Acabando con la virginidad de mi sobrina
Reconozco que resultó completamente placentero notar cómo
mis repletos testículos empujaban contra sus rollizas y juveniles nalgas. Tras
un fuerte gruñido vacié mi dolorido y agradecido almacén en el interior de su
estrecho conducto vaginal. Paula, mi querida sobrina, comenzó a retorcerse
temblando como si se encontrara en pleno éxtasis, como una unión mística con la
divinidad……
Reconozco que resultó completamente placentero notar cómo mis
repletos testículos empujaban contra sus rollizas y juveniles nalgas. Tras un
fuerte gruñido vacié mi dolorido y agradecido almacén en el interior de su
estrecho conducto vaginal. Paula, mi querida sobrina, comenzó a retorcerse
temblando como si se encontrara en pleno éxtasis, como una unión mística con la
divinidad.
Nunca había logrado hacer gozar a mi mujer de ese modo tan
completo, tan terriblemente salvaje y perturbador. Aquella chiquilla, aquella
especie de lolita de Nabokov consiguió sorprenderme gratamente con ese orgasmo
espectacular. Al fin se había entregado a mí, había logrado hacerla
completamente mía. Si mi hermano y mi cuñada se llegan a enterar de lo que había
hecho con su querida hijita estoy seguro que me matan………
Pero creo que será mejor que empiece desde el principio de la
historia para que no se quede nada en el tintero. Pues bien, el testimonio que
paso a contaros sucedió no hará más de cinco meses. Nos encontrábamos en pleno
mes de mayo, en plena primavera aunque ya los primeros rayos solares se hacían
notar. Hacía un calor bochornoso mezclado con una agradable brisa de última hora
de la tarde. El sexo es hermoso y agradable cuando nos depara ciertas sorpresas
inesperadas y sólo depende de nosotros mismos el aprovecharlo y deleitarnos con
él.
Entrando en materia les diré que la historia gira en torno al
cumpleaños de Paula, mi joven sobrina. La fiesta se celebraba en casa de mi
hermano, un lujoso chalé a las afueras de la ciudad con un amplio jardín donde
habían preparado una gran mesa con platos con diferentes aperitivos. Platos
llenos de patatas, aceitunas, chorizo, trozos de salchichón y fuet, tortilla de
patatas…..todo ello complementado con diferentes tipos de bebidas tales como
refrescos así como bebidas alcohólicas para los adultos.
Así pues asistí junto a mi esposa al cumpleaños de mi sobrina
Paula. Llegamos sobre las ocho y media aunque mi hermano dijo que la fiesta
empezaría sobre las nueve. A mi mujercita le gusta llegar puntual a cualquier
reunión o acto social al que debamos acudir, mucho más aún si se trataba de la
puesta de largo de su sobrina favorita.
Paula, mi querida y dulce Paula, es una jovencita de 18 años,
una verdadera muñequita, una especie de lolita más cercana a la adolescencia que
a la edad adulta. Una mezcla de candidez juvenil y de sensualidad adulta. Posee
un cuerpo curvilíneo que, en apenas dos años, abrirá el deseo de cualquier
hombre.
El cabello lo tiene castaño claro con mechas rubias a lo
largo de una amplia melena que descansa sobre su espalda. Un cuerpo de pechos
pequeños y redondos como dos manzanas jugosas, ancha de caderas pero no en
exceso y de piernas largas y rotundas. Lo mejor de ella es su bonito trasero
que, como dije anteriormente, en apenas dos años será objeto del interés de todo
el personal masculino. Sólo de pensar en su cuerpo menudito y en sus formas
curvas mi polla se endurece sin poderlo evitar.
Aquella noche fue una de las más excitantes de toda mi vida,
una noche llena de sexo y lujuria. Mi mente perversa y calenturienta empezó a
trabajar nada más llegar al salón y acercarnos a felicitarla. Quedé hechizado
por su encantadora sonrisa y por su amplio escote en el cual fijé mi mirada de
forma fugaz. Tuve que disimular mi nerviosismo ante mi cuñada y mi esposa no
fuera cosa que se percatasen de mis pensamientos impuros.
Paula cubría su bonito cuerpo con un precioso vestido de lino
de color blanco que resaltaba sobre su bronceada piel. Se cerraba con una amplia
cremallera en la espalda y dejaba apreciar sus redondos pechos gracias al
generoso escote en pico que tenía. Apenas le cubría medio muslo mostrando las
piernas sin ningún recato. Aquel exquisito conjunto lo complementaba con unas
bonitas sandalias de alto tacón. Soy proclive a excitarme fácilmente con los
encantos femeninos así que podéis imaginar la impresión que me produjo mi joven
sobrina.
Siguiendo con el relato repito que Paula nos recibió con una
bonita sonrisa agradeciéndonos la presencia en su puesta de largo. Nos dio dos
besos en las mejillas acercando peligrosamente los labios a los míos como de
forma descuidada. Apoyó con fuerza la mano en mi brazo haciéndome vibrar con ese
inocente contacto.
Minutos más tarde y aprovechando un momento en que nos
quedamos solos no pude aguantar su encantadora presencia y la piropeé diciéndole
lo guapa que estaba aquella noche. Mi sobrina , un tanto turbada ante mi
declaración, rió como una tonta sólo acertando a darme las gracias por el
cumplido recibido.
Estuve toda la noche admirándola a distancia, sin pretender
acercarme a ella. La veía reír alegre junto a sus primos y sus amigos, se la
veía contenta y feliz disfrutando de su fiesta de cumpleaños. No dejé de
disfrutar de su lacio cabello, de su espalda desnuda, de sus mejillas rosadas
por efecto del poco alcohol ingerido….Felizmente pude disimular mis más
recónditos deseos para que mi esposa no sospechara nada. Parece ser que los
tragos de sangría no le sentaron bien ya que tuvo que pedirle a mi cuñada que
necesitaba tumbarse un rato. Observé con gran placer como se retiraban ambas al
interior de la casa.
Me acerqué a pedir una nueva copa y pude ver a mi bella
sobrina bailando sin parar. Parecía una diosa griega con aquel bonito vestido de
lino que se pegaba a su juvenil cuerpo como una segunda piel. Sus redondas
formas se marcaban por debajo del vestido excitándome con solo verla. Terminó
aquella movida canción y Paula se acercó a mí preguntando por su tía. Contesté
amablemente diciéndole que se sentía un tanto indispuesta y se había tumbado a
descansar un rato.
¿Y tú no bailas? –me preguntó divertida. ¿No te gusta
o es que la tía no te deja bailar con una jovencita como yo? –rió
guiñándome un ojo.
Sólo acepto bailar si es con la reina de la fiesta
–contesté uniéndome a su bonita sonrisa.
Tío, eres un adulador. Seguro que de joven has sido
todo un don Juan –dijo mirándome con ojos brillantes mientras volvía a
sonreírme mostrando sus dientes perfectamente cuidados.
La tomé de la mano al empezar a sonar los primeros acordes de
una bonita canción romántica. Junté mi cuerpo al suyo y pude comprobar con
agrado como se pegaba a mí. Siempre que podía la pegaba contra mí de forma
disimulada, sentía su pecho contra el mío, la calidez de su cuerpo de mujer, su
aliento golpeando mi cuello y el aroma de la fresca fragancia que había elegido
para tan especial noche. No tenía mucho tiempo así que debía jugar mis cartas de
manera conveniente…..
Paula cariño, estás realmente preciosa. Hace nada
eras aún una niña y ahora ya eres toda una mujer. Una mujer que pronto
arrancará suspiros en los muchachos con los que te cruces -le dije
débilmente al oído apretando mi pubis contra el suyo.
Mi inocente sobrina meneó el pubis contra el mío de forma
levemente circular obligándome a cerrar los ojos mientras disfrutaba con aquel
travieso contacto. No pude evitar que mi polla respondiera ante aquel roce. Abrí
ligeramente los ojos encontrándome con la mirada malvada de mi joven sobrina.
Paula estaba tratando de seducirme con sus redondas formas, no tenía ninguna
duda de ello. Dejaría que se desarrollaran los acontecimientos tal como mi
sobrinita deseara, no pensaba lanzarme a por mi presa sino que quería que fuera
ella quien tomara las riendas. Sólo atinaba a mirarla mientras ella me sonreía
de manera traviesa como si disfrutara con aquel peligroso juego.
Una vez acabada la cena ya eran casi las 11,30 de la noche y
los jóvenes deseaban seguir con la fiesta así que convinieron en ir a una
discoteca cercana en la que el ambiente era bastante marchoso. Quedé un tanto
pasmado cuando Paula me animó a acompañarles. Acepté de inmediato pues siempre
me han gustado los saraos y la fiesta. En un breve momento de reflexión me
acordé de mi esposa y le dije a mi sobrina que iba a buscarla para que viniera
con nosotros.
Oh tío, no debes preocuparte por mi querida tiíta. Le
pregunté si se apuntaba a seguir la noche y me dijo que todavía se
encontraba indispuesta y que se quedaba en casa de mamá para
recuperarse. Mamá me dijo que vengas con nosotros y así me cuidas para
que no me pase nada –dijo fijando sus bellos ojos en los míos.
Si supieras como pienso cuidarte –pensé mientras me
acariciaba de forma disimulada mi excitado pene por encima del pantalón.
Venga anímate. Quiero que seas mi pareja de esta
noche. No acepto un no por respuesta –me dijo arrastrándome hacia ella
mientras sonreía de manera inquieta.
No podía imaginar lo que aquella loca cabecita tramaba, sólo
diré que en aquellos momentos no pensaba en otra cosa más que en tirarme a
aquella jovenzuela. Mi cabeza trabajaba a mil por hora calculando lo que podía
hacerle a mi estimada sobrina. Ya no existían para mí ni sus padres ni mi esposa
la cual en aquellos momentos estaría reposando las copas de más que había
ingerido.
Estábamos esperando un taxi para dirigirnos a la discoteca
cuando Paula hablaba animadamente con sus amigos. De pronto les dejó de lado y
aproximándose a mí me espetó sin darme tiempo a responder:
Vamos tío, cojamos el primer taxi. Enseguida se unirán a
nosotros…
Al llegar el taxi le abrí cortésmente la puerta para que
entrara. Mientras se acomodaba en el asiento centré, ya sin disimulo alguno, mi
mirada en sus tremendos muslos para irla bajando a lo largo de sus torneadas
piernas. Me acomodé junto a ella en el asiento trasero poniéndose el taxi en
marcha al momento. Empezamos a charlar sin hacer caso alguno al taxista.
Me sorprendió cuando, de sopetón, puso su mano sobre la mía
la cual reposaba sobre el asiento. Se acercó peligrosamente a mí apoyando, de
forma descuidada, su linda cabecita sobre mi hombro. El fresco aroma de su
perfume volvió a envolverme nuevamente cuando escuché que me decía:
Tío, hoy es el día más feliz de mi vida. Realmente lo
estoy pasando fenomenal y eso que la noche apenas acaba de
empezar…..Pero dime, ¿piensas que puedo resultar interesante a los
hombres? Los chicos de mi edad me parecen unos inmaduros. Me gustaría
entregarme en brazos de un hombre maduro como tú…..
Juro que me quedé sin habla ante aquella confesión. Tardé
unos segundos en responder a sus palabras. La osadía de mi sobrinita estaba
alcanzando unos límites insospechados. Las redes seductoras de aquella jovencita
me iban abrazando cada vez más y más. Ya no me quedaba duda de que no tardaría
en tenerla entre mis brazos. Carraspeando ante su comentario tan solo pude
decirle:
Paula cariño, te diré que eras la más hermosa de toda
la fiesta. Esta noche estás realmente preciosa con ese vestido tan
ceñido a tu cintura. Como te dije en la fiesta estás hecha toda una
mujer. Los chicos andarán locos contigo……
¿Los chicos dices? No quiero oír hablar de ellos.
Sólo piensan en ellos, son egoístas y prepotentes. Necesito alguien que
me comprenda, que me haga mujer, sentirme deseada como una verdadera
mujer…..¿sabes una cosa? Desde que te vi llegar a casa con la tía sentí
algo desconocido dentro de mí, una sensación agradable y especial.
Siento mi cuerpo vibrar deseando que me abraces, que me acaricies…..por
favor, necesito que me hagas feliz aunque solo sea esta noche, deseo
celebrar el mejor cumpleaños de mi vida –susurró en voz baja
entrecerrando los ojos.
El tan deseado momento había llegado al fin. La sentí
totalmente entregada a mí, deseando sentirse amada por un cincuentón como yo. Un
cincuentón de cabello canoso pero todavía interesante para una jovencita como
ella. La acogí entre mis brazos notando como se abrazaba a mí con fuerza. Paula
cerró los ojos al tiempo que me ofrecía sus rosados y delicados labios los
cuales junté a los míos en un beso inicialmente suave para dar paso a un mayor
apasionamiento. Presioné contra sus labios obligándola a abrirlos para que
dejara paso a mi hambrienta lengua la cual se mezcló sin dificultad con la de mi
sobrina que la recibió con gran alborozo.
Te deseo….te deseo Marcelo……por favor, hazme tuya.
Hazme sentir el mejor cumpleaños de mi vida….. –musitó en un breve
momento en que separó sus labios de los míos.
¿Vamos a la discoteca o prefieres que vayamos a otro
sitio? –ofrecí mientras le acariciaba uno de sus redondos pechos a
través de la tela del vestido. Nada más tocarlo noté como el pezón se
erizaba gracias al roce de mis dedos.
Llévame donde quieras…haz conmigo lo que desees. Te
necesito…¡Dios, cómo te necesito!
Me dirigí al taxista al cual pillé mirándonos a través del
retrovisor del coche y le indiqué una dirección a la que había ido alguna vez.
Era un edificio antiguo de alquiler de habitaciones donde poder echar un polvo
de manera discreta.
Tras veinte minutos de viaje llegamos al fin, saludé al
muchacho de recepción pidiéndole una habitación con cama de matrimonio. El
muchacho me sonrió de manera cómplice entregándome las llaves mientras echaba un
discreto vistazo a mi sobrina. Miré el llavero viendo que nos había sido
adjudicada la habitación número 42. El recepcionista me indicó amablemente que
nos dirigiéramos a la tercera planta así que cogimos el ascensor y marqué el
botón número tres.
Nada más cerrarse la puerta agarré a Paula de la cintura y
volvimos a darnos un beso lleno de pasión contenida. No podía creer la suerte
que el destino me había deparado aquella noche pues iba a tirarme a mi sobrinita
con total complicidad por parte de ella. Ya en la habitación, y tras asegurar
convenientemente la puerta para no ser molestados, la tomé del brazo atrayéndola
hacia mí. No tardamos en volvernos a besar…Noté como Paula mezclaba sus dedos
entre mi canoso cabello para pasar después a acariciar mi nuca con las uñas.
Fui bajando lentamente mis manos a través de su espalda hasta
dejarlas descansar sobre su empinado culo. Subí la tela del vestido hasta
dejarla recogida en su cintura y empecé a manosear de forma grosera sus rollizas
nalgas a través de la tela de la braguita que las cubría. Escuché como mi
querida Paula emitía un ahogado gemido agradeciéndome mi caricia.
Pude ver como se mordía el labio inferior tratando de
reprimir el deseo que la embargaba. Mordisqueé con gran delicadeza su barbilla
para pasar a su cuello el cual empecé a chupar con gran deseo. Paula respiraba
con dificultad disfrutando con lo que le hacía.
Voy a hacerte pasar la mejor noche de tu vida. No
tenemos mucho tiempo así que debemos aprovecharlo. Yo también hacía
mucho tiempo que deseaba esto –le dije junto a su oído notando como
vibraba de emoción con mis palabras.
De su cuello pasé al lóbulo de la oreja y nada más lamerlo
noté como aquella putita totalmente entregada a mí alcanzaba su primer orgasmo
sin poder remediarlo. Una vez se relajó alargué mi mano hacia su entrepierna
notando su braguita blanca de algodón totalmente empapada.
Paula se dejó llevar hasta la pared y, bajándole la
cremallera del vestido sin dificultad alguna, pude ir observando finalmente en
todo su esplendor aquel juvenil cuerpo el cual iba apareciendo según el vestido
iba cayendo lentamente al suelo hasta formar una col gigantesca.
Me dediqué a observar con delectación aquel delicioso cuerpo
que mi sobrina me ofrecía. Parecía una auténtica diosa, era un placer solo
mirarla. Cubría sus encantos con un bonito conjunto de sujetador y braguita de
color blanco. No lo pude soportar más y noté como mi cuerpo respondía ante tanta
belleza.
Me deshice con prontitud del pantalón y de la camisa
observando como aquella jovencita me miraba con ojos de deseo. Rocé su cuerpo
con el mío volviendo a besarnos pero esta vez de manera más suave como si ambos
quisiéramos disfrutarlo de manera especial. Alargué mi mano hacia su espalda
buscando ansiosamente el cierre del sujetador el cual no tardé en encontrar.
Paula extrajo sus brazos a través de los tirantes y el precioso sujetador cayó
al suelo quedando ante mi vista aquel par de delicados senos.
Eran un par de senos redondos y firmes. Un par de senos
lozanos y plenos de juventud. Fijé mi vista en aquel par de oscuros pezones que
me provocaban incitándome a llevar a cabo las mayores locuras. No pude evitar
lanzarme a por ellos lamiéndolos como un lactante, los lamía y besaba con
fruición escuchando con gran placer el efecto que producía mi caricia en ella.
Paula gemía débilmente agradeciéndome aquel diabólico contacto.
La cogí en brazos levantándola sin dificultad y la llevé
hasta la amplia cama de matrimonio donde la dejé caer boca arriba. Transité de
arriba abajo a través de aquel cuerpo del pecado recorriéndolo con mis labios y
mi lengua. Al llegar a sus muslos paré en seco haciéndola sufrir levemente con
aquella dulce espera. Me agarró de la cabeza y llevándome entre sus piernas la
escuché exclamar:
No me hagas sufrir más, maldito bastardo. Hazme
disfrutar, ¡hazme mujer de una vez!
Retiré la tela de su braguita a un lado encontrándome con
aquel tesoro tan deseado. Lo tenía perfectamente recortado como si hubiera
esperado largo tiempo para ser explorado. El pubis estaba cubierto por un
pequeño triángulo de vello de color oscuro. Centré mi atención en su lubricada
vagina y en su palpitante clítoris el cual parecía invitarme a hacerme con él.
Era una imagen deliciosa contemplar la vagina de aquella inexperta muchacha
completamente repleta de jugos vaginales.
Introduje mi cabeza entre sus piernas haciéndome con tan
exquisito tesoro. Empecé a lamer su clítoris con enorme cuidado cuando percibí
como comenzaba a vibrar emitiendo un profundo lamento mientras alcanzaba su
segundo orgasmo. No la dejé descansar y seguí chupando su clítoris una y otra
vez hasta lograr ponerlo bien duro.
Marcelo, me gusta…me gusta lo que me haces. Es
genial. ¡Cómo me estás poniendo!
Continué con el martirio que le estaba propinando pues
deseaba que enloqueciera totalmente para así facilitar el tan deseado encuentro.
Paula cogió mi cabeza con sus dos manos apretándome con fuerza contra ella. No
paraba de retorcerse aullando sin descanso. Sus juveniles alaridos resonaban en
toda la habitación. Abandoné su delicado botón ascendiendo hacia su vientre el
cual acaricié con tremenda ternura.
¡Sigue, sigue….no pares ahora! ¡No me dejes ahora,
por favor! –escuché como gimoteaba llorando de emoción.
Hice caso omiso a sus súplicas y seguí ascendiendo a través
de su bronceado cuerpo hasta colocarme sobre ella. Mi joven sobrina metió una de
sus manos entre nuestros cuerpos y finalmente acabó alcanzando su deseado
objetivo.
¡Dios, qué dura está! –dijo con los ojos cerrados al
tiempo que acariciaba mi polla con suma delicadeza.a través de la tela
del pantalón. ¡Marcelo dámela, dámela, te lo suplico! Deseo hacerte mío,
quiero chupártela y notarla toda dentro de mi boca……
Soltó con rapidez la hebilla del cinturón para pasar a
desabrochar el botón y acabar bajando finalmente la cremallera. Me ayudó a
deshacerme de los pantalones quedándome tan solo en slip. Aquella loca jovencita
se acercó a mí jugueteando con mi miembro a través de la tela del slip. Jugó
conmigo unos segundos acariciándome el tallo arriba y abajo haciéndolo palpitar
con su caricia. Pude verla completamente sofocada mostrando una cara de zorra
impresionante. El cabello totalmente sudado le caía sobre la cara.
Sujetó la tela del slip por ambos lados y lentamente fue
bajándolo hasta que mi poderoso miembro saltó hacia delante buscando su posición
natural. Paula lanzó un grito de satisfacción al observar mi inflamado
instrumento apuntándola de forma desafiante. Abrió los ojos como platos y vi
como humedecía sus labios pasando la lengua sobre ellos.
¡Joder tío, menuda polla que tienes! Nunca imaginé
que tuvieras algo así –dijo agarrándola entre sus dedos.
Vamos cariño, cométela. Sé que lo estás
deseando…..-la animé mientras le acariciaba el cabello entre mis dedos.
La sujetó con sumo cuidado observándola con detenimiento como
si fuera un tótem al que adorar. Parecía hechizada por aquel inmenso instrumento
que acogía entre sus dedos. De pronto empezó a masturbarme lentamente moviendo
su mano arriba y abajo. Llevó la piel del prepucio hacia abajo dejando al aire
el rosado champiñón. Emití un leve gemido agradeciendo tan delicioso contacto.
Debido al roce de sus dedos, la polla creció hasta alcanzar su máximo esplendor.
Las verdosas venas se marcaban a lo largo del tallo, daba la sensación de poder
reventar en cualquier momento.
Le hice un gesto indicándole que empezara a chupármela. No
aguantaba más, deseaba sentir aquellos labios juveniles y tiernos sobre la piel
de mi excitado miembro. Paula aproximó su boca hacia mi polla y sacando la
lengua golpeó ligeramente sobre el orgulloso glande. Aquella femenina caricia me
hizo estremecer de emoción.
Al fin noté como sus labios envolvían el músculo del amor
succionándolo con auténtica devoción. Abrió los labios permitiendo el paso de mi
barra de carne la cual se introdujo en el interior de su pequeña boquita.
Parecía mentira pero aquella boca admitió la entrada de mi sexo sin dificultad
alguna.
¡Oh sí, mi niña! Chúpala, es toda tuya. Agggh, sí, sigue así,
muy bien…..
No esperó más para empezar a comerse tan codiciado tesoro
moviendo su liviana cabecita arriba y abajo. Tras unos segundos de estarme
maltratando con aquel dulce tormento, la extrajo de su boca y empezó a lamer mi
grueso tallo desde la base hasta el glande para bajar nuevamente buscando mis
cargados testículos los cuales se introdujo en la boca lamiéndolos con
irreprimible deseo. Abandonó nuevamente su presa y mirándome a los ojos me
preguntó con voz melosa:
¿Te gusta lo que te hago, cariño? Dime, ¿lo hago bien?
Lo estás haciendo muy bien, tranquila. Sigue así, por
favor…..
Lo cierto es que sus movimientos resultaban un tanto torpes.
Sin embargo, no era el momento para poner pegas a tan adorable felación. Volvió
a tragársela metiéndola y sacándola cada vez con mayor velocidad. Ayudó al
tratamiento bucal sujetando con fuerza el objeto del deseo y masturbándome con
la mano.
No aguanté mucho tiempo aquel sufrimiento que me propinaba
con tanto placer. La separé con infinita desgana y tumbándola boca arriba sobre
aquel desconocido lecho me dispuse a llevar a cabo el tan deseado acoplamiento….
Por favor, házmelo con cuidado. He escuchado que la
primera vez es doloroso pero ¡tengo tantas ganas de ser tuya!.-observé
que su mirada demostraba pavor y deseo a partes iguales.
Me situé sobre ella y acercando mis labios a su boca volví a
besarla con delicadeza. Me separé de ella y mirándola a los ojos le dije
tratando de tranquilizarla:
Paula cariño, eres realmente encantadora.
Tranquilízate que pronto pasará el dolor. Voy a lubricarte bien así que
tras el dolor inicial pronto gozarás como loca.
¡Tengo tantas ganas! Fóllame vamos, no puedo
soportarlo más…..
Separé sus torneadas piernas y colocándome entre ellas me
dispuse a lamer su excitada galería. Empecé separando los labios vaginales con
mis dedos y aproximando mi húmeda lengua lamí la entrada con sumo cuidado. Me
dirigí a su botón acariciándolo con la punta de la lengua escuchando como Paula
gemía de forma entrecortada. Apoyó una de sus manos sobre mi cabello ahogándome
entre sus piernas. Torturé su frágil y sensible clítoris con mis labios y mi
lengua rozándolo sin descanso hasta dejarlo completamente duro. Así estuve dos
largos minutos hasta que mi dulce Paula acabó explotando entre mis labios. Ahora
sí estaba lista para ser follada……
Bien, ahora sí voy a follarte. Prepárate a gozar amor mío.
Ascendí sobre aquel deseado cuerpo mientras mi querida
sobrina doblaba las piernas abriéndolas al máximo como si quisiera facilitarme
el acceso a su vagina. Apunté sobre ella y me dejé caer poco a poco
introduciéndome en su interior. Entré con mi cabeza de forma delicada como si
estuviera pidiendo permiso para profanar tanta belleza. Aquel exquisito coñito
estaba caliente y deseoso de sentirme en su interior. Noté el himen
dificultándome la entrada y cómo Paula apoyaba las manos en mis nalgas
animándome a seguir.
Ahora, vamos….metémela toda. Al fin llegó el momento
de ser mujer –dijo junto a mi oído apretándome contra ella.
Me dejé caer sobre ella notando como cedía el himen ante tan
terrible invasor. Paula lanzó un grito aterrador, empezó a llorar tratando de
soportar aquel agudo dolor que le subía por las piernas. Penetré por completo
dentro de ella hasta notar como mis huevos golpeaban contra ella. Disfruté
sintiendo como aquel estrecho conducto me acogía en su interior. Aquella
jovencita arañaba con fuerza las sábanas mientras se acomodaba a las embestidas
que empezaba a propinarle.
Comencé a tomar velocidad en el interior de su deliciosa
cavidad entrando y saliendo una y otra vez. Paula seguía llorando mientras me
miraba con semblante atemorizado. En apenas un minuto el dolor inicial dio paso
a los primeros gemidos de mi inexperta amante. Cruzó las piernas por detrás de
mis nalgas apretándome contra ella como si quisiera que nos fusionáramos en uno
solo. ¡Dios, qué placer sentía en esos momentos! Me estaba follando a mi
sobrinita con total complicidad por su parte.
Así estuvimos durante cinco largos minutos golpeando contra
ella sin descanso hasta que decidí cambiar de posición y le indiqué que se
pusiera de espaldas a mí mirando a la pared. Observé una mancha rojiza sobre las
sábanas, era la prueba palpable de la entrega de su virginidad. Una nueva idea
había acudido a mi mente y me propuse llevarla a cabo. Deseaba acabar también
con la virginidad de mi entregada sobrina follándome su oscuro culito. Debía
aprovechar el estado de total entrega que demostraba para conseguir horadar tan
deseado agujero.
Volví a ingresar en su vagina con mayor facilidad que la
primera vez. Gracias a sus jugos vaginales la entrada resultó más cómoda
dilatándose para dar paso a mi rígido instrumento. Acompañé la follada llevando
mis dedos hacia su ardiente clítoris observando como Paula sollozaba de placer.
Era una sensación exquisita sentir como aquella jovencita se abría a mis deseos
sin oponer la más mínima resistencia.
Percibí como se aproximaba un nuevo orgasmo de mi sobrina y
decidí cambiar de táctica. Extraje mi polla de su vagina escuchando con placer
como emitía un enojado quejido indicando que quería que siguiera.
Sin embargo, no tardó en cambiar de idea al sentir el
contacto de mis dedos sobre su oscuro agujero posterior. Exhaló un profundo
suspiro mientras abría los ojos como platos. Su sudoroso rostro cambió el
aspecto relajado por una cara de angustia imaginando lo que se le avecinaba.
Lamí su entrada pasando del ano a la vagina y de la vagina al ano. Paula jadeaba
pidiéndome que siguiera animándome con voz vacilante y entrecortada.
¿Qué pretendes hacerme, tío? ¿No pretenderás hacerme
lo que estoy imaginando? Eres un morboso, ¿también se lo haces por ahí a
mi tía?
Tranquila mi amor que vas a disfrutarlo tanto o más
que por tu coñito. Sólo relájate y goza con lo que voy a hacerte –le
dije con voz ronca.
Aquella loca muchachita me miró con cara de desconfianza
aunque tampoco trató de apartarse. Una vez estuvo bien lubricada, me dispuse a
follarme ese apetitoso culito. Me situé tras ella abriendo bien sus nalgas con
mis manos para dejar paso a mi erecto instrumento. Paula no puso objeción alguna
a mis requerimientos sino que echó su trasero hacia atrás buscando el contacto
conmigo. Aquella inexperta gatita era una auténtica viciosa y no tenía intención
de negarme nada aquella noche. Estaba dispuesta a dejarme explorar sus más
recónditos tesoros.
Vamos tiíto querido, fóllame el culo. Hazlo despacio
no me vayas a lastimar….Deseo entregártelo todo, que me desvirgues el
culo con tu maravilloso pene.
Aquella putita me animaba a follarle su exquisito agujero
anal así que no me lo pensé dos veces y empecé a apretar mi gruesa cabeza sobre
su estrecha cavidad. Costaba entrar así que me dediqué a masturbarle su empapado
coñito esperando conseguir que se relajara para así permitirme ingresar dentro
de ella. Pese a sus ánimos se mostraba nerviosa y temerosa. Me miraba con el
rostro desencajado como si tratara de indicarme que no fuera brusco con ella.
Acaricié su vagina metiendo primero un dedo y luego dos más
hasta que la escuché gemir de satisfacción. Por fin logré que se relajara y que
dilatara bien su esfínter para así poder penetrar dentro de ella. Fui
presionando poco a poco observando como su estrecho agujerito iba permitiendo el
paso de mi glande. Mi querida sobrinita movía sus nalgas de forma circular
incitándome a que siguiera apretando. Fui entrando con extrema lentitud en tan
deseado conducto hasta que noté como la cabeza había quedado incrustada.
Sigue….vamos sigue. ¡No te pares ahora! –dijo moviendo su
trasero hacia atrás.
La sujeté de las caderas y apretando fui metiendo mi polla
centímetro a centímetro observando como reprimía el largo gemido que estaba a
punto de emitir. Era un placer inenarrable perforar aquel juvenil orificio que
tan bien se entregaba a mí. Me quedé quieto unos segundos y acercándome a ella
le susurré al oído:
Ahora putita voy a clavártela hasta el fondo. Quiero
que disfrutes con el placer y el dolor que voy a ofrecerte.
No por favor, no lo hagas. Ten compasión de mí. No,
no por favor…noooo!!!!!
La atraje con fuerza hacia mí y abrazándola por la cintura
empujé hasta notar como mi músculo ocupaba por completo sus intestinos. Mis
huevos golpearon salvajemente contra sus poderosas nalgas.
Nooooooooooooo!!!! Sácala Marcelo, por favor sácala.
Me duele, sácala por favor….
Cálmate Paula….cálmate bonita. Verás que pronto el
dolor pasará y me pedirás que te folle hasta reventar.
La llevé hacia mí haciéndome con uno de sus pechos mientras
le chupaba el cuello como un desesperado. Ella suspiraba tratando de hacerse al
tamaño de mi miembro. Dejé que descansara unos segundos y de repente empecé a
follármela golpeando una y otra vez contra su redondo trasero. Los gritos de
dolor se convirtieron en gemidos ahogados de placer, un placer inmenso que le
recorría todo el cuerpo.
Fóllame sí…..fóllame. ¿Eso es lo que querías, verdad?
¿Te gusta follarte a tus conquistas por ahí? ¿A mi tía también te la
follas por el culo?
Cállate y disfruta de lo que voy a hacerte. Sólo
disfruta…..-le dije al oído empezando a sodomizarla.
Paula jadeaba sintiendo mis fuertes embestidas, era una
mezcla de leves gemidos con fuertes berridos con los que demostraba el placer
que sentía. Se agarró con fuerza al cabezal de la cama aguantando como podía las
acometidas que le propinaba.
¡Córrete, maldito hijo de puta! ¡Venga córrete! ¡Vas
a matarme cabrón! Jamás imaginé gozar de este modo.
Estuve sodomizándola treinta segundos más hasta que acabé
eyaculando dentro de ella llenando sus entrañas con mi espeso y cálido semen.
Aquella putita se corrió nuevamente acompañándome en tan formidable orgasmo.
Respiré con dificultad tratando de recuperarme de tan tremendo polvo. A mi edad
aquellos excesos se acababan pagando pero estaba dispuesto a repetirlo a la
menor oportunidad que se me presentara.
Extraje mi polla observando como salía un hilillo de sangre
de su excitado culito. Aquella sesión había resultado bien provechosa. Había
logrado desvirgar los dos agujeros de mi joven sobrina. Paula se tumbó boca
arriba sobre las deshechas sábanas mirándome con ojos complacidos.
¿Qué tal te encuentras putita? ¿Qué te ha parecido tu
primera vez? –pregunté echándome sobre ella para besarla con exquisita
dulzura.
Marcelo te amo. Me ha encantado como me lo has hecho.
Has sido salvaje pero considerado conmigo. Realmente me has hecho la
mujer más feliz del mundo. Me duele pero me has hecho muy feliz. Me
alegro que hayas sido tú quien haya gozado de mi cuerpo…..¡Gracias,
muchas gracias!
¡Nada de eso! Gracias a ti querida. A mi edad estas
oportunidades no se presentan muy a menudo.
Tío, no quiero que nadie se entere de esto. ¡Si mis
padres se enteran me matan!
Tranquila mi niña que nadie va a enterarse. Imagínate
si se enteraran tus padres y tu tía…..Será nuestro secreto, nadie más lo
sabrá –le aseguré volviendo a besarla.
¿Sabes que me gustaría repetirlo? –dijo con voz
mimosa revolviéndose entre las sábanas.
Ya veremos, ya veremos….Ahora vístete que llevaran
horas preguntando por tí. A ver como me las apaño para explicar nuestra
desaparición.
Ese es problema tuyo, Marcelo. Deberás dar una
explicación convincente para que nadie sospeche nada raro.
Me levanté camino de la ducha mientras pensaba que estaba en
brazos de aquella encantadora lolita. Días más tarde la llamé al móvil
preguntándole si le había venido el período. Riendo me dijo que no me preocupara
que no estaba embarazada. Lancé un suspiro de alivio…..Ya nada sería como antes
y ambos lo sabíamos…..