"¿Te apetece hacerlo por… la puerta trasera?" Ésas habían
sido las palabras exactas de Tina, ¿verdad? Sí, habían sido ésas, justo… "Vamos…
vamos a repasar" se dijo Santiago "Me ha propuesto sexo anal, eso está claro…
sin embargo… ¡el que está agachado soy yo! ¿A-acaso pretende…?"
Santi había llevado a Tina hasta la cama, fundidos en un beso
interminable, y la joven le había hecho tenderse boca abajo para quitarle los
cristales que se le habían clavado en los pies… dentro de la mala suerte, había
sido afortunado porque éstos habían sido cristales algo grandes y fáciles de
sacar, ninguno se había encarnado. Con infinito mimo, Tina había lavado con agua
jabonosa que trajo en una palangana sus heridas, las había desinfectado y besado
una a una y le había vendado cuidadosamente los pies, sin apretar demasiado. "Se
curarán en pocos días", había dicho ella mientras le acariciaba las piernas en
sentido ascendente, jugueteando con el vello de éstas, haciendo círculos en las
sensibles corvas y rozando ligeramente la cara interior de los muslos… la
sensación de bienestar había ido cambiando gradualmente a otra de calor y
excitación conforme sus manos subían y las caricias se hacían más fuertes, pero
Tina había evitado deliberadamente la zona genital, y cuando Santi intentó
volverse para atraerla hacia sí, ella había negado traviesamente con la cabeza y
le obligó a seguir tumbado boca abajo y sufrir y disfrutar a la vez de las
caricias. Santiago había empezado a emitir suaves "mmmh…" de gusto, que habían
ido cambiándose a gemidos de deliciosa impaciencia cuando ella empezó a
acariciar la parte más alta de sus muslos, casi las nalgas, casi su sexo… pero
sin llegar. Podía oír la risita de ella y podía notar su propia erección, su
polla pedía sitio desesperadamente… y al intentar acomodarse mejor sobre el
colchón, levantó la cadera levemente, y a Tina se le escapó la mano hacia su
sexo, rozándolo.
-¡Ahh….! – un gemido se escapó del pecho de Santiago y un
escalofrío de placer recorrió su espina dorsal… involuntariamente, en un intento
de que ella le acariciase de nuevo el miembro, elevó la cadera un poco más. Tina
había parecido dudar, pero había continuado sus caricias por los muslos, y de
vez en cuando había rozado los testículos de su compañero y el miembro del
mismo, intentando que Santi se elevara un poco más… finalmente, él se encontraba
inclinado de rodillas sobre la cama, y por primera vez se preguntaba qué había
pasado… pero Tina estaba tras él, acariciando su espalda, sus nalgas… podía
sentir el calor del cuerpo de ella justo en su trasero; cuando ella se
inclinaba, sus cabellos le rozaban la espalda, las piernas… era demasiado
agradable para atreverse a poner pegas.
-Mmmmmmmmmh…. Qué cuerpo tan estupendo tienes, Santi…. Me
encanta… - Él estuvo a punto de echarse a reír ante aquélla afirmación, ¡¿él, un
cuerpo estupendo?! ¡Pero si estaba gordo, era calvo y tenía pelo por todas
partes menos en la cabeza! De acuerdo, era bastante alto y tenía un aparato de
tamaño superior a la media, pero de ahí a "cuerpo estupendo"…. Pero Tina no
compartía esa opinión – Tú no eres como esos narcisistas que se pasan todo el
santo día marcando paquete en el gimnasio – continuó, mientras sus manos
frotaban la curvita del estómago y el bajo vientre, evitaban una vez más el
sexo, produciendo una impaciencia maravillosa y bajaban por los muslos, de modo
que Santi notó el calor de sus pechos en su espalda cuando se inclinó - … que se
depilan como niñas y se ponen cremas como si fueran estúpidas barbies… tú eres
un hombre normal… un maravilloso macho orgulloso de sí mismo, imperfecto y
bellísimo… tu barriguita me habla de tu alegría de vivir y disfrutar – continuó,
inclinándose totalmente sobre él, para apretar sus tetas contra la espalda de su
compañero y acariciar con una mano la verga, completamente erecta y ansiosa, de
él. La otra mano la metió entre las piernas de Santi y acarició los testículos,
haciendo que él respingase de gusto – el cabello que perdiste, me habla de la
alopecia que padeces y llevas con dignidad, no con estupideces de intentar
hacerte un trasplante de cabello o peor aún, de colocarte un ridículo peluquín…
- las caricias en su miembro eran suaves, largas, lentas y pausadas…. Tina
paseaba sus dedos de abajo a arriba, haciendo algo a medio camino entre caricia
y cosquilla… subía hasta el glande, se mojaba los dedos en el líquido preseminal
que supuraba su miembro y hacía pasadas interminables, esparciéndolo por el
tronco y deleitándose con cada gemido que emitía Santi, cada vez más caliente…
él agachó la cabeza para mirar por entre sus brazos cómo Tina le acariciaba, y
el ver aquéllos dedos rosados y finos pasearse suave y delicadamente por su
polla, le puso todavía más caliente – el vello de tu cuerpo me habla de tu
aceptación por ti mismo tal y como eres, no intentando esas chorradas de
depilarte, y al mismo tiempo, me habla también de tu hombría….de tus hormonas
que proporcionan un vello corporal intenso… el olor de tu sudor me habla de tu
excitación, de tu deseo… de lo cachondo que te pongo – la voz de Tina se había
convertido en un susurro hambriento, y Santi tiritó de placer y ganas cuando
ella le besó a la altura de los riñones y le dio un leve mordisco en el costado,
sin dejar de acariciarle – y finalmente, tu miembro enorme… me dice que eres un
hombre bien dotado, sano y en forma… y que yo te gusto, puesto que apenas
necesitas unas caricias para estar dispuesto para mí…. Tú eres un auténtico
hombre como yo lo deseo, un hombre orgulloso de sí, un hombre real, ¡un hombre
que puede sostener el mundo con su tripa y montarlo con su polla!
Santiago notó claramente que se sonrojaba, podía notar que lo
que Tina decía… lo pensaba de verdad, no era un simple comentario de almohadas,
para ella era verdad… Quizá fuera la primera vez en su vida que se sentía tan
deseado… y tan querido. Todo su cuerpo temblaba de gusto y deseo, y al mismo
tiempo, de felicidad. ¿Cómo era posible que algo tan bueno como Tina, le
estuviese ocurriendo a ÉL? Podía notar las mejillas de ella, suaves y blanditas,
frotarse contra sus nalgas, mientras le acariciaba con algo más de intensidad.
Las caderas de Santi se movían solas, buscando rozarse más fuertemente con
aquéllas manitas que tanto placer le proporcionaban, y tenían que agarrarse con
ambas manos a la almohada para reprimir el impulso de tirarse sobre ella y
bombear como un perro hasta que ambos reventasen de gusto…
-Mmmmmmmmmh…. ¡mmmchuics! – un beso graciosamente sonoro se
estampó en la nalga izquierda de Santi, y éste alzó la cabeza en un respingo,
sorprendido por aquello, y asombrado de lo mucho que le excitaba… "me… me está
lamiendo los cachetes…." Pensó confusamente, al notar la lengua de ella
pasearse, primero en golpecitos juguetones y después en largas lamidas, por su
carne, desde el final del muslo, hasta casi los riñones "¡me va a volver loco!"
– Estás temblando… se te pone la piel de gallina… aluuuuuuuuuuurps… ¿te gusta,
verdad que sí…?
Santi apenas podía hablar, el sudor le recorría la cara y
gruesos goterones caían sobre las sábanas… intentó reunir fuerzas para contestar
que sí, que le encantaba, que le estaba poniendo mucho más cachondo de lo que
jamás en su vida había estado… pero entonces la lengua de Tina hizo una
incursión más profunda, y Santiago estuvo a punto de morir de un infarto:
-¡Aauuuuuuuuuuh….! – la sorpresa, la vergüenza y el placer le
atacaron de golpe cuando sintió la caricia cálida y húmeda de la lengua de Tina
en su ano. La maravillosa sensación le recorrió el cuerpo de arriba abajo, en
una oleada de chispas eléctricas que hicieron delicias en todo su ser y su pene
se hinchó más aún… no obstante, su primer impulso fue intentar apartarse, o
hacer que ella desistiera, pero Tina le tenía agarrado por una pierna y con la
otra mano le acariciaba la polla; no iba a permitirle que se soltara, y ella
misma tampoco iba a soltar su presa – Noooooooooo…. –logro balbucir – po…por ahí
no….
-¿Porqué no? ¿Es que no te gusta…?
Santi no quería admitir que él mismo NUNCA se había tocado
ahí porque le daba cierto repelús, pero ante su falta de respuesta, Tina se
dispuso a volver al ataque, y él confesó:
-Sí…. Claro que sí, pero… pero esa zona…. Me da corte…. Es….
Es muy sucia…
Santiago oyó a Tina emitir un gemido de ternura. La mano con
la que le sujetaba la pierna, se soltó y se dirigió a su culo, que masajeó y
abrió. La lengua de Tina dio golpecitos en la entrada de su agujerito trasero,
provocando suspiros de su compañero a cada roce.
-Cariño… en primera, estás recién duchado… sabes a agua tibia
y gel de ducha… -rió, traviesa – y en segunda, no hay ninguna zona de tu cuerpo
que sea sucia… yo adoro todo tu cuerpo, y voy a darte placer en éste culito
rosadito que tienes…
Santi, a pesar de sentirse en una nube, aún intentó oponer
algo, pero entonces la lengua de Tina lamió ávidamente su ano, y él desencajó la
cara en una boba sonrisa de placer… Cada vez que ella retiraba un solo milímetro
su lengua, Santiago elevaba el culo, aún sin darse cuenta, para reencontrarse
con ella, ¡qué placer…! A cada momento le parecía que iba a correrse, pero en el
preciso instante en que sólo necesitaba un empujoncito más, ella se detenía… le
dejaba respirar, y luego volvía a empezar… Santi se notaba el culo empapado,
pero no le importaba, el gozo que experimentaba era lo único que merecía la
pena… Tina no dejaba de acariciar su polla al tiempo que le lamía el culo, y el
movimiento de ambos empujaba la cama hasta hacerla chocar con la pared una y
otra vez… la sensación de preorgasmo le estaba sacando de quicio, el maravilloso
cosquilleo eléctrico le invadía una y otra vez, no podía parar de gemir y
retorcerse… por efecto del golpeteo en la pared, el poster que tenía colgado se
calló al suelo y el marco y el cristal se hicieron mil añicos, pero Santi ni
siquiera oyó el estrépito, su cuerpo era sólo un cúmulo de sensaciones
placenteras y goces indescriptibles, su respiración se aceleraba y su corazón
amenazaba con querer salírsele del pecho…
-¿Te gusta…? – preguntó Tina con picardía, bajando el ritmo
de las caricias y lamidas – dime que te gusta… si no me lo dices, puedo pensar
que no te gusta y pararé…
-¡No, no pares…! – gimió Santi manoteando, como si intentara
agarrarla en caso de que ella se retirase - ¡Por favor, sigueeeeeeeeeee….. dame
más….. más…. Déjame que me corraaa…..! Me gusta mucho…. Sí…. ¡sí!
-Entonces, ¿sigo? – ahora ella acariciaba su ano con los
dedos, para que la excitación no bajase demasiado.
-¡SÍ!
-¿Hasta que te corras?
-¡SÍ!
- ¿Y después me harás el culo a mí?
-¡OOOH, SÍ!
-¿Y querrás conocer a mis padres?
-¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! ¿eh…?
Pero ya era tarde: Tina, en medio de una risa gozosa, hundió
su cara entre las nalgas de Santi y le penetró con la lengua, honda,
profundamente, al tiempo que le pajeaba con ganas y con la mano libre le abría
el culo todo cuanto podía para llegar más adentro, ¡Santiago gritó hasta
quedarse sin aire! ¡Nunca había sentido nada igual! El placer se adueñó de él,
su cuerpo se contorsionó, tiritó violentamente mientras sentía que el gusto le
mordía el cuerpo, desde las piernas hasta el cuello, cebándose en sus genitales;
los escalofríos deliciosos recorrieron su piel en oleadas cálidas, y una
poderosa descarga de esperma empapó las sábanas, ¡qué maravilla….! Santi gimió,
notando cómo su cuerpo se encogía y cómo su sexo palpitaba dulcemente por el
orgasmo, el genial orgasmo que acababa de sentir… incapaz de resistir más, sus
rodillas fallaron y se dejó deslizar sobre la cama, tan extenuado como
satisfecho. Una parte de él quiso recordarle que aquello sobre lo que había
caído y le estaba empapando parte del pecho y la cara, era su propio semen
pegajoso… pero la sonrisa que reinaba en su cara, dejaba palpable que aquello,
era un detallito tonto, sin importancia…
Mimosa, Tina se dejó caer sobre él, abrazándole por el pecho,
y le beso la comisura de los labios. Santi la miró con los ojos entrecerrados.
-Eres… -suspiró – eres una traidora…. No está bien que me
preguntes acerca de conocer a tu familia… en medio de….
Pero ella le besó en la boca, acariciando su lengua, y no le
dejó seguir hablando. Cuando se separó del beso, Santi hubiera jurado que ella
tenía una mirada algo triste, y… apurada. Como si no supiera bien cómo decirle
algo. "Bueno…" pensó él "La familia que ha engendrado una chica tan maravillosa
como ella, tiene por fuerza que ser buena gente. No voy a desconfiar; no ahora
que por fin tengo algo de suerte".
En el salón, el bolso de Tina estaba tirado en el suelo, la
cartera de la joven se había salido y unas fotos se habían desparramado por el
piso… en una de ellas, podía verse a una Tina de apenas doce años de edad,
rodeada por cinco enormes chicos, altos y de aspecto hercúleo, dos de los cuales
llevaban afeitada la cabeza. De pie, en el centro, presidiendo la foto, había un
hombre de aspecto huraño, con pelo sólo de la coronilla hacia atrás, espeso
bigote, enorme nariz y expresión general de mala leche, que saludaba a la cámara
con el brazo derecho levantado en diagonal y la mano extendida…