| Esta es una historia de deseos, emociones, placeres, dudas, decisiones y pensamientos, es la historia del camino que nos llevó a Carmen, mi mujer, y a mí a lanzarnos a vivir las fantasías inconfesables que sin saberlo compartíamos en silencio cada vez que hacíamos el amor; Esta no es una historia de penetraciones y orgasmos, aunque también lo es; Así que si tu, lector que has llegado hasta aquí, buscas un desahogo rápido de tus pulsiones te recomiendo que abandones este texto y busques algo mas inmediato. |
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Cuando colgué el teléfono hubiera dado cualquier cosa por no
haber hecho esa llamada, acababa de ponerle en bandeja a mi mujer; Lo que fue un
juego morboso en Julio que a punto estuvo de convertirse en algo mas, había sido
cerrado entonces; Ahora por mi absurda obsesión acababa de abrirle el paso de
nuevo a Carlos.
Otra vez reconocí esa sensación de vértigo que tantas veces
me había invadido ante situaciones que no podía controlar. En mi mano había
estado dejar aquello donde estaba, en los recuerdos; Sin embargo ahora Carlos
estaría seguramente llamando a Carmen.
Pasé el resto del día en una tensión insoportable, hubo
momentos en lo que deseé salir corriendo y buscarla para decirle que parasemos
aquello que si, que tenia razón, no era capaz de continuar, me rendía.
Pero no lo hice, otra parte de mi, más sensata, me decía que
Carmen no era un ninfómana que se fuese a tirar a los brazos de Carlos, para
ella aquello era un juego erótico que compartíamos, un juego que se resistía a
jugar mas allá de lo que hasta ahora habíamos hecho. Carmen era la sensatez y la
cordura frente a la irresponsabilidad que yo representaba.
Salí del despacho antes de lo habitual y camino de casa llamé
a su móvil.
-
"Hola cielo ¿Qué haces en la calle tan pronto? " – Carmen
había captado el sonido del tráfico.
-
"Necesitaba tomarme un respiro, ¿te paso a recoger y nos
vamos al gimnasio?"
-
"Jo! Lo siento, hoy no puedo, tengo una reunión a las
seis y media" – se me congeló la sonrisa en la cara.
-
"Con Roberto, supongo"
-
"Claro, pero no tardaré demasiado, llévame la bolsa al
gimnasio y me voy directamente allí ¿quieres?"
-
"De acuerdo"
-
"¿Qué pasa, te he estropeado el plan, no?"
-
"Es igual, no te preocupes, lo comprendo"
Esperé algún comentario por su parte sobre la llamada de
Carlos que daba por segura, pero Carmen no dijo nada y no quise comenzar por
teléfono algo que prefería hacer en persona.
Roberto, otro motivo de preocupación añadido; desde que se
había presentado la oportunidad del acenso para Carmen yo sospechaba que no le
iba a ser gratis, le conocía de sobra y temía que estuviese sometiendo a Carmen
a un asedio constante, las veces que le había hecho algún comentario sobre esto
había reaccionado de una manera demasiado brusca, casi a la defensiva, lo cual
me daba pie a pensar que algo estaba sucediendo; A pesar de todo estaba seguro
de que ella no lo iba a tolerar, si hubiese pasado algo, ella ya lo habría
zanjado.
Recordé aquellos días taciturnos y tensos de Carmen, al
inicio del proyecto, entonces los había achacado a la tensión del trabajo
suplementario que implicaba diseñar el nuevo departamento, aunque siempre
mantuve la sospecha de que se pudiera deber a algún otro motivo.
Desfondado, sin ganas de hacer nada, me obligué a ir al
gimnasio, necesitaba olvidarme por un momento de todo esto.
Pero no lo conseguí, la ansiedad por saber si Carlos ya la
había llamado me mantenía en un estado de desasosiego que me impedía
concentrarme en los ejercicios, estaba tenso, impaciente.
Carmen llegó al gimnasio cuando yo me disponía abandonar y
meterme en la sauna, al verla aparecer ya cambiada me hizo variar mi intención y
la acompañé mientras hacia sus ejercicios.
Estaba hermosa, las mallas ajustadas marcaban la forma
perfecta de su culo que se tensaba rítmicamente en el step, el top negro pegado
a su pecho dejaba al desnudo sus trabajados abdominales; Me situé en un banco de
dorsales detrás de ella, lo suficientemente alejado como para poder vigilar sin
ser visto. De esa forma pude cazar las miradas de los que pasaban cerca de ella.
Comparé desapasionadamente y me di cuenta de que es una de
las chicas con mejor cuerpo del gimnasio, su espléndida figura, su forma de
caminar, sus movimientos cargados de esa sensualidad natural llaman la atención
y así, a cierta distancia, pude ver las miradas de deseo que provocaba.
Nos cambiamos para entrar en la zona de piscinas y sauna,
apareció con un bikini negro deportivo y de nuevo me sorprendí mirándola como si
no la hubiese visto nunca.
Estuvimos en la sauna unos diez minutos charlando, me contó
los avances del proyecto, sus planes para el departamento… por un momento me
olvidé de Carlos y, - esta vez sí -, compartí con ella mis propias ideas
intentando ayudarla. Por fin me sentía relajado, sin presiones absurdas, sin
piques.
Salimos de la sauna a las duchas, la miré mientras ella, con
los ojos cerrados y la cabeza erguida hacia la ducha, dejaba que el chorro de
agua helada cayera por su cara y su cuerpo, entonces capté una mirada en uno de
los monitores, un chaval de veintipocos años, el típico culturista de cuerpo
hiperdesarrolado; Fue suficiente para cambiarme el chip; cuando volvimos a
entrar, el recuerdo de Carlos se había despertado de nuevo ensombreciendo esos
momentos compartidos. Seguíamos hablando pero ahora mi obsesión estaba otra vez
torturándome.
-
"¿Te ha llamado Carlos?" – por su expresión entendí que
mi pregunta había estado fuera de lugar, manteníamos una conversación sobre
su proyecto, hablábamos de su ilusión por conseguir ese ascenso y mi
pregunta totalmente extemporánea parecía evidenciar muy poco interés por lo
que me contaba.
-
"Pues sí, me ha llamado, si" – acababa de romper el buen
clima que teníamos, no sabía cómo recomponerlo, me hubiera abofeteado allí
mismo sin con eso hubiera logrado retroceder y evitar esa salida de tono.
Elevé las cejas e hice un gesto de disculpa y reconocimiento de mi error.
-
"¿Te ha molestado que te pregunte?, lo siento, me he
acordado en este momento y…"
-
"Y no has atendido a nada de lo que te estaba diciendo" –
me alivió ver que su tono expresaba tan solo un leve reproche.
-
"Eso no es cierto" – Carmen negó con la cabeza.
-
"Es igual, estoy acostumbrándome a que últimamente no me
prestes demasiada atención, parece que no te importa en absoluto lo que
estoy haciendo…" – me miró a los ojos, comprendí que necesitaba hablar – "…
solo te importa si Carlos me llama, si Roberto me toca… " – tome su mano en
las mías, en ese momento mi intención de contestarle se vio interrumpida
cuando entraron en la sauna un par de personas, aguantamos nuestros diez
minutos en silencio y salimos a las duchas.
-
"¿Entramos en el jacuzzi? – propuse con intención de
seguir hablando.
-
"Me voy a cambiar, no me apetece"
-
"Espera, no hay nadie ahora, démonos un baño y hablemos,
por favor" – el jacuzzi estaba vacío, dudó un instante y al final accedió,
nos sentamos en un lateral, con unos potentes chorros de agua en nuestra
espalda.
-
"No se cómo no me he dado cuenta cielo, lo último que
quiero es no estar a tu lado cuando me necesitas, pensé que tenias muy
controlado lo del ascenso y, la verdad, lo del juego que llevamos quizás ha
ido demasiado lejos"
Carmen me contó sus dudas, sus temores, evitó hablarme de
Roberto y su acoso pero yo intuí por sus palabras que había algo más que no me
contaba; Aquella conversación sirvió para acercarnos, para romper la absurda
tensión que se había instalado entre nosotros por puro orgullo, ninguno de los
dos queríamos dar nuestro brazo a torcer y eso nos aislaba.
Un par de noches más tarde, ya en la cama, leíamos como de
costumbre pero yo no me podía concentrar, necesitaba saber.
-
"Al final no me has contestaste el otro día, te
escabulliste" – Carmen me miró sin saber a qué me refería – "¿Te ha
llamado?" – Carmen sonrió con malicia, cerró el libro y lo dejó en la
mesita, luego se volvió de lado hacia mí.
-
"¿Y tú? ¿has hablado con Elena?"
-
"Yo pregunté primero" – hizo una estudiada pausa para
ponerme nervioso.
-
"Hace unos días, sí" – se quedó pensativa mientras yo la
miraba, sus pensamientos estaban en otra parte, sus ojos andaban perdidos
por el techo.
