LA INSACIABLE MUCHACHA TURCA.
Hace unos días que he llegado de Dinamarca tras pasar un
curso universitario de beca Erasmus y la intención de este relato es la de
comentar una de las anécdotas más curiosas que me han pasado en ese viaje.
Lo bueno de las becas Erasmus es que se organizan muchas
actividades para ellos donde llegas a conocer mucha gente, tal vez hagas pocos
amigos de verdad y para toda la vida, pero conoces a muchas personas de
distintos países con los que puedes pasar unos ratos cojonudos.
Yo había conseguido formar un grupo para poder salir, visitar
lugares, ayudarnos con las asignaturas de la universidad y en definitiva, para
echar el rato. Éramos unos doce o trece entre chicos y chicas, todos de
distintos países, aunque siempre había nuevas caras que se unían durante unas
semanas o meses y luego desaparecían (algo muy común eso de ir rodando por
distintos grupos de amigos), pero con quien mejor me llevaba era con uno de mis
compañeros de piso, Gómez, un peruano que ya había terminado su carrera y estaba
preparándose un master en Copenhague.
Una de esas nuevas caras nuevas que se dejó ver en el grupo
fue la de Ilayda, una estudiante turca de turismo que estaba en Dinamarca con
una beca similar a la Erasmus. Aunque parezca raro entre tanta rubia de piel y
ojos claros, ver a una chica de piel y pelo moreno, ojos grandes y marrones
típica del Mediterráneo me produjo una gran alegría.
Desde la primera vez que la vi me recordó a la celebrity Kim
Kardashian (para más información usad Google), aunque Ilayda es más delgada, con
la nariz estrecha y alargada, algo menos de tetas y más joven, pues tiene
veintitrés años. Pero tiene el mismo tipo de caderas anchas, culo grande pero
sin desproporción y tetas bien nutridas. Los que hayan leído mis otros relatos,
sabrán que Patricia, la madre de mi colega es de un cuerpo similar, y es que
este tipo de mujeres me pierden.
Por supuesto, su llegada a la tribu que formábamos no sólo
llamó mi atención sino la del resto de machos del grupo y algún recelo entre las
féminas. Aún así todos la aceptamos con agrado excepto Nicolás (en griego creo
que se escribe de otro modo), un estudiante griego. Para el que no lo sepa,
griegos y turcos históricamente no se llevan muy bien desde hace años y aunque
Gómez hizo de celestino entre ambos no consiguió que surgiera el amor, aunque
más por parte de Nicolás, pues Ilayda era bastante maja y simpática.
A pesar de que era mí tipo de chica, yo no me lancé a por
ella en plan carroñero, como hubiera sido lo normal, si no que fue ella la que
hacía los acercamientos hacía mí. Descubrí entonces que hablaba algo de español,
normal estudiando turismo pensé aunque era porque su padre trabajó en España
unos años, pero era mejor mi inglés que su español, por lo que como con el resto
del grupo, excepto con Gómez, hablábamos o chapurreábamos en inglés.
Desde que la conocí descubrí un tipo de relación muy
interesante que no conocía. Estaba claro que habíamos hecho muy buenas migas y
para el grupo éramos novios aunque en realidad no lo éramos, ni siquiera nos
habíamos besado ni mucho menos acostado. Era algo así como "Ok, eres una tía de
puta madre, me gustas y estás buenísima pero no hago nada. En cualquier momento
podemos iniciar un noviazgo, pero no lo hacemos. Cuando menos te lo espere te
arrastro a cualquier sitio y te follo hasta hartarme, pero no lo hago. O me lío
con otra chica pues no tengo compromiso o responsabilidad alguna contigo, cosa
que graciosamente no hago y para colmo rechazo cualquier tipo de acercamiento
femenino con intención de darse un lote conmigo." Pero cuando yo creía que me
había vuelto tonto podía ver como ella se comportaba igual que yo, con lo que
éramos los dos más tontos de Dinamarca como poco. Esto alimentó una creciente
tensión sexual entre ambos.
Era febrero y llevábamos un mes con esta tontería del "estoy
contigo pero no lo estoy". Estábamos algunos miembros del clan en un pub tomando
algo y jugando a los dardos. Nos sentamos y debatimos si acudir aun viaje
organizado a Hamburgo y en mitad de la charla Ilayda, sentada a mi lado, me
acarició el muslo por debajo de la mesa.
Me pilló por sorpresa y di un respingo que provocó la risa
del grupo. Cuando nos dejaron solos en la mesa para jugar a los dardos le
pregunté que a qué venía eso.
-No creías que tú ibas a ser el único que podía tocar, ¿o
sí? – me dijo sonriendo y guiñándome un ojo…
Ese comentario vino porque la noche anterior hubo una fiesta
estudiantil organizada por una discoteca. La cantidad de chicas guapas que había
me sorprendió pero el morbo que me despertó Ilayda no lo consiguió ninguna de
las allí presentes. Llegó con unos botines negros que la situaban a mí altura,
pues es más bajita que yo, unos vaqueros ajustados que estaban desgarrados con
dos cortes justo por debajo de sus nalgas. Pero lo mejor era la camiseta, por
llamarla así, llevaba una especie de malla o camiseta de una fina redecilla
negra, en la que se transparentaba todo lo que tenía debajo, y lo único que
tenía era un sujetador negro que le alzaba sus generosos pechos. Para abrigarse
llevaba una chaqueta de cuero que le daba un aspecto muy rockero. Me tenía
completamente embobado.
