Niña Lucía
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Categoría: Grandes series
Tenía quince años en el cuerpo, doce en los pechos, y
dieciocho en el coño. Sus padres la llamaron Lucía, pero para quien en verdad
tuvo la suerte de conocerla, jamás fue Lucía. Lucías hay muchas, y ella era
única. Ella era Niña Lucía...
I. Presentaciones
Nadie en su familia recuerda muy bien quién le puso
ése nombre. Unos dicen que fue la abuela, una robusta mujer de campo que, a sus
79 años, aún sale todas las mañanas a cuidar sus huertos. Otros dicen que fue el
tío Rodrigo, al que muchos consideran la oveja negra de la familia. Ni unos ni
otros saben concretar cuándo. Incluso, hay aún una versión más sombría que se
revelará a su debido tiempo. Pero nadie sabe a ciencia cierta quién tiene razón.
Niña Lucía vivía en la ciudad con sus padres, que se
habían montado un bar bastante modesto en una buena zona de la urbe. Pero el
negocio absorbía muchas horas, y es por eso que Niña Lucía creció prácticamente
sola, gozando de una libertad que muchas otras muchachas de su edad querrían,
pero que ella maldecía. Su libertad era una libertad amarga, fruto de la soledad
y el abandono.
Ella iba cada día al instituto, y es allí donde me
gustaría empezar la historia. Por lo menos, por esta vez. Sus compañeras ya
habían venido desarrollándose desde pocos años antes, pero Niña Lucía parecía
quedarse atrás. Aunque sus caderas si que se feminizaban, y su suculento culo
empezaba a marcarse, rabioso, debajo de la falda del uniforme, los pechos de
Niña Lucía se negaban a brotar de una vez, haciendo parecer que el destino de
Niña Lucía era quedarse, por y para siempre, niña.
"¡Luci!"- la voz de Ángela, su amiga de toda la vida,
sorprendió a Niña Lucía en el baño de chicas. Allí Lucía se peleaba con su
imagen en el espejo. Odiaba su perfil plano. Odiaba con toda su alma que la
camisa de su uniforme no se hinchara brutalmente a la altura de su torso.
"¿Qué quieres, Ángela?"- preguntó nuestra joven
protagonista, tras abandonar la infructuosa regañina mental que mantenía con su
cuerpo aniñado.
"Esta noche han dejado a Luis hacer una fiesta en su
casa, ¿Te apuntas?"
"No sé, Angie... Sabes que siempre me encuentro
como... fuera de sitio..."- Sabía cómo eran esas fiestas. Alguno de los amigos
de Luis traería bebidas, y los quinceañeros y quinceañeras, desinhibidos,
buscarían alguien a quien besar esa noche. Y, normalmente, sus compañeros
elegían a las muchachitas más desarrolladas, dejándola a ella en un deprimente
segundo plano.
"¡No seas cría, Luci!"
"¡CALLA!"- el grito de Lucía asustó a Ángela.
"¡Pero Luci! ¿Qué te pasa?"
"¡No vuelvas a decirme eso!"
Ángela miraba a Niña Lucía como si fuera la primera
vez que la veía. De repente, su mirada bajó hasta su pecho plano, y luego bajó
más, mucho más, caminando por el suelo, subiendo por su cuerpo, hasta llegar a
sus propios pechos. La diferencia era abrumadora. Ángela tenía una de las
mayores delanteras de la clase.
"L...lo siento, Luci... Sabes que no quise decirte
eso..."
"Ya. Seguro."
"Venga, Luci..."- Ángela se adelantó y abrazó a su
amiga con calidez.- "Por favor, vente..."- le dijo, y su aliento calentó la
suave piel del cuello de Niña Lucía.
"Está bien."- contestó la niña, devolviendo el abrazo
a Ángela.
II. La Fiesta
Niña Lucía se acicalaba ante el espejo. Buscaba alguna
prenda capaz de hacerla parecer atractiva a los ojos de sus compañeros. Pero no
podía hacer nada contra las tetas de sus amigas. Niña Lucía se sentó en la cama
y comenzó a sollozar. ¿Por qué? Se decía. ¿Por qué estaba obligada a pasar
invisible?
Ya era noche cerrada cuando Ángela pasó a por ella.
Las calles oscuras desdibujaban el esbelto cuerpo de las dos quinceañeras.
"Va, Luci, date prisa. Estas calles son jodidas."
"¿Tienes miedo?"- respondió Niña Lucía con una sonrisa
perversa.
"Luci, no me toques las narices."
"¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que nos violen? ¿De que
nos desnuden y empiecen a metérnosla como animales?"- niña Lucía se pegaba al
oído de su amiga y hablaba con un tono quebrado.
"Luci, coño no juegues. Vamos a llegar tarde a la
fiesta"- La voz de Ángela temblaba.
"¿Y si no quisiera llegar? ¿Y si lo que quiero es
perderme por estas callejuelas y llevarte conmigo?"- Y dicho esto, Niña Lucía
salió corriendo y dobló la primera esquina que encontró.
"¡Luci! ¡Va, coño! ¡No tiene ni puta gracia!"- nadie
contestaba.- "¿Luci? ¡LUCÍA! Joder, Luci, sal ya."
Ángela se asomó a la calle por la que se había metido
Lucía, pero allí no había nadie. La penumbra solitaria era lo único que veía.
Ángela empezó a preocuparse. Se sintió vulnerable. Sola.
"¿Qué haces tan sola, niñita?"- sonó una voz ronca a
su espalda, y Ángela rompió el aliento de la madrugada con un grito
ensordecedor.
"¡Lucía!"
"¡Jajajajaja! ¡Qué susto te has llevado! ¿No quieres
que te viole entonces?"- rió Niña Lucía.
"¡Vete a la mierda!"- Ángela salió hacia la casa de su
compañero, enfadada.
"¡Va, Angie! ¡No te cabrees! ¡Era sólo una broma!
¡Angie, coño!"
Ángela se alejaba cada vez más, y Niña Lucía no tuvo
más que seguirla.
"Lo siento, Angie. Perdóname"
"¡No!"- contestó su amiga.
"¡Joder, Ángela!"
"Ni joder ni hostias... ¡Vete a la Puta MIERDA!"-
dijo, como paladeando las palabras.
Sin una palabra más, llegaron a casa de Luis.
"¡Vaya! ¡Por fin llegó la reina!"- comentó Luis
cuando, tras abrirse paso por entre los cuerpos de sus compañeros, abrió la
puerta a Ángela.
"Luisito... no me empieces a tocar los
ovarios."-respondió Ángela con una sonrisa forzada y yendo directamente a beber
algo.
"¡Hombre, Lucía! ¡Creí que no vendrías!"- exclamó Luis
tras observar cómo Ángela pasaba de él.
"Ya ves... y ahora que he venido... ¿Me vas a decir
dónde están las bebidas?"
"¡Coño, no me digas que tú bebes!"
La carcajada histriónica de Lucía sonó por encima de
la música.
"Nene... te apuesto diez euros a que no me aguantas
bebiendo".- contestó Niña Lucía mientras observaba cómo Ángela se alejaba de
ella y empezaba a charlar con un par de compañeros.
"Tranquila, fiera. Allí tienes las bebidas, y pásatelo
bien, ¡Alegra esa cara!"
Niña Lucía le hizo caso. Estaba enfadada. Y decidida.
Decidida a superar esa noche a Ángela. No había sido capaz de aguantar una
broma, muy bien, pues había otra cosa que iba a aguantar aún menos. Quedar en
poderes de seducción por detrás de la Niña de la clase... Niña Lucía.
La cadena de música se encendió de ritmo. El pop
acaramelado de los triunfitos dio pasa a un rock suave de manos de Fito Cabrales
y sus Fitipaldis.
Niña Lucía agotó el vaso que se había preparado y
escrutó el panorama a ver quién podía servirle. "Perfecto" se dijo. Ángela,
arisca, se desembarazaba con facilidad de Joan, uno de los compañeros más guapos
de la joven. "esta es la mía"
"Olvídate de ella."·- le dijo Niña Lucía cuando Ángela
se alejó de su compañero.- "Toma... está bueno, lo he preparado yo misma..."-
añadió, extendiéndole a Joan un vaso idéntico al que ella portaba en la otra
mano.
"¿Qué le pasa hoy a tu amiga?"- dijo, pegando un trago
"¿No lo sabes?"- le dijo, Niña Lucía, mirándolo
sorprendida, como si fuera algo de conocimiento general.
"¿El qué?"
Sonriendo, Niña Lucía contestó: "Que es gilipollas,
Joan". Y comenzó a reír. Con ella, Joan también rió.
"No sabía yo que eras tan bromista..."- Joan le pegó
otro traguito al vaso.
"Hay tantas cosas que no sabes de mí"- añadió,
acariciando con discreción la mejilla del joven. Joan cerró los ojos por lo
suave del contacto. Cuando los volvió abrir, Niña Lucía se había alejado de él
entre el mar de adolescentes que habitaban el gigantesco salón de la no menos
gigantesca casa de Luis.
El ritmo de la música cambió violentamente. La "Samba
da Bahía" de Carlinhos Brown animó a todos los presentes. Niña Lucía apareció
entre el gentío de parejas que se buscaban y agarró de la mano a Joan. "Ven",
fue lo único que le dijo, y Joan obedeció inmediatamente, dejando el vaso sobre
una mesita.
Mientras seguía a Lucía, Joan se fijó en algo. Algo
que jamás le había llamado la atención. El culo. El culo de Lucía era
espectacular. Cada día, bajo el uniforme, pasaba desapercibido. Pero en la
fiesta, con esa mini vaquera, el culo de Lucía se veía abrumadoramente
atractivo.
La sorpresa se cebó nuevamente en Joan. Niña Lucía
sambeaba mejor que nadie. Su magnífico pandero era una batidora que se pegaba a
la entrepierna del chaval. Sin poder evitarlo, su verga creció dentro de los
pantalones con el roce del culo de Niña Lucía.
Como pudo, Joan respondió al baile intentando mantener
el ritmo de Lucía. Pero el culo de su compañera se pegaba a su entrepierna y
avivaba, aún más, si cabe, la erección. De pronto, Lucía se giró y acercó su
boca al oído de Joan...
"¡Qué dura!"- susurró, y Joan, incrédulo, sólo pudo
mirarla a los ojos. Ojos que se acercaban cada vez más. Y, de repente, un beso.
Un beso que fue luz y fue silencio y fue un reducto en que los dos amantes
estuvieron solos entre la multitud.
Nunca soñó Joan que Niña Lucía besara tan bien. Nunca
soñó que esa lengua supiera bucear en su boca con tanta travesura. Las manos del
joven se hundieron bajo la camiseta de la niña para posarse sobre el torso
escasísimamente abultado de Lucía. Sus pezones endurecidos le dijeron todo lo
que quería saber.
"¿Nos vamos a una de las habitaciones?"- preguntó el
chaval.
"Vamos"
Mientras Lucía y Joan salían del salón, Ángela buscaba
a su amiga en el mar de gentes.
"Oye, Claudia... ¿Dónde está Lucía?"
