VECINOS – 7 -CAPÍTULO FINAL
El ver a mi padre enculando al hijo de
mi vecino, así, como si tal cosa, mientras jugaban con el columpio, me ha
dejado sin palabras. He preferido callar, hacerme el despistado y mirar para
otro lado. No tengo ninguna gana de comenzar este fin de semana campestre con
una disputa con papá.
El chalet, cabaña, o lo que buenamente
sea esta casa rústica, no está mal del todo. Se compone de tres piezas: dos
dormitorios y una especie de sala de estar, bastante grande, en cuyo centro,
ocupando buena parte del espacio, hay una gran mesa de roble con banquetas
presumible mente incómodas. En uno de los rincones destaca la campana de una
ennegrecida chimenea, de la que cuelgan ristras de ajos, hojas de laurel,
pimientos resecos y un hatillo de hierbas aromáticas. Sobre la cornisa, en
sendos peroles de barro, aguardan chorizos y morcillas nadando en una suculenta
manteca de cerdo. Meto un dedo y lo saco pringoso, como si fuese una polla
lubricada con vaselina. A mi mente vuelve la imagen del pene de papá, chorreando
aceite, entrando sin ningún trabajo en el culito vicioso de Marianito.
Inconscientemente introduzco el dedo en mi boca, lo chupo mientras pienso que es
la verga paterna la que estoy mamando...
La erección no se hace esperar, pero no
quiero caer en una calentura sin sentido. Respiro hondo y termino de dejar mis
cosas en uno de los pequeños dormitorios. Solamente hay una cama de matrimonio.
Según parece lo compartiré con Marco, mi hermano, y Ricardo, mi vecino. El otro,
un poco más grande, dispone de dos camas de cuerpo y medio, y en él dormirán el
abuelo con Dani (mi sobrino), y mi hijo David junto con el pequeño Marianito.
Oigo ruido de hachazos en la parte de
atrás de la cabaña. Me asomo por un pequeño ventanuco y veo a mi sobrino, Dani,
que está inclinado cortando unos pequeños troncos para la chimenea. Tras él,
mejor dicho, pegado a él, mi vecino Ricardo, le cuenta algo muy gracioso, puesto
que los dos están riendo a carcajadas. Observo que mi sobrino está hecho todo un
hombre. El deporte ha esculpido su cuerpo de una forma magistral. Los músculos
de su torso, chorreantes de sudor, brillan bajo el sol dando a su carne unos
matices muy excitantes. Ricardo aprovecha cualquier oportunidad para acercarse a
su trasero, restregando contra él su paquete endurecido. El muchacho se hace el
desentendido, pero se nota a ojos vistas que le encanta el frotamiento del otro
hombre. Ricardo, incluso, está bajando la cremallera de su bragueta, sacando a
la luz el imponente falo del cual mis carnes ya conocen su longitud y grosor.
Dani, dejando el hacha a un lado, se arrodilla ante mi vecino, acercando el
rostro hasta la verga que cabecea ante él. Durante unos instantes me da la
impresión de que se van a liar allí mismo, y de que los frotamientos terminarán
en una soberana mamada; pero, por suerte o por desgracia, en ese momento mi
hermano Marco llama a voces a Ricardo para que le ayude a transportar nosequé, y
aquél se marcha rezongando, mientras se abrocha la bragueta, guardando su
calentura para otro momento más propicio.
Dani queda como el niño al que acaban de
quitarle el caramelo que había empezado a chupar. Manosea su pantalón corto, en
el que se adivina el bulto grandioso de una polla descomunal. Tras dudar unos
instantes, se dirige hacia una pequeña caseta de madera que, supongo, hace las
veces de cuarto de baño. Tras mirar a todos lados, se mete dentro .
Me pica...la curiosidad. Hace bastante
tiempo que no veo a mi Dani desnudo, y , pensando en el trozo de carne que he
adivinado bajo la tela del pantalón me da la sensación de que mi sobrinito está
muy, pero que muy bien provisto. Salgo por la puerta trasera de la cabaña y me
acerco hasta la caseta. Busco una rendija por donde espiar. Cuando mi ojo se
acostumbra a la penumbra interior, me doy cuenta de que Dani está totalmente
desnudo. Sujeta su enorme polla con las dos manos y la acaricia de arriba abajo,
escupiendo de vez en cuando sobre la cabezota amoratada. Quedo alucinado: la
longitud de su verga excede, en mucho, lo que podía imaginar. En estos últimos
tres años, desde que tuve aquel...”encuentro” con mi sobrino, ha cambiado una
barbaridad. Aunque, ahora que lo pienso, realmente no le di al muchacho, en
aquellos momentos, ocasión a que me enseñase su miembro, puesto que nuestro
rifi-rafe sexual fue rapidísimo, y apenas me dio tiempo a sodomizarlo en el baño
de su casa. Bueno, pues parece que mi sobrino tiene una gran arma con la que
defenderse, o atacar, o...autocomplacerse.
¿Autocomplacerse?. ¡Eso es lo que está
haciendo en estos momentos! Pero no lo hace de una forma vulgar y corriente, ni
mucho menos: está colocado de tal forma, que, con los pies subidos hasta el
asiento y con la cabeza inclinada hacia abajo, con los labios toma la punta de
su glande y lo va tragando lentamente. Hace algo de esfuerzo, pero la verga es
muy larga, con lo que todo el capullo y parte del tronco entran en su boca. Es
una imagen muy excitante, tanto, que desabrocho mi pantalón y libero mi polla
para poder tocármela sin ningún impedimento.
Pero lo mejor está por llegar. Algo que
jamás había visto en mi vida, está intentando hacerlo mi sobrino, ahora mismo,
ante mis ojos. Masajeando y lubricando muy bien su verga, la está bajando hasta
que la punta queda sobre el orificio de su ano. Luego, poco a poco, doblándola
como buenamente puede, la va metiendo en su interior hasta
conseguir...¡follarse a sí mismo!.
Estoy tan caliente que tengo que atacar
mis puntos más sensibles. Abro mi camisa y atenazo mis pezones con los dedos.
Necesito retorcérmelos, necesito sentir el dolorcillo delicioso que hace que mi
miembro cabecee de impaciencia. Dani mete y saca la polla de su propio culo,
apartando los huevos para tener más fácil acceso hasta su ojete. Tiene una
expresión de puro éxtasis. De repente mira hacia la pared de la caseta tras la
que yo estoy espiándole. Apenas nos separa un palmo. Mi sobrino, sin dejar de
autofollarse, acerca el rostro hasta la pared...y, de repente, noto la sensación
maravillosa de que me están mamando la verga.
Efectivamente: sin darme cuenta yo,
debido a la excitación, mi pene se ha introducido, por pura casualidad, por un
agujero que hay en la vieja madera, con lo que Dani se ha encontrado junto a su
cara una dura verga que se cimbrea solitaria. Durante unos minutos disfrutamos
del “glori-hole” improvisado. Mis dedos retuercen más y más los pezones que me
gritan de dolor y placer. Mi polla es engullida por la boca hambrienta de mi
sobrino, mientras que él, sin parar ni un solo instante, sigue metiendo y
sacando su vergajo, atravesando su propio esfinter.
Finalmente me vengo entre espasmos. La
boca de mi sobrino recoge todo mi esperma, a la vez que su polla escupe, en su
interior, la carga de lefa que vuelve al propio cuerpo que la generó.
- ¡Papaaaaá! -la voz de mi hijo
David me sobresalta. Miro hacia todos lados, como pillado en falta. La voz viene
del otro lado de la cabaña, así que -supongo- nadie me ha visto. Además, Dani
tampoco sabe a quién pertenece la polla que acaba de mamar, por lo que supondrá
que es de Ricardo.
La comida está en la mesa. Este Ricardo,
como siempre, es un excelente anfitrión, y mi hermano Marco no le va a la zaga,
con lo que han preparado un banquete en menos que canta un gallo.
Tras la comida y el café, Ricardo y Dani
quedan fregando mientras los demás optamos por acostarnos un rato a la siesta.
Observo que Ricardo pone cara de extrañeza ante algo que la ha dicho mi sobrino
entre sonrisas. Seguro que le ha nombrado la mamada de la caseta de baño, y ,
naturalmente, mi vecino no sabe nada del tema. Los dos se afanan ante el
fregadero, restregando sus cuerpos uno contra otro con la menor excusa. La verga
de mi sobrino asoma por el pernil del corto pantalón, y la de Ricardo es un
ariete que pugna por romper la tela de sus jeans.
