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TODORELATOS » RELATOS » C.D. LOS TILOS (7: UN GRAN AUSENTE)
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 TODORELATOS.COM Fecha: 10 de Octubre, 2008.
Fecha: 03-Jul-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6347 de 6533)

C.D. Los Tilos (7: Un gran ausente)

Hector Richvoldsen
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Lo peor de lesionarte el brazo derecho no es perderte el resto de partidos, precisamente... Aunque siempre habrá alguien dispuesto a echar una mano, en el sentido más literal de la expresión. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Gabriel y su brazo en cabestrillo eran la gran atracción del entrenamiento de esa tarde. Se presentó a la hora normal, aunque vestido con una camisa y unas bermudas, era obvio que no estaba en condiciones de jugar. Comentó que estaría de baja unos quince días, y que para evitar males mayores lo mejor era que ni siquiera entrenara esos días. A Rafael le hizo una faena, pues Gabriel era de los fijos en la alineación, y para afrontar los dos últimos partidos venía muy bien un jugador como él, que le echara cojones, pero tuvo que resignarse. No era plan de agravarle al pobre chico la lesión.

Se sentó en uno de los banquillos a ver como el resto entrenaba, no tenía nada mejor que hacer aquella tarde y se le había ocurrido una idea para arreglar un pequeño asuntillo... A mitad del entrenamiento le comentó al entrenador que ir un momento al vestuario, y que le hacía falta que alguien le acompañara. Rafael dio su autorización y Gabriel se lo dijo a Eloy, que en vista de que llevaban media tarde corriendo y sin tocar un poco de balón ni siquiera hizo preguntas. Suponía que sería para ir al baño o para coger algo, pero lo que fuera con tal de descansar un rato.

-¿Qué quieres? –Le preguntó Eloy al llegar al vestuario, en vista de que Gabriel aún no se lo había explicado.

-Pues es que me dejé el otro día una camiseta en la taquilla, y con la mano así no puedo abrir bien la puerta, está jodida y hay que tirar fuerte.

-Joe, ¿no puedes sólo? Por mi mejor, que así paro de correr un rato, pero yo creo que no es para tanto... Trae la llave, anda.

-Toma. –Dijo Gabriel. –Si poder puedo, pero es que no quiero forzar mucho el brazo para que no se me joda más...

-Si que iba dura, sí. ¿Cierro ya?

-Si, si sólo era eso.

-Pues de nada, ¿eh? Encima que te echo un mano...

-Joder tío, pues podías echar una mano con esto también... –Dijo Gabriel agarrándose la polla con la mano libre por encima de la ligera tela de las bermudas. –Llevo casi una semana sin poder hacerme pajas y estoy más salido...

-¿Y a mi qué cojones me cuentas? Háztelas con la izquierda, que dicen que es como si te la hiciera otro. Otra persona, quiero decir. –Eloy respondió nervioso.

-Venga ya, tronco, si se te nota un huevo. ¿Qué te crees, que no he visto como nos miras a todos los pollas cuando nos duchamos? Tú eres maricón, no digas que no. Y mira, yo soy muy tolerante y todo eso, así que si me haces una paja no se lo cuento a nadie.

-Joder tío, como te pasas. –A Eloy le preocupaba más el que los demás se enteraran que el tocar una polla ajena. De hecho la de Gabriel le había parecido de lo más apetecible en las duchas, pero una cosa era fantasear y otra pasar a la acción.

-¿Por qué me paso? Me vas a decir ahora que no eres maricón... –El tono de Gabriel no era agresivo, sino convencido, prepotente, confiado en que llevaba la razón.

-Déjame en paz.

-Si fuera mentira lo dirías. Venga tío, si no te cuesta nada. Es como si a mi me viniera una tía y me dijera que la hiciera un dedo, aunque no me gustara yo se lo haría...

-Joder Gabriel, es que puede entrar alguien y pillarnos. Y entonces vamos a quedar los dos igual de mal...

-Que va, ya lo he pensado, nos metemos en el baño y echamos el pestillo, así si entra alguien no nos ven.

-Bueno venga, pero sólo hoy, la próxima vez te vas de putas o lo que quieras, pero a mi me dejas. –Eloy no lo decía muy convencido, pero su conciencia se quedaba más tranquila pensando que no repetiría.

Entraron en el pequeño cubículo, que estaba más limpio que de costumbre. Gabriel se sentó en la taza y Eloy permaneció de pie, pero enseguida vieron que lo mejor era justo lo contrario. Cambiaron de posición, y el gitano se bajó las bermudas, dejando su polla morcillona a escasos centímetros de la cara de Eloy. El olor ácido procedente del glande se hizo notar en el reducido espacio, que sin ser desagradable, inundaba el ambiente con su fragancia. No estaba particularmente sucia, de hecho se la había remojado un poco antes de salir de casa, pero el cóctel de hormonas que era el organismo de Gabriel provocaba todo tipo de olores corporales.

Con más miedo que asco, Eloy agarró por primera vez la polla de su compañero. Le sorprendió su calor y que no dejaba de palpitar, hinchándose más con el simple roce de su mano. No estaba a disgusto, sólo que no había imaginado de esa forma su primer contacto con el sexo. Decidido a hacer lo mejor posible su tarea, apiadándose de la necesidad de Gabriel y también disfrutando de la oportunidad que tenía delante, Eloy se puso manos a la obra.

-¿Y si mejor me la chupas? –Dijo Gabriel a las dos o tres sacudidas.

-No te pases, anda...

