Sin duda, Alba es la mejor de mis perras. Durante años he
buscado a esa hembra con alma de sumisa, y finalmente la he encontrado. Los que
ya han leído mis anteriores relatos sobre Alba, seguro que comprenden lo que
digo, su grado de obediencia, su falta de pudor, su capacidad de resistencia, su
fidelidad…
Hace diez días que no hago uso de mi perra Alba, ella sabe
que durante su periodo de menstruación está considerada como un ser impuro, que
sabios son los hijos de Abraham, considerando en esos términos a sus mujeres
durante ese periodo, hace unos días recibí un correo suyo, en el que me decía
que estaba a mi total disposición.
Hoy tengo una cena con un cliente, hemos quedado en un
restaurante muy céntrico y he llamado a mi perra para que me lleve. A las ocho
en punto ha de estar en la puerta de mi despacho. Pasa la jornada sin apenas
darme cuenta, y a la hora en punto me despido de mis empleados y salgo a la
calle. Ahí está esperando, abro la puerta del vehículo y entro diciéndole donde
debe llevarme. La observo en silencio, su pelo rubio, sus ojos claros
concentrados en el tráfico, sus labios, su garganta, que empieza a mostrar los
trazos de su edad, sus pechos, firmemente marcados por el cinturón de seguridad,
sus piernas, que acaricio con deleite…sabe que no puede hablar a no ser que se
lo diga. Paramos en un semáforo y le digo que abra las piernas, mi mano se
desliza por debajo de la falda, hasta llegar a su coño, perfectamente depilado,
mi dedo entra fácilmente dentro de su húmedo coño, lo saco mojado y con una
sonrisa saboreo los fluidos con los que me obsequia mi perra.
-¿Por qué, estás siempre tan caliente, perra?, aún no te he
ordenado nada, jajaja.
-Mi amo, sabes que siempre que reclamas la presencia de tu
perra, siento excitación.
Llegamos al restaurante y le digo que me espere a la salida.
La cena fue intrascendente, simplemente se habló de negocios, transcurridas unas
tres horas salí del local, y allí estaba ella esperándome.
Me abrocho el cinturón de seguridad, y le digo que arranque.
Pongo música para relajarme, mientras pienso en el placer que me proporcionará
mi perra, tan solo con pedírselo, le digo que me lleve al Tibidabo, iniciamos el
ascenso a la montaña por la carretera de múltiples curvas, antes de llegar a la
cima le digo que se pare en el mirador, ese suele ser un sitio donde las parejas
paran, ante nosotros está la imagen de Barcelona, millones de luces iluminan la
ciudad, con el mar iluminado por la luna al fondo.
-Desnúdate, Alba.
Ella, se despoja de su falda, mirándome desabrocha su blusa,
lentamente, liberando sus tetas…es excitante su falta de pudor, como con el
tiempo ha conseguido superarlo, creía que no lo conseguiría, pero se reveló como
lo que es, la mejor de las sumisas.
-Bésame.
Acercó su rostro al mío, su lengua empezó a lamerme los
labios, mordiéndomelos ligeramente, mientras poco a poco nuestras lenguas
empezaron a jugar, se abalanzó sobre mi, mientras la besaba mi mano recorrió su
espalda hasta encontrar el agujero de su culo, mi dedo empezó a jugar con el,
metiendo ligeramente la punta del dedo, pronto empezó a gemir de placer.
-Basta, por ahora, vístete y vamos, tengo otros planes…
Minutos más tarde la puerta del garaje de su casa se abría,
aparcó el vehiculo y le dije que se bajase.
-Supongo que después de tantas horas de esperar tendrás ganas
de mear, ponte entre esos dos coches de cuclillas y mea.