Marco me espera bajo las sábanas
frescas. Ambos estamos desnudos. Tras unos segundos de duda nos abrazamos.
Nuestras bocas se funden en una, y nuestras pollas se encuentran bajo la sábana,
frotándose como dos palos que quieren hacer surgir el fuego.
- Rodrigo...
- Dime, Marco.
- Quiero confesarte una cosa.
- ¿Otra confesión? ¡Pues llevo
un día bueno! Vamos, desembucha...
- Lo que te ha contado tu hijo
David...es cierto, pero...
- ¿Tienes algo que añadir a lo
que ha contado él? ¿Acaso no es verdad que fue él quién te sedujo a ti?
- Si, si, es verdad que él me
sedujo, el que hizo que terminase mostrándole mi sexo...y todo lo que hicimos
después. Sin embargo...yo estaba predispuesto a ello.
- ¿Predispuesto? ¿Acaso tenías
previsto tirarte a mi hijo?
- No, no lo tenía previsto, de
verdad. Lo que ocurre es que yo lo deseaba enormemente desde hacía tiempo, desde
que ...
- Desde...¿qué?
- Desde que me dí cuenta de que
era clavadito a ti cuando tenías su edad. ¡Calla! No me interrumpas. Déjame que
te lo cuente todo de un tirón, porque sino ...no podré.
- Bien, habla.
- Yo estoy enamorado de ti,
hermano, desde que fuiste adolescente. Moría de amor por ti, de deseo por ti. Se
que tú me admirabas como el hermano mayor que era, pero tú, para mí, eras mucho
más que un hermano pequeño al que proteger y hacer rabiar. Tú, para mí,
representabas al ser perfecto con el que me hubiese gustado estar unido para
siempre. Cuando comenzamos a tener relaciones sexuales, toqué el cielo con las
manos. Hasta entonces, había tenido que hacer “aquellas cosas” con papá, y
siempre, siempre, imaginaba que era contigo con quien me retorcía de placer, de
deseo, de amor. Nunca quise decirte nada. Me aterrorizaba el que lo supieses. Me
daba mucha más vergüenza el que supieses mis sentimientos, que el que
disfrutásemos de nuestros placeres incestuosos. Luego me casé. Marché lejos.
Quería sacarte de mi mente y de mi cuerpo. No pude. Lo intenté con otra mujer, y
con otra. Con la última he estado a punto de encontrar algo parecido a lo que
buscaba, mejor dicho, con ella no, sino con su hijo. Pero el muchacho estaba
obsesionado con encontrar a su padre, con volver a disfrutar del sabor paterno,
y tuve que abandonar la pretensión de que se enamorase de mi. Por eso, al tener
a mi alcance a tu hijo David, al sufrir su acoso, al verte a ti representado
fielmente en el cuerpo de mi sobrino, no pude dejar de sufrir la tentación y
caer en ella. Ahora, ya lo sabes todo.
No digo ni una sola palabra. Simplemente
me restaño las lágrimas como puedo y subo sobre su cuerpo. No hace falta mucho
trabajo para conseguir que se introduzca dentro de mí. Con su falo en mi
interior, me inclino hasta que nuestros rostros están juntos. Muevo mis caderas
al compás de su verga, y le susurro al oído lo mucho que le quise, que le quiero
y le querré. Le cuento que el fue, es y será mi único amor. Mi hermano, mi
amante. El ser del cual ya no quiero separarme jamás, aunque para ello debamos
huir lejos, donde nadie nos conozca.
- Papi, tio...
La voz de mi hijo David nos interrumpe
unos instantes. Quiere decirnos algo, pero nosotros le estamos mirando con un
amor inmenso que desborda por nuestros ojos. Me aparto del cuerpo de Marco y
tiendo la mano hacia mi hijo.
- Ven, David, hijo. Sube a la
cama con nosotros, entre nosotros.
Mi hijo ha sido el nexo de unión que ha
hecho que me reúna de nuevo con mi hermano. Es el vínculo que nos ata. Sus
nalgas se acomodan sobre mi vientre, su ano recibe a mi verga.
- ¡Ufff, Papi, qué gustoooo!
