DIARIO INTIMO DE UNA PUTA ESCLAVA-3
Allí estaba yo, muerta de miedo pensando todo lo que podía
suceder al contemplar aquel maletín lleno de cadenas, grilletes, botes de
sustancias extrañas, látigos de diferentes texturas y tamaños. Sabia que
cualquier cosa que hiciera o dijera podía empeorar mi situación. Decidí por
precaución quedarme donde estaba, desnuda delante de los dos hombres, y esperar
acontecimientos.
-Esas zapatillas que llevas son horribles. Puedes tirarlas a
la basura. Ve a cambiarte. Desde este momento consideraras como falta grave si
tu amo te ve descalza o con un zapato que no sea de tacón alto.
No estaban las cosas para tener dudas. Como un resorte
automático me agache, cogí las zapatillas de casa que llevaba puestas y me
dirigí a la cocina, donde las tire al cubo de la basura sin dudar. Casi
corriendo fui al dormitorio, e instintivamente cogí unos zapatos de fiesta
incomodísimos, pero muy altos y bastante bonitos. Solo me los había puesto una
vez, sin embargo sabia que me quedaban bastante bien. Al pasar delante del
espejo del armario pude ver como mis pechos subían y bajaban con agitación, y
como mi culo subido en aquellos zapatos se agitaba con las prisas y los nervios
del momento. Estaba despeinada, sin pintar, con los restos del maquillaje del
día anterior. Mientras los tacones anunciaban mis rápidos pasos avanzando por el
pasillo, me fui arreglando el pelo todo lo que pude y resultar algo mas
aparente.
Estaban los dos de pie, con el maletín a sus pies. Habían
escuchado ellos también el sonido anunciador de los tacones, y ya sus miradas
estaban preparadas cuando mis tetas bamboleándose arriba y abajo, mis muslos en
tensión y mi vientre agitándose adentro y afuera les hizo sonreír de una forma
que a mi no me presagiaba nada bueno.
-Ven. Ponte aquí y levanta los brazos. Así. Las manos juntas
detrás de la cabeza.
Se ocuparon los dos desde el principio de ir seleccionando
los artilugios y artefactos que después fueron colocando en mi cuerpo. Lo
primero fue un bolo de color negro y enorme que insertaron en mi boca. Iba
sujeto con dos tiras de cuero brillante amarrado con hebillas detrás de la
cabeza. Tuve que abrir la boca todo lo que pude, y aún así apenas entraba.
Sacaron entonces un collar bastante grueso de un metal brillante y varios
enganches en todo su diámetro. Cuando me lo colocaron note su frialdad al
contracto con la piel, y me llamo la atención su peso, y como sonó al cerrarlo
con un enorme candado. Sentí miedo, mucho miedo. Y este fue en amento cuando
inmovilizaron mis manos con dos esposas muy cortas y apretadas enganchadas a dos
de los enganches que tenia el collar. Unos pesados grilletes me inmovilizaron
los pies. Me llamo en ese momento la atención comprobar con que pulcritud, con
que esmero y con que satisfacción me colocaba cada uno un grillete en el tobillo
y la cadena de apenas 20 centímetros que los unía. Me cogieron de la nuca y
echaron mi cuerpo hacia delante, doblándome por la cintura. Con una nueva cadena
que unía el collar con los grilletes evitaban que volviese a mi postura erguida.
No presagiaba nada bueno aquello. Y así fue como no me volví
a equivocar.
-Quédate quieta si no quieres empeorar las cosas. Cada vez
que te muevas empezaremos de nuevo. Ahora veremos si sabes contar. Cuando
lleguemos a 30 paramos.
Cogió cada uno de ellos un latigo fino y flexible. Después
comprobé que no dejaba marca, pero cada vez que me azotaban, y lo hacían con
muchísima fuerza, parecía que me abrían la espalda con un cuchillo, como si me
estuvieran rajando.
Al primer latigazo el grito se me ahogo en la garganta. Solo
salió de mi interior un pequeño sonido gutural. Aquel bolo enorme que tenia en
la boca era perfecto, quien lo había diseñado sabia lo que hacia. Mi espalda se
arqueo instintivamente. La cadena que unía el collar y los grilletes de los pies
impedía que me levantase, pero no podía evitar arquear la espalda. A cada
latigazo, nuevo gemido ahogado y nueva convulsión de mi espalda. Así estuvimos
no se cuanto tiempo. Hasta que por fin comprendí que con aquello no podía
seguir. Me concentre para el siguiente azote, y conseguir mantener la espalda
recta.
-Bien, así esta bien. Pero no hemos escuchado nada.
¿Y que querían escuchar, si apenas podía respirar con aquel
bolo?
