Al final de la década de los 70 yo vivía con mis padres en la
casa de mi abuela, en un barrio de las afueras de Madrid, contaba con 4 o 5 años
cuando mi primo José, 8 años mayor que yo me inicio en una actividad que desde
entonces me hace disfrutar.
Para situarnos en los hechos tengo que decir que vivíamos en
una casa de tres plantas que mis abuelos habían construido en lo que llegaría a
ser un barrio obrero del sur de Madrid. Mis padres mi abuela y yo vivíamos en el
primer piso ( mi abuelo falleció antes de yo nacer). La hermana de mi madre su
marido y sus dos hijas y mi primo José en el segundo piso. El bajo era el bar
con comedor que mis abuelos habían fundado y en el que ahora trabajaban mi padre
mi madre su hermana y mi tío Ángel.
Yo desde pequeñito fui lo que se dice un niño incordio, tanto
que mis padres tuvieron que casarse al empeñarme en venir yo al mundo y mi
abuelo cuando supo que su hija pequeña estaba preñada de su novio sufrió un
infarto que lo llevo a la tumba. Mi abuela nunca me lo perdono y quizás por eso
o por dejadez nunca me hacia mucho caso,
Así que entre mis padres trabajando siempre y mis primas que
como eran mayores y niñas no me hacían ni puñetero caso me refugie entre las
piernas de mi primo José que siempre estaba dispuesto a mostrarme cosas nuevas,
y una cosa llevo a la otra hasta terminar siendo el ternero que diariamente
tenia que mamar del biberón que me aguardaba a cualquier hora del día que le
apeteciese.
Recuerdo como al principio era simple curiosidad pero entre
el hablar en susurros, el contacto con su piel y el sabor salado de su polla
despertó en mi un hambre atroz que aún conservo.
Con esa edad era un juego que se fue complicando a medida que
José fue incluyendo nuevos participantes, sus amigos que confidencialmente
fueron instruidos en mis gustos
por chupar su polla se sumaron al festín que diariamente me
brindaban.
Yo subía todos los días a su casa a jugar en cuanto oía las
voces de sus amigos por la escalera, ahí aprendí no solo a chupar una o dos
pollas a la vez, aprendí a tragarme la leche toda sin derramar nada a no morder
nunca y abrir bien la boca, a chupar culos y saborear pis, a lamer pies
sudorosos en los calidos veranos madrileños y a disfrutar en definitiva de lo
que mi primo y sus amigos quisiesen ofrecerme.
Nadie de la familia supo nunca nada o nadie quería saber
nada, pero como mis padres trabajaban mucho mi abuela me odiaba, y mis tíos no
me veían, pues yo disponía de tanta libertad como mi primo al que admiraba y
quería.
Esa confianza estuvo a punto de perderse en una sola ocasión,
fue en las navidades de 1979 y como habitualmente hacia yo estaba en la
habitación de mi primo con la boca abierta de par en par y el dale que te pego
en un mete y saca rápido pues teníamos que bajar al bar. Mi padre empujo la
puerta de repente dejándonos inmóviles, yo con la boca llena de la polla de mi
primo. No se si fue la impresión mayor para nosotros o para él, pero el caso es
que tras unos instantes sin decir nada, no se le ocurre otra cosa que decir que
terminemos pronto que nos esperan todos en el bar, serró la puerta y se fue. A
mi primo asustado no se le ocurre otra cosa que comenzar a pegarme coscorrones
mientras se subía los pantalones.
La cosa se complico y mucho, pues mi padre habló con mi tío y
este le dio una paliza a mi primo que hoy en día sería considerada delito de
malos tratos, a mi nadie me dijo nada salvo mi abuela, pero todos me miraban
raro.
En ese tiempo algo mucho mas horrible sucedió y es que para
empeorar la situación familiar entre mis padres y mis tíos, mi abuela con todos,
y mi primo conmigo (pues tenia prohibido acercarse a mi y hablarme) mi madre cae
enferma, durante meces ella mi abuela y mi primo José sufren una enfermedad que
termino llamándose Síndrome Toxico y que quien no la sufrió en su persona o
algún familiar no sabrá nunca de lo que habló. Mi abuela y mi madre murieron con
pocos meses de diferencia, mi primo se medio recuperó y hoy es funcionario del
Gobierno del Ayuntamiento, esta casado y tiene dos hijas.
A la muerte de mi madre, con problemas de herencia y
problemas con mi tío en el bar, decide mudarnos para la casa de su padre mi
abuelo paterno que vivía en el otro extremo de Madrid. Mi abuelo del que guardo
el mejor de los recuerdos era viudo y siempre fue bueno conmigo, nos recibió
encantado y en su casa, el típico piso de barriada nos acomodamos, papa y yo
(que por entonces y después de lo de mi madre estaba más zombi que nunca)
dormíamos en una habitación y en la otra mi abuelo, un salón, el baño y la
cocina era el resto de la casa.