-¿No tienes frío sólo con eso? – le dije nada más
verla pues estábamos en Febrero y hacía frío.
-Ya buscaré el modo de calentarme.
Cuando llegó el resto del grupo entramos en la discoteca
donde había un gran ambiente y cómo no, nos pusimos todos a bailar a lo loco. Al
poco tiempo empezamos a pasar calor con lo que a todos nos sobraban los abrigos
y aunque me ofrecí a llevar algunos al guardarropa del local, fue Ilayda la que
insistiendo lo hizo. Al regresar vino directa hacia mí y pegándose mucho metió
una mano en mi bolsillo.
-Guarda tú el ticket del guardarropa. – dijo y se puso
a bailar.
Había notado claramente sus pechos apoyados en el mío lo que
me produjo una semi-erección, pero verla moverse me la termino de poner dura. A
pesar de llevar ese firme sostén, sus tetas le botaban al bailar.
Llevábamos ya un par de horas o más en la discoteca y el
pequeño bamboleo de las tetas de Ilayda me tenían hechizado.
-Alejandro, ¿no piensas bailar conmigo en toda la noche o
qué? – me preguntó dejándome extrañado.
-¿Qué? ¿Pero no es lo que estamos haciendo?
Entonces ella se alejó un poco y se puso a bailar más alejada
del resto del grupo, pero poco a poco se fue acercando a un tipo, como llamando
su atención y lo consiguió. Empezaron a bailar muy pegados y para mi asombro los
celos empezaron a corroerme por dentro, así que me acerque a donde estaban
bailando y la separé del tipo que se enfadó en el acto.
-Esta es demasiada mujer para ti, chaval. – le dije en
castellano sin importarme si me entendió o no. – ¡Piérdete! – dije ahora
sí, en inglés.
Cogiendo a Ilayda por la cintura la llevé de vuelta donde
estaba nuestro grupo de amigos mientras iba calmándome.
-¿Acaso quieres que me pelee por ti? – le pregunté al
oído mientras le agarraba la cintura desde atrás.
-No, no quiero que te pelees con nadie. – giró la
cabeza para decirme al oído. - Quiero que bailes conmigo.
Y pegados como estábamos, pues aún la tenía abrazada, comenzó
a moverse restregándose contra mí. Los movimientos que siguieron fueron de lo
más sensuales que uno puede imaginar, los movimientos de cadera eran sublimes.
Pensé que verla bailar la danza del vientre o algún baile similar tendría de ser
orgásmico.
Los dos bailábamos muy pegados pero era yo el que
principalmente aprovechaba para acariciarla y meterle mano mientras que ella se
dejaba, aunque eso sí, más de una vez, ella restregó su trasero contra mi polla
que estaba más dura que un bate de baseball. En una de esas veces, cuando se
despegó le agarré el culo descaradamente y descendiendo mis manos me topé con
los rasgones de sus vaqueros, cosa que aproveché para tocar la parte baja de su
culo y la parte alta de sus muslos.
-¿Te has calentado ya o tienes frío? – le pregunté.
-Si esta noche te acostaras conmigo, te quemarías.
-Entonces debes saber que quiero quemarme.
La cogí de la mano y fuimos al guardarropa a por nuestros
abrigos. Ella me miraba mientras se mordía un poco el labio, algo que me estaba
volviendo loco. Pero cuando estábamos ya enfilando la salida de la discoteca me
asaltó Nicolás.
-Alex, Gómez está en el baño muy mal. Tendrías que
llevarlo a casa.
Me acababan de joder, en principio pensé que era una artimaña
de Nicolás para que no me fuera con Ilayda, pues yo tenía la teoría de que
realmente ella le gusta pero esa lacra histórica entre griegos y turcos le hacía
rechazarla por sistema. Desgraciadamente era verdad, estaba bastante borracho y
estaba al borde de crear una pelea en el baño así que lo saqué de allí para
llevarlo al piso. Varios miembros de la pandilla también decidieron irse en ese
momento.
-Lo llevo a casa y me voy para la tuya. – le dije a
Ilayda mientras montaba a Gómez en un taxi.
-No, Gómez está mal. Quédate con él. – me dijo.
Se la veía desilusionada pero comprensiva. A mí debió de
verme más bien cabreado pues me estaba cagando en todos los parientes de Gómez,
tanto en los vivos como en los muertos. Se acercó y me plantó un pico en todos
los morros.
-¿Y esto? – pregunté sonriendo.
-Porque quiero que te acuerdes de mí esta noche… y de lo
que pudo ser. - rió.
La tía sabía como hacerme sufrir, como calentarme y ponerme
celoso. Me despedí del resto de mis amigos y me fui en el taxi con Gómez.
-Alex, ¿te has cohido ya a la tugca o no? – me
preguntó Gómez borracho y empezó a reirse.
-Me cago en… Qué sepas que el taxi lo pagas tú, cabrón.
Al llegar a casa le quité la cartera y pagué el taxi tal y
como le había dicho.
-No creías que tú ibas a ser el único que podía tocar, ¿o
sí? – me dijo sonriendo y guiñándome un ojo.
-Bueno, es que quería comprobar si me iba quemar. –
contesté.
-¿No me creíste anoche? Te lo puedo demostrar cuando
quieras.
-Ahora. – me limité a decir.
Ella me guió un ojