Somos una pareja joven del sur de Europa con una gran
complicidad, sinceridad y confianza, que descubrió que, aunque nuestra vida
sexual es muy satisfactoria, follar con otras personas complementa nuestra dieta
sexual, como las vitaminas.
Él (descrito por ella): Es un chico de 175 cm y 25 años, es
delgado de ojos morenos y unos hoyuelos que me hacen derretir. Una mirada
sincera y un culo firme de hacer ciclismo que nunca puedo evitar tocarlo.
Ella (descrita por él): Es una chica de piel morena, con unos
ojazos castaños y una mirada siempre risueña. Mide 165 cm y tiene 23 años, su
pecho es bastante grande, y un cuerpo con forma de guitarra (cintura estrecha y
cadera pronunciada, curvas de infarto). Tiene unas piernas fuertes, y unos pies
preciosos, siempre bien cuidados.
Fantaseamos mucho en la cama después de nuestra primera
incursión como swinger light, nos encanta masturbarnos mutuamente mientras
recordamos aquél momento. En uno de estos momentos de intimidad juntos, mi novio
me sugirió hacer un trío, como es listo me propuso que él, yo y otra mujer. Yo,
después de hablar un rato del tema, le confesé que una de mis fantasías era de
hacérmelo con un tío en la cama mientras él (mi novio) estaba en una silla
contemplando toda la escena. Él se negó, argumentando que no iba a ser capaz de
aguantar aquello, y que seguramente se abalanzaría sobre mí, y yo acabaría con
dos pichas a la vez, y sin fantasía voayeur.
Por tanto, y después de más de una hora de negociaciones
conyugales, acabamos con el siguiente pacto: yo me follaría a un tío
seleccionado de internet y lo grabaríamos en vídeo, más tarde, mi novio lo vería
en solitario. Así, yo cumplía mi fantasía, era repetible con solo darle de nuevo
al "play" y tendría yo más libertad para hacer lo que me viniera en gana, porque
evitábamos interrupciones por celos, incomodidades u otros motivos. Lo hecho,
hecho estaría, y además grabado en vídeo. A cambio, yo tendría que repetir
exactamente el mismo procedimiento pero con una mujer. Yo no soy lesbiana ni
mucho menos, me gustan demasiado los tíos y sus pollas, pero bueno, un pacto es
un pacto, y por cumplir mi fantasía, merece la pena hacérmelo con una chica.
Aprovecho para hacer un llamamiento (necesitamos una mujer lesbiana, menor de 30
años, guapa, limpia, educada, y que se deje grabar conmigo en vídeo).
Para buscar el hombre de mi fantasía recurrimos a internet.
Al hacerlo, me di cuenta de la cantidad de tíos que hay deseosos de echar un
polvo sea como sea y casi con quien sea. Por tanto, y como si de una película
porno en toda regla se tratara, hicimos nuestro casting particular. Los
requisitos eran: varón menor de 30 años, limpio, discreto, que aceptara el trato
de grabarse en vídeo para que después lo viera mi novio y fin de la relación, y
que a mi me atrajera físicamente. Después de dos semanas de búsquedas y cientos
de candidatos (increíble lo que hace un anuncio en internet), encontramos al
chico ideal. Era rubio, con los ojos azules, y aunque un poco bajo, era bastante
fuerte, pero lo mejor era que regentaba un hotel en Madrid (jaja, teníamos ya
hasta localizaciones para la película). Quedé con él para conocernos antes (mi
novio no podía verlo, era el trato), y resultó ser muy simpático, me sorprendió
su naturalidad, parecía como si ya hubiera hecho algo parecido (cosa que
desconozco), no me hubiera extrañado que me dijera que era un actor porno
profesional (cosa que también desconozco). Él también estaba muy contento con el
trato, y con la oportunidad de acostarse conmigo.
Quedamos a la semana siguiente (14 de junio de 2008), en la
suite nupcial de su hotel, que aunque era pequeño, era bastante lujoso. Al
llegar a la recepción, preguntar por él, y mandarme hacia la suite, con mi
cámara, y una maleta con el conjunto sexy, me sentí absolutamente como una
actriz porno apunto de actuar. Eso me dio muchísimo morbo, arriba me esperaba un
tío casi desconocido al que me iba a follar y grabar en vídeo, para luego, no
volverlo a ver en persona jamás.
Entré en la habitación y me recibió con un par de besos. Dejé
mis cosas en una silla mientras observaba la habitación. Era enorme, con una
cama de matrimonio inmensa en el centro de la habitación. Tenía una decoración
un poco ñoña, pero en general era acogedor. Nos duchamos, por separado, y yo
aproveché su ducha para instalar la cámara en una mesa, enfocarla y que se viera
toda la cama perfectamente. Cuando el chico salió, llevaba solo un albornoz en
plan, "tengo la mansión de play boy", un poco creído, se me acercó y comenzó a
besarme muy tiernamente. Yo no esperaba tanto "amor". Le dije: "voy a ducharme".
Me duché y tarde muchísimo. Era fantástico el cuarto de baño, acorde con la
habitación. Me dí una gran ducha de hidromasaje, y salí dispuesta a todo. Para
empezar a romper el hielo, me envalentoné y salí completamente desnuda. El
rubio, se quedó con los dos ojos abiertos cuando me vio salir de esa manera,
creo que no se lo esperaba. Bebimos una copa, mientras charlábamos, y no dejó de
mirarme embobado las tetas, el culo y todo mi cuerpo. Me encanta tener un chico
a mis pies.
Me dirigí a la cámara, la encendí y me fui para la cama. Me
senté en ella y dije; "¿empezamos?". Dejó su copa, se quitó el albornoz y
completamente desnudo se fue hacia mi, mientras contemplaba cómo se aproximada,
con su polla dando bandazos al andar. Se sentó a mi lado y me besó. Me abrazó
con sus brazos, me recorría la espalda con sus manos acariciándome y apretándome
suavemente contra él. Me recorría la punta de sus labios mi boca, me besó por el
cuello y el hombro. La verdad es que no me esperaba aquello, creía que iba a ir
directamente al grano, como quien se folla a una puta, pero no, y mi cuerpo lo
agradeció y empezó a sentir ese cosquilleo que me hace enloquecer. Me tumbó en
la cama, y recorrió todo mi cuerpo con sus manos, me encanta que me toquen. Se
centró en mis tetas, al cual le dio un trato preferente, acariciándolas,
estrujándolas suavemente y chupándomelas. Yo por mi parte también intenté leer
con mis manos su cuerpo, y cuando se encontró su miembro, no pude resistir la
tentación de cogerlo y tantearlo. Era grande y largo, mucho más de lo que me
podía esperar de él, por su cuerpo. Tenía el pelo púbico muy cuidado, recortado
y delimitando la frontera entre el pelo y el inicio de su miembro. Tenía la
polla completamente tiesa y notaba perfectamente sus venas y su punta suave y ya
completamente lubricada. Comencé a menearlo muy despacio, y él empezó a mover su
cadera a mi ritmo. Me puso a mil que me estuviera follando la mano de esa
manera, tan despacio y suave.
No pude más, necesitaba tener esa polla en mi boca,
necesitaba saber cómo era en realidad de grande y notar su textura y su dureza.
Cogí rápidamente un preservativo de mi bolso y coloqué al chico tumbado pero con
las piernas tocando el suelo, como si al estar sentado en la cama se hubiera
echado hacia atrás. Me quedé de rodillas delante de ese miembro, que palpitaba
de las ganas que tenía que lo chupara. Pero antes, quería verlo de cerca, de
tocarlo un poco más y de masturbarlo. Lo moví arriba y abajo muy despacio, y
veía perfectamente cómo su líquido preseminal salía en abundancia, deseando
lubricarme. El rubio solo daba suspiros de placer, desando que llegara el
momento que le comiera la polla. No le hice sufrir mucho más, le puse el condón,
y salvajemente empecé a chupar esa pedazo de polla. Casi ni le dio tiempo a
reaccionar cuando me metí su polla y empecé a masturbarle rápidamente con mi
boca. Dejó de suspirar y empezó a jadear como un perro. Se movía follándome la
boca a la vez que yo subía y bajaba mi cabeza muy rápidamente. Se retorcía de
placer, se nota que lo estaba haciendo muy bien, y que recordaría este momento
toda su vida. Mi objetivo era hacerle ver que ninguna mujer le iba a poder comer
la polla tan bien como yo.
