Ya sabemos todos que, del significado teórico de las palabras
a la realidad del significado, hay un buen trecho. Dicho de otro modo, muchas
veces decimos las cosas sin pensar para acabar dándonos cuenta de que es muy
fácil hablar por hablar…
Ya se me ha ido en la introducción… pero, de una forma u
otra, hay que empezar los cuentos. Los cuentos que yo cuento no se puede decir
que todos acaben bien, aunque últimamente peco un poco de bondadosa en mis
lésbicas historias. Ahora ya casi nunca son de desamor. ¿Será que estoy
sufriendo en mis carnes un amor positivo? Pues, si así es, amén con el.
Pero hoy estoy especialmente enfadada, así que, como hace
tanto que no me comunico con mis adoradas letras, y es el mejor método que
conozco para desahogarme, allá voy con el presente manuscrito, salido del
interior oscuro que todos tenemos.
¿De que va esta historia? Pues de bolleritas, claro. Esas
mujeres a las que yo tanto adoro (por algo soy una de ellas). ¿En que
rama? El amor, el desamor, el encoñamiento, los celos… ¿Protagonistas? Una chica
"soltera" en busca de marcha, una novia de vuelta al amor (es decir, una que
dejó a otra, y ahora vuelven a estar juntas), celosa de todo y, por último
(aunque no menos importante) la que está en el medio, novia de la segunda e
interesadísima en la primera.
¿Qué nos falta para que la historia sea de todo lésbica en
tiempos modernos? Un gran y profundo armario, un amor despechado, dolor por
todas partes, una dura ruptura y una más que posible separación irrecuperable.
(¿Realmente todas las historias sobre lesbianas tienen la misma trama?
Probablemente no, pero conozco demasiados casos y yo misma lo viví en mis
carnes. Teniendo en cuenta mi cabreo de este momento y que las tías son taaaan
raras, he decidido hacerlo así.)
Bien, vamos a centrarnos en el caso y a ponerles nombres a
las chicas: a la primera le llamaremos Rosa, a la segunda Margarita y a la
tercera Flor (solo nos falta la jardinera… ahhh, no, ¡que esa soy yo!).
Hasta aquí el principio del cuento original. Por motivos de respeto y por
petición de las coprotagonistas, he decidido cambiar la mayor parte del cuento.
¿Qué por que lo cuento? Porque el otro me había quedado muy bonito y no lo puedo
publicar… soy así, que le vamos a hacer. Me aventuro a decir que, lo más
probable es que esta narradora aparezca como personaje, porque yo lo valgo, así
que me auto-bautizo con el nombre de Marquesa de Safo (¡es mi historia y me
puedo llamar como me de la gana!)
Rosa y Flor se conocieron un día en una fiesta que se hizo
para dar a conocer a nuevos talentos literarios. Se puede decir que fue algo
similar a un flechazo. Se miraron, se hablaron y se sintieron irremediablemente
atraídas. De una alguna forma sobrenatural para ellas, casi de inmediato
comenzaron a intercambiar confesiones. Rosa coqueteaba con ella de manera
"disimulada" (vamos, que solo le faltaba sacarse una teta) y Flor
correspondía, pero de manera más encubierta (pero lo de ésta no lo digo con
sarcasmo).
Sin cortarse un pelo, Rosiña le dijo a Flor que era bisexual
y que quería "mambo" con ella a lo que Florecillas le respondió que ella era
hetero y entera, aunque admitió que se sentía atraída por la idea de mantener un
pequeño escarceo lésbico.
Todo quedó en ascuas. La fiesta terminó y ambas se retiraron
a sus moradas para, posiblemente, resarcirse con sus manos del calentón
nocturno, no sin antes intercambiar los números de teléfono y correos
electrónicos, prometiéndose mantener contacto por todos esos medios.
Y tanto que lo hicieron, no habían pasado ni 24 horas cuando
hubo el primer intercambio de e-mail. Que si me gustas mucho, tu a mi también me
has gustado, que si me pareces muy inteligente, tu a mi también… que si me
gustaría "comerte la concha", tus ojos también son muy bonitos… jejeje, lo de
siempre.
