LAS APETENCIAS DEL SR, OBISPO.
Era una tarde plúmbea de verano, donde las ventanas abiertas
de par en par apenas si dejaban pasar más que un sopor que incitaba más a la
perversidad que al relajamiento.
En aquella estancia un tanto gris; un palacio romano de Vía
Veneto en el cual apenas si la luz penetraba a través de los densos cortinones
rojos; En la penumbra se podían entrever pequeños retablos del siglo XVII y
estatuillas religiosas de distinta época que poblaban la estancia de monseñor
Ciardi.
Lo que sí era intenso, era el mareante olor a incienso y
mirra y unos suspiros llenos de placer y lujuria que provenían del gabinete de
trabajo del clérigo, que eran contemplados y oídos desde la vetusta puerta por
Sor Angélica que aplicaba su perspicaz ojo a la gran cerradura barroca, que
permitía ver con gran nitidez el interior de las habitaciones.
Observaba la freila como su querido y mimado obispo,
repantigado en su silla albacial y con la sotana entreabierta dejaba al aire un
blanquecino y flácido pene para que el imberbe e impoluto joven Guardia Suizo
levantara el ánimo a tan noble miembro.
Monseñor Ciardi alentaba al joven en los manoseos y
lengüeteos de su noble prepucio con su modélico acento de diplomático vaticano:
- Querido Hans, nos, sabemos que estás muy interesado en la
Sra. Helía, que como bien sabes es la mujer de tu superior y sabes que, nos y la
Iglesia no permitimos determinadas prácticas en pro de la buena hermandad."
- Aunque como te veo muy interesado en ella y observando que
la naturaleza es más fuerte que las leyes que nos rigen, podría ayudarte a
conseguir tu objetivo a cambio claro está de algunos servicios que has de
prestar a nos...
- Por lo cual te sugiero caro amigo, te apliques en las
suaves caricias que me propinas y des entrada en tu exquisita boca mi querido y
lánguido "amigo" que durante años ha estado atado al más duro celibato.."
El inmenso palacio en el cual residían diversos cardenales y
obispos, asistidos por las fieles monjas de la Congregación Hermanas
Desamparadas y de la Caridad Cristiana, tenía corredores y pasadizos secretos;
que yo como hijo bastardo de un antiguo cardenal y una estupenda secretaria de
la Curia Vaticana y criado al amparo de ésta última y al cuidado de las
hermanas, conocía a la perfección los entresijos más secretos, tanto de sus
habitantes como sus dependencias.
Lo cual me permitía tener secretos observatorios, desde los
cuales espiar a gusto a tan nobles señores, en sus diversos aposentos y
quehaceres en el ejercicio humano de sus más pérfidas bajezas como las que ahora
contemplaba.
La escena era muy excitante Monseñor Ciardi, se abría cada
vez más la sotana y empujaba la cabeza del joven Hans, para que este le chupara
con fruición aquel noble prepucio que poco a poco iba cogiendo tamaño y dureza,
al igual que el angélico rostro del obispo que estaba casi en la gloria y a
punto de conseguir uno de sus mas sonados orgasmos.
Sor Angélica, a pesar de sus años y abundantes carnes, apenas
si podía contener su pasión, al ver como el joven chupaba el cirio del obispo a
la vez que el mozalbete empezaba a hacer asomar el suyo propio, y que a pesar de
la distancia ya le preveía unas dimensiones más que considerables que manejaba
con gran destreza; Lo cual llevaba a pensar a la freila, que aquel "badajo" era
más propio de otros menesteres que ser manoseado para una estúpida paja, que
además el mozalbete hubo de frustrar pues el monseñor requería toda atención.
Monseñor Ciardi enseñaba el arte de la mamada al joven
dándole precisas indicaciones para que no le mordiera el prepucio, sino que una
vez éste en la boca, fuera relamida la punta del capullo, como si de un helado
napolitano se tratara, a la vez que conducía la mano diestra del guardia suizo
hacia sus blanquecinos cojones, para que fueran masuñados con pericia suavidad,
y le indicaba que con la otra mano le apretara el periné en una peligrosa ruta
hacia el ojete, que el clérigo presentaba ya a tumba abierta, para que el pulgar
del joven se deslizara allá en él en el momento oportuno.
El orgasmo con aquellas exactas indicaciones apenas si tardó
en llegar, Monseñor Ciardi dejó sus ojos en blanco apretó la cabeza del joven
guardia, para que no se le escapara ni un miligramo de aquella noble esencia y
presentaba ya su ojete para que el pulgar ocupara el lugar adecuado y la faena
fuera completa.
Sor Angélica que no se había perdido un ápice de aquellas
maniobras, estaba pensando en como sería posible hacerse con los servicios de
aquel joven, y compensarse así de los hambrientos días que le estaba propinando
el obispo que ahora parecía más inclinado a otros menesteres..?.
Apenas el obispo fue literalmente ordeñado y limpiado
cabalmente de los efluvios que pudieran haberse escapado de la boca del suizo,
el obispo se arrodilló también ante éste y le sorbió de aquella boquita de piñón
las esencias y manjares que aún allí se destilaban. Acabada pues la faena, el
joven fué despedido con la recomendación de guardar silencio y de estar atento a
los recados que a buen seguro recibiría y que le traerían buenas noticias sobre
sus ansiados deseos y pasiones.
Salía el mozalbete asqueado por tan viles servicios, aunque
pensaba que si aquello era necesario para conseguir el amor y los favores de su
amada Helía, lo daba por bien empleado; aunque apenas si era consciente de la
espiral de conjurados deseos que sobre el se estaban cerniendo. En estos
pensamientos estaba cuando le salió al paso Sor Angélica que le abordó con
doblada testuz pidiéndole al joven que le acompañara para un servicio que tenía
que prestar a la sacrosanta Congregación de la Fé, siguió pues el Guardia Suizo
correajes en ristre a la inconmensurable hermana, hacia los sótanos del palacio.
Se extrañó que el recado fuera tan temprano, pues acababa de
salir de los aposentos del obispo, y que además el servicio requerido fuera en
aquella zona, que estaba reservada y destinada a las Hermanas Desamparadas y de
la Caridad Cristiana , encargadas del servicio del Vaticano, y más se extrañó
cuando la hermana le indicó que penetrara en aquella minúscula celda, en la cual
no había nadie más que ellos dos; viendo Sor Angélica que el joven se resistía y
empezaba a desconfiar, le refirió al mozalbete al oído lo visto hacía unos
momentos en determinados aposentos y sí de verdad quería hacer realidad sus
deseos de poseer a Doña Helía y no ser además puesto en evidencia por lo
servicios al Sr. Obispo ... debía pues plegarse a satisfacer determinadas
demandas que le serían explicadas en su momento.
Entró pues el joven suizo al aposento que fue cerrado a cal y
canto por la freila a la vez que ésta se apresuraba a arrojar al joven sobre el
camastro y comenzaba a restregar sus abundantes carnes, con hábito incluido
sobre el sorprendido cuerpo del joven, el cual por otro lado y de forma
involuntaria sus partes iban tomando un estado más que aceptable, para
satisfacción de la marrullera monja.
- -" Mi querido jovencito, esta dulce matrona a pesar de los
años, hace meses que no recibe su ración de rabo, pues de monseñor, parece haber
encontrado otro juguete para sus satisfacción... Por lo cual , mío caro
jovencito, debes hacer una caridad con esta cincuentona a la que las carnes le
piden guerra y que ya los habituales pepinos, zanahorias y demás no llevan al
puerto que yo espero, por lo que pido y ruego que utilices conmigo ese potente
instrumento... y no solo guardaré silencio sino que estoy dispuesta a poner a
tus pies lo que necesites..."
