Cariño, ponte el conjunto blanco y verde de Milán, sin ropa
interior, ¿te apetece ir al cine?
Claro, mi amor, como tú quieras.
Esa fue la conversación que mantuvimos mi marido y yo a media
tarde.
El conjunto verde y blanco de Milán, es un conjunto que me
trajo de un viaje a Milán y que consiste en una chaquetilla de manga larga, que
se abre por el frente mediante corchetes y una mini minúscula que se abre,
igualmente, por el frente y mediante corchetes, con lo cual tanto la mini como
la chaquetilla se pueden abrir en un santiamén. Llevar esa mini sin ropa
interior es igual o casi a ir desnuda, al menor descuido deja ver el sexo y el
culo, no puedes inclinarte lo más mínimo pues tus nalgas quedan a la vista y
desde luego al sentarte te sientas sobre las nalgas desnudas, sin posibilidad
alguna de sentarte sobre la tela de la mini.
Mi marido no me lo dijo pero lo de ir al cine así vestida me
hacía imaginar que le apetecía tener una tarde de sexo, morbo y exhibicionismo
en el cine.
A media tarde pasó a recogerme a casa y nos fuimos a uno de
los cines porno, que conocíamos.
La película había empezado si bien eso es lo que menos
importaba. Nos sentamos y enseguida mi marido me dijo que se la chupara, lo que
hice arrodillándome en mi butaca e inclinándome hacía él y dejando, en
consecuencia todo mi trasero y sexo a la vista de cualquiera que estuviera a
nuestra derecha y mirando en nuestra dirección. En esa situación había varios
hombres, que al vernos entrar se habían colocado cerca de nosotros, pues una
mujer en un cine porno no es habitual y cuando se da ese caso, los hombres
suelen acercarse por si pueden ver algo más que lo que ven en la pantalla.
Sentí como se sentaba alguien justo en la butaca que había al
lado de la mía, sabía que aún en la media penumbra del cine ese alguien podía
ver perfectamente mi culo y mi sexo, pues la mini que llevaba, en la postura en
la que estaba, no cubría absolutamente nada. Sentí a mi marido inclinarse hacia
mí y acariciarme el sexo y mientras le chupaba y me acariciaba sentí otra mano
que me acariciaba las nalgas para pasar después a acariciarme tanto el culo como
el sexo y un dedo que se introducía en mi intimidad. Seguí mamando a mi marido
sintiendo su polla dura y temblando en mi boca; antes de que se corriera me
levanté y me senté encima de él, dándole la espalda, me introduje su polla
ardiente en mi coño y subí y bajé sobre ella. Miré a mi derecha y vi al hombre
que había metido el dedo en mi coño, al mismo tiempo pude observar como todas
las butacas a mi derecha, detrás y delante de nosotros estaban ocupadas y
ninguno de los hombres que las ocupaban estaban mirando la película sino que
miraban directamente hacia nosotros. En la butaca de delante, vuelto hacia mí,
estaba un hombre, relativamente joven, vestido con traje y corbata, lo cual me
hizo suponer que era un ejecutivo, de visita en la ciudad, que había ido al cine
a pasar un rato hasta que se hiciera la hora de ir a cenar. Mirándole
directamente a los ojos, me abrí la chaquetilla de un tirón, dejando mis pechos
completamente al descubierto, invitándole a tocarlos, invitación que no se hizo
repetir e inclinándose todo lo que pudo sobre el respaldo de su butaca, se
dedicó a acariciarme mi pecho izquierdo mientras el derecho lo era por el que me
había acariciado antes.
Antes de que mi marido llegara a su orgasmo me corrí yo,
aguardando a la corrida de mi marido, el cual aguantó poco más y sentí como su
semen golpeaba el interior de mi coño, apreté mis músculos vaginales para
retenerle dentro todo el tiempo que pudiera, pero no tardó mucho en deslizarse
de mi interior.
Sabía que mi marido me quitaría de encima de él para que me
follara algún otro y fue el que estaba a mi lado que no había dejado de
acariciarme mientras follaba con mi marido y me acariciaban el que me sentó
encima suyo clavándome su polla hasta el fondo de mi mojado y dilatado sexo,
mientras me follaba no dejaba de magrearme los pechos sin dejar ni uno para otro
de los que estaban alrededor. Me dejé ir al morbo y excitación de la situación,
follada por un desconocido, siendo observada por varios hombres que se habían
sacado sus pollas y se estaban masturbando en mi honor, me puso tan caliente,
tan morbosa, con tantas ganas de sexo que me corrí dos veces antes de que mi
follador ocasional soltara todo su leche en mi interior, noté por la cantidad de
leche que soltó y la fuerza de su primer chorro que debía hacer tiempo que no
follaba. Cuando dejó de soltar leche en mi interior me levanté y me acerqué al
que me había acariciado el pecho delantero mientras mi marido me follaba y le
dije que me follara. Oírme decirle eso y agarrarme por la cintura y al peso
hacerme pasar por encima del respaldo de su butaca fue todo uno, me dejó sentada
sobre su polla clavándomela bien honda, subí y bajé sobre la polla de mi
follador emitiendo pequeños y suaves gritos de placer, mientras él me acariciaba
el clítoris. Me corrí y paré mis subes y bajas sobre su polla, él, sabiendo
hacer, se quedó quieto unos instantes, dejando que mi orgasmo reposara, pero
enseguida fue él quien se empezó a mover, en un mete y saca de su polla que le
hizo llegar a un orgasmo en poco tiempo y a llenarme el coño de leche. Salí de
él, me abroché la chaquetilla y salí por la fila de butacas hacia el pasillo,
salida hacia el pasillo en la cual no menos de diez manos me tocaron culo y
sexo.
Salí del cine sin echar la vista atrás, segura de que mi
marido venía detrás de mí.
Al salir del cine, me dijo: "Cariño, como siempre te has
portado como una putita encantadora y complaciente."
"Algo que te encanta y te calienta, cielo mío", le respondí y
nos fuimos a cenar para celebrar nuestra tarde de sexo, morbo y exhibicionismo
en el cine