Mi padre buscaba cualquier trabajo todos los días y algunos
conseguía trabajar una o dos semanas. Yo mientras tanto en este nuevo barrio, en
este nuevo colegio no era feliz.
Mi abuelo prejubilado de una compañía eléctrica estaba en
casa siempre y era el quien me hacia sentir mejor. Dormía siempre la siesta en
el sofá del salón y yo lo acompañaba y en cuanto fui cogiendo más confianza en
cuanto el comenzaba a roncar yo lo hacia a explorar. Explorar su pecho peludo
como un oso, explorar su barriga, sus muslos…él no decía nada hasta que de tanto
manoseo lo despertaba y a continuación solo jugaba sanamente conmigo.
Una tarde mientras dormía fui desabotonando su camisa y
comencé a jugar con sus pezones, notaban que crecían y en ese momento comencé a
chupárselos, acostado casi sobre el y chupando sus tetillas el buen hombre se
despertó un poco asustado y me pregunto que era lo que hacia, yo le dije que
chupar, que me gustaba mucho sus pezones porque eran más grandes que los de mi
primo. A continuación abuelo me interrogo sobre lo que hacia con mi primo y sus
amigos yo le conteste a todo sinceramente y él que al principio parecía
extrañado termino por dejarme hacer y continúe con la mamada que le hacia a sus
tetillas, notaba como un bulto enorme crecía debajo de mis piernas, ese bulto
era la señal de que mi abuelo quería guerra y yo estaba dispuesto a luchar.
Comencé a sobarle el tremendo paquete sobre el pantalón hasta
que abuelo se incorporó se puso de pie y se bajo los pantalones dejándome ver
unos calzoncillos blancos abultados como nunca había visto. Saque la polla más
grande, gorda y peluda que había visto nunca y me la trague con hambre de
siglos, la chupe, la deguste y cuanto más jugos me daba más tiesa y dura se
ponía, mi abuelo se corrió abundantemente, yo por la falta de costumbre o por el
volumen de polla y leche no pude tragarlo todo, se me derramaba sobre la cara,
me atragantaba, me daban arcadas pero seguía aferrado a la polla de mi abuelo
como un naufrago a un madero.
Durante los meses siguientes al volver del colegio si papa no
se encontraba en casa mi abuelo me alimentaba con mi leche favorita, fuimos
perfeccionando las formas y ya nunca se me derramaba ni una gota de su rica
leche. En esas estábamos una tarde cuando mi padre tan inoportuno como siempre
abre la puerta del piso cuando se suponía que debía estar trabajando.
Encontrando a mi abuelo sentado en el sofá con los pantalones en los tobillos y
yo pegado a su polla como un ternero a la vaca.
En esta ocasión la reacción de mi padre fue peor, comenzó a
gritar, recuerdo su cara desencajada gritando "pero que es esto", "que haces",
yo para evitar complicaciones comencé a llorar a moco tendido, y mi abuelo de
pie con la polla tiesa intentaba subirse los pantalones y le decía papa algo así
como esto no es lo que parece, mi padre seguía gritando y acusando a mi abuelo,
arrinconándolo contra la pared. En un momento mi padre se calmó un mínimo
acercándose a mi que seguía llorando, abuelo en eso ya con los pantalones
subidos le decía que era yo quien quería, que mientras dormía lo buscaba, que mi
primo y todos sus amigos me había iniciado y que yo quería hacerlo. Papa miraba
al abuelo y me miraba a mi, yo por si las moscas seguía llorando.
En ese momento mi padre fue a sentarse en el sofá donde le
hacia la mamada al abuelo y acercándome a él me pregunta si lo que el abuelo
dice es verdad, yo entre sollozos se lo confirmo y comienzo a decirle que lo
hacia porque me gustaba el sabor de la leche del abuelo pero que no quería que
se enfadase. Papa que me tenia acurrucado en sus piernas me preguntaba por lo
que el abuelo decía y yo le contaba con todos los amigos de mi primo José que
había estado lo que habíamos hechos y lo que más y lo que menos me gustaba,
mientas le contaba a papa todo notaba como un tremendo bulto le crecía entre las
piernas, extendí mi mano y acariciándoselo seguía el relato. El abuelo que veía
lo que hacíamos me ayudaba matizando mis historias.
Papa comenzó a preguntarme cosas más concretas y morbosas
entre el abuelo y yo le aclaramos todo.
Abuelo le dijo que tenia una boca única y ya que tanto me
gustaba debería aprovecharme, mientras hablaban yo bajaba la cremallera del
pantalón de papa para liberar mi nuevo juguete. Que buena estaba esa polla
enorme que me había creado, y… que buena está.