EL LLAMADO DE LA CARNE
El llamado de la carne, el llamado de la sangre, el llamado
del color.
Diana me había rogado, me había insistido que le encontrara
un amante negro y ahora la veía despojarse de sus ropas en una barata habitación
de hotel frente a una cámara de video y dos hombres de color.
Mi silla era incomoda o mi alma estaba inquieta mientras uno
de ellos ajustaba la lente de la cámara y el otro tomaba a Diana por el cabello
y la arrastraba a la cama.
Los dos hombres, completamente desnudos ya, eran socios,
pornógrafos franceses, fue la única manera de cumplirle la fantasía a Diana,
contratarla como actriz porno debutante, 500 pesos por la audición y una
notoriedad en los submundos del internet, detalles, consecuencias.
Acomodada a gatas sobre el colchón, una manaza con enormes
dedos se metía entre sus piernas, parecía una muñeca que gemía y gesticulaba.
El otro hombre se unió al cuadro, levantó el pelo enmarañado
de Diana para poder restregar su enorme erección en el rostro de ella. Diana
reía como narcotizada. Sentado ahí, observando, no se que me quemaba mas, los
500 pesos en el bolsillo o mi erección.
El negro detrás de ella se dobló sobre su cuerpo, comenzó a
estrujar las tetas de Diana y a mover la verga contra sus nalgas, frotándola
como enajenado. Sabia que Diana ya no volvería a ser la misma al verla ahogar
sus gemidos mientras el negro le metía la verga apenas a medias en su diminuto
cuerpo. Por 500 pesos, una fantasía cumplida y sería además conocida y la
fantasía de miles de calenturientos internautas en todo el mundo.
Mi novia se había vendido, cuerpo y alma, por solo 500 pesos…
y yo era testigo de primera fila.