Paula.
Pau, así decía que le gustaba su nombre.
Pau se perdió en la despedida de soltera de una amiga.
Pau es una chica de 26 años, de 1.72, morena de pelo liso y
de cuerpo casi perfecto. Tiene esas caras que llaman la atención de lo bonita
que es. Y un carácter muy fuerte.
Pau tomó el camino "extraño" de la vida cuando descubrió a
Carlos. Carlos era un chico negro, un stripper gigoló que se folló a Pau en la
ya famosa despedida de soltera.
El hecho de enamorarse de Carlos supongo que influiría en el
hecho de que se fuera a vivir con el. El hecho de que a Pau le gustara el sexo
también influiría en su decisión.
Pero Pau tenía un problema que no podía ver: Carlos era un
hombre peligroso, un egoísta que solo le movía el dinero y el vicio. Las amigas
de Pau se lo habían avisado. Le dijeron que se lo pensara mientras ella hacía la
maleta y salía por la puerta del piso que compartía con Sara.
Pero Pau no hizo caso… y Pau se perdió.
La primera semana de convivencia, Carlos trató a su nueva
novia con cariño y respeto, la invitó a cenar, la llevaba de paseo, hacían el
amor todas las noches… en otras palabras la conquistó.
La segunda semana Carlos le dijo a Pau que tenía una fiesta
en una discoteca conocida de la ciudad y que tendría que baliar para un grupo de
turistas. Pau aceptó y le dijo que si podía acompañarle. Carlos le dijo que sí
pero que no se molestara si surgía sexo con alguien.
Pau aceptó sabiendo cual era el trabajo de su novio.
Esa noche Carlos le eligió la ropa a Pau. Le saco un vestido
de tubo blanco, muy apretado, con la espalda al aire y muy muy corto.
La discoteca estaba abarrotada y la música salía de todas
partes, atronadora. Carlos saludó efusivamente al que parecía el encargado y
señalando a Pau los dos cruzaron una mirada de complicidad.
El chico acompañó a Carlos a un reservado y tras un par de
minutos el chico volvió y se acerco a Pau.
Hola preciosa, me dice Carlos que si quieres ver el
espectáculo que vengas conmigo –
Pau aceptó confiada, valiente.
Caminaron los dos hacía una parte más oscura del local y
acabaron en un pasillo estrecho con un gran cristal que daba a una sala. En la
sala había una mesa alargada con gente alrededor. Tenían pinta de turistas no
eran jóvenes, entre 40 y 50 años, hombres y mujeres bebían en torno a la mesa.
Carlos y una rubia platino bailaban semi desnudos encima de la mesa. El llevaba
un tanga blanco, ella otro negro y un pequeño sujetador.
Pau sintió una punzada en su estómago. Una mezcla de celos y
excitación.
Carlos es un fiera haciendo su trabajo, tienes suerte
de estar con el – Le dijo el encargado a Pau en el oído.
Pau solo pudo girar el cuello y asentir medio sonriendo.
La gente de la mesa se divertía, no paraba de beber y jaleaba
a la pareja. Carlos quitaba el sujetador a la rubia y dejaba sus dos grandes y
sospechosamente antigravitatorios pechos de su compañera. Carlos comenzó a
sobarlos desde detrás, ella subía sus brazos y se contoneaba de placer. La gente
comenzaba a arremolinarse en torno a ellos. Las mujeres intentaban tocar al
chico negro y los hombres intentaban hacer lo mismo con la chica.
Pau sintió el aliento del otro chico muy cerca de su nuca.
Curiosamente la excitación estaba ganando terreno a los celos y Pau sentía
hormigas en su estómago.
Carlos tiene suerte de estar con una chica tan
preciosa y caliente como tu – Le dijo a Pau rozando sus labios con su
oreja
¿Te ha dicho que soy caliente? – Le respondió Pau
ruborizada mientras la rubia del otro lado del espejo comenzaba a
bajarle el tanga a su novio.
Me ha dicho que follas como los ángeles – Le dijo el
chico mientras le acariciaba su espalda.
Pau no sabía que hacer, tenia ganas de entrar en la sala y
arrancarle el pelo a la puta que estaba desnudando a su novio, pero también
sentía la necesidad de entrar en la misma sala y chuparle la negra polla a su
chico.
Pero la que se le adelantó fue la pequeña rubia. Una vez que
Carlos estaba desnudo y con los brazos de la gente subiendo por ambas piernas,
la chica se hizo un hueco y colocándose entre las piernas de Carlos se llevo su
ya bastante grande miembro a la boca.
Pau no pudo más y viendo como la negra carne desaparecía en
la blanca piel de la chica, inclinó su culo hacía su acompañante en un acto tan
automático como sexual. El chico la tomo con la mano izquierda por su cintura y
con la derecha buscó rápidamente su entrepierna, ya muy húmeda.
Pau apoyó sus dos manos en el cristal que separaba las dos
salas y abrió más las piernas. El chico, con una sola mano, bajo su tanga y
comenzó a masturbarla con su mano derecha, mientras con la izquierda buscaba uno
de sus bonitos pechos.
La rubia estaba arrodillada frente a Carlos chupando
lentamente la ya gran y ancha polla de Carlos, mientras tres o cuatro manos
furtivas acariciaban su culo. Las piernas, el culo y los huevos de Carlos eran
sobadas por prácticamente todas las mujeres de la sala.
