¿Os he hablado de mi amiga Vanesa? Es una gran amiga mía.
Quedamos mucho para tomar café y a veces voy a su casa para tomar una copa y
hablar de ropa, hombres, ya sabéis, cosas de mujeres. Es muy guapa, es bastante
alta y delgada, con un pelo negro y liso maravilloso, y un cuerpo envidiable.
Tiene las piernas largas, y dos pechos grandes pero sin exagerar, en realidad
son como dos grandes manzanas, coronadas por dos pezones muy duritos. Es casi
tan provocativa como yo vistiendo, y tendríais que ver cómo se la quedan mirando
los hombres por la calle. Su culo es respingón y..ah, se me olvidaba deciros una
cosa, en realidad su nombre no es Vanesa, pero es que en realidad ella no es
exactamente una mujer. Vanesa es un travesti. Pero un travesti con clase,
espectacular, y os aseguro que a simple vista no notaríais la diferencia. Pero
desnuda sí tiene un pequeño detalle que la diferencia de las demás mujeres,
bueno, en realidad no es pequeño, es más bien grande, y le cuelga de donde
debería tener su coñito. Dice que con el tiempo acabará operándose totalmente, y
pasará de travesti a transexual, o a mujer completa, no entiendo muy bien la
diferencia entre todos esos términos, y eso que ella me lo ha explicado un
montón de veces, y se enfada cuando me confundo de nombre; pero a mí me gusta
tal como está ahora, como una mujer espectacular con una polla bien dotada, es
como tener lo mejor de las dos partes en una sola persona.
Como os decía, somos muy buenas amigas, pero las cosas nunca
habían pasado de ahí. No tengo prejuicios de ningún tipo, simplemente no había
surgido la ocasión. Y a mí tampoco se me había ocurrido nunca cómo sería hacerlo
con un travesti. Hasta cierto día.
Su piso es pequeño pero muy bonito y luminoso, y lo tiene
decorado con mucho gusto. Vanesa es prostituta de lujo, trabaja para una agencia
y gana mucho dinero. Acompaña a altos ejecutivos y gente con mucho dinero, y me
ha dicho que entre su lista de clientes fijos hay más de un famoso. Me da
envidia la vida que lleva, ella me ha propuesto en alguna ocasión llevarme a la
agencia, me ha dicho que es muy seria y formal, nada que ver con los puticlubs
vulgares del centro de la ciudad. La he dicho que lo pensaría.
Hace muy pocos días estaba una tarde en su casa, tomando un
vaso de vino y contándonos la vida, hacía algún tiempo que no nos veíamos. Hacía
calor estos días, y yo llevaba un ligero vestido veraniego de tirantes y unas
sandalias; Vanesa me había recibido descalza, solo vestida con unas braguitas y
una camiseta larga. Estábamos sentadas en el sofá charlando muy a gusto, y sin
querer me fijé en su entrepierna. La camiseta se le había subido un poco y podía
verla las bragas, y el bulto que se insinuaba en ellas. No sé porqué, pero me
excitó esa imagen. Y ella lo notó. Prefiere hacerlo con hombres, pero no le
importa en absoluto acostarse con una mujer si le atrae. Teníamos una relación
de amistad muy buena, y nos lo contábamos todo, ella sabía muchos secretos míos,
y yo suyos; yo la había visto desnuda alguna vez en su casa, mientras se
cambiaba, por ejemplo, y nunca nos habíamos sentido incómodas ni excitadas. Pero
esa tarde…
Ella me miró y notó mi turbación. Me miró el escote y las
tetas descaradamente y se relamió pícaramente. Me dijo algo que ya me había
dicho varias veces, que era muy atractiva. –Sé que me has dicho alguna vez que
nunca lo has hecho con alguien como yo, pero… dime… ¿te gustaría probar? Y según
dijo esto se acercó más a mí, y puso una mano sobre mi muslo. En ese momento me
di cuenta que quería follar con ella, realmente lo deseaba, así que la miré
insinuante y la dejé que me acariciara. Su mano empezó a subir por mi muslo y se
metió bajo mi vestido. Cuando llegó a mis braguitas y rozó mi rajita, no pude
evitar soltar un pequeño gemido, más por anticipación de lo iba a pasar. Se
arrimó a mí y me besó suavemente en los labios. Cerré los ojos y fui incapaz de
distinguir si me había besado un hombre o una mujer.
Entonces se levantó e hizo lo mismo conmigo. Quedamos las dos
frente a frente. Me bajó los tirantes del vestido y lo dejó caer a mis pies.
