Al fin el agua de la regadera caía sobre mi cuerpo desnudo,
ya sin la pequeña pero opresiva prenda que había tenido que vestir toda la
tarde, me sentía libre, sereno y placido. Cerré los ojos relajándome
completamente en la ducha, la imagen de las chicas riéndose divertidas se me
vino a la cabeza.
Abrí los ojos. - ¿Dónde estará el jabón?, me pregunté. En ese
momento recordé la advertencia final de Carolina. Dentro de la ducha al extremo
opuesto de la regadera había un estante repleto de envases de variopintos
colores y tamaños, obviamente eran productos destinados al aseo personal. ¿Cuál
de todos estos serán jabón?, revise las etiquetas de los frascos, todas escritas
en lenguajes extranjeros, en una de ellas leí "Gel
Douche Onctueux J'adore", evidentemente
era un producto para la "ducha". Sin mucha seguridad en mi elección vertí un
poco del producto en mi manos, frotándolas una contra la otra con la intención
de hacer espuma con escasos resultados, volví mi vista al estante de nuevo y
divise una gran esponja rosa, eso tal vez ayudaría, Esta vez eche el gel de
forma bastante generosa, al comenzar a frotarme el cuerpo con la esponja surgió
sobre mi cuerpo la abundante espuma y un fuerte olor a flores comenzó a cubrir
mi piel.
Mientras enjabonaba mi cuerpo pude ver las marcas del
bronceado sobre mi cuerpo, era como una evidencia corpórea del uso de la prenda
femenina sobre mi anatomía, era algo de lo que no podía disponer echándolo al
cesto de la ropa usada, escarpia allí por un tiempo mas prolongado evocándome el
recuerdo de esta tarde.
Luego de un buen rato, cerré la regadera, comencé a buscar
una toalla, como a un metro de distancia había una toalla rosa que lucia como
usada por mi hermana, traté de tomarla sin salir de la ducha, no quería hacer un
reguero de agua en el piso del baño, estirando al máximo mi brazo logre
alcanzarla con la punta de los dedos. Solo después de sacarme fue que me hice la
pregunta -¿Dónde Esta mi ropa?. Recordé entonces haberla puesto en la canasta de
ropa del cuarto, si las chicas no estaban en la habitación podría salir y
tomarla. Me acerque a la puerta, la entreabrí y oí claramente la cháchara y las
risas.
¿Qué me pondré? Podía salir cubierto sólo por la toalla, pero
sospechaba que eso me colocaría en una situación de vulnerabilidad que me
aterraba.
Abrí un poco mas la puerta -¡Sandra!, M ropa, ¿Qué me pongo?
Escuché de inmediato las risas de las chicas.
-Espera ya te pasamos algo. Contestó mi hermana.
En instantes la puerta se entreabrió un poco mas, el espacio
justo para que pudiese penetrar la mano de Carolina sujetando una prenda de
color champaña.
–Ponte esto por ahora,
-¿Qué es esto?, No son mis ropas
-Tus ropas las eché en la lavadora, no seas tonto es sólo un
pantaloncillo, un short, es igualito a los que usas para jugar fútbol. Dijo
Carolina desde el otro lado de la puerta.
Examiné el short, ya de por si el color nacarado no era muy
varonil, pero lo que más femenino lo hacia era el material del que estaba hecho,
sin ser un conocedor de telas supuse se trataba de una especie de seda o satén,
géneros que como se sabe están vedados al contacto directo con la piel de los
varones.
-Ningún futbolista se pondría esto. Me dije.
Resignado a mi suerte, me coloque el delicado pantaloncillo y
salí a la habitación.
Estaban ambas acostadas en la cama, ambas enfundadas en un
kimono oriental de de seda negra decorado con bordados de minúsculas flores,
dirigían su mirada a la puerta del baño, obviamente esperaban mi aparición.
-¿Te das cuenta hermanito?, es sólo un pantaloncillo, a veces
creo que dentro de ti tienes el alma de un viejo que no te deja vivir. Libérate.
-Con tan bellas piernas que tienes deberías procurar
mostrarlas mas a menudo, te sorprenderías las cosas que pudieras obtener de
ellas criaturita. Pero no puedes quedarte allí con el torso descubierto.
Dijo Carolina.
-¿Le vas a dar la camisola que le hace juego? Contrapunteo
riendo mi hermana.
-Yo no… Comencé a decir cuando fui interrumpido por Carolina
-No chica, no seas tan mala, creo que se sentirá mas cómodo
con una simple camiseta. ¿Negra estaría bien? Me preguntó Carolina.
-Si, Gracias, negra estaría muy bien, algo simple.
Conteniendo un suspiro de alivio.