Nuevo y contundente latigazo. Mis lágrimas hace ya rato que
han aparecido. El dolor empieza a ser insoportable. Saco fuerzas de donde no las
tengo y con un sonido que podría más parecerse a un gruñido que a otra cosa
conseguí decir
-Uo
-Bien. Eso a parecido uno
-os
-Vale, dos.
Así hasta 30. Al final lo que mas me costaba era mantener el
equilibrio. Con los tacones, los golpes del latigo, las lagrimas y la espalda
ardiéndome, no se como he aguantado.
-No se tu, pero yo estoy cansado. Creo que nos merecemos una
copita.
Mi amo sonríe amablemente a su amigo y los dos se sientan en
el sofá.
Durante unos segundos no fui capaz de reaccionar, pero me doy
cuenta, aunque estoy mirando al suelo, que los dos hombres me están observando
de forma inquisitiva.
Finalmente es el amigo quien habla.
-¿Te das cuenta? Te queda un largo camino por delante. Y no
va a ser fácil.
Intuyo que hablan de mí y los dos siguen mirándome. Mi
cerebro intenta pensar lo más rápido posible. Intuyo que les gusta ver mi cuerpo
desnudo, castigado y encadenado. Me imagino con mis grandes tetas colgando hacia
abajo, la espalda roja y palpitante de los latigazos, las piernas temblorosas
del dolor y el cansancio, y por dios que Vergüenza, algo que no puedo evitar.
¿Cómo es posible que mi coño este de nuevo chorreando? Estoy de nuevo empapada,
supercaliente.
Por favor, que entupida fui en ese momento.Al fin caigo en la
cuenta. Mi amo tiene razón, siempre tiene de todo la culpa mi calentura. Si
acaban de sentarse y dicen que van a tomarse una copa, tengo que servírsela
rápidamente, no quedarme allí parada como una tonta. No me fue fácil llegar a la
cocina. Que alguien intente andar completamente desnuda, con los pies juntos,
separados solamente por una cadena de 20 centímetros, las manos atadas a la nuca
y una cadena que une cuello y pies, sin poder caminar erguida.
Pasito a pasito, dándome toda la prisa que pude, entre en la
cocina y aquí nuevo drama. Los vasos estaban en el platero, no llegaba.
Intenté pensar rápido, y lo mejor que se me ocurrió fue coger
dos cervezas del frigorífico y llevárselas en la mano, porque tampoco llegaba a
las bandejas.
Cuando les entregué las cervezas, ambos me miraron serios y
enfadados, con motivos pienso yo. Aquellas no eran formas de servirle a nadie.
Nueva tensión. Sigue sin funcionar algo. No es normal que los
dos siguieran mirándome sin abrir las cervezas. Algo se me había olvidado, pero
era tan entupida que no era capaz de adivinar lo que era. Ya lo se, unos
aperitivos. No, están en la parte de arriba de los muebles de la cocina, no
llego y ellos lo saben. Me sentía tremendamente incomoda con aquella situación.
Estaba desnuda, encadenada, con la espalda enrojecida y dolorida, con mi coño
empapado totalmente caliente. Intuía que los dos hombres me estaban observando-
porque mi vista seguía fija en el suelo- esperando que hiciera algo, y yo no
sabia lo que era.
Al fin, y por un detalle insignificante, capte mi fallo. El
amigo de mi amo se remueve en su asiento y estira los pies, apoyando los talones
en el suelo.
Era eso. Me arrodillé delante de ellos arqueando la espalda,
intentando formar un ángulo más o menos correcto para que ambos puedan apoyar
los pies en mi espalda. No es fácil, y lo peor, al tener las manos encadenadas
al collar, la parte delantera de mi cuerpo queda en el aire. Sin embargo era
eso, porque los dos se relajan, apoyan las espaldas en el sofá, y dejan sus pies
cómodamente situados en mi espalda. Cuando por fin abrieron las cervezas
comprendí que había acertado. Y ahora que lo recuerdo no se como pude aguantar
aquel rato. Primero cuando apoyaron sus zapatos en mi enrojecida y sensible
espalda la reacción primera fue de encogerme, con solo rozarme un dolor
intensísimo me sacudía de arriba abajo, menos mal que pude controlarme y aguante
el primer impulso. Dos grandes lágrimas de dolor me nublaron la vista. Sin
embargo lo realmente duro vino después. Con solo mis rodillas como punto de
apoyo y la espalda arqueada, me veía incapaz de soportar mucho tiempo el peso de
sus piernas. Estaba tan concentrada que solo escuche el principio de su
conversación.
-Si tu solo te ves capaz de enderezarla, evidentemente te
costara más barato. Yo sin embargo seria partidario de un control más riguroso.
-No te comprendo.
-Mira no somos amigos, pero nos conocemos hace mucho tiempo.
