 |
| 1,143,388
Miembros | 12,835 Autores | 54,115 Relatos | 1,224 Usuarios Online |
Bienvenido a TodoRelatos.com! |
   
|
TODORELATOS » RELATOS » SALóN DE BELLEZA |
 |
 |
|
[ ¿Cómo hacen las horas, para dar la curva en los relojes cuadrados? ] |
|
TODORELATOS.COM |
Fecha: 20 de Noviembre, 2008.
|
 |
| Fecha: 17-Ago-08 |
« Anterior |
Siguiente » en Dominación (3346 de 3486) |
![]() |
| De cómo un chico llegó a triunfar profesionalmente en un salón de belleza para mujeres.... |
  |
 |
Todo comenzó con un e-mail que decía: "Respuesta a su
anuncio". Firmado: Morgana.
Es así como, buscando una amiga, encontré un empleo. La
respuesta de Morgana era a la vez clara y eficaz, y solicitaba que le ampliase
información sobre la naturaleza de mi fetichismo, sobre mis gustos y mis deseos,
y sobre la idea que yo tenía de lo que significaba estar al servicio de los pies
de una mujer.
Estuvimos intercambiándonos algunas cartas en un tono cortés,
casi amistoso, antes de que Morgana, -que en realidad se llamaba Silvia, me
invitase a una cita. Ella me había dicho que era "empresaria", y parecía
estar interesada por motivos profesionales. Por eso había querido saber
concretamente qué era lo que yo podía aportar.
Silvia era estethiciene. Me recibió muy amablemente en
su instituto de belleza el dia de nuestra cita. Era una mujer muy bella,
franca y dinámica. Noté que me dirigía una primera mirada escrutadora al
tiempo que me hacía ver un pequeño retraso con el que yo había acudido. En
seguida, comenzó a explicarme las razones que la habían llevado a contactar
conmigo.
-Como puede usted ver, este salón no es muy grande. Sin
embargo, intento paliar eso ofreciendo una calidad en el servicio esmerada, y de
este modo consigo hacerme con clientes exigentes. Ya sabe que este barrio
está lleno de mujeres influyentes y ricas, y ya sabe que este tipo de gente está
acostumbrada a ser servida perfectamente, justo como ellas desean. Es una
clientela particularmente difícil, pero tambien muy rentable…
Se hace una idea de la situación, no? Bueno, pues le explico
de forma más matizada….
Pretendo distinguirme, como le comentaba, por prestar
servicios específicos de alta gama, servicios que no son fáciles de conseguir ni
siquiera en los salones de belleza de más renombre. Servicios para mujeres
especialmente exigentes . Y es por eso que yo pensé que necesitaría un hombre
muy particular, un hombre capaz de ocuparse, sin ningún tipo de complejos ni
reparos, de los pies de una mujer….
Llegados a este punto, me dirigió una sonrisa y calló un
instante.
Entendí, o creí entender más o menos, lo que ella quería. Mi
bonita estethicien necesitaba urgentemente un pedicuro, y pensó en que, si
además el pedicuro era fetichista del pie, haría su trabajo con más gusto, y eso
lo notarían sus clientas…La idea me atraía fuertemente (¿a qué fetichista no?).
Sin embargo, por dar una imagen de mantener mi dignidad, me puse en guardia.
Le expliqué que no me sentía capaz de realizar adecuadamente esa tarea, porque,
por muy fetichista que fuese, carecía de la formación adecuada para
desempeñarla. Claro que me gustaba ocuparme de los pies de las mujeres,
pero una clienta exigente podría notar mi inexperiencia y la imagen de su
flamante salón de belleza podría verse deteriorada a causa de mi poca
profesionalidad….Sin embargo, ella interrumpió mi argumentación de repente.
No, no, está usted equivocado, no se trata de eso. Yo ya
tengo una pedicura profesional y una asistente que hacen maravillosamente su
trabajo. A usted sólo lo quiero como complemento….A ver si me explico,
tengo pensado para usted algo más….especial. ¿Usted
es servicial, no?
