Entre libros y poemas me refugio del
impulso de verla, pequeña diablesa, súcubo inhumano.
Niña de labios rojos cual cerezos de
primavera pero letales como veneno,
Piel suave de albaricoque, rosada seda que
cubre tan virginal cuerpo, bello y lozano.
Pero ay de tu mente que de pensamientos
sátiros y libidinosos se encuentra lleno.
Al enseñarte geografía con doble sentido me
muestras tu concepto de aquel vocablo.
Con risa cómplice te abres el escote de tu
uniforme y muestras tus montañas
Pequeña picara que te gusta jugar con
fuego… mi fuego…. Gobernado por el diablo
Te me acercas y con rostro inocente me
guiñas el ojo revolviéndome las entrañas.
Oculto mi avidez al igual que mi rostro
tras el atlas para simular templanza y seriedad.
Pero ella lo sabe y sin pena quita esa
muralla llena de mapas para seguir provocándome,
Lolita insinuante que disfrutas
torturándome con tus conocimientos de sensualidad
Moviéndote cadenciosamente, mordiéndote los
labios y con lujuria mirándome.
Otra vez el error ha sido cometido ya. Tus
montañas recorrí, tus prados exploré,
Tus mieles bebí, en tus cuevas entré y tu
calor abracé, y aun así la culpa no me abarca
Ya la barrera entre lo correcto y lo inicuo
se ha roto como tu sello de castidad el cual te arrebaté
Más eso no te importa niña de mi alma
puesto que una sonrisa de deleite en tu rostro se marca.
Te termino de soltar esa coleta que siempre
llevas revelando un cabello largo y negro como ébano
Lo acaricio, lo huelo. Su olor es a pecado
como el que tú encarnas niña mía…dulce pecado,
Me sonríes cándidamente y me dices que me
amas mas yo no digo nada y con agrado
Beso tus labios carmesí olvidando mi
vergüenza de ser tan solo un sucio humano.