La experiencia que tuve en la calle haciéndome pasar por
prostituta y que habréis leído en algún otro capítulo de mis confesiones me hizo
pensar en eso durante mucho tiempo. El hecho de ser follada y humillada por un
desconocido y que luego me pagara me excitaba hasta extremos que no podía
imaginar. Que me metieran mano en el metro o que me follara alguien al que había
conocido en una disco era una cosa, pero esto era diferente, era como cruzar una
línea, hacerlo más salvaje todavía. Así que después de darle muchas vueltas
decidí hablar con una amiga mía que trabaja en un puticlub de las afueras de la
ciudad para que me aconsejara, y me dio las señas de un puticlub del centro al
que podía ir. Lo tenía decidido, quería probar e intentar trabajar en uno de
esos puticlubs que son como bares con chicas que se sientan a tomar una copa con
los clientes y si los convencen se van a follar con ellos a las habitaciones del
fondo; la idea me excitaba muchísimo. Y además podía ganar bastante dinero.
Llamé al número que me consiguió mi amiga y me dijeron que me
pasara esa misma tarde para una entrevista. Me preparé bien: un top amarillo
para realzar bien mis tetas, sin sujetador, una minifalda finita y ajustada de
color blanco, un tanga negro y unas sandalias de tacón muy alto; además me peiné
bien y me maquillé mucho. Estaba echa un putón de mucho cuidado. Camino del
puticlub los hombres me desnudaban con la mirada y las mujeres me miraban con
envidia y pensando lo puta que era.
Llegué al puticlub y me hicieron pasar a un pequeño despacho
en el fondo del local. El local no estaba mal: había una barra muy larga con una
camarera joven y guapa con unas tetas enormes sirviendo las bebidas, algunos
taburetes y unos silloncitos pegados a la pared; pasada la barra había una sala
alargada con más silloncitos y mesitas pero dispuestos de una manera mucho más
íntima; hacía calor y el sitio estaba en semipenumbra, para dar un ambiente más
reservado y sensual, me gustó. A esa hora no había casi clientes, y sólo dos o
tres chicas estaban sentadas en los sillones: chicas jóvenes, con cuerpos
explosivos y ropas muy provocativas, típicas de puta.
Al entrar en el despacho se presentó un hombre joven, de unos
30 y pico, me dio dos beso y me dijo que me sentara. Él se sentó tras su mesa y
empezó la entrevista:
-Veo que eres mayor de edad, eso está bien, no queremos
problemas con la poli, pero das el pego como una menor y eso es perfecto, a
muchos de nuestros clientes les gustan muy jovencitas, tipo colegiala; dime ¿por
qué quieres trabajar aquí?
-Voy a ser sincera, me gusta follar pero no lo había hecho
nunca hasta ahora cobrando y quiero probar.
-Me parece muy bien. Y se levantó y se apoyó en el borde
de la mesa justo delante de mí. Si trabajas aquí tendrás que hacerlo con
cualquier cliente y hacer todo lo que él quiera.
-Por supuesto.
-Quizá hacerlo con mujeres, ¿algún problema con eso?
-Ninguno.
-Estupendo. Se incorporó y empezó a pasear por el
despacho hasta situarse justo detrás de mí. Comprenderás que tengo que
hacerte algunas pruebas para comprobar tus habilidades. Y mientras decía
esto empezó a acariciarme un pecho por encima del top. Se entretuvo
pellizcándome el pezón. Luego metió las dos manos dentro del top y me los siguió
tocando. Sus manos eran suaves y me los apretaba con fuerza, me las sacó fuera
del top, se agachó y les dio unos lametazos a los pezones.
-Tienes unas tetas estupendas. A los clientes les suelen
gustar las chicas con tetas grandes como tú.
Se volvió a apoyar en la mesa delante de mí y me dijo que me
subiera la falda y me quitara las bragas, que quería verme el coño. Lo hice y le
pasé mi tanga. –Me gusta el tipo de ropa que llevas.
Me lo observó y dio su aprobación; me gusta llevarlo depilado
y eso siempre pone más a los hombres. Entonces se apretó el paquete con un a
mano y me dijo: -Ahora vamos a ver qué es lo que sabes hacer con una polla.