Carolina abrió una de las gavetas de su armario y sacó la que
al parecer era la primera camiseta a su alcance.
-Toma lindura, ponte esta. Me dijo arrojándomela.
Era una simple franela negra de algodón, no fue hasta después
de ponérmela que me percaté que sobre el pecho, asemejando una especie de
grafitti, se leía claramente "Girl Power" en unas manuscritas letras fucsia.
Pensé hacer algún comentario acerca de la inscripción, pero luego de pensármelo
preferí abstenerme por miedo a que fuese peor el recambio.
Afuera la noche ya había tomado posesión del entorno.
-¿No estarán pensando en irse?, Sandra mi amor, llama a tu
familia y le dices que estas en mi casa y que se quedarán a dormir.
Sandra debía llamar diariamente a nuestros padres a modo de
"reportarse", yo no albergaba ninguna duda de la respuesta afirmativa de ellos,
les fascinaba la cercana amistad de Sandra con la hija de una conocida artista,
creo que pensaban que de una u otra forma esto le abriría algunas buenas
oportunidades a su hija.
-¡Listo!, no hay problema, nos quedamos. Expresó Sandra con
una sonrisa en la boca al colgar el teléfono.
En la cara de Carolina se iluminó dibujándose una sonrisa, se
acercó y dio un rápido beso en la boca a mi hermana. No fue un beso como los de
los novios con la lengua, ¿Cómo es que le dicen? Beso francés, creo. Fue un
simple beso, como el que se dan las amigas, pero fue en la boca. ¿Por qué en la
boca? ¿Será que las chamas cuando se sienten a solas se expresan así?. En mi
poca experiencia no me atrevía a sacar ninguna conclusión, este era un mundo
desconocido para mi. Definitivamente no terminaba de entender la relación entre
ellas.
-Esta noche vemos una "peli", acostadas divinas en el
"home teather" que tiene mi madre en su habitación. Seria bueno unas palomitas
de maíz para sentirnos como en el cine.
-Baja, en la cocina encontraras de las que se hacen en el
microondas, nosotras te esperamos en el cuarto de mi mami. Me dijo Carolina.
Al bajar las escaleras descubrí la inédita sensación del roce
del satén del pantaloncillo contra mi miembro, la sedosa prenda, mas que hacer
contacto con mi piel, se deslizaba por mi epidermis como una continua caricia a
cada paso que daba, recordé las manos de Carolina sobre mi "rabito" como ella lo
llamó.
Traté de apartar mis pensamientos de aquello, sin nada mas
que cubriera mis partes, la evidencia de una erección delante de las chicas
seria demasiado embarazosa.
Cuando llegue con los tres paquetes de cotufas ya las chicas
estaban echadas sobre la inmensa cama de la madre de Carolina, reían muy
divertidas, el humo y el olor a yerba quemada me hizo comprender rápidamente en
que estaban.
-¡Llegaron las palomitas!, ven acá, súbete a la cama con
nosotras.
Me eché en un lado de la cama, mientras Carolina me acercaba
el porro –Vamos, dale unas pataditas, te pondrá divino. Nunca me había
atrevido a probar la mariguana pero no quería quedar como un débil delante de
las chicas.
Aspiré, ¡Coff!, ¡Coff!, De inmediato me sobrevino la tos.
Sandra y Carolina me observaban privadas de la risa mientras observaban mis
esfuerzos por recobrar la respiración.
-¡Huy!, Que delicadito que resulta tu hermanito.
Como tratando de desmentir sus palabras, lo aspiré de nuevo,
esta vez sentí como el humo penetró hasta lo mas profundo de mis pulmones,
ascendiendo nuevo lentamente para salir de mi cuerpo por la boca, lentamente
puede admirar el zigzagueo que formaba al ascender hasta el techo.
-Caro, pon la película dijo mi hermana,
No sé si era ya el efecto del monte, pero al verlas a las dos
tan juntas, casi idénticas, ataviadas en sus batas de seda sobre la cama, pensé
que era una imagen de lo mas insinuante.
Carolina accionó el control remoto para dar inicio a la
película que veríamos, en las cincuentas pulgadas del plasma comenzó a aparecer
"Las Edades de Lulú", una historia en torno a una singular relación y al
aprendizaje erótico de una adolescente española.
Al mas mínimo movimiento de mi cuerpo, sentía deslizar el
satén sobre mi cuerpo, la sensibilidad corporal parecía haberse multiplicado
como efecto de la chupada, las imágenes de la película, algunas cargadas de
sensualidad, otras muy fuertes para lo que estaba acostumbrado a ver, me
impactaban.
Absorto a lo que veía en la pantalla, casi ni escuché un
cuchicheo de mi hermana al oído de Carolina.