Transcurrió una semana desde la primera vez que se habían
visto y Flor acabó por reconocer que ella tenía algunos sentimientos hacia las
mujeres, de hecho, había tenido una relación (a distancia) con una.
Quería estar segura de lo que ocurría en su cabeza con respecto a los seres de
su mismo sexo, pero temía probar a hacer cositas (su gran armario se lo
impedía).
Pero para Rosa, eso, más que un impedimento, supuso un
aliciente para tratar de conseguir por todos los medios a aquella muchacha. Así
que, poniendo sus manos a las órdenes de su cerebro y tirando un poco de
vocabulario, comenzó a mandarle mensajes (tanto de texto al móvil como
correos electrónicos) para tratar de seducir a aquella morenita de la que se
había encoñado, algo que, "sin saber como ni porqué", caló en el corazoncillo de
la duda con nombre de mujer.
Una nueva cita entre ellas, unas ropas flamantemente sexy, un
buen restaurante íntimo, un buen vino tinto (Riberita del Duero), una
deliciosa y afrodisíaca cena. Y, más tarde, esa misma noche, en casa de Rosa
Terremoto, el postre.
Postre: agarramos a las dos muchachas, les quitamos la
cáscara (ropa), las ponemos a macerar a fuego lento y vamos incrementando
el calor. Las metemos en el interior de un cubo (lo que viene siendo una
habitación, mismamente), y las dejamos cocinar.
Como la cocina (lo de la jardinería es un homenaje a
alguien especial para mí) es una de mis pasiones, no pude evitar el momentazo
anterior, lo siento. Ahora a resarcirse escribiendo el momento apoteósicamente
sexual del cuento.
Llegaron a casa de Rosa y antes de cruzar el umbral de la
puerta, ya habían probado sus bocas. Es difícil contenerse cuando existe ese
muelle invisible entre dos personas que, por mucho que traten de alejarse,
acaban acercándose, aunque sea pecado. Lengua contra lengua, se adentraron en
aquella estancia. Aunque trataron de llegar hasta el dormitorio, la alfombra de
la sala de estar fue la superficie perfecta para desplegar todas aquellas artes
amatorias que son innatas en nosotras.
Se quitaron la ropa la una a la otra con prisa y sin pausa
mientras se iban catando la una a la otra como los manjares que eran. Ni manos
ni bocas eran capaces de permanecer inmóviles. (¡Qué bonito es el amor entre
mujeres! ¡Qué debilidad la mía!)
Flor se comenzó a poner nerviosa y, casi temblando, le
reconoció a la experimentada partener que era la primera vez que lidiaba en la
plaza de en frente, a lo que la maestra le respondió con un susurrado "Tranquila
nena, déjate hacer" que sonó como un poema en oídos de la primeriza.
Con la espalda en el suelo, se dejó hacer, disfrutando de
aquella lengua que recorría su cuerpo, ensalivando cada recoveco de su piel,
haciendo que su temperatura fuera aumentando grados paulatinamente. Cuando esa
traviesa (llámalo lengua, llámalo Rosa) llegó al epicentro de placer, un
largo y agónico quejido, inundó la estancia por completo, obligando a ese
enervado cuerpo a convulsionarse ante tal actuación. Ahora ya no se como
describir el momento en el que dos inquietos dedos encontraron la cuevecilla del
amor… eso fue tan brutalmente placentero para Flor que no pudo evitar deshacerse
por dentro a modo de agradecida rendición.
