Gabriel y su brazo en cabestrillo eran la gran atracción del
entrenamiento de esa tarde. Se presentó a la hora normal, aunque vestido con una
camisa y unas bermudas, era obvio que no estaba en condiciones de jugar. Comentó
que estaría de baja unos quince días, y que para evitar males mayores lo mejor
era que ni siquiera entrenara esos días. A Rafael le hizo una faena, pues
Gabriel era de los fijos en la alineación, y para afrontar los dos últimos
partidos venía muy bien un jugador como él, que le echara cojones, pero tuvo que
resignarse. No era plan de agravarle al pobre chico la lesión.
Se sentó en uno de los banquillos a ver como el resto
entrenaba, no tenía nada mejor que hacer aquella tarde y se le había ocurrido
una idea para arreglar un pequeño asuntillo... A mitad del entrenamiento le
comentó al entrenador que ir un momento al vestuario, y que le hacía falta que
alguien le acompañara. Rafael dio su autorización y Gabriel se lo dijo a Eloy,
que en vista de que llevaban media tarde corriendo y sin tocar un poco de balón
ni siquiera hizo preguntas. Suponía que sería para ir al baño o para coger algo,
pero lo que fuera con tal de descansar un rato.
-¿Qué quieres? –Le preguntó Eloy al llegar al vestuario, en
vista de que Gabriel aún no se lo había explicado.
-Pues es que me dejé el otro día una camiseta en la taquilla,
y con la mano así no puedo abrir bien la puerta, está jodida y hay que tirar
fuerte.
-Joe, ¿no puedes sólo? Por mi mejor, que así paro de correr
un rato, pero yo creo que no es para tanto... Trae la llave, anda.
-Toma. –Dijo Gabriel. –Si poder puedo, pero es que no quiero
forzar mucho el brazo para que no se me joda más...
-Si que iba dura, sí. ¿Cierro ya?
-Si, si sólo era eso.
-Pues de nada, ¿eh? Encima que te echo un mano...
-Joder tío, pues podías echar una mano con esto también...
–Dijo Gabriel agarrándose la polla con la mano libre por encima de la ligera
tela de las bermudas. –Llevo casi una semana sin poder hacerme pajas y estoy más
salido...
-¿Y a mi qué cojones me cuentas? Háztelas con la izquierda,
que dicen que es como si te la hiciera otro. Otra persona, quiero decir. –Eloy
respondió nervioso.
-Venga ya, tronco, si se te nota un huevo. ¿Qué te crees, que
no he visto como nos miras a todos los pollas cuando nos duchamos? Tú eres
maricón, no digas que no. Y mira, yo soy muy tolerante y todo eso, así que si me
haces una paja no se lo cuento a nadie.
-Joder tío, como te pasas. –A Eloy le preocupaba más el que
los demás se enteraran que el tocar una polla ajena. De hecho la de Gabriel le
había parecido de lo más apetecible en las duchas, pero una cosa era fantasear y
otra pasar a la acción.
-¿Por qué me paso? Me vas a decir ahora que no eres
maricón... –El tono de Gabriel no era agresivo, sino convencido, prepotente,
confiado en que llevaba la razón.
-Déjame en paz.
-Si fuera mentira lo dirías. Venga tío, si no te cuesta nada.
Es como si a mi me viniera una tía y me dijera que la hiciera un dedo, aunque no
me gustara yo se lo haría...
-Joder Gabriel, es que puede entrar alguien y pillarnos. Y
entonces vamos a quedar los dos igual de mal...
-Que va, ya lo he pensado, nos metemos en el baño y echamos
el pestillo, así si entra alguien no nos ven.
-Bueno venga, pero sólo hoy, la próxima vez te vas de putas o
lo que quieras, pero a mi me dejas. –Eloy no lo decía muy convencido, pero su
conciencia se quedaba más tranquila pensando que no repetiría.
Entraron en el pequeño cubículo, que estaba más limpio que de
costumbre. Gabriel se sentó en la taza y Eloy permaneció de pie, pero enseguida
vieron que lo mejor era justo lo contrario. Cambiaron de posición, y el gitano
se bajó las bermudas, dejando su polla morcillona a escasos centímetros de la
cara de Eloy. El olor ácido procedente del glande se hizo notar en el reducido
espacio, que sin ser desagradable, inundaba el ambiente con su fragancia. No
estaba particularmente sucia, de hecho se la había remojado un poco antes de
salir de casa, pero el cóctel de hormonas que era el organismo de Gabriel
provocaba todo tipo de olores corporales.
Con más miedo que asco, Eloy agarró por primera vez la polla
de su compañero. Le sorprendió su calor y que no dejaba de palpitar, hinchándose
más con el simple roce de su mano. No estaba a disgusto, sólo que no había
imaginado de esa forma su primer contacto con el sexo. Decidido a hacer lo mejor
posible su tarea, apiadándose de la necesidad de Gabriel y también disfrutando
de la oportunidad que tenía delante, Eloy se puso manos a la obra.
-¿Y si mejor me la chupas? –Dijo Gabriel a las dos o tres
sacudidas.
-No te pases, anda...
No insistió, temía pasarse de la raya y quedarse sin una cosa
ni la otra. Después de todo, no estaba tan mal recibir una paja, daba incluso
algo más de gusto que hacérsela uno sólo. La pega era no poder controlar ni el
ritmo ni la presión, pero Eloy lo hacía bastante bien para no tener experiencia.
Claro que llevaba años masturbándose a sí mismo, así que estaba bien entrenado.