"¿No la has visto? Hace un momento estaba bailando con
Joan. ¿Tú sabías lo bien que baila Lucía? Joder, creo que se la ha levantado a
todos, no te digo ya al Joan... creo que acaban de salir".
Enfurruñada, Ángela optó por servirse otro vaso de lo
que fuera mientras, por lo bajo, susurraba "Puta".
III. Habitaciones. PX.
Lucía y Joan avanzaron por el largo pasillo de la
inmensa casa de Luis. Abrieron la primera puerta y se encontraron de frente con
otra pareja que se les había adelantado y ya comenzaban a desnudarse.
"¡Joan, coño! ¿No ves que está ocupado?"
"Nano, Luis... pon el pestillo"
"Un momento..."- dijo el hijo de los dueños de la casa
tratando de ver al contraluz a la pareja de su amigo.- "¿Esa es...?"
"Pon el pestillo".- le cortó Joan, cerrando la puerta.
"Hijo de puta... y parecía santa..."- reía Luis
mientras se acercaba a la puerta para hacerle caso a Joan.
Lucía y Joan encontraron una habitación abierta y
entraron besándose. Cayeron sobre la cama, envueltos en caricias torpes,
entorpecidas por el alcohol y la inexperiencia. No... Bien sabía Niña Lucía que
ella no era virgen. Bien sabía Joan que era el que más experiencia tenía de los
dos.
Joan arrebató la camiseta del torso de Lucía. Sus
pechos, pequeños pechos que no precisaban de sujetador, quedaron a la vista.
Lucía gimió cuando uno de sus pezones desapareción entre los labios de su
compañero y amante.
"Joan. No. Espera."
Joan se detuvo. Maldecía esas palabras. Seguramente la
niña despertaba de las brumas del alcohol y, reconsiderando la escena, decidió
que habían llegado muy lejos.
"¿Qué pasa?"- murmuró resignado.
"El pestillo. Visto lo visto..."- sonrió Niña Lucía
mientras le regalaba un beso tranquilizador.
"Claro... el pestillo"- susurró Joan, y Lucía le
respondió con un guiño.
Tras asegurarse de dejar la puerta bien cerrada, Joan
se volvió y la polla se le encabritó al ver a Niña Lucía ya desnuda. Un
escalofrío le embriagó tras ver la sombra de cuidados vellos de su sexo. Tragó
saliva y se dispuso a equipararse con Niña Lucía. Se desnudó rápidamente,
deshaciéndose de vaqueros, ropa interior, zapatillas y camiseta y se lanzó al
ataque de los labios de su nínfula compañera.
La verga chocaba contra el vientre de Lucía mientras
los adolescentes se besaban. La piel le ardía a la joven. Ése calor que tan bien
conocía la empezó a envolver. Los dos adolescentes se devoraban los labios,
llevados por una pasión desorbitada fruto de la edad. Se recostaron sobre la
cama, Joan hundió un dedo en el coñito de Niña Lucía, y su partenaire respondió
a la caricia con un sonoro gemido.
"Estás muy mojada, Luci..."
El pecho de Niña Lucía era un constante vaivén. Tenía
las mejillas sonrosadas de excitación, la sonrisa convertida en una mueca de
satisfacción.
"¿A qué esperas?"- susurró la joven.
Joan no necesitó más directriz que la del instinto. Se
colocó ante el desnudo e infantil cuerpo de Lucía, arrodillado ante ella. Abrió
las piernas a Niña Lucía, y entró en su cuerpo. Gimió Lucía, al sentir por fin
el calor de su compañero entrar en ella. Gimió Joan, al sentir por fin la
humedad del coño de Niña Lucía abrazarlo. Con lentitud, empezó el movimiento de
vaivén sobre el cuerpo de la joven.
Lucía gemía y Joan, ensimismado, no podía apartar los
ojos de ella. Parecía tan niña, tan frágil...Joan la penetraba, pero se había
olvidado de él mismo, perdido en la contemplación del cuerpecillo delgado de
Niña Lucía. Joan la penetraba buscando el placer de ella, no el suyo. No la
penetraba egoístamente y eso se notaba en el cuerpo de Lucía. Gemía la joven.
Sentía el placer, la dedicación que Joan ponía en atravesarle el coño con
dulzura y suavidad.
"¡Sí!"- ronqueaba la adolescente de pechos niños, la
respiración convertida en un vaivén sibilante, un jadeo constante que le secaba
la boca. Buscó los labios compañeros. Besó a Joan mientras él la follaba, la
hacía el amor, que era eso lo que sentía el adolescente. La pasión, la lujuria
que desató el baile de Lucía no eran nada comprados con ese sentimiento que
había empezado a sentir al verla desnuda, al besarle los pezones duros, al
resbalarse por sus pechos inexistentes y mirarla a los ojos al penetrarla. La
empezaba a amar. Amaba sus gemidos, deseó que nunca se acabaran, aunque eso
significase que él no tocaría lo divino otra vez. Deseó no parar nunca,
mantenerse siempre duro para poder follar eternamente con Lucía, y regalarle
orgasmo tras orgasmo y que le diera las gracias gritando de placer.
Niña Lucía se sentía pletórica, llena cada vez que
Joan se hincaba hasta lo más profundo de su sexo. La sangre, calentada tras
hinchar los labios de su sexo, recorría todo el cuerpo compartiendo el calor con
cada centímetro de piel. Los jadeos de la joven subían de volumen.
"Mmmmm... sigue, por dios, Joan... sigue por lo que
más quieras."
Lucía lo notaba. En sus entrañas se gestaba la enésima
revolución. Su clítoris se frotaba contra el pubis de Joan. Enloquecía. Se le
subieron los calores a la cabeza, a los pulmones, a los pezones.
"Me voy... córrete conmigo."- susurró Niña Lucía,
pegados sus labios a la oreja de Joan, y abrazándolo como si le fuera la vida en
ello, como si quisiera hundirlo todo él en su cuerpo, fundirlo con ella en su
calor, en su éxtasis de locura.
Joan se había olvidado de su placer. Volvió a su
cuerpo, volvió a sentir su polla hundiéndose en las profundidades de Lucía. Y
las sintió a punto de explotar, tanto una como otra.
"Me voy..."- repitió Lucía entre jadeos.
"Sí"- fue lo único que pudo articular Joan, sintiendo
las explosiones.
"Me voy."- repetía la joven, grabada a fuego esa frase
en su cerebro.- "Me voy, me voy, me voy, me voy ¡Me vooooooooy!"
Estalló Lucía. Estalló Joan. El orgasmo fue único y
total. No tuvo cada uno el suyo, su orgasmo egoísta, no. Los dos compartieron la
misma explosión, el mismo grito, el mismo placer que los recorrió palmo a palmo,
fotografiándolos en un éxtasis completo, con todos los músculos hechos piedra
que temblaba.
Se corrieron los dos juntos, y luego se besaron. Se
besaron y luego se acariciaron, disfrutando entonces de lo que no podían antes.
Reconocieron, se aprendieron el cuerpo compañero con la punta del dedo, creando
caminos que se abrían paso entre el sudor que inundaba la piel.
"¿Te gustó?"- se atrevió a preguntar Joan,
semi-incorporado sobre la cama, pasando el dedo sobre el pecho plano de Niña
Lucía, que yacía acostada, mirándolo a los ojos.
Como única respuesta, Niña Lucía se levantó y lo besó
en los labios.
"Demasiado"- susurró, tras despegarse de su boca.-
"Ahora tengo que vestirme. Saldré ahora. Espérate cinco minutos aquí dentro y
sal tú."
"¿Vas a estar en la fiesta?"- preguntó Joan
"No. Me voy a casa. Tienes mi teléfono en el bolsillo
de los vaqueros"- Niña Lucía sonrió y guiñó un ojo pícaramente.- "Si no me
llamas esta noche me olvidaré de ti."- concluyó, aún a sabiendas de que era
mentira. No podría olvidar esa noche nunca. Y algo le parecía insinuar que
tampoco las siguientes.
Niña Lucía (Joan)
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Categoría: Jovencit@s (Hetero:general).
Lucía recorría las calles con una sonrisa de oreja a
oreja. La noche había salido redonda. El aire frío de la madrugada le acariciaba
la piel, y se aunaba con el recuerdo de Joan para mantener los dos pezones de
Niña Lucía erectos bajo la camiseta. La muchacha no podía evitar sentirse
excitada al recordar a su compañero. Su ternura, su cariño... esa noche
descubrió que había otra forma.
Llegó a su casa y se abrió paso a oscuras por el
pasillo. Abrió la puerta de la habitación de sus padres y se metió dentro. Padre
y madre dormían. Niña Lucía abrió uno de los cajones de la mesita de su madre y
cogió una pequeña caja de medicamentos. Con ella en las manos, salió de la
habitación y se metió en el baño.
Niña Lucía observó su imagen en el espejo. Tenía la
melena deshecha completamente, el pintalabios medio borrado, y un brillo
especial en los ojos que demostraba que eso, ahora, pasaba por ser lo que menos
le importaba. Se tomó una de las píldoras y, de perfil ante el espejo, curvó su
espalda para exagerar su vientre plano, que asomaba bajo la cortísima camiseta.
Con una sonrisa pícara, Lucía susurró: "Nenes no, gracias".
Luego salió del baño, devolvió la caja de pastillas a
su sitio, y salió de nuevo de la habitación de sus padres con un sigilo extremo.
I. Llamadas a medianoche
Niña Lucía se dejó caer en la cama. Antes de
desnudarse, sin embargo, su móvil, que acababa de poner en la mesita de noche,
empezó a vibrar silenciosamente, con la pantalla encendida. Niña Lucía sonrió y
descolgó.
"Hola Joan"
"Hola, preciosa"
"Creí que no me llamarías"
"No querría que te olvidaras de mí"- Lucía sonrió al
escuchar esas palabras.
"Ya. Me gusta escuchar eso... ¿Mañana tienes algo que
hacer?"
"No. Pero haría lo que fuera para que quedáramos"
"No digas eso de 'Lo que fuera' que soy muy mala y
puedes arrepentirte"
"¿Mala? Mentirosa, que estás más buena que el pan"
"jajaja... mira que eres adulón. Bueno, quedamos a las
once y media en el parque de detrás del insti. Luego ya comeremos."
"Okéi. Hasta mañana entonces"
"Hasta mañana, mi rey"- Y colgó. Niña Lucía odiaba la
típica conversación de las películas "cuelga tú" "No, cuelga tú primero"... Una
despedida era mejor si cortaba el aliento y dejaba la miel en los labios. Todo
era mejor si cortaba el aliento y dejaba la miel en los labios. Niña Lucía lo
sabía bien.
La quinceañera devolvió el móvil a la mesita y comenzó
a desnudarse. Se quitó la mini vauqera y a punto estaba ya de deshacerse de la
camiseta cuando el móvil reclamó de nuevo su atención vibrando y temblando sobre
la mesa. "Joan..." pensó sonriendo Lucía, pero cuando agarró el celular la
sonrisa le desapareció. Estuvo a punto de no contestar, pero bien sabía que
podía estar llamando durante minutos.
"Hola Ángela"
"Luci, ¿Qué te ha pasado hoy?"
"¿A qué te refieres?"
"¿Cómo que a qué me refiero? ¡Toda la clase sabe que
te has tirado al Joan!"
"¿Y? También sabe toda la clase las veces que te has
follado a Luis, a Pau, a Nacho... ¿Sigo?"
"¿Pero de qué vas, gilipollas?"
Lucía colgó. Estaba harta de Ángela. Estaba harta de
ser la amiga de la niña buena de clase. Estaba harta de tener que pasar
desapercibida para que ella brillara más. Estaba harta de todo. Y ahora, sabía,
todo iba a empezar a cambiar. Iba a disputarle el título de más guapa a Ángela.
El móvil volvió a temblar. Lucía lo cogió sin
descolgar. Tenía ganas de gritarle a Ángela tantas cosas... pero en vez de eso,
sonrió con un brillo en los ojos. Acostada como estaba, estiró el elástico de
sus braguitas y deslizó el móvil en su interior.
"Llama, puta, llama"- susurraba Niña Lucía mientras el
móvil vibraba sobre su sexo.
II. Polvos a mediodía. PX.
Joan llegó a las once y cuarto al parque. Niños y
ancianos aprovechaban el sábado para salir y disfrutar del aire puro. Los perros
hacían suyo el césped a ladrido puro. Joan se sentó en un banco y esperó. Y
esperó. Llegaron las once y veinte, las once y veinticinco... llegaron las once
y media y la única compañía que tenía Joan era la del viento frío de la media
mañana.
A las once y treinta y cuatro minutos, una boca se
pegó al oído de Joan y susurró: "Ven". Joan botó del banco y se giró sólo a
tiempo de ver cómo Niña Lucía se alejaba de él caminando con un femenino
movimiento de caderas a cada paso. Los ojos de Joan se posaron, de nuevo, sobre
el culo de Lucía, que resaltaba bajo los ajustados vaqueros. "Puede ser que
Lucía no tenga tetas, pero con su culo es suficiente", pensaba él.
"¿Dónde vamos?"- preguntó el joven, cuando se puso a
su altura.
"A mi casa. ¿Te apetece?"
Miles de cosas pensó Joan. Miles de imágenes cruzaron
su mente. Miles de palabras se agolparon en su boca y, al final, de todas, sólo
pudo decir:
"Sí"
La mano de Lucía trastabillaba con llave y cerradura
intentando abrir la puerta. Le temblaban las piernas. Se le ponía la piel de
gallina bajo la camiseta, allí donde Joan acariciaba con ardor. Suspiraba cuando
el joven le besaba el nacimiento del cuello. La ajustada camiseta marcaba, sobre
su torso plano, las manos de su pareja y los pezones erectos, abultados bajo la
tela.
"Tranquilo, Joan"- se atrevió a susurrar un instante
antes de meter la llave en el ojo de la cerradura.
Lucía abrió la puerta y, antes siquiera de entrar, se
volvió y hundió su lengua en la boca de Joan. Se abrazó a él como si tuviera
miedo de perderlo, lo aferró de la nuca mientras se desahogaba con ese beso todo
pasión que Joan intentaba responder como podía. El joven estaba en el quinto
cielo, los labios y la lengua de Niña Lucía eran un equipo perfecto que lo
enganchaban, que le subían la temperatura com el simple roce y el intercambio de
salivas... Niña Lucía besaba como una diosa.
Pasaron a la casa sin soltarse. El beso duró mientras
cerraban la puerta, mientras avanzaban por el pasillo tirando en su camino uno
de los cuadros de la pared... el beso duró hasta que llegaron al comedor. Niña
Lucía se soltó y empujó a Joan hacia la pared.
"¿Tienes hambre?"- preguntó la joven.- "porque yo sí".
Y sin más, se arrodilló ante él y comenzó a
desabrocharle los vaqueros. Joan, abrumado por la decisión que mostraba Lucía,
no podía más que quedarse quieto y dejarla hacer... no halló otra cosa que hacer
que abandonarse a la Niña Lucía que le bajaba los pantalones y calzoncillos y se
amorraba a su verga, verga que se alzó rabiosa tras salir de su encierro. Joan
sólo pudo depositar sus manos sobre la cabellera de Niña Lucía y dejar que le
chupara la polla.
Niña Lucía aferró en su mano el falo que se le
ofrecía, erecto y rosado, y sin perder tiempo lo hundió en su boca. Hasta el
fondo. El vello púbico de Joan le cosquilleó en la nariz, su glande parecía
querer sumergirse en su garganta... Niña Lucía mamaba polla.
Gimió Joan. Las manos de Lucía agarraban, calientes y
pequeñas, los muslos del joven, mientras su boca subía y bajaba sobre el tronco
del chaval.
"Sí, Luci, joderrrr..."- ronroneaba Joan.
"Chupa, princesita, chupa"- Lucía recordaba. Otro
tiempo, otra polla en su garganta, otro sabor amargo distinto del que ahora le
subía la lengua...- "sigue, princesita, sigue chupando"- decía aquél hombre de
los ojos grises y manos duras.
"Luci... ¿estás llorando?"- la voz de Joan la devolvió
a la realidad. Como pudo, se enjugó las lágrimas y sacó la polla de Joan de su
boca para contestar.
"No. No es nada..."- y, sin más, volvió a su trabajo.
Joan quiso detenerla, saber por qué lloraba, qué era
lo que pasaba, pero no podía. Su cuerpo se negaba, su cuerpo no quería que Niña
Lucía dejara de mamarle, arriba y abajo, la polla, que se contraía en pequeños
espasmos de placer. Su cuerpo simplemente se relajaba mientras manos y lengua de
Lucía hacían diabluras por su virilidad.
"Luci que me voy... Luci que me voy a..."- empezó a
rumiar Joan.
"Vente".- contestó con lascivia Niña Lucía tras sacar
la polla de su boca y seguir masturbando con rapidez a Joan.
"¡DIOS!"- el chorro de semen golpeó en la cara de Niña
Lucía. Al primero le siguió otro, y otro, y otro, y así hasta que Joan se vació
completamente sobre el cuerpo de la quinceañera.
"Veo que lo he hecho bien"- dijo ella sonriente,
inspeccionándose la camiseta embarrada por chorretones del semen de su
compañero.
Joan jadeaba, con las piernas temblando, sin poder
engranar ni una palabra ni media. Como pudo, se dejó caer en el sofá, vestido
sólo con la camiseta, mientras decía:
"Lo has hecho de putísima madre, Lucía..."- comentó,
aún resoplando por el esfuerzo.- "¿Quién?... ¿Cómo?..."- Joan no sabía cómo
decírselo, cómo enterarse de quién enseñó a Niña Lucía a mamar vergas.
"No ganarías nada sabiéndolo"
Niña Lucía lo dejó descansando y se fue hasta el baño,
a limpiarse los restos de semen de su cara. Encendió la luz y se tropezó con su
reflejo en el espejo. Le causó gracia el pequeño río blancuzco sobre su mejilla,
desplazándose a su pelo, y los múltiples que decoraban su camiseta. Se mordió un
labio con picardía. Luego, con dos dedos recogió el semen de su cara y se lo
llevó a la boca. Saboreó la corrida de Joan hasta que todo lo que sus dedos
llevaron desapareció por su garganta. El sabor agrio del semen la excitó.
"Serás puta..."- insultó, sonriendo, a su reflejo.
Niña Lucía se quitó la camiseta manchada y se limpió
con un poco de agua los restos que quedaban de la materia de Joan. Así, con el
torso desnudo, torso plano de pechos nimios, volvió al comedor, para encontrarse
con Joan en la misma posición de antes, ya recuperado el aliento.
"Ahora me toca devolverte el favor... ¿No?"- sonrió el
joven al verla llegar, atractivamente desnuda de la cintura para arriba.
"Otro día, carinyet..."- contestó alegremente.- "Ahora
me siento vacía y quiero que me llenes".- siguió diciendo, mientras se
desabrochaba los vaqueros.
La verga le volvió a brincar a Joan. ¿Cómo era posible
que permaneciera tan aparentemente inocente después de lo que decía y hacía?
Niña Lucía, y él tuvo constancia entonces, era especial.
Niña Lucía bajó la cremallera y Joan adivinó unas
braguitas blancas bajo el pantalón. Se levantó y caminó hacia Lucía. Cuando
llegó a ella, la quinceañera ya se había quitado los pantalones y quedaba
vestida únicamente con las blancas braguitas de niña.
Llevado por la pasión, Joan cogió a la joven en
brazos, haciendo que lanzara un grito de sorpresa al verse alzada del suelo tan
violentamente.
"¿Dónde está tu cuarto?"- dijo Joan, con Lucía en
brazos, mirando al pasillo.
"Vamos al cuarto de mis padres, el del fondo, es
más... morboso ¿No crees?"- Contestó ella con una sonrisa provocativa.
"Sí creo."
¿Qué iba a contestarle? Cuando Niña Lucía hablaba,
Joan lo creía todo, como si decía que la nieve es negra. También la hubiera
creído. Niña Lucía era un diosa y Joan, su fanático número uno. Niña Lucía era
su diosa y sus palabras eran sagradas.
Joan lanzó a su hermosa diosa compañera a la cama.
Poseído por la pasión irracional, él fue detrás, y no tardó más que un par de
segundos en hacer desaparecer las bragas del cuerpo de Niña Lucía. De nuevo pudo
verla, desnuda e infantil sobre una cama, y un escalofrío le embargó. Era tan
bella... lejos de ser una desventaja, la escasez de sus pechos hacía a Niña
Lucía aún más inocente, aún más niña, aún más atractiva.
Llenó de besos su boca, y bajó por su cuerpo, le besó
con glotonería los pechos, las aureolas, los pezones, descendió hacia el vientre
saboreándole la piel. Niña Lucía suspiraba. Joan abrió las piernas de la joven y
acercó su boca al coñito húmedo.
"no, Joan, no..."
"Sshhhhh... calla y disfruta"- contestó él.
Besó el clítoris y a Niña Lucía se le escapó un
gemido. Lamió toda la hendidura, paladeó gustoso el néctar que se allí emanaba,
introdujo nada más que la yema de un dedo y un gritito de Niña Lucía le animó a
seguir.
"Por favor, Joan..."
Joan se desentendía de lo que Lucía pudiera decirle.
Él estaba ocupado lamiendo, succionando el sexo que ante los ojos se le ofrecía.
Seguía ocupándose, con toda la habilidad que disponía, que, aun sin ser mucha
compensaba con un afán desmedido por el placer de su compañera, del sexo mojado
de Niña Lucía.
"Por dios Joan... métemela. Métemela que me muero"-
suplicó Lucía.
Joan la miró a los ojos. Le brillaban las pupilas, se
le encendían de lascivia y parecían mucho más hermosas. Obedeció la orden. Se
encaramó por el cuerpecito delgado de la quinceañera y apuntó su sexo a la raja
de Niña Lucía. Acarició con su glande los labios del coñito de la joven, para
impregnarlos de su humedad, antes de penetrarla.
Niña Lucía exhaló un largo suspiro cuando Joan lo
hizo. Lentamente, su polla joven y dispuesta se adentraba en las profundidades
de su coño.
"Mmmmmmm"- gimió la joven quinceañera, cuando sintió
que las dos caderas chocaban.
