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Fecha: 19-Ago-08 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

El carnicero

Ana
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 9 min. ]
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Mi primer infidelidad. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Tal vez era el hecho de cambiar de ciudad y de trabajo, o quizá era la inquietud de Gustavo por tener hijos, el hecho es que mi salud se vio afectada por el estrés y el doctor me había diagnosticado una ligera anemia.

El tratamiento afortunadamente consistía de reposo y buena alimentación. Para empezar necesitaba incrementar mi consumo de proteínas y la carne era una opción que debía incluir en mi dieta. Fue cuando todo sucedió en ese momento contaba con 31 años y 3 de matrimonio con Gustavo.

Mi esposo había sido promovido a una gerencia y recientemente habíamos adquirido una casa en una nueva ciudad. Yo había sido contratada en un nuevo empleo y tener hijos había sido postergado al menos un par de años, en contra de los deseos de Gustavo quien pensaba que era tiempo de empezar una familia.

Nunca imaginé que mi vida cambiaría de tal manera con un hecho tan trivial como buscar una carnicería donde comprar los ingredientes de la cena. Pregunté a una de las vecinas dónde adquiría la carne que consumía y me indicó como llegar.

Recuerdo que la primera vez que entré, se encontraban comprando cuatro o cinco mujeres. El carnicero las atendía con amabilidad. Era evidente que existía cierta familiaridad ya que el hombre se dirigía a ellas con mucha confianza y en tono de broma el carnicero coqueteaba con las clientas.

Cuando llegó mi turno el carnicero me atendió de manera muy respetuosa sin intentar bromear, sin embargo, noté cómo sus ojos se clavaron en mí. Sin mayor interacción recibí la carne y pagué a la mujer, que probablemente era su esposa, que también atendía el lugar.

Así fui convirtiéndome en cliente regular de la carnicería. El hombre del mostrador no coqueteaba conmigo como con las otras clientas, sin embargo su mirada se posó varias veces en mi escote y podría jurar que al momento de salir sus ojos se dirigían directamente a mis nalgas.

Después de 3 meses de asistir al menos una vez por semana. Una tarde la carne se había terminado. El carnicero me recomendó ir al día siguiente al medio día ya que por la mañana de los jueves era el momento de recibir la carga de la semana.

Fui al día siguiente aprovechando la hora del almuerzo, me encontré con la carnicería vacía toqué ligeramente sobre el mostrador sin respuesta. Una de las puertas de acceso a la trastienda estaba entreabierta y pensé en acercarme a tocarla para que alguien me atendiera.

Me asomé antes de tocar, solo para ver al carnicero y a su esposa haciendo el amor. Ella estaba subida sobre una mesa y él la penetraba fuertemente. La mujer se cubría la boca mientras él embestía haciendo oscilar sus senos. De haber tenido los ojos abiertos la mujer me habría visto, sin embargo su expresión de placer y la mano ahogando sus gemidos demostraban que su atención se enfocaba en disfrutar el sexo.

Cuando puse atención en el hombre noté que estaba desnudo y al ver su trasero me sonrojé y regresé inmediatamente al mostrador. Preferí salir y dar una vuelta alrededor del establecimiento. Entré de nuevo y toqué esta vez enérgicamente.

El carnicero no tardó en salir con una gran sonrisa en la boca, me atendió amablemente y volvió a clavar su mirada en mí como en otras ocasiones. No quise mirarle a la cara, ya que me sentía avergonzada de haberlo visto en la situación que lo encontré con su esposa. Me sentía muy aliviada de que ellos no me hubieran visto.

Esa noche Gustavo llegó a casa con ánimos de hacerme el amor y gracias a la escena que había presenciado yo me sentía con suficientes ganas de hacerlo. Gracias a eso tuve uno de los mejores polvos de mi vida, Esa noche me corrí varias veces y me entregué a él como al principio de nuestro noviazgo. Después de todo algo había ganado de la nueva dieta.

La monotonía continuó apoderándose de mi rutina y no presté mayor atención a las semanas que siguieron.

Una noche sin embargo tuve un sueño erótico dónde me entregaba a un amante desconocido, recuerdo que el sueño fue muy real y el tacto del hombre me llevaba a experimentar sensaciones muy placenteras, cuando me penetró sentí un miembro de gran tamaño invadiendo mi coño. Antes de despertar observé la cara de mi amante. ¡Se trataba nada menos que del carnicero!

Él es un hombre de entre 40 y 45 años, ostenta una gran barriga y muestra una incipiente calvicie. No podía creer haber tenido un sueño así y mucho menos con aquel individuo que no me parecía atractivo.

No puedo decir si deliberadamente lo hice para observar a los amantes nuevamente, pero la siguiente semana asistí el jueves al medio día para comprar en la carnicería. Encontré el local vació. Volví a tocar sobre el mostrador y me acerqué a la puerta; esta vez se encontraba completamente cerrada. En esta ocasión escuche los gemidos de la mujer que más bien eran gritos de placer. Mi primera reacción fue de vergüenza. Pero a la vez también me sentí un poco decepcionada de no poder observarlos. La cerradura de aquella puerta no me permitía asomarme al interior de la trastienda.

Regresé al mostrador y toqué fuertemente. No tardó en aparecer el carnicero un tanto desarreglado. Observé discretamente su entrepierna y !pude admirar aún un prominente bulto¡ seguramente solo había tomado su ropa y había salido al mostrador.

Espero no molestar- le dije.

Para nada señora, solo hacía los cortes de la carne junto con Martha mi ayudante-

El carnicero me atendió nuevamente muy cortés. Está vez su mirada fue directamente a mis ojos haciéndome sentir un ligero escalofrío, rápidamente pagué y me alejé del local sintiendo la mirada del carnicero todavía sobre mí.

Esa noche exigí el máximo de mi marido, me sentía tan caliente que prácticamente me lancé sobre él. Mi mente recordaba la escena que había presenciado semanas atrás y trataba de imaginar la escena que solo escuché por la tarde .Me preguntaba si realmente el carnicero sería capaz de hacer gritar de placer a una mujer.

¿Tendría realmente una enorme verga como en mi sueño?

Los orgasmos llegaron a mí fácilmente esa noche y sentí que nacía en mí un deseo muy poderoso. Tardé en aceptarlo, pero esa noche descubrí que: ¡sentía la necesidad de ser follada por el carnicero!

Desde entonces cada vez que iba a la carnicería procuraba vestirme más sensual, a veces abría un poco el escote y otras utilizaba faldas o pantalones que mostraran mejor mi figura. Por supuesto que aquel hombre disimulaba cada vez menos al mirarme.

Procuré ir al medio día intentando sorprender al carnicero haciéndole el amor a su ayudante o esposa, o lo que sea que fuera la mujer que atendía junto con él. Solo conseguí encontrarlos en el mostrador, en otra ocasión solo estaba ella.

Mi excitación crecía cada vez más con la expectativa de encontrarlos juntos otra vez. Aunque realmente no sabía que haría si llegaba a verlos de nuevo. Finalmente sucedió: Lo encontré solo.

El mostrador estaba solo. Yo iba vestida con una falda ajustada y una blusa escotada sin mangas, me acerqué a la puerta entreabierta y me asomé nuevamente antes de tocar. Él estaba allí, me miró y yo me disculpé diciéndole que venía a comprar. El carnicero me indicó que saldría en un momento antes de regresar al mostrador observé la mesa dónde seguramente había poseído a su ayudante en varias ocasiones y sentí un estremecimiento.

En el mostrador empecé a sentir una abundante humedad en mi coño, mis pezones se endurecieron y los vellos de mi cuerpo se erizaron haciendo muy placentero el roce de mi piel con la ropa que vestía

Cuando el carnicero salió a atenderme todo mi cuerpo pedía ser poseído. Tuve que hacer un gran esfuerzo para decir:

-Vengo por lo de siempre

La mirada del carnicero fue directamente a mi escote y yo sentía que iba a perder el control.

Me entregó la carne que habitualmente compraba y yo solo atiné a decir:

¿Es posible que usted me lleve a mi casa algún pedido por teléfono?

No suelo hacerlo pero si usted me indica donde es, tal vez pueda ir.

Salí nuevamente del establecimiento todavía bajo la influencia de una gran calentura. De regreso a la oficina fue necesario masturbarme en el baño para disminuir el calor que invadía mi cuerpo.

En la noche, Gustavo se encargó de aplacar ligeramente el huracán de deseo que se despertaba en mí. Además me dio la mejor noticia de la semana: ¡Se iba de viaje tres días el siguiente martes!

¡No podía creerlo, todo se había conjuntado para realizar mi obscura fantasía!. Ese martes me vestí muy provocativamente, a la hora del almuerzo salí para la carnicería decidida a engañar a mi querido esposo con el carnicero. Cuando llegué se encontraban él y la mujer en el mostrador, comencé a pedir diversos embutidos y cortes de carne, aproveché un momento de distracción de la mujer para decirle al hombre:

No podré llevarme tantas cosas yo sola, ¿puede llevarlas a mi casa por mí?

Le entregué la dirección que previamente había anotado en un papel. Al entregárselo me incliné lo suficiente para dejarle ver mi escote.

