Cuando me encaré con Paula estaba un poco asustado. "Tenemos
que hablar", dijo ella. Y pasamos a nuestra habitación, nuestros compañeros
estaban en el comedor, yo temía una reprimenda por lo del día anterior, seguro
que ella pediría explicaciones… Pero ella no quiso casi ni hablar de eso. Por
supuesto me preguntó que pasó, a qué hora llegué a casa… pero todo se arregló
con solo comentar una gran fiesta, borrachera y cierre de after hours.
Ella no cuestionó nada, solo se quejó un poco, pero nada más. En ningún momento
pareció dudar, ni siquiera pensar remotamente en la posibilidad que me fuera con
otra. Eso era objetivamente bueno, me quitaba problemas, pero en lo más profundo
de mí me sentía un poco dolido… ¿tan segura está de nosotros? ¿tan incapaz me ve
de irme con otra? ¿tan mosquita muerta le parezco? Y… si no era eso lo que
quería decirme, tan importante, ¿qué era eso tan importante que quería decirme?
Estaba expectante. Ella, dubitativa, por fin habló.
No te lo había contado aún… Pero debes saber, pues
somos una pareja y tenemos un proyecto de vida común, y tenemos que
contarnos las cosas, los problemas…
Sí, por supuesto… No te apures, dime… -me empezaba a
asustar, con tantos rodeos, y quería las cosas claras cuanto antes.
Hace un par de semanas tuve visita aquí, en casa… Tú
no estabas… Era mi hermana, Mónica… ¿Te acuerdas que te comenté una vez
que tenía una hermana?
Sí, me acuerdo.
No tiene buena relación con la familia, pero sí que
ha dado señales de vida de vez en cuando, en realidad cuando necesita
dinero…
Y…
Y apareció aquí, en casa. Parecía que las cosas
estaban cambiando… Hacía unos meses que nos escribíamos, ¿sabes? No te
lo conté, a ti ni a nadie. Tampoco a mis padres; no quieren saber nada
de ella. Pero he visto que ha cambiado, todo este tiempo, tan sola…
Creía que se había fugado con un tío…
Sí, hace muchísimos años de eso, ella aún era
adolescente. Se fue con un tipo mayor. Pero no sé hasta cuando
estuvieron juntos… ¿meses? ¿años? Ha vivido mucho, mi hermana. Mil
experiencias en mil partes con miles de personas. Cuando me empezó a
escribir, ahora, la última vez… hace, qué sé yo, siete u ocho meses… me
escribía desde Londres. Hace unas semanas ha vuelto a Barcelona. No sé
qué hace, ni donde vive. Pero un día vino aquí… Yo no la veía desde que
tenía quince años, ¿sabes? Me gustó recuperarla, quizás… qué sé yo, me
gusta pensar que ha cambiado, que puede rehacer su vida, aquí, en
Barcelona, que la puedo ayudar… que podemos ser amigas, recuperar el
tiempo perdido…
Paula parecía afectada, empezó a llorar. Yo la abracé, la
acaricié, besé sus lágrimas que caían por su rostro. Al fin acabó todo, el drama
y las explicaciones. Su hermana había vuelto y quería dinero, así de llano y
claro. Y ella ya había empezado a darle dinero…, y seguía necesitando más… Mala
cosa, pues nosotros mismos tampoco teníamos dinero, y yo tenía a mis espaldas la
loca noche anterior con todos esos gastos disparatados. A Paula la había
engañado, pero a mi esa Mónica no me daba buenas vibraciones; hasta conocerla,
saber donde vive y qué hace, no movería ni un dedo por ella.
