VENGANZA
Luego de romper mi noviazgo con Salvador, comencé una
relación con un estudiante de medicina. Yo estaba en la facultad de odontología
en quinto año cuando mi jefe de endodoncia me invito a incorporarme como
ayudante ad-honorem a la cátedra. Apenas me gradué se intereso por mi futuro y
me nombro como rentada en el horario en que el ejercía la docencia. Así
comenzamos junto con Gloria, mi amiga durante toda la carrera, como ayudantes.
Luego de algunos meses me propuso ayudarlo en la atención de
su consultorio en la ciudad de Lujan donde atendía los días sábado.

Mi relación con Hugo, mi novio, era normal
y yo me brindaba por entero. Hugo en cambio era atento y cariñoso pero egoísta e
incapaz de renunciar a sus amigos y al futbol. Tuvimos un altercado cuando le
comente la propuesta de Enrique, mi jefe, pues sostuvo que creía que se podría
aprovechar de mi inocencia si pensaba que solo le interesaba mi trabajo. Me
enoje y aproveche una invitación de Enrique para cenar a instancias de su esposa
y le propuse que me acompañase para sacarse las dudas en cuanto a sus
intensiones.
Finalmente cuando supo de la propuesta económica se
convenció. Me acompaño el primer día de trabajo y disfrutamos del paseo, pero a
partir de allí, Hugo que jugaba todos los sábados al futbol se despreocupo y no
volvió a acompañarme priorizando sus gustos.
Enrique era muy atento y combinamos de viajar juntos en su
auto todos los sábados. Era de estatura mediana y muy buen físico. Inteligente,
culto y muy atractivo. Siempre provenían de sus labios palabras halagüeñas y
lisonjas exaltando mi belleza y elegancia. Me sentía cómoda y feliz. Hugo
parecía no tener celos y eso me irritaba.
Enrique tomo confianza y en tono de broma, pareciendo leer
mis pensamientos y mis dudas se atrevió a preguntarme una tarde de lluvia al
dirigirnos al consultorio, si no tendría una amante ya que el clima no era
propicio para un deporte al aire libre.
Sus palabras me generaron dudas y decidí cerciorarme. Llame
por el teléfono celular a un compañero del equipo de futbol que me respondió que
el partido se había suspendido desde el día anterior. Hugo me había engañado ya
que me había negado la suspensión esa mañana. Al cortar el teléfono llore.
Enrique viendo mi congoja me cobijo entre sus brazos y me calmo diciéndome que
la infidelidad no era tan grave y todos alguna vez habíamos tenido alguna
aventura.

Durante la tarde mientras atendía fue
creciendo mi rencor al sentirme engañada y defraudada en mi buena fe. Enrique se
dio cuenta y con esa persuasión que lo caracteriza trato de serenarme. "Sería
bueno escarmentarlo, ¿no te parece?" me sugirió en tono de broma como colofón de
su charla. Me sonreí sin contestarle.
De regreso a la Capital, ya mas tranquila, se detuvo en el
camino y me invito a tomar un café. Me convenció con ese tono seductor de la
importancia de ser libre y dar rienda suelta a los instintos y sin pensarlo lo
bese agradecida. Sin decir palabra, luego de pagar, me tomo de la mano y
entramos al auto. Alli, me abrazo y me beso. Le respondi.
Dirigio el auto a un hotel alojamiento a la vera del camino y
sin reparar en mis argumentos al encarar la entrada solo atine a acurrucarme a
su cuerpo y ocultar mi rostro pero no me opuse. Solo balbucee palabras cuando
cerro la puerta de la habitacion que reflexionase sobre su esposa y el paso que
iba a dar. Como respuesta me abrazo y nos besamos. La humedad de su boca y su
lengua intercambiando saliva me excitaron. No habia vuelta atrás. Sus manos
comenzaron torpemente a desnudarme. Le suplique que me dejase pasar al baño. Me
quite la ropa y me mire al espejo. El rubor de mis mejillas y la turgencia de
mis senos pequeños con los pezones oscuros erectos denotaban mi calentura. Palpe
con mis dedos la vulva humeda y coloque un ovulo espermicida dentro de mi vagina
no fuese a quedar embarazada. Me mire por ultima vez al espejo. No estaba mal.
¿Enrique pensaria lo mismo?.
Abri la puerta y lo mire. Enrique de pie, estaba desnudo con
su falo erguido palpitando. Se acerco y me abarco con sus brazos. Nos besamos.
Me senti contenida y su verga se apoyo en mi pelvis. La senti enorme. Me
arrodille y entonces pude comprobar la dimension y el grosor de su falo
ingurgitado surcado de venas. Su prepucio corrido dejo al descubierto el glande
rojo vinoso. Instintivamente lo lleve a mi boca. Apenas me entraba y mientras
masturbaba el pene lamia ese glande calido. Esa tremenda herramienta me iba a
penetrar, la deseaba. No pensaba en nada ni en nadie. Solo sentirla dentro mio
dandome placer.
Me incorpore antes que eyaculara. Me levanto en sus brazos y
me deposito en la cama. Me abrio las piernas y situado entre mis muslos comenzo
a besar la concha con sabiduria. Su lengua reptaba entre el clitoris y los
labios de mi vagina. Nunca habia gozado tanto.