-
"¿Y?" – volvió de donde estuviera y me lanzó una de esas
miradas traviesas que tanto me gustan y que siempre anuncian el inicio de un
juego
-
"Pues nada, charlamos… poca cosa"
-
"Mentirosa" – me miró con un gesto de fingida ofensa.
-
"¿Mentirosa? ¿por qué? ¿no tengo tu permiso para hablar
con él?
-
"No necesitas mi permiso para eso" – se volvió de nuevo
hacia mí, sus ojos habían cambiado.
-
"¿Y para qué necesito tu permiso entonces?"
-
"Para nada"
-
"¿Seguro?"
-
"Absolutamente" – Carmen se giró cayendo boca arriba
sobre la cama, de nuevo su mirada se perdía mas allá del techo.
-
"¿Te habló de Sevilla?"
-
"Si, bueno, no al principio, fue esta mañana"
-
"¿Así que te llama todos los días? ¿habláis mucho,
entonces?"
-
"Diez minutos, un cuarto de hora, algo así"
-
"¿Y qué te dijo hoy?" – Carmen había levantado el
antebrazo izquierdo y jugaba con el piercing de su ombligo, su mano colgaba
relajada de su muñeca y con la yema de los dedos, dibujaba formas circulares
en su estómago, sonrió antes de comenzar a hablar, como dominada por un
cierto pudor.
-
"Me preguntó lo que yo pensaba que habría ocurrido si…" –
mis ojos seguían el movimiento de sus dedos sobre su piel.
-
"Si…" – la anime a seguir.
-
"Si… aquella noche… no hubierais aparecido Elena y tu" –
el corazón me dio un vuelco, advertí que mi polla había crecido en el
momento que hizo contacto con el muslo de Carmen.
-
"Y… ¿qué piensas…" –inmediatamente corregí mi frase,
quería saber algo más concreto – "… qué le contestaste?" – se mantuvo en
silencio pero no le dije nada, sabía que estaba pensando la mejor forma de
decírmelo, sus dedos habían ascendido por su estómago y ahora recorrían la
base de su pecho izquierdo.
-
"Que nos habríamos arrepentido" – me miró de reojo un
segundo, intentando leer mis emociones, luego siguió mirando hacia el techo,
pero cuando el silencio fue evidente, volvió a mirarme escrutando mi
reacción, notaba la tensión en ella, como si no estuviese segura de haber
hecho lo correcto al desvelar ese pensamiento.
-
"¿Os habríais arrepentido… de qué?" – mis ojos,
hipnotizados por los movimientos de su mano, seguían su lento camino en
ascenso por la ladera de su seno hasta rodear su pezón, dibujando el
contorno de su rosada areola.
-
"De dejarnos llevar" – otra vez volvió sus ojos hacia mí
sin mover la cabeza, su mirada, de reojo, preguntaba por mis sentimientos,
me acodé sobre el brazo izquierdo y retiré la sabana que apenas la cubría
hasta la cintura, su vello púbico recortado formando una estrecha columna
vertical, atrajo a mis dedos que se ocuparon de él peinándolo una y otra
vez.
-
"Dime ¿qué habría pasado si no aparecemos? ¿Cómo te
habrías dejado llevar?
No contestó, su mirada seguía perdida más allá del techo,
sus dedos continuaban excitándome con su delicada caricia cerca de su pezón.
-
"Te tenia abrazada en aquel banco, estabas totalmente
reclinada en su brazo, cuando os vi él estaba casi sobre ti, con su rostro
muy cerca del tuyo, ¿te estaba besando, verdad?"
-
"Me acababa de besar" – sonrió al recordar, sonrió y me
miró al reconocerlo ante mí, su mano colgaba lacia de su muñeca; de sus
dedos semiflexionados sobresalía el índice, con su yema rozaba el pezón, sin
moverlo, tan solo un leve contacto en completa quietud. Como un flash me
vino a la cabeza la imagen del cuadro de la Creación de Miguel Angel,
aquellos dedos que se rozan se trasmutaban en Carmen en su propio dedo
tocando levemente la erguida punta de su pezón. Toda una obra de arte en
ambos casos.