Yo seguía sentada, así que tenía su polla justo a la altura de la cara, me
incliné y empecé a tocarle la entrepierna mientras le miraba a los ojos y me
mordisqueaba los labios; le besé la entrepierna, notando cómo su polla crecía
dentro del pantalón; le bajé la cremallera y metí la mano dentro para
acariciársela por encima del slip; le desabroché el pantalón y se lo bajé y
empecé a chuparle el slip; cuando tuvo la polla bien grande se lo bajé y empecé
a pajearle la polla con una mano y con la otra le acariciaba el interior de los
muslos. Tenía una buena polla, carnosa y sonrosada, y estaba deseando metérmela
en la boca, pero primero se la repasé con la lengua, arriba y abajo del tronco.
Cuando me la metí en la boca soltó un jadeo profundo, y empecé a chupársela.
-La chupas muy bien para no ser una profesional, además
deberás acostumbrarte a que los clientes te insulten y te digan guarradas
mientras te follan, ¿de acuerdo, puta? Yo asentí con la cabeza y seguí
chupándosela.
En ese momento se abrió la puerta y entró uno de los porteros
que había en la entrada del local para evitar problemas, un tipo enorme, todo
músculos. -¿Pero qué es esto? Preguntó sorprendido y sonriendo. –Un
chica nueva que está pasando una prueba para trabajar aquí. Yo no podía
verle ni responder porque seguía con la boca llena. El de seguridad se acercó
por detrás y me agarró las tetas que me apretó con fuerza, haciéndome daño. Mi
futuro jefe se excitó viendo aquello y empezó a follarme con fuerza la boca con
su polla hasta que se corrió dentro de mí. Me dijo que me lo tragara todo y que
me levantara y me quitara la falda; el portero se había bajado los pantalones y
se había sentado en la silla, me agarró por la cintura, me dio la vuelta y me
hizo sentarme encima de él; me entró la polla de un solo golpe y por un momento
creí que su polla me había reventado por dentro: era gigantesca, era como tener
clavada dentro la pata de una mesa; empecé a gritar de dolor y de placer, hasta
que me fui acostumbrando poco a poco a tener ese enorme pedazo de carne dentro
de mí. Pero entonces me hizo levantar y me apoyó en la mesa de espaldas a él; me
abrió las piernas y me la volvió a meter. Me folló con furia hasta que se corrió
dentro de mí.
Se separó de mí y aún con semen resbalándome por las piernas
el jefe ocupó su lugar y me la metió. Me folló igual que el otro, aunque al
menos su polla no era tan grande, y ahora pude disfrutarlo un poco más. Cuando
por fin se corrió me hizo arrodillarme para limpiarle la polla; el portero
también quería, y cuando terminé con su jefe se la lamí y limpié a él. Cuando
terminaron los dos quedé agotada en el suelo, limpiándome el semen que me caía
por la barbilla.
-¿Qué te ha parecido? ¿Crees que vale? Le dijo el jefe al
portero con una sonrisa guiñándole un ojo.
Me vestí y me dijeron que estaba contratada, que podía
empezar al día siguiente y llamó a una de las chicas para que me llevara a
limpiarme y me enseñara el local.
Apareció una chica rubia, mayor que yo, con un vestidito muy
corto de tirantes y zapatos de plataforma y unas tetas muy grandes. Me acompañó
primero a un servicio para que me lavara y después a uno de los vestuarios de
las chicas, una habitación pequeña con una cama y armarios para la ropa y otros
objetos de las chicas.
-Aquí es donde descansamos y guardamos nuestras cosas, estas
son las mías, puedes probarte todo lo que quieras. Me enseñó una camiseta
muy corta muy bonita y me preguntó si quería probármela, acepté. –Aquí
también venimos cuando queremos relajarnos entre nosotras. Y mientras me
decía esto me ayudaba a quitarme el top, pero sus manos se entretuvieron
acariciando mis pechos. –Y, ¿cómo os relajáis? –Así, y se agachó para
chuparme los pezones.
Tiró de mí con suavidad y me tumbó en la cama. En un momento
se había desnudado excepto los zapatos y lo mismo hizo conmigo, tumbándose a mis
pies para lamerme el coño. Era fantástico, después de dos folladas tan salvajes,
una comida de coño tan delicada. Después cambió de postura y se colocó encima de
mí, con su coño en mi cara; hicimos un 69 fantástico y las dos no corrimos. Se
incorporó y me chupó las tetas, me beso con pasión en la boca y terminó
lamiéndome los pies. Después nos vestimos y me acompaño hasta la salida.
Eso ocurrió hace tiempo, estuve trabajando allí durante unos
meses, pero lo dejé porque quería probar cosas diferentes, pero fue una época
inolvidable: me folló todo tipo de hombres, y de todo tipo de maneras, y también
mujeres. Fue estupendo.