Empezó a una velocidad normal, más o menos a la que solía empezar él, aunque eso
para Gabriel era ir despacio. No puso pegas porque le gustaba, pero hubiera
preferido algo más de caña desde el principio.
Se relajó y trató de disfrutar lo más posible del momento. La
mano de Eloy era todo un alivio después de días sin pajas, lo había intentado
con la izquierda pero no se apañaba bien, perdía el ritmo y no conseguía nada.
Llevaba un par de días maquinando lo de Eloy, era el candidato ideal. No conocía
a ningún otro gay, y sabía que tenía labia suficiente para convencerle. En el
hipotético caso de que Eloy hubiera negado tajantemente su homosexualidad,
siempre hubiera podido decir que no iba en serio. Era una broma típica del
vestuario el mandarse a tomar por culo o el decirle al de al lado que te hiciera
una mamada, y su petición hubiera podido pasar por una más.
Precisamente se había pasado por el entrenamiento para
intentarlo, la noche anterior había visto una película que sin ser porno tenía
escenas bastante subidas de tono y estaba más salido que un mono. Tenía claro
que sólo le atraían las chicas, pero también era consciente de que la mayoría de
los chicos tampoco se dejarían pajear por otro hombre. Aunque en su caso la
necesidad apretaba.
También apretaba un poco más Eloy, que jugaba a la prueba y
error con Gabriel. Si veía que yendo más rápido Gabriel respiraba más fuerte o
ponía cara de gusto seguía, si notaba que no le gustaba, lo intentaba de otra
forma. Ya puesto, le hubiera gustado acariciar su pecho o sus piernas mientras
le masturbaba, pero hubiera sido demasiado atrevido. Poco a poco, pensó. Era
consciente de que aquella no sería la última vez, si Gabriel quería.
Otra cosa no, pero Gabriel era muy expresivo en cuanto al
sexo se refiere. No soltaba un solo gemido, como mucho alguna respiración más
fuerte que las demás, pero su rostro reflejaba todo lo que sentía. Y en esos
momentos reflejaba el alivio de estar siendo pajeado después de cinco largos
días sin poder tocarse. Eloy le empezaba a coger el truco a la polla de Gabriel,
que cada vez estaba más tiesa, y las sensaciones comenzaban a parecerse a las de
una paja propia.
La blanca piel de las manos de Eloy contrastaba con el moreno
miembro de Gabriel, tan oscura que parecía la polla de un negro. No era mucho
más grande que la suya, pero Eloy estaba alucinado con ella, le tenía casi
hipnotizado. Él mismo estaba excitadísimo, y hubiera deseado pajearse con la
mano que le quedaba libre, pero no le convenía delatarse tan pronto. Si alguien
les pillaba siempre podía decir que lo había hecho medio obligado, aunque no
fuera así.
Parecía que por fin Eloy lo hacía bien, había encontrado el
grado justo de presión, y deslizaba su mano alrededor del glande, sin llegar a
descubrirlo del todo para poder ir más deprisa. Gabriel había echado la cabeza
hacía atrás y había cerrado los ojos, entregándose por completo a la paja que le
estaban haciendo. Aquello había comenzado a ser mejor que hacérsela uno mismo,
así que lo mejor era disfrutar del momento.
Sin previo aviso, la lefa empezó a brotar de la polla de
Gabriel sin saltar, escurriendo por la mano de Eloy, pringándolo todo. El
hilillo crecía y descendía deprisa entre sus dedos, hasta que finalmente superó
la mano y avanzó hasta parar en los pelos de sus huevos. Eloy siguió un poco
más, dado que Gabriel gemía con desesperación, realmente estaba necesitado. La
cantidad de semen que estaba soltando reflejaba los días de abstinencia, no era
normal que se corriera en tal cantidad. Eloy también estaba asombrado, su semen
solía ser bastante menos espesa, y por supuesto mucho menos cantidad.
Ahora llegaba el problema, ¿dónde limpiarse? En los baños no
solía haber papel higiénico y aquel día no era una excepción, y salir al
vestuario suponía correr bastantes riesgos. Ninguno de los dos llevaba pañuelos
de papel, y Eloy empezó a limpiarse como pudo restregando su mano contra los
azulejos de la pared.
-Toma anda, límpiate con esto. –Dijo Gabriel, bajándose del
todo los desgastados slips de cuadros que llevaba puestos y ofreciéndoselos a
Eloy.
-Joe, ¿no hay otra cosa?
-No.
-Venga, pues trae.
-Cuando acabes me los dejas, que no me voy a ir así... –Dijo
Gabriel señalándose la polla, llena de restos de semen.
-Toma. –Respondió Eloy tras quitarse aquella sustancia de la
mano. –Pero no te los volverás a poner, ¿no?
-No me seas cerdo, tío. Los tiro por el water y me voy sin
ellos, total, las bermudas estas son como un bañador de los largos.
-Por el water no van a caber... Si quieres yo tengo alguna
bolsa de plástico en la mochila para guardar la esponja y las chanclas, lo
guardo en una y luego lo tiro yo antes de llegar a mi casa. –Los planes de Eloy
no eran precisamente esos, sino quedárselos como una especie de trofeo, pero la
excusa sonó convincente.
-Haz lo que te dé la gana, por mí como si te los quieres
llevar puestos. Pero que no los vea nadie o te capo.
-Si claro, si te parece me casco pajas con ellos puestos, no
te jode... –Dijo Eloy riéndose mientras los guardaba en su mochila. El pajote
que se hizo nada más llegar a casa mezclando su corrida con la de Gabriel fue
para enmarcar.