[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ] [ SexShop ]
 Enlace Recomendado del día: [ Foro sobre Dinero ]
 1,140,177 Miembros | 12,797 Autores | 53,760 Relatos | 2,949 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
VARIOS
 
 
SEXSHOP
RELATO HABLADO

Sexo sin ataduras
TODORELATOS » RELATOS » LA STRIPPER, EL ADOLESCENTE Y SU FIESTA (3)
[ No da quien tiene, sino quien quiere. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 10 de Octubre, 2008.
Fecha: 22-Jul-08 « Anterior | Siguiente » en Orgías (1894 de 1924)

La stripper, el adolescente y su fiesta (3)

casimiro11
Accesos: 4,692
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 19 min. ]
 -   + 
Vemos que nuestra protagonista es realmente una chica eficiente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Lo cierto es que estoy un poco descentrada. De otro modo no se explica que, totalmente desnuda, me haya dirigido a la primera puerta que he visto con intención de darme una ducha y limpiarme el semen que cubre buena parte de mi cuerpo. Súbitamente, me doy cuenta de que es la primera vez que estoy en aquella casa, no tengo ni idea de dónde está el baño ni de a dónde debo dirigirme. Pero no es problema, ya está Pelayo a mi lado, diligente y educadísimo "por aquí señorita, tenga la amabilidad de seguirme".

Así que le sigo por un pasillo lujosamente decorado hasta que llegamos a un baño enorme, que me recuerda los anuncios de la Preysler para Porcelanosa. "Aquí tiene todo lo necesario, si necesita algo más no tiene más que pedirlo". Es curioso este hombre. Habitualmente, cuando un tipo paga por acostarse contigo se cree con derecho a todo, como si no sólo hubiera pagado por sexo, sino también por el derecho a humillarte, a demostrarte continuamente que está por encima de ti. Sin embargo, Pelayo me sigue tratando con exquisita corrección, como si yo fuera una "señorita decente". El hecho de que esté desnuda ante él mientras mi cuerpo conserva las huellas de las corridas de siete adolescentes no parece menoscabar la opinión que le merezco.

El tío podría resultar encantador, pero hay algo que me pone nerviosa. En efecto, me he metido en la ducha, he cogido el gel y el champú para el pelo, intento retardar el momento de empezar a ducharme pero, por más que me demore, Pelayo sigue allí, parado como una estatua. No dice nada, pero al fin comprendo lo que quiere: mirar.

Quizá parezca absurdo después de lo que acabo de hacer, pero ducharme delante de aquel hombre me pone nerviosa. Si quisiera acostarse conmigo sería más fácil, ha pagado de sobra, y no es un hombre desagradable en absoluto. Pero no me toca, se limita a mirarme, y eso me hace sentir una extraña desazón, como si mi cuerpo no me perteneciera. Al fin, Pelayo carraspea y, como avergonzado, me pregunta "perdone señorita... verá es que... me gustaría mucho, si a usted no le molesta... es que mi mujer era muy severa y... desde luego no tiene su belleza... ¿le importaría que la mirase mientras se ducha?" Jo, probablemente el pobre diablo no está mucho más espabilado que su hijo. Bueno, con lo que me ha pagado, creo que tiene derecho, al fin y al cabo lleva viéndome desnuda más de dos horas. Así que procedo a ducharme frente a él, primero de espaldas, dejando que su mirada recorra mi espalda y mis nalgas a la par que el jabón resbala por mi cuerpo. Luego, lentamente, me giro y ofrezco una vista frontal a aquel voyeur cincuentón. Tengo los ojos cerrados mientras me enjabono el pelo, los pechos, el vientre...

Tras un buen rato, Pelayo empieza a hablar de nuevo, noto que quiere proponerme algo, pero parece nuevamente remiso ¿será tanta educación y tanta timidez una simple fachada? He terminado de ducharme, y mientras salgo de la bañera cojo la toalla que mi anfitrión me ofrece y me envuelvo con ella, sintiéndome un poquito más cómoda ante la eminente negociación.

"Verá señorita, yo... ejem... había pensado... quizá a usted le interesase... en fin, yo estoy dispuesto a pagarle como se merece..." ¿Qué narices estará pasando ahora por su calenturienta mente? Estos modositos son los que piden luego las cosas más extrañas, empiezo a temer su talante refinado que esconde un ser demasiado imaginativo y morboso. No me extrañaría que quisiera montárselo conmigo delante de los chicos, aunque tiene pinta de ser de los que sólo les gusta mirar. Estoy un poco mosca, pero como intuyo que mi cuenta corriente puede crecer mucho esta noche, le sonrío para animarle a continuar.

"El caso es que, sabe usted, la mayoría de los chicos que hay en la sala son vírgenes... y estamos celebrando el cumpleaños de mi hijo... el caso es que... si usted no tiene inconveniente..." Uyuyuy. Esto son palabras mayores. El tío pretende que se lo haga a... ¡SIETE! En una sola sesión. Me pregunto a mí misma si soy capaz de hacer algo semejante ¿podría seguir diciendo que no soy una puta después de eso? Siete chicos de un golpe, mientras el papá mira. Me parece muy fuerte, esa no es mi manera habitual de proceder, selectiva y calculada. Claro que, sabiendo de la generosidad de Pelayo con el dinero, quizá debería oír su oferta antes de decidir.

Y no hace falte que yo pregunte, el hombre sigue hablando, realmente es difícil pararle una vez que empieza "Yo había pensado... bueno... si usted quisiera... estoy dispuesto a pagarle 30.000 € en efectivo... y le garantizo que será usted tratada con todo respeto señorita..." Puff, ¡30.000 € en una noche, cinco millones de pesetas! Tengo que reconocer que debo ser algo puta, porque cuando oigo la cifra ya no me parece que cepillarse siete tíos de un tirón sea algo tan descabellado. Pero habrá que definir bien mis "obligaciones", porque yo cosas raras o violentas, ni hablar. Enseguida Pelayo me tranquiliza "por supuesto señorita, yo asumo la responsabilidad... todo se hará como usted decida... ¿quién mejor que usted para enseñar a los chicos?... usted pone los límites... verá cuando se lo diga, van a estar locos de contentos con su colaboración".

Lo curioso del caso es que, oyéndole hablar, casi me convence de que soy una profesora, una especie de "asistente". El tío es tan educado, parece haber tan poca malicia en su forma de hablar, que por un momento me olvido de lo que realmente estoy haciendo: prostituirme, lisa y llanamente. Me ha dejado un momento a solas en el baño, ha ido corriendo como un chiquillo a darles a los muchachos las "buenas noticias". Bueno, la decisión está tomada, soy un puta, pero un puta rica, mi caché es mejor que el de las famosas de la tele. Espero que Pelayo vuelva a acordarse de mí en el futuro, pagando así, soy suya cada vez que me requiera.

Cuando vuelvo al salón, el silencio se puede cortar. Los chicos están mudos, ansiosos por empezar. Curiosamente, están todos totalmente vestidos otra vez, lo que me hacer sentir un poco incómoda, hubiera sido mejor estar todos en pelotas. Además, eso de ser la única chica para tantos hombres me da un poco de miedo, nunca he hecho nada parecido, ¿podrá mi chuminito satisfacer a todos esos adolescentes? La experiencia me dice que eyaculan rápido, pero también que quizá no se conformen con un polvo por barba, a esa edad, se recuperan en un santiamén y, por la pinta que tienen algunos, seguro que no han catado hembra, al menos no una como yo. Y es que está mal que yo lo diga, pero una chica en su madurez, 26 añitos, guapa, sofisticada, culta, es un manjar exquisito con el que apenas pueden soñar estos jovenzuelos inexpertos. Temo que va a ser difícil dejarles saciados.

