Tras un mes de correos y largas charlas en el Chat, por fin,
quedamos. Cenamos y sorprendentemente para mí, nos fuimos a ver una película en
un cine. Esta era horrible y yo estaba deseando que terminase para ver si
llegábamos a lo que yo pensaba que a los dos nos interesaba. Por fin, al
finalizar la proyección, me dijo que la siguiese hasta el parking subterráneo
donde ella tenia aparcado su coche. Cuando llegamos a este, me ordenó que
entrase en él y me sentase en uno de los asientos traseros. Lo hice. Ella
también entró y colocándose a mi lado, empezó a besarme y desabrochar mi camisa,
acariciando mi pecho. Eso me excitó terriblemente y mi miembro creció a una
velocidad inusitada. Ella me dijo que colocase mis manos tras mi nuca y yo,
obedientemente, lo hice. Desabrochó mi bragueta y sacó mi pene, comenzando a
acariciarlo con sus manos, intercalando algunas veces succiones con su boca.
Después, cara a mí, se sentó sobre mi pelvis, separando sus piernas. Bajo sus
bragas, arremangándose la falda que vestía e introdujo mi pene en su sexo,
haciéndome correrme rápidamente, sin dejar de besarme. En ningún momento quite
las manos tras mi nuca, como ella me había ordenado. En cuanto notó que me había
llegado el orgasmo, se quieto de encima de mi, ordenándome que dejase su
vehiculo. Lo hice, rogándole que me permitiese darle placer, pues ella no había
alcanzado el orgasmo. Riendo, se sentó en el asiento del conductor, diciéndome
que a ella no le correspondía aun y dejándome sorprendido por lo que escuchaba,
salió rápidamente con su coche de aquel aparcamiento.
Días después, volvió a contactar conmigo, dándome una
dirección y una fecha. Me dijo que yo debía admitir todas las exigencias y
peticiones que recibiese, si quería volver a verla. Yo acepte sin excusas
Nervioso, esperé que llegase el momento indicado. Cuando por fin se realizó la
fecha, me presenté puntual en la cita. Pulsé el timbre del piso que ella me
había indicado y la puerta del portal fue abierta desde este. Subí ya muy
excitado en el ascensor y cuando llegue a la planta, encontré la puerta abierta.
-¡Hola!, -dije tímidamente. Sorprendido, escuché una voz
masculina que me invitaba a entrar en el domicilio.
-Hola. Pasa, por favor.
Estuve a punto de dar media vuelta y largarme de allí,
huyendo, pero la deseaba demasiado. Entré
El hombre estaba vestido elegantemente en un sofá. Ella no
estaba.
-Vienes buscándola, ¿verdad?, -preguntó.
-Si.
-Pues si la deseas, recuerda que debes aceptarlo todo.
De nuevo volví a pensar en salir huyendo, pero no lo hice y
contesté de nuevo.
-Si, lo recuerdo.
-Pues entonces, desnúdate.
Vencí mi miedo y mi vertiente sumisa afloró. Me quité todas
mis ropas. Él se puso de pie entonces, me colocó un collar negro de cuero y unas
esposas en mis muñecas. Me ordenó entonces que me arrodillase. Obedecí. Fue
entonces él el que se desnudo. Puso una cadena en mi collar .Sonriendo, la paso
por entre sus piernas. Se sentó de nuevo en el sofá y comenzó a estirar de la
cadena, haciéndome acercarme cada vez más mi rostro a su pelvis. Su pene estaba
erecto. Cuando mi cara se encontraba a un palmo de su miembro, tapo mis ojos con
una venda.
-Mas vale que abras bien la boca, -dijo jocosamente, -o te la
meteré por otro lado.
A ciegas, la abrí todo lo que pude. De repente mis labios
tocaron su pene. Me sorprendió encontrarlo caliente, no como esos falsos que
había mamado otras veces, siempre de amas. Intenté cumplir mi cometido. Oí sus
gemidos, note como se excitaba, sentí sus movimientos y cuando espié la llegada
de su semen, dejo caer mi cadena y se levanto del sofá. Entonces se colocó
detrás de mí. Note entonces sus dedos lubricando mi ano. Separó entonces mis
nalgas. Sentí entonces su caliente miembro en mi culo. Me agarró por la cintura
y me penetró violentamente. Unos minutos después, el semen brotó e inundo mi
ano.
Me quitó la venda de los ojos, se sentó de nuevo en el sofá y
riendo, dijo.
-Ven, ya puedes salir.
Se abrió una de las puertas y ella apareció. Estaba
totalmente desnuda y solo lucia collar como el que él me había puesto. Se acercó
a nosotros. La mire a los ojos. Ella, sumisa, dirigía la suya al suelo. Vi en su
espalda mascas de recientes azotes.
-Tómalo. Haz lo que quieras con él. -le ordenó, pero procura
que él disfrute también un poco. Me ha gustado.
-Si, amo, -contestó ella. Cogió mi cadena y me llevó a la
habitación de donde ella había salido. Fijó mis manos con unos grilletes en unos
ganchos en la pared y tras besarme, me dijo.
-Ya sabes lo que tienes que hacer para ser mío. Él es mi
dueño y por lo tanto tuyo también.
Entonces cogió un látigo, se separo unos metros de mí y
comenzó a azotarme……