Dos días después encontré en el buzón un sobre para mí entre
otras cartas y propaganda. El sobre no llevaba remitente. Lo abrí, y solo
encontré un disco dentro; nada más, ni una nota, nada… Eso era raro,
inquietante. Así que lo puse en mi PC, a ver qué era aquello… ¡y menuda sorpresa
la mía! Eran imágenes del día que me encontré con Ana, varios fragmentos con
ella, charlando, riendo, cenando, follando en el parque… ¡Qué barbaridad! Estaba
asustado, intranquilo… ¿Qué era aquello? ¿Qué loco psicópata me iba siguiendo y
filmando? Y… ¡¿para qué?! ¡Ni siquiera había una nota…! Por suerte había
recogido yo el correo…
Pasaron unos días. Yo estaba muy intranquilo, no sabía qué
hacer con esa cuestión. El disco, por supuesto, lo había roto y tirado. Y el
correo, ahora, lo miraba yo en todo momento. Mientras, me hice con otro móvil, y
seguía pensando, cada día más angustiado, de donde sacar el dinero suficiente
para sufragar los excesos del otro día. Y llegó un nuevo sobre misterioso, y
esta vez llevaba una nota. "Eso era solo una muestra de lo que hay. También
sería interesante ver lo de la discoteca o las putas, ¿no te parece? Seguro que
a Paula le encantara verlo…". Bueno, la cosa no me gustaba nada, pero por lo
menos ya veía un poco por donde iba el asunto. Alguien me estaba acosando para
chantajearme. Pero… ¿qué querían en realidad? La nota no decía más…
Al día siguiente recibí otra nota. "Hola, soy tu Ama. Si
quieres eres obediente esas imágenes se borraran para siempre y Paula no se
enterará jamás. Te espero mañana a las 22h entre el Camp Nou y el Mini Estadi."
Esta nota no me dejo del todo tranquilo, todo eso no me gustaba nada y no sabía
qué hacer. No quería que Paula viese todo aquello… aunque, me daba miedo meterme
en ese lío, a saber con qué gente… Estuve el resto del día y de la noche dando
vueltas, intranquilo. Al día siguiente por la mañana me encontré una nota, esta
vez aún más breve. "Mira en ese link a partir de las 21h". El día se hizo largo,
larguísimo, yo seguía dudando sobre qué hacer. Me tomé unas pastillas, para
tranquilizarme. Eran los 21h, ya solo quedaba una hora para decidir qué hacía y
presentarme en ese lugar, en caso de ir. Entré en Internet, en el link que me
indicaba la nota. Y ahí estaba, de nuevo… las imágenes de… bueno, ya sabéis… yo,
la otra noche, con Ana… Y lo malo, que esta vez estaba colgado en Internet para
que pudiera verlo todo el mundo… Yo estaba nerviosísimo, no sabía qué hacer,
empecé a temblar, eso iba a ser un ataque de ansiedad… Y sonó mi móvil, número
no identificado.
Hola, soy tu Ama. Supongo que estás viendo eso, ¿no?
Yo no decía nada, estaba mudo, con un nudo en la garganta que
casi me ahogaba.
Espero que te guste, la verdad que apareces muy bien…
Y ya verás cuando cuelgue la segunda parte, ahí en las ramblas con las
putas, follando bajo los andamios y por los rincones… Seguro que a Paula
le gusta ver lo macho que es su novio, que aún después de meterle los
cuernos con una amiga, sigue insatisfecho y se va a las ramblas a follar
con putas baratas de la calle… Jajaja…
Yo seguía sin decir nada, presa del pánico, me sentía
mareado, impotente… Sin duda tenía que zanjar ese tema.
¿Qué pasa, cariño? ¿Te ha comido la lengua el gato?
Jajaja… Bueno, espero que estas imágenes te hayan ayudado a decidir qué
haces esta noche… Recuerda, a las 22h frente al Camp Nou.
Y colgó. Y… miré al reloj, y salí de casa; no quería llegar
tarde.
A las 22h en punto ya estaba yo en el lugar indicado,
tiritando, nervioso, miedoso. Solo llevaba lo puesto, y a mi alrededor estaba
lleno de putas y chulos, transexuales y coches dando vueltas por esas calles.
Estaba convencido que el lugar escogido no era casual, me querían tener allí
plantado en la calle, como una puta entre las putas. Era un lugar incómodo para
esperar… La puta más cercana me miraba mal, y yo me moría de ganas de irme de
allí. Entonces sonó el móvil. Número oculto; sería ella, otra vez. Descuelgo.
Nadie dice nada, pero sé que hay alguien al otro lado, puedo sentir la
respiración…
- ¿Sí?
- ¿Sí qué?
- ¿Perdón…?
- Jodido imbécil… ¡vas a tener mucho que aprender…!
- ….
- ¿Se te ha comido la lengua el gato?
- No.
- No, ¿qué?
- No se me ha comido la lengua el gato…
- Realmente… ¡vas a tener mucho que aprender! Pero ya… ya te
enseñaré yo… ¿Llevas dinero?
- Un poco.
- Acércate a la puta esa y dale todo el dinero que llevas
encima, cabrón putero. ¡Ya!
Yo me acerqué a la puta y le di todo el dinero que llevaba, y
ella pareció como reconocer el gesto. Mientras, yo pensaba en donde estaría esa
persona que me llamaba, si estaba por ahí… Sabía lo de la puta esa, ahí al lado,
pero claro, todo el mundo sabe que por aquí está lleno de putas a estas horas.