-¡Huy! Se le salio el rabito!!!!!!. Dijo Carolina, y la
carcajada de ambas chavas fue sonora cuando contemplaron por un lado del
pantaloncillo a la cabeza de mi ahora muy despierto miembro comenzando a
aparecer.
-Habrá que hacer algo Carola, ¿Le buscamos una de tus bragas
para que se controle?. Miré a mi hermana estupefacto por la sugerencia que
acababa de hacer.
La risa de las chicas desestimuló rápidamente a mi miembro
viril, qué de nuevo buscó resguardo dentro del pantaloncillo de satén.
-No creo que haga falta, mira que ya el solito se escondió,
respondió Carolina a la sugerencia de mi hermana. En cualquier caso, tal vez mas
tarde me ocupe de "eso", añadió mientras me guiñaba un ojo.
La sentencia de Carolina me revoloteó en la cabeza desde ese
momento, ¿De que forma se iba a "ocupar" Carolina de mi?, Si no hubiera sido por
la "picada de ojo" pensaría que sólo era una broma mas. ¿Qué debía hacer yo?, si
le insinuaba algo tal vez ella lo tomaría a mal y se formaría un lío. Opté por
esperar a pesar de que la inquietud ya no me dejó concentrarme demasiado en la
película.
Al terminar la película. Volví mi vista al lado y observé a
mi hermana y Carolina ya dormidas, estaban abrazadas y con una expresión de
felicidad en su rostro.
-Ni modo. Pensé. Toda mi fantasía había sido sólo eso una
ilusión, un deseo de que pasara algo que no iba a pasar. Me volví de lado
disponiéndome a dormir, no tardó mucho tiempo en llegar el sopor, dormí, soñaba
con las chicas a mi lado, acariciándose y besándose mientras yo desde un sitio
indeterminado las observaba curioso, ambas risueñas, traviesas y despreocupadas
como si de un juego se tratara. Vino a mi sueño de una forma vívida, casi real
la sensación del satén sobre mi cuerpo, recordé de nuevo la mano de Carolina
tocando mi pene, acariciando mis testículos, recorriendo mis glúteos. Esta
sensación se hizo mas y mas real, aparecía como tratando de salir de la bruma
del sueño.
Sin saber exactamente cuando comprendí que en ese momento no
estaba dormido, Carolina acariciaba mis nalgas introduciendo su mano por debajo
del pantaloncillo. –No digas ni una sola palabra.- Susurró a mi oido. ya su otra
mano se encargaba de mi pene, comenzó acariciando mis testículos para luego
recorrer con sus dedos toda la extensión del tronco de mi polla, al llegar al
extremo tomó mi prepucio con su índice y pulgar y lo deslizó lentamente hacia
abajo, lo retuvo por un momento en esa posición para luego soltarlo
permitiéndole el retorno. Suavemente todos sus dedos rodearon mi pene, comenzó
la lenta y suave marcha, arriba y abajo, poco a poco, lentamente sus manos
masturbaban mi pene. –Se lo que te gusta, y soy una chica que siempre cumple lo
que dice- Me dijo de nuevo en susurros. Su otra mano continuaba acariciando mi
nalgas ahora con mas fuerza, contrastaba la energía que Carolina destinaba a mi
parte posterior con la delicadeza y suavidad con que trataba mi órgano genital.
Sentía que explotaba, toda la ansiedad contenida parecía
drenarse en un instante, estaba en la cama absolutamente entregado a los deseos
de Carolina, en ese momento sentía que le pertenecía. Como si supiera
exactamente el momento de mi explosión Carolina acercó su mano a mi glande para
con su mano recoger todo mi semen, justo en el momento de la eyaculación, otra
sensación se hizo presente, uno de sus dedos se hundió en las profundidades de
mi ano, mientras mi polla expulsaba toda su carga el dedo de Carolina travieso
hurgaba las profundidades de mi cuerpo.
-Así, así, muy bien, dámelo todo, que divino eres, como te
gusta, lo sabia. – Decía a mi oido mientras yo ya estaba entregado al placer que
me producía. Acercó uno de sus dedos a mi boca, deposito con el sobre mis labios
una gota de mi propio semen, en un movimiento casi instintivo, involuntario, mi
lengua salio a testear el sabor de la sustancia depositada. Sin dar mucho tiempo
a mi conciencia para recobrar el dominio de mis actos, Carolina introdujo un
dedo lleno de semen en mi boca. –Chúpalo, Déjamelo limpiecito.
¿Te gustó? Sé que sí, y eso que apenas estamos empezando. Me
dijó mientras se dió la vuelta para dormir.
Continuará……