Su voz es sofocada al instante por la
polla de mi hermano. Hemos regresado a lo que comenzamos hace un rato, en el
coche; pero ahora la cosa es muy diferente. David recibe en su culo mi verga, a
la par que Marco le folla la boca hasta la garganta.
Mi hijo me cabalga como un jinete
consumado. Su boca se pega a la mía o a la de su tío, sin hacer ninguna
diferencia. Estoy metido en su cálido interior, muy dentro de él, pero necesito
algo más: necesito notar a mi hermano junto a mí.
- David, hijo, ¿tú crees que
podrías...? -le musito unas palabras al oído. El sonríe algo dudoso, pero luego
afirma enérgicamente con la cabeza.
Sin sacar la polla del interior de mi
hijo, me coloco de forma que él pueda estar tumbado hacia delante, dejando
espacio para que Marco pueda ponerse tras de él.
- Despacio, tío, despacitoooooo!
Yaaaaaaaaa. -y con tono triunfal-¡Ya está toda dentro!
Las dos vergas están en el interior del
culito de mi nene. -Quedamos en silencio, jadeando, unidos los tres por la carne
que nos ata para siempre. David sube y baja con mucho cuidado, con el temor de
que alguna de nuestras vergas termine saliéndose de su interior, pero no ocurre.
Mientras follamos, dos figuras se han
colocado en el umbral de la puerta. Ricardo nos observa con ojos como platos,
mientras, tras él, sujetándolo de las caderas, mi sobrino Dani le mete hasta los
huevos su polla superlativa. Mi vecino está despatarrado, apoyando sus manos en
el marco de la puerta, con el cuerpo echado hacia atrás, ofrecido ante la carne
joven que lo taladra. Ricardo muerde su labio inferior, e, incapaz de permanecer
en silencio, deja salir de su boca un gemido de gusto que hace que mi hermano
Marco se de cuenta de la presencia de los dos hombres. Sin dejar de metérsela a
mi hijo David, mi hermano palmea su propia grupa, indicando, sin lugar a dudas,
el lugar en que quiere que se ponga su hijo.
- Ven con papá, Dani.
La voz de mi hermano no puede ser más
sugerente. Con sus fuertes brazos está sujetando el cuerpo de mi hijo David,
pero se las arregla para dejar las nalgas a merced de Dani, que se coloca
rápidamente tras él y de un golpe de cadera le mete el pollón hasta la misma
base.
- ¡Por diosssss, hijoooo, y que
dañoooooo!
- ¡Huyyy, perdona, papi, creo
que he sido demasiado bruto! ¿La saco?
- ¡Ni se te ocurra! ¡Déjala
dentro que ya se acomodará! ¡¡Mmmmm!! ¡Qué ricoooo!
Comenzamos a follar en familia. El culo
de Marco parece que se ha adaptado a las mil maravillas al grosor y longitud del
miembro filial, porque culea que da gusto. Seguro que no es la primera vez que
lo tiene dentro de sí. David, por su parte, tiene los ojos en blanco mientras
sube y baja por nuestras vergas. A mí, lo que más me entusiasma es notar el nabo
de mi hermano pegado al mío, frotándose deliciosamente uno con el otro , y , a
la par, en las paredes del intestino de mi hijo.
Ricardo merodea a nuestro alrededor. Se
está masturbando parsimoniosamente, disfrutando del espectáculo. Finalmente sube
a la cama y queda de pie, manteniendo precariamente el equilibrio debido a que
el somier se cimbrea con todo el movimiento que le estamos dando. David, que
está boqueando de gusto, mira casi sin ver la polla que le presenta nuestro
vecino. Ricardo golpea un par de veces las mejillas de mi hijo con su verga que
babea precum, hasta que mi nene puede tomarla con sus labios y guardarla en su
boca.
En la calma de la tarde solamente se oye
el ruido de las cigarras en el exterior. El sol cae de plano sobre el techo de
la cabaña. Nuestros cuerpos chorrean sudores que se mezclan entre sí, al igual
que nuestras salivas.
Como si nos hubiésemos puesto
previamente de acuerdo, mi hermano y yo soltamos sendos chorros de semen que
llenan por completo la cavidad anal de mi hijo. En el mismo momento, Ricardo
hace lo propio en la boca de mi nene, el cual, durante unos instantes, parece un
pastel que rezuma nata por todas partes.
