Después de la experiencia vivida en el instituto, me marché a
casa lo más rápido que pude. Disimuladamente miré hacia atrás... tenía miedo
que Tolo me estuviera siguiendo.
Ante la puerta de casa una última comprobación, antes de sacar la llave quería
estar segura de que estaba sola. Un rápido giro de muñeca, y estaba a salvo.
Cerré dando un portazo, eché la llave y la cadena. Mi cuerpo se desplomó,
sentada en el suelo con la espalda apoyada sobre la puerta por primera vez desde
mi encuentro con Tolo me sentí segura. No sabía si reír o llorar, recordaba un
refrán que mi abuela repetía hasta la saciedad: " a perro malo todo se le
vuelven pulgas"...
-¡Qué miedo había pasado!- pensé, mientras me percataba de que estaba sudando y
temblorosa. Había aguantado el tipo frente a las amenazas de mi alumno pero
ahora en el comfort del hogar, mis sentimientos afloraron sin freno. Empecé a
llorar amargamente, primero mi marido y ahora esto...
- a perro flaco todo se le vuelven pulgas- me repetía mientras lloraba.
No sé cuanto tiempo pasó, decidí darme una ducha reparadora, la potencia del
agua sobre mi piel me relajaría.
-¡Dios mío!- grité al mirarme al espejo- ¿Quién era esa que tenía delante?-
desaliñada, el maquillaje corrido, cansada y desesperada. Mi cara lo decía todo,
estaba deshecha, rota, humillada por la persona que quería, porque en el fondo
le quería, y amenazada por un niñato de instituto.
Mecánicamente, accedí a la ducha, dejé caer la ropa y de un puntapié la envié a
un rincón del baño, tan cansada estaba que no podía ni agacharme.
- ¡Ahhh! ¡Qué gusto!- Abrí el agua a toda potencia y me metí toda debajo del
chorro, cerré los ojos e icé mi cabeza, arqueé mi cuerpo hacia atrás para, que
con toda su potencia el chorro masajeara mi rostro, mi cuello y mis pechos...
pasaban los minutos y sólo acertaba a hacer pequeños desplazamientos para que
todo mi cuerpo fuera gozando con aquel masaje tan relajante. Me enjaboné varias
veces la cabeza, me encantaba la espuma y el olor del champú mentolado. Al caer
sobre los ojos producía una sensación de frescor indescriptible. Agua y más
agua...
Al coger la esponja natural y, al alargar la mano, allí estaba la esponja de
Miguel, la tristeza me invadió de repente al recordar tantos baños, tantos
momentos de placer. Cogí su esponja y empecé a recorrer lentamente mi cuerpo,
cuando el me asía por detrás siempre comenzaba a acariciarme los pezones, hacía
mucha espuma con el gel y daba pequeños circulitos, muy suaves... mis pezones
reaccionaban de inmediato, endurecían a la misma rapidez que el miembro de mi
marido que cogía posiciones acorralando mi sexo, entre mis piernas. Unas cuantas
pasadas más con su esponja y mi cuerpo empezó a entonarse... era, deprimente, yo
sola, allí en la ducha anhelando a la persona que más odiaba en el mundo, a la
persona que más había amado... no voy a engañarme... que sigo amando...
Sin darme cuenta, ensimismada en mis pensamientos seguí masajeando mi cuerpo,
generosamente mis pechos primero, mi espalda, el abdomen... la imagen de mi
marido se desvaneció de repente, de pronto me sorprendí frotando mi
vulva rítmicamente y pensando en Tolo. Me empecé a excitar, a ponerme como una
moto, sólo de pensar que Tolo entraba de repente en la bañera a "subir nota". Me
deje resbalar, poco a poco, hasta que mi cuerpo quedó tendido sobre el fondo de
la bañera. El potente chorro de agua caía con fuerza desde arriba, y por la
distancia se abría acariciándome casi por completo, una cálida lluvia
maravillosa. Acomodé la postura, a la vez que abría las piernas, fui buscando el
ángulo hasta que el agua golpeaba mi clítoris y mis labios dándome un placer
exquisito. Frotaba y frotaba con mi esponja, y dejaba hacer al agua, constante,
monótona, cálida... a cada momento, el placer era mayor, comenzaba a
estremecerme de gusto, mi dos manos estaban ya ocupadas en mi coño, una
delicadamente apoyaba la acción de la cascada sobre mi clítoris, la otra había
comenzado a explorar mi cueva que se inundaba por el nivel del agua que subía
lentamente. ¡Qué gusto!, mi cuerpo retorciéndose de placer, mi mente
adentrándose en una ensoñación con un muchacho de 17 años que hacía sólo unas
horas me había asustado hasta el infinito pero que ahora me estaba excitando y
poniéndome cachondísima... Seguía allí tumbada, el agua cayendo y
yo trabajándome hasta el punto que empezaba a sentir las primeras contracciones
anunciando un gran orgasmo... ¡que placer!... ¡qué...
- DING DONG -
putada! El timbre de la puerta.
Pasé olímpicamente del timbre y seguí disfrutando...
- DING DONG- insistían a la puerta...
-¡Mierda, pensé!- Me habían cortado el rollo del todo, sin remedio.
Cerré el grifo de la ducha y me sequé rápidamente. Me líe una toalla al cuerpo
como pude y salí a mirar quién era. No esperaba a nadie pero, desde siempre,
cuando llamaban a la puerta tenía que mirar quién tocaba, era incapaz de dejar
de atender el timbre, estuviera haciendo lo que fuera. Me acerqué sigilosamente
a la mirilla, se me pasó por la cabeza que pudiera ser Tolo. No, qué locura,
seguro que no, sólo la idea me dió mucho miedo pero... sí, he de reconocerlo
también cierta excitación y más aún después de mis juegos en la ducha.
-¿Mi cuñado?- Que puñetas querría y justo en mi mejor momento de los últimos
días
Le dije que esperara y, rápidamente, me sequé como pude y me puse un
camisón. Total, seguro que venía de parte del cabronazo de mi marido con alguna
estúpida excusa para ver cómo estaba. De ninguna manera iba a darse cuenta de mi
lamentable estado, así que me dirigí a la puerta con una sonrisa.
- Buenas noches, cuñado, ¿qué te trae por aquí?- le pregunte desinteresada
- Hola Libertad, me manda tu marido para recoger algunas cosas- me respondió con
un gesto avergonzado
- ¡No ha podido venir él!- exclame levantando algo la voz- valiente mierda está
hecho.
Mi cuñado, ahora muy incómodo se encogió de hombros sin ser capaz de mantenerme
la mirada. Timidamente me entrego una hoja arrugada de papel con la lista de
Miguel.
-¡Su pala de padel!- volvía gritar- será posible el capullo, que esta sea su
prioridad número uno.
Mi cuñado no sabía dónde esconder la mirada. Siempre mi ex había hecho con él lo
que quería.
- ¡Pues si quiere pala tendrá pala! Sígueme...- corrí hasta el dormitorio, su
maldita pala estaba en una caja en el armario empotrado, abrí de un portazo, me
agaché para buscarla y allí estaba
Iba a decirle a mi cuñado que le dijera a Miguel que se metiera la pala por el
cul... cuando me dí cuenta de la situación...
Al agacharme y estirarme para alcanzar la pala, el camisón había subido por mis
nalgas dejando todo mi culo al aire. Allí agachada, mostrando mi trasero a mi
cuñado que esperaba detrás de mí. Un calor tremendo me inundó, ¡qué vergüenza!
No podía creer que me estuviera pasando esto.
Como si no hubiese pasado nada, me incorporé con la pala en la mano y se la
entregué a mi cuñado...
Intentando disimular todo lo posible, seguí leyendo la lista, no podía verme
pero me podía imaginar toda ruborizada, el calor que sentía era enorme.
- Y ahora los estúpidos zapatos negros- continué leyendo la estúpida lista en
tono enfadado, ahora para disimular mi vergüenza, pero sin poder mirar a los
ojos a mi cuñado. Por no mirarle a los ojos miré algo peor, un gran bulto se
adivinaba en su entrepierna. El muy capullo estaba empalmado, empalmadísimo me
dije. Por unos segundos perdí la noción del tiempo, la situación era
violentísima, me moría de vergüenza.
En ese preciso instante sólo pude pensar en una palabra: "venganza".
Instintivamente, con una rabia animal que desconocía en mí, me giré hacia la
cama.
- Te gusta mi culo, no cuñado- pensé- pues toma culo- mientras me agachaba de
nuevo mucho mas de lo que necesitaba para alcanzar los zapatos de mi ex que
siempre dejaba debajo de los pies de la cama. Ahora, si era consciente de que mi
camisón se estaba levantando mucho más. Arqueé mi cuerpo todo lo que puede,
tenía una visión muy clara de lo que mi cuñadito estaba contemplando. Mi culo,
mi precioso culo, delante de sus narices, bueno no sólo de sus narices...
Lancé un pequeño gemido de esfuerzo, simulando que no llegaba a los zapatos,
aproveché para estirarme aun más y separar las piernas doblando ligeramente las
rodillas... ahora, ya no era mi culo lo que le ofrecía a mi cuñado, tenía a su
vista todo mi pubis...
Lo imaginaba allí detrás de mí, a escasamente un metro de distancia, más
empalmado aun, si eso era posible y sin poder creer lo que estaba contemplando.
Mi cuñado, Pedro, era la persona que mi ex más quería en el mundo, de nuevo, una
palabra en mi mente: "venganza".
Se respiraba la tensión en el aire, perfectamente escuchaba la respiración de mi
cuñado acelerándose a cada instante...
Agarré los zapatos y tiré de ellos hacia atrás con fuerza, simulé perder el
equilibrio y me dejé caer hacia atrás.
Instintivamente, Pedro, me agarró para que no cayera, sus manos vinieron a
sujetar mis pechos. Yo, dejando caer mi peso hacia atrás, apoyé mi culo en sus
partes. No sé cuanto tiempo pasó. Sus manos asían mis pechos... inmóviles... mi
culo también inmóvil, quedó perfectamente encajado sobre su miembro que a pesar
del pantalón podía sentir con fuerza. Tenía a mi cuñado contra la pared, en esos
momentos estaba caliente como una perra, la polla de mi cuñado sobre mi culo,
presionándome, sus manos agarrando con fuerza mis pechos... creo que en ese
momento enloquecí... presa de una enajenación mental transitoria o algo así,
porque jamás hubiera creído poder hacer lo que hice a continuación...
Solté los zapatos de Miguel, puse mis manos sobre las manos de mi cuñado, las
apreté con fuerza contra mis pechos, empecé a mover mi culito de manera
circular, cada vez el miembro de mi cuñado estaba más duro y se encajaba mejor
entre mis nalgas...
Tomé conciencia de lo mojadisima que me encontraba, la excitación era máxima...
mi cuñado no había podido reaccionar... en ese momento, cogí sus manos y las
separé con fuerza de mis pechos. Avancé un par de pasos hasta mi cama, me subí
en ella a cuatro patas, miré hacia atrás por encima del hombro y, con la mirada
más lasciva que puede, con la más provocativa, con una mirada que ni siquiera
sabía que tenía le jadee:
¡FÓLLAME!
Y baje la cabeza, apoyándola en el colchón y arqueándome todo lo que pude para
ofrecerle mi sexo así como estaba a cuatro patas.
De nuevo el tiempo se paró, un silencio absoluto, sólo interrumpido por un
ligero resoplido y un par de pasos...
De repente, su miembro busco mi sexo con habilidad y fuerza, penetrándome hasta
el fondo, no le dió tiempo de empujar una segunda vez cuando...
-AHHHHH-un gemido de placer salió de mi alma, a la vez que me eché hacia delante
sacando su duro miembro de mi coño. Sin moverme de como estaba, sin ni siquiera
mirarle le grité:
- ¡ENCÚLAME CABRÓN!-
En ese momento no sabía lo que decía, mi sentido común, mi vergüenza, mi
humanidad hacían tiempo que me habían abandonado... ahora era una perra sedienta
de venganza que ofrecia a la persona que mi marido más quería en el mundo, lo
que nunca le dí a él, y motivó que me abandonara.
- ¡RÓMPEME EL CUL...- No me dió tiempo a acabar la frase, la palma de su mano
habilidosamente recorrió todo mi coño recogiendo mis propios jugos vaginales,
separó mis nalgas y untó con mis fluídos mi orificio, aun, virgen.
-¡AGGGGGGGG!- Su polla entró duramente de un sólo golpe allí donde nadie había
jamás entrado.
-¡Ayyyyyy!- casi lloré del dolor que sentí, en medio de toda la excitación. La
mezcla de placer y dolor fue indescriptible. Sentía como la punta de su pene
había entrado en mi culo, ¡qué dolor!
-¡Sácal...!- le grité, por el dolor que sentía, me parecía que me estaba
rompiendo, pero no me dió tiempo, me asío por las cadera y esta vez ¡empujó
hasta el fondo!
-AGGGGG- Sólo podía gritar, sólo sentía dolor y más dolor, creí que iba a
desmayarme por momentos. Pedro cada vez agarraba con más fuerza mis caderas,
empujaba y empujaba con gran fuerza, metía su polla hasta el fondo podía
escuchar sus testículos golpearme a cada embate, porque sentir no sentía nada
sólo dolor.
De repente, apretó contra mi culo todo lo que pudo y paró, me cogió por los
hombros y apretó con toda su fuerza para meterme su verga hasta el sentido. En
esos momentos, con los ojos cerrados podía visualizar mi culo, si polla allí
instalada, presionando con fuerza, inmóvil, sin darme cuenta, apenas si sentía
ya dolor, de alguna manera ya no me dolía, ahora sólo sentía la presión de su
gran pene, allí hinchado en mi pequeño agujero hasta entonces virgen. En esos
segundo de quietud pude notar como de mi culo bajaba un fluido, era sangre,
verdaderamente me había roto el culo.
Sin tiempo a reaccionar, mi cuñado sin en ningún momento bajar la presión y la
fuerza sobre mi agujerito, recorrió mi espalda su mano derecha, mientras que con
la izquierda me asía fuertemente por el hombro. Agarrándome ahora por el hombro
y la cintura comenzó lentamente a sacar su polla de mi culo hasta llegar al
prepucio, sin sacarla del todo todavía más suavemente la introdujo de nuevo,
cuando de nuevo llegaba al final y me la tenía toda metida, apretaba con fuerza
pero lentamente.
-¡AHHHHHHHH! ¡AHHHHHHH!- comencé a gemir de placer, ahora en cada recorrido me
estremecía toda, sentía su miembro como penetraba y abría camino forzado, mi
sensación era totalmente placentera, cada vez que llegaba al final y apretaba me
colmaba de gusto, empecé a disfrutar como una zorra y el se daba cuenta, en la
medida que yo gozaba más y más, mi cuñado comenzó de nuevo a aumentar el ritmo y
la fuerza de sus embates.
-¡AHHHH!- Me follaba más rápido...
-¡AHHHH!- Me follaba más fuerte...
-¡AHHHH!- La mano dejó mi cadera y empezó a acariciar mi clítoris.
-¡AHHHH!- El placer me inundaba y me llevaba al orgasmo por doble recorrido
-¡AHHHH!- El muy cabrón coordinaba de maravilla su polla y su mano, sus dedos
empezaron a follar mi coño.
-¡AHHHH!- gemía yo
-¡AHHHH!- gemía él
En mi mente se abrió la imagen de su polla dentro de mi culo, avanzando y
retrocediendo, empujando y empujando...
Ya llegaba, me corría, me corría...
Él paro en ese instante sobre mi culo, dejó firmemente la polla metida a la vez
que manipulaba hábilmente mi clítoris y mi coño.
Mis contracciones anunciaban mi orgasmo, esta vez sí... ¡AHHHHHH!
-¡AHHHHH!- gritó él, a la vez que sentí los movimiento de su polla al correrse
dentro de mi culo.
En ese momento, sacó la polla de mi culo, cogió su ropa y salio de la
habitación.
De nuevo perdí la noción del tiempo, no tenía conciencia de lo que había hecho
en esos instantes... había disfrutado como nunca...
Allí tendida, muerta de gusto, boca abajo en la cama, la sangre y mis jugos se
mezclaban en las sábanas...
Escuche la puerta, un portazo fuerte y secó... Se había marchado, en ese momento
empecé a sentir dolor, un dolor cada vez más fuerte por momentos... la razón
volvió a mí...
-¡Ay!- gritó mi cuerpo y mi alma.
Me había muerto de gusto y ahora empezaba a morir de dolor...
En mi mente, una imagen, Miguel, mi marido y una palabra:
"¡VENGANZA!"