Bien podría estar por aquí como no estar… De nuevo habló, al teléfono.
Ponte las manos en la espalda y pórtate bien con esta
señorita.
La señorita en cuestión era la puta, por lo visto se conocían
o algo tendrían entre manos. Entonces sentí algo frío en las muñecas, algo que
se cerraba y apretaba en mis muñecas… unas esposas. La puta me había esposado
con las manos en la espalda, y bien fuerte que me esposó, que ni siquiera me
debió llegar la sangre a las manos y las muñecas me dolían muchísimo, marcadas
las esposas en mi piel. Entonces, algo cayó sobre mis ojos, una venda negra que
me cegaba por completo, y la estrechó fuertemente en mi nuca. Entonces llegó un
coche, y la puta me acercó y me ayudó a entrar, me sentó y me puso el cinturón.
Yo estaba muy incómodo, con las manos atrás. El coche arrancó y sentí como nos
movíamos; por la forma de conducir entendí que seguíamos en la ciudad. Porque yo
notaba cuando parábamos, eso es, los semáforos; era entonces cuando ella se
centraba en mí mientras esperaba el verde. Un tirón de pezón, un apretón de
huevos… cosas así. No me dijo nada en todo el trayecto, ni yo tampoco fui capaz
de decir media palabra. Yo callaba por miedo; ella, seguramente, para añadir
tensión a la situación. Condució unos veinte minutos, quizás menos; yo no tenía
mucha noción del tiempo ni del espacio, y no sabía si habíamos estado dando
vueltas o hacia donde habíamos ido. El coche se detuvo y ella bajó, me ayudó a
salir y andamos unos pocos pasos hasta un ascensor; subimos, no sé cuantos
pisos, y por fin entramos en algún lugar, escuché la puerta al abrirse. Parecía
un piso, y dentro de la ciudad o al menos del conurbano, y eso ya era algo; por
lo menos no estaba en un lugar apartado. Pero… quizás este pensamiento mío pasó
ese instante por el de esa que se hacía nominar mi Ama, pues de repente noté
como me ponían una cosa alrededor de la cabeza, me abrían la boca y me
ensartaban una especie de bola de goma enorme en la boca, y ataban fuertemente
esa mordaza en mi nuca. Ahora no podía ni hablar, tenía la boca comprometida.
Caminamos unos pasos, por lo que entendí sería un apartamento, hasta llegar a un
lugar donde me sentaron. No sé si estaba ella sola o había alguien más, quizás
varios más.
¿Quieres jugar a los interrogatorios? Tu serás el
putero malo y yo la cruel capitana de policía sin escrúpulos que solo
quiere hacerte hablar, por el método que sea… Jajaja…
Mientras esto decía, me ató fuertemente a la silla,
inmovilizándome completamente. Luego noté una luz muy fuerte sobre mi rostro, y
a mi espalda, ella me desató la venda de los ojos. De repente, seguí ciego, esta
vez inundado de una potente luz blanca o amarillenta que lo invadía todo. Era un
foco a pocos palmos de mi cara. Me llenaba todo de luz y seguía sin ver nada,
solo esa luz y nada más, solo pude deducir un poco la forma de la estancia. Si
había alguien por ahí estaría detrás de mí… pero nadie decía nada, no se
escuchaba nada, no pasaba nada… solo esa luz inmensa sobre mi cara, sobre mis
ojos. Hasta que noté un manotazo en mi cabeza, que venía de atrás. Sí, estaban
ahí atrás…
¿Qué tal putero, como estás? ¿Estás cómodo? ¿Todo
bien?
Por supuesto eran preguntas irónicas, parte de la tortura, de
la humillación.
Mira imbécil, a partir de hoy yo soy tu Ama, así que
deberás portarte como te corresponde, ser muy obediente y servicial
conmigo, y sobretodo sobretodo… decirme Ama cada vez que te dirijas a
mí, ¿lo has entendido capullo?
Yo estaba anonadado, mareado, confuso… no sabía qué decir y
no podía ni pensar. ¡Y no podía contestar aunque quisiera, con la mordaza!
Aunque a ella eso no pareció importarle pues me propinó un buen manotazo en la
cabeza.
Qué pasa imbécil, ¿no puedes responder? ¿No te han
enseñado nunca que moviendo la cabeza puedes decir sí y no?