-
"Tenías tus piernas abiertas, me di cuenta enseguida,
desde atrás se veía tu pierna vencida hacia un lado, supongo que ya tenía
sus dedos en tu coño…"
Mi mano seguía jugando con su vello, el dedo pulgar y el
medio formaban una especie de tenaza que recorría el perímetro de su
abultado pubis marcando un triángulo en su piel, luego descendían por las
ingles, se juntaban en el periné para a continuación recorrer el camino
inverso hasta encontrarse de nuevo en su vientre, Carmen arrastró el pie
izquierdo por la sábana hasta casi tocar su nalga, la pierna quedó
totalmente flexionada pero me impedía seguir con mi juego, le di un suave
cachete en la parte interior del muslo instándola a dejarla caer de lado
pero, en lugar de esto, Carmen dobló su pierna derecha hasta hacerla
descansar sobre mí, me ofrecía su coño, abría sus muslos para mi, buscando
mi caricia.
A todo esto, había evitado contestarme.
-
"Tuvo que notar la humedad en tu braga ¿verdad?"
-
"Si, lo tuvo que notar, si" – su voz era un susurro, su
mano seguía extática sobre su pezón.
-
"Si no hubiéramos llegado, habría apartado tu tanga con
sus dedos y habrías podido sentir como se abría paso entre tus labios" – un
leve quejido casi inaudible se escapó de su garganta - "Y no habrías hecho
nada para evitarlo"
-
….
-
"Le habrías dejado que entrase en tu coño, ¿verdad que
si?" – Carmen había comenzado a mover su pelvis sin darse cuenta, pequeños
movimientos que reclamaban mi atención.
-
"Si"
-
"Lo necesitabas dentro.
-
"Oh si!" – hice una leve presión con mi dedo en sus
labios y me deslicé en su interior con facilidad.
-
"Estas empapada cielo" –sus ojos cargados de lujuria se
clavaron en los mios.
-
"Por ti" – removí mi dedo en su interior para empaparme
bien y lo saqué.
-
"Por mi y por Carlos…" – llevé mi dedo a la boca y lo
saboreé golosamente – "este era para mí y este…" – volví a meter el dedo
provocando de nuevo una queja convertida en suspiro, lo retiré de nuevo
totalmente empapado, brillante – "… y este es para Carlos, para que su polla
te penetre con facilidad"
-
"¡Que bruto eres!" – una media sonrisa desmontó su
protesta.
-
"¿No estabas empapada en Sevilla mientras te metía mano?"
-
"Si, lo estaba, estaba completamente mojada" – tenía los
ojos cerrados, su cuerpo emitía pequeños espasmo cada vez que mis dedos
rozaban su clítoris.
-
"¿Lo ves? Te preparaste para recibirle en tu coño"
-
"¿Y si hubiera follado con él entonces, que pasaría
ahora? ¿cómo estaríamos tu y yo ahora?"
-
"Seguramente así, como estamos, pensando en volverle a
ver"
-
"Yo no estoy pensando en volverle a ver" – de nuevo su
sonrisa la delató
-
"Falsa, dime que no te mojaste hablando por teléfono con
él"
-
…
-
"Dímelo"
-
"Un poco" – mis dedos seguían torturando su coño,
actuaban como un pincel extendiendo el flujo que manaba de su interior, me
dedicaba especialmente a su clítoris y cuando sentía que la excitación
crecía demasiado abandonaba mi presa y me desviaba a sus labios o su periné.
Veía crecer la excitación en ella pero quería sincronizar su clímax con mis
argumentos.
Empapé otra vez mis dedos en su coño y descendí entre sus
nalgas hasta alcanzar su esfínter, Carmen flexionó las piernas y pegó sus
rodillas a su pecho, un intenso suspiro se escapó de su boca, me ofrecía su
pequeña entrada, el lugar más intimo de su cuerpo, extendí su propio flujo
alrededor y presioné levemente hasta notar como lo relajaba, la yema de mi
dedo entró sin dificultad siendo estrangulada inmediatamente por su fuerte
músculo.
-
"Dime, ¿Quién va a ser el primero en darte por culo,
Carlos o yo?" – intenté expresar con toda la crudeza posible mi más profundo
deseo, llevábamos años de preparación, pacientemente había conseguido que
sus primeras reacciones de rechazo a ser tocada ahí se convirtieran en
curiosidad y placer, pero el dolor que le provocaba cualquier grosor mayor
que mi dedo nos impedía avanzar. Carmen me miró sorprendida al escuchar mi
frase.
-
"Tonto, eso es algo nuestro, tuyo y mío" – la emoción que
me produjeron su palabras me llevó a abrazarla y a besarla apasionadamente,
no importaba lo que sucediera con Carlos, ella y yo éramos y somos algo más
que una pareja buscando sexo.
Volví a buscar su coño, sabía que estaba a punto de lograr un
orgasmo y deseaba dárselo.