Bueno, vamos a empezar, Samuel es el homenajeado, y a él le corresponde el primer turno, va a "estrenar" mi conejito, al menos por lo que se refiere a esta noche. Está sentado otra vez en su silla, mientras los demás nos rodean. Respiro hondo, el corazón me palpita muy rápido, las piernas me flaquean cuando me quito la toalla y vuelvo a aparecer en "ropa de faena". Le pido a Samuel que se desnude de cintura para abajo, y el chico obedece con la mirada fija en el suelo, colorado mientras sus amigos se ríen y se frotan las manos; me miran con lascivia y asombro, no podían imaginar semejante regalo, soy la maestra de educación sexual más adorable que nunca ha habido.

Me acerco a Samuel, me arrodillo y cojo su miembro con una mano, acariciándolo con calma. Este chico es un caso, otra vez está lánguido y flojo, veo que tendré que recurrir al plan B de nuevo ¿no será que este chico es muy listo?, parece que le gusta mucho que se la chupen Y es que, al contacto con mis labios, su pene gana fuerza rápidamente, curioso el crío, menos mal que sus amigos no han requerido mi plan auxiliar, porque habría terminado con la boca desencajada.

Cuando juzgo que el pene tiene la rigidez apropiada, detengo la mamada, si Samuel vuelve a correrse en mi boca va a ser el cuento de nunca acabar. Me levanto y me dispongo a acoplarme con el chaval, que permanece sentado en la silla, desnudo de cintura para abajo, la minga tiesa como un poste de la luz. Todos nos miran con los ojos como platos mientras me coloco encima de él, cojo su miembro con una mano y apunto hacia mi propio sexo. Con la otra mano, abro los labios de mi vagina y me sitúo en posición. Poco a poco, voy bajando sobre aquella verga virgen y potente. Tengo que hacerlo despacio, porque entre el stress de la situación y que el chico no me gusta mucho, mi vagina no está demasiado húmeda, y no quiero hacerme daño, me queda demasiado trabajo por delante.

Despacio pero sin pausa, voy sentándome encima de Samuel, cuya cara es un poema. Ahora estoy segura, el chico es virgen, por primera vez su pene se adentra en el adorable sexo de una chica y, a juzgar por su expresión, le gusta, y mucho. Alguien a suspirado en la sala al ver que la verga de Samuel se enterraba en mi sexo, no sé quién ha sido, pero a juzgar por las caras babeantes de los chicos, podría ser cualquiera.

El pene del muchacho ha entrado por completo en mi cueva del tesoro, estoy subida sobre él, controlando el movimiento. El chico tiene los ojos cerrados, parece que no puede ni moverse, soy yo la que empieza a balancearse despacio, arriba, abajo... Noto que, si voy demasiado aprisa, el chaval se va a correr en un suspiro. Es el hijo de mi mecenas, quiero tenerle contento así que, de repente, me quedo parada encima de él, con su pene dentro de mi vagina. La noto palpitar, caliente, enorme, si me muevo un ápice se corre seguro. Entonces decido hablarle, al fin y al cabo soy su profesora, quiero que el chico disfrute un poco más antes de irse entre mis piernas "¿qué tal, es como te esperabas?" Sorprendido, Samuel abre los ojos y me mira, apenas puede contestar "es... es..." Sobran las palabras, sé que le estoy haciendo feliz. Decido empezar a moverme otra vez, porque temo que se corra incluso si me quedo quieta, y quiero que, al menos el hijo de Pelayo, quede encandilado conmigo.

Mientras cabalgo sobre su hijo, Pelayo me mira serio y respetuoso, pero adivino que está tan excitado o más que el resto de los chicos. Por mi parte, no experimento ningún placer, estoy ejerciendo de profesora, de educadora de aquel chiquillo inexperto, pero al menos mi vagina está ahora más lubricada y no me resulta molesto deslizar aquella verga en su interior.