Como Rosa todavía no se sentía satisfecha con aquello, le
aconsejó ponerse a cuatro patas para continuar con la muestra que habían
empezado hacía a penas 20 minutos. Así que, la increíblemente sumisa Flor, acató
tal deseo como si de una orden se tratara y, poniéndose cual perrilla, dejó sus
intimidades al descubierto para que, una hambrienta Rosa, no dudara en lamer y
succionar. De la vagina al ano, del ano a la vagina. Dando lengüetazos a diestro
y a siniestro, sin dejar de buscar el placer que solo una mujer puede dar a
otra. La mal llamada "come mierda" (según algunas celosas reprimida)
proporcionó otro brutal orgasmo a la novata que ya no sabía que tipo de gritos,
suspiros, jadeos y entrecortadas respiraciones, hacer para seguir consciente.
Volvió a posar su espalda en la alfombra mientras la experta
se colocaba sobre ella. A pesar de que Flor a penas tenía fuerzas ni aliento
para continuar, la anfitriona agarró su mano para llevarla directamente a su
pubis. "Ya sabes lo que hay que hacer. Penétrame y acaba con mi suplicio."
Así lo hizo y, por primera vez en su vida, sintió el húmedo
interior de una hembra en celo (sin ser el suyo, claro) y quedó prendada
de ese tacto. Tanto que, cuando supo que la de arriba la estaba observando,
retiró los dedos de su interior para saborearlos lascivamente para devolverlos
al lugar que la había enamorado. Ahhh, que suspiro gritado surgió de la garganta
de la experta vencida en un segundo por una aprendiz aventajada.
Con los dedos de la otra en su interior y una pequeña ayuda
de ella misma, alcanzó un orgasmo que la hizo derrumbarse sobre su nueva y
deseada amante.
Como disfruto escribiendo estas escenas…
Luego, charlaron un largo rato. Un poco más tarde, Flor se
fue con esa sensación de ingravidez que te queda en el cuerpo después del buen
sexo, y Rosa se metió en la ducha para acabar de relajarse y poder meterse en la
comodidad de su cama de 2x2. Un par de días después un nuevo intercambio de
e-mail y el principio del fin…
Rosiña le escribió diciéndole lo maravilloso que había sido
todo, lo fantástica que se la veía cuando hacía el amor, lo fascinante que era
como persona y lo alucinante que se sentía después de todo aquello. Por su
parte, Flor le contestó que prefería seguir siendo hetero, aunque no lo fuera en
realidad, vamos, que estaba muerta de miedo… había demasiada gente al rededor de
esa relación (aviso a pasajeras, en pocos minutos aparezco yo en la historia…
como me mola esto de ser narradora-pesonaje).
De todos modos, las muchachas siguieron en contacto y,
ciertamente, era divertido. La dejada seguía tonteando y la otra le seguía el
juego, reconociendo en varias ocasiones, que seguía existiendo aquel aura de
atracción y que, sin saber como, estaban comenzando a florecer (jeje)
sentimientos nuevos.
Como la discreción no es el fuerte de demasiadas personas, la
gente que no debería saberlo, se enteró. Lo que no sabían era que el rollo se
había consumado… y mejor que no lo sepan.
Como no puede ser de otra forma, la flor rosa habló… quiero
decir, Flor y Rosa hablaron. Se dijeron cosas muy bonitas y fantásticas la una a
la otra y la otra a la una para acabar zanjando el idilio en un abrir y cerrar
de ojos. Una alegó que estaba hecha un lío porque le resultaba difícil esa
situación de querer a una mujeres de esa manera y que no estaba segura de lo que
debía hacer (Flor, cariño, hay que ver lo que les gusta a las lesbianas
montar este tipo de escenitas) y la otra que no quería pasarlo mal y que
tampoco quería hurgar mas en la herida que acababan de abrir en ese triángulo
extraño (Rosa, ¿es que todas tenemos que ser tan tremendistas?).
Total, que metieron en medio de su extraño idilio a una
tercera persona, la Marquesa de Safo (jeje, esa soy yo), a la que, por
separado, iban contado los avatares de su peculiar relación.
La dulce safista no hacía otra cosa que rogarles que hablaran
(claro, se lo tenía que decir por separado, primero a una y luego a la otra.