Esa palabra me chocó. Servicial ?
Lo que yo ando buscando es un muchacho muy dulce, muy cortés.
Y, sobre todo, muy obediente. Y, por los e-mails que hemos intercambiado, a
usted le gustaría estar a los pies de una mujer y servirla en todo lo que
ordene, o, ¿estoy en un error ?
Definitivamente, la primea vez no había entendido a dónde
quería ella llegar. Quería un sirviente de pies, con todas las letras.
No obstante, todavía le pregunté si esos servicios especiales debían contener
algún tipo de servicio sexual.
Ella rió y en seguida me dijo: No, no no se preocupe, aquí no
va a follarle nadie. Le prometo que los servicios serán exclusivamente
dirigidos a los pies de las clientas. Venga, deje ya las preguntas y
acompáñeme, que le muestro el salón.
Me condujo por la parte trasera de la tienda.
Atravesamos un estrecho pasillo y ella abrio una puerta y me hizo pasar a una
estancia pequeña, una especie de tocador extraordinariamente bien decorado.
El suelo estaba cubierto por un magnífico tapiz, y el mobiliario era de calidad.
Todo respiraba buen gusto y el cálido confort de un salón de club inglés.
Silvia se sentó en un enorme y mullido sillón de terciopelo negro, cruzo sus
piernas y me miró sonriendo. Yo estaba de pie frente a ella, sorprendido y
desconcertado. Estaba claro que no me iba a sentar, sólo había un sillón…
-Bueno, este es mi saloncito privado. Como verá no es
muy apropiado para conversar, aquí sólo cabe una clienta….Pero está concebido
para otras cosas. Ahora, podría desnudarse si no le
importa…
Sorprendido, dudé ante su proposición, y entonces ella soltó
una nueva sonrisa…
-Ya veo. Es usted muy tímido. ¿O quizás tiene
miedo? Vamos, no voy a comerle…salvo que usted continúe desobedeciendo,
claro.
Rojo de vergüenza, preguntándome en silencio qué demonios
hacía yo en aquel lugar, decidí, casi sin darme cuenta, comenzar a desvestirme.
En seguida noté su mirada divertida. Finalmente, me quedé casi desnudo
delante de ella, sólo llevaba el slip.
-No se ha desvestido. Me ha parecido decirle que lo
hiciera….
Sus palabras me ruborizaron y me sentí muy nervioso.
Ella no había parado de observarme desde el principio de nuestra entrevista, o
al menos eso es lo que yo había sentido. Ahora que ya estaba desnudo, con
mi cuerpo ofrecido a sus miradas, sin intimidad, me sentía extremadamente
vulnerable. Casi se puede decir que me sentía un objeto…
-Perfecto. ¿Puede dar una vuelta sobre sí mismo, por favor?
Biennn. No está mal. No, no
está nada mal. Debería servir…Acérquese, y no esté tenso. Le noto tenso.
Rojo de vergüenza, me aproximé a ella. Tuve la
sensación de ser como una res en una feria de ganado, una vulgar mercancía.
Y, sin embargo, sentía una extraña excitación por el hecho de encontrarme así,
desnudo, delante de una bella mujer vestida. Además, no era difícil
verificar el estado en que me encontraba….
-Cielos, es evidente que algo le ha excitado. Ella se
acercó y tomó en su dedo una gota de líquido preseminal que había salido de mi
glande. Sonriendo, frotó la gotita entre sus dedos y señalando con uno
hacia el suelo me dijo:
-A ver, arrodíllese aquí, cerquita de mis pies. Debo
decirle algo, y quiero que lo escuche en esta posición.
No es problema, ¿verdad?
Mortificado, obedecí y me arrodillé dócilmente a sus pies.
Su calma y su determinación me fascinaban literalmente. Nadie antes había
osado tratarme así…
-Bien, bien, bien…me parece que habrá que encontrar algún
modo de disimular esas erecciones intempestivas…no conviene demasiado.