Cada vez más dura e inquieta, la polla de Samuel se arquea dentro de mí, noto que llega el momento, el chico se tensa, su boca suelta un gemido, el pene cobra vida propia en mi interior, y al fin noto el chorro de semen caliente que se expande dentro de mí. Sigo moviéndome unos segundos hasta que el muchacho termina por completo de eyacular, poco a poco noto que su pene pierde dureza, finalmente me detengo: Samuel está inane, el primero de mis chicos ha quedado satisfecho.

El silencio es mayor ahora si cabe. Me levanto y dejo a Samuel es la silla, parece medio muerto. Tengo que cubrir mi sexo con una mano, porque está chorreando semen, debería ir a lavarme de nuevo. Pelayo se hace cargo y me permiten ir al lavabo, que no es cuestión de que el chaval que siga se encuentre los restos del anterior.

Cuando vuelvo, me encuentro al chico de la minga curvada, el que parece un putero, esperándome sonriente. Él y el gordito son los más atrevidos, probablemente ellos no son vírgenes. Con su picha en forma de gancho, está ya totalmente desnudo, esperando su turno. Los otros le jalean, la excitación sube por momentos, se mueren por ser objeto de mis atenciones.

Con este no hace falta plan B ni porras. La tiene dura como una piedra, es cuestión de subirme encima y empezar. Pero algo raro sucede. Es una picha muy extraña, ya lo he dicho. Coge curva hacia abajo, y muy pronunciada, por un momento incluso he temido que me hiciera daño, pero luego he visto que mis temores eran infundados. El caso es que, según entraba, he notado que, debido a su curva, aquel pene presiona dentro de mi vagina en sitios diferentes a los acostumbrados, y la sensación no es desagradable. Ni mucho menos quiere esto decir que esté excitada, realmente estoy trabajando, y lo único que quiero es hacerlo bien, dejar contento al patrón. Pero sí es cierto que aquel chaval feo tiene una herramienta muy extraña, tengo que hacer esfuerzos para recordar dónde estoy y lo que estoy haciendo, no es cuestión de ponerme a gemir como una loca aquí en medio (soy muy ruidosa, pero eso hay que pagarlo aparte). El chico se mueve feliz debajo de mí, parece furioso por terminar rápido, a esta edad no saben disfrutar del sexo y confunden velocidad con placer. En fin, peor para él, disfrutará menos tiempo de mi cálido sexo. Y es que, en apenas cinco minutos, se ha corrido con furia, los ojos en blanco y sus manos arañándome las nalgas. No sé el motivo, pero me alegro especialmente de hacer cumplido con éste, ese pene curvado me ponía un poquito nerviosa, quizá se movía demasiado cerca de mi clítoris con los vaivenes.

Bueno, pues van dos, sólo me quedan cinco, voy a lavarme rápidamente y vuelvo. Me quedan el guaperas sosito, ése al que dan ganas de hacérselo gratis; "el pulga", el pequeñajo con la minga increíblemente grande; otros dos que apenas distingo, me resultan muy impersonales; y finalmente el gordito, que con su cara sonriente parece relamerse cada vez que me mira. Creo que han sorteado turno, y que, por este orden, los dos chicos insulsos, el guaperas, el pulga y el gordito me están esperando. Probablemente el gordo se ha ofrecido voluntario para ser el último. Parece de biorritmos lentos, y su mirada indica que ya empieza a conocer el placer de esperar, de tomar las cosas con calma.

A mí me da igual, me voy a pasar a todos por la piedra y, de momento, mi conejito no se resiente, sin estar excitada, sí está lo suficientemente lubricado como para hacer fácil el trabajo, al fin y al cabo, son chavales jóvenes, no es tan desagradable, y los 30.000 € bien merecen que les trate con un poco de pasión, no como ésas que se cortan las uñas mientras se follan a un tío.

El siguiente está ya entre mis piernas, y mientras me balanceo sobre él hago un cálculo de los orgasmos que voy a proporcionar esa noche. Siete pajas primero, siete polvos después, y eso contando con que Pelayo no se apunte al final. Madre mía, voy a batir mi record de largo, catorce corridas de tíos en unas pocas horas, soy una campeona.