Yo decidí responder afirmativamente, moviendo la cabeza, y
ella soltó una carcajada. Por lo que podía escuchar solo estaba ella. Escuché
una puerta a mi espalda y creo que ella se fue, dejándome ahí solo; no se
escuchaba nada. Enfrente, aquella luz me seguía cegando, abatiendo…; no era solo
la luz, también el calor intenso… No sé cuanto tiempo pasó hasta que escuché la
puerta de nuevo. Se acercó, y me pasó la mano por la cara tiernamente, y luego
acercó un pañuelo para secarme la cara sudada. Era un pañuelo húmedo, lo pasó
por toda mi cara y por mi nariz… tenía un olor raro…
Cuando desperté mi situación no había mejorado mucho. Estaba
aún mareado por todo, el calor, la luz, ese pañuelo… sería cloroformo,
seguramente… Poco a poco empecé a sentir mi cuerpo, y me di cuenta de mi
posición. Estaba atado por ambas muñecas y ambos tobillos a una cruz en forma de
x; con el tiempo supe que la llamaban Cruz de San Andrés, pero yo por aquél
entonces no sabía nada de estas cosas… En cualquier caso estaba ahí atado, y
bien atado, de cara a la pared y dando pues la espalda a toda la sala. Me
pareció que no había nadie en la estancia, no escuchaba nada, y no podía mover
ni un músculo ni gritar, pues seguía con la mordaza en la boca. Solo tenía los
ojos libres, aunque solo podía ver la pared banca a un palmo de mí; me pareció
estar desnudo.
Un rato después se escuchó la puerta y alguien que entraba,
sin duda la mujer. Escuché bien el resonar de sus tacones en la sala, hasta
llegar justo a mi espalda. Entonces, el silencio; un silencio tenso, un silencio
que se alargaba… mucho, demasiado, innecesariamente… y de golpe, zasssssss……. Un
fuerte latigazo cayó sobre mi espalda y un grito de dolor murió en esa mordaza
en mi boca, todo mi cuerpo se estremeció todo lo que le dejaban las ataduras.
Ella rió, una larga y sádica carcajada, y añadió esa frase suya, "Vas a tener
mucho que aprender…". Y otro latigazo sobre mi espalda, y otro y otro y aún
otro, perdí el conocimiento y la cuenta. Cuando volví a estar consciente sentía
un gran escozor en toda la espalda. Pero ahora de nuevo caían los golpes sobre
mí; azotes ahora con una vara, sobre mi culo, que sin duda estaba rojo y (eso sí
podía apreciarlo yo) estaba ardiendo.
- Bueno, vamos a hablar de una vez, ¿qué te parece?
Ni siquiera lo pensé, quería acabar cuanto antes y hablar
sería siempre mejor que los azotes, así que afirmé con la cabeza, lo cual por lo
visto le causó gracia, pues se puso a reír. A mí, la verdad, todo eso no me
hacía ninguna gracia.
Por cierto, tienes el culo rojo como un tomate... ¿Te
gusta tener el culo rojo?
Sin duda era una pregunta con trampa, yo no sabía qué debía
contestar… y un golpe de vara cayó sobre mi culo con fuerza. Me estremecí de
dolor, seguía dándole vueltas… cayó otro azote, más fuerte aún… y por alguna
razón extraña, incliné mi cabeza afirmando, una y otra vez, sí, sí, sí… Y ella
se moría de la risa. Y me dio de nuevo en el culo con la vara:
Así pues, te voy a seguir azotando el culete, si lo
que quieres es tenerlo bien rojo… -y me azotaba de nuevo-. Porque tú lo
que quieres es tener el culito muy rojo, ¿verdad?
Y yo viendo que si seguía así me destrozaría el culo, negué
con la cabeza, no, no, no… No quería más azotes en el culo, no quería el culo
rojo y ardiendo… Pero de nuevo cayeron los azotes en mi culo.
- Ah, ¿no? ¿Así que ahora no te gusta tener el culito rojo?
Pues es un problema, chico, porque a mí me gusta mucho ver tu culito bien rojo y
calentito, ¿sabes? -Y de nuevo seguía azotando-. Y… aquí mis caprichos… son la
ley, ¿sabes?
Seguían los azotes, hasta que yo hacía que sí con la cabeza,
que sí, que quería el culito rojo. Pero entonces, ella me azotaba para ponerme
el culo rojo, claro, hasta que de nuevo preguntando yo negaba que quisiera tener
el culo rojo, y ella me azotaba de nuevo indignada. Y así largo rato, con mi
culo destrozado. Hasta quedar yo inconsciente de tal paliza o del cansancio, o
de alguna substancia.
Cuando desperté estaba en el suelo medio tumbado, atado por
las muñecas al suelo, con una cadena. Esto me imposibilitaba levantarme, y solo
podía quedar sentado en el suelo, tumbado, arrodillado, o a cuatro patas. Miré a
mi alrededor y descubrí una sala vacía, con solo la cruz en un rincón y estas
cadenas. Había al suelo a mi lado una hoja con algo escrito, y empecé a leer.
Eran las condiciones de esa mujer, aspectos de lo que ella decía ser mi
educación como sumiso, pues pretendía ser mi Ama. Leí punto por punto, no
eran muchos, y en un rato se entreabrió la puerta y dejaron un platico en el
suelo. Era un plato de perro y la comida era también de perro. Me negué a comer
eso, y en un rato me dormí. El tiempo pasaba, yo dormía casi todo el rato.
También leí y releí aquél texto demencial de "normas de buena conducta". El
hambre me mataba. Yo había perdido ya la noción del tiempo y es seguro que
pasaron unos días por lo menos. Y al final, claro, acabé por tragar, y nunca
mejor dicho. Me acerqué al plato del perro a comer, y me di cuenta que teniendo
las manos atadas al suelo como las tenía, no podría servirme de ellas para
comer, de forma que aparte de comer comida de perro en un plato de perro,
tendría que comer también como un perro. Pero el problema era que la mordaza me
impedía, así que empecé a gritar a esa mujer para que viniera a desatarme la
mordaza, aunque el ruido con la mordaza más bien parecían gruñidos. Por suerte
me escuchó y abrió la puerta y tiró un trapo en mi cara. Estaba empapado de
cloroformo. Cuando desperté ya no llevaba la mordaza y me tiré al plato, el
hambre me ayudó a devorar más que comer aquella comida, como un perro, sí… ¡¿y
qué?!
Después de comer, me dormí de nuevo. Al parecer también en la
comida ponía algún narcótico… Al despertar ya llevaba de nuevo la mordaza. Pasó
un tiempo así, en este juego y en este régimen. Quizás una semana o dos… ya no
tenía ni idea del tiempo. Hasta que un día me desperté con los ojos vendados y
acurrucado al suelo, sin mordaza pero atado de manos al suelo. Ella estaba
frente a mí. "¡De rodillas!", me gritó. Y yo, instintivamente, me puse de
rodillas frente a ella, sintiendo su cuerpo muy cerca de mí.
¿Me quieres preguntar algo, cerdo?
Sí, Ama, si usted me lo permite –así le hablé,
consciente ya de la única forma que tenía para abandonar ese lugar y esa
situación.
Tu Ama te da permiso. Habla.
Muy querida Ama mía. Estos días estuve pensando y
reflexionando mucho y he pensado que me gustaría mucho que fuera usted
mi Ama, para ponerme a su servicio y obedecerla en todo lo que mi Ama
desee.
¿Es eso cierto, perro?
Sí, Ama. Totalmente cierto.
¿Es eso lo que más quieres en el mundo?
Sí, Ama. Eso es lo que más deseo en el mundo.
¿Y cuál va a ser el motivo de vivir de mi esclavo, a
partir de ahora?
Servirla a usted, mi Ama. Obedecerla y entregarme a
usted y a quien ordene.
¿Y estás seguro de estar a la altura perro asqueroso?
Quizás no pueda estar nunca a la altura de mi Ama,
que es una diosa, pero intentaré hacerlo lo mejor que pueda, y mejorar
día a día, y me ofrezco para ser castigado siempre que a mi Ama le
parezca oportuno.
¿Y cómo te gustará tener siempre tu culito, esclavo?
Muy rojo y ardiente, mi Ama. Yo mismo me encargaré de
azotarme cuando vea que no está suficientemente rojo ni ardiente. Y por
supuesto mi Ama podrá azotarlo siempre que le apetezca, como castigo o
por puro placer. Mi culo estará siempre disponible para mi Ama.
Bueno, bueno… Está bien, perrito, te tomaré a prueba…
A ver como te portas… anda, besa y lame mis botas perrito.
Y ahí arrodillado acerqué mi hocico hasta que dí con la piel
del cuero de las lujosas botas de mi Ama, de alto tacón según descubrí, besando
y lamiendo sus botas, las botas de mi Ama, mi diosa.