| Esta es una historia de deseos, emociones, placeres, dudas, decisiones y pensamientos, es la historia del camino que nos llevó a Carmen, mi mujer, y a mí a lanzarnos a vivir las fantasías inconfesables que sin saberlo compartíamos en silencio cada vez que hacíamos el amor; Esta no es una historia de penetraciones y orgasmos, aunque también lo es; Así que si tu, lector que has llegado hasta aquí, buscas un desahogo rápido de tus pulsiones te recomiendo que abandones este texto y busques algo mas inmediato. |
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"Hola Mario, ¿Qué tal?" – Carlos había reconocido mi
móvil, me había costado toda la mañana hacer aquella llamada, sabía que si
la hacía estaría a un paso de ponerle a Carmen en bandeja y no me sentía en
absoluto tan seguro como creía estar.
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"Hola Carlos ¿cómo va todo?
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"Bien, como siempre, ya sabes, aquí en provincias hay
menos variedad que en la capital" – bromeó.
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"Ya será menos ahora me vas a decir que allí no lo tenéis
todo muy bien organizado"
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"Bueno, tú dirás" – hice una pausa en la que aún estuve
tentado de desviar el tema de conversación y dar por zanjado algo que podía
ser muy arriesgado, el órdago lanzado por Carmen no tenía por qué ser
recogido por mí.
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"¿Estás ahí?"
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"Si, perdona ya estoy contigo, verás, llevo algún tiempo
pensando… dándole vueltas a algo que me preocupa"
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"Cuéntame y si te puedo ayudar…"
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"Creo que si; Se trata de Elena, desde que estuvimos en
Sevilla no dejo de pensar en la forma tan brusca que tuvimos de terminar
aquella noche, al menos tu y yo pudimos hablar después, pero Elena… no sé,
quizás ni se acuerde de aquello, posiblemente lo haya olvidado y no le de
importancia pero…"
-
"Bueno, la verdad es que se quedó un poco… digamos,
dolida, y más aun cuando no la volviste a llamar"
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"De eso se trata, no tengo su teléfono y me gustaría
disculparme"
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"No creo que haga falta Mario, ya lo tiene superado"
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"Ya, pero aun así, me gustaría"
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"Y quieres que te de su número, ¿no?"
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"Si, si no tienes inconveniente" – sabia que se acercaba
el momento crítico.
-
"Por mí no pero, ya sabes, tendría que consultarlo antes
con ella, supongo que lo entiendes porque te ocurrió lo mismo cuando te pedí
el teléfono de Carmen" – ahí estaba, de una forma velada e indirecta me
planteaba el canje.
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"Por supuesto, díselo y ya me contarás"
-
"Por cierto, ¿Qué tal Carmen? ¿Sigues viéndola?"
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"Siempre intentamos buscar algún momento para vernos"
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"Claro, me extrañaría que dejases pasar una oportunidad
así, es una mujer increíble"
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"Lo es, desde luego que si"
Se produjo un silencio que presagiaba lo que iba a venir
-
"Dime una cosa, ¿alguna vez te ha preguntado por mi?" –
Noté como se me erizaba el vello de la nuca, era un momento trascendental;
De lo que contestase en ese instante dependían tantas cosas…
-
"Hace poco me preguntó si seguía en contacto contigo, le
dije que si, pero no me hizo ningún comentario más" – la suerte estaba
echada.
-
"Vaya, es un buen síntoma" – su voz había cambiado,
parecía más jovial, más alegre"
-
"¿Un buen síntoma de qué?"
-
"Hombre, está claro que no se ha olvidado de mi" – Carlos
hizo una pausa, su voz sonó diferente a continuación – "Mario, te lo pedí
una vez y entendí tu postura, pero quiero que me entiendas tu también, me
encantaría hablar con ella, estoy seguro de que si me das su teléfono y
hablamos no se va a enfadar" – estaba literalmente temblando, mi mano apenas
podía sujetar el teléfono, la emoción se había disparado de una manera que
no casi podía controlar.