Como ya le expliqué, le necesito a usted para proporcionar a algunas de mis
clientas servicios extras, servicios que no puedan obtener ni en el mejor de los
salones de belleza de París, y me imagino que a ellas no les será excesivamente
agradable verle en ese estado a las primeras de cambio.
Verá usted, la mayoría de mis clientas son ejecutivas con
jornadas verdaderamente estresantes. Reuniones, discusiones, atascos,
prisas..en fin, supongo que me entiende. Por eso, he pensado que ellas
apreciarían especialmente un masaje, disponer de un tiempo de relajación.
Claro que masajes se dan en muchos lugares, por eso, si queremos establecer
diferencias, hay que ofrecer algo más. Fíjese en este saloncito: buena
decoración, música suave, intimidad…totalmente aislado del bullicio de París.
Creo que aquí se puede dar ese servicio perfectamente. Pero…pensé que un
sirviente completaría adecuadamente esta composición, y además sería algo
totalmente original…Un hombre, pero un hombre dócil, medio desnudo, dispuesto a
prodigar las caricias y atenciones que le exijan las clientas…¿No cree usted que
debe ser una sensación muy agradable sentarse cómodamente en este mullido sillón
mientras un chico medio desnudo te quita los zapatos sin necesidad de pedírselo,
y después se dedica a masajear suavemente tus pies hasta que le ordenas parar?
¿No es algo parecido a ser tratada como una reina?
Creo qué sí. Y, yendo aún más lejos : ¿Por
qué no exigirle al chico dócil que tenemos a nuestros pies cosas que ni una
princesa se atrevería a pedir? Si se sabe que está incluido en el precio
del servicio, ¿por qué no exigirle que dé el masaje con su lengua, si apetece?
Si hace excesivas cosquillas, siempre se le puede ordenar parar y que use sus
manos, de la forma tradicional….Pero usted no hará cosquillas, verdad?
Sonrió de una forma natural cuando me dijo eso, y yo
comenzaba a tener la sensación de estar metiéndome en un túnel, en un túnel sin
retorno.
No estoy muy seguro de no hacer cosquillas, hasta ahora no
había llevado estas cosas a la práctica, todo eran fantasías, señorita. Y,
además, debo decirle que no estoy demasiado seguro de aceptar este trabajo –dije
sin acordarme siquiera de que en ese momento ya estaba desnudo y visiblemente
excitado-.
Vaya, vaya. Así que ahora
le entran dudas. Justo ahora que puede usted escenificar en el plano real
todas esas calenturas mentales que me ha contado en sus e-mails. Y,
dígame, ¿Qué opina de esto el señor Felicidad? Al decir esto miró fijamente a mi
falo erecto.
No tenga prejuicios, es malo para el placer. No le
habría citado si no estuviera segura de que es usted la persona adecuada, y, lo
más importante, que va usted a disfrutar y a divertirse con su trabajo.
Mire, si está preocupado por lo que pase cuando salga de aquí, no se preocupe.
París es muy grande, y nadie va a decir nada. No le dé tanta importancia,
se trata de venir aquí a servir, de que mis clientas sientan que poseen algo, de
que puedan disponer de una válvula de escape por donde descargar la mala leche
que acumulan a diario. ¿Tan difícil es?
La visión de su zapato balanceándose indolentemente en su pie
me hizo decir, casi inconscientemente: -sí, señorita Silvia. Acepto el
empleo. Estoy a su servicio.
-Al fin, vaya cómo se ha hecho usted de rogar. Bueno,
¿qué le parece si hacemos previamente unas pruebas? Acércate, muchacho, y
quítame los zapatos con delicadeza.