Llego un momento en que le pedi por favor que no me
hiciese esperar mas. Se coloco a horcajadas sobre mi pelvis y yo aproxime con mi
mano la verga sobre la entrada de mi vagina encharcada por los jugos del deseo.
Finalmente esa masa enorme se introdujo hasta la raiz. Un
gemido lastimero surgio de mi garganta entre palabras de amor y lujuria. Comenzo
un bombeo acompasado y profundo. Cada vez el cosquilleo era mayor a medida que
se aproximaba el orgasmo.
Senti una sensacion maravillosa cuando ocurrio esa descarga
intensa de jugos pringosos al eyacular a borbotones el semen de Enrique. Al
mismo tiempo derrame mis liquidos que se mezclaron con los suyos. Fue un orgasmo
fantastico.
Nos besamos y al retirar su verga de mi concha comprobe la
dimension del pene que me habia dado tanto placer. Nunca habia experimentado
nada igual y los jugos derramados chorreando por mis muslos eran mudos testigos
de tanta entrega y pasion.
Habia transcurrido una hora. Mi concha parecia adaparse cada
vez mas a su nuevo inquilino. Abrazado a Enrique segui con mis caricias.
Reposaba el guerrero luego de su esfuerzo pero mi excitación no tenia limites,
queria mas. Comence a masturbarlo y rapidamente respondio. Cuando se irguió el
pene, lo monte a horcajadas como una amazona y cabalgue. A punto de estallar en
un nuevo orgasmo, Enrique tomo la iniciativa. Me coloco de espaldas con el culo
en pompa, y abriendo los gluteos con sus dos manos, beso y lubrico el orificio
anal. Sabia lo que vendria. Insinuo el glande en el orificio y pese a mis ruegos
no se apiado. Se afirmo y presiono hasta que finalmente penetro el ano y
atraveso el esfinter. No pude impedir un grito de dolor. Se apropio de mis senos
y comenzo a bombear, yo gritaba hasta que el dolor cedio paso al placer. Senti
como habia entrado toda la verga cuando sus testiculos golpearon mis gluteos. Un
flujo intermitente lubrico mis intestinos. Al unisono de sus gemidos y los mios
eyacule por segunda vez. Enrique se desplomo sobre mi cuerpo y me lleno de
besos.
Sono el telefono de la conserjeria preguntando a Enrique si
estaba todo bien pues habian escuchado los gritos mios de dolor. Con una sonrisa
los tranquilizo y me paso el tubo para que les corroborase lo que paso. Les dije
que estaba todo en orden y colgue.
Nos levantamos y me acompaño al baño. Mis piernas temblaban
del esfuerzo y me tuve que sostener de su brazo. Tomamos una ducha y mientras
nos enjabonabamos continuamos con las caricias hasta que girandome me poseyo por
ultima vez.
Nos vestimos y cuando me mire al espejo me asuste. Mi cara
demacrada y las ojeras eran testigos de la tarde de sexo y lujuria.

Mientras retornabamos a la Capital, le pedi que lo sucedido
quedase entre nosotros hasta que aclarasemos nuestros sentimientos y
resolviesemos nuestra situacion.
Es una situacion real que me ocurrio antes de mi matrimonio
que hoy me atrevi a confesar.