Niña Lucía abría las piernas, abrazaba la espalda de
Joan y buscaba sus labios para apagar en ellos todos los gemidos que le estaba
causando su sexo hambriento y atravesado.
Joan taladraba, con la mayor velocidad que podía, el
sexo de Lucía, que parecía envuelta en una nube de placer que le sacudía el
cuerpo. A cada gemido de sus labios carnosos le seguía una nueva penetración.
Lucía clavaba sus uñas en los hombros de Joan, que no cesaba en sus movimientos
sobre ella.
"ah"- Niña Lucía abría los ojos, se tensaba todo su
cuerpo. Sentía agudizarse las sensaciones de su cuerpo. "ah"- intentó buscar
agarre, alguien que parase la enloquecida noria de su mundo.- "ah"- se sintió
volar, subir y volar con los pájaros.- "¡Aaaahhhh!"- el orgasmo la azotó con una
fuerza insospechada. Cada músculo se estremeció en el clímax.
"Espera, Joan... espérate, por favor"- dijo en un
suspiro, cerrando los ojos para disfrutar tranquilamente de los últimos
estertores del placer absoluto que la atacaba.
Joan se detuvo. Dejó que Lucía disfrutara de su
orgasmo, tan merecido. Dejó que cerrara los ojos y se abandonara al placer, que
se dejara caer, vencida, sobre la cama, yerta y sonriente como una muñequita.
"Me estoy enamorando de ti..."- le susurró Niña Lucía
al oído de Joan, mientras se incorporaba sobre la cama.- "No tengas piedad..."-
le dijo, colocándose a cuatro patas y ofreciéndole una soberbia grupa en la que
montar.
Joan no se lo pensó dos veces, se quitó la camiseta,
agarró el culo perfecto de Lucía y, de una estocada, clavo su polla de nuevo en
lo más hondo de su sexo, arrancando un grito de la boquita de niña Lucía.
"¿Te he hecho daño?"
"No. al revés. Sigue dando, mi rey".- De nuevo, como
si no pudiera hacer otra cosa, Joan obedeció a Niña Lucía.
Embistió sobre la grupa de la joven, y Lucía respondió
gimiendo. Llevado por la perversión, Joan no dudó en azotar indiscriminadamente
las nalgas de Niña Lucía.
"¡Ay!"- se quejó ella.
"¿Paro?"
"No"- la respuesta categórica fue suficiente para que
Joan diera rienda suelta a sus instintos más innobles. Golpeaba y penetraba.
Penetraba y golpeaba. Al choque de caderas le seguía el choque de su palma sobre
el culo de Lucía, que empezaba a enrojecerse. Joan jadeaba, se le cortaba la
respiración cuando Lucía contraía su coño para apretarle la verga. El cielo no
estaba por encima de las nubes. El cielo estaba en el coño de Niña Lucía.
Joan se echó sobre la joven para besarle el cuello,
para pegarse a su oreja y avisarla:
"Me voy a correr dentro de ti"- susurró.
"Da igual. Tú sigue."- contestó enloquecida Niña
Lucía.
Joan ya no respiraba. Aguantaba como podía el aire en
sus pulmones y la corrida en su polla para llegar junto con Lucía. Él lo sentía.
Ella estaba cerca. Con un grito de triunfo y placer, los dos acabaron al tiempo.
Los fluidos estallaron y se derramaron en el sexo de Niña Lucía. El ardor de sus
entrañas se extendía ahora también a los calientes líquidos que la llenaban.
III. Fantasmas del pasado
"No me he puesto el condón"- susurró Joan.
"Da igual. Tengo píldoras"- respondió ella, besando el
beso que su pareja le extendía.
Se abrazaron sobre las sábanas, sin más
entretenimiento que mirar la mirada del otro. Hasta que a los oídos de Lucía
llegó un sonido. Un motor.
"¡Mis padres!"- Lucía saltó de la cama. La costumbre
la había hecho aprenderse el sonido del coche de sus padres. Se asomó a la
ventana y lo vio, ante la puerta del garaje.- "¡Vístete, rápido!"
Joan recogió la camiseta y se la puso. Corrió por el
pasillo y se vistió como pudo con los calzoncillos y los vaqueros que había
dejado allí. Mientras, Niña Lucía, se encargaba de adecentar nuevamente el
cuarto de sus padres e ir a su cuarto a vestirse.
Se despidieron a la carrera, con un beso en los labios
que, por la prisa, no pudo ser todo lo pasional que querían. Joan bajó las
escaleras a saltos, con el corazón temblándole en el pecho. En el patio, se
cruzó con tres personas. Dos hombres y una mujer que charlaban entre sí. Supuso
que serían los padres de Niña Lucía y algún amigo del matrimonio. Saludó
tímidamente y salió por la puerta.
Los padres de Lucía tocaron al timbre de la casa justo
cuando ella acababa de rehacer la cama donde acababa de follar con Joan. Tras
calmarse un poco ante el espejo, Niña Lucía abrió la puerta. El "Hola, papás"
que iba a decir a modo de saludo murió en sus labios cuando vio quién los
acompañaba.
"Hola, princesita. ¡Hay que ver lo que has crecido!
Estás hecha toda una mujer"- le dijo aquél hombre de los ojos grises.
Niña Lucía (Tío Rodrigo)
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Categoría: Amor filial
"Hola, princesita. ¡Hay que ver lo que has crecido!
Estás hecha toda una mujer"- le dijo aquél hombre de los ojos grises.
Niña Lucía tragó saliva. No esperaba volver a verlo...
jamás. Y sin embargo, allí estaba, tal y como ella lo recordaba en sus
pesadillas. ¡Qué poco había cambiado en cuatro años!
"ho-hola, tío Rodrigo..."- susurró la joven.
"¡Hola, princesita!"- le respondió con una sonrisa su
tío, antes de adelantarse y estrecharla en sus poderosos brazos. Los besos que
su tío depositó en sus mejillas, Niña Lucía los sintió como pinchazos de asco.-
"bueno, Jorge..."- dijo el hombre girándose a su hermano- "Si me dices dónde
está el baño..."
"Sí, por supuesto, por esa puerta de ahí".- le indicó
el padre de Niña Lucía. Luego, girándose hacia su hija preguntó.- "¿Cómo te lo
has pasado?"
"¿Qué hace ÉL aquí?"- espetó la joven cambiando su
rostro a un gesto enfadado en cuanto su tío desapareció del recibidor.
"Cuida ésa boca, jovencita. Tu tío Rodrigo está de
viaje de negocios en la ciudad y se va a quedar una semana en casa"- le
respondió su madre
"¿Por qué no me habíais dicho nada?"- renegó la
chiquilla.
"Porque no te importa. Además, tú siempre te has
llevado bien con tu tío..."
El portazo de Lucía en su habitación tras esa
respuesta resonó durante varios minutos en los oídos de sus padres.
I. Sálvame.
"ángela ncsito qdar cntigo no awanto en mi casa. stoy
jodida. tngo q contart algo. Siento muxo lo q t dije. Perdóname y cntxta xfa."
A Ángela, el móvil, la sorprendió en la bañera. Con
fastidio, levantó su cuerpo escultural y se inclinó hacia la pila para recoger
el aparato, haciendo que gotas de agua que resbalaban por sus pechos fueran a
caerse al piso del cuarto de baño. No pudo evitar que una sonrisa victoriosa se
asomara entre sus labios cuando leyó el mensaje de Niña Lucía. Con parsimonia,
terminó de bañarse, enjabonándose la piel, recreándose en cada gesto, haciéndolo
más obsceno, como si alguien la estuviera mirando. Luego, completamente desnuda,
cogió el móvil y se dirigió a su cuarto.
"t spero n 1 ora n l bar d tus padres"
Lucía no necesitó más. En cuanto recibió el mensaje,
salió de su cuarto y de la casa.
"¿Dónde vas, Lucía?"- le preguntó su padre.
"He quedado con Ángela"- antes de que sus padres
pudieran contestar, Lucía ya había salido por la puerta.
"Otra vez con Ángela..."- rumió su madre.
"¿Pasa algo con esa Ángela?"- preguntó el tío Rodrigo.
"No es nada, Rodri... simplemente que a Marta, le
parece algo... emmmm... 'Liberal'"
"Entiendo"- contestó el hombre con una sonrisa.
Niña Lucía llegó veinte minutos antes a la puerta
cerrada del bar que sus padres regentaban. Diez minutos después, cualquiera que
hubiera estado mirando la esquina de la calle, podría haber visto a Ángela
observar a su amiga. Tras un cuarto de hora de cruel espera, viendo a Niña Lucía
casi derrumbada contra la pared, Ángela avanzó hacia ella.
"¡Ángela!"- gritó Niña Lucía cuando la vio.- "pensé
que no vendrías."- exclamó, lanzándose hacia ella y abrazándola sorpresivamente.
Ángela se sintió extrañada por el afectuoso abrazo de
Niña Lucía. Y más aún le sorprendió que su amiga tardara tanto en soltarse...
hasta que, a sus oídos, llegó un sollozo.
"Luci... ¿Estás llorando?"
Niña Lucía, completamente derrumbada, se deshacía en
llanto en el amplio pecho de su amiga.
"Luci..."- a Ángela se le estremeció el alma. "Pobre
Lucía... Pobre Niña Lucía", pensaba Ángela, y se maldijo por haber sido cruel
con ella.- "Vente a mi casa y lo hablamos... ¿Okéi?".
Niña Lucía alzó su hermoso rostro, y con una sonrisa,
casi más mueca forzada, en su carita triste de ojos hinchados por el llanto,
dijo:
"Sí".
Niña Lucía se apoyaba en Ángela durante todo el
trayecto, como si le faltaran las fuerzas. Ángela nunca había visto así a su
amiga. Nada parecía quedar de la vital Niña Lucía de sonrisa eterna. Nada
quedaba ya de la arrogante Lucía con la que había hablado la noche anterior por
el móvil.
Llegaron a la vivienda de la familia de Ángela. Niña
Lucía se había negado a decir absolutamente nada durante el trayecto.
"¡Hola mamá!"- gritó Ángela nada más entrar por la
puerta.
"Hola, cariño..."- le respondió una voz desde las
profundidades del hogar.
"He traído a Lucía, no te importa ¿Verdad?"
"No, por supuesto. ¿Queréis merendar algo?"- un
pinchazo sintió Niña Lucía en el alma. Envidió a Ángela. Eso era una madre, y no
la fanática del trabajo que le había tocado a ella.
"No, mamá, nos vamos a mi cuarto"- contestó la
adolescente mientras avanzaba con Niña Lucía por el amplio pasillo.
Niña Lucía se dejó caer en la cama de edredón rosa de
Ángela. Se entretuvo observando las pegatinas fosforescentes del techo. Los
caminos de lágrimas secas le acartonaban las mejillas. Ángela se sentó en un
taburete, frente a ella, y preguntó:
"Va, cuéntame lo que te ha pasado"
Tragándose las lágrimas que causaba el recuerdo, Niña
Lucía empezó su narración...