-
"Carlos, no es mi forma de actuar, compréndelo, es una
violación de su confianza"
-
"¡No me vengas con esas, no es para tanto, me acabas de
decir que piensa en mí, joder, no seas tan escrupuloso!" – su tono no era el
que esperaba, no estaba dispuesto a tolerarle que me hablase así.
-
Mira Carlos, si no quieres no me des el teléfono de
Elena, pero lo que no voy a hacer es darte el de Carmen sin que ella lo
sepa, no puedo hacerlo"
-
"Vale, joder, ¿Qué piensas, que te voy a hacer chantaje?
Toma nota" – Carlos pronuncio uno a uno los números del teléfono de Elena.
Me sentí desarmado, Carlos no era el chantajista que sin
querer había insinuado, de nuevo la idea de Carmen rondando el límite del riesgo
me dominó.
-
"Déjame que la tantee, le voy a decir que he hablado
contigo, a ver cómo reacciona y si la veo receptiva, se le planteo ¿te
parece?"
-
"Me parece bien; perdona lo de antes, es que… si te digo
que no he dejado de pensar en ella desde aquel día te parecerá una
gilipollez, seguro" – tenia la garganta con un nudo que me ahogaba.
-
"No Carlos, no es una gilipollez, Carmen es una mujer
extraordinaria, cala muy hondo, no me extraña que no la hayas olvidado"
-
"Faltó tan poco… unos minutos mas y me la hubiera llevado
a la habitación, estoy seguro" – sentí el disparo de placer directamente en
mi polla.
-
"Carmen no funciona así, nunca va tan rápido"
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"Lo sé, pero aquella noche, si llegamos a tener más
tiempo… en fin, ahora pretendo ir con calma, a su ritmo, estoy convencido de
que lo desea"
-
"Será lo mejor si quieres conseguir algo de ella" – me
excitaba sobremanera hablar de Carmen como si no fuese mi esposa, estaba
ofreciéndosela y me producía un placer extremo.
Conversamos aun unos minutos, habíamos recuperado el buen
clima entre nosotros y nos despedimos cordialmente.
Durante los dos días siguientes me debatí entre el miedo a
dar un paso irreversible y la excitación incontrolable que me producía imaginar
a Carmen con Carlos; en apenas quince segundos podía pasar del deseo más brutal
a una angustia que apenas me dejaba respirar.
Ante mi se planteaban varias alternativas, podía darle el
teléfono de Carmen sin consultarlo con ella, a fin de cuentas me había dado vía
libre; Otra opción era, como le había dicho a Carlos, tantearla y ver si al
dejar de ser algo teórico y convertirse en una posibilidad cierta, se lo pensaba
mejor.
Carmen llevaba unos días mucho más tranquila, menos tensa,
los comentarios que me hacia sobre su puesto revelaban que las cosas iban bien.
Su carácter mejoró ostensiblemente, aquella sombra de preocupación que
arrastraba desde su primera reunión con Roberto había desaparecido.
No habíamos vuelto a hablar de la prueba ni de Carlos,
imaginaba que Carmen estaba deseando saber pero no quería ser la primera en
hablar de ello, una noche mientras cenábamos, no pudo aguantar más.
-
"¿Hablaste por fin con Carlos?"
-
"Si, antes de ayer" – seguí cenando como si la
conversación hubiera acabado ahí.
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"¿Y?" – la miré mientras ganaba tiempo terminando de
masticar.
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"Nada, está bien, como siempre, dice que hay mucho
movimiento en el Colegio con la directiva nueva""
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"¡Venga ya!" – dejó la servilleta en la mesa, se echó en
el respaldo de la silla y me miró con una sonrisa socarrona, fingí no
entender pero me contagió la sonrisa y eso me delató
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"¿Qué?" – protesté.
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"¿Has hablado ya con Elena? ¿qué tal está? ¿te echa de
menos?" – jugaba, me alivió ver que no había tensión en sus palabras.