No insistió, temía pasarse de la raya y quedarse sin una cosa ni la otra. Después de todo, no estaba tan mal recibir una paja, daba incluso algo más de gusto que hacérsela uno sólo. La pega era no poder controlar ni el ritmo ni la presión, pero Eloy lo hacía bastante bien para no tener experiencia. Claro que llevaba años masturbándose a sí mismo, así que estaba bien entrenado. Empezó a una velocidad normal, más o menos a la que solía empezar él, aunque eso para Gabriel era ir despacio. No puso pegas porque le gustaba, pero hubiera preferido algo más de caña desde el principio.

Se relajó y trató de disfrutar lo más posible del momento. La mano de Eloy era todo un alivio después de días sin pajas, lo había intentado con la izquierda pero no se apañaba bien, perdía el ritmo y no conseguía nada. Llevaba un par de días maquinando lo de Eloy, era el candidato ideal. No conocía a ningún otro gay, y sabía que tenía labia suficiente para convencerle. En el hipotético caso de que Eloy hubiera negado tajantemente su homosexualidad, siempre hubiera podido decir que no iba en serio. Era una broma típica del vestuario el mandarse a tomar por culo o el decirle al de al lado que te hiciera una mamada, y su petición hubiera podido pasar por una más.

Precisamente se había pasado por el entrenamiento para intentarlo, la noche anterior había visto una película que sin ser porno tenía escenas bastante subidas de tono y estaba más salido que un mono. Tenía claro que sólo le atraían las chicas, pero también era consciente de que la mayoría de los chicos tampoco se dejarían pajear por otro hombre. Aunque en su caso la necesidad apretaba.

También apretaba un poco más Eloy, que jugaba a la prueba y error con Gabriel. Si veía que yendo más rápido Gabriel respiraba más fuerte o ponía cara de gusto seguía, si notaba que no le gustaba, lo intentaba de otra forma. Ya puesto, le hubiera gustado acariciar su pecho o sus piernas mientras le masturbaba, pero hubiera sido demasiado atrevido. Poco a poco, pensó. Era consciente de que aquella no sería la última vez, si Gabriel quería.

Otra cosa no, pero Gabriel era muy expresivo en cuanto al sexo se refiere. No soltaba un solo gemido, como mucho alguna respiración más fuerte que las demás, pero su rostro reflejaba todo lo que sentía. Y en esos momentos reflejaba el alivio de estar siendo pajeado después de cinco largos días sin poder tocarse. Eloy le empezaba a coger el truco a la polla de Gabriel, que cada vez estaba más tiesa, y las sensaciones comenzaban a parecerse a las de una paja propia.

La blanca piel de las manos de Eloy contrastaba con el moreno miembro de Gabriel, tan oscura que parecía la polla de un negro. No era mucho más grande que la suya, pero Eloy estaba alucinado con ella, le tenía casi hipnotizado. Él mismo estaba excitadísimo, y hubiera deseado pajearse con la mano que le quedaba libre, pero no le convenía delatarse tan pronto. Si alguien les pillaba siempre podía decir que lo había hecho medio obligado, aunque no fuera así.

Parecía que por fin Eloy lo hacía bien, había encontrado el grado justo de presión, y deslizaba su mano alrededor del glande, sin llegar a descubrirlo del todo para poder ir más deprisa. Gabriel había echado la cabeza hacía atrás y había cerrado los ojos, entregándose por completo a la paja que le estaban haciendo. Aquello había comenzado a ser mejor que hacérsela uno mismo, así que lo mejor era disfrutar del momento.

Sin previo aviso, la lefa empezó a brotar de la polla de Gabriel sin saltar, escurriendo por la mano de Eloy, pringándolo todo. El hilillo crecía y descendía deprisa entre sus dedos, hasta que finalmente superó la mano y avanzó hasta parar en los pelos de sus huevos. Eloy siguió un poco más, dado que Gabriel gemía con desesperación, realmente estaba necesitado. La cantidad de semen que estaba soltando reflejaba los días de abstinencia, no era normal que se corriera en tal cantidad. Eloy también estaba asombrado, su semen solía ser bastante menos espesa, y por supuesto mucho menos cantidad.

Ahora llegaba el problema, ¿dónde limpiarse? En los baños no solía haber papel higiénico y aquel día no era una excepción, y salir al vestuario suponía correr bastantes riesgos. Ninguno de los dos llevaba pañuelos de papel, y Eloy empezó a limpiarse como pudo restregando su mano contra los azulejos de la pared.

-Toma anda, límpiate con esto. –Dijo Gabriel, bajándose del todo los desgastados slips de cuadros que llevaba puestos y ofreciéndoselos a Eloy.

-Joe, ¿no hay otra cosa?

-No.

-Venga, pues trae.

-Cuando acabes me los dejas, que no me voy a ir así... –Dijo Gabriel señalándose la polla, llena de restos de semen.

-Toma. –Respondió Eloy tras quitarse aquella sustancia de la mano. –Pero no te los volverás a poner, ¿no?

-No me seas cerdo, tío. Los tiro por el water y me voy sin ellos, total, las bermudas estas son como un bañador de los largos.

-Por el water no van a caber... Si quieres yo tengo alguna bolsa de plástico en la mochila para guardar la esponja y las chanclas, lo guardo en una y luego lo tiro yo antes de llegar a mi casa. –Los planes de Eloy no eran precisamente esos, sino quedárselos como una especie de trofeo, pero la excusa sonó convincente.

-Haz lo que te dé la gana, por mí como si te los quieres llevar puestos. Pero que no los vea nadie o te capo.

-Si claro, si te parece me casco pajas con ellos puestos, no te jode... –Dijo Eloy riéndose mientras los guardaba en su mochila. El pajote que se hizo nada más llegar a casa mezclando su corrida con la de Gabriel fue para enmarcar.

TodoRelatos.com © Hector Richvoldsen

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