II. Hace muchos años... PX.
"Todo esto empezó hace cuatro años...- comenzó la
joven.- por aquél entonces yo tenía once años, y no era más que una niña... Mi
tío Rodrigo era en esos tiempos un hombre de negocios bastante exitoso. No
preguntes qué negocios. Ni los sé, ni los he querido saber nunca. Todo hacía
indicar que no eran demasiado legales, y el tiempo parece ser que me ha dado la
razón. Bueno... a lo que iba. Mi tío Rodrigo hace cuatro años estaba felizmente
casado con una mujer digna de ser portada de cualquier revista pornográfica, no
sé si me entiendes, y tenía un maravilloso chalet en la sierra al que yo iba de
vacaciones cada verano. Comprenderás que no es lo mismo tener piscina privada
que irte a la piscina municipal con todos los paletos y salidos de la ciudad...
Aquél chalet apartado era mi paraíso. Tenía todo lo que una niña de once años
podía desear.
Cada año pasaba todo un mes alejada de mis padres, en
el chalet de mi tío Rodrigo. Cada tarde me bajaba a la piscina, con mi bañador y
mi colchoneta, y me pasaba las horas jugando en el agua. De vez en cuando, la
mujer de mi tío (jamás la llamaré mi tía), bajaba conmigo y me acompañaba en mis
juegos. Siempre que yo estaba en la piscina, veía a mi tío, asomado al balcón, y
mirándome con una sonrisa que yo, inocentemente, creí protectora. Hasta aquél
maldito día.
Yo jugaba en la piscina, y mi tío y su mujer me
observaban. Entonces, vi que mi tío Rodrigo le decía algo a su mujer. Esa
mujer... no sé... siempre creí que en su puta vida no conoció más moral que la
del dinero. Y como mi tío de lo último tenía a espuertas, pues ella hacía lo que
él dijera sin rechistar.
En fin... Ella bajó conmigo, con uno de esos bikinis
que tienen menos tela que el pañuelo de un gnomo..."
Ángela rio la semejanza. Hasta Niña Lucía esbozó una
sonrisa.
"Sí, sí, ríete, pero era clavado a esos que tú tienes,
Angie... bueno, no me líes. La mujer de mi tío bajó, y, desde un primer momento,
se lanzó al agua y empezó a jugar conmigo. Pero algo raro ocurría. Me abrazaba
más de lo común, y casi siempre por la espalda. Sentía sus manos sobre mis
pezones casi inexistentes, incluso se atrevía a acariciarme por debajo del
bikini. De repente, noté que me quitaba la colchoneta en la que estaba subida.
Nunca he sido una gran nadadora, así que como pude me desplacé al borde y me
agarré al bordillo...
-Devuélvemelo- le dije.
-¿Y yo qué recibo a cambio?- no supe qué responderle.
Pero ella tenía la lección aprendida.- Me gusta tu bikini...- me dijo. Yo me lo
tomé a broma, pero, joder, era una cría y para mí era sólo un juego. Me senté en
el borde de la piscina y me quité la parte superior del bikini. Se la di y ella
dejó la colchoneta en el agua. Salté desde el borde y, justo cuando estaba a
punto de caer sobre la colchoneta, ella la volvió a coger y me caí en el agua.
Pataleé, la insulté, me enfadé y noté que me abrazaba
de nuevo por la espalda.
-He dicho que me gusta tu bikini.- me susurró al oído
con esa voz... ¿Sabes? La que usamos para volver locos a los tíos..."
"Sí. Estás hablando con una profesional, Luci".- rió
Ángela.
"Menos lobos, caperucita... que ya comprobaste que
cuando quiero..."- la sonrisa se colgó de los labios de Lucía. Temió que Ángela
se lo tomara a mal. Era como hurgar en las heridas. Pero en vez de eso, Ángela
se rió y se levantó sobreactuando.
"Por favor, niñita... has aprendido de una maestra"-
dijo riendo.
Rieron las dos niñas.
"Bueno, a lo que iba. Me agarró por la espalda...
-Y los bikinis constan de dos piezas...- dijo,
metiendo sus dedos en el elástico del calzón del bikini.
Creo que el corazón se me paró. ¡Me estaba desnudando!
Sabía que no estaba bien. Sabía que mi tío miraba desde el balcón, y recé para
que no se diera cuenta y el agua me tapara.
Allí me tenías. Desnuda en la piscina, con once añitos
de nada, y expuesta a la vista de mi tío Rodrigo. Lo miré, y lo que vi juro que
me marcó para siempre. Mi tío Rodrigo tenía una mano metida por los shorts y se
estaba cascando una paja."
"No me jodas, Luci..."- dijo Ángela.
"Y lo que te queda por oír.
Me quedé de piedra cuando vi aquello, y creo que hasta
su mujer lo vio, pero lejos de ofenderse, la muy puta se pegó más a mí, y su
abrazo se convirtió en un descarado sobeteo cara a mi tío. Mira, no sé si alguna
vez te ha tocado una mujer, entiende lo que te digo, pero de aquello sólo
recuerdo que esas manos parecían mil, y siempre sabían donde tocar. Eso me
pareció, ten en cuenta que yo había empezado a "conocer mi cuerpo", sabes a lo
que me refiero, desde el año anterior, y cuando me pajeaba era la cosa más torpe
que te puedes echar a la cara.
Por eso, cuando esa mujer empezó a tocarme, noté que
me mojaba en cuestión de segundos. Sus dedos, la palma de sus manos... creo que
hasta sus tetas en mi espalda me ponían cachonda... Y desde arriba, mi tío se
pajeaba viendo el espectáculo. Yo no sabía qué hacer. Sabía que lo que me hacían
no estaba nada bien, pero no sé, me sentía tan caliente... hasta una niña sabe
que si algo te da placer no debe ser malo... Así pues, simplemente cerré mis
ojos y dejé que manipulara mi cuerpo a su antojo.
Nunca había sentido nada parecido, así que, cuando mi
tío se metió para dentro de la casa, supongo que tras correrse, y su mujer subió
a acompañarle, me quedé allí sola, desnuda, con tantas ganas que, sin esconderme
ni nada, allí mismo, en la piscina, en la parte baja, con las piernas abiertas
bajo el agua y recosatada contra el borde, me hice la paja más monumental que
recuerdo... Hasta entonces, cada masturbación que me había hecho respondía a un
sentimiento de soledad, casi de aburrimiento, cuando estaba sola en casa y no
tenía otra cosa mejor que hacer que imitar a las putas de las pelis porno. Pero
ese día no. Ése día me pajeé como resultado de una butal calentura. Quizá por
eso me gustó tanto.
La puta de la mujer de mi tío, además de ponerme
cachonda como una cachorrilla, se había llevado mi bañador, por lo que tuve que
subir desnuda, y corriendo para que los vecinos no se asomaran a la ventana y me
vieran.
Sin dejar de correr, pasé por delante de mis tíos, y,
cruzando el pasillo, me metí en mi cuarto. No comprendía por qué habían hecho lo
que habían hecho, ni por qué a mí, ni por qué me había gustado tanto... hicieron
que me sintiera una puta con once años. Una puta virgen e inocente. En cuanto
estuve de nuevo a solas, me puse un pijama y me lancé a mi cama a llorar.
Me dormí llorando, y cuando desperté, mi tío me miraba
sentado en mi cama.
- ¿Cómo ha dormido mi Niña Lucía?....- me dijo...
Quise abofetearle, gritarle que jamás en su vida me volviera a tocar, pero,
¿Sabes? Había tenido tiempo de pensar, y ése día mi tío y su mujer me habían
prestado una atención que jamás había recibido de mis padres. Así que sólo pude
responderle:
- Bien...
- ¿Te ha gustado lo de esta tarde?- preguntó. ¿Tú qué
habrías respondido? ¿Qué habrías respondido si la sensación más maravillosa del
mundo fuera completamente asquerosa a los ojos de la puta sociedad y hasta de ti
misma? ¿Qué harías si te preguntaran que si te ha gustado que te dieran todo lo
que no te han dado en tu vida?"
"Respondería que sí".- contestó Ángela. Un rubor le
cubría las mejillas, intentaba respirar hondo...
"Te está gustando la historia demasiado, Ángela. Si
quieres paro y tomamos algo".
"No, sigue".
"Tú lo has querido, pero lo que viene ahora no va a
ser tan bonito."
III. Tío Rodrigo.
"como tú misma me has dicho qué harías, yo también
contesté que sí. Mira, Angie... he tenido cuatro años para lamentarme de esa
puta palabra, de esas dos putas letras que te juro, me han amargado mucho hasta
que "conocí" a Joan."
"¿Hasta anoche?"
"Sí. Hasta anoche. Sabes... si mi tío Rodrigo se
hubiera portado como se portó Joan, quizá ahora mismo fuera la tía más puta que
te puedes echar a la cara. O a lo mejor lo soy y todavía no me he dado cuenta.
Si mi tío Rodrigo, entonces, se hubiera portado como Joan anoche, no le habría
cogido ese puto respeto al sexo que perdí anoche..."
"¿Cómo lo hizo Joan?"- preguntó Ángela, con esa
curiosidad morbosa que tan bien queda en las quinceañeras.
"Digamos que se portó como todo un caballero... No
sé... me gustaría pensar que me fijé en Joan porque era el indicado, como si
supiera de antemano que era el que necesitaba para cambiar el chip. Ángie, tengo
casi dieciséis años y sólo había follado una vez. Sabía que, o me quitaba los
miedos y me atrevía a probar con alguien distinto del consolador que tengo en
casa, o jamás iba a poder..."
Ángela asintió. Niña Lucía era su mejor amiga y jamás
se callaban nada. Cada secreto de una era secreto de la otra.
"Bueno, te voy a contar cómo fue la cosa con el cabrón
de mi tío."
"Va, cuenta... que me tienes..."
"Cahonda perdida te tengo... y lo siento pero ahora la
cosa va para abajo... ya te he dicho que si querías que parásemos, y yo sabía
para qué..."
"No me seas furcia, nena, y continúa"- dijo Ángela,
acomodándose aún más en el taburete.
"Vale, vale... En fin. Le dije que sí, y a mi tío fue
como abrirle las puertas de la Ciudad Perdida. Supo en ese momento (al igual que
yo también lo supe), que me tenía a su disposición.
-Entonces, túmbate y verás lo que es bueno- me dijo
con voz ronqueante.
Yo ya había oído de las historias de la primera vez y
todo eso... pero pensé que, habiendo alguien que me quería tanto como mi tío, no
me iba a doler... Me equivoqué en todo. Ni mi tío me quería, y me dolió
horriblemente. Mi tío se descubrió como el hijo de la grandísima puta que era.
En cuanto me tumbé, comenzó a quitarme el pijama.
Recuerdo que era un pijama harto infantil, de ositos y no sé qué pijerías más...
me lo quitó como si fuera un bocadillo envuelto en papel de plata. A lo bestia.
No tuvo ningún cuidado para conmigo y me desnudó con rudeza.
Me dejó desnuda. Mis tiernos once años desnudos ante
el depredador de mi tío. Caperucita y el lobo, puede decirse. Su mirada me
asustó. Pero en la puerta, apoyada en el marco, vi a su mujer, y me dije "Ella
no dejará que me haga daño. Es mujer como yo y me cuidará si mi tío se pasa.".