Pau ni siquiera parpadeaba, mientras los dedos de su
acompañante la masturbaban con mucha precisión, ella miraba a su novio. Ahora el
mástil de Carlos había sido separado de los labios de la rubia y su polla pasaba
de boca en boca de las mujeres de la sala. El, sudoroso, solo trataba de que
hubiera un orden pero seis o siete bocas sedientas de carne negra eran
imposibles de controlar. Su compañera, pequeñita y rubia, solo pudo tumbarse
boca arriba y dejar que los hombres la lamieran, sobaran, masturbaran e hicieran
con ella lo que quisieran.
Pau se corría una y otra vez, los expertos dedos de su amante
no paraban de introducirse en su mojadísimo coño y a continuación le masajeaban
su clítorix hasta hacerla doblar sus rodillas de placer. Ella no perdía vista de
la orgía que le ofrecía su novio y su menuda acompañante.
La polla de Carlos iba de boca en boca, las señoras apuraban
las chupadas de su chico mientras a la pequeña acompañante la habían puesto
sobre la mesa boca abajo, con las piernas colgando y su pecho contra la caliente
madera. Los hombres comenzaron a turnarse mientras follaban su coño, uno tras
otro, casi empujándose para metérsela.
Pau notó que el chico le levantaba la falda hasta la cintura,
con el tanga en los tobillos totalmente estirado debido a su abertura de
piernas, se dejaba hacer mientras veía la polla de su novio desaparecer en las
bocas de esas mujeres. El chico sacó su polla y buscó con sus manos los labios
de Pau para abrírselos, una vez abiertos, meter su polla fue algo muy fácil
debido a la humedad que impregnaba todo el coño de Pau. Está se dejaba hacer,
gimiendo y respirando con fuerza
Dios, que buena estás – Le susurró al oído
Métemela… – Pudo decir Pau
Apoyó su cabeza contra el espejo que les separaba de la otra
sala. Y así el chico comenzó a follarla fuertemente.
Carlos tuvo que separar a las mujeres de su polla y logró
ponerse detrás de la rubia, con un elegante gesto apartó a los hombres que la
estaban taladrando y fue el él que empezó a follarla, con dureza, sacándole
pequeños gritos de placer cada vez que la empujaba hacia dentro.
Pau se corría de nuevo, justo cuando notaba el calor del
semen de su follador en su coño. El chico la tomaba por su morena melena y
tiraba de ella. La mezcla de placer y dolor era demasiado. El chico se estaba
corriendo salvajemente, mientras Pau gritaba en un jadeo semi ahogado.
La rubia comenzó a temblar mientras Carlos seguía
follándosela salvajemente. La menuda acompañante tenía agarradas con sus dos
manos sendas pollas, no las masturbaba, simplemente las tenía sujetas.
Carlos sacó su polla del chorreante coño de su compañera y
ella, como una actriz porno acercó su cara a la polla mientras el se masturbaba.
Con un gran jolgorio del público, Carlos comenzó a correrse y la pequeña rubia
abría la boca para recibir los chorros de leche caliente del negro, que tragó
con avidez.
Pau miraba la escena, entre suspiros de post-placer, mientras
el chico sacaba la polla de entre sus piernas.
Eres una fierecilla, vas a llegar lejos – Le dijo
mientras se limpiaba la polla con un pañuelo y se volvía a subir sus
pantalones.
Con el mismo pañuelo, limpio su propio semen de las
entrepiernas de Pau, mientras ella, absorta, miraba como algunas mujeres
limpiaban la polla de su novio. El chico le subió el tanga y le devolvió el
ajustado y corto traje como pudo a su posición natural, dejándolo ligeramente
elevado a la altura del culo y quedando este asomando por debajo del vestido.
La tomó de la mano y los dos salieron del oscuro pasillo.
Ella parecía cansada, una mezcla de shock y post-orgasmo.
Carlos apareció de la mano de la rubia, riendo los dos. Vio a
Pau y sin soltar la mano de su compañera, se inclinó y beso en los labios a Pau.
Ya he acabado, nos vamos a casa – Dijo Carlos con un
tono que parecía más una orden que un aviso.
Que guapa es, Carlos – Dijo la rubia mirando a Pau
Y va a ser una buena compañera, ya verás – Sentenció
el chico.
Los tres se encaminaron hacía el pequeño despacho que tenía
el en cargado. Allí este dio a Carlos y a la rubita un sobre y se despidió con
un "Cuida bien a ese chochito, Carlos, es una mina"
Todos se rieron menos, Pau.
Los tres salieron y tomaron un taxi. A mitad de trayecto, Pau
vio como la rubia tenía apoyada la mano en la pierna de Carlos, muy cerca de su
paquete, esta volvió a la vida y colocó la suya en la otra pierna a la misma
altura.
Carlos la miró y sonrió. La rubia vio el movimiento de Pau y
sin pensárselo tomó su mano y la colocó encima del paquete de su novio.
No te celes tontita, esta noche será tuyo – Dijo en
voz baja la rubia
Pau se mordió el labio inferior y asegurándose de que el
taxista estaba pendiente de la carretera, abrió el pantalón y sacó su polla.
Siempre mirando hacia el conductor, comenzó a masturbar a su novio. La rubia no
quitaba ojo de la maniobra y abriendo sus piernas comenzaba a pasar su mano por
ellas.
Carlos reclinó la cabeza hacía atrás y empezó a disfrutar de
una excelente paja. La pequeña rubia introdujo sus dedos por debajo de su tanga
y comenzó a masturbarse. En una parada en un semáforo, Pau miró al taxista y
comprobó que los estaba observando, ya no le importaba.
Carlos se corrió justo cuando el coche de atrás pitaba al
taxista para que se moviera. La rubia se sacó los dedos de su coño y se los
limpió ella misma con su lengua.
Vamos a casa – Dijo Pau al taxista.
Pau se había perdido.
Esto no es el final, es solo el principio.