Seducido por incestuosas.
Cada verano, cuando en el mes de agosto nos tomamos unos días
de vacaciones mi esposa, mi hija y yo. Nos desplazamos a un precioso pueblecito
de la costa Dorada, donde tenemos un pequeño apartamento para nuestro solaz y
descanso.
Y cada verano, rememoro una y otra vez aquellos cuatro días y
tres noches que pasé solo en nuestro recién comprado apartamento, mientras
esperaba los muebles y los electrodomésticos previamente comprados junto a mi
esposa.
Me desplacé solo, ya que a mi esposa le surgieron una serie
de problemas en el despacho, que la obligó a retrasar esos cuatro días sus
vacaciones. Me desplacé de nuestro lugar de residencia habitual hasta la costa a
lomos de mi rabiosa y rápida Ducati. Al cabo de cuatro días, debería regresar
nuevamente a recoger a mi esposa, y ya con el coche ir a buscar a nuestra hija,
que se encontraba en esos momentos pasando unos días con sus abuelos en una
ciudad del interior.
Aparqué la moto en la entrada principal del bloque, que da
acceso a un amplio jardín con piscina comunitaria, donde los propietarios
tomamos el sol y disfrutamos de la piscina. Normalmente, suelen estar allí las
señoras con sus hijos y grupos de adolescentes de ambos sexos. Por lo general
los hombres, no somos muy amigos de "socarrarnos" al sol, y preferimos salir a
tomar unas cervezas bien frías en los chiringuitos a la orilla del mar o por las
terrazas de las inmediaciones.
Para acceder a los portales de cada bloque, obligatoriamente
se ha de pasar por la zona de la piscina, donde obviamente, todo el mundo anda
en bañador, más aún, teniendo en cuenta que a las doce del medio día, la
temperatura rondaba los 34º centígrados. Al pasar por allí, enfundado en mi mono
integral de piel, con botas, el casco en una mano, una pequeña mochila con
algunas prendas de vestir en la otra y los cabellos de la cabeza totalmente
pegados del sudor, obviamente no pasé desapercibido, y noté las miradas de un
alto porcentaje de las nuevas vecinas.
Subí al apartamento, y tras despojarme del sofocante mono de
motero y de la ropa interior, me metí en la ducha para refrescarme un poco. Al
salir me puse el bañador y una camiseta de manga corta y me dispuse a comprar
algunas cosas que me hacían falta para empezar a decorar el apartamento.
A mi regreso, cargado con un par de bolsas, decidí subir por
las escaleras en lugar de tomar el ascensor. Al llegar al rellano, deposité las
bolsas en el suelo y estaba abriendo la puerta del apartamento, cuando del
ascensor salieron dos mujeres
Buenos días. – Saludaron casi a coro.
Buenos días. – Contesté al tiempo que me giré hacia
ellas y pude contemplarlas.
Sin lugar a dudas, eran madre e hija por su gran parecido y
por la obvia diferencia de edad. A la madre le calculé unos 37 o 38 años a lo
sumo, 1,70 de altura, morena con un cuerpo rotundo, voluptuoso y muy
proporcionado, un rostro precioso y enfundada en un biquini muy escaso de tela
que le tapaba estrictamente lo justo. La hija debía rondar los 17, con una
altura idéntica a la de su madre, y una figura tan espectacular y rotunda como
la de su progenitora a pesar de ser una muchacha que estaba saliendo de la
adolescencia. Dos auténticas bellezas.
¿Eres el propietario de ese apartamento? - Me
preguntó la madre.
Sí, efectivamente soy el propietario... ¿tu también
eres la propietaria?
Sí, bueno en realidad el propietario es mi esposo.
Pues, encantado de conocerte vecina. – Le contesté al
tiempo que extendía mi mano derecha en forma de saludo. - Mi nombre es
Antonio... Toni, para los amigos.
Es todo un placer, yo soy Lorena.- Dijo al tiempo que
pegaba su cuerpo al mío y me estampaba sendos besos justo en la comisura
de mis labios.
En esos breves instantes, pude apreciar la suavidad y tibieza
de su liso vientre con el dorso de mi mano al quedar aprisionada junto a la suya
entre nuestros cuerpos, al tiempo que sus húmedos labios acariciaban levemente
los míos en sus comisuras. Sus pechos, los puede apreciar de forma deliciosa en
mi pecho a través de las finas y escuetas telas de su bikini y de mi camiseta.
Te presento a Noemí, mi hija.- Continuó haciéndose a
un lado.