La verdad es que a este casi ni le he sentido irse. Ha sido visto y no visto. Pobres chicos, están más necesitados de lo que creía. Un poco de vaivén con un conejito cálido y acogedor y se diluyen como azucarillos. Esto va a ser pan comido.

Porque el siguiente es más de lo mismo. Sin darme cuenta, en apenas 45 minutos, me he cepillado a cuatro chavales, y los cuatro han salido con una cara de felicidad inmensa. Pelayo no pierde detalle. El guarrillo mira con los ojos como platos, sólo le falta aplaudir cada vez que me levanto, el sexo chorreando semen, y dejo un muchacho derrumbado y feliz sobre la silla.

Me quedan sólo tres, el guaperas, el picha grande canijo y el gordito.

No quiero confiarme, pero creo que esto está controlado. Mientras me subo encima del guaperas, empiezo a pensar en lo que podría hacer con tanto dinero. Pagar deudas, un cursillo entero de ballet, cambiar el coche... ¡ojalá a Pelayo se le ocurran nuevas aventuras!

Pero de repente, sin darme cuenta, algo ha cambiado. No sé si es por haberme relajado, por el vaivén continuo o qué, pero noto que mi sexo está cada vez más húmedo. La verdad es que el chico de ahora es sosito y joven, pero guapo, muy guapo. Mientras cabalgo sobre él, veo su hermoso rostro y siento ganas de besarle. Me contengo, quiero que Pelayo me vea como una profesional en la que se puede confiar, así que me concentro en mi trabajo. Arriba, abajo, arriba, abajo. El problema es que ya no controlo tanto el movimiento. A veces me paro porque temo empezar a jadear en cualquier momento. El chico me mira sorprendido porque no entiende lo que me pasa. Hasta ahora, yo era una especie de muñeca articulada deliciosamente real. Me subía sobre ellos, les permitía penetrarme, empezaba a moverme hasta exprimir sus penes duros y jóvenes y me bajaba como si tal cosa.

Pero ahora es diferente. Estoy empezando a notarme muy excitada y, por alguna extraña razón, eso me da vergüenza. Ni yo misma me lo explico, después del show que estoy montando, ¿qué importancia puede tener si me corro o no? ¿a quién hace daño que yo goce con mi trabajo? Pero de algún modo, es involucrarme demasiado, perder el control de la situación. Si consigo llegar al orgasmo con aquellos jovenzuelos, ¿dónde estará el límite? ¿habrá algo que me pida Pelayo y yo no haga, sabiendo que además lo pagará generosamente? Creo que lo que pasa es que empiezo a tener miedo de mí misma.

Lo malo es que ahora estoy siendo poco profesional. Queriendo evitar mi propio orgasmo, estoy entorpeciendo el del guaperas. Dos o tres veces el chico estaba a punto, pero yo me detenido y el pobre me ha mirado con sorpresa. Tampoco es que el chaval lo esté pasando mal, ni mucho menos. Noto que su pene palpita contra las rosadas paredes de mi vagina amenazando explotar, lo cierto es que incluso debía agradecer que prolongue su placer. Pero es hora de pasar al siguiente, aún me quedan otros dos, y empiezo a notar sudores sospechosos.

Al fin, el guaperas se corre con un gemido salvaje, los parones le han ido llevando a cotas cada vez mayores de placer, y cuando termina lo hace de un modo bestial, su cara está congestionada, parece incapaz de mover un músculo. ¿Y yo? Yo lo he pasado realmente "mal". He tenido que recurrir a toda mi fuerza de concentración para no dejarme llevar con él. Cuando su pene ha sufrido los espasmos del orgasmo, las paredes de mi vagina se han contraído involuntariamente, he tenido que luchar para no abandonarme al placer. Con los ojos cerrados y mordiéndome el labio con fuerza, he conseguido mantenerme seria mientras el semen me inundaba. El problema es que, cuando he abierto los ojos, he visto que Pelayo me miraba fijamente. Eso no me ha tranquilizado.