Se los quité, y ella, sin decir ya nada, acercó un pie hacia
mi cara y me dijo:
-ahí lo tiene. Haga lo que quiera, pero tenga en cuenta
que su primer objetivo debe ser hacerme disfrutar a mí. Vamos, a ver qué
gracia tiene…
Inmediatamente, acerqué mi nariz a su planta para impregnarme
de su olor. Después, fui acariciando su planta con mi mejilla, ascendí por
ella, y comencé a lamer entre sus dedos. Pero, bruscamente, ella apartó su
pie y, con él mismo, me dio una bofetada en la otra mejilla.
-No, no, así no es. Tiene usted la lengua seca, y
raspa. Puede ser que sea debido a su estado de nerviosismo, pero sepa que
esa sensación es desagradable, así que cuando esté actuando ante una clienta
deberá tener presente humedecer previamente su lengua antes de comenzar a lamer.
Bueno, para eso está esta prueba, ¿no? Detectamos fallos y los corregimos.
Vamos, prosiga….y tenga en cuenta mis enseñanzas, ok? –me dijo mientras
acariciaba mi mejilla con su empeine.
Humedecí convenientemente mi lengua y comencé a lamer entre
sus dedos, me olvidé de todo y me extasié con esa operación. Noté su cara
de aprobación, pero, en un momento dado, sacó su pie de mi boca, se secó sobre
mi pecho y me dijo:
-Mire, hasta la mejor de las caricias se hace aburrida con el
tiempo. Sea creativo, recuerde que está aquí para dar placer, mire de
reojo a la clienta de vez en cuando y detectará cuándo debe cambiar de caricia,
o de ritmo. Es simplemente cuestión de atención.
Estoy segura de que mejorará… Por ejemplo, ¿qué haría
cuando note que una clienta ya no quiere más su lengua? Vamos, es usted
intuitivo…a ver, exprésese con actos…
Acto seguido quiso hacerme ver que dejaba de prestarme
atención poniéndose a hojear una revista. No podía ver la expresión de su
rostro. Así, entre desconcertado, indignado y a la vez subyugado y excitado por
la situación se me ocurrió acariciar la planta de sus pies sirviéndome de mi
mejilla, posando de vez en cuando un leve beso en su planta o en sus dedos.
No parecía existir reacción por su parte, y yo continuaba con
esta particular e improvisada forma de "entretenerla". De repente, arrojó
la revista al suelo, se quedó un momento observando cómo besaba su pie
derecho, puso su pie izquierdo sobre mi cabeza y me dijo mientras revolvía
juguetonamente mi pelo:
-contratado. Me ha convencido.
Comienza el sábado. Ya verá qué éxito tenemos….Ahora, váyase, reflexione
sobre lo que aquí ha ocurrido y prepárese mentalmente para triunfar en su nuevo
puesto de trabajo…
Puso su pie sobre mi frente y empujó con fuerza. Me pilló
desprevenido y caí al suelo del empujón.
-Adios, me dijo sonriendo.
Silvia me utiliza con regularidad, en función de la actividad
del salón. Yo trabajo por la tarde, cuando finaliza mi "otra jornada
laboral", la retribuída. Además, los sábados estoy a tiempo completo. De
esta forma no tengo tiempo libre para mí, es curioso pero no lo echo en falta.
Mi actividad como sirviente me enriquece y me realiza. Silvia cobra muy caros
mis servicios especiales, pero yo no percibo ningún salario material.
Tampoco regalos, y me está expresamente prohibido aceptar
propinas.
Aunque los servicios que yo presto no figuran en la lista de
precios del salón, sino que son ofrecidos personalmente por Silvia a sus
clientas más exclusivas, el boca a boca ha hecho estragos. Importantes
ejecutivas solicitan mis servicios. Al principio, me ocupaba sobre todo de
mujeres maduras muy autoritarias, que solicitaban mis servicios como complemento
al tratamiento de belleza. De este modo, he tenido la ocasión de apreciar y
conocer la calidad del trabajo de mis dos colegas, Laura y Clara. Los pies que
estas dos chicas preparan para mi sumisa lengua están, por lo general,
saludable y estéticamente magníficos.