Acabado el discurso, la ardorosa reverenda madre sacó de su
prisión un curvado y enorme miembro, de color arrubiado y sin descapullar y
comenzó a darle unas profundas lamidas, por aquello de poner en forma aquella
formidable estaca de casi 28 cm. Además comprobaba de sí todas las pollas sabían
igual, pues apenas si ella había probado otra que la del Sr. Obispo. Le gustaba
pues aquel sabor salino y un tanto extraño que se alojaba en los pliegues del
prepucio, intentó metérsela toda en la boca, pero la postura y el tamaño no
parecían los adecuados, por lo que le sobrevino a la freila una incipiente
arcada, lo que no fue óbice para que ésta no prosiguiera en su labores
mamatorias.
Hans que hasta ahora había permanecido a la expectativa, pues
tenía miedo de las repercusiones, comenzó a retreparle el hábito a la monja en
busca de las inminentes carnes, el repantigue de la freila con badajo en boca y
el retrepe de los hábitos ofreció al joven una fugaz visión de unas blanquecinas
y prominentes nalgas y unos poderosos muslos tapizados de una densa mata de
bello, que curiosamente le pusieron a tono en un "pis pas"; tiró aún más del
hábito hasta dejar al descubierto casi al completo las nalgas de la freila, y
unas bastas bragas de algodón, como aquellas de los tendederos romanos..
La Sor le pedía calma al suizo, prometiéndole que pronto le
daría la ración que el quería saborear, pero antes había que seguir todo un
protocolo; besábale cada rincón de su cara y de su cuerpo, allí dónde era
posible sin desvestir al joven, pues estaba claro que a la Hermana le gustaba
hacérselo con todos aquellos adminículos puestos: la toca, el hábito, las
inmensas bragas, las sandalias y él con aquellos blondos pantalones de guardia
suizo, sus esplendorosos correajes...
El joven no estaba muy ducho en temas de hábitos y por tanto
no sabía por dónde meter mano aquella mole de mujer, pues no había botones o
aberturas para que aquellas apretadas carnes de derramaran en cascada; en plena
faena de restregos y caricias, sonaron las campañas de San Patricio, anunciando
el "Angelus"; la Sor se puso de un salto de pie y abandonó al joven en aquél
estado, mientras con mirada picarona insinuaba al joven que el ceremonial no se
detenía, sino que cambiaba de lugar, sin que éste por otro lado tuviera claro
que papel jugaba en todo aquel teatro que se traía la reverenda madre.
Sor Angélica se arregló las ropas y se arrodilló en un
reclinatorio frente a un minúsculo altarcillo ante el cual hacía sus oraciones,
allí arrodillada echó de nuevo una insinuante mirada a Hans, el cual seguía con
aquél temible instrumento pidiendo guerra... La freila hacía como que se
arreglaba sus descompuestas bragas, a la vez que se le enseñaba al joven retazos
de sus prominentes nalgas y parecía sumirse en una profunda meditación y rezo.
Entrever de nuevo aquellos muslazos y el asomo de aquellas
bragas, hacían que Hans perdiera toda compostura y entrara de nuevo en un estado
de excitación imponente, que le hizo levantarse del camastro y por detrás le fue
levantando a la concentrada hermana sus hábitos, haciendo a un lado la costura
de la braga y buscando por dónde calar con su instrumento; la Sor aparentemente
sumida en su oración abrió como por descuido más sus muslos y dejó que el
instrumento empapado en saliva culebreara por entre su ano y sus labios
vaginales y las bragas que servían al atacante como punto de agarre.
Aquél torpe roce en busca del higo de la Sor, hacía que Hans
se volviera cada vez más violento y fuera de sí, arrojó pues en sus transportes
a la Hermana Angélica fuera del reclinatorio y ésta se dejó caer de bruces sobre
el suelo tan larga como era y así rezando e implorando a Dios su misericordia y
bendición por lo suplicios que recibía; Hans viendo a la monja panza abajo,
ofreciéndole aquellos peludos manjares, no lo dudó un minuto, bajó el calabrote
de la braga y en aquél fértil oasis de efluvios y caldos insertó su curvo
instrumento si saber a ciencia cierta donde había calado; fuera donde fuera
debía ser muy sensitivo pues la madre dio un fuerte respingo, apretó con fuerza
su rosario e imploraba más suplicio y tortura en pos de alcanzar la divina
tranquilidad de la santidad, a la vez que se retorcía de tal manera que el
diablo del joven más que salirse, era literalmente absorbido por los vaivenes de
la monja..
Hans se separó un poco para tomar resuello y vio por el color
de su polla que no estaba donde él creía estar, sino un poco más arriba, cuando
iba a salirse para calar más abajo la monja se resistía a padecer por su otro
boquete, pues parecía querer recibir el suplicio a contranatural, en pos de un
suplicio mayor y alcanzar una perfecta santidad.... Tan ardua resistencia puso
la Sor que el ardoroso Hans, teniéndola debajo y entre sus rodillas, se dedicó a
darle fuertes manotazos entre aquellas prominentes mollas, hasta que fueron
cediendo lo cual aprovechó para encalomarse en el sorprendente chocho de la
monja, suave y apretado que además se abría de forma descomensurada para recibir
tan enorme como oblongo príapo.
La lucha de la monjita que vio profanada su concha y la lucha
de Hans por mantenerse allí y encalomarse cada vez más en aquella cálida cueva
dio lugar a una brava lucha donde las bragas se hicieron jirones y el orgasmo
fue un continuo relincho de ambos desbocados por sentirse: una más taladrada y
el otro más taladrador.
El intenso orgasmo les dejo exhaustos y se dejaron llevar por
el sopor uno sobre el otro en la minúscula celda, ella con los hábitos por
encima de la cabeza y él con los blondos pantalones de Guardia Suizo a medio
bajar y las campanadas del "angelus" tocando al recogimiento.
LAS INTRIGAS DE MONSEÑOR (II)
Paseaba Monseñor Ciardi en compañía de la Sra. Helía por el
recoleto y tranquilo y laberíntico jardín de los "castrati", y aunque el lugar
no era ideal para el espionaje, pude ir siguiendo a la pareja por caminos
paralelos, escuchando jirones de la intensa conversación que se traían el
clérigo y la esposa del Capitán de la Guardia Suiza, de los cuales era confesor
espiritual.
- -" Mi querido Ciardi, estoy desesperada en esta especie de
jaula en la que apenas si puedo salir de este recinto y de ésta vorágine de
habladurías y rencillas que se están tejiendo a mí alrededor y de mi esposo...
Hace unos días me enviaron un folio escrito de puño y letra de mi esposo en el
cual evocaba el cuerpo de un joven efebo y sus atributos, ante lo cual he
empezado a revisar con más detenimiento sus papeles y he encontrado fotografías
de fornidos hombre desnudos con jóvenes efebos en posiciones y actos contrarios
a la Ley de Dios.... ¿Qué puedo hacer Padre...?
- Llevamos sin acostarnos por una u otra razón casi 4 meses,
y ya sabe Padre lo difícil que es para mí vivir sin tener cerca un hombre.... su
excelencia lo sabe bien.. ya que supo sacar provecho de ello cuando mi marido lo
envió usted a acompañar a su Santidad..."
Lo cierto es que la Sra Helía, era una bella filipina ya
metida en la cuarentena y que aún conservaba esas curvas un tanto rollizas y
unos ojos embrujadores que tanto entusiasma a los hombres de Iglesia. No es que
fuera una escultural mujer, pero aquellas contenidas carnes hacía que sus
santidades volvieran la vista a su paso para contemplar aquel prominente culito
que parecía pedir guerra a cada paso.