Pero sólo quedan dos, el de la minga grande y el gordito. Esta vez he tardado un poco más en lavarme, he dicho a Pelayo que necesitaba un descanso, y él lo ha entendido "por supuesto señorita, faltaba más, usted marca las reglas, usted..." Le he dejado con la palabra en la boca y me he encerrado en el baño. En realidad, estoy haciendo tiempo para que me baje la calentura, quiero ser eficiente y profesional, de verdad que hago todo lo posible para que los chicos disfruten conmigo, que Pelayo quede contento y me vuelva a llamar pero, no sé si por pudor o miedo a mí misma, no quiero excitarme demasiado con este trabajo.

Todo controlado, pienso, y vuelvo a la sala. Jo, la minga del pequeñajo es realmente increíble, abulta más que él. Parece un trozo de carne autónomo, que no tuviera nada que ver con el dueño y, además, ¿está siempre empalmado? Porque cuando he llegado ya estaba tiesa y firme, esperándome.

Procedo a situarme y, poco a poco, me meto aquella picha gigante hasta el fondo. La diferencia es que, al principio, con los primeros chicos, iba poco a poco porque no estaba demasiado húmeda. Ahora, a pesar de haber hecho tiempo en el baño, sí lo estoy. Ahora voy poco a poco porque aquel mozalbete de apenas diecisiete años gasta una herramienta que parece que me abre en canal. Es increíble, le ves la cara de crío, el pecho enjuto, las costillas marcadas una a una, y te parece imposible que lo que te está penetrando hasta llegarte a la garganta sea el pene de ese chavalín.

Pero es suyo, sin duda, me ha llenado por completo y, a mi pesar, cada vez que me muevo no puedo evitar estremecerme. Es como tener un consolador gigante dentro de ti, empezar a moverte alrededor de él y pretender no excitarte. Afortunadamente, los chicos ahora no están callados, jalean al "pulga", le dicen que me dé duro, "enséñale lo que vales". Y a fe que me está enseñando. La profesora está sorprendida por la aplicación del alumno, y en dos o tres ocasiones se me han escapado gemidos que espero que hayan pasado desapercibidos.

Tener esa minga dentro y no disfrutarla es un pecado, pero yo sigo terca, he decidido no correrme esta noche bajo ningún concepto y estoy dispuesta a lograrlo. Así que, mientras resbalo sobre aquel pene inmenso que me taladra sin remedio, intento pensar en cosas absurdas, la declaración de renta, la visita al dentista... a medias consigo mi objetivo, parece que estoy más tranquila pero, cuando el chico eyacula por fin, un pequeño orgasmo me sobreviene por sorpresa.

Arqueo la espalda, exhalo un gemido, mi clítoris se estremece, reprimo el deseo de tocarme el sexo... el chico se ha aliviado a conciencia, me ha puesto perdida, tiene un cañón de alto calibre por pene. A pesar de mi autocontrol, yo misma he sentido placer, aunque creo que he mantenido la compostura. Espero que todos estuvieran atentos al pulga y mi propio orgasmo haya pasado desapercibido.

Mientras me lavo, pienso que parece increíble que una mujer de bandera como yo haya podido estar tan excitada con un chiquillo enjuto y subdesarrollado como el "pulga", si bien su aparato no tenía nada de subdesarrollado.

Venga, vamos a por el gordito y hemos terminado. Ya me está esperando, desnudo de cintura para abajo. Primera contrariedad, el gordito es de carga lenta, y su pene no está ni mucho menos dispuesto para la penetración. Querría terminar cuanto antes, pero no me queda más remedio que empezar a masajeársela con la mano. Me parece que éste tiene espolones, porque con una sonrisa que de tímida no tiene nada, me pide "¿por favor, podrías hacer como con Samuel?"