El carnicero no se negó. Me dijo que podía hacerlo después de cerrar, es decir alrededor de las 6 de la tarde. Acordé esperarlo

Solo regresé a la oficina para avisar que debía ausentarme el resto de la tarde. Me dirigí a mi casa y me vestí para matar. Pasé algunas horas probándome ropa hasta que decidí usar solo una bata ligera, que permitía ver mi lencería. Cerré las ventanas de mi habitación y me encerré de manera en que la temperatura se mantuviera alta, comencé a sudar un poco.

Dieron las 6 de la tarde y empecé a sentirme estúpida porque el hombre no se aparecía. Tras 15 largos minutos el timbre sonó, me dirigí al intercomunicador y supe que era él, venía solo por supuesto y le indiqué que pasara.

Lo recibí cubierta de sudor solo con la bata y observé sus ojos escrutando mi anatomía. Un esbozo de erección se hizo notorio en su pantalón. El hombre puso la canasta con mis compras en la mesita del recibidor y no se decidía a acercarse.

Lo siento, el aire acondicionado se descompuso-

Dejé caer la bata en ese momento y observe su verga tratando de escapar del pantalón.

Se acercó torpemente a mí y me besó mientras desabrochaba el pantalón y lo dejaba caer al suelo.

En ese momento me hinqué y bajé su calzoncillo para tener frente a mí su gruesa y larga polla. Mi sueño se había hecho realidad. Sin perder tiempo introduje su verga en mi boca y comencé a succionar son suavidad y luego con fuerza. El carnicero terminó de desnudarse, me levantó y arrancó violentamente mi sostén. Magreando mis pechos y luego mis nalgas me levantó y se dirigió hacía la sala. Me depositó en uno de los sillones y comenzó a comerme el coño.

Mi humedad saturaba su boca, estaba a punto de correrme. Grité de placer, tal vez como su ayudante hacía el día en que los escuché. Voltee de manera en que completamos un delicioso 69 donde él con un dedo en mi culo, otro en mi clítoris y su lengua recorriendo mi coño me arrancó el primer orgasmo de esa noche no tardé mucho en recobrarme y gritarle:

-¡métemela¡

El se dirigió inmediatamente a mis senos y comenzó a succionar. Introdujo un dedo en mi ano nuevamente y comenzó a dilatarlo .Con la mano libre abrió mis piernas y de una sola estocada me penetró hasta el fondo con su enorme falo. Yo grité nuevamente mientras el me bombeaba con una increíble cadencia. Su polla abarcaba todo mi interior haciéndome retorcer de placer. Su verga se sentía inmensa mucho más grande que en mi sueño me estaba cogiendo como nadie lo había hecho en muchos años, ¡tal vez como nadie lo había hecho nunca!.

Me hizo terminar después de varios minutos de bombearme. Sin esperar a que me recuperara me levantó mientras me follaba de pié soportando todo mi peso con sus brazos. Mientras me la metía no dejaba de mover uno de sus dedos en mi ano. No supe cuando una oleada de orgasmos llegó a mí. Solo me revolví de placer mientras arañaba su espalda siendo imposible ahogar mis gemidos acompañados de palabras obscenas.

Parecía que mi amante iba a venirse, me bajó un momento al sillón y poniéndome en cuatro puntos acercó su delicioso tolete a mi culo. Empecé a sentir su gran cabeza abriéndose paso en mis entrañas mientras me arrancaba gemidos mitad de dolor y mitad de placer. Cuando estuvo por la mitad de su tronco comencé a apretarlo con las paredes de mi ano y así de un empellón me la metió de un golpe. Sentí su abundante leche en mi interior y el calor de un semen diferente al de mi esposo me hizo nuevamente llegar al clímax.

Eso solo fue el inicio. El carnicero me cogió en la cocina sobre la mesa, en la regadera mientras una ducha tibia nos cubría, en el piso del cuarto de lavado, en fin en todas las habitaciones de mi nueva casa, llenó de su espesa leche mi culo, boca y coño y me poseyó de todas las formas posibles haciéndome venirme en múltiples ocasiones. Pasé la noche con él en la misma cama que dormía con mi esposo y varias veces lo masturbé con la mano en la que porto mi alianza de matrimonio.

Para las cinco de la madrugada el hombre se vistió, se fue a iniciar un día más de labores.

Dejando en mi piel la marca de sus dientes, en mi coño y ano la dilatación de su magnifica polla y en mi boca el sabor de su leche salada. Todo mi cuerpo experimentaba una sensación de saciedad hasta entonces nunca experimentada.

Solo había sido el primer día.



© Ana

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