Como esposa del Capitán de la Guardia Suiza, tenía todo el
derecho a vivir en las dependencias vaticanas, pero su llegada había despertado
y desatado dormidas pasiones entre clérigos y prelados, y algunos de ellos la
querían como objeto de su serrallo; como ello no parecía posible, había quien
tenía interés en deportarla a algún lugar fuera de la curia, para así doblegar
su voluntad.
Pero el inmenso poder del Prelado Ciardi, maestro archivero y
conservador de los secretos vaticanos, la habían protegido de males mayores y de
algunas incursiones amorosas no adecuadas o queridas, facilitándole toda suerte
de caprichos y deseos cuya consecución se cobraba Monseñor en la consecución de
secretos devaneos de cardenales y prelados a través de la bella filipina y algún
que otro polvo.
- -" Mi querida amiga, es una pena que esas bondades que el
creador ha tenido a bien regalarte, se marchiten de tan cruel manera, como sabes
tú marido desde hace tiempo tiene perdido el norte y no es tan malo , como tu
sugieres, pues está más o menos controlado, te sugiero que mientras hablo con él
y lo reconduzco, tú me hagas el gran favor de no marchitarte y cuidar de un
nuevo pupilo, que deseo entregarte para que lo entrenes, de ésta manera los dos
podremos disponer de un retazo de cielo con grandes destrezas y herramientas...
- -Como siempre te serán recompensados dichos servicios, no
solo de forma material, sino alejando por una temporada a tú marido a una misión
en Guinea Papua, mientras tú te desquitas de tanta hambruna..."
Se fueron ambos a un apartado rincón del espeso jardín , allí
en la balaustrada de mármol de carrara la filipina se apoyó para ver con más
detenimiento el extenso campo de golf de su santidad, que en ese momento de la
caída de la tarde, jugaba su habitual partido acompañado de su Capitán de la
Guardia Suiza y algunos chupacirios más; aprovechó Monseñor Ciardi que la dama
quedaba absorta en la contemplación del juego papal y de su marido, para ir
desabotonando uno de los botones de la sotana y dejar al descubierto su badajo
que aunque medio flácido por la edad y el reciente polvo no dejaba de realizar
más de un prodigio, más bien a causa de la viagra que a otra cosa.
Saludó con su mano a su santidad allá en la lejanía y con la
otra subía la amplia falda de la filipina que en esos momentos no llevaba bragas
e intentaba insertarle aquella áulica polla palatina, la situación y la postura
no eran de lo más propicio , pero no por ello ambos desistieron de su juego, es
más se enzarzaron en conseguir unos medianos resultados, que llevaron al
paroxismo a ambos partenaire.
Todo aquello me puso cachondo, ósea que me fui a mi casa que
era precisamente la Casa de las Hermanas Desamparadas y de la Caridad, y allí
encontré a Sor Angélica amasando el pan enfrascada en su potenciales devaneos;
le metí la mano bajo su hábito y llegué en un segundo a su peludo chocho que aún
chorreaba pasión...
- -"Diablos de chiquillo, te voy a dar con este amasador para
que sea menos pícaro y juguetón... ¡ Querida Angélica que me das si te cuento lo
visto y oído de boca de tu "querido y santo prepucio" como yo llamaba al
Monseñor Ciardi...
Supongo que ya se lo que deseas bribón, aunque te tengo
preparada unas sorpresa para tu personita, que te serviré en bandeja si tú me
cuentas las cuitas que con tanto misterio me traes.."
Le relaté a la inmensa reverenda Angélica, lo que había visto
sin dejar detalle y sumándole alguno más de mi propia cosecha.
- -"Pillín, no sé como puedes enterarte y ver lo que ves,
pero como has cumplido conmigo esta noche te pasas por mi celda a eso de
"Completas" y allí disfrutarás de la sorpresa que te tengo reservada, y ahora
puedes irte que está al caer la Reverenda Madre y además tengo que pelar unas
patatas."
Hice como que me iba, y volví a gatas hasta colocarme debajo
de la gran mesa de cocina, ante la cual Sor Angélica estaba sentada pelando sus
patatas tenía las piernazas abiertas y un tanto remangado el hábito, lo cual me
facilitó la contemplación de aquél inmenso triángulo de las bermudas, que apenas
podía vislumbrar entre tanto muslamen y pelo; acerqué lentamente la mano y
empecé a abrirme camino buscando el chumino de la sor, que al notar mi mano,
hizo como si nada pasase amén de ir plegándose a mis demandas táctiles, abriendo
aquellos poderosos diques y dejando asomar unos carnosos labios con los cuales
pronto comencé a jugar metiéndole un dedo , cuando dos y de vez en cuando
acercaba mi cabeza; entonces aquella gran tenaza se abría desmesuradamente para
que pudiera llegarle con mi lengua y poder así sorbetearle no solo aquellos
grandes y carnosos labios, sino también chupetear aquel pirulillo que le nacía
en la parte de arriba de su vagina.
Estaba en plena faena masturbatoria, mi lengua paseaba de
abajo arriba la gran raja, e iba introduciendo un dedo en el ojete de la Sor,
cuando oí la voz de la Superiora que entraba en la cocina y ordenaba a Sor
Angélica que se ocupara de la novicia Matilde, que había regresado de un largo
viaje y necesitaba ayuda.
La situación era tensa, yo allí, amorrado al pilón, Sor
Angélica apretando mi cabeza para no perder aquella lengua y la Reverendísima
sin enterarse de nada se sentó a la gran mesa mientras yo sorbía y sorbía a
falta de aire, aquellos caldos salinos que la Sor me ofrecía.
" Le pasa algo Hermana, la noto un tanto afriebada y tensa,
es que acaso se encuentra mal.....- No es nada Reverenda Madre es que este calor
me está matando a sofocaciones... siga usted sentada unos momentos y tómese un
té helado mientras me pasan las sofocaciones y termino de pelar estas patatas.
Repántigose la Reverenda y subióse también los hábitos en
busca de un poco de frescura para su entrepierna; Sor angélica bajó una mano y
me indicó que continuara en mi labor, pues a buen seguro que la cegata no debía
haberse enterado de nada. Seguían pues en amigable charleta, cuando ví al lado
de la mesa una cesta con grandes pepinos; para vengarme por el intento de
asfixia de la Sor le ensarté un pepino de grandes dimensiones que se resistía a
entrar en el chumino de Angélica, tal impresión llevó mi querida celestina que
alzó un pié que fue a incrustarse bajo los hábitos de la Reverenda, pensé que se
iba a armar la gorda, pero estaba claro que la Superiora le gustaba el trance y
se hacía la boba, abriendo los muslazos para que aquél pie le llegara a dónde
tenía que llegarle.
Lo cierto es estas monjas no debían gastar mucho en bragas y
sostenes a juzgar por lo allí visto; el pié iba haciendo su trabajo y pronto la
Revendísima bajó una mano he hizo que la gran deda de su subordinada se
incrustara en el vejestorio chumino de la Superiora.
Yo seguía masturbando a Sor Angélica pepino en mano mientras
pajeba mi hermoso nabo que estaba a punto de escupir su caliente bramido, no se
me ocurrió nada más que apuntar directamente al chumino de la Reverenda Madre
Superiora que ya estaba en un extraño trance.
Debió sentir algo extraño, una especie de quemazón en pleno
chocho, debido a mi corrida, pero cuando quiso reaccionar y mirar que era lo que
allí había sucedido, no encontró nada pues me fuí escopetado, el físico podía
peligrar, pues nada sabía tan reverenda madre de mis cuitas por esos lares y en
tan distinguidos trances y además una lesbiana tan celosa como ella podía ser un
mal y peligroso enemigo.
Sor Angélica, que debió percatarse de la situación debía
estar mondándose de risa, al ver la cara de panoli que se le había puesto a la
Reverenda, al sentirse embadurnada con tan raro líquido y de tan extraño sabor;
Ella que a buen seguro nunca había probado polla, no sabía si
es que "su chumino" se estaba pudriendo por su perfidia, o que allí había habido
un milagroso orgasmo, o que la deda de Sor Angélica era prodigiosa, el caso es
que se marchó con cara de circunstancia, mientras me imagino a la picarona
Angélica partiéndose el chocho de risa, allí en la cocina
UN PASEO NOCTUCNO (III)
Lo cierto es que bajé a cenar a eso de la 20 horas con Sor
Angélica y algunas hermanas más y las sonrisa picaronas que me echaba mi
adoptiva madre celestina, daban a entender que allí se sabía lo sucedido.
Terminé pues mi cena de hortalizas, recordando los usos tan
terapéuticos que éstos podían tener y me fui a dar una vuelta por los jardines
palatinos. La noche era cerrada y permitía que me pudiera escabullir de la
Guardia Suiza y de los Guardas Jurados palatinos, que por cierto me la tenían
jurada, pues yo también jugaba con sus vidas y mujeres, en cuanta oportunidad se
me presentaba.
Como hasta "completas" tenía mucho tiempo por delante, me
acerqué hasta el Monasterio de Monjes Clarisos y Descalzos, una especie de
hospedería o albergue donde residían los monjes que prestaban sus servicios a la
curia.
Entré por una especie de antigua cloaca, que en realidad era
un pasillo entre los anchos muros del monasterio y que en su tiempo debió servir
no sólo para huir, sino para tener controlada a la plebe monacal, pues el
pasillo tenía auténticos e ingeniosos puntos de observación y espionaje del cual
no se escapaba nadie a excepción del Padre Abad, que debía ser el único que por
tradición oral debía saber de la existencia de tales pasillos y puntos de
observación, pero su ceguera y su avanzada edad apenas si le permitían moverse
de su enclaustramiento.
Al primero que fui a espiar fue el hermano franciscano
encargado de la biblioteca, éste era un pelirrojo irlandés orondo y con una
polla descomunal que tenía que llevar atada a la entrepierna, medía tal
instrumento cerca de los 40 centímetros, no se sabía a ciencia cierta cual era
su medida, aunque por la curia siempre estaba la chanza y las apuestas por su
longitud y grosor....
Y allí estaba el orondo franciscano, un puro heredero de los
"fratichelli" con el hábito totalmente arremangado y con una preciosa joven
adolescente, de imprecisa edad, sobre sus rodillas, que jugaba con aquél inmenso
nabo, dándole vueltas y retorciéndolo a la vez que de vez en cuando le daba
algún sorbeteo y contemplaban ambos las grandes láminas de la Erótica
Universalis.
La joven retorcía con malvada picardía al irlandés el príapo
mientras éste pasaba las páginas y le enseñaba las representaciones de los mitos
griegos y romanos hecha por Agostino, Carraci de Baco....
Las grandes láminas que eran guardadas con gran secreto por
el bibliotecario, que solo las sacaba para tan pedagógica labor, pues que yo
sepa nunca intentó enseñarlas a nadie más.
La inocente labor pedagógica no iba más allá de enseñarle a
la joven las láminas y familiarizarla con los príapos, pues que se sepa nuca
intentó penetrar a ninguna, pues tan solo gustaba de que si inmenso príapo,
fuera objeto de manipulación y jugueteos por las jóvenes alumnas.
Allí les deje en sus inocentes juegos, para pasar a la celda
del Prior del Monasterio, un cartujo castellano traído ex profeso de la Cartuja
de Siempreflor de Castilla, para que pusiera a raya al monacato palatino; pero
me supongo que la visón de la reverendas madres por lo pasillos de la curia, las
secretarias y las turistas que enseñaban más de lo que los monjes podían
soportar, hicieron que los fenecidos ardores del padre cartujo se reavivaran con
especial ahínco.
Tal era así que para calmarlos, se había colocado un cilicio
de doble carrerilla en su buen armado aparato, y que a pesar de las penurias y
martirios que le causaba tal artilugio, el condenado príapo, siempre estaba en
posición de firmes, para escándalo del padre Eloy de la Iglesia y que por las
noches, como ésta, no solo se conformaba con volver a apretar más aún el cilicio
sobre su indesmallable aparato, sino que también se daba su buen hartazgo de
latigazos.
Quien no reparaba en gastos y artificiosidades y además
cuidaba con esmero su comportamiento social y vestimenta, en su relación con los
demás dentro de la curia.
Este Padre Dominico de Calerruega, Fray Antonio de la Arpía,
mundano a no poder más y candidato a cardenal por la vía rápida y enconado
enemigo de Ciardi, debía haber heredado su afición por el sadomasoquismo y el
bondage, de sus preclaros padres inquisidores, dominicos todos ellos.
Este espécimen gozaba viendo películas en video de
sadomasoquismo y bondage japonés, me imagino que nunca llegaría, al menos de
momento a practicar alguna tortura de este tipo allí dentro de los muros
vaticanos, pues aún le importaba mucho el rango y sus ambiciones.
Aunque esas escapadas a las montañas suizas, a lo mejor ni
eran tales montañas ni suizas , y si era posible que tuviesen mucho que ver con
ciertas muertes que se habían producido en algunos barrios romanos, donde habían
aparecido medio muertas por torturas algunas prostitutas, pero ese es otro
capítulo....
Dejemos pues al impoluto Dominico pajeándose como un poseso
mientras contemplaba latigazos y torturas que le propinaban a dos inocentes
mujeres, en uno de esos videos reales; mientras él era filmado a su vez por
alguien ....
El resto de los monjes de menor condición o dormían o se
pajeaban entre ellos en los baños, donde apenas si los podía oír entre risotadas
y bromas, lo cierto es que ni poseían dinero ni poder para más allá de lo que
hacían.
El que sí tenía libertad y poder para todo y mucho más , pues
contaba con astucia y cómplices era el astuto prelado del Opus Day Monseñor
Ciardi, que ahora se hallaba absorto en como la Sra Helía se trabajaba y seducía
al joven Hans en sus aposentos que presumiblemente les había dejado para sus
encuentros, mientras él permanecía escondido , observándolo todo...
Helía con la excusa del calor se iba deshaciendo de ropajes,
quedando en unas livianas gasas que nada enseñaban pero que insinuaban aquellas
prietas carnes bajo las diminutas braguitas de blonda y un ajustadísimo sostén
regalo de Ciardi, que más que contener, hacían desbordar unas apetitosas tetas.
" MI querido Hans, me han confesado personas cercanas y que
nos solo han propiciado éste encuentro y nos han dejado éste lugar a salvo de
miradas indiscretas, que bebes los vientos por mí, y como bien has de saber soy
mujer casada, con un superior tuyo y no una mujer fácil, aunque si tienes algo
que me guste puede que todo ello pueda superarse fácilmente..."
Hans se puso rojo de vergüenza, lo que no fue óbice para que
se echara sobre la seductora Helía...
Querido Hans debes ir con más cuidado y cariño, esto no es
como coger el fusil al hombro embragar y ya está, Esto querido requiere
paciencia, suavidad, ternura y mucha imaginación..." Mientras todo esto le
decía, la bella filipina le dejaba entrever gran parte de sus muslos entre cruce
de piernas y demás...
El joven suizo que llevaba seguramente sin probar mujer hacia
ya tiempo, a excepción del polvo con la freila, tenía lo que se dice el norte
perdido, era como los perros en celo, no tenía control, la vista de aquella
seductora mujer y sus insinuantes maneras, hicieron además en él un atroz
efecto, por lo cual viendo el rechazo al que se le tenía sometido, se bajó sus
blondos pantalones y los bastos calzoncillos y dejo aquél descomunal alfanje al
aire; monseñor desde su escondite dio un respingo de placer y saco también su
procelosa polla activada a base de viagra, mientras la felipina quedaba absortar
en la contemplación de aquél "michalengelo" allí con aquella desnudez y aquella
herramienta que le podía ayudar a ganar al cielo del placer.
No lo dudó más, esta vez fue ella quien se arrojó sobre él
para besar aquellos escasos pelos del pubis y contonear con su lengua aquel
espécimen de príapo que colgaba de aquellas maneras, en ello estaba cuando el
joven guardia de un volteretazo se puso detrás de ella y pese a la resistencia
iba encontrando entre gasas y costuras el camino para poder ensartar aquél
príapo que la filipina quería gozar a su antojo.
Pero la fuerza se impuso y empaló con brutal dureza a la
filipina que apenas dejó caer un suspiro, para a renglón seguido ir buscando la
sincronía en aquellas emboladas sin ton ni son que le propinaba el suizo, que
estaba a su vez espoleado por las uñas que Helía le había clavado en sus pecosas
nalgas en pos de una mayor penetración y cuyo efecto hacía que se viera con
mayor claridad el cardeneo ojete de Hans.
Ante tal visión Ciardi, no pudo resistirse y ya con el príapo
en ristre salió de su escondrijo y arremetió por la retaguardia al suizo, que
quedó pasmado al verse taladrado de forma tan certera y más por el Obispo
Ciardi, y como no sabía como atender a la situación entre la dama, el asunto que
tenía con ella y el tema del obispo, la sorpresa fue aprovechada por los
maestros del desenfreno como eran Ciardi y Helía que extrajeron cada segundo de
placer de aquel joven e inexperto cuerpo al servicio papal.
La filipina viendo que ahora disponía de dos estupendas
pollas, y aún sin colmar su dilatado chocho, echó al joven sobre la cama y se
empaló a él como buscando la salvación y luego invitó al señor obispo a que la
penetrara por la puerta del averno, no es que al obispo le gustara tamaña
maniobra pero así podía ver el príapo de su protegido y masajear su esbelto
pecho.
Antes de ensartar a su amiga , el obispo pasó su bífida
lengua por el trozo de polla que aún restaba de entrar en la almeja de Helía y
tras escupir piadosamente sobre el averno se avino con el dúo en el vaivén de
transportes que allí se concitaban. La fina membrana que separaba ambas pollas
una tan curva y larga, la otra ya más flácida y rectilínea llevaba a los dos
hombre al paroxismo y a la mulatita al borde del infarto orgásmico.
Y allí les dejé en plena embolada, antes puse en marcha la
grabación del Obispo y tras unos minutos de grabación sustituí la cinta por otra
de las muchas que allí tenía el cabrón de Ciardi; aquellas cintas podían ser mi
salvaguarda algún día...
Cuando quise llegar a la celda de Sor Angélica , pasaban un
buen trecho de " completas" y a juzgar por lo entrevisto no habían perdido el
tiempo; la impresionante Sor había sido atada boca bajo al camastro
completamente desnuda y con un impresionante cirio pascual insertado en su culo,
a la vez que la diligente novicia le arreaba a la sor una buena tunda de
latigazos, a la vez que pasaba por su virginal chocho uno de aquellos cíngulos
de esparto.
Las espié por un tiempo pero las visones anteriores ya me
habían puesto a cien, así que hice acto de presencia polla en ristre para
sorpresa de la novicia que intentó atacarme, ese intento de agresión me
recalentó a aún más y comencé a intentar una violación en toda regla. Mientras
la Sor nos pedía calma a ambos contendientes, al fin pude acaballar a la novicia
sobre el cuerpo de Sor Angélica y allí en medio de gritos y lloros asesté un
cruel pirulazo, que le llegó a la novicia hasta la más honda de la entrañas...
La verdad es que no quería una polla, pero a mí eso en aquel estado me importaba
un comino, había visto bastante y además sentir la espalda amoratada de Angélica
bajo mis huevos fue todo un sumúm.
Me corrí dentro de la novicia que quedaba allí llorando sobre
el culo de la Sor, mientras yo me subía hasta la cabeza de la freila y le
obligaba a ésta a lamer mi sanguinolenta polla y de paso me la lubricase para un
nuevo ataque. Todo aquel montaje le hacia sentirse a la hermana como Juana de
Arco y se esmeraba en su papel.
Mientras la novicia hipaba en un rincón por el dolor físico y
la rotura de su virginal virgo y me calificaba de macho cabrío , sátiro y
seguidor de lucifer, me preparé para asaltar a mi querida celestina por aquél
chocho que siempre me había sido prohibido y que ahora encontraba bañado de un
espesa pátina de lubricación, lo que hizo que pronto me escurriera dentro
mientras ésta también vociferaba atada, de aquello no podía suceder aún, yo que
espoleaba mi deseo que pugnaba por dejar allí dentro su sello, cuando estaba
casi a punto de hacerlo sentí un gran dolor y era novicia que había cogido mis
huevos por detrás y apretaba, para que yo también aullara como ellas, por el
dolor de verse violentadas.
De tal guisa me corrí y me quedé exhausto, desaté a mi mucama
y cogido a su inmensas tetas me quedé dormido.
EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS (IV)
Las cosas por la Curia Vaticana, debido a determinados
traspiés de algunos clérigos en materia de sexo y pornografía, fueron haciendo
que el ambiente se pusiera cada vez más tenso y peligroso y como además parecía
que había problemas más allá de las murallas vaticanas, mi protector y Sor
Angélica pensaron que era bueno alejarme por un tiempo de la Curia, y además era
conveniente que también echara un vistazo por los aledaños del Monasterio de San
Pancracio y San Prepucio, para lo cual me trasladé hasta el monasterio de los
Hermanos de la Sagrada Obediencia y Estricta Observancia, que a su vez eran
quienes abastecían las dispensas de la Curia con sus ricas viandas y de alguna
que otra real hembra para el real servicio de los más altos y nobles clérigos
del Vaticano
El monasterio no me era del todo desconocido, pues cuando mi
madre quedó preñada del Cardenal de la Congregación de la Fé, este fue el lugar
de reposo y de parto de un chiquillo llamado Franchesco, que protagoniza en
parte las labores de voyeur y el contador oral de estas aventuras a este viejo
fraile de Leyre.
Mi supuesto padre, como digo Prefecto de la todopoderosa
Congregación de la Fé , pronto hizo de mí un hombre de ricas y diversas virtudes
y especialidades al más puro estilo de los Borgia: espionaje, control de vidas y
cuentas, intrigante y fiel a determinadas divisas secretas... en suma unas
especie de , monje policía de la Orden de San Benito en la Curia, que fuera
monje no era una desventaja sino todo lo contrario pues gozaba de su status
especial, que de lo contrario como civil e hijo quien se supone que soy hubiera
sufrido más de un percance.
Así pues a pesar de mis pocos veintiocho años, aquí me tienen
ustedes en el monasterio que me vio nacer, encargado de la contabilidad y
recuento de hechos, animales y personas y medio perdido en la inmensidad de éste
microcosmos donde se juntan monjes de toda índole y estofa: hermanos, legos,
novicios, conversos, rebeldes, esto en cuanto al monacato masculino, como el
Monasterio es dúplice lo mismo sucede en el convento femenino tan solo separados
por gruesos muros cimenteros.
En realidad el Monasterio de los Hermano/as de la Sagrada
Obediencia y Estricta Observancia, es más bien un conglomerado de monjes de
diversas órdenes monacales; franciscanos, benedictinos, cistercienses, clarisos,
carmelitas y otras órdenes de menos pujanza y presencia y como no algunos
misionesros/as que habían heredado y traído extrañas enfermedades y costumbres
de allende de los mares. Mi misión además de contabilizar era dar cuenta cabal
de lo que allí sucedía, pues corrían graves rumores y la Curia no estaba para
muchos sustos.
Lo primero que hice nada más presentar mis credenciales y
órdenes al Superior del Monasterio y tomar posesión de mis aposentos, una
retirada casita en la esquina de la gran huerta, lo cual me permitía observar
desde lejos todo el movimiento alrededor del monasterio y las entradas y salidas
por la puerta falsa del monacato y estar a su vez lejos de miradas indiscretas.
Una vez concluida la labores de instalación, fui a ver a una
vieja amiga de Sor Angélica, una fornida campesina, ahora viuda, que en ausencia
de mi madre, requerida prontamente por sus familiares en América, fue ella la
encargada de mi crianza.
Me trasladé hasta el cercano pueblo de Armille Non Tropo
donde encontré la casita de Aprile allí al fondo en un recóndito huertecito
donde estaba en esos momentos enfrascada en las labores hortelanas, lo que no
fue óbice para que me divisara o me oliera prontamente.
Mi querido Franchesco, que alegría, que buen mozo y que guapo
estás, aunque veo que estás también muy bien armado...- todo esto me decía
mientras me abrazababesaba y palpaba...-
Pero cuenta como es que estás por estos lares tan lejos de la
Santa Sede... ya me supongo...?
- Las cosas se están enredando por todas esas muertes cerca
de los Palazzos ..eh ?
- No creas que por aquí las cosas andan también un poco manga
por hombro y cada uno hace de su hábito un sayo de pasiones y vicios, supongo
que como siempre...., aunque parece que ahora no corren buenos tiempos
- Eso es lo que me ha traído en parte hasta aquí, mi querida
Aprile, que ya veo que a pesar de los años, sigues tan picarona como siempre y
tan enterada de todo como antaño.
Los años no pasan en balde, aunque los años pasados no me
estorban para reconocer un buen badajo y bien harías , mi querido pillín, en
enseñarme eso que llevas entre las piernas, para comprobar in situ si mis leche
mis cuidados y mis chupadas han dado su justo fruto..
Apenas acabó la frase cuando echó mano bajo mí hábito y de un
remangazo llegó a mis huevos y badajo. -
Cabroncete, mira que vas bien armado, que nos llevas ni
calzones cortos, y que buen instrumento tienes: grande y gordo como a una buena
matrona italiana le gusta...
Y sin encomendarse ni adiós ni a al diablo comenzó un suave
sorbeteo que pronto me puso a tono a la vez que conducía mi mano entre sus
refajos para que manoseara su reseca higa..-
Ya ves que está un poco reseca, pero así mi lengua que aún no
ha olvidado como exprimir un pinchoncete como tú....
El paroxismo llegó a su culmen a los pocos minutos de lamidas
y rechupones, ya me iba casi corriendo en su boca, cuando se separó de mí
levantando prontamente sus refajos, se restregó toda mi semilla por su higa.
Así cuando me huela recordaré viejos tiempo y a buen seguro
que mi reseco chocho agradecerá un poco de mejunje humano y será una alegría
para ésta vieja chochas, que ya nadie quiere ni para una miserable mamada.
MI querido Franchesco, cuídate del Padre Prior, que es un mal
bicho y está hecho un hijoputa, pues a más de uno ha estado a punto de enviarlo
al otro mundo a base latigazos, no sé si debajo de las bezas del huerto habrá
algún que otro monje...; de los demás poco te puedo contar salvo que cada uno
anda a lo suyo y andan metidos en inocentes juegos comparados con los del prior
y la jodida Abadesa Mitrada Dª Landaya, todo un caballón con tetas; guárdate de
ellos y si tienes algún problema ya sabes donde me tienes..., seré vieja pero no
olvidadiza y tengo unos cuantos recuerdos y secretos que no olvido, que bien te
pudieran servir en caso de peligrar tu físico.
Me fui paseando de vuelta al monasterio, donde se organizaba
una gran cena en mi honor y en acción de gracias por las cantidades que había
traído en auxilio de la economía del monasterio; en la cena se reunieron monjes
y monjas separados ambos por las distintas mesas y a cuyo frente estaban sus
respectivos superiores , y entre tan altas dignidades me sentaron para que
contemplara aquella mansedumbre monacal.
Tal y como Aprile me había contado , el Prior tenía esa dulce
sonrisa de clérigo, una sonrisa bastarda bajo la que se escondía un auténtico
inquisidor , capaz de sacarte los huevos a mordiscos sin pestañear ni perder su
angélica sonrisa. Y la Revenda Madre Landaya no le debía ir a la zaga en
perversiones y maldades, a pesar de sus amplias sonrisas y afectuosidades y
caricias, a la vez que alababa mi persona y las noticias que de mí le habían
hecho llegar; como Aprile me había puesto en guardia y no queriendo caer tan
pronto en las redes de aquellos dos maquiavelos , me retiré pronto a mis
aposentos.
Camino de mi pequeña casa, oí un pequeño revuelo en la zona
de las porquerizas, lo cual llamó mi atención, me acerqué con cautela y me asomé
tras los sucios cristales del edificio, allí estaban tres hermanos legos y una
monja todos desnudos, refocilándose en pleno acto zoofílico: el más viejo con un
enorme pollón buscaba el chocho de una gran cerda que se dejaba hacer, mientras
se iba cagando sobre el monje a la vez que éste soltaba grandes risotadas,
mientras pistoneaba a la cerda y hacía que ésta le llevara a cuestas mientras se
la follaba.
Otro de los hermanos con pinta más retrasado iba cogiendo
gallinas y les insertaba un ridículo espécimen que tenía por polla, y cada
gallina que conseguía encular requería la atención de los demás hermanos, para
que vieran que bien cantaban las gallinas cuando se las trajinaba, mientras el
hermano más joven se tiraba al estilo perro a vetusta y gruesa monja de inmensas
tetas, tirados entre las moñicas y los orines, simulando una especie de cerdos
en celo.
Tan de cerca quise ver aquél espectáculo, que pronto fui
descubierto, sin que por ello se alterar el orden de proezas y ejercicios, e
incluso sugiriéndome que si aquello me asombraba podía acercarme hasta las
antiguas mazmorras y allí si que podía un espectáculo de impresión.
La verdad es que estaba cansado y lo que había visto me había
hastiado, con lo cual volví sobre mis pasos hacía mis aposentos, cuando llegué
me extrañó ver la puerta entornada, subí mosqueado hasta la parte alta del
edificio y allí encontré a una Hermana Clarisa, preparándome la cama y el baño.
- Perdone Fray Franchesco, han sido órdenes de la Madre
Abadesa, de que se le prepare el dormitorio y demás... Soy la hermana Sandrina y
tengo desde hoy como responsabilidad el cuidado de sus aposentos y de cuanto
usted necesite para la realización de su trabajo...
- Muy bien hermana, no se preocupe y estoy contento por su
amabilidad, pero ahora solo quería tomar una tisana tranquilizante, pues el día
ha sido muy duro
La hermana que no llevaba traje talar, sino una especie de
bata gris para el servicio, cuando se estiraba a coger los accesorios de la
tisana, dejaba entrever unos torneados muslos y un poquito más a poco que me
inclinara, ésta debía darse cuenta de la situación pues alargaba las faenas para
deleitarme con su escenografía.
Nos sentamos a tomar la tisana, y en un momento que quise
reacondicionar mi badajo, un tanto alterado, derramé sin querer la tisana,
acudió pues solícita la monjita y trapo en mano se arrodilló a limpiar mi
hábito, su eficiencia pusieron pues a tono aún más mi cuerpo y ya maquinaba mi
cerebro como hacerse con los servicios de aquella pequeña arpía .
- Querido padre, pase a la habitación y cámbiese de ropas
para poder llevar éstas a la lavandería y de paso le prepararé el baño con las
hierbas que me ha dado el hermano boticario, para que se relaje de tanto
ajetreo.
Pasé pues a la habitación a cambiarme de ropa, cuando volví
encontré a la hermana inclinada sobre la bañera con aquellas turgentes formas
pidiendo guerra, me acerqué y como quien no quiere empujé a la Sor a la bañera,
ésta casi se ahoga del susto y del remojón.., le ayude a salir del trance, en
ese coger y tirar, quedamos un rato arrebujados en el minúsculo baño, lo cual
fue el detonannte para que nuestras pasiones se desbocaran.
La hermana parecía una experta en el tema, no tardó en hacer
salir las ropas volando y obtener la posición dominante, y allí mismo en el
suelo se encalomó en el turgente príapo que se alzaba bajo ella y su precioso
chocho lo engulló en un santiamén. Gozaba la cabrona, a más no poder cada vez
que pivotaba sobre mi vergajo, sin importarle que me hiciera o no daño o yo
tuviera placer con ello, de vez en cuando metía su mano entre su coño y
levantándose un poco apretaba con una mano mi vergajo para comprobar que no
perdía textura ni rigidez. En esas condiciones no tardó en llegar a su ansiado
orgasmo y tan pronto se recuperó del éxtasis se fue la cocina, creí que se había
acabado todo, pues mi polla ya en plan morcilla no estaba para muchas más
trotadas, de nuevo llegó a la habitación donde me había medio refugiado buscando
la ansiada cama y me mostró unos tarros de mermelada y mostaza que untó sobre la
flácida verga, ésta con las cremas y los lengüetazos pronto recuperó su vieja
forma.
- Mi querido Fraile va hacerme usted el último favor de la
noche...
Se subió de nuevo encima de mí , me dio sus diminutas tetas a
chupar y cuando ya estaba suficientemente excitada, cogió el medio pollón y se
lo enchufó en el culito de un empellón, que a mi me hizo llorar de dolor, pues
creo que entró medio doblado... creo que perdí el conocimiento o mi fatiga era
tan grande que no sé cuando aquella tortura, que no follada, acabó aunque a
juzgar por mi estado y los retazos de recuerdo que tenía, creo que ella siguió
un buen rato amarrada al pilón con mi voluntad y conocimiento perdido en una
nebulosa de placer y dolor...
EL IMPERIO DE LAS PERVESIONES (V)
Pasé allí varias semanas, pero aquél día amaneció con una
magnánima claridad y con incipiente calor que se intensificaba a la vez que
avanzaba la mañana y que invitaba a no trabajar, y huir en lo que pudiera de
aquella monja-amazona que tenía por secretaria. El día pasaba tranquilo, sin que
aparentemente nada denotara que allí pasaba algo más que el tranquilo discurrir
de la vida monacal,
Quien fuera un poco observador podía vislumbrar que tras
aquella aparente calma y sencillez, había signos de allí existían más que una
fraternal camaradería monacal: disimulados guiños y pellizcos, cuchicheos y
roces casi imperceptibles además de un cierto descaro, pues los hermanos legos
de las porquerizas no parecieron inmutarse al ser de nuevo encontrados en los
pasillos y claustros monacales.
Pasado el día, me dediqué a esperar la llegada de la noche,
para adentrarme a en los intrincados secretos del monasterio , busqué pues a mi
particular amazona y secretaria y una vez puesta al corriente de mis intenciones
, me llevó por secretos pasillos que nos llevaron directamente a la viejas
mazmorras, en una de ellas pudimos ver a la pérfida Abadesa con el hábito
puesto, pero con una extraño bulto, y que amenazaba a otra monja que tenía
encadenada de pies y manos con echarle a sus queridos "Priapín y Orsón" sino se
abría de inmediato de piernas.
La monja se resistía a tal petición y rogaba e imploraba su
perdón besaba los pies de la Madre Abadesa, cuando alzó los ojos, la reverenda
se levantó el hábito y dejó ver un descomunal príapo de ébano unido a un
braguero, el susto de la hermana fue mayúsculo y se resistía a dar cabida
aquello entre sus carnes. De algún lado apareció el Prior que hizo beber a la
Sor un bebedizo, al poco tiempo la encadenada monja se refocilaba por el suelo
desnuda abriéndose el chocho y pidiendo que alguien le calmara aquellos furores
uterinos, mientras echaba saliva y saliva para calmar los resquemores vaginales
que la parecían atormentar.
- Creo querida Landaya , que nuestra hermana está preparada
pera el espectáculo de esta noche, llamemos pues al resto de los invitados para
que asistan a la fiesta
Decía el prior mientras le sobaba a un joven mancebo su joven
príapo y tocaba una campanilla, al toque de ésta fueron llegando diversos
hermanos y hermanas, ligeros de ropas y con diversos símbolos pintados en sus
cuerpos a la vez que iban dando grandes sorbos de un gran cáliz.
Landaya descubrió unas grande jaulas, hasta ahora tapadas,
donde había un chimpancé y un gran dogo, y los echo sueltos al círculo que
formaban los hermanos y dentro del cual estaba la suplicante hermana, no sin
antes untar a los tres personajes con sus mutuos efluvios, pronto el chimpancé
empezó a agitar sus largos brazos y apartaba de su codiciada presa a su
adversario, el gran dogo, que se sintió un poco atemorizado momento que la
hermana aprovechó para atrapar el gran mono al que colocó rápidamente debajo y
buscaba desesperadamente su vergajo, encontrado este no dudó un instante en la
maniobra, y se lo metió de tal forma y manera que el mono la abrazaba en forma
de tenaza como si de su tabla de salvación se tratara. El gran dogo viendo a su
oponente fuera de combate, y teniendo una clara visón del objetivo que se le
ofrecía en pompa, no se lo pensó dos veces, se lanzó en pos del festín para su
inmensa herramienta.
No encontraba pues lo que buscaba, y fue Landaya quien acudió
en auxilio del can, cogió pues el vergajo de Priapín y lo encaminó hasta la
pompa de le ofrecía la lúbrica hermana; encañonó Priapín el agujero posterior de
ésta, que estaba muy ilusionada con su polvo homínido, pero no se esperaba que
algo tan monstruoso se adentrara por aquellas partes, pero era tarde Priapín se
afanaba cada vez más en meter su herramienta a pesar del dolor y los gritos
lastimeros de la monja.
Mientras los invitados iban formando grupos a los cuales más
ingeniosos y lúbricos, formando perfectos caleidoscopios de chuminos y penes de
distintas tonalidades y dimensiones.
El gran espectáculo de la monja violada por los dos animales
proseguía, Orsón el Chimpacé al sentir su zurriagazo era aplastado por algo raro
que allí sucedía y viendo la cabeza del gran dogo por encima de la espalda de la
hermana, se enfureció y se revolvía mientras el dogo intentaba no perder el
equilibrio, ahora que tenía hasta la cebolleta metida en el culo de la monja,
todas esas sensaciones y circunstancias entraron en conflicto y cada cual quería
salirse de aquella macabra situación, la lucha por sacar ambos animales sus
oblongos vergajos de los estuches de la hermana, hacían que ésta fuera
salvajemente desgarrada echando espumajearos de placer y coágulos de sangre de
su doble desgarramiento.
Aldaya que tenía a su vez encalomado con su artificial príapo
a un hermano, se reía y llamaba su querido Priapín para que forcejeara aún más y
fuera al instante a lamer su oscuro chocho. Cuestión que no tardó en producirse,
dejando desgarrada y entre estertores a la monja.
Landaya también en pleno delirio sexual llamó al orangután
para que este fuera introduciendo alternativamente su fino y largo pene en los
estuches de la Abadesa, mientras el hermano enculado por el palo ébano de la
monja daba grios de placer pues a cada pistonada del homínido más se le clavaba
el príapo de la abadesa .
El Prior ya con el látigo en la mano daba zurriagazos aun
grupo de folladores; un orondo padre que se follaba a una joven hermana y que a
su vez éste era follado por un campesino mugriento y su espectacular pirula , El
Prior Ignacio Valentini, fuera de sí daba zurriagazos mientras era ordeñado a
base de lenguadazos por Priapín que esperaba con ansiedad su premio, el semen
del Prior.
El resto de los invitados iban alternado posturas e
introducciones según fuesen quedando agujeros libre y ganas de fornicar.
El espectáculo que desde nuestro escondite se veía era
impresionante y pronto tuvo sus efectos entre nosotros, pues ya mi querida
Sandrina buscaba con ávida pasión , darse un festín con mi herramienta, aunque
yo prefería contemplar otros escenarios, para así completar mi detallado
informe.
Arrastré pues a la Hermana Sandrina pasillo adelante,
intentando convencerme de que volviéramos hasta mi casita en el huerto, a lo que
me opuse pues sabía que por aquellos pasillos podía asistir a más de un
espectáculo y quería volver a Roma, con algunas nociones y conceptos amorosos
nuevos
En la siguiente celda, había varias hermanas que tenían atado
a una especie de mendigo a un banco, sin apenas ropa y la cabeza metida en su
saco negro, la hermanas lo habían puesto de espaldas sobre el estrecho banco y
se ensartaban por turnos encima del vergajo del mendigo dándole fustazos para
que este se moviera, luego la que ejercía de mandamás se ensartó vilmente por el
culo aquel pequeño pirulo, pero de un grosor extraordinario casi diez
centímetros y a una orden suya le metieron al mendigo un extraño animal en el
saco, el mendigo al encontrar aquello en la bolsa comenzó a revolverse de forma
increíble y mientras lo hacía llevaba a la lúbrica hermana al sumun del placer
que concluyó con el último estertor de la victima y una impresionante erección
que fue aprovechada por casi todas las hermanas, mientras la victima dejaba
escapar sus últimas fuerzas.
Lo cierto es que éste último escenario, me dejó un tanto
anhelado y con pocas ganas de más juergas, por lo cual busqué la salida de
aquellos sótanos de pasión y desenfreno, cuando ya iba camino del aire fresco,
me llamó la atención de un soniquete de voz muy conocido, me acerqué con cautela
y allí en una amplia sala y muy bien acondicionada a Monseñor Ciardi y la Sra.
Helía que tenían atado de espaldas al marido de ésta sobre una especie de altar
con las piernas en alto y atadas a su garganta a través de poleas y grilletes.
Ciardi oficiaba tocado de una gran capa de fieltro rojo y largas botas cuero
hasta la pantorrilla y la cara medio enmascarada
Helía estaba a su vez atada a una especie de rueda en plan
ruleta en vertical y según en que posición quedara una cohorte de fenómenos
sexuales: tullidos con un enormes rabos en longitud y grosor, mendigos con
dobles pollas, y eran azotados para que le fueran introduciendo a la filipina
sus prepotentes órganos.
Una legión de azotadoras y azotadores, hermanos de diferentes
congregaciones sen ensartaban o chupaban unos a otros mientras repartían estopa,
Ciardí se disponía a clavarle su dardo al marido de la Helía
en presencia de ambos, que a su vez iban probando ahora aquel monstruoso pene de
pústulas, cuando el inmenso consolador humano de un mendigo negro en los
distintos agujeros, Ciardi embolaba al Guardia suizo, mientras éste juraba
venganza y matarle en cuanto tuviera ocasión.
La fina Sr.a Helía se negaba a dar entrada a un anormal
miembro de dos cabezas en su cuidada almeja, y gritaba y gritaba a su amigo:
Ciardi por el amor de Dios, ensarta a ese hijoputa afeminado de marido que Dios
me ha dado, pero no permitas que estos monstruos se acerquen a mi, se que en
estas semanas, no me he portado del todo bien contigo, que le contado parte de
tus andanzas, pero no permitas mi este suplicio, haré cuanto quieras, Ciar.... y
eso que a pesar de querer morder la inmensa polla que le acababan de introducir
era casi imposible por la abertura de su boca y porque el mendigo azuzado por
los latigazos metió su barriga contra la cara de la filipina que ésta no podía
ni ver, ni respirar.
Y más cuando sintió que le habrían el culo con una especie de
tenaza de embudo y le metían un inmenso pollón, su desesperación fue tal que
cuando se quisieron dar cuenta, la bella filipina se extinguió entre estertores
de placer y dolor.
La rabia de su marido fue aún más terrible para deleite de
monseñor que mientras le ensartaba daba vítores para que la alegría le subiera
aún más su príapo, el sumun fue cuando Ciardi cogió la pistola del Jefe de la
Guardia y le disparó a la Helía, el placer de Ciardi era inmenso pues rasgó la
carne de su víctima del orgasmo que estaba teniendo.
El resto de la banda de sátiros siguió con sus faenas y
bebiendo la sangre de la filipina.
Mi dolor fue tanto que me desvanecí y aparecí en mi cama,
según me contaron estuve dos días delirando y lleno de fiebres, y al cuidado de
mi querida Sandrina.
Pasadas las fiebres, Sandrina me contó los siguientes
sucesos, en el Vaticano parece ser que se dio un grave incidente, pues
resultaron muertos Doña Helía y su marido Jefe de la Guardia Suiza Vaticana por
disparos del joven Hans, cuando éste descubrió en una habitación que su Jefe
había matado a su esposa al descubrir su infidelidad.
Lo cierto y según me relató mi querida Sor Angélica, que
había llegado hasta el Monasterio para tomar posesión de él y depurar toda la
maldad, que no el divertido y sano sexo, fue que al encontrarse Ciardi en su
loco disfrute con el cadáver de la Helía , monseñor había llevado el cuerpo de
la mujer y al drogado marido hasta sus estancias en Roma, y que allí le había
contado al joven que su Jefe había descubierto sus relaciones con Doña Helía y
que la había matado de un certero disparo, el joven Hans loco de ira y de pasión
llegó pues a los citados aposentos y vio allí medio levantarse a su Jefe pistola
en mano, evidentemente estaba despertando del sedado que le habían puesto, y sin
mediar palabra allí se efectuaron disparos, y resultó muerto el humillado marido
de Doña Helía.
Ciardi, creyó resuelto el caso, pero me han llegado noticias-
contaba Sor Angélica- de que ha sido recluido en el Carmelo a pan y agua y aquí
estoy yo para poner ordén en este tugurio de monasterio, la Abadesa ha sido
enviada a España con las Clarisas Redomadas y esclarecidas y al Prior se le ha
enviado a Cracovia para que lo merendasen los comunistas.
Y ahora hay os dejo, si vos Padre Franchesco, nuevo Prior de
este monasterio me permitís voy a visitar a mi querida amiga Aprile para que me
ponga al día y traerla como fiel cocinera.
Os dejo pues, querido y flamante Padre Prior, en las manos de
la Hermana Sandrina, que a buen seguro os repara de todas vuestras dolencias y
os dejará exulto para la nueva empresa que no ha tocado lidiar.
Y aquí tenéis mis queridos lectores la real historia que ha
sucedido en estos meses en la Curia Romana.
Abelardo de Leire