VECINOS -3
El culo de mi vecino es una delicia. El dirá lo que quiera,
pero estoy seguro que se ha metido más de una vez, y de dos, y de tres, ese
famoso consolador. Porque la polla entra suavemente, hasta el punto de que mis
pelotas tocan contra sus nalgas sin apenas esforzarme en empujar. Somos dos
machos en celo, calientes, dispuestos a gozar todo lo que se pueda. Lo he
tumbado sobre el banquillo del vestuario, con las piernas subidas sobre mis
hombros y el culo totalmente a mi disposición. El se está pajeando mientras lo
penetro. Con una de sus manos retuerce su pezón izquierdo. Yo estoy inclinado
hacia él, con mis manos a ambos lados de su rostro. Juntamos nuestras caras y
nos damos un beso prolongado. El sudor de mi cuerpo gotea sobre el suyo. Lo
estoy follando a conciencia. Apoya sus manos en mis caderas para atraerme más
hacia sí. Necesita notarme dentro, muy dentro de él. Pone cara de éxtasis. Casi
envidio el no ser yo el que pone el culo. Arreciamos en la jodienda, porque el
tiempo pasa rápido y pronto vendrán los del siguiente entrenamiento.
Nos hemos corrido como toros. Aprovechando el esperma que
gotea de su polla, Ricardo ha hecho amago de encularme a mí, pero he dado un
respingo de dolor y me he apartado rápidamente.
- ¡Deja, deja! ¡Ya probaremos otro día!
- Vale, como quieras -nos vestimos apresuradamente.
- ¿Sabes que me ha gustado hacerlo contigo? Creo que
ya hemos encontrado la solución a nuestro problema. De ahora en adelante nos
olvidaremos de nuestros hijos. Bueno...tú ya me entiendes.
La tormenta llega puntual otra noche más. Oigo los pasos de
David en el pasillo. Se me encoge el corazón cuando intenta abrir la puerta,
pero no puede.
- ¡Papá! ¡Papá, por favor, ábreme! ...¡Tengo miedo!
- Y yo también hijo-digo tan bajo que seguro no me
oye- yo también. Por eso no te abro.
Sin embargo, tanto los buenos propósitos de Ricardo, como los
míos, muy pronto quedarán en nada.
Mi mujer me ha llamado para avisarme que lo de la
hospitalización de su padre va para largo.
El ambiente en casa está enrarecido. David tiene
continuamente la cara larga, y no me dirige la palabra aunque lo maten. Se ha
tomado muy mal que no quiera tener ningún contacto sexual con él, y me lo
demuestra azotándome con el látigo de su indiferencia. Por otro lado, Ricardo
insiste en que es ahora él quien debe de follarme a mí, pero yo no estoy mucho
por la labor. Me da verdadero pavor que me meta en el culo su verga tan
cabezona. Seguro que me parte por la mitad. Yo necesitaría, para empezar, algo
más llevadero, algo menos...contundente.
Estoy muy caliente, así que decido tragarme mi orgullo, y mi
miedo, y decido ir a casa de mi vecino. He visto salir a su mujer hace rato, así
que tiene que estar solo. Las horas que son, su hijo Marianito estará durmiendo
la siesta.
Toco el timbre. Poco después oigo pasos. Un ojo se aplica a
la mirilla observándome. Ricardo pregunta a través de la puerta:
- ¿Vienes solo?
- ¡Claro!
Se oye ruido de cerrojos y la puerta queda entornada.
- Pasa.
Ricardo queda escondido tras de la puerta. Entro y cierro
tras de mí. Seguramente él irá en pelotas, y no quiere que nadie le vea.
- Ven al dormitorio.
Ricardo pasa delante de mí. Efectivamente, va completamente
desnudo. Sin embargo, colgado de su cuello, empotrado en su verga, está
Marianito. Sus piernas se cruzan tras los riñones de su padre, imprimiendo a su
cuerpo un suave movimiento de sube y baja. Parece un monito. Me mira sobre el
hombro de su padre con sus grandes ojos de largas pestañas. Sonríe de una forma
beatífica, como si estuviese en la gloria.
- Oye -recrimino sin mucha acritud- ¿No habíamos
quedado en que...?
- ¡Tienes razón, tienes razón -se disculpa mi vecino-
pero...¡es que no sabes lo pesado que se pone este crío cuando quiere polla!
- Ya, lo imagino, pero...
Entramos en el dormitorio. Marianito se tira en plancha sobre
la cama, poniéndose rápidamente con la cabeza sobre la almohada, a cuatro patas
y con el culo en pompa.
- Siéntate y mira -me invita Ricardo mientras se
coloca de rodillas tras su retoño.
Obedezco y me coloco sentado en el borde de la cama. Mi
vecino lleva la polla tan dura que se cimbrea delante de él. Ricardo levanta los
brazos y coloca las manos tras la nuca, como si estuviese haciendo un ejercicio
gimnástico. Marianito, sin volverse a mirar, lanza el culo hacia atrás,
intentando cazar entre sus nalgas la punta de la verga paterna. El juego dura
unos minutos, hasta que yo, sin poder contenerme, adelanto una mano, sujeto la
verga de mi vecino y se la encaro al ojete de su hijo. Tengo que forzar un poco
la entrada, puesto que la polla es muy cabezona y no entra a la primera.
Finalmente consigue pasar lo más grueso del glande, y , entonces es cuando el
nene se lanza vigorosamente hacia atrás, ensartándose en el largo espetón de su
padre. Golpean las carnes unas contra las otras. El vientre musculoso del
ex-futbolista chocando contra las nalgas blancas, redondas y suaves de su hijo.
Ricardo, además de buen cuerpo, tiene los músculos de los brazos muy
desarrollados, tal y como corresponde a su trabajo de encofrador en una empresa
dedicada a la construcción. Follan largo rato, hasta que Ricardo, tomando las
piernas de Marianito, las levanta sin dejar de clavársela, formando una especie
de carretilla. Lo eleva en el aire como si fuese un conejo despellejado, y lo
balancea sin dejar de embutirle su pollón hasta lo más hondo. El nene goza tanto
que ríe y solloza a partes iguales.
- ¡No pares, papiiii, no pareeeeeeeessss!
- ¡No, hijo, no! ¡Toma, toma, tomaaaaaaaaaaaaa!
El ver entrando y saliendo tan ricamente la polla de mi
vecino en el ojete filial, hace que me entren ganas de probar. Estoy a punto de
pedirle que me encule a mí también; pero es que ...¡la tiene tan gruesa!.
Finalmente, pienso lo que pienso, tomo una decisión y me levanto.
- ¿Te marchas? - en la voz de Ricardo ya planea el
orgasmo.
- Pues sí. Al verte he recordado que tengo un asunto
por resolver.
- ¿Porqué no os pasáis mañana a comer a mediodía tú y
tu hijo? Mi mujer se ha marchado a la Capital porque quiere ir al ginecólogo con
su madre, y quieren aprovechar el tiempo en comprar ropita para el bebé y cosas
de esas...
- Bien. Yo traeré un pastel de nata, que seguro les
encanta a los críos. Aunque, primero tengo que hacer las paces con mi David,
porque le tengo de mala hostia.
- De acuerdo, chaval, hasta mañana pues.
Les dejo gimiendo sobre la cama. Ando rápidamente hacia mi
casa. Doy una patada a una jeringuilla que hay en mitad de la acera. ¡Este puto
barrio!.
David duerme la siesta. Entro en su habitación sin encender
la luz. Me desnudo rápidamente, excepto la ropa interior. Ahora pienso que hoy
no me la he cambiado todavía. Seguro que llevo en los calzoncillos manchitas de
todos los colores.
Al sentir el peso de mi cuerpo hundiendo la cama, mi hijo
despierta y gruñe.
- ¿Qué quieres ahora? Anoche no te dio la gana...
- Psssssss!. Tienes toda la razón, hijo, pero hoy
quiero resarcirte. Puedes hacerme TODO lo que quieras.
- ¿Cómo dices, papá? ¿TODO lo que yo quiera?
- Eso he dicho nene. Y solo tengo una palabra.
- Pero...¿TODO, TODO, TODOOOO?
- Todo lo que te apetezca y quieras. Yo me dejaré
hacer y no te diré a nada que no.
- Vale -dice con entusiamo- eso lo comprobaré ahora
mismo.
Sus dientes muerden mis labios. Lo hace con rabia, con ganas
de hacerme daño. Incluso noto el sabor de la sangre que brota en algunos puntos.
Luego mete su lengua en lo más profundo de mi garganta, rebusca por mis encías,
por mi paladar...
El mordisco en el pezón me pilla desprevenido.
- ¡Joder, nene! -me quejo.
- ¡Cállate, esclavo!- y se ríe por lo bajo.
Tarda varios minutos en apartar su cara de mi sobaco. No
podía imaginarme las ganas que tenía mi hijo de hacer algo así: oler mi sudor.
Luego sigue bajando sin dejar centímetro de mi piel libre de mordisquitos, de
besos, de caricias con las yemas de los dedos...
Cuando llega a la altura del slip hace un descanso. Primero
se tumba con el rostro sobre mi bajo vientre, olfateando “in situ” el discreto
aroma a pis y esperma que debe exhalar la suave tela. Luego, con los dientes, va
bajando el calzón hasta despojarme de él. Abre un cajón de su mesita de noche, y
guarda su trofeo.
Ahora ya no hay impedimento alguno entre mi polla y su boca.
Me relamo pensando en la mamada que está a punto de hacerme. Y, luego, lo más
seguro, querrá que me lo folle.
Pero estoy equivocado. Lo que hace es arrastrarse sobre mi
cuerpo hasta que se pone a horcajadas sobre mi tórax. Toma mis orejas y me alza
la cabeza hacia él. Son mis labios los que tienen ante sí su miembro totalmente
duro. No tiene, desde luego, la envergadura del mío, para ya promete. Y mucho.
- ¡Chúpamelo bien, putito...esclavo!
Lo hago lo mejor posible. En ciertos momentos tengo metidos
dentro de mi boca hasta sus testículos. Los saca chorreantes de saliva. Luego
vuelve a bajarse hasta estar entre mis muslos.
Pienso que ya ha llegado mi momento. Mi polla se prepara para
ser agasajada por su boca. Pero vuelvo a equivocarme.
David levanta mis muslos y hace que flexione las rodillas
contra mi pecho. El agujero de mi culo queda expuesto. Mi hijo se lanza a
comérmelo con hambre canina. Nadie, en toda mi vida, me ha chupado el ojete de
la forma en que lo está haciendo este chico. Bueno, la verdad es que nunca me ha
chupado el ojete nadie. Y ...¡ufffffffffff! ¡qué gustazo me está dando!
- Te gusta...¿verdad mariconazo?
- ¡Ufffff! ¡Sí, síii, siiiigggueeeeee!
El que mi hijo me insulte, el que esté tratándome como a un
pelele, me está excitando una barbaridad. Ahora uno de sus dedos está
manipulando mi esfinter, y alterna las chupadas a fondo con los jueguecitos y
dedeos.
- Ahora pasaremos a mayores -su voz contiene una
velada amenaza...que todavía hace que me entre más morbo. Incluso noto una
especie de latido en mi ano.
El escupitajo restalla en el silencio de la habitación. Cae
justamente en mi agujero. David restriega la punta de su capullo, embadurnándolo
con su propio salivazo, y luego, con una suavidad que jamás hubiese esperado de
él, comienza a meterme su nabo por el culo.
- ¡Huuyyyyy, hijo, ve con mucho cuidadoooo! -la
verdad es que me quejo por quejarme, puesto que su polla, bastante fina y no
excesivamente larga, es lo que yo necesitaba para que me desvirgasen.
- Tranky, papi, que esta polla ya sabe hasta
matemáticas.
Tendré que creérmelo, porque no me está haciendo nada de daño
este hijo mío. Además, a la vez que me encula ha tomado mi verga con su mano y
me está haciendo una soberana paja. Me siento...extrañamente morboso. Una
sensación sublime. Dominado por mi propio hijo. Haciendo que disfrute de mí y de
mi cuerpo. Y ofreciéndole mi virginidad, que no es moco de pavo.
Los mocos, y no de pavo sino de polla, salen al cabo de un
rato. Fuertes, potentes. Noto el churretón llenándome el intestino. Mi hijo se
corre dentro entre espasmos y gemidos de placer supremo. Saca su verga de
dentro de mí, y la leche sale de mi ano en regueros calientes. Mientras, su mano
no deja de pajearme con ímpetu, hasta que nota que me llega el turno, y ,
acercando su boca hasta mi sexo, traga con ansia toda la lefa que sale de mi
cuerpo agradecido. Levanta la cara hacia mí, exultante de alegría. Por la
comisura de sus labios blanquea parte del esperma que llena su boca. Parece un
niño que acaba de darle un bocado a un pastel de nata.
¡Nata!. Mañana tenemos la comida en casa de los vecinos.
Tengo que comprar una tarta antes de que cierren el super.
Pero eso será más tarde. Porque David, una vez ha conseguido
lo que quería, no quiere dejarme sin ración de su ojete, así que, embadurnándose
el culo con el semen que todavía conserva en su boca, se sienta sobre mi vientre
y maneja mi verga hasta que la tiene bien metida en su interior.
- Y, ahora, papi, jugamos a que yo soy tu esclavo...¿vale?-
y comienza a brincar sobre mi polla.