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"Aun no, me dio su teléfono pero no he tenido ocasión" –
Carmen se acodó en la mesa acercándose a mí, quería sonsacarme y estaba
dispuesta a utilizar todas su armas de seducción
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"¿Y… no te pidió nada a cambio?" – no sabía qué
estrategia seguir, si decirle que le había dado su teléfono y esperar su
reacción o decirle la verdad y darle la oportunidad de negarse a dárselo.
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"¿Tu qué crees?" – utilicé la ambigüedad para poder
tantear su predisposición y saber cuál era la estrategia más adecuada.
-
"Creo que te lo ha pedido y no se lo has dado, creo que
no te has atrevido a dárselo, ¿ves como llegado el momento no iba a ser tan
fácil?"
De nuevo se estiró contra el respaldo de la silla con
expresión de triunfo, sonreí y seguí comiendo sin hacer más comentarios,
quería sembrar la duda en ella, y comprobé que no estaba tan segura de sus
argumentos.
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"Venga, dime ¿a que tengo razón?" – la miré a los ojos.
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"El tiempo te dirá si tienes razón o te has equivocado" –
súbitamente se puso sería, tenía una expresión entre asustada y expectante
en su rostro.
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"¿No habrás sido capaz…?
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"Me dejaste la decisión, es más, te advertí que si le
llamaba me lo iba a pedir a cambio del de Elena" – se quedó pensativa y de
pronto sonrió relajada.
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"Me estás engañando, es mentira, si le hubieras dado mi
móvil me habría llamado inmediatamente"
-
"Muy colgado te piensas que esta de ti, eh?" – intentó
escabullirse.
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"No es eso, pero estoy segura que no habría dejado pasar
dos días"
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"Bueno, si se lo he dado o no lo sabrás en unos días" –
de nuevo se puso seria, parecía preocupada.
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"Joder Mario, no debías habérselo dado"
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"Me provocaste, reconócelo" – estaba disfrutando, ahora
sabía por su reacción que era menos reacia de lo que en principio quería dar
a entender.
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"Pero pensé que sabrías parar"
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"No cielo, pensaste que no tendría cojones de hacerlo" –
me sorprendí a mi mismo empleando una expresión que jamás uso.
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"Así que lo has hecho por cojones, por quedar por encima
de mi"
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"En absoluto" – me miró con esa mirada que me desarma,
sus cambios continuos me tenían desconcertado, no sabía por dónde seguir,
ahora parecía intentar seducirme, su escote ahuecado frente a mí, de una
manera deliberada, era un gesto medido para debilitarme.
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"Entonces…" – su voz era sugerente, suave, mimosa – "…por
qué lo has hecho?" – podía ser una estratagema para sonsacarme, pero
arriesgué.
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"Porque me excita pensarlo" – se acercó más a mí, tome su
mano en la mía.
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"Pensar en qué" – clavamos la mirada el uno en el otro.
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"En que hables con él"
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"¿Solo hablar? – me levanté de la mesa y ella me siguió,
la tomé de las caderas, Carmen rodeo mi cuello con sus brazos, nuestras
bocas casi se rozaban.
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"No, solo hablar no, me excita imaginar que…" – me
detuve, no sabía como enfocarlo sin excederme.
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"que…" – pegó su pubis a mi cuerpo, sus uñas surcaban mi
nuca.
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"Me excita imaginarte con él"
Carmen pegó su mejilla a la mía, su voz sonó muy cerca de
mi oído, mi mano derecha descendió desde sus riñones y se coló por la
cinturilla elástica del pantalón, palpé sus nalgas y en un movimiento rápido
me colé por la cintura de sus bragas, sus nalgas desnudas mandaron una
descarga de excitación a todo mi cuerpo, mi mano izquierda subió por debajo
de su jersey acariciando su espalda desnuda.
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"¿Con él? ¿cómo?" – el olor de su aliento en mi rostro se
convirtió en un potente afrodisíaco.
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"Como en Sevilla"
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"¿Bailando?" – seguía jugando conmigo, sabía que en las
distancias cortas me tenía ganado.
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"No, abrazada a él, te imagino en el sofá del salón, en
sus brazos… y él… su mano… otra vez entrando por tus muslos"
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"¿Aquí, en casa?"
Su voz mimosa, sugerente… sus labios rozando mi oído al
hablar y su aliento me excitaban inconteniblemente. Mi mano buscaba entre
sus nalgas, Carmen arqueó los riñones y separó las piernas lo suficiente
como para permitirme alcanzar su coño desde atrás, cuando mis dedos se
abrieron paso entre sus labios se apretó mas a mí, un suspiro profundo se
escapó de su boca.
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"Si, en casa" – acariciaba su espalda con la mano
izquierda mientras sentía el movimiento que su pubis hacia contra mi cuerpo,
ejecutando una lenta danza.
-
"¿Y tú?" – nuestras voces apenas eran un susurro, nos
hablábamos al oído.
-
"Frente a vosotros, mirándoos"
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"¿Con Elena?" – supe de inmediato que le excitaba la idea
de verme con otra mujer, y me prometí usar esa historia en el futuro, pero
no ahora.
-
"Quizás, si"
Hicimos el amor como dos desesperados, tejiendo una fantasía
en la que Carlos la desnudaba frente a mí y Carmen le hacía el amor con esa
pasión que, cuando se desata, la vuelve insaciable.
Al día siguiente pasé toda la mañana con el móvil en la mano,
tecleando el número de Carlos y cancelando antes de llamar, la tensión me tenía
permanentemente excitado, apenas hice nada en el despacho.
Por fin, a la una de la tarde, tecleé el número por enésima
vez, me quedé ensimismado mirándolo escrito en mi móvil, con el pulgar sobre el
botón de llamada como si esperase que el dedo actuase solo y me liberase de
tomar la decisión.
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"Hola Mario"
-
"¿Qué tal? Oye, estuve charlando con Carmen, como te
dije, y… bueno, toma nota" – el corazón empezó a bombear violentamente ante
una decisión que podía cambiar el rumbo de nuestras vidas.
-
"¿Le has dicho que la voy a llamar o solo la has
sondeado?"
-
"Le comenté que me habías pedido su teléfono, no dijo
nada pero tampoco puso pegas"
-
"Gracias Mario, de verdad, gracias"
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"No hay por qué, espero que la disfrutes" – aquella frase
no pensada era más de lo que me creía capaz de decir, aunque reflejaba en su
totalidad mis deseos, quería que la disfrutara, deseaba que aquel número de
teléfono se convirtiera en la vía que reavivara el fuego que se encendió en
Sevilla y que no se había apagado del todo en Carmen.
…..
-
"¿Dígame?"
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"Buenos días Princesa"
Antes de que pudiera reconocer quien la llamaba su cuerpo
reaccionó a los estímulos que provocaba esa voz; En un instante se encontró en
la habitación del hotel de Sevilla, recién duchada, hablando con Carlos y
cediendo al morbo que le produjo desvelarle su desnudez. Una intensa y agradable
sensación se extendió por todo su cuerpo como una oleada.
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"Vaya, qué sorpresa" – atinó a decir.
-
"¿No esperabas mi llamada?"
-
"Si, claro, Mario me dijo, pero… en fin, me ha cogido
desprevenida"
-
"¿Cómo estás?" su voz sonó dulce, tierna y Carmen, tan
sensibilizada en los últimos días por la situación que atravesaba se sintió
por fin arrullada, protegida.
-
"Bien, algo cansada, tenemos mucho movimiento en el
gabinete"
Le contó, sin entrar en detalles, los planes de crecimiento y
la propuesta que estaba encima de la mesa, Carlos se alegró sinceramente y le
dio varios consejos que ella valoró, tanto por lo que le aportaba como por lo
que suponía de apoyo personal, ese apoyo que no encontraba en mi.
En aquella conversación Carmen se volcó como había deseado
hacerlo conmigo, soltó toda la tensión, todas las dudas; Esa necesidad de poner
en palabras los problemas y las decisiones aun no tomadas que había estado
reprimida por mi absurdo comportamiento encontró su cauce en Carlos. Omitió
contarle la presión a que la sometía Roberto y sus concesiones, de las que
todavía se avergonzaba.
-
"Bueno, creo que debemos seguir trabajando, yo tengo una
reunión dentro de diez minutos y tu seguro que tienes mucho que hacer"
-
"Me ha venido muy bien desahogarme contigo Carlos, siento
haberte usado de confesor"
-
"Te agradezco enormemente que hayas tenido esa confianza,
y me encantaría poder seguir echándote una mano, ¿Te apetece que te vuelva a
llamar?"
Carmen calibró la respuesta rápidamente, ¿Qué si le apetecía?
¡Por supuesto que si! Aquella conversación que tanto había temido se había
convertido en lo más placentero y relajante que había obtenido en los últimos
tiempos, se sentía mucho más segura y relajada.
-
"Claro, si estás dispuesto a aguantar de nuevo mis
neuras"
-
"Soy psicólogo, estoy acostumbrado a tratar con
psicópatas" - dijo bromeando – "lo único… dime a qué horas es prudente que
te llame, supongo que a las once de la noche no es una buena opción
¿verdad?" – su tono jovial, sus bromas sencillas ayudaban a mantener un
ambiente distendido.
-
"No, no es una buena opción, hasta las seis y media suelo
estar trabajando, si no puedo cogerlo te mandare un sms"
-
"Entonces, hasta mañana señorita" – Carmen sonrió
-
"Señora, no lo olvides"
-
"Lo olvidaba, es que cuando estoy contigo parece que no
hay tiempo, ni espacio… ni marido" – ambos rieron,
-
"No creo que estuviera muy de acuerdo en eso… "- estuvo a
punto de pronunciar mi nombre pero reaccionó a tiempo – "…mi marido"
-
"No, no lo creo; Un beso Carmen"
-
"Un beso"
Colgó el teléfono y se sintió mejor de lo que recordaba en
mucho tiempo, Carlos era una especie de oasis en medio de la soledad en la que
vivía entre el asedio de Roberto y mi ceguera ante sus problemas; Le había
resultado sorprendentemente sencillo hablar y confiarse con él.
Se mantuvo aun diez minutos reposando en su sillón,
jugueteando con un bolígrafo y dejándose mecer por la agradable sensación que la
embargaba.
La llamada diaria de Carlos se convirtió en uno de los
mejores momentos de cada jornada, durante esos minutos Carmen le ponía al
corriente de los avances del proyecto, le consultaba sus dudas, exponía ante él
sus alternativas… y Carlos sabia escuchar, tenía una rara habilidad para hacer
que fuera ella misma quien encontrase la decisión adecuada.
Pero no solo hablaban de trabajo; Música, cine, actualidad,
todo era un motivo para charlar relajadamente, para escucharse el uno al otro.
Y de vez en cuando, aisladas en el conjunto de una
conversación agradable, pequeñas pinceladas subliminales que le recordaban que
un día besó sus labios, acarició sus pechos y rozó el límite que la hubiera
llevado a acostarse con él. Al principio Carmen ignoraba estas gotas de erotismo
implícito y continuaba la conversación como si no hubiese captado el sentido de
una palabra o de una corta frase, pero al cabo de pocos días sintió el impulso
de dejarse querer un poquito.
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"Me imagino el brillo de tus ojos ahora mismo" – dijo
Carlos después de que una broma la hiciese reír.
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"Bah! No creo que te acuerdes ya de como soy" – soltó esa
frase casi sin pensarla, inmediatamente se dio cuenta de que parecía una
incitación a continuar, pero no se sintió mal por ello.
-
"Tengo grabado en mi memoria cada rasgo tuyo, el olor de
tu pelo… tengo registrado en mis manos el movimiento de tu cuerpo al bailar,
la suavidad de tu piel y… algunas otras sensaciones que son imborrables" –
Carmen calló, hasta ahora había salido del paso evitando la respuesta y
regresando a la conversación que mantuvieran en ese momento, nunca hasta
ahora la insinuación de Carlos había sido tan explícita y nunca hasta ahora
se había sentido tan dispuesta a dejarse acariciar por sus palabras.
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"¿Tan poco tiempo da para tanto recuerdo?"
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"Apenas fue una fracción de segundo y te puedo asegurar
que las yemas de mis dedos aun conservan vivo el tacto de… el calor…" – la
prudencia de Carlos al detener la frase le pareció de una delicadeza
extrema. Había mencionado sin pronunciarlo el acto más intimo que habían
compartido.
El silencio se instaló entre ambos, a través de la línea
se cruzaban pensamientos no dichos, deseos silenciados; Fue Carlos quien
rompió aquella intensa pausa.
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"Carmen, contéstame con sinceridad, si aquella noche no
hubieran aparecido Mario y Elena ¿Qué habría sucedido?"
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"No lo sé Carlos, pasaron muchas cosas aquellos días".
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"Pero… si no nos hubieran interrumpido…"
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"Posiblemente habríamos hecho algo de lo que más tarde
nos hubiéramos arrepentido"
-
"No lo entiendo Carmen, ¿Qué te ocurre conmigo? Por una
parte pareces estar cómoda, siento que te gusta que estemos juntos, pero
luego, cuando me acerco a ti es como si algo te frenase, le he dado tantas
vueltas a tu rechazo que he llegado a tener celos de Mario y de tus amigos
de Sevilla, ¿por qué yo no tengo un hueco en tu vida, como ellos?"
Carmen dejó de escuchar, desde que había reanudado el
contacto con Carlos jamás había recordado la farsa que Mario y ella habían
montado; ahora veía que aquella imagen de mujer infiel, liberada y promiscua se
volvía en su contra si lo que quería era tener a Carlos por amigo; Maldijo el
momento en el que se inventó aquella historia absurda de la orgia en Sevilla.
-
"¿Estás ahí? Dime algo por favor" – Había perdido el hilo
de la conversación que Carlos mantenía sin imaginar su ausencia.
-
"Sí, estoy aquí"
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"¿Entonces?" – no tenía ni idea de lo que había dicho y
tuvo que improvisar.
-
"Mira, apenas me conoces, hay un cúmulo de
contradicciones en mi interior, además no estoy pasando mi mejor momento y
lo que de verdad necesito ahora mismo es un amigo" – un silencio que se le
hizo inacabable respondió a su frase.
-
"Claro, lo entiendo, tan solo dime que quieres seguir
teniéndome cerca" – Carmen respondió sin dudar ni un segundo.
-
"Si Carlos, claro que quiero"
-
"Dime otra cosa: sin fecha, sin compromisos… ¿tengo
alguna oportunidad contigo?" – Carmen se sintió desolada, al final lo que a
Carlos le importaba era follar.
-
"¿Quieres decir que si tienes alguna posibilidad de
echarme un polvo?" – se dio cuenta de la brutal dureza de su comentario,
totalmente desproporcionado.
-
"No he querido decir eso Carmen"
-
"No te disculpes, es lógico, si me acuesto con Mario, si
me voy a Sevilla con mi amante y además me follan en una orgia ¿por qué tu
no?" – su voz sonaba amargada, por primera vez usaba con él palabras
directas, fuertes y eso no pasó desapercibido para él
-
"Queda mal decirlo pero no creo tener ningún problema
para follar cuando y con quien quiera, no es eso lo que más me importa de ti
y creo que lo sabes"
-
"¿Si? ¿Y qué quieres de mi entonces?"
-
"Hay algo en ti que me tiene enganchado como nunca me
había pasado antes, te repito que tengo resuelta mi vida sexual sin grandes
problemas, de ti me atrajo desde el primer día algo más que tu figura; Eres
preciosa, tienes el cuerpo más increíble que recuerdo, pero por encima de
todo eso está tu mirada; Cada vez que tus ojos se clavaban en los míos era
como si me fallasen las fuerzas, no sé explicarlo mejor, es como si
cualquier cosa que pudiera decir estuviera fuera de lugar, tu ojos me
volvieron loco desde el primer día, tienen tantos matices, tantas formas de
mirar, tanto poder que sueño con ellos…"
Carmen escuchaba este monólogo sin poder reaccionar, sus
palabras era como una caricia en su alma magullada, siguió escuchando
palabras dulces, tiernas, cargadas de un erotismo delicado y de un arrebato
de emoción tal que rindió sus reproches.
-
"Bueno, esa mujer que describes desde luego no soy yo,
has idealizado a la chica que conociste hace ya unos meses y el paso del
tiempo y la distancia te han hecho magnificarla.
-
"Eso tiene solución; Si exagero, si lo que te he dicho es
producto de mi imaginación lo sabremos en cuanto te vuelva a ver, ¿cuándo y
dónde?
-
"Para, vas muy rápido, apenas llevamos charlando unos
días"
-
"Carmen, por Dios, un almuerzo, una sobremesa frente a un
café, no te estoy pidiendo nada más" – Se dio cuenta de que, de nuevo, la
discrepancia entre la mujer libertina que representó en Sevilla y la
mojigata que hablaba ahora era tan incongruente que no se explicaba sino era
a la luz de la falsedad de una de ellas; Intentó corregir el rumbo, no
quería que Carlos se sintiera manipulado ni engañado.
-
"Déjame que vea como están las cosas en el gabinete estos
días, buscaré un momento en el que no estemos con prisas" – temió que esa
frase diera pie a interpretaciones mas allá de lo que ella pretendía.
-
"Perfecto, lo dejo en tus manos"
Tras colgar, Carmen volvió a sentir esa cálida placidez que
la invadía cada vez que hablaba con Carlos; Relajada en su sillón del despacho
recorrió con su imaginación los días pasados en Sevilla, sus charlas en el
parque, sus traviesas incursiones por sus muslos, en su boca… ¿qué habría
pasado, cómo estaría ahora si aquella noche nadie hubiera interrumpido el avance
de sus dedos en su sexo? Sabía que no hubiera tenido fuerza para detenerle una
vez ahí y que si Carlos le hubiese sugerido ir a la habitación probablemente
habría mantenido una lucha consigo misma y probablemente la habría perdido.
Pero algo vino a devolverle la sensatez, algo que había
pensado muchas veces: El instante después, una vez consumado el momento de
pasión; Imaginaba su reacción, aun en la cama, haciéndose a la idea de haberme
engañado, de haber sido infiel.
Porque así se sentiría a pesar de saber que yo no solo lo
deseaba sino que la empujaba a hacerlo. Dudaba de mi propia reacción cuando
pasase de ser una fantasía a convertirse en realidad, no estaba segura de cómo
nos íbamos a sentir cuando ella se hubiese acostado con otro hombre, intentaba
imaginar el día a día juntos sin que aquello se convirtiese en un muro entre los
dos. Solo por eso estaba convencida de querer evitar situaciones peligrosas.
El teléfono la sacó de sus pensamientos, Roberto la traía
bruscamente al presente, salió del despacho y recorrió el camino hasta llegar al
suyo, abrió la puerta cuando éste ya salía a recibirla, hacía tiempo que ya no
llamaba a la puerta antes de entrar.
Roberto se acercó sonriente a ella y Carmen se preparó para
el asedio inevitable, dos besos en las mejillas, un regate para evitar sus
labios demasiado cerca de los suyos, una mano en su cintura, la otra en su
cadera apretando la cabeza del fémur y buscando ir más atrás… todo en apenas
unos segundos en los que Carmen dócil pero firme controlaba que las cosas no
fueran más allá de los limites que tácitamente había marcado.
Roberto la llevo hacia la mesa de reuniones sin quitar la
mano de su cadera, cada vez más abajo, estaba segura que el movimiento de su
cadera en la mano le excitaba, por eso buscaba siempre tomarla así cuando
caminaban hacia la mesa.
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"Tengo una sorpresa para ti" – dijo estrechándola hacia
él aprovechando para posar su mano en su nalga, sus dedos abiertos como una
garra apretaron su glúteo y siguieron amasando intermitentemente, Carmen
esperaba llegar a la mesa para deshacerse de él, pero Roberto se detuvo
antes de llegar allí, la tomó del hombro y la volvió hacia él sin retirar su
mano del culo, mantenía la carpeta como parapeto en su pecho, Roberto se la
arrebató de las manos y la dejó en la silla que había detrás, Carmen se
inquietó, sus brazos quedaron en una posición vacía de sentido al perder la
carpeta, parecía defenderse de él, Roberto tomo sus muñecas y las elevó
hacia su cuello, ella hizo algo de resistencia y comenzó a componer una
excusa pero al final reposaron sobre sus hombros, sin llegar a cruzarse por
detrás, Roberto de nuevo la tomo de la cintura, estaban excesivamente cerca,
su vientre rozaba el cuerpo de él.
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"Vamos Roberto, pongámonos a trabajar…"
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"El despacho 2 es tuyo" – Carmen olvidó su frase y
visualizó el plano en el que el despacho 2, el mejor del ala nueva,
destacaba sobre los demás; Recordaba su tamaño, su posición al lado de
Dirección, sus vistas… - "Creo que merezco un premio a cambio ¿no crees?"
Carmen tardó en reaccionar, apenas había escuchado sus
últimas palabras; Poseer ese despacho significaba algo más que ocupar un espacio
físico, indicaba su posición en el gabinete, vaticinaba su futuro en él; Las
manos de Roberto apresaban su cintura y vagaban libremente por su espalda y su
culo, la conducta de Roberto era ya tan explícita que no cabía ninguna duda, o
le detenía o, si le dejaba continuar, ya no tendría excusas para pararle en el
futuro.
Roberto percibía cada duda de Carmen y las aprovechaba para
conquistar terreno, se aproximo aun mas y rozó su boca con sus labios, el primer
pensamiento de Carmen fue absurdo, sintió que no era tan diferente a cualquier
otro beso, lo segundo que se le vino a la cabeza no fui yo sino Carlos
besándola; Al no detectar rechazo Roberto convirtió aquel leve roce en un beso
que presionaba en sus labios buscando un resquicio por donde colarse, sus mano
izquierda apretaba su espalda contra él, rozando el broche de su sujetador
mientras su mano derecha apretaba su culo pegándola a su pubis, Carmen aun tenía
sus brazos alrededor de su cuello aunque estaban laxos.
Dos estímulos la sacaron de su pasividad: la lengua de
Roberto pugnando por entrar en su boca y la mano que se doblaba entre sus nalgas
intentando introducirse entre ellas arrastrando la falda hacia arriba. Carmen
apoyo sus brazos en el pecho de Roberto haciendo palanca y se separó con firmeza
pero sin violencia.
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"Si vuelve a suceder algo así, presento la renuncia" –
Roberto sonrió con incredulidad sin acabar de soltarla, la mano que sujetaba
su espalda se dirigió a su axila, cerca de su pecho, Roberto fue a decir
algo, pero estaba decidida – "La puedes tener en tu mesa en diez minutos" –
Carmen no luchaba, no hacía falta, su mirada no dejaba lugar a dudas,
Roberto pareció debatirse entre su libido excitada y su sensatez, por fin la
soltó y le hizo una seña hacia la mesa.
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"Eres una ingrata… venga, sigamos con lo que tenemos
pendiente"
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