HECHIZO
Enamorada de
un actor...
El hechizo se apodera de ti cuando
aparece una silueta masculina, iluminada por la tenue luz de candilejas. Esas
manos blancas, que suelen acariciarte con pasión, no pertenecen a él, sino a un
personaje. Se borra la frontera entre lo real y lo imaginario.
Un viejo verde, sentado en la butaca
vecina, se pierde en tu escote. Apenas te importa. El milagro que estás viviendo
te ha sellado los labios. Tu cuerpo y tu alma forman una sola sustancia, un
coágulo de emoción que derrama fuego líquido por la platea.
Te sonrojas observando la escena del
duelo. Las estocadas que da a su rival se asocian con vuestras locuras en la
cama. El mismo ritmo, la misma intensidad. Un temblor recorre tus caderas.
Tienes que frenar los impulsos para que el viejo no decida que el coqueteo surte
efecto.
Dos horas han volado sobre las alas
de una mariposa. La función llega al fin. Y la magia continúa. Él sale para
recibir los aplausos del público. Su mirada te atraviesa como un rayo. Volvéis a
estar solos en la sala abarrotada. El color de sus ojos es peculiar y misterioso.
Un vidrio azulado, totalmente transparente. Parece que sabe leerte el
pensamiento.
Una niña pija y fea le entrega un
ramo de flores. La descarada acosa al actor desde hace tiempo sin importarle la
ausencia de reacción. Un destello en el fondo de sus pupilas te dice que se
está preparando para un asalto del camerino. Pero su sonrisa se apaga porque el
hombre baja del escenario, toma tu mano y te arrastra a vuestro universo
nocturno donde no habrá espectadores.