Sí. Me sentía mujer. Despertaba el deseo de un hombre hecho y derecho que me iba
a follar, joder, no sé qué más había que hacer para sentirse mujer. Lo malo es
que yo era demasiado niña para ser mujer.
Mi tío se desnudó y vi su verga. Creo que me pareció
lo más gordo que había visto en mi vida. Sé que parece tópico, pero pensé que no
cabría. Me asusté como no te puedes hacer una idea.
- No va a caber...- le sollocé a mi familiar.
- Sí... sólo necesitas un poquito de lubricación, Niña
Lucía.- contestó él.
Entonces me besó, y comenzó a acariciarme el coño...
mi tío Rodrigo siempre se ha presentado, ante toda la familia, como un experto
en "cuestiones de cama", y joder que lo era. Además, yo no era más que una niña
que lo único que sabía de sexo empezaba y acababa en una revista porno que le
robaba a mi padre sin que ni él ni mi madre se dieran cuenta...
Me mojé enseguida. Mi tío supuso que era tiempo, y me
abrió de piernas. Y bien, estaría todo lo mojada que quieras, pero a los 18 años
una no tiene el coño para ir recibiendo trancas creciditas, y la de mi tío
Rodrigo estaba bien crecidita. Cuando me atravesó, de un sólo empujón, haciendo
alarde de una actitud de hombre de las cavernas, el grito de dolor que pegué
creo que lo oyeron hasta en la China.
Sentí como si me apuñalaran. El dolor me dejó sin aire
durante un momento. No sé si alguna vez te ha pasado. No sé cómo fue tu primera
vez, nunca has querido contármela, pero espero que no fuera como la mía. Me
sentía arder, y no precisamente de calentura... encima, el muy cabrón se tumbaba
sobre mí para que no pudiera moverme. Su cuerpo me cubría completamente mi
pequeño ser de once años.
Lloré, le supliqué que parara, le rogué, con lágrimas
en los ojos y sangre en el coño, a su mujer, que hiciera algo para detenerlo.
Pero ella se quedó allí, mirándolo todo sin cambiar el gesto. La odié, lo odié.
Mi tío no me hacía ningún caso y no me soltaba. Yo creí que me iba a morir. De
dolor o desangrada, lo mismo me daba. Notaba la sangre mancharme toda la
entrepierna. Y me dolió aún más cuando él empezó a moverse. Era una quemazón
insoportable. Lloraba, hubo momentos en que dejé de sentirme las piernas, creí
que me había reventado la columna a pollazos.
Él sólo jadeaba y jadeaba, mientras me violaba con
toda la crueldad del mundo. Resoplaba y gruñía como un cerdo. Como el cerdo que
era y como el cerdo como el que se comportaba. Al final, cuando ya pensaba que
aquél suplicio jamás acabaría, se corrió dentro de mí. No le importó que ya
tuviera la regla y que me pudiera dejar preñada. No le importó absolutamente
nada más que su placer.
Creo que jamás le importó nada más que él. Cuando se
me pasara el dolor del coño, aquello sería lo que más me doliese. Creí que le
importaba. Por fin creí que le importaba a alguien y fíjate lo que me hizo..."
"Pero, Luci... no me jodas... ¿fue así de cerdo?".
Niña Lucía no pudo responder. Todas las lágrimas que
había aguantado durante la historia brotaron de sus ojos en ese momento. Estalló
en duros sollozos. Lloraba, tumbada en la cama. Durante un instante, le pareció
volver a cuando su tío Rodrigo la violaba y ella lloraba, con su tío encima,
tumbada en la cama.
"Tranqui, Luci, tranqui... ya ha pasado todo"- Ángela
se acostó a su lado y la abrazó. Compartía su dolor. Lo compartía demasiado
bien.
"No. Eso es lo peor. No ha pasado todo..."- sollozó
Niña Lucía apoyada en su amiga.
"¿Qué dices?"
"Está en mi casa, Angie... va a pasar unos días en mi
casa. Aquél año los negocios se le truncaron, la puta de su mujer se piró con
otro con más pasta y él se piró del país, creí que nunca más tendría que verle,
pero ahora va a dormir en la habitación de al lado de la mía... No ha pasado lo
peor, Ángela... Ahora me espera el puto infierno."
"Pero no puedes dejarlo así... ¿No lo denunciaste? ¿No
se lo dijiste a tus padres?"
"No. Ni quiero. Seguro que no se lo creen. Nunca me
creen. A veces quiero pensar que ellos no son mis padres... joder, pasan de mí,
Ángela... seguro que piensan que son delirios de la niña mimada"
"Pero Luci..."
"Por favor, Ángela, déjame dormir aquí esta noche, por
favor."
"Sí."- contestó sin dudar Ángela.- "No voy a dejar que
duermas en la misma casa que ese cabrón. Si es preciso, mañana iré yo misma a
decírselo a tus padres."
"¡No, Ángela! No se lo digas. Por favor... no. Tengo
otras ideas..."
"Está bien. Espera que le diga a mi madre que te
quedas esta noche. Llama a casa y díselo a tus padres."
"¿El qué?"
"Lo que quieras. Dile que te quedas, pero yo también
les diría la clase de hijoputa que es tu tío Rodrigo."
"No."- Niña Lucía había dejado de llorar. Sus ojos
brillaban de algo que no era humedad.- "Tengo otras ideas."- repitió, con
firmeza.
"Me gustaría saberlas"
"A mí también..."- pensó mentalmente Niña Lucía
intentando aclararse la mente.
Niña Lucía (Ángela)
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Categoría: Lésbicos
Niña Lucía se dejó caer sobre la cama. Quería dejar de
pensar en su tío Rodrigo, en su pasado... en su presente. Sólo quería dormir,
olvidarse de todo aunque fuera por un momento y mañana será otro día. Aguzó el
oído para intentar oír a Ángela y su madre.
"Mamá... ¿Puede quedarse Luci a dormir esta noche?"
"Claro... ¿Lo saben sus padres?"
"Sí, les está llamando."
"Entonces bien. Que se quede. ¿Vais a cenar aquí?"
"No sé... seguramente."
Niña Lucía cogió su móvil. Empezó a teclear.
"No m spereis a cnar ni a dormir. Stoi cn Ángela".
Antes de enviar el mensaje a su madre, Niña Lucía lo leyó y lo estudió
detenidamente. Borró la última palabra. No quería que su familia supiera con
quien estaba. Pero, justo cuando iba a cambiar el nombre de Ángela por "Una
amiga", con brillo travieso en la mirada, quiso que sus padres se preocuparan un
poco más.
"No m spereis a cnar ni a dormir. Stoi cn un amigo."
Niña Lucía pulsó a enviar y sonrió. Por primera vez
desde que vio a su tío, sonrió.
I. Confesiones
"Bueno, ya está. Mi madre no pone ningún problema"-
dijo Ángela entrando en la habitación.- "¿Y tú? ¿Has llamado a tus padres?"
"Les he enviado un mensaje"
"No tienes tú morro ni nada..."- sonrió la joven.-
"Bueno... ¿Y qué fue de tu tío después de aquello?"
"Morbosilla..."- le increpó burlonamente Niña Lucía.-
"Bueno, tras aquello, creo que mi tío se asustó. Fue tan jodidamente brutal que
tardé más de una hora en dejar de sangrar. Su mujer, la misma puta que se había
quedado viendo la violación con una sonrisa, fue la que, botiquín en mano, hizo
lo posible por curarme. Mi tío se fue, tras correrse dentro de mí, al salón a
meterse un lingotazo de su mejor whisky.
Cuando dejé de sangrar, la mujer de mi tío fue a
hablar con él. A partir de ahí, mi tío hizo caso a su mujer, no volvió a
follarme, pero pensó que bien podía enseñar a su sobrinita a chuparle la polla."
"Vas de coña... ¿Pero cómo puede ser tan hijo de la
grandísima puta?"- le cortó Ángela.
"No, Ángela, no voy de coña. Me enseñó a chuparle la
polla, me obligó a tragarme su semen durante las dos semanas que estuve allí."
"¡Qué hijo de puta!"- Ángela se sentó al lado de Niña
Lucía. Suspiró, dejó su mirada fija en algún punto imaginario, como pensándose
algo detenidamente, y luego, empezó a contar...- "¿Sabes? Te entiendo muy bien.
Demasiado bien. ¿Me dejas tumbarme a tu lado?"
"Claro, claro..."- Dijo, intrigada, Niña Lucía,
haciéndose a un lado, para que su amiga pudiera compartir la cama con ella.-
"Cuenta."
"Sabes que mis padres están separados desde hace un
par de años."
"Sí"- contestó Niña Lucía.
"Lo que no sabes es por qué... Fue una noche, el
veinte del mes que viene hará dos años. Mi padre llegó borracho, como tantas
otras veces, y mi madre, harta de su actitud, de recibir palizas, de todo... no
dejó que entrara a su habitación, la cerró con llave e impidió que mi padre
entrara a dormir con ella."- Ángela suspiró, intentando calmarse.- "Como mi
padre no pudo dormir en la cama de mi madre... adivina dónde vino a
acostarse..."
Niña Lucía dio un salto en la cama. Luego, desde
encima, la miró como si observara a un asesino.
"Tranqui, Luci. No es la misma cama. Pero sí. Vino a
la cama de su hija, y borracho como una puta cuba, me tapó la boca y a voces de
"¿No quieres a tu papaíto?" me violó. Jamás olvidaré la peste a alcohol de su
aliento, sus manazas torpes, la forma en la que me desvirgó..."
Niña Lucía se recostó contra su amiga, depositó su
cabeza entre los pechos de Ángela, y la abrazó con suavidad.
"No podía gritar"- sollozó Ángela...- "No podía
gritar. Me tapaba la boca y mi madre no me oía. Estuvo toda la noche durmiendo
conmigo. Y no tenía valor para moverme. Mi madre nos descubrió por la mañana. Le
pedí ayuda, llorando, y mis lloros despertaron a mi padre. Tarde. Mi madre cogió
la maza del mortero y le dio a ese hijoputa la paliza que merecía. Luego, pidió
el divorcio, lo denunció y consiguió que lo encerraran. ¿Te cuento una cosa? El
hermano de Luis tiene un par de amigos en la misma cárcel que mi padre, y en
cuanto hicimos llegar la noticia de que mi padre había violado a su hija,
tardaron dos días en dejarle el culo como un bebedero de patos..."
Ángela rió entre lágrimas. Lucía la abrazó más fuerte.
"Ya está. Ya vale. Ya ha pasado. Ahora estás bien..."-
susurraba Niña Lucía, abrazada a su amiga, compartiendo su dolor. Quizá fue en
ese momento, o quizá después, pero Niña Lucía sintió una conexión con Ángela que
supo, desde entonces, que no se rompería hasta que la muerte las separase.
Ángela, devolviendo el abrazo a su amiga, sintió lo mismo.
"¡Niñas! ¡A cenar!"- les llamó la madre de Ángela.
Niña Lucía se levantó y ayudó a su amiga a incorporarse y a enjugarse las
lágrimas.
Las jóvenes cenaron rápidamente, entre bromas y risas.