Uno a uno vamos cayendo en el éxtasis
que sigue al orgasmo. Aguanto sobre mi pecho el cuerpo adolescente de David, el
cual, a su vez, soporta sobre sus riñones el cuerpo musculoso de mi hermano
Marco. Ricardo se tumba junto a mí, metiendo su lengua en mi boca mientras
acaricia mi cabello sudoroso. Dani, que todavía no ha eyaculado, sale de su
padre y se encamina hacia la puerta. Antes de marcharse, vuelve sobre sus pasos
y saca a mi hijo David del cepo de carne en el que está enganchado. Lo carga
sobre sus hombros como si se tratase de un saco de harina, y desparece con su
carga por la puerta.
Aprovechando que hemos quedado los tres
solos, Ricardo, Marco y yo nos acomodamos en la gran cama, buscando cada uno de
nosotros una verga que albergar en nuestra boca. Formamos un círculo de mamones
que saborean los restos de esperma de la polla que nos ha tocado en suerte.
La calma chicha de la tarde nos hace
caer en un profundo sopor.
Despierto cuando las sombras de la noche
ya están ahuyentando las calores del día. Dejo salir de mi boca el nabo de mi
hermano, que cae suavemente sobre la mullida almohada que forman sus gordos
testículos. Mi propia verga está prisionera de la boca de Ricardo, que la está
mamando entre sueños, como si de un chupete se tratase. Me hago hacia atrás,
para que mi parte más preciada se deslice del interior de mi vecino. Está
enrojecida, brillante de saliva, totalmente limpia.
Me desperezo mientras rasco una de mis
nalgas. Ando desnudo de aquí para allá, intentando no hacer ruido para no
despertar a los bellos durmientes. Sin embargo, desde la habitación del abuelo
llegan sonidos un tanto sospechosos. Seguro que el viejo está roncando,
totalmente feliz tras haberles contado sus batallitas a los nietos y al hijo del
vecino. Me asomo con cuidado de no despertarles. Parece que me he confundido:
papá no les está contando ninguna batallita, sino que está librando con ellos
una batalla incruenta.
Lo primero que veo son las nalgas
musculosas de mi sobrino Dani. Está con las piernas abiertas, con los talones
del abuelo apoyados en sus fuertes hombros. Agachándome un poco puedo ver su
enorme verga desapareciendo en el ano de papá. El vello rubianco de las pelotas
de Dani , llega a juntarse con los canosos huevos de su abuelo. El orificio anal
está tan tenso que parece que puede rajarse en cualquier momento. Mi sobrino le
está dando caña sin ningún miramiento. En algunos momentos, su polla llega a
salir por completo, y, entonces, el esfinter de mi padre se contrae formando una
especie de botón rosado...que vuelve a abrirse inmediatamente con el nuevo
empuje del nabo de Dani. Del ojete de papá sale un caldillo blanquecino, señal
inequívoca de que el nieto ya ha descargado, por lo menos una vez, en el
intestino del abuelo.
Empotrado en la polla de mi padre,
cabalgando de una forma casi enloquecida, el pequeño Marianito se sujeta de los
pezones del adulto, tirando de ellos como si se tratase de las riendas de un
viejo semental. El culito del chico traga el venoso pollón del abuelo postizo,
siguiendo con el juego que comenzaron por la mañana en el columpio. Una de las
manos de mi padre se las arregla para dar suaves tirones del pene de Marianito,
que ya presenta una notable erección.
Sentado sobre el rostro de su abuelo, mi
hijo David restriega su trasero en la boca abierta de mi padre, ensartándole, de
vez en cuando, su ya apreciable verga hasta las amígdalas.
No puedo reprimir el deseo de unirme al
grupo. El ano de Dani me recibe jubiloso. Atenazo sus estrechas caderas mientras
clavo mis dientes en su hombro. Paso mis manos por delante de su pecho ,
pellizcando las tetillas de mi sobrino que culea a su abuelo mientras busca mi
polla lanzando el trasero hacia atrás.
Asoman por la puerta Ricardo y Marco. Mi
vecino levanta al vuelo a su hijo, sacándolo de la polla que lo encula. El nene
protesta y patea, así que su padre vuelve a llenar el trasero filial con su
propia verga. Lo mantiene agarrado a sus caderas, con los brazos sujetándose en
su cuello y la polla paterna metida hasta los huevos. Marianito sonríe feliz,
mientras besa a su padre en la frente.
Marco, mi hermano, viendo el nabo del
abuelo libre, se despatarra sobre su panza y encara el ariete contra su propio
culo. Dani, sin dejar de follar al abuelo, pasa una mano por delante del vientre
de su padre y le toma la verga para hacerle una paja.
Mi sobrino está próximo a eyacular. Nos
da unas rápidas instrucciones y sale del abuelo. Marco se inclina hacia delante,
formando una especie de plataforma con su espalda. Mi hijo David, sacando su
verga de la boca del abuelo, trepa por la espalda de su tío y se coloca de forma
que su culo está en la misma vertical que el ojete de mi padre. Tengo sus dos
anos a mi disposición. Pater et Filius para mí. Ascendiente y descendiente. Los
penetro alternativamente. Mezclo los jugos de ambos. Mi polla es como una
cuchara que trasvasa de un culo a otro.
Los cojones de Dani están en la boca del
abuelo. La polla del abuelo está en el culo de mi hermano. Los pies de mi hijo
están sobre mis hombros, y él se aguanta en las caderas de su tío esperando el
envite de mi verga. Lo follo despacio. El culo de papá se abre y se cierra, loco
de lujuria y deseo. Más tarde me entero de que siguen dándole su ración de
viagra...pensando él que son somníferos.
Dani casi ahoga a mi padre con su enorme
verga. El semen del nieto cae a chorros sobre la garganta del abuelo. Traga,
escupe, tose...El nieto ríe y besa al abuelito comiéndose parte de su propio
esperma. Suelto un chorro de leche en el interior de David y me paso rápidamente
al culo de papá, terminando de eyacular en el ojete paterno. Mi padre llena
hasta los topes a mi hermano con su lefa. Viejos recuerdos de adolescencia.
Marco sale de la polla de papá y me ofrece su culo rebosante del semen de
nuestro padre. Lo saboreo con deleite y lo alterno con el lametón que pego al
culito de David, que chorrea de mi líquido espermático.
Apenas si nos detenemos para pegar un
bocado en la cena. Sobre la misma mesa seguimos la fiesta. Papá nos confiesa
que siempre tuvo la fantasía de que le follásemos a la vez Marco y yo. Somos
buenos hijos, así que le complacemos de inmediato. Primeramente se coloca
tumbado sobre la mesa. Marianito toma una generosa porción de grasa de cerdo del
que hay en la olla con el embutido, y lo restriega entre las nalgas de papá. Sus
pequeños dedos, suaves y hábiles, comienzan a penetrar el ano de mi padre, que
ronronea como un gatazo. Pronto los dedos quedan en su interior, y hasta el puño
desaparece dentro. Papá engarfia los dedos sobre la mesa. El brazo del niño se
introduce lentamente en el intestino de mi padre. Papá boquea y pide más. Hasta
el codo. David se la chupa al abuelo y Dani ofrece su verga para ser mamado.
Parece que la víctima propiciatoria ya está preparada. Ricardo quiere aprovechar
la grasa que embadurna el brazo de su hijo, y le pide que le haga un “bis” a él.
El abuelo se aparta y nos colocamos de forma que él cabalgue sobre el cuerpo de
Marco, y que yo lo penetre por detrás.
Tiemblan los bigotes blancos de nuestro
padre. Su panza sube y baja. David, como buen nieto, se esfuerza por encaramarse
a la mesa para chupársela a su abuelo. Le ayuda Dani en el intento, empujándole
con su verga y sirviéndole de apoyo al metérsela hasta el pubis. Papá rechina
los dientes de gusto. Marco y yo estamos unidos, otra vez, en el interior de un
ser querido. Nos queremos, y, jamás, volveremos a separarnos.
La luna entra a través de los sucios
cristales. Su luz ilumina el cuadro de placer carnal que formamos todos juntos.
Está terminando una historia de
vecindad, a la vez que también se culmina otra historia de sabores incestuosos.
A partir de ahora todos tendremos unas vidas muy diferentes, pero, como telón de
fondo, sobre todo y ante todo, seguiremos teniendo nuestra historia de amor
filial.