** Llego a mi casa, beso a Paulina y a mis hijos, siento gran
alivio en estar con ellos y poder jugar un momento. Siento un poco de
incertidumbre en el rostro de mi esposa, que aunque disimula, no puede ocultar
completamente. Ella espera una llamada de Xavier, se siente ansiosa de pasar
nuevamente con él, tal cual lo ha hecho a lo largo de todos estos años. Yo
inmediatamente recuerdo lo sucedido hoy en la tarde en mi casa y siento paz, la
paz que brinda la venganza después de culminada, la paz de haberme vengado de
ella, por todo lo que me ha hecho, por lo que me ha convertido tras todos estos
años.
Amor, acabo de llegar y estamos desembarcando del avión - me
dijo por teléfono Paulina, con el fuerte sonido ambiental provocado en el
aeropuerto - No te preocupes que voy directamente a la casa. Y por cierto,
espero que no hayas echo travesuras solo, ya que tenemos mucho que hacer aún.
Su voz sonaba sinuosa y excitante, en cada palabra demostraba
toda la lujuria que podía generar su dueña, demostraba el alto grado de placer
que podía generar y entregar, en cada entonación, en cada pausa e incluso en
cada silencio podía adivinar toda la alegría que Paulina sentía en ese momento.
Alegría que claro está se debía al hecho que pasó todo el fin de semana junto a
Xavier.
¡Por supuesto que no! - contesté ya en nuestra casa, había
llegado unos minutos antes de mi trabajo, mientras tomaba una copa de licor, que
se me hacía tan necesaria para sofocar al menos un poco la terrible ansiedad que
sentía - ¿Que tal estuvo el vuelo?
Excelente, aunque pasé dormida la mayor parte del viaje- me
dijo mientras escuchaba como mi esposa abordaba a un taxi, podía notar en su voz
alegría e incluso algo de impaciencia por verme, lo que a la vez que me causaba
alegría también me producía angustia debido al motivo por el cual Paulina se
encontraba así - necesitaba un poco de tranquilidad y tiempo para recuperar
fuerzas, ya sabes, por la intensa actividad realizada.
No demores amor - contesté con mi ansiedad completamente
desbordada, aunque tratando de mantener algo de dominio - Te espero, ¡un beso!
Me quedé con el teléfono en la mano unos minutos más, repasé
algunas veces nuestra conversación, mantenía en mi mente cada uno de los
devaneos de la voz de Paulina, podía imaginar incluso su rostro cuando me decía
cada palabra, de pronto una imagen de su hermosa boquita succionando la verga de
Xavier me sacó de un golpe de mi ensimismamiento y me llevó a la realidad, mi
esposa había estado follando todo el fin de semana con Xavier.
Traté de distraerme mirando algo en la TV, pero cada coche
que se acercaba a la casa, me producía un la esperanza de que mi esposa abra la
puerta un minuto después, pero el tiempo pasaba y mi ansiedad aumentaba gota a
gota. Cuando Paulina llegó, yo quería tomarla en mis brazos y llevarla a nuestra
habitación inmediatamente para follarla sin piedad hasta el día siguiente,
quería por un lado que me contara todo con lujo de detalle pero por otro no
quería saber nada de lo sucedido el fin de semana pasado, era una completa
mezcla de contradicciones que me asaltaban y demostraban cuan excitado me
encontraba. Pronto la inquietud que me dominaba se fue apaciguando, pero al
mismo tiempo iba enterándome de las cosas que no quería.
Hola amor - saludó el momento que llegó al departamento, su
rostro se veía completamente radiante, su cuerpo denotaba el maltrato del avión
pero yo lo veía completamente sensual y excitante. - ¿Me extrañaste?
Claro que si - le contesté devolviendo el beso que me había
propinado al entrar - Te extrañé mucho, aunque yo se que tu a mi no, ¿verdad?
En verdad, no mucho - me dijo con una cara de picardía, que
en un segundo me hizo imaginar todas las cosas que seguramente Xavier había
gozado con ella – pero discúlpame mi amor, lo que pasó es que el tiempo se me
pasó volando y no he podido tener ni un momento de tranquilidad.
Espero que toda esa actividad – espeté inmediatamente – te
haya sentado bien.
Por su puesto que si – replicó, moviendo su pelo hacia atrás
mientras estiraba su cuello en muestra de estar recordando- me ha sentado de
maravilla.
Pero vamos, cuéntame ¿como te fue? – le dije ya con mucho
nerviosismo y ansiedad.
Después de desembarcar del avión - comenzó su relato,
mientras nos sentábamos en la sala de nuestra casa y tomábamos una copa de licor
- Xavier estaba esperándome allí mismo, tras saludar nos fuimos directo hacia su
departamento que queda en el centro, pedimos comida, abrimos una botella de vino
y comenzamos a charlar un largo rato de cómo había sido nuestra vida, que
habíamos echo y cosas así.
Entre copa y copa – continúo – fuimos abordando el porque
estaba yo ahí, por lo que comenzó a acercarse más y más hasta que casi sin
darnos cuenta nos comenzamos a besar. Sentir nuevamente esos labios, ese cuerpo,
me hacia sentir en las nubes – me decía con claras muestras de estar recordando
todo lo vivido – mi cuerpo respondía a cada caricia recibida y mis labios
devolvían todos los besos y mordidas mientras mis manos acariciaban todo su
cuerpo, recordando cada punto y cada sensación, realmente extrañaba cada caricia
que nos dimos.
Yo no podía creer que estaba oyendo como mi esposa me contaba
las cosas que estuvo haciendo con Xavier, no entendía como podía sentirme tan
excitado escuchando lo que sentía mi esposa al estar con otro hombre. Mi verga
estaba como un mástil, como un tronco que enfurecido trataba de romper las
ligaduras de mi pantalón. Estaba excitado y al mismo tiempo adolorido, sabía que
Paulina no sentía las mismas cosas conmigo y eso al final me causaba mucho
sufrimiento.
En unos minutos estuvimos desnudos – continuaba con el
relato, sin apenas percatarse de mis pensamientos – no supe ni como nuestra ropa
había desaparecido de entre nuestros cuerpos, cuando salí del letargo que me
producían sus caricias, su cuerpo se acoplaba al mío, mis brazos abiertos como
mis piernas abrazaban a Xavier y lo conducían hacia mi interior. Cuando me
penetró sentí como si un enorme agujero había sido llenado por él, sentía su
dureza y fuerza con cada embestida que me daba. Cambiamos de posición y lugar
durante no se que tiempo, estuvimos en la cama, en el sillón e incluso en el
suelo, hasta que por fin terminamos en un mar de jadeos y gritos.
Fue increíble poder sentir nuevamente la pasión con que
Xavier me folla – me dijo mientras una de sus manos habían ya liberado mi verga
y la masajeaban lentamente mientras continuaba su relato – me hizo sentir en las
nubes. Durante toda la noche estuvimos follando con una o dos horas de descanso.
Al día siguiente Xavier me preparó el desayuno y lo trajo a la cama, así;
mientras yo lo devoraba mis alimentos él hacía lo propio con mi conchita, que
debido a todas las cogidas de la noche anterior se encontraba aún chorreando el
semen de Xavier.
El día la pasamos en la casa follando como conejos -
continuó, tras una pequeña pausa en la cual comenzó a chupar mi verga, que
estaba totalmente lista para estallar- por la noche salimos a bailar a un bar
que frecuentábamos cuando yo vivía en la ciudad, bailamos y tomamos solo un poco
para no marearnos demasiado, ya que la noche prometía mucho igual que la
anterior.
Mientras hablaba, Paulina no dejaba de pajearme lentamente,
midiéndome a cada instante, no quería que me corriese aún, pero pretendía
tenerme al máximo de excitación en forma permanente. Mis manos acariciaban todo
su cuerpo y principalmente su concha, que producto de todas las batallas de
estos últimos días se encontraba completamente húmeda y abierta.
Pese a todos sus intentos, ya mi excitación me estaba
causando desesperación, por lo que no pude contenerme más y estalle en un mar de
lujuria contenida durante esos días. La desnudé casi arrancando su ropa, no
podía sostenerme en pie de la gran excitación que tenía, casi de inmediato
penetré la conchita de mi esposa, la conchita que hasta hace poco estaba llena
con la verga de Xavier, acaricié los muslos y el trasero que Xavier había
acariciado hasta hace unas horas, en fin me deleité con el cuerpo de la mujer
que hasta hace unas horas habían pertenecido nuevamente a Xavier y ante mi
sorpresa el saber todo esto me produjo una sensación de deseo y excitación mas
allá de mis fuerzas. Esa noche no hicimos el amor, únicamente follamos como dos
perros, poco nos hubiera importado estar ante una multitud o solos en algún
cuchitril de mala muerte, lo importante era follar y lo hicimos hasta la locura.
Al siguiente día como teníamos que trabajar, en la mañana
apenas nos dirigimos la palabra y nos dirigimos a nuestros trabajos, pero
Paulina al despedirnos me susurró al oído que aún queda mucho por contar y que
en la noche hablaríamos.
Llegue a casa tras el día de trabajo que me pareció una
eternidad, ya que mi mente y mi deseo se encontraba junto a mi esposa
produciendo que no me concentraba en las cosas que hacía, incluso llegando a
pasar por alto algunas actividades obligatorias. Paulina había llegado antes y
me esperaba con un precioso babydoll rosado, el cual hacía que pareciera una
quinceañera en una pillamada. Al instante mi cuerpo respondió al ver tremendo
espectáculo, traté de abrazarla y cargarla en mis brazos pero ella me lo
impidió.
He pensado en ti todo el día - dije a mi esposa, mientras
lanzaba parte de mi ropa que ese instante ya solo me estorbaba - quiero que me
cuentes todo lo que sucedió entre ustedes.
Ok, pero con una condición - me dijo al tiempo que sobaba su
cuerpo al mío y me ayudaba retirando las pocas prendas que aún cubrían mi
desnudez - me vas a permitir hacerte algo antes de iniciar. ¿Estas de acuerdo?
Depende de que quieras hacerme - dije tan pronto pude escapar
del terrible beso que me había plantado tras hacer su pregunta.
Quiero tenerte solo para mi, - dijo melosa, al tiempo que yo
acariciaba su cola, que francamente me traía loco. - Ven siéntate aquí.
Me hizo sentar en un sillón grande y cómodo y tras quitarme
la camisa me mostró un juego de cuerdas con el cual hábilmente fui atado por mi
esposa y aunque los nudos eran blandos, no podía liberarme de ellos aún si así
lo quisiera. Una vez mis manos estuvieron firmemente sujetas, mi esposa me
despojó de mi última prenda que cubría mi cuerpo, dejándome completamente
desnudo, sentado y atado en el sillón.
¿Estás listo mi amor? - me dijo lujuriosamente, al tiempo que
se contoneaba en frente de mí, tan cerca como para aspirar su aroma y tan lejos
que ni siquiera podía rozar su piel. Mi verga estaba completamente empalmada, e
igual que el día anterior mi ansia por saber que había pasado entre mi esposa y
Xavier comenzaba a nublar mi sano juicio.
Ya era tarde cuando salimos del bar para regresar al
departamento - me dijo tras una pausa leve en la cual aprovechó para
arrodillarse frente a mi entrepierna y comenzar a acariciar mi palpitante verga
- Tan pronto entramos a la habitación nos desnudamos como locos y comenzamos a
besarnos nuevamente.
Me contaba mientras chupaba mi verga suavemente por momentos
y agresivamente por otros, incluso llegando a pegar un liguero mordisco en mi
verga, que en ese momento ya estaba por llevarme a un enorme orgasmo y que mi
esposa hábilmente impidió, dejándome una sensación de dolor y placer enorme.
Xavier me llevó hacia el comedor, - continuó - en el camino
nuestras ropas quedaron en el suelo, cuando llegamos a la mesa principal yo ya
estaba desnuda completamente y únicamente mis tacones cubrían mi cuerpo de la
lujuriosa mirada de Xavier. Al llegar a nuestro destino me acomodó recostada
boca abajo sobre la mesa, comenzando a sujetar mis piernas a las patas de la
mesa y mis brazos a su respaldo, con estas cuerdas, con estas mismas cuerdas que
ahora te aprisionan ahora a ti.