Poco a poco, la clientela ha ido evolucionando y he notado
que mujeres mucho más jóvenes se interesaban por mí. Ahora hay incluso
estudiantes que han abandonado hace poco la adolescencia que requieren mi
trabajo. Al principio se muestran incrédulas, pero en cuanto toman confianza son
las más exigentes y puñeteras, y en seguida comienzan a dar órdenes precisas y
particulares.
Hay ocasiones, incluso, en que no vienen a recibir ningún
tratamiento de belleza, tan sólo a divertirse conmigo. Por eso, debo
complacerlas sin antes haber pasado por la pedicura, con lo que ello conlleva en
lo relativo a la higiene de sus pies. Recuerdo que el sábado pasado vinieron dos
directamente después de haber jugado un partido de tenis y hacían burlones
comentarios acerca de lo sudados que tenían los pies.
Hay otras que me tratan con dureza y a menudo descargan su
ira sobre mí pisándome o aplastando mi cabeza contra el suelo, aunque nunca he
llegado a tener lesiones por esa causa si exceptuamos el estrés que me produce.
Con el tiempo, las clientas están ya familiarizadas conmigo,
y saben exactamente lo que quieren. Jóvenes o maduras, bellas o menos bellas, la
mayor parte me consideran un sirviente sin opinión. Sus órdenes deben ser
obedecidas, y sus deseos adivinados. Dos de ellas han sido especialmente crueles
conmigo, y se han pasado todo el tiempo abofeteando mi cara con sus pies. Ello
me ha llevado a presentar quejas ante Silvia, pero ella, después de examinar mi
rostro y ver que no presentaba lesiones, excepto el enrojecimiento propio de la
situación, se ha limitado a hablar con ellas y decirles que lo que habían hecho
conllevaba un sobreprecio, cosa que no ha parecido importarles lo más mínimo.
Aunque afortunadamente eso no es muy frecuente. Últimamente
me he especializado en baños de pies con leche, algo que personalmente me
gusta. Me parece que la leche es el líquido ideal para bañar los pies de las
mujeres. Comienzo siempre usando mi lengua –sobre todo entre los dedos-
para relajarlos de la fatiga de caminar y de la estrechez de los zapatos. Cuando
noto que la clienta está más tranquila y su transpiración ha pasado de sus pies
a mi boca, le ofrezco una pequeña bañera llena de leche templada para que
introduzca sus pies en ella. Posteriormente, comienzo un suave masaje con mis
manos hasta que la clienta dice basta. Hay algunas que juegan con la
situación y me obligan a beber la leche que ha bañado sus pies. Hay gente para
todo….y yo estoy para obedecer.
Hay una ejecutiva muy autoritaria que ha introducido un toque
personal a esta práctica, y exige que sus pies sean bañados en champán. Eso
también me gusta, y, afortunadamente, en esta ocasión no debo beberme después el
líquido del baño…
Los sábados son particularmente difíciles, porque la
asistencia al salón es mucho mayor, y mi disponibilidad debe ser total. La
clientela difiere mucho de la que viene entre semana: vienen menos ejecutivas, y
más jóvenes de aspecto deportivo. Pero las exigencias son similares. Así
que en unos meses he podido recuperar todo el retraso acumulado durante los
treinta y cuatro primeros años de mi vida respecto a satisfacer mis fantasías
fetichistas. Ahora sé que las mujeres que gustan de estas cosas son más
numerosas de lo que imaginaba.
Ahora sueño con encontrar a una que quiera estos servicios
para ella sola, gratis, y que me quiera como pareja. ¿Creéis, queridos
lectores, que podré encontrarla? Quizás mi jefa pudiera ser esa persona, aunque
lo dudo, dado el rendimiento que me está sacando…
santiagoo
santiagoo_f@yahoo.es
|
|
Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y
supondrá una mejora en la calidad general de la web.
Gracias! |
|
|
|
|
| |
|
|
| |
|
| |
 |