Reflexiones
"La verdad, no sé que le encuentras a esta comida,
no sabe a nada"
Mi amigo Fidel había aceptado mi invitación en un
conocido restaurante vegetariano cercano a Las Cortes, no era la primera vez que
le comentaba los placeres de este tipo de comida y por fin, sin que yo me lo
esperara, aquel día decidió probar con cierto aire fatalista, como quien se
dispone a vivir un gran sacrificio.
Al escuchar su frase le miré a los ojos; Fidel,
engullidor habitual de hamburguesas bien bañadas en kétchup y mostaza,
aficionado a las pizzas, al chorizo frito y a las "bravioli", bebedor de
cervezas, "cubatas" y chupitos, en cuestión de vinos tiene por meta el
Valdepeñas, más allá de eso su umbral de percepción no distingue matices.
Fidel tiene el paladar en overbooking permanente,
saturado a tal punto que cada vez necesita más picante, mas sal y mas mostaza
para sentir, es algo así como cuando te metes en una discoteca en la que apenas
puedes oír de tanto ruido como satura tus oídos.
No me extrañó, pues, que aquella deliciosa comida,
un autentico paisaje de sabores, colores y aromas, pasase desapercibido a su
maltrecho paladar, su umbral de percepción está tan alto que esos matices tan
delicados apenas rozan sus papilas gustativas.
Si supiera, - pensé-, si supiera lo que se pierde
por querer saborear demasiado y demasiado deprisa, si supiera que esa
satisfacción urgente de sabores estridentes le está haciendo perderse el
autentico placer de saborear lentamente, de recorrer con su paladar una melodía
de texturas y sabores inéditos que se mezclan entre sí creando nuevas
combinaciones…
¿Qué le podía decir? ¿Cómo explicarle a un ciego
los asombrosos matices de colores que pueden surgir en veinte minutos de puesta
de sol?
Miré a Fidel, le sonreí y seguí comiendo.
"sinceramente creo que podrías seguir hasta el día
del juicio final, y no pasaría nada en tu historia."
Leí hace unos días esta frase que me dedica un
lector, y me dejó perplejo, podría entender que no le guste mi historia, que le
parezca, - como me han dicho otros -, pura invención, pero que alguien después
de leerla piense que en ella no pasa nada…
¿Cómo explicarle?
Me dirigí a su perfil para intentar conocerle e
incluso leí alguno de sus relatos.
Y ciertamente, en ellos si pasa mucho, desde el
primer capítulo y en todos ellos, mucho, en mucha cantidad y en mucha
intensidad, nada de "in crescendo" ¿para qué perder el tiempo? Al grano.
Y miré su ranking de lectores. 10.000 8.000
No intento hacer una crítica, no podría hacerlo
cuando le avalan tantos lectores satisfechos; Tiene un público que no es, -
¡gracias a Dios! -, el mío y al publico ante todo hay que respetarle aunque solo
sea por aquel paradigma del marketing: "diez mil millones de moscas no pueden
estar equivocadas, coma Vd. mierda", (¿O es el paradigma de la televisión
actual?)
Aunque si me voy a permitir una puntualización: Al
igual que no le critico a Fidel su compulsiva afición a acaparar colesterol, no
le voy a criticar a mi descontento lector su superávit de testosterona, yo no le
diré cómo debe escribir, su público ya lo hace.
A cambio, tampoco le aceptaré que me diga cómo debo
hacerlo yo, primero porque mis lectores ya me lo dicen y segundo porque,
hablando idiomas tan diferentes, sus consejos carecen de "sabor" para mí.
Las críticas siempre, siempre, son bienvenidas, me
ayudan a mejorar la redacción, a recuperar el ritmo si es que ha decaído e
incluso a explicar mejor detalles que para mí son evidentes por conocidos y que
mis críticos me hacen ver que no supe explicar correctamente.
Pero que alguien diga que en mi diario "no pasa
nada" delata tal atrofia de "paladar" que… mejor sonrío… y sigo escribiendo.