Hola, mucho gusto en conocerte, vecino. - Contestó
jovial y vivaracha la joven, al tiempo que apoyaba sus manos en mis
hombros pegando totalmente su cuerpo al mío y estampando sus labios y
sus dos correspondientes besos, no ya en las comisuras... me los dio en
cada una de las dos mitades de los míos, pudiendo apreciar con total
nitidez que su juguetona lengua rozó y llenó de exquisita humedad mis
resecos labios. En mi pecho noté con total claridad la turgencia de sus
pechos y como su pubis, se frotó descaradamente contra el mí pene
durante unos deliciosos instantes. Sin poderlo evitar, mis manos fueron
a parar a la cintura de la preciosa muchacha, pudiendo apreciar la
tersura y suavidad de su piel, así como la firmeza de sus musculatura.
Entre la madre y la hija, estaban calentándome a base de bien.
Lamento mucho no poder ofreceros un refresco y algo
para picar... desgraciadamente, por no poder no puedo ni ofreceros un
sitio para que podáis sentaros.
No tiene importancia. Salta a la vista que tienes aún
el apartamento sin decorar. Mira, a eso de las dos, te pasas a comer con
nosotras que estamos solas, porque mi marido está en Barcelona
trabajando.
No quisiera molestar, de verdad... comeré cualquier
cosa en algún restaurante de la zona y ...
Ni hablar, tu comerás con nosotras y no hay nada mas
que decir... ya sabes, a las dos. – Dijo con rotundidad Lorena.
Y si a las dos menos cinco aún no has pasado, yo
personalmente pasaré a buscarte, y será peor. -Afirmó la pequeña Noemí
con una pícara sonrisa.
Está bien, está bien, pasaré a comer con vosotras,
pero las copas de ésta noche, corren por mi cuenta ¿vale?.- Les contesté
entre risas.
Perfecto, por nuestra parte todo conforme.
Bien, pues... hasta luego... Yo empezaré a hacer
ruidos con las herramientas, así que, os pido disculpas antes de que
paséis a protestar.
Tranquilo Toni, ya sabemos que sucede cuando hay "un
manitas en casa". Porque tú, eres un manitas ¿verdad que sí?. Indagó
Lorena
Se me dan bien algunas faenas caseras, no lo
negaré...
Si, seguro de que es así. Tienes la pinta de que
"todo", lo sabes hacer muy bien.
Gracias Lorena... y hasta luego. – Nos despedimos y
cerré la puerta, y con una sonrisa en los labios y una polla que quería
salir a tomar aire fresco al exterior, me dispuse a iniciar los trabajos
que tenía dispuestos para ese rato, hasta la hora de comer.
El primero que me dispuse a efectuar, tras quitarme la
camiseta, fue la colocación de sendas jardineras en la pequeña y coqueta
terracita con que contaba el apartamento. Concentrado en esos menesteres estaba,
cuando Lorena apareció con sus voluptuosos pechos al aire extendiendo las
toallas de la piscina para que se secaran...
Caramba Toni, esos pectorales y esa "tableta de
chocolate", no se ve todos los días... estás rico, rico y con
fundamento. – Sus palabras me sobresaltaron...
¡Lorena!... perdona no te había visto. – Mis ojos
quedaron clavados en sus majestuosos y preciosos pechos, quedándome
totalmente absorto ante semejante visión.
No me digas que te asustas de ver una mujer "en
tetas".
Perdóname Lorena, me has pillado totalmente por
sorpresa y lo que menos me imaginaba, era verte "en tetas" como tú
dices...
¿Te gustan?
Sí, son realmente perfectas y dignas de admiración,
de verdad.
¿Y las mías te gustan? – Preguntó de pronto Noemí
apareciendo en escena de forma inesperada.
Por favor chicas, me vais a poner en un compromiso...
Ya estás en un compromiso. – Contestó Noemí señalando
la "tienda de campaña" que se había formado en mi bañador.
Ambas mujeres, explotaron en una sonora carcajada, a la que
instantes después me uní, dada la inusual situación en la que me encontraba.
¿Sois nudistas? – Les pregunté aún con una amplia
sonrisa reflejada en mi rostro.
Si fuésemos nudistas, no llevaríamos la parte de
abajo ¿no crees?
La verdad con dos espléndidas mujeres como vosotras,
cualquier cosa puede ser posible. Y como continuéis así, no podré hacer
las cosas que tenía previstas.
Tienes razón, ni nosotras podremos preparar la
comida... Dios mío, que tarde se está haciendo. Vanos Noe, que tenemos
que hacer muchas cosas entes de que Toni nos sorprenda con la comida sin
hacer.
Ambas mujeres, se despidieron con una maliciosa sonrisa y
desaparecieron en el interior de su apartamento. Tras esa conversación y la
escena vivida con la madre y la hija, estaba empalmado como un burro. Sacudí mi
cabeza tratando de eliminar los malos pensamientos que cruzaban por mi cerebro,
me acomodé el pene lo mejor que pude dentro de su encierro y continué con el
trabajo.
Con la imagen de Lorena y de Noemí mostrando sin pudor alguno
sus maravillosos pechos, fui realizando varias cosillas que no precisaban
excesiva concentración por mi parte. El tiempo pasaba inexorablemente y mi mente
quedó concentrada en una serie de ajustes que estaba realizando para la correcta
colocación de la mampara de tres puertas correderas que montaba a lo largo de la
bañera. El insistente zumbido de la puerta de entrada sacó mi mente de las
medidas y los ajustes que estaba realizando, e instintivamente miré el reloj...
las dos menos cinco de la tarde... Noemí, se había tomado muy en serio el tema
de la hora.
Abrí la puerta, y allí estaba Noemí, sencillamente
espectacular, cubriendo su desnudo cuerpo con un leve pareo totalmente
transparente no dejando ninguno de sus encantos para la imaginación. Me quedé
totalmente absorto contemplando semejante criatura de arriba a bajo, tratando de
grabar en mi cerebro hasta el último detalle de su preciosa anatomía.
Es la hora de comer... ¿Tienes hambre? – preguntó con
su voz de niña traviesa
Hola Noemí... sí, tengo un hambre de lobo. Me pongo
una camisa y...
Nada de camisa ni tonterías... total para lo que te
va a durar puesta, no vale la pena que te pongas nada más de lo que
llevas puesto... vamos, que ni mi madre ni yo nos comemos a nadie y la
sopa se va a enfriar. Dijo Noemí, al tiempo que me tomaba del brazo y
tiraba de mi hacia el vecino apartamento.
Comprobé que las llaves las llevaba en el bolsillo del
bañador, y cerrando la puerta de golpe, seguí los pasos de la joven ninfa hacia
el vecino apartamento.
Lorena, ya tenemos aquí a nuestro querido vecino...
se ha hecho el remolón pero creo que ya está convencido del todo.
Que pase al aseo y se de una ducha mientras termino
de poner la mesa – contestó Lorena desde el fondo de la cocina.
¿Me acompaña el señor a tomar su baño? – susurró
Noemí en mi oreja, apretando su cuerpo al mío y empujándome hacia la
entrada del aseo.
En esos instantes volví a entrar en una tremenda erección,
que no pasó para nada desapercibida por la pícara y enloquecedora Noemí. Una vez
en el interior del baño, extendió su brazo y tomó una toalla de unos elegantes
estantes metálicos, dejándola en una banqueta ubicada junto a la bañera.
Ahí tienes gel de baño y champú, aquí un guante de
crin de caballo y... aquí me tienes a mí para frotarte el cuerpo o lo
que gustes.
Noemí, está muy bien el juego que os lleváis entre
manos tanto tu madre como tu, pero soy un hombre casado y...
Y hoy, vas a follar con mi madre y con migo, te lo
aseguro... y si no puedes con las dos te daremos una "pastillita azul",
de las que utiliza el cabrón de mi padrastro para follar con sus putitas
en lugar de hacerlo con nosotras.
La voz y la expresión del rostro de Noemí estaban totalmente
transformadas cuando masculló, esas palabras. Su rostro expresaba con total
claridad deseo lujuria y su voz, lo corroboraba.
Quedé solo en el baño. Mi cuerpo transpiraba sudor por todos
y cada no de los poros de la piel. La erección que tenía en esos instantes, me
producía un sordo dolor en el nacimiento del pene y en los testículos, notando
cada uno de los fuertes latidos de mi acelerado corazón.
Me despojé del bañador y ya en la bañera, abrí el grifo del
agua fría a máxima presión.
Las gotas de agua golpearon con fuerza mi piel, sintiendo en
esos instantes el indescriptible placer que siempre me produce una ducha de
estas características. Mi mente no paraba de dar vueltas a las palabras de
Noemí, de que hoy me iba la iba a follar a ella y a su madre, dos espectaculares
hembras en todos los sentidos creadas por la naturaleza para deleite de la
humanidad.
"No, estoy seguro que eso va a ser imposible que pueda
llevarse a cabo... por separado y sin que una se entere de lo que hace la
otra, aún habría posibilidades de conseguirlo, pero no en un día, ni en
dos... no, es imposible que esto suceda, que una madre permita que su hija
se folle ante sus ojos a un desconocido y que una hija permita lo contrario.
Antonio, no alucines con "pepinillos en colores". Disfruta de la comida y de
su compañía, de sus juegos y cuando se haga la hora, cada uno para su casa".
Con estos pensamientos filosóficos en mi cabeza, terminé la
ducha y me disponía a secarme, cuando irrumpió en el baño Lorena, como un
auténtico torbellino.
Perdona chico, pero cuando me entran ganas de orinar,
tengo que orinar. – Dijo ala tiempo que se despojaba de la única prenda
que cubría su cuerpo, la parte inferior del traje de baño, y se sentaba
apresuradamente en la taza del inodoro, escuchándose el sonoro chorro de
orín chocando contra la porcelana.
No podía salir del trance en que me encontraba con aquellas
dos mujeronas... lo hacían todo con total naturalidad, y allí estaba yo,
totalmente desnudo, con una erección digna de un tal Nacho Vidal, ante una
preciosa mujer que sin ningún pudor estaba tal como vino al mundo y orinando,
como si yo fuese un fantasma. Terminada su necesidad fisiológica, se ubicó en el
bidet, donde se higienizó el sexo. Fue entonces cuando reparé en él... en su
sexo, quiero decir: delicadamente recortado el vello encima de su cueva de
placer, llevado eso sí, a la mínima expresión, justo allí donde debe estar. No
podía ser de otra forma en esa formidable mujer.
Me encontraba inmóvil frente a ella, a poco más de medio
metro, totalmente absorto contemplando aquel monumento de la naturaleza, cuando
escuché nuevamente su voz
Toni, menuda herramienta tienes, cariño.- Al tiempo
que con su mano cogió mi pene y tras unas cuantas vigorosas sacudidas
que me llenaron de placer, lo llevo a su boca iniciando un vals de
sensaciones entre su lengua y mi glande.
No duró mucho el placer, ya que la puerta del baño se abrió y
apareció Noemí con una pícara sonrisa en los labios
Joder ya os vale tíos, los postres son para después
de comer, ¿no?
Tienes razón Noemí, pero tu ¿qué haces vestida
aún?... ¿no ves que ya estamos todos desnudos para empezar a comer? -
Increpó Lorena a su hija, no sin cierta guasa, al tiempo que se
levantaba y salía del baño.
Es verdad, perdóname mamá, he sido una niña mala,
pero no me irás a castigar sin postre ¿verdad?- Dijo Noemí frente a mí,
al tiempo que dejaba caer al suelo el transparente pareo que cubría su
maravillosa anatomía. Sus formas juvenilmente perfectas, sus turgentes
pechos encumbrados por unos pezones totalmente empitonados, su pubis
despojado del más mínimo atisbo de vello, sus torneadas, largas y
enloquecedoras piernas... su sola visión casi logra que eyaculara de
forma irremediable.
Como una gatita en celo, se acercó a mí y un susurro de sus
labios llegó a mi oído
Solo por si mamá me castiga sin postre, quiero
tomarlo ahora.
Flexionó sus piernas, tomo mi ariete con su mano y se lo
llevó directamente a la boca llevándoselo hasta el fondo, e iniciando una
secuencia de movimientos que me llevaron al clímax en escasos segundos,
inundando su boca de mi néctar, que tomó totalmente, expresando con su rostro la
satisfacción de haber sido la primera en ordeñarme.
Sencillamente exquisita... con un poco de nata y
mermelada de fresa, es para empezar y no acabar. – Me susurró nuevamente
al oído, dando media vuelta y dirigiéndose hace el comedor, donde estaba
dispuesto el ágape de que daríamos buena cuenta en poco rato.
Yo estaba sin palabras, no sabía como reaccionar ante una
situación tan surrealista como en la que me habían colocado estas dos mujeres.
Seguí a Noemí hasta el salón, donde su madre, Lorena, estaba
ultimando los últimos detalles en la mesa.
No habréis estando haciendo "cochinadas" ¿verdad? –
Nos preguntó Lorena con voz socarrona y pícara mirada.
Averígualo tu misma mamá – le contestó Noemí,
fundiéndose a continuación en un tórrido y húmedo beso en el que ambas
casi quedan sin respiración.
Mmmm... creo que "la cosecha" que acabas de tomar es
de lo mejorcito que hemos probado en los últimos meses ¿me equivoco?
No mamá, no te equivocas – Aseveró Noemí con
lujuriosa mirada.
Continuaba totalmente perplejo ante la naturalidad en que
madre e hija se desenvolvían en el plano sexual. Era como si todo fuese natural,
lo más normal de mundo que madre e hija, satisficieran sus ansias sexuales entre
ellas mismas o con el "hombre objeto" que tuviesen más a mano en un momento
dado. Como en este caso en concreto, yo.
Nos sentamos a la mesa y dimos buena cuenta entre los tres a
las ensaladas, pasta fría y finalmente, del pescado y marisco que estaba
dispuesto primorosamente.
Ahora el postre... es lo que más me gusta de la
comida
Sí hija, y a mi también, que quieres que te diga.
Toni, a ti ¿también te gusta el postre?
Si se parece en algo "al aperitivo" que me habéis
dado ambas antes de comer, seguro que me entusiasmará.
Estamos seguras que te gustará el postre que te hemos
preparado. Afirmó Lorena.
Entre ambas mujeres retiraron toda la vajilla utilizada en el
ágape, dejando tan solo el blanco mantel sobre la mesa. A continuación, sobre
una "camarera", trajeron varios utensilios, y envases de vidrio y de plástico,
en los que no pude apreciar su contenido inicialmente. En la parte inferior de
la camarera había varias botellas de diversos licores y unas copas. Por otra
parte ubicaron junto carrito una enorme cubitera, con sus correspondientes
cubitos de hielo con agua y una botella de delicioso cava en su interior. No
tenía ni la más remota idea de que pretendían hacer con todo aquello y opté por,
seguir observando el tropel que ambas mujeres llevaban para preparar "el
postre".
Lorena sacó una moneda de no se donde y le dijo a su hija:
Qué pides, cara o cruz
Cara – replicó Noemí.
La moneda voló en el aire y cayó sobre la mesa.
¡Bien, ha salido cara! – Exclamó Noemí con alegría –
Yo seré el plato.
Cada vez entendía menos su juego. Lorena se acercó a mí y
preguntó de nuevo:
Qué pides Toni, cara o cruz.
Cara.
De nuevo la moneda voló por los aires del salón, cayendo
nuevamente sobre la mesa.
- ¡Ja!, ahora he ganado. Tú empezarás a comer el "poste"
porque ha salido "cara" de nuevo - Exclamó Lorena con aire de triunfo.
Obviamente, continuaba sin entender absolutamente nada... eso
sí continuaba teniendo el pene como el de un burro ante una burra virgen. Pero
pronto empecé a comprender el juego.
Noemí se tumbó boca arriba sobre el blanco mantel de la mesa,
como si se tratase de la ofrenda de una virgen a los Dioses del Olimpo. Lorena,
fue colocando montoncitos de nata helada sobre los pezones, ombligo y justo
encima del clítoris de Noemí, que se estremecía con el frío contacto de la nata
en su cuerpo. A continuación, fue colocando una frambuesa encima de cada uno de
los montículos de nata. Finalizada la "presentación" del plato, me indicó:
Hay que empezar a comer por la parte más próxima a la
cabeza... y empiezas a comer tú. - Dijo Lorena.
Ahora entendí perfectamente su grito de triunfo lanzado por
Lorena. Sería ella quien disfrutase del mejor "bocado" del poste ofrecido sobre
su hija.
Acerqué mis labios al pecho de Noemí, y comí la frambuesa. A
continuación, tomé la nata que empezaba a fundirse por su calor corporal., pero
sin tocar lo más mínimo la piel. Finalmente, me lancé directamente sobre su
pecho desnudo tomando con mi lengua los restos de nata y saboreando la deliciosa
piel de Noemí, jugando mi lengua con su pezón y arrancando de su garganta
gemidos de placer.
Al parecer Lorena tenía ganas de terminar ese juego y de un
solo bocado tomó la frambuesa y la nata, pasando posteriormente su lengua de
forma continuada por el pecho de su hija y arrancándole suspiros de placer,
cuando jugaba con el pezón que le había tocado.
Sobre el ombligo, hice exactamente igual que sobre su pecho.
Las cosquillas que producía sobre el vientre, las trataba de minimizar,
acariciándole el pecho que instantes antes le había mamado.
¡Ahora me toca a mí el premio gordo! – Exclamo de
forma lujuriosa Lorena.
A continuación se abalanzó sobre el pubis de Noemí
desapareciendo en su boca la nata con su correspondiente frambuesa, continuando
devorando el jugoso clítoris de su hija, quien de forma automática, abrió sus
piernas totalmente, para que su madre le diera el placer que ambas buscaban. Los
jadeos y movimientos que realizaba Noemí, me daban una idea aproximada del
placer que su madre le estaba proporcionando.
De una forma totalmente incontrolada, comencé a masturbarme
frenéticamente ante la visión que tenia delante.
Ni se te ocurra desperdiciarte así Toni, no sigas
pajeándote por favor. Me pidió Lorena. - Enseguida te tocará a ti, te lo
aseguro.
Afirmé con la cabeza y Lorena continuó con su tarea de
exprimir el primer orgasmo de la tarde en el cuerpo de su hija, quien estaba a
punto de explotar de un momento a otro.
El grito gutural de Noemí indicó sin lugar a dudas que había
obtenido un orgasmo brutal, mientras que Lorena, al salir de entre las piernas
de su hija, denotaba en la expresión de su rostro el inmenso placer de haber
saboreado los flujos de su propia hija, que mostraba satisfecha casi por la
totalidad de su brillante rostro.
¿Quieres probar el sabor de mi hija? – preguntó
mirándome a los ojos con lujuria
Sí – Fue mi escueta respuesta.
Me acerqué a Lorena y nos fundimos en un abrazo uniendo
nuestros labios con deseo y frenesí, pudiendo saborear los deliciosos flujos de
Noemí, que yacía sobre la mesa en posición fetal recuperándose de su placentero
orgasmo.
Mis manos trataban de acariciar todo el cuerpo de Lorena a un
tiempo, sus pechos su glúteos, su vagina... con hábiles movimientos Lorena logró
ubicar mi pene a lo largo de su húmeda vulva, iniciando un leve movimiento que
me estaba llevando a la gloria. Lamí con glotonería su rostro, saboreando los
dulces flujos que previamente había depositado su hija.
Ven, quiero que me poseas ahora mismo – Dijo Lorena,
ala tiempo que me hacía sentar en el centro amplio sofá, dejando mis
posaderas casi en el aire, y situándose de espalda a mi, se penetró sin
contemplaciones con mi ariete, iniciando una rítmica cabalgada.
No aguantaré mucho en estas condiciones Lorena. – Le
confesé con la respiración entrecortada
Aguanta, no te corras aún... aguanta que yo estoy a
punto de correrme.
Continuó con su cabalgada, a veces rápido otras más pausada,
pero transmitiéndome el placer que solo una experta en el sexo puede
proporcionar a un hombre.
Noté en mi escroto una nueva sensación cálida y húmeda... era
Noemí, que se había sumado a la orgía dándome un delicioso masaje con su lengua,
al tiempo que cariaba el clítoris a su madre, la cual estalló en un fuerte
orgasmo al tiempo que su garganta lanzaba un profundo grito de placer. Eso fue
suficiente para que me derramara intensamente en su interior abundantemente.
Notaba perfectamente en el nacimiento de mi pene como se deslizaba la mezcla de
los flujos de Lorena con mi semen, los cuales eran devorados con entusiasmo por
Noemí.
Las últimas contracciones vaginales de Lorena producidas por
el reciente orgasmo y alargado el placer gracias a la hábil lengua de Noemí, se
transmitían se transmitían perfectamente a lo largo de todo mi pene, aún en el
interior de la vagina materna.
Así estuvimos durante unos minutos, hasta que el ritmo
cardíaco se nos normalizó tras el placentero esfuerzo. Lorena, de forma perezosa
se levantó de la posición en que se encontraba y se dejó caer en el sofá.
Ha estado fabuloso éste polvo... hija, creo que hemos
elegido bien a nuestro compañero de juegos... me ha dejado muy a gusto,
pero no saciada... por cierto ¿qué tal el yogur que te acabas de tomar
Noe?
Mmmm... exquisito mami, te lo aseguro... tendrás
oportunidad de catarlo tú también sin tardar mucho.
Chicas, soy un hombre de lo mas normal y en poco rato
ya habéis conseguido exprimirme dos veces y...
Y de tu fuente seguirá manando leche hasta que nos
hartemos de "postre". – Me interrumpió Noemí.
A pesar de haber logrado dos fantásticas corridas en un plazo
relativamente corto de tiempo, en mi mente se repetía una y otra vez, que tenía
que follarme a Noemí... esa criatura me ponía "berraco" la mirase por donde la
mirase... no sé de dónde podía sacar nuevas energías para continuar con aquella
sesión, pero debía sacarla de donde fuese para lograr mi propósito de poseer a
esa jovencita.
Noemí, con el pensamiento os estaría follando con las
dos hasta quedar reventados los tres, pero no soy superman y ya he
tenido dos buenas corridas. – Dije no sin cierta frustración.
Jajajaja, ¿ves mami?, te lo dije, es otro marido "mal
follao".
Sí hija, ya me di cuenta... lo hace de maravilla pero
no cree en su potencial porque nunca se lo han sacado.
Tranquilo Toni – Afirmó Noemí – verás como puedes más
de lo que crees.
Dicho esto se colocó entre mis piernas tomando mi flácido
pene entre sus labios e iniciando una experta mamada, digna de la más depurada
de las profesionales. No sin esfuerzo por parte de Noemí, logró su objetivo de
lograr en mi una nueva erección. Cuando vio su objetivo cumplido, se colocó a
"cuatro patas" con sus piernas ligeramente abiertas.
Dale una buena follada a mi hija, que tiene el
chochito hecho zumo y loco por tu polla.
La sola visión de Noemí hizo que mi erección toma aún mayor
consistencia, porque la posición en la que se encontraba, mostrando su soberbio
trasero en pompa y sus labios vaginales brillantes y lubricados por la
excitación, hizo que me ubicase en la posición pertinente, apoyando mi glande en
su excitada vagina, y tomándola de sus caderas, la penetrase casi de forma
violenta e inicié los típicos movimientos pélvicos que acompañan la consumación
del acto sexual.
Con los ojos cerrados, y concentrado únicamente en las
oleadas de placer que me transmitía Noemí no me percaté de las acciones que
estaba llevando a cabo Lorena, la cual, se colocó boca arriba bajo su hija,
comenzando a mamar los pechos de su hija durante un buen rato, pasando
posteriormente a devorarle materialmente el clítoris, arrancando de Noemí
auténticos gritos de placer y súbitas convulsiones en todo su cuerpo que
denotaban sin lugar a dudas las tremendas oleadas de placer que esta sintiendo.
Toni, córrete dentro – Pidió Lorena con voz
entrecortada, volviendo con desesperación a la placentera tarea de libar
los flujos que su propia hija destilaba por su vagina.
Siiiii, lléname de leche... quiero sentir como golpea
en mis entrañas... Dioooss que gusto más grande – Gritó Noemí.
Ya no podía retrasar más mi propio clímax.... di tres o
cuatro profundas acometidas y dejé ir toda mi esencia en lo más profundo de sus
entrañas. Me dejé caer sobre la esterilla del suelo apoyando mi espalda en el
sofá. Lorena, buscó una nueva posición para que los grumos de semen y flujos que
manaban de la vagina de Noemí, cayesen en su boca y saborearlos con auténtico
deleite propio y de su hija, que temblaba como una hoja por el placer extremo
que estaba recibiendo.
Unos minutos más tarde, concluida la limpieza vaginal que le
hizo a su hija, Lorena se incorporó situándose a mi lado dándome un profundo
beso en la boca, transfiriendo el extraño sabor de mi propio semen mezclado con
los abundantes flujos destilados por su hija. Noemí, se dejó caer pesadamente en
la esterilla que cubría buena parte del suelo del salón-comedor, quedando
adormilada y aún con leves escalofríos en todo su cuerpo.
Lo has hecho muy bien y la has dejado cansada por un
buen rato Toni... y a mí, también, de verdad.
Gracias Lorena, yo estoy totalmente agotado... he ido
mucho más allá de lo que mi resistencia sexual llega.
Pero... no pienses que hemos acabado... la juerga va
a continuar.
Sí, tiene que continuar, pero dejarme descansar diez
minutos, solo diez minutos – se escuchó decir a Noemí con voz cansina.
Pues no se como vamos a poder continuar... vosotras
sí, no lo pongo en duda, pero para mí, creo que la fiesta ha
terminado... mira como estoy – Dije con resignación señalando mi agotado
y flácido pene.
Eso tiene solución. Espera.
Lorena se levantó y desapareció en una de las habitaciones
del apartamento, apareciendo instantes más tarde con una pastilla de color
azulado que me introdujo en la boca, sirviéndome a continuación un vaso de agua.
Esto te ayudará a que puedas continuar la fiesta un
buen rato más, ya lo verás. En media hora o tres cuartos, podremos
continuar.
¿Me has dado una pastilla de "viagra" o algo así?
Sí, verás como te pone hecho un toro en poco rato.
Y mientras surte efecto la "pastillita", nos vamos a
lavar nuestras cositas un poco – Dijo Noemí, al tiempo que se izaba del
suelo, desperezándose ante nosotros, pudendo apreciar la perfección de
su juvenil cuerpo que minutos antes había sido mío.
Tienes toda la razón Noe, la higiene en el sexo es
fundamental. ¿Os apetece tomar un poco de cava?... yo necesito tomar
algo fresco.
Siguiendo las indicaciones de su madre Noemí, descorchó la
botella de cava que habían sacado antes de sentarnos a comer, y colocándose
entre Lorena y yo, comenzó a escanciar el espumoso líquido sobre sus pechos, y
nos abalanzándonos ambos a tomar posesión de cada uno de los pechos de Noemí,
por donde se produjeron pequeños torrentes de cava que sorbíamos con deleite por
parte de todos.
Cariño, ya tienes las tetitas limpias y
relucientes... continua con "tu aseo personal" – ordenó Lorena a su
hija.
Si, ahora toca limpiarme "el chichi" – Contestó
Noemí.
Sin soltar la botella de la mano, se sentó sobre la mesa del
comedor, colocando cada uno de sus pies en una silla, quedando con sus piernas
abiertas totalmente y dejando expuesto su glorioso sexo a la vista de los
presente. A continuación, introdujo el gollete de la botella en su vajina,
empinando la botella para que el espumoso líquido llenara totalmente su cueva.
Toni, es tu turno - Me invitó Lorena, señalando con
su mano la entrepierna de su hija.
Me clavé de rodillas entre las piernas de Noemí, y abriendo
la boca cuanto pude abarqué la totalidad de la sabrosa cueva esperando mi
recompensa: El ya templado cava, entró con fuerza en mi cavidad bucal tragándolo
con a avidez, y sin desaprovechar tamaña ocasión, continué disfrutando con el
rico sabor y del exquisito aroma que emanaba de su anatomía, hasta que pasados
unos instantes, Lorena me sacó de mi deleite.
Creo que ya tiene suficientemente limpio el
chochito... ahora me toca a mí limpiarme, pero ya no queda apenas
cava...
Siempre me interrumpes en lo mejor Lorena... no veas
como "come el chocho", nuestro invitado... si le dejas un par de minutos
mas, me corro de nuevo como una perra. Y por el cava, no te preocupes,
en el frigorífico hay dos o tres botellas más que puse a enfriar ésta
mañana.
Mientras Lorena tomaba posiciones, Noemí extrajo del
frigorífico una nueva botella de cava que descorchó con suma facilidad,
tendiéndosela a su madre, quien repitió el mismo ritual que su hija había
realizado anteriormente, pudiendo así disfrutar de uno de sus pechos y por
ofrecimiento de Noemí, de la entrepierna de su progenitora, que a pesar de tener
aroma y sabor distintos, no era menos agradable de "comer" que el de la hija.
Noemí fue más comprensiva que su mamá, y permitió que
continuara devorando su sexo el tiempo suficiente para que alcanzara un
magnífico orgasmo.
De verdad que sabes hacerlo muy bien Toni. Ya sabía
yo que "eres un auténtico manitas".
Sí un "manitas", un "boquitas" y un "pichitas", mira
como tiene la polla, da la sensación que le va a explotar de un momento
a otro.
No me había percatado, pero entre la "pastilla azul" que
había ingerido y el "atracón de marisco" que me habían proporcionado tanto la
medre como la hija, estaba con inusitado y renovado vigor en el pene,
sorprendiéndome muy gratamente de encontrarme en situación de acometer nuevas
batallas sexuales con esas dos inconmensurables diosas del placer carnal.
Toni cariño, lo sentimos mucho pero antes de
continuar con nuestros juegos, tenemos que dejarte el "tronquito" bien
limpio, no vaya ser que tengas algo de "polvo".
"Polvo" no tiene mamá, tiene "polvazo".
Los tres reímos la salida jocosa de Noemí, quien fue
nuevamente a la cocina a por una nueva botella de cava, con la que ambas mujeres
me llevaron al séptimo cielo con sus cavidades bucales llenas de frío u
burbujeante cava por mi pene, testículos e incluso mi ano, logrando que de
nuevo, escupiera unas buenas andanadas en sus rostros, que con lujuria y avidez
se limpiaron entre ellas a lengüetazos.
Me dejaron reposar el orgasmo durante unos minutos y fue
Noemí quien me tomó de la muñeca tirando para sí para que me levantase del
sillón, al tiempo que me invitaba para ir al dormitorio a continuar con nuestra
peculiar "juerga sexual", provocándome sin pretenderlo, obviamente, un leve
calambre, cada vez más intenso y profundo... en esos instantes abrí los ojos en
la penumbra de la habitación, y los insistentes calambres que me producía el
despertador del reloj de pulsera, hicieron que terminase de despertar, mirando
incrédulo la hora: 7:30 am., hora de levantarme. El dolor testicular y la brutal
erección que tenía ese día, así como la enorme mancha de semen que había en la
sábana, me confirmó que todo había sido un precioso sueño.
Me levante de la cama, y comencé con la rutina... ir al baño,
aliviar la vejiga, tomar un poco de agua directamente del grifo, ducharme,
afeitarme, ponerme "guapo" y ya en la cocina, tomar un café con leche, un par de
magdalenas, encender el primer pitillo del día y finalmente, vestirme para ir a
realizar algunas compras.
Estaba cerrando con las llaves la puerta de entrada del
apartamento, cuando del ascensor salieron dos mujeres
Buenos días. – Saludaron casi a coro.
Buenos días. – Contesté al tiempo que me giré hacia
ellas y pude contemplarlas... ¡Eran las dos mujeres de mis sueños!