-
"¿Habéis quedado en volver a hablar?"
-
"Si, me pregunto si me apetecía volver a charlar con el"
-
"Y le dijiste que si, naturalmente"
-
"Naturalmente" – acompañaba con una sonrisa cada
confesión de sus deseos, como si se liberase de un freno que le impedía
decir lo que realmente sentía.
-
"¿No te habló de volver a veros?" – notaba un ligero
temblor que iba en aumento cada vez que mis dedos rozaban su clítoris,
faltaba poco para su orgasmo, no quería provocarlo aun y bajé resbalando por
sus labios hasta alcanzar su ano, comencé a hacer pequeñas presiones que
provocaron que se relajara para mí.
-
"Lo insinuó"
-
"Tú quieres verle?"
-
"No es una buena idea"
-
"Quieres verle, si o no"
-
"Y que pasa si…" – bajó su mano y guió la mía a su
clítoris, luego regresó a su pezón.
-
"¿Si te intenta besar? Que le dejarás hacerlo ¿si te
acaricia las piernas y se mete por debajo de tu falda? Que abrirás tus
muslos para que llegue a tu coño, porque estás deseando sentir esos dedos
entre tus labios… " – cada vez temblaba mas – "… y si estáis en un lugar
adecuado, te dejaras tumbar y verás cómo se desnuda y se acerca entre tus
piernas y sentirás su polla rozando tu coño y te abrirás para recibirle
dentro"
-
"Me quedé con ganas de sentirle más, fue todo tan
rápido…"
-
"¿Te gustaría terminar lo que empezaste en Sevilla,
verdad?
-
"Si, siii" – sus ojos se clavaron en mi, parpadeando
lentamente cada vez que mi dedo castigaba su clítoris.
Carmen seguía en el nivel de la fantasía, su aceptación tan
rápida me indicaba que lo vivía en la imaginación, pero yo quería traerla al
mundo de lo posible.
-
"¿Te das cuenta de que podrías estar follando con él en
una semana, quizás dos?" – estaba a punto de alcanzar el orgasmo, era el
momento de hacerle ver la proximidad del encuentro"
-
"¿Y tú, estarás también?" – no empleo el condicional,
hablaba en futuro. El placer que me produjo ese matiz me golpeó como un
huracán.
-
"A tu lado amor mío, besándote mientras sientes su polla
entrando en ti"
Carmen estalló en un orgasmo silencioso, intenso, entre
espasmos, ni un sonido salía de su garganta pero eso no le restaba intensidad.
Cuando se recuperó me echó los brazos al cuello, necesitaba más, me subí sobre
ella y comencé a deslizar mi polla entre sus labios, una y otra vez, sin entrar.
-
"¿Y después? – su mirada seguía ebria de placer.
-
"Después, nos arreglaremos, saldremos juntos de donde
estemos, le acompañaremos a su hotel y os besareis en la puerta, quedareis
en llamaros al día siguiente, el me dará la mano o puede que nos demos un
abrazo de amigos; Luego nos iremos a casa, quizás esa misma noche te llame
para ver cómo estas, después tu me contarás como lo has vivido mientras te
hago el amor, eso es lo que sucederá" – me movía rítmicamente en su
interior, sin prisas.
-
"¿Seré la misma para ti?" – sonreí, la amaba tanto que su
miedo a mi reacción me enterneció.
-
"Serás más, mucho más amor mío"
El orgasmo me llegó como una ola que sube lentamente, cerré
los ojos y me deje llevar del placer que sin grandes tensiones me desbordó
dentro de ella.
A partir de aquel día, ambos asumimos las llamadas de Carlos
como algo natural, Carmen me contaba siempre si la había llamado, que habían
hablado y luego, por las noches, mezclábamos la realidad de la llamada con la
fantasía de mis deseos que día a día se iban haciendo cada vez mas suyos.
Carlos cuidaba de no agobiarla pero no cesaba en su intento
de que Carmen no olvidase lo que habían compartido en Sevilla, con ello le
recordaba de una manera indirecta que ella también había participado, que nada
había sucedido por la fuerza. Si bien al principio esos comentarios la ponían
violenta, Carmen se acabó acostumbrando a hablar de aquello sin pudor y con
deseo
Yo vivía en una especie de constante excitación, una tensión
permanente que me llevaba a pensar en ellos a la hora que sabía que solía
llamarla; el miedo a las consecuencias cada vez era más tibio y la excitación
por saber que mi esposa hablaba de sexo con otro hombre que la deseaba era cada
vez más potente y mas cegador.
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