Mis servicios no son gratuitos, ni mucho menos baratos, pero si tu eres quien se
encarga de seguir las instrucciones que yo te indique, y cada semana yo te
superviso el trabajo, será mas económico que si soy yo mismo quien tiene que
ocuparse de todo.
-¿Me ves capaz a mi solo de....?
-No es fácil, nada fácil. Si te has fijado, en solo un rato
que llevamos aquí, tu esclava a cometido tres o cuatro faltas graves e
innumerables infracciones leves. Pero he visto casos peores, y siempre son
recuperables. Tú sin embargo tienes un problema añadido.
Tu esclava, además de ser tremendamente guapa y atractiva, es
muy puta, y siempre esta caliente. De hecho, si tocas ahora mismo su coño- En
ese momento bajó su mano y sus dedos se introdujeron sin dificultad en mí cada
vez más excitado y chorreante sexo- veras que a pesar de acabar de recibir un
castigo, está súper cachonda.
No se que me pasa pero aquello era una verdad tan grande,
como el hecho de que cuando introdujo sus dos dedos en mi coño humedecido,
estuve a punto de caerme del gusto que me dio solo con aquel ligero y rápido
gesto.
-Vamos ha hacer una cosa si te parece. Lo intentamos un par
de semanas y haber que resulta. Me gustaría de todas formas comprobar hasta
donde llega su fogosidad y si es o no capaz de controlar su instinto.
-Adelante, tú eres el maestro.
Habían terminado las cervezas y bajaron los pies de mi
espalda. Sin levantarse del sofá el amigo de mi amo desengancha las hebillas que
sujetaban el bolo que tenía metido en la boca. Siento un alivio inmenso cuando
me lo quita. Sin querer levantarse tampoco desabrocha sus pantalones, y cuando
se los baja aparece ante mí una enorme poya tiesa y dispuesta para ser usada.
Aquello no necesita interpretación. Esta muy claro lo que quiere de mi, me
acerco dispuesta a saborear aquel manjar, y lo que recibo es una bofetada que me
hubiese hecho perder el equilibrio si no hubiese estado de rodillas.
-¿Te das cuenta? Es desobediente, torpe y muy puta. Nadie le
ha dicho nada y sin embargo se ha abalanzado. En cuanto ve una polla pierde la
noción de la realidad.
Todavía con la cara totalmente enrojecida por la bofetada, y
por la vergüenza que siento al comprender que lo que dice aquel hombre es
verdad, escucho sus palabras severas y directas.
-Ahora quiero que la chupes.
Me acerco con más miedo que deseo, sin embargo cuando la
hermosa polla entra en mi boca y empiezo a saborearla, inevitablemente mi lengua
lame con fruición, chupo con autentico deseo, me gusta notar como va
endureciéndose cuando con mi lengua voy lamiendo con avidez de arriba hacia
abajo, hasta llegar a los testículos, un manjar para mi boca, absolviéndolos,
dejándolos relucientes a base de repasos con la lengua.
Ya imaginaba que mi amo no aguantaría mucho tiempo, por eso
no me sorprende cuando le veo bajarse a el también los pantalones.
-Chupa aquí puta.
Aquel es territorio conocido. Se perfectamente que a mi amo
le gusta especialmente que con la boca cerrada utilice la lengua para succionar
y chupar, y cuando esta ya muy dura, abrir la boca y lamer solo la punta.
Entre los dos hombres se van mirando, y entre ellos deciden a
quien se la voy chupando, hasta que es mi amo quien se levanta y me hace a mí
incorporarme, si puede llamarse a eso el quedar con la espalda doblada, ya que
una cadena sigue sujetando mi cuello a los cadenas que traban mis pies. En esta
postura evidentemente no me cuesta nada seguir chupándosela a mi amo, solo que
ahora estamos de pie. Su amigo nos mira sujetándose con una mano la enorme polla
que porta, y por supuesto no tarda en unirse a nosotros.
Se acerca por detrás mío, y para que nos vamos a engañar, no
le cuesta nada entrar en mi coño, que a estas alturas esta ya más que húmedo y
caliente. Seguramente a las pocas embestidas el hombre empieza a notar mis
movimientos y reacciones y vuelve a advertirme.
-Ya sabemos que te gusta. Pero esta prohibido correrse hasta
que tu amo no te autorice.