Tocó mis pechos con sus manos y me besó en la boca, pero ahora con más pasión,
con las bocas abiertas y nuestras lenguas entrelazadas. Mientras, me tocaba el
cuerpo, una mano acariciaba mis nalgas y otra mis pecho. Bajó la cabeza y me los
besó, me los lamió, entreteniéndose todo el tiempo que quiso en mis pezones.
Ahora sí empecé a gemir porque estaba realmente excitada, su lengua hacía
maravillas alternativamente en mi boca y en mis pezones. Se quitó la camiseta y
sus preciosas tetas quedaron a la vista delante de mí. Me incliné un poco y se
las chupé. Eran deliciosas, debía haberse bañado poco antes de llegar yo y su
piel sabía y olía a frutas. Me levantó la cara y volvió a besarme. Sus manos
bajaron por mi piel y me bajó las braguitas. Sus dedos empezaron a explorar mi
raja, humedeciéndola en pocos segundos. Yo no paraba de mirar su cuerpo y su
cara, eran perfectos, pero sobre todo miraba sus braguitas, y ese bulto que me
estaba volviendo loca. No pude contenerme más y se lo acaricié. Era lo que ella
había estado esperando. Me acariciaba las tetas mientras me sonreía y sus ojos
me suplicaban que le acariciara el paquete.
Era tan excitante, tan extraño, acariciarle el paquete a una
mujer. Notaba su polla bajo el nylon, inquieta, palpitando. La bajé las
braguitas y descubrí su polla; grande, morena, totalmente depilada alrededor, lo
que me pareció muy curioso, acostumbrada a las pollas peludas de los hombres; me
agaché y se la besé. Se la chupé como haría con un hombre, solo que los gemidos
que oía tenían un tono diferente. Lo disfruté chupándosela, lo hice lo mejor que
supe, lamiendo su tronco, sus huevos, metiéndomela entera en la boca. Tenía una
polla estupenda, y se había puesto durísima gracias a mi boca y mi lengua. Me
levanté, me cogió por la cintura y me llevó a su habitación. Me tumbé en la cama
y ella se echó sobre mí, besando y acariciando mi cuerpo; y, como haría
cualquier hombre, me penetró y me folló tumbada sobre mí. Sentir su polla dentro
de mí fue maravilloso, pero ver sus tetas y su cara al mismo tiempo, sobre mí
fue una de las cosas más morbosas que había hecho hasta entonces. Se irguió y
cogió mis piernas con las manos, separándolas, y siguió follándome; las apoyó
sobre sus hombros y sentí toda la fuerza de su ímpetu. Su miembro entraba y
salía de mi coño con fuerza, pero a la vez era delicada, era la fusión perfecta
entre un hombre y una mujer. Consiguió que me corriera, pero ella supo
contenerse muy bien, y siguió empujando mientras mi coño se llenaba de fluidos y
yo jadeaba histérica y me agarraba las tetas. Creo recordar que consiguió que me
corriera dos veces seguidas, antes de sacármela y cambiar de postura.
Me puse a cuatro patas y me dijo que me iba a follar como a
un hombre; como les gusta a sus clientes y amantes, sintiendo la polla de una
mujer penetrando sus culos. Se colocó detrás de mí y empezó a introducírmela,
lentamente, para que sintiera cómo avanzaba dentro de mí. Yo gemía de placer y
me agarraba a la almohada, diciéndola que siguiera, que no parara, que me
follara, que era maravillosa. Me la metió hasta el fondo y empezó a meterla y
sacarla con golpes secos, golpeando mis nalgas con su cuerpo en cada envestida.
Era una experta, sabía perfectamente qué ritmo llevar en cada momento, controlar
su eyaculación y la de los demás. Era simplemente fantástica.
Aumentó más y más el ritmo. Yo me pajeaba con furia el coño
mientras ella me animaba, diciéndome lo cachonda que estaba por poder follarme,
que le volvía loca mi cuerpo, y que quería romperme el culo como a la puta que
era. No lo aguanté más y me volví a correr, jadeando y gritando completamente
fuera de mí. Ella también llegó al clímax, pero se sacó la polla y eyaculó sobre
mis nalgas y mi espalda. Sentí cómo su leche cálida mojaba mi piel, oyendo sus
jadeos y gemidos según me la echaba toda. Cuando terminó me la extendió con la
mano, nos tumbamos las dos juntas para descansar y me dio su mano para que la
chupara. Estuvimos así un rato, hasta que decidimos ir a ducharnos. Creo que mi
relación con Vanesa acaba de dar un cambio radical y de lo más excitante.