Era una locura porque yo hablaba con las dos al mismo tiempo por el Messenger)
entre ellas, pero eran demasiado cabezotas y, por motivos varios habían
decidido mantener su separación un tiempo más. Aunque ambas se encargaban de que
la adorable Marquesa las mantuviera bien informadas sobre los derroteros de la
vida de cada una.
Llegamos al final del cuento y me apetece hacer un análisis
y, como en este cuento soy de la nobleza, pues lo hago:
A pesar de lo que todos queremos pensar, aquí lo pasa mal
hasta el apuntador.
Una porque no quiere sufrir ni cambiar su vida por otra
persona y también porque la mujer que le gusta y por la que ha comenzado a
experimentar "cositas" le ha dado calabazas porque le resulta difícil amar a una
hembra. La otra por los mismos motivos que la primera pero al revés. Y la
última, la Marquesa de Safo, porque ve a dos buenas amigas y buenas personas
sufriendo inútilmente. Una porque no es capaz de abrir los ojos y darse cuenta
de que no todas somos iguales, porque es vulnerable y no hace más que meterse en
líos que saben que la van a dañar y la otra porque está descubriendo que ser
lesbiana no es fácil y que el mundo de los sentimientos es más complicado de lo
que parece (y porque tres son multitud si no lo sabes llevar, y, ya lo sabes,
te entiendo).
Por otro lado, tenemos todavía esa gran sombra del armario (interior
y exterior) de nuestras muchachas, lo que hace todavía más difícil pedir
ayuda, consejo o, simplemente, un oído que te escuche. No puedes hablar porque
no te entendería nadie (a no ser que pertenezca al gremio, claro).
El resultado de todo esto es que, pasaron de estar las tres
unidas (con un nexo de unión) a permanecer separadas "por ovarios". Pasó
de ser algo divertido y digno de disfrutar a una pesadilla cuyo fin es incierto.
Moraleja: Donde tengas la olla (cabeza), no metas el dedo… (Me
encanta esa frase, aunque no pegue nada aquí y la rima la haya sido sustituida
tan alegremente).
La moraleja es que hay que estar preparada para todo tipo de
situaciones, siempre tenemos que tener en cuenta que cualquier cosa puede
ocurrir.
Solución: la masturbación, pero… tengo que decir que follando
se conoce a más gente (estoy graciosilla hoy…)
La solución es que cada uno tiene que buscarse la vida y
tratar de solucionar sus problemas lo mejor que puede, sabe o le dejan, pensando
primero en si mismo y dejando a los demás un poco de lado. Hay que aprender a
ser egoístas, coño, si no siempre estamos con lo mismo.
Al final me he dado cuenta de que esta historia no es más que
otra historia más de las que hay miles. No sirve para dar un consejo ni para
aprender nada nuevo, total, siempre acabamos haciendo lo que nos parece mejor (que
suele ser lo contrario de lo correcto), pero si que sirve para darnos (darme)
cuenta de que somos idiotas por naturaleza al darle a las cosas más importancia
de las que realmente tienen.
No digáis que no, al leerlo ahora, vemos que no era tan grabe
como cabía esperar. Visto desde un punto de vista de chiste, hasta resulta
gracioso. Nunca te das cuenta de lo estúpido de una situación hasta que lo lees
de forma que parece la vida de otro. Aun así, no le deseo a nadie que pase por
una situación así… o si, ¿Qué sería la vida sin aventuras?
Afectuosamente, la jardinera, que os dedica unas bonitas y
románticas frases:
Dile que sin sus ojos el cielo es demasiado negro
Dile que sin su sonrisa el brillo del sol está apagado
Y dile que sin su aliento el aire se vuelve tóxico…
A vosotras dos: espero que os lo toméis como me lo he tomado
yo, como un simple desahogo… Biquiños Little freaky girls.
Al resto: siento que el cuento quedara tan surrealista, pero
ha sido una modificación de un algo que ya estaba escrito y me parecía un poco
mal cambiarlo de todo… en fin, cosas de una chalada.