Siempre intento recurrir a una virtud que desde luego no
tengo. Se llama autocontrol, y cuando más la necesito, menos aparece. Pude
contenerme es rato que estuvimos así. Se intercambiaron un par de veces, y como
antes, entre ellos decidían quien se ponía delante para que se la chupara y
quien la metía en mi coño por detrás. Pero lo que no pude soportar fue cuando el
amigo de mi amo decidió desenganchar de los pies la cadena que me mantenía en
aquella postura tan incomoda. Pero no lo hicieron por mí desde luego, fue
sencillamente porque querían follarme los dos a la vez, y así era imposible. No
se como, pero en un os segundos me vi tumbada encima de mi amo en el sofá que la
tenia metida en mi coño, y encima mío, por detrás, su amigo que me la había
metido por el culo. Esta esa la primera vez que lo hacia con dos pollas a la
vez, y no pude aguantar más de cinco minutos. Cuando los dos hombres empezaron a
meterla y sacarla con un ritmo acompasado, primero entraba uno y luego el otro,
después los dos a la vez, y por último ya perdí la noción y el control
completamente. Escuche justo en el momento en que me corría como una autentica
zorra, con los ojos en blanco, con el cuerpo totalmente convulsionado, como mi
amo me hablaba en el momento que también ellos esparcían sobre mí su leche.
-No puedes correrte. Hasta que yo no te lo diga no puedes
correrte.
Lo que me viene a la mente después es verme tirada en el
suelo, con el culo y el coño chorreándome la leche, y escucharles hablar.
-Ves como va a ser imposible.
-Bueno, por lo menos lo intentaremos. Tengo que irme. Te
envío por Mail las instrucciones que te dije. Empezaremos con ellas, y la semana
que viene ya veremos lo que pasa.
-Es muy tarde, me voy contigo.
Antes de irse se ha quedado mirándome de una forma que no me
ha dado muy buenas sensaciones. Y lo entiendo perfectamente. Ver a tu esclava
como te desobedece, tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el culo y el
coño chorreantes, no debe ser agradable. Cuando se ha agachado para soltarme las
manos del collar y volver a enganchármelas por delante a la cadena que me
cuelga, a la altura del ombligo, me ha dicho muy bajito, casi como un susurro.
-Lo que has hecho hoy lo pagaras.
Y aquí estoy, desnuda, con tacones como me dijeron,
encadenada, escribiendo esto con muchas dificultades, y muerta de miedo. Son
casi la una, y no se lo que voy ha hacer.
Al final he decidido que lo mejor es no quedarse quieta. Me
he duchado a conciencia- Dios lo que me ha costado entrar en la ducha con los
pies encadenados- y me he maquillado. Después he hecho el almuerzo, y aquí
estoy, esperando a ver si viene mi amo.
13-5-1994
Al final no se presentó. Ni para el almuerzo, ni para la cena
ni para nada. Son ya casi las 12 y no se nada. Algo malo tiene que estar
pasando. Estoy muy muy nerviosa. Tengo una ansiedad, que más que ansiedad es
miedo. Ayer no pude probar bocado, y esta mañana apenas he tomado un baso de
café con leche. Estoy además muerta de sueño. Entre las preocupaciones, la
fatiga, y la incomodidad de estas cadenas no he pegado ojo.
Las 5 de la tarde y nada. Al preparar el almuerzo me he
sentido un poco mejor y he podido comerme un bocadillo y un yogur. He estado
pensando en todo lo que paso ayer, y seguramente no seria mala idea el ir
anotando las cosas. Yo tengo muy mala memoria y no seria mala idea hacer una
lista diaria con las cosas buenas y malas.
Están abriendo la puerta. Por fin aparece.
14-5-1994
Lo que me ocurrió ayer cuando llego por fin mi amo creo que
no es normal, aunque últimamente nada de lo que me pasa es normal,
Nada más entrar se acerco a mí con muy mala cara y casi a
tirones saco su llave y me quito las cadenas.
-Ponte el vestido de puta. Vamos a salir.
Como la vez anterior, no pude evitar que un escalofrió, muy
cercano al placer, recorriese todo mi cuerpo mientras me estaba maquillando y me
ponía aquella diminuta faldita y top que nada tapaban.
También como la vez anterior fui detrás de mi amo, esta vez
hasta una parada de taxis.
Cuando llegamos casi media hora después a una especie de
granja a las afueras, nos abrió el portón de entrada un hombre maduro, de unos
cincuenta años, con el pelo muy negro y un gran bigote.
Cuando bajamos el taxista quedo esperando.
- Tiene usted 3 horas. Y el pago es por adelantado.
Entramos a la casa y el amable caballero pago mis servicios a
mi amo, que subió al taxi y se marcho.
-¿Tu que sabes hacer?
-Lo que usted me pida. Si quiere se la chupo, o si prefiere
follarme por detrás, o si......
-No. Yo no te voy a hacer nada. Acompáñame.
Cuando entramos en una amplia y luminosa habitación que el
hombre abrió con mucho cuidado y silencio, se me helo la sangre. Aquello era más
de lo que yo podía imaginar.