Al rato me acordé que me estaba olvidando de la cámara y de
mi novio. Me giré un poco y miré hacia la cámara. Quería que mi novio viera lo
bien que me lo estaba pasando con una polla ajena y además más grande que la
suya. Con una mano agarré su polla, con la boca me comía la punta, y con la otra
manó empecé a masajear sus huevos. Aunque a mí me encanta chupar pollas,
disfruto muchísimo teniéndolas en la boca, estoy segura, por la cara del rubio,
que él se lo estaba pasando mejor que yo. Seguía succionando esa polla y mirando
a la cámara con cara de actriz porno, no sé cómo se tomará mi novio esta
situación al verla en vídeo, pero yo la verdad es que estaba muy excitada. El
chico empezó acelerar el ritmo, y sus jadeos se convirtieron en gemidos. Como yo
ya sabía lo que venía, aceleré el ritmo de mi boca, cerré lo ojos para sentir
mejor su polla en mi boca, y al poco estalló de placer mientras yo le chupaba ya
más lentamente su miembro, asegurándome que le sacaba todo su semen de ahí. El
rubio estuvo por lo menos corriéndose 5 segundos o más, y muy abundantemente, se
apreciaba incluso con el condón puesto. Yo me toqué mi sexo y estaba totalmente
mojado y excitadísimo, espero que no me deje así el cabrón, pensé.
Y no fue así, al minuto más o menos, cuando su presión
arterial se hubo tranquilizado un poco, me cogió y me puso en la misma posición
en la que estaba él. Sentada sobre la cama y recostada, él de rodillas con mis
piernas a cada lado de su cara, muy abiertas. Estuvo un buen rato contemplando
mi coño, mientras me acariciaba los muslos. Estaba haciendo el mismo juego que
yo, deseaba que entrara en acción cuanto antes. Me besaba la parte interior de
las piernas, mientras no perdía detalle de mi clítoris ya afuera, y mis labios
completamente mojados de la succión que le hice anteriormente. Yo movía mi
cadera inconscientemente deseando que me tocara en el centro del placer. Su
lengua fue acercando y lamiendo la parte interior de mi pierna derecha, desde la
rodilla, hasta donde tenía que estar, pero cuando iba por la mitad de la pierna
no pude aguantarme más, y cogí su cabeza y hundí su lengua a dentro mía. Sentí
un gran placer sintiendo esa lengua desconocida inmiscuirse dentro de mí,
entrando, saliendo, recorriendo mis labios y sobre todo frotando fuertemente mi
clítoris. Yo no solté su cabeza en todo momento, y la guiaba a mi gusto,
restregaba mi coño por toda la cara de aquél rubio desconocido, por la lengua,
la boca, la nariz, la barbilla, le estaba llenando entero de mis jugos. En un
momento dado, el me estaba chupando el caperuzón de mi clítoris con la lengua,
muy hábilmente, y sin darme cuenta introdujo dos dedos en mi coño, perfectamente
lubricado por mí y su saliva. Casi me muero de placer al sentir cómo me
taladraba y me follaba con los dedos mientras me chupaba el coño. De nuevo,
tardé en acordarme de mi novio y su cámara chivata, me levanté un poco para
mirar fijamente la cámara mientras este chico me hacía subir al cielo poco a
poco.