Chupársela al gordi, en mi estado de nervios, no es lo más apropiado pero, ¿qué puedo hacer? Pelayo no quita ojo, y después de lo que ha pagado, cualquiera dice nada. Así que me meto el pene del chaval en la boca y empiezo a mamársela, despacio y con delicadeza. ¿Por qué les gusta tanto a los tíos que se la chupen? Se le ha puesto como una roca en un segundo, ¡Joder con los niños! Me va a desencajar la mandíbula.

Mientras estoy succionándole, pienso que, si le llevo lejos con la boca, se correrá en un instante entre mis piernas, con lo que todo habrá terminado, habré realizado mi trabajo con eficacia y solvencia, sin perder la compostura. Así que me esmero en la felación, se la hago a conciencia, con cariño. Pero el gordito es un hueso duro de roer, llevo ya un buen rato chupándosela y sigue mirándome con la misma expresión del principio, sonriéndome satisfecho pero lejos todavía de abandonarse al placer.

No me lo explico, con el tiempo que su minga lleva en mi boca, tíos con muchos más años de experiencia se han corrido si remedio. Sin embargo él ahí sigue, la picha dura y tiesa pero ni asomo de que vaya a correrse. A mí ya me duele la mandíbula, no sé si seguir chupándosela o subirme sobre él. Alzo los ojos y le miro, el me vuelve a sonreír, y como si tal cosa me dice "lo haces de cine, de verdad". Vuelve la cara a sus amigos y se descojonan todos, mientras yo sigo allí, chupa que te chupa.

Puff, intento ahora que la minga entre más hondo, a ver si así... me está tocando ya la campanilla, me dan arcadas. La mantengo un rato allí. Subo la mirada como puedo, y el desaliento vuelve a alcanzarme: este tío aguanta como un profesional, ¿será actor porno cuando sale del colegio? Y el caso es que la tiene como una piedra, no es que pierda consistencia ni nada por el estilo, sencillamente el tío aguanta como un campeón. Los amigos ya empiezan a hacer bromas "Joder con el Luismi, le vas a desencajar la boca".

Estoy harta ya de chupársela, y él con su cara tan feliz. Finalmente, decido que esto hay que terminarlo. Me la saco de la boca, y le meto el pene en el conejito más sexy, húmedo y cálido del mundo, a ver si el tío también es capaz de resistirse a esto. Despacio, empiezo a moverme en círculos sobre la polla del gordito. Pone cara de felicidad, mira sonriente a todas partes, pero mantiene el control ¡será cabronazo este gordo!

Cada vez con mayor violencia, cabalgo sobre él cual amazona perseguida por la muerte. Subo y bajo, su pene entra y sale con furia mientras él permanece absolutamente quieto, siempre con expresión de felicidad y reposo en su rostro. Lo malo es que tanto movimiento hace que mi propio sexo empiece de nuevo a perder la compostura. Esto ya es una tortura, no la tiene tan grande como el "pulga" pero es como el conejito Duracell, dura y dura y dura.

Además, con toda la calma del mundo, me ha cogido los pechos con las manos y ha empezado a masajearlos. Es el primero que ha hecho eso, a los demás, por timidez o inexperiencia no se les ha ocurrido hacerlo, pese a tener dos hermosísimos senos al alcance de la mano. Ya he dicho que estoy orgullosa de mis tetas, y es que además son mi debilidad, me encanta que me las toquen.

Ahora, excitada como estoy y con su pene vibrando en mi interior, el sentir las gordezuelas manos de Luismi acariciar mi pecho, pellizcar mis pezones, jugar con ellos, hace que empiece a retorcerme si remedio. Ya no me muevo para que él se corra, ahora necesito liberar mi propia tensión. Tensión que crece cuando, sin previo aviso, las manos del gordito ciñen mis redondas nalgas y su boca empieza a chupar mis senos. Su lengua recorre mis pezones, sus labios aspiran primero mi pecho izquierdo, más tarde el derecho.