Palabra a palabra, la cadencia del cuerpo de Paulina me
llenaba de éxtasis, la deseaba con toda mi alma y la deseaba incluso mas al
saber todos los detalles de como había estado junto a Xavier. Paulina cumplia
con su parte del trato al contarme todo lo sucedido entre Xavier y ella e
incluso mas puesto que me llenaba de morbo y lujuria con cada palabra de su
relato. Saber lo que habían hecho, como mi esposa se había entregado a otro
hombre, y principalmente los sentimientos y sensaciones que ella había sentido,
me colmaba de placer y ansiedad, con cada palabra que ella pronunciaba, yo
quería mucho más.
Cuando Xavier se dio cuenta que estaba bien atada - continuó
Paulina con su cada vez mas explicita descripción de lo sucedido - comenzó a
hablar a mi oído, a besar mi espalda y mis hombros, a acariciar mis muslos, mis
caderas y mis senos, cada contacto de su piel me provocaba descargas eléctricas
que fluían directamente a mi cabeza. Cuando mi excitación se encontraba a tope,
comenzó a penetrarme lentamente, haciendo que mi cuerpo disfrute de cada
centímetro de su verga en cada empuje que pegaba. Recordaba todas las cosas que
había vivido con él y me excitaba terriblemente al estar viviéndolo nuevamente.
Mientras Paulina iba contándome todo lo sucedido, su boca
pausadamente iba saboreando la punta y la base de mi verga, que excitada hasta
su límite se erguía firme y desafiante al placer que estaba recibiendo. Eso me
obligaba a pensar más aún en la forma en que Xavier se sentía el momento que
estaba con esta bella mujer y me daba cuenta de que a cualquiera de los dos nos
podría llevara a la locura.
Tras un tiempo de estar poseyéndome - dijo Paulina, al tiempo
que aumentaba considerablemente la velocidad con la que me pajeaba y su lengua
se movía mas asiduamente saboreando la cabeza de mi verga - mi cuerpo comenzaba
a recibir un enorme orgasmo, haciendo que mis piernas, mis brazos y mi cuello
comiencen a sufrir notorios espasmos, los que Xavier percató inmediatamente,
sacando inmediatamente su verga de mi conchita, que ansiosa esperaba nuevamente
un embiste de esa rica verga. Pese a mi airado reclamo Xavier se contuvo de
follarme debido a que tenía otros planes en mente y así mi pobre conchita tuvo
que esperar un momento más para poder sentirse llena nuevamente.
Tan pronto como Paulina sentía que mi cuerpo se entregaba
completamente y estaba a punto de estallar, procedía a morder firmemente mi
verga, a tal punto de producirme un dolor lo suficientemente fuerte para evitar
que culmine con mi ansiado orgasmo. Una y otra vez me fue impedido correrme a mi
antojo, pero por cada una de las interrupciones era recompensado con partes del
relato que Paulina me contaba, y así nuevamente mí el grado de lujuria y
excitación iban creciendo hasta límites incluso mayores a los que tenía hasta el
último mordisco.
No te vayas a correr mi amor - me decía, al tiempo que
llenando su boca con un buen trago de licor y pegaba sus labios a los míos,
transmitiéndome así todo el intenso calor de su boca junto con parte del licor
que contenía, mientras tanto con su otra mano aprisionaba mi verga fuerte e
incluso dolorosamente para evitar que me corra - Aún te falta por escuchar mucho
más y no querrás perderte nada, porque si te corres no me prestarás más atención
y ya no te podré contar nada más, y créeme que tengo muchas cosas que contarte.
En ese preciso instante mi cuerpo también pedía
insistentemente que el placer me invada, que pueda correrme, liberando toda la
angustia y lujuria que me producía el saber como mi esposa se había entregado a
Xavier nuevamente. No podía aguantar mucho más el momento en que mi semen
escaparía de mi cuerpo, no podía y no quería evitarlo, más el momento que
Paulina quería que eso sucediese no era necesariamente el mismo que yo esperaba.
** Aún puedo sentir el calor del cuerpo que entre mis manos
se deslizó hoy en la tarde, observar su miedo y angustia el momento que nos
encontrábamos en el salón, sentir la paz en su rostro el momento en que llegamos
a nuestro destino. Todo me parece increíble, pero debo dejarlo atrás y comenzar
nuevamente, debo controlar aún más mis instintos y no permitir que en mi casa
suceda una cosa igual nunca más.