Los malos recuerdos se habían esfumado de la mente de las dos quinceañeras,
ahora que sabían, aunque no lo habían dicho, aunque nadie lo dejó por escrito ni
las obligó a firmarlo, ahora que sabían que siempre iban a tener a su amiga allí
donde la necesitaran.
Tras dar buena cuenta de la suculenta carne con
patatas que había cocinado la madre de Ángela, se pusieron a ver una película en
la tele. A los veinte minutos, el filme se les había hecho insoportable y
decidieron irse a la cama.
Ángela habilitó un puf que rápidamente transformó en
un acogedor lecho al que Niña Lucía no tardó en subirse.
Niña Lucía se desnudó, dejando la ropa interior. Como,
a causa de su casi inexistente delantera, no usaba sujetador, sólo quedó vestida
con las braguitas. No era la primera vez que la veía en ropa interior, incluso
muchas veces la había visto desnuda, en las duchas, en los vestuarios del
instituto... pero Ángela miró a Niña Lucía con otros ojos. Se fijó en la curva
rotunda que hacían sus braguitas. Ángela sonrió. Siempre viéndose como la más
irresistible de las dos, y ahora resultaba que Niña Lucía tenía mejor culo que
ella.
Ángela, sin decir nada a su amiga, se desnudó también,
se colocó un pijama y se acostó en su lecho, mientras Lucía hacía lo propio en
la cama supletoria. Apagó las luces y la oscuridad las rodeó.
Se hizo silencio en la habitación mientras las dos
amigas intentaban conciliar el sueño. Pasaron los segundos entre susurros de
respiraciones y de la voz amortiguada del televisor. Al tiempo, se apagó la tele
allá lejos, se quedaron ciegas las luces del salón y la puerta de la habitación
de la madre de Ángela se abrió y se volvió a cerrar. El silencio fue más
absoluto entonces.
"Luci... ¿Estás despierta?"
"Sí."- contestó la joven.
"Tú tampoco puedes dormir..."
Como única respuesta, Niña Lucía saltó de su cama y se
introdujo entre las sábanas de Ángela al tiempo que su compañera le hacía sitio.
"¿Sigues pensando tú también en lo que hemos hablado
hoy?"- preguntó Niña Lucía cuando se hubo puesto justo enfrente de su amiga.
"Sí."- Una mueca triste hizo aparición en el rostro de
Ángela. A pesar de la oscuridad, Lucía lo pudo ver perfectamente. Sus caras
distaban una de otra no más de veinte centímetros, cada una podía sentir la
respiración de la otra envolviéndole la cara.
"Tranquila"- una de las manos de Niña Lucía acarició
el hombro de Ángela. Casi sin querer, notó como sus piernas se entrelazaban, y
las diestras se deslizaron con inocencia entre los muslos de la amiga, por
debajo de las sábanas.
"¿Sabes Luci? Creo que nos parecemos mucho más de lo
que jamás pensé."
"No tanto..."- sonrió Niña Lucía, poniendo su mano
sobre los exuberantes pechos de su amiga.
"Coño, Luci... sabes que no me refiero a eso"
"Ya lo sé... Angie... Pero si quieres que te diga la
verdad, como me digas que somos almas gemelas por tener unos familiares cabrones
y no por todos los años que llevamos juntas te muerdo una teta"
Ángela estalló en carcajadas. Niña Lucía también.
"Mira que estás loca..."- decía Ángela entre risas.
Con la sonrisa que Niña Lucía había convocado, no sólo en su boca, sino también
en su vida, Ángela la abrazó, estrechándola todo lo que podía entre sus brazos.
El movimiento hizo que las dos quinceañeras se
juntasen más, que los cuerpos adolescentes se deslizasen levemente sobre la
pierna compañera, y, por qué no decirlo, que sus sexos se frotasen contra el
muslo.
II. Una noche con Ángela. PX.
Niña Lucía vio nacer en su cuerpo una sensación
extraña. Notaba los pechos de Ángela pegados a su torso, sentía sus latidos, y
llevaban el mismo tempo que su propio corazón. La boca de Ángela respiraba en su
oído, sus manos cálidas le tapaban la espalda, su muslo le rozaba el sexo. Niña
Lucía, devolviéndole el abrazo a Ángela, suspiró en el oído de su amiga.
Las manos de la joven de pechos escasos se hundieron
bajo el pijama y entraron directamente en contacto con la espalda de Ángela, que
se estremeció al notar sus manos frías por el nerviosismo.
Pero ninguna se separaba, seguían pegadas una a la
otra, como dos polos de distinto signos atraídos por poderosas fuerzas. Sus
pechos se rozaban y, aun a través de la tela del pijama, Ángela notó los pezones
erguidos de Niña Lucía. También los suyos se endurecieron.
Los dos cuerpos se juntaban bajo las sábanas, y
ninguna de las dos se atrevía a llevar a cabo ningún movimiento que significara
perder el calor dulce que desprendía el otro cuerpo. Fue Niña Lucía. Fue Niña
Lucía la que dejó el abrazo y, separándose un poco, logró que las dos se miraran
a la cara.
La luz que entraba por la ventana era suficiente para
ver a la compañera de lecho en la oscuridad. Las mejillas arreboladas tenían su
reflejo en el rostro amigo. Los ojos brillaban, los labios se abrían y cerraban,
como si quisieran decir alguna palabra que aún no se hubiera inventado. De
nuevo, fue Niña Lucía. Fue Niña Lucía la que adelantó su rostro y depositó un
beso en la boca de Ángela. Y entonces sí, fue Ángela quien respondió. Se amoldó
a esos labios finos, femeninos, que la besaron con la mayor dulzura que jamás
recibió, y dejó libertad a las lenguas.
Las dos quinceañeras se besaban. Ese beso tenía toda
la suavidad que, durante tantos años, se les había negado, tenía el erotismo del
que carecían los movimientos duros y egoístas de los que se llevaron
violentamente su virginidad.
Sin despegarse del beso, Niña Lucía comenzó a
desabotonar el pijama de su amiga, sentía una imperiosa necesidad de estrellarse
contra su piel desnuda. Ángela, solamente, la dejó. Se dejó desnudar mientras
movía su cuerpo por sobre la pierna de Niña Lucía. Sentía su sexo excitado
incendiarse, con ganas de tocar la piel de su amiga.
Ninguna de los dos quiso pensar en cómo ni en porqué.
Ninguna de las dos se paró a pensar lo que estaban haciendo, ni qué les había
llevado a ello. Sólo se dejaron llevar por los diez dedos amigos que tanto afán
tenían en aprenderse su cuerpo. Niña Lucía desnudó el torso desarrollado de su
amiga, y se colgó de un pezón como si fuera un bebé que buscase alimento.
"Luci... no..."- Ángela calló. ¿Quién decía que eso no
estaba bien? La lengua de su amiga hacía círculos en la aureola, erizándole aún
más el erguido pezón del color del café.
La mano de Lucía se posó en el vientre de Ángela y
comenzó a bajar. Ángela enloquecía, ya no sabía dónde ir, dónde clavar sus ojos.
No, ella no era lesbiana, no lo era, no lo quería, no... no pensó más. Niña
Lucía había metido su mano bajo el pantalón de su pijama. El dedo de su amiga
había encontrado su clítoris y el relámpago de placer que la recorrió le hizo
olvidarse de todo lo que no fuera su amiga erotizándola.
Ángela se quedó bocarriba, sus manos se engarfiaron
sobre las sábanas, y dejó que Niña Lucía siguiera haciéndola suya.
Sus pechos iban al ritmo de la agitada respiración,
cerraba los ojos, y luego los volvía a abrir para no perderse la hermosa carita
de Niña Lucía sobre su cuerpo. La mano de Ángela intentó emular a la de su
amiga, trastabilló por su espalda, buceó bajo las braguitas y acarició la
rotunda curvatura del culazo de Niña Lucía, que despegó sus labios de los pechos
de Ángela para exhalar un suspiro lento, largo y lleno, cuando sintió los
delgados dedos de Ángela internarse entre sus nalgas y seguir bajando, bajando
hasta tratar de meterse entre los muslos.
Ángela, sin sacar su mano de la braguita de su amiga,
bordeó sus caderas para encontrarse con el sexo de Niña Lucía, joven y húmedo,
ansioso por recibirla en sus entrañas.
Las dos se tumbaron boca arriba, con una de sus manos
en el sexo de la compañera. Si Niña Lucía frotaba y pellizcaba, Ángela frotaba y
pellizcaba. Si Ángela penetraba y removía, Niña Lucía penetraba y removía.
Las dos sentían en su amiga una extensión más de su
propio placer. El goce era doble, cada caricia elevaba dos placeres, el suyo, y
el de sentir el de la compañera. Los sexos cada vez se humedecían más, los dedos
ya surgían, brillantes y mojados, del sexo donde se internaban.
La habitación era un arrabal de jadeos. Gemían por lo
bajo la amigas, llevadas por esos dedos que tanto de ellas parecían saber. Dónde
tocar, cuándo hacerlo... Eran dedos femeninos, que conocían a la perfección el
sexo que tocaban. Las amigas se acariciaban, apretadas en la pequeña cama,
protegidas de la noche por la sábana.
"Mmmmmmmm."- se le escapaban gemidos a Niña Lucía, que
se cortaba para no gritar de placer y despertar a la madre de su amiga.
Los gemidos iban aumentando de intensidad, y, de
pronto, Ángela notó que los dedos que tanto placer le daban se habían parado, se
detuvieron como si alguna bruja, muerta de envidia, los hubiera petrificado.
Abrió los ojos, buscó la mirada de Niña Lucía para
interrogarla, pero lo que vio hizo que acelerase al máximo los movimientos de su
propia mano sobre el sexo de Niña Lucía. Su amiga acababa de tomar un expreso a
otro mundo... la boca abierta, los ojos perdidos en el rostro conmocionado por
el placer, un suspiro atravesado entre sus labios y que se negaba a salir, el
cuerpo arqueado, todas sus entrañas revolucionándose... desde lo más hondo del
cuerpo niño de Niña Lucía se vaticinaba un orgasmo.
La joven de plano torso se mordió un puño para acallar
el grito, total y poderoso, que salía de su interior. El flujo en su sexo
desbordó sus labios vaginales e, impulsado por los dedos de Ángela, se estrelló
en la tela blanca y leve de sus braguitas y acabó salpicando las sábanas
mientras la cadera de Niña Lucía era un enloquecido vaivén que se llevaba con
ella la mano de Ángela.
Niña Lucía se corrió y, al correrse, lloraba de
placer. Las lágrimas humedecieron sus ojos casi tanto como el flujo su sexo
adolescente. Ángela fue espectadora de primera fila del orgasmo de Niña Lucía.
Fue testigo de cómo su amiga explotaba en un éxtasis mayor del que jamás hubo
visto. Y se olvidó de ella misma, para dejar a Niña Lucía descansar, recuperar
todo el aire que perdió apagando los gritos en su puño.