Se levantó la falda separando las piernas agachada empezó a
mear, mientras me miraba con deseo, una vez acabó metió los dedos dentro de su
coño y se los llevó a la boca, saboreando sus orines…Subimos a su piso, me abrió
la puerta, e inmediatamente se arrodilló ante mí, sus ojos brillaban de manera
especial, estaba excitada y ambos la sabíamos. La acaricié en la cabeza, como se
hace con un perro fiel, y le dije que fuese a buscar su collar mientras me
sentaba en la butaca de su marido, me agrada que me la chupe ahí, momentos
después ella estaba de regreso con el collar en la boca ofreciéndomelo, se lo
coloqué y fuimos a pasear por el piso, atravesamos el amplio salón, ella movía
sus tetas, que le colgaban, de un lado a otro, mientras su culo seguía el ritmo,
entramos en la espaciosa cocina, abrí el frigorífico para servirme algo frío, y
mis ojos se detuvieron ante una pastilla de mantequilla, hice que me sirviese un
vaso de agua, e inmediatamente fuimos a coger las cadenas que tiene preparadas
para cuando tenga que hacer uso de ellas, la até a las patas del sofá,
poniéndola de espaldas a mi, con las piernas abiertas, ofreciéndome el agujero
del culo y el coño, le acaricié los gruesos labios mayores, ya mojados por la
excitación, le dije que no se moviese, si no deseaba ser castigada, me fui al
frigorífico y cogí la mantequilla, la abrí y empecé a frotarle el coño, dio un
ligero sobresalto a sentir la mantequilla fría entre sus piernas, pero poco a
poco al sentir como la iba desplazando arriba y abajo por su coño, separando los
labios, acariciando su clítoris erecto, ya, empezó a gemir de placer, la iba
llenando toda de mantequilla, llegando hasta su culo, metiendo los dedos
completamente untados dentro de ella el ojete del culo se le contraía fruto del
placer, las tetas las tenía completamente tiesas, el sudor le bañaba el cuerpo,
su respiración me excitaban…la mantequilla se deshacía entre mis dedos, que se
metían en su culo y en su coño con total facilidad, al cabo de unos minutos, me
imploró que la dejase correrse, metí mis dedos en su culo, y le dije que podía
hacerlo, en ese momento empezó a correrse, mientras mis dos dedos sentían la
presión del esfínter en el momento del orgasmo…El suelo estaba lleno de restos
de mantequilla, la desaté y le dije que tenía que limpiarlo, se puso a lamer,
hasta que dejó el suelo limpio.
-Se que te ha gustado, tu mirada lasciva me lo confirma,
jajajaja, pero ya sabes que en nuestra "relación", no solo busco tu placer,
sorpréndeme, perra.
-Amo, me permites diez minutos para arreglarme?
-Sírveme algo, tengo sed, mientras te arreglas en cinco
minutos.
Me ofreció un zumo de naranja, mientras ella entraba en su
habitación. Durante ese momento me dediqué a mirar un álbum de fotos que tenía
por allí, en el que se la veía feliz, sonriente, al lado de su marido y de sus
hijas, unas chicas preciosas, durante esos momentos pensaba en lo puta que se
había convertido Alba, había pasado de ser una señora de clase alta a ser la más
sumisa de las hembras…un ruido detrás de mí, hizo que me diese la vuelta, ella
venía hacia mí, a cuatro patas, enfundada en un traje negro de látex, del cual
salían sus tetazas, y con dos agujeros a la altura del coño y del culo, y con el
collar agarrado por los dientes ofreciéndomelo sumisa. Lo cogí y ella me llevó
al despacho de su marido, me hizo sentar en su sillón y me quitó los pantalones,
empezando a jugar por encima de los slips con mi polla, la chupaba, la
succionaba, hasta que la puso dura, entonces me los quitó y empezó a lamerla,
apretándola, jugando con el prepucio, deslizando su lengua y estimulándome el
culo. La cogí por el pelo, y mirándola a los ojos le dije que no me había
sorprendido demasiado, al tiempo que le ordenaba quitarse el ridículo traje de
látex, lo hizo se separó de mí y se puso en medio del despacho, abrió las
piernas como una perra y empezó a mearse en el suelo mientras me miraba, al
acabar se restregó en sus orines como una cerda, mientras se iba tocando
impúdicamente su cuerpo, me levanté y me puse delante suyo, empezando a
masturbarme, la excitación hizo que me corriese pronto sobre ella, derramando el
esperma sobre su rostro y su cuerpo, con sus manos lo acercaba a su boca para
saborearlo.
-Eres una cerda, jamás me había cruzado con una perra tan
guarra como tu, a demás de ser una come pollas eres una guarra, una marrana,
pero en el sentido literal de la palabra…
-Si, amo, soy una guarra, gracias a ti, has sacado a la puta,
a la golfa, a la ramera que llevaba dentro, por eso y por el placer que me
permites darte, estaré siempre en deuda contigo, mientras tú lo desees seré tu
sierva, tu esclava, haré lo que tu desees…
-Calla, zorra, se perfectamente que harás lo que yo desee, de
hecho hace meses que lo estás haciendo, eras una señora de su casa con dinero,
aburrida, que solo servía para ir a fiestas i cócteles con el cornudo de tu
marido, que en la soledad de tu habitación te pajeabas fantaseando con que
alguien sacase a la guarra lujuriosa que hay dentro de ti, y yo lo he hecho…