Estuvimos así por lo menos diez minutos, yo no quería que
acabase nunca, pero el chico se le notaba ya cansado y no lo hacía como antes,
pero me fijé que su polla estaba ya erecta completamente Así que me levanté y
tal como estaba, me giré y me puse a cuatro patas al borde de la cama. Él no lo
pensó un instante, cogió un condón de los suyos, se lo puso, y sin perder tiempo
me la empezó a meter muy suavemente. Mi coño, aunque totalmente excitado le
costaba tragarse esa polla enorme. No obstante, al poco, se adaptó a esta nueva
polla y entraba perfectamente. Cuando estaba completamente dentro parecía que me
llegaba a la garganta. Yo miraba fijamente a mi novio a través de la cámara. El
rubio, seguía a lo suyo follándome a cuatro patas como un perrillo en celo. A mi
esta postura no me gusta especialmente, no me roza nada el clítoris y yo soy muy
clitoriana. Por tanto, no lo hago a menudo con mi novio, pese que a él le
encanta. Por eso quise hacerla, para que vea cómo su novia se lo monta con otro
como a él le gustaría.
Seguimos así un buen rato, mi excitación decrecía un poco y
el coño empezaba a dolerme de la postura tan poco acostumbrada. El chico seguía
jadeando como si nada y empezó a acariciarme el ano mientras con la otra mano me
agarraba fuerte de la cintura. Antes de que se emocionara, le dije que parara el
dedo, que el agujero que estaba acariciando era exclusivo de mi novio. Él lo
entendió y paró, entonces yo empecé a moverme a conciencia, exponiéndole
totalmente mi coño a él, aceleró el ritmo y empezó a jadear más fuerte hasta que
gimió de placer y se corrió también durante bastante tiempo. Quedó en la cama
totalmente cansado. Yo le miré y le dije que él llevaba dos corridas y yo estaba
todavía con las ganas. Le dejé descansar un poco y nos acostamos uno al lado del
otro. Él empezó a besarme y acariciarme suavemente como al principio. Se puso de
lado y me acarició de la cabeza hacia abajo hasta que llegó a mi coño. Me
masturbaba muy lentamente al mismo tiempo que me besaba el cuello. Comenzó
acelerar el ritmo, alternando mi clítoris con la profundidad de mi agujero
dilatado. No aguanté mucho tiempo antes de tener un orgasmo como hacía mucho que
no lo tenía, me descargué completamente por el morbo de la situación y porque
llevaba mucho tiempo con el orgasmo apunto. Descansamos un poco, me levanté me
dirigí hacia donde estaba la cámara, estampé un beso contra el objetivo y la
apagué. Volví con él a la cama y nos quedamos dormidos abrazados. Era una
sensación extraña, no me sentía muy diferente pese a estar con otro en la cama,
era todo demasiado natural como para ser la segunda vez que veía a este chico.
Me desperté muy confusa, no estaba completamente despierta,
se me mezclaba la realidad con el sueño y me sentía muy cansada. Solo recuerdo
que estaba muy abierta de patas con aquél chico encima mía follándome lentamente
en la postura del misionero. Lo miré con los ojos dormidos, le di un beso en la
boca y lo dejé hacer. Al fin y al cabo se lo merecía, me había dado un gran
orgasmo y había hecho mi fantasía realidad, con mucho cariño y muy obediente. Se
merecía que disfrutara una vez más de mi cuerpo. Yo seguí durmiendo un poco.
Cuando me desperté del todo, no había nadie en la habitación.
Me había dejado sola y con bastantes agujetas de la noche anterior. Me levanté y
tenía el desayuno preparado, y una caja de bombones. Me sentí pretty woman,
había salido todo perfecto. Desayuné, me duché, me vestí, cogí mis cosas y
simplemente desaparecí para siempre, tal y como habíamos acordado.
Al llegar a casa le di la cinta a mi novio, que estaba que se
subía por las paredes de los nervios. Yo salí hacer unas gestiones y lo dejé
solo. Cuando llegué, tenía la cara un poco larga, yo estaba asustada, quizás me
había pasado un poco anoche y había abusado de su confianza. Se fue hacia mí, me
dio un beso en la boca y me dijo al oído que se había masturbado tres veces con
la cinta, y que esperaba la otra cinta mía con otra mujer.
Me encantaría sus comentarios, qué les ha parecido y cuántos
orgasmos a logrado (entre mi novio, el rubio y yo logramos 7, ¿alguien da mas?).
Gracias de antemano y un saludo a los lectores y lectoras.