Niña Lucía, cuando el clímax hubo abandonado su
cuerpo, le regaló a su amiga una mirada de agradecimiento y satisfacción
completos. Se inclinó hacia ella, y la besó con dulzura y pasión. Las lenguas,
femeninas y adolescentes, batallaron entre los labios, hasta que Niña Lucía se
fue alejando, lentamente, milímetro a milímetro. Empujó levemente a Ángela hasta
que volvió a quedar tumbada boca arriba y, apartando las sábanas, desnudando a
la noche el torso magnífico de Ángela, Lucía fue haciendo descender su lengua
por el cuerpo de su amiga y amante de esa noche.
"Luci..."- susurró Ángela, pero calló, no porque su
intervención hubiera sido respondida, sino porque Niña Lucía comenzó a quitarle
pantalón y braguitas mientras le besaba los pezones.
Ángela quedó desnuda completamente. Su sexo depilado
concienzudamente emergió a la noche, y Lucía, tras abandonar sus grandes pechos,
colocó su boca sobre él y lo besó como si fuera un tierno bebé. Ángela se
removió de placer con ese beso. Pero la sensación que aquello le trajo no fue
nada comparada con la que sintió cuando Niña Lucía, abriendo con suavidad sus
labios vaginales, introdujo su lengua todo lo que su húmedo órgano le dejaba.
La joven tumbada y desnuda se tapó la boca para no
estallar en gritos de placer. No era la primera vez que le comían el coño, pero
sí la primera vez que lo hacía una mujer, y la diferencia era abisal. Niña
Lucía, en segundos la encendió hasta límites que no había soñado. Su amiga
lamía, succionaba y frotaba justo las zonas que había que lamer, succionar y
frotar.
La saliva de Niña Lucía pronto mojó el coño de Ángela,
aunque luego fuera cubierta por el abundante líquido que de él emanaba.
No tardó Ángela en sentir cómo lo que acababa de ver
en el cuerpo de Lucía se reproducía en ella con total fidelidad. El mismo
hormigueo desde lo más hondo de su cuerpo, el mismo suspiro ardiendo y creciendo
en sus labios, el mismo calor envolviéndola, el mismo movimiento de las caderas
acompañando a esa parte del cuerpo de su amiga que tanto placer le
proporcionaba...
Se apoderó de la almohada y la hundió en su cara, como
si quisiera asfixiarse. Y al tiempo, sufrió un poderosísimo orgasmo que la hizo
gritar y gritar y gritar y que la acabó dejando exhausta, tirada en la cama, sin
fuerzas siquiera para mover la almohada que dejó encima de su cara.
Fue Niña Lucía la que la retiró, devolviéndole a
Ángela la visión de la noche de su cuarto, coronada por el bello rostro de su
amiga, que se acercaba cada vez más a ella.
El beso, por pasión y agradecimiento, jamás se hubiera
acabado. Las dos jóvenes, agotadas y satisfechas, se besaron disfrutando de los
labios dulces de una mujer. Niña Lucía, sonriendo, se despegó del beso y volvió
a su cama.
No tardaron en quedarse dormidas.
III. Dulce despertar
Las primeras luces del domingo atravesaron la ventana
y se desparramaron por la habitación. Las dos amigas no despertaron hasta bien
entrada la mañana y casi llegando al mediodía.
"Hola, Luci"- saludó Ángela, desnuda bajo las sábanas
de su cama. Tras pensar por un instante, sacudió la cabeza y se calló lo que
elucubraba.
"Angie..."- Niña Lucía se incorporó, de rodillas,
sobre la cama, dejando que el sol golpeara con sus rayos su cuerpo de torso casi
andrógino.
"Es que..."- Ángela sabía de lo que tenían que hablar,
y no se sentía con fuerzas.
"¡Ey, Angie!"- le sonrió su amiga.- "Tranquila... lo
que pasó anoche no está nada mal"
"¿Estás segura? No sé... tú y Joan... y sabes que a mí
me gusta Nacho y..."
"Tssssssch"- Niña Lucía se adelantó de un salto a la
cama de Ángela y la calló con un dedo en sus labios.- "Angie... esto no
significa que seamos nada... sólo somos dos amigas que buscaban una forma de
olvidar las cosas malas que les han pasado. ¿No crees tú que lo hemos
conseguido?"
"Psssssí..."- contestó Ángela, aunque luego, tras una
pequeña reflexión, contestó más decidida...- "¡Coño, sí!"- y, olvidando su
desnudez, o tal vez porque ello no le importaba, dejó caer la sábana que le
cubría los pechos y abrazó con alegría a su amiga.
El torso plano de Niña Lucía y el busto generoso de
Ángela, desnudos, volvieron a tomar contacto entre sí. Las dos pieles calientes
volvieron a juntarse, pero se separaron enseguida.
"Va, vístete... hoy tenemos que pasar un día bueno."-
dijo Niña Lucía con una sonrisa mientras recuperaba del suelo sus ropas.
"Está bien".
Las dos quinceañeras se vistieron, desayunaron y
salieron a la calle.
"Vente, tengo que pasar por mi casa."- dijo Niña
Lucía.
"¿Estás segura? ¿No estará tu tío Rodrigo?"
"Me la suda que esté el cabrón ese. Tengo que
cambiarme y coger unas cosas. Vamos para allá"
Niña Lucía (La venganza)
http://www.todorelatos.com/relato/49703/
Categoría: Sexo oral
Ángela y Lucía salieron a la calle juntas. El sol de
la mañana abrazó a las dos jóvenes, que sonreían y bromeaban. Poco a poco,
fueron llegando a la puerta de casa de Lucía. Entraron al portal
"¿Subo contigo?"
"No, Angie. No voy a tardar nada. Es simplemente
cambiarme y bajo, no te preocupes."
"No sé..."- susurró Ángela, mientras Lucía subía por
las escaleras. Niña Lucía, que lo oyó, bajó rápidamente y, sonriendo, se acercó
de nuevo a su amiga.
"Tranquila."- le dijo, justo antes de darle un tierno
beso en los labios.
Las dos muchachas rieron y Niña Lucía subió sola por
las escaleras.
Niña Lucía intentó tranquilizarse antes de entrar en
su casa. Su mente empezaba a forjar el plan, la venganza que la resarciría del
dolor y las humillaciones. Abrió la puerta y entró en casa. La televisión estaba
prendida, y Niña Lucía se acercó al comedor. Una figura sentada ante el
televisor, de espaldas a ella, era la única presencia en la casa.
I. El error
"Así que ya has llegado."- le dijo, sin girarse, su
tío Rodrigo.
"Sí. Pero me voy enseguida. Ángela me está esperando
en el portal. Sólo he venido a cambiarme."- dijo, con profundo desprecio hacia
su interlocutor, Niña Lucía.
"¿Y por qué no te pones esta camiseta, Niña Lucía?"-
le preguntó él, sin siquiera voltear la cabeza, y mostrando un pequeño top
negro, manchado de...
"¿De dónde has sacado eso?"- gritó la joven.
"Mi niña... No deberías dejar estas cosas tiradas en
el baño... ¿Qué pasaría si tus padres lo hubieran visto? No, no, no..."- El
hombre rió estruendosamente, y, por fin, se giró, enfrentando su mirada con la
de su sobrina.
"¡Devuélvemelo!"- berreó la quinceañera.
"Vamos... preciosa... ¿Quién es tu amiguito, eh?
¿Quién es el afortunado que se ha podido correr sobre mi Niña Lucía?"- preguntó
socarronamente, señalando las manchas de semen que llevaban allí desde que Niña
Lucía le mamara la polla a Joan.
"NO SOY TU NIÑA LUCÍA! ¡NO SOY DE NADIE!"- presa de la
rabia, se abalanzó hacia su tío, en el afán de recuperar aquella prenda manchada
de la sustancia del único hombre al que podía decirse que amaba.
Niña Lucía saltó al sofá dispuesta a golpear a y con
lo que fuera, pero se encontró con un hombre fuerte, más fuerte de lo que ella
creía. No tardó en quedar inmovilizada bajo su tío.
"Sigues siendo preciosa, mi niña."- musitó el hombre,
mirando a su sobrina con una sonrisa de lobo feroz.
"Déjame. Por favor. Déjame..."- Niña Lucía empezó a
llorar, recordó aquél verano hace cuatro años. Se sentía tan niña como entonces.
Una niña boba. Boba por olvidarse de la camiseta. Boba por haber caído de nuevo
en las garras de su tío. Había sido un error dejarla allí tirada. Un grave error
que, quizá, le iba a costar más caro de lo que jamás temió.
"¿Qué pasaría si le entregara la camiseta a tus
papás?"- siguió su tío Rodrigo con soniquete perverso.
"No. Por favor. No lo hagas..."
"¿Y qué gano a cambio?"- En esa postura, con los
brazos de Niña Lucía inmovilizados por sus propias manos, y su cuerpo
aprisionándola de cintura para abajo, Rodrigo paseó su vista por el torso niño
de su pequeña sobrina.
El mundo de Niña Lucía se vino abajo. "Otra vez no"
pensó. La venganza, todo el plan que había ideado se rompió en ese instante. Lo
fácil se acababa de convertir en inviable. Ya no era ella quien dominaba la
situación. Y todo, por culpa de él. No podía ser. ¿Por qué todo le era tan
difícil? ¿Por qué el destino parecía sonreír siempre al más hijo de puta?
Niña Lucía rompió a llorar sin consuelo. Su felicidad
se deshacía. Su sonrisa amenazaba con no volver a surgir en mucho tiempo.
"Vamos, mi niña. No llores..."- susurró tiernamente
Tío Rodrigo.- "si te va a gustar. Eres igualita que tu madre."
Aquella confesión golpeó la claridad de Niña Lucía.
"¿Mi... madre?"
"Claro. Tú y ella sois iguales. Os encanta el sexo. Y
no tiene nada de malo. Pero vosotras siempre queréis más, y más. No os
conformáis con lo que tenéis y siempre queréis ir más lejos. Siempre más
lejos."- añadió, sin modificar la sonrisa.
"¡Qué sabrás tú de mi madre! ¿Qué coño sabrás tú de
mí?"- gritó la joven.
"Más de lo que te imaginas."- respondió, soltando a su
sobrina y liberándola de la prisión que hacía su cuerpo.- "Esta noche deja la
puerta de tu habitación abierta. Después te daré tu camiseta"- añadió, a modo de
advertencia, aunque su tono hiciera que sonase más como amenaza.
"S... sí."- sollozó la pobre muchacha, resignándose a
su mala suerte.
"Bien... buena niña..."- rumió Rodrigo.- "Puedes irte.
¡Ah, sí! Tus padres han dicho que querían hablar contigo. Te esperan en el bar."
Niña Lucía, aún sollozando, se fue hacia su
habitación, derrotada por completo. No se atrevía siquiera a levantar la mirada
del suelo.
Entró en su cuarto y cerró la puerta. Abrió los
cajones y escogió las primeras prendas que encontró. Comenzó a desnudarse para
cambiarse la ropa. Intentaba no pensar, no imaginarse lo que le esperaba de ahí
en adelante. El sonido de su puerta abriéndose la sacó de sus ensoñaciones. Dejó
de desvestirse al momento.
"¿Por qué te paras? Quiero ver cómo te cambias. ¡Madre
mía cómo voy a disfrutar con ese culito!"- exclamó, clavando su mirada en la
curva que hacía la ropa so