Para mi desgracia, el silencio llena ahora la sala. Los chicos no pierden detalle de cómo su amigo Luismi me folla como dios manda. Porque, mientras yo había sido la que marcaba el orden hasta ese momento y ellos peleles que se dejaban hacer, ahora es el chico el que me está transportando al cielo. Yo apenas me muevo, mientras sus manos pellizcan mi culo, su boca besa mis pechos y su pene me taladra con pasión y sabiduría.

Este de virgen tiene lo que yo de monja, y ahora es inútil intentar resistirse. Inútil y absurdo, porque mis jadeos y respingos hacen evidente hasta para el más inexperto lo que tanto había intentado ocultar: estoy disfrutando de mi propio orgasmo mientras termino con el trabajo.

Así, tras una cabalgada interminable, aquel insólito chico al fin se corre dentro de mí, y su corrida es semejante a la que tuvo cuando se la meneé al principio de la noche: dulce, suave y tranquila. Pero no por ello menos placentera para mí, me estremezco toda cuando recibo su leche caliente, me aprieto contra él, obligándole a chupar mis senos con más fuerza; salto, brinco y grito, sí, grito, y un prolongado ooooooh de satisfacción me acompaña mientras me derrumbo sobre el último de los siete chicos.

He terminado mi trabajo, me levanto con dificultad, ahora me siento cansada. Los chicos me miran como a una diosa que puede transportarles al cielo, Pelayo tiene la boca abierta. De repente, mientras busco la toalla con la mirada, alguien ha empezado a aplaudir. Pronto, los ocho hombres están batiendo palmas dirigidas a mí, mientras yo permanezco quieta en medio del círculo con que me rodean, desnuda y chorreando semen.

Curiosamente, me siento bien ahora, a gusto entre "mis niños". Me siento casi como una madre que tuviera que enseñar a sus pequeños a disfrutar de la vida. Casi lamento que todo haya terminado, ahora que empezaba a ponerse interesante. Pero, como siempre, Pelayo tiene algo que decir.

Entre varios chicos, han acercado un sillón y me han hecho sentarme allí, todavía en pelotas. Protesto, voy a dejar la preciosa tapicería pringosa, pero ellos no hacen caso y, una vez que estoy cómodamente instalada, empezamos una amigable charla.

Como siempre, Pelayo lleva la voz cantante "ha sido maravilloso... es usted la mejor señorita (sigue tratándome como si fuera una actriz, no una puta)... quizá, si usted quisiera..."

AHÍ. Ahí está, lo que estaba esperando. Esto no ha terminado todavía, sabía yo que Pelayo no podía jugar un papel tan secundario hasta el final. Pero algo dentro de mí me empuja a escucharle, y desde luego no soy una puta, porque ahora no pienso ni por un momento en el dinero. Sólo quiero divertirme, y por eso presto atención a la perorata de mi anfitrión "tal vez... a lo mejor... hasta ahora, usted ha hecho maravillas con los chicos, pero... discúlpeme si la ofendo... todo ha sido muy convencional, de uno en uno... podría... podría hacer algo con ellos todos juntos, o al menos, varios a la vez?

Tengo que pensarlo, es algo muy nuevo para mí ¿me apetece tener sexo con ocho hombres a la vez? Desde luego, si lo hago no sería por dinero, me considero ya excelentemente pagada.

TodoRelatos.com © casimiro11

SEXO EN VIVO
Nueva Webcam de Sexo de TodoRelatos!
CONTACTOS
Contacta con gente de tu misma ciudad!
SEXSHOP TODORELATOS
Tienda de confianza ideal para regalos, sorpresas...

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (6)
\"Ver  Perfil y más Relatos de casimiro11
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 

Sexo en Vivo
 
 
SEXO

Galerías Porno
 

Fotos de Sexo
 

Videos de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

WebCam de Sexo
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
     
 
Emotik: Nicks y Emoticonos para MSN Messenger
InverForo: Comunidad sobre Dinero y Vivienda
ForoCoches: El mayor foro de coches en Internet
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.40 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto