En una cervecería de la ciudad estaban los tres amigos:
Octavio, Marco y Magdalena. Estos dos últimos llevaban un buen tiempo siendo
pareja, de aquellas sólidas y estables. Era un viernes normal y todo fluía
naturalmente entre nuestros protagonistas, que dicho sea, disfrutaban en una de
las tantas mesas mientras la gente con sus conversaciones hacía un gran alboroto
en el local. Magdalena se paró y mirando a los dos hombres dijo que iría al baño
y que tendrían que extrañarla por un par de minutos. Seguido a esto, dio media
vuelta y partió caminando rumbo al excusado de mujeres.
— Ya me está doliendo mucho salir con ustedes dos —dijo
Octavio mientras miraba a Magdalena caminando al baño— Con todo respeto querido
amigo, pero su mera presencia me pone a mil.
— Descuida, —respondió Marco— que bien sabes cómo pensamos
con Magda, no tenemos rollos ni con los piropos, ni con otras cosas.
— Es que tu mujer me pone demasiado caliente, incluso hoy me
cuesta mucho evitar ponerle las manos si está muy cerca.
— ¿Prefieres entonces que nos cambiemos de lado?
— No te preocupes, que me aguanto.
— Dale Octavio, no hay problema. Ahora explícame por qué
Magda te ha calentado tanto ahora último.
— Ayer pensaba sobre eso y llegué a que, mira a nuestro
alrededor, ¿hay muchas mujeres buenísimas no? Resulta que Magda está buenísima
también pero tiene un plus: Tú me has contado varias veces que tu mujer folla
demasiado bien, que se mueve rico, que se lo come bien, que incluso su concha
sabe y huele rico.
— Cierto —dijo Marco— en ese punto Magda está sobre casi
todas, una mujer sexy tiene muchos puntos, pero cuando se junta a la
inteligencia, se vuelve inalcanzable.
¡Salud por ello!
—¡salud! Dijeron ambos mientras tomaban el resto de sus
cervezas.
Más tarde, camino a casa, Marco le decía a Magdalena:
—Octavio se ha vuelto loco por ti y ya le cuesta reprimir sus ganas ¿lo notaste
extraño hoy?
— Toda la razón mi amor, él estaba muy extraño, parecía que
sus ojos se le escapaban a mis manos y mis piernas, incluso parece que estaba
muy pendiente de la cercanía. Debo admitir que me gusta mucho tener tanta
atención por parte de tu amigo, siempre y cuando no te moleste.
— No me molesta, para nada, todo lo contrario.
Dicho esto, la pareja guardó silencio y entró al edificio
donde tenían su departamento.
Entraron tomados de la mano y como siempre aprovechaban la
demora del ascensor para besarse entre abrazos.
— ¿Cómo es aquello de que no te molesta que Octavio me mire y
que incluso es todo lo contrario?
— Es que siempre has sido una Princesa, te ha gustado estar
en la cima y obtener todas las miradas, te gusta que te traten con gusto todos
los hombres, incluso me atrevería a decir que te encanta descubrir en sus
miradas el deseo.
— Tienes toda la razón, es algo que viene en mí y que como te
he demostrado siempre, no tiene relación con que te ame menos o que pueda ser
proclive a serte infiel, sabes que eres todo Marco. Pero explícame tu gusto por
todo esto.
— Así como en tu chip programado venía el gusto por ser la
princesa,— dijo Marco— en el mío venía el ser un príncipe y adoro que te miren,
adoro sentir el deseo de otros hombres hacia la mujer que poseo y me ama.
Incluso, si no te parece muy extraño, me atrevo a decir que me excita muchísimo
imaginar que les das a probar un poco de ti.
Entraron ambos al ascensor y Magdalena apretó rápidamente el
botón para cerrar las puertas, cuando empezaron a subir, empujó a Marco contra
la pared y le dio un súbito beso, su lengua se movía como nunca, la saliva más
agradable que nunca. Mientras las manos de su hombre bajaban de la espalda a su
cola y empezaban con un rápido toqueteo, ella con su mano derecha buscó el pecho
de Marco y luego bajó hasta tomar su falo debajo del pantalón mientras decía:
— Pero qué caliente mi amor ¡qué sorpresa me has dado! Me
encantas, me encanta que veas las cosas como yo. Te amo, siempre supe que mi
hombre no debía sino entender mi forma de vivir. A mi me calienta mucho pensar
que tienes fantasías de ese tipo, puedo hacer lo que quieras con tal de tenerte
feliz.
—¿incluso exacerbar mis fantasías? —Preguntó Marco— ¿incluso
eso?
—Es que eso he querido siempre, no habíamos tenido
oportunidad de comentarnos este morbo sexual. Me encanta imaginar que estás con
otras chicas si así yo te lo pido, me encanta imaginar que lo hago con algún
hombre si tú así lo quieres, me caliento demasiado.
Sonó el ascensor, habían llegado al piso correspondiente a su
departamento cuando a Marco se le ocurrió una brillante idea: Invitar a Octavio
para que les visitara esa misma noche.
Con la excusa de juntarse a conversar sobre la vida mientras
encargaban algo de comida cantonesa, Octavio llegó esa noche que por ser verano,
estaba muy cálida. No traía más que unos jeans y una polera delgada. Cuando
entró al departamento las cosas no eran muy distintas respecto a la temperatura
ambiental y la ropa de sus amigos pues ambos tenían el hábito de andar descalzos
en su hogar, la diferencia estaba en que Marcos ocupaba un largo pantalón de
hilo y polera, mientras que Magdalena llevaba un corto y delgado vestido con un
diseño floral que se repetía desde la mitad de sus muslos hasta el escote.
— ¿Cómo está la comida? Que ya la huelo exquisita —dijo
Octavio sentándose en uno de los sillones—
Magdalena salía del pasillo con unas copas en la mano y
mientras reía por el comentario, las puso en la mesa. Le explicó a su amigo que
no habían tenido el tiempo para preparar la comida y que por eso tendrían que
encargarla a domicilio.
— Se nos fue el tiempo entre besos, fue sin quererlo.
¿podrías pedirla, Octavio, mientras nosotros seguimos preparando todo? El menú
puedes elegirlo tú, el número está en la agenda del teléfono.
Magda apuntó el lugar donde tenían instalado el aparato
telefónico y luego volvió a perderse en el pasillo.
En la cocina Marco la tomó de la cintura y le besó con
frenesí. Ella correspondió como siempre, pero mostrando mucha más excitación,
gemía levemente en el oído de su amado. Le quitó una mano de su cola y la puso
en su entrepierna. Marco se sorprendió e inmediatamente la empujó contra la
pared de la cocina, estaba vuelto loco besándole la boca cuando le dijo:
Caliéntalo como tú quieras hoy, quiero ver cómo lo haces.
—Yo estoy dispuesta a todo —dijo Magdalena—, siempre y cuando
pueda ver que te da mucho morbo el mirarme haciéndolo. Si quieres algo, tendrás
que propiciarlo tú, yo seguiré tu guía, mi vida.
La pareja tomó las cosas necesarias y juntos las llevaron al
comedor para ver cómo se desarrollaba el resto de la cena con Octavio.