Esto no es un relato erótico aunque lo pudiera parecer. Es
simplemente un canto, un canto a la vida… a mi vida… mi vida perra.
Soy puta, sí, y en la medida de lo posible, todo lo
profesional que una puede y quiere; también alguien... en la medida de lo
posible, que desea trabajar honradamente. Sé que muchos no lo puedan llegar a
comprender pero es así.
Puede que no se me crea, pero al igual que un gran número de
mis colegas, llegué aquí más por necesidad que por vocación… sí, sí, ya se
algunos piensan que a las putas nos encanta follar y claro, no voy a ser yo
quién hable en nombre de todas, pero no, aquí no se llega por vicio,
precisamente. Si nos gustase follar tanto, lo haríamos gratis, aquí,
desgraciadamente se viene porque… no queda otra.
Mi caso, como el de tantas otras compañeras mías es el
hambre, el dejar de estar en la calle mendigando, el tener una familia, a veces
numerosa, sin oficio y sin beneficio, que no solamente se ve incapaz de llegar a
fin de mes, sino que a duras penas puede pasar el día a día. Nuestro afán no es
otro que el querer dar a nuestros hijos un techo donde vivir o simplemente
aspirar a que se puedan merendar un Bollycao como todo hijo de vecino y en
definitiva, poder pagar honradamente las facturas cada mes. Claro, otros podrán
pensar, pues vaya signo de honradez siendo puta… pues sí, a mucha honra, es un
trabajo tan respetable como cualquiera, pero no parece que sea así para esta
hipócrita sociedad. Hay incluso quién cree que somos un despojo, que no tenemos
remedio, que nosotras nos lo buscamos, que somos unas jodidas toxicómanas…
cerdas sin escrúpulos ó zorras baratas que no sabemos hacer otra cosa mas que
esto... Bueno, pues hay de todo sí, no lo voy a negar, pero a mi tampoco me
gusta generalizar en eso y de momento yo me considero puta... pero honrada. ¿Es
tan difícil entender eso?
A estas alturas no creo que vayan a cambiar las cosas, ni tan
siquiera pienso que la sociedad acepte esto hasta los extremos de creer que
tendríamos los mismos derechos que los demás… nada más lejos, eso sería una
utopía, pero sí al menos decir en mi defensa, que se tenga en cuenta mi opinión
personal, mi visión desde este lado, y al final un pequeño reconocimiento y una
ayuda moral al entendimiento de algo que no es tan simple como follar por
dinero, aunque esa sea la base de nuestra empresa. Nuestro trabajo, digo yo,
aporta mucho más de lo que se quiere ver. Nosotras ponemos sexo, sí, pero
también compañía, conversación, amistad, incluso me atrevería a decir que hasta
algo de amor, pero además, evitamos tensiones, agobios, estreses y aunque
parezca paradójico, mantenemos más parejas unidas de las que podamos separar,
sí, es cierto. Cuando recibimos por parte de nuestro cliente un buen trato y
algo más que una relación de "polvo express", la cosa puede llegar a ser muy
gratificante y estimulante por ambas partes y el vínculo también ayuda a que la
relación, digamos comercial, sea fructífera en el futuro... una demostración más
del trabajo bien hecho.
Por otro lado y volviendo a lo que un gran número de personas
piensa de este antiguo oficio, es cierto que no debería ser considerado
medianamente normal: Son muchas las veces que me he quedado sin cobrar, después
de habérsela chupado a un montón de tíos, que incluso se divierten cuando acudes
como una perra reclamando tu recompensa. Resulta humillante una y otra vez, ser
tratada como basura, cuando alguien ha venido a reclamar precisamente esa misma
basura. Me han pegado y maltratado infinidad de veces, hasta dejarme incluso
ingresada en un hospital, algunas de esas ocasiones por el solo hecho de “mirar
mal”, otras por pura diversión… e incluso a veces no solo me han pegado y se han
largado sin pagar, sino que además me han quitado la poca recaudación que
llevaba encima.
Con esto no voy a decir que no vaya a seguir desempeñando mi
trabajo de la mejor manera posible, para nada. Tampoco voy a quejarme ahora de
mis clientes, al contrario, porque a muchos les guardo mucho cariño y conservo
esa gran amistad que comentaba. La inmensa mayoría, son chicos normales y por
cierto, mucho más jóvenes de lo que la gente se cree, sin más intención que la
de divertirse ó evadirse de algo o de alguien y sin hacer daño, al menos que no
sea para hacérselo a ellos mismos, pero sin más interés que la de aliviarse de
ese estrés, de esa tensión. De ahí que mi trabajo pueda tener esa buena
contraprestación con la inmensa mayoría de mis parroquianos.
Mi petición no es de compasión, ni de lástima, si acaso
aprovecho para hacer un llamamiento a las autoridades, para un definitivo
control de prostíbulos, medidas sanitarias y seguridad para todas las que
ejercemos, que la prostitución sea considerado un trabajo legal, con su
correspondiente cotización a la seguridad social y el pago religioso de nuestros
impuestos, es decir, los derechos y deberes de cualquier trabajador... tan solo
mi petición vaya más por un entendimiento, un poco más de solidaridad y el
respeto a este oficio tan digno como cualquier otro, que simplemente cuando
hablen o vean a una prostituta, que no sea de forma negativa, que piensen que
tampoco somos todas iguales, pero sí personas normales y corrientes.
Gracias.
Sylke
(25 de agosto de 2008)