Inés, desnuda y en posición de sumisión
al lado de las maletas; cuando ya iba a reñirla por no estar preparada, recordé
que le había ordenado que preparara el equipaje y algo de ropa para ella, pero
que no había dicho nada de que tuviera que esperarme vestida, así que ordené a
Bautista que llevara el equipaje al coche y me esperara en la puerta y a Inés
que se pusiera un vestido ligero para el viaje.
Aproveché que Inés se ponía la ropa para dar las
instrucciones a seguir en mi ausencia:
"Lucía, esta tarde te llevará Bautista al Club,
allí recibirás tu primera fase de adiestramiento como esclava y se
taladrarán los labios del coño para colocarte el anillo grabado.
Los demás esclavos continuareis con las
ocupaciones que se os han asignado, pero quiero que todos los días
dediqueis dos horas a hacer ejercicios físicos para manteneros en
forma; y recordad que seguís teniendo prohibido el sexo de
cualquiera de sus maneras hasta que yo vuelva.
Una vez Inés estuvo vestida, di media vuelta y sin despedirme
siquiera me dirigí a la entrada donde Bautista esperaba con la puerta del coche
abierta y la reverencia acostumbrada; nada más se puso en marcha –no hubo que
decirle a donde tenía que llevarme- me dirigí a Inés para darle las
instrucciones que había pensado para el viaje:
"A partir de este momento y hasta que volvamos,
vas a estar a mi lado mientras no te ordene lo contrario, pendiente
de mis señas para obedecerme sin necesidad de que te tenga que estar
dando órdenes continuas; tienes permiso para mantener conversaciones
con todas aquellas personas con las que nos encontremos y me
saluden; sin embargo, deberás estar atenta y dispuesta a dejar
cualquier cosa para obedecerme y servirme inmediatamente.
En el aeropuerto, mientras compro los periódicos,
tú facturarás el equipaje y sacarás las tarjetas de embarque, luego
irás al baño, te colocarás este consolador en el coño y vendrás a
buscarme, estaré en el salón VIP.
Cuando lleguemos, irás a buscar el equipaje y te
irás a hacer cola para tomar un taxi, después me recogerás en la
puerta principal; quiero ir directamente al hotel de Rafael, pero
sin que sepa que voy a visitarlo, quiero que sea una sorpresa, así
que no le avises."
Nada más llegar al aeropuerto, Inés se dispuso a cumplir mis
instrucciones con la rapidez y eficacia que le caracterizaban; yo por mi parte
me acerqué a la librería para proveerme de algún entretenimiento y después me
senté cómodamente en la Sala VIP. Pocos minutos después, Inés se aproximó hasta
mí con las tarjetas de embarque y, casi en un susurro, me dijo:
"Amo, tus instrucciones han sido cumplidas, el
equipaje está embarcado y el consolador está insertado en el coño de
la esclava; estoy a tu servicio".
Sin levantar la vista del periódico que estaba hojeando, con
un gesto le indiqué que se sentara a mi lado, lo que hizo inmediatamente, no sin
antes levantar ligeramente la falda para que su trasero estuviese en contacto
directo con el asiento y así permaneció, con las piernas ligeramente abiertas,
las manos sobre las rodillas y la mirada baja hasta que, una vez avisada la
salida de nuestro vuelo, le hice una seña para que me siguiera hasta la puerta
de embarque.
Nada más salir de la Sala VIP me encontré con un viejo
conocido y compañero de profesión que, al parecer, también iba en nuestro mismo
vuelo; encantado de tener la oportunidad de distraerme entablé con él una
agradable conversación mientras nos dirigíamos hacia el avión, mientras
caminábamos por el pasillo, mi amigo se percató de la presencia de Inés que me
seguía en silencio y antes de que me hiciera la pregunta obvia, rodeándole la
cintura con mi brazo la presenté:
"Miguel, esta es Inés; la llevo conmigo, pero se
cambiará de sitio y ocupará tu asiento para que estemos juntos
durante el vuelo y podamos charlar tranquilamente."
Al escuchar mis palabras, Inés se acercó a mi amigo y dándole
dos besos en la mejilla, le dijo:
"Encantada, Miguel, será un placer cambiarte el
asiento; así os dejaré hablar y yo aprovecharé para pensar en mis
cosas."
Miguel ni siquiera se enteró del pequeño respingo que dio
Inés cuando accioné el mando a distancia y puse en marcha a media potencia el
consolador que la esclava llevaba insertado en su coño; por supuesto, Inés
siguió caminando como si no pasara nada y sólo yo noté el pequeño temblor de su
mano cuando entregó la tarjeta de embarque a la azafata.
Durante el viaje me centré en la conversación con Miguel y
sólo dirigí algunas miradas de soslayo a Inés para comprobar lo que ya sabía;
que nada más sentarse adoptó una postura en la que se mantuvo durante todo el
trayecto, incluso haciendo caso omiso de los reiterados intentos de su compañero
de asiento para entablar conversación.
A lo largo del vuelo disfruté en varias ocasiones accionando
el mando a distancia del consolador mientras comprobaba con satisfacción que
nada en su actitud dejaba entrever lo que sucedía dentro de su coño a la vez que
me miraba suplicante, sin duda deseando que la hiciese un gesto que le
autorizara a correrse.
Al llegar a nuestro destino y antes de bajar del avión, Inés
me dirigió una mirada y, sin necesidad de que le comunicara mis órdenes, supo lo
que yo quería que hiciese y así, en cuanto la azafata abrió las puertas, sin
siquiera despedirse de Miguel, se apresuró a desembarcar para recoger el
equipaje facturado.
Por mi parte, después de despedirme de mi colega con la
enorme satisfacción de haberlo dejado intrigado por la súbita desaparición de
Inés y sin ofrecerle ninguna explicación por su extraño comportamiento en el
avión, me dirigí tranquilamente hacia la puerta de salida; al llegar comprobé
que mi esclava había estado a la altura y me estaba esperando ante un taxi cuya
puerta se apresuró a abrir nada más me vio acercarme.
Igual que le había sucedido a mi amigo Miguel, al taxista
también le extrañó el hecho de que una mujer tan silenciosa tuviese repentinos
espasmos de vez en cuando, la mirada irónica que me dirigió al devolverme el
cambio cuando llegamos al hotel me hizo sospechar que había intuido –o tal vez
se había imaginado- algo de lo que había estado sucediendo en el asiento
trasero, no quise privarle del morbo que leía en sus ojos y con un guiño
cómplice le dí a entender que, fuera lo que fuera que se hubiera imaginado,
estaba en lo cierto.
La entrada al Hotel que dirgía mi liberto Rafael seguía tan
impresionante como la recordaba y el servicio de portería, tan atento y
dispuesto como me imaginaba, –nunca me había hospedado en él- bajó las maletas
del taxi y las colocó las maletas en un pequeño carro siguiéndonos hasta la
recepción.
Impresionado por el ambiente de lujo y discreción que se
respiraba en todo el amplio hall me dirigí al mostrador de recepción en el que
una jovencísima empleada tomó mi documento de identidad dispuesta a asignarme la
habitación que había solicitado y distraído como estaba no me dí cuenta del
cambio de actitud que se produjo en la recepcionista al introducir mis datos en
el ordenador, ni de la mirada cómplice que le dirigió a Inés, pero lo que sí me
produjo extrañeza fue que nada más introducir mis datos en el ordenador y sin
hacerme ninguna de las otras preguntas habituales al inscribirte en un hotel, la
recepcionista se dirigiera a mí, sin levantar la mirada del mostrador y casi en
un susurro pero con un tono de voz inusualmente dulce y respetuoso me dijera:
"La suite del señor está preparada; todo ha sido
dispuesto para servir al señor, si el señor me permite le
acompañaré."
En cuanto se dio cuenta de que asentía con un leve movimiento
de cabeza, la recepcionista pidió a un compañero que le sustituyera, salió de
detrás del mostrador hasta donde me encontraba y sin siquiera dirigir una mirada
a Inés permaneció quieta a mi lado, con la mirada baja y en silencio durante los
escasos segundos que transcurrieron hasta que me dí cuenta de la situación y le
ordené: "vamos".
Durante el trayecto hacia el ascensor empecé a asumir el
significado de todo aquello y no pude evitar una sonrisa de satisfacción; sin
duda Rafael, en una evidente demostración de su profesionalidad y su más que
acreditada sumisión, había previsto que yo podría presentarme en el hotel por
sorpresa y por ello había introducido mis datos en el ordenador con alguna clave
VIP o parecida; lo que no me acababa de encajar era el hecho de que la
recepcionista se comportase como una esclava; pero iba a averiguarlo enseguida,
porque, aprovechando que no había nadie más en el ascensor, tan pronto como se
cerraron las puertas y se puso en movimiento, coloqué mi mano en el trasero de
la recepcionista, con decisión pero atento a su reacción; enseguida pude
comprobar que mi impresión era correcta porque tan pronto como notó la presión,
la joven se subió la falda hasta más arriba de la cintura, entreabrió las
piernas y ladeó ligeramente su cuerpo, acercándose para facilitarme el acceso y
la libre manipulación tanto de su coño como de su culo que, lógicamente, estaban
libres de ropa interior.
Satisfecho por haber acertado, casi me pasa desapercibida la
sonrisa que iluminaba el rostro de mi esclava Inés que, hasta ese momento, había
permanecido en respetuoso silencio siguiéndome a la distancia establecida;
intrigado y algo molesto por esa inesperada demostración de familiaridad, le
pregunté directamente:
"¿Quién te ha dado permiso para sonreir? ¿qué hay
que te haga tan gracia?"
Mi pregunta, o tal vez el tono seco y hosco en el que la
hice, tuvo la virtud de congelar el gesto de mi esclava que, retornando a su
inexpresiva seriedad habitual, y sin preocuparse lo más mínimo por la presencia
de la recepcionista, me contestó:
"La esclava pide perdón al Amo por atreverse a
mostrar un sentimiento sin permiso del Amo; si el Amo me permite
decirlo, no es que haya algo que le haga gracia a la esclava, es que
una vez más, la esclava se siente orgullosa de que el Amo haya
asumido la situación tan rápidamente."
Antes de que pudiera preguntarle nada más a mi esclava, noté
como el ascensor se detenía, se abrían las puertas y la recepcionista –que había
dejado caer su falda tan pronto como retiré la mano- me indicaba el camino con
un ligero movimiento de su brazo; ambas mujeres me siguieron en silencio cuando
salí al pasillo en la dirección que me había sugerido.
La verdad es que no tenía pérdida porque frente a mí sólo
había una puerta, sin número pero con un pequeño letrero que decía "Suite
privada". Un pequeño sonido me indicó que la muchacha había accionado el
mecanismo de apertura –luego comprobé que era una tarjeta con lector óptico- y
pude entrar en lo que más que una habitación de hotel parecía una vivienda
completa decorada con lujo pero sin ostentación.
Nada más entrar, tanto Inés como la recepcionista
permanecieron en pie y quietas al lado de la puerta, esperando mis órdenes,
mientras yo examinaba las demás estancias; antes de que terminara la inspección,
unos leves golpes en la puerta y la voz de un botones anunciaron que depositaban
el equipaje en la entrada.
Una vez comprobé que estábamos solos en la habitación, me
senté en un cómodo sillón colocado junto a un ventanal, ordené a las dos
esclavas que se acercaran y dirigiéndome a la recepcionista le ordené que me
pusiera al corriente de la situación.
La esclava, colocándose en la posición de sumisión, con la
falda levantada hasta más arriba de la cintura y con el tono sumiso que ya
conocía, me dijo:
"Amo, la esclava atiende al nombre de Nina, tiene
veinte años y hace dos años que forma parte del mobiliario del Club
para uso de los Amos, la esclava ha sido sometida al programa de
modificación de conducta para convertirla en un animal de compañía y
servicio sexual y obtener la máxima sumisión y entrega.
"Esta esclava y otros tres animales han sido
amaestradas y domadas para su uso específico como recepcionistas en
el hotel y así poder dar mejor servicio a los Amos cuando se
hospeden aquí; el liberto Rafael, como Director del Hotel, es quien
controla a las esclavas y dispone su uso y es el que ha adiestrado y
domado a las esclavas para que den un mejor servicio a los Amos."
"El liberto Rafael, como Director, ha dispuesto
que las esclavas sirvamos en turnos de manera que cuando un Amo
venga a hospedarse al hotel siempre haya en recepción una esclava
dispuesta para atender al Amo con el respeto y sumisión que merece."
"Si el Amo lo desea la esclava permanecerá a
disposición del Amo para ser usada a su capricho, pero si al Amo no
le apetece hacer uso de la esclava puede ordenarle que vuelva a sus
ocupaciones en recepción y que avise al Sr. Director de la llegada
del Amo".
Aunque mi primera intención fue ordenar a la recepcionista
que hiciera una mamada, enseguida me lo pensé mejor y decidí devolverla a su
puesto de manera que pudiera avisar a Rafael de mi llegada; además, quería tener
un momento de intimidad para preguntarle a Inés porqué no me había informado de
esta cuestión; así que sin levantarme del sillón le comuniqué mis deseos:
"Esclava, por ahora no me apetece usarte, así que
vuelve a recepción y comunica a Rafael que su Amo ha llegado y está
satisfecho con el servicio, y que desea que se presenten ante mí,
tanto él como Angeles. Ahora vete."
Nada más oir mis palabras, la esclava inclinó la cabeza hasta
tocar el suelo con la frente a modo de sumisa reverencia y sin decir palabra, se
levantó y fue retrocediendo hasta la puerta sin darme la espalda en ningún
momento ni levantar la mirada más allá de mis rodillas; cuando tropezó con la
pared, se colocó la falda en posición normal, hizo una reverencia mientras abría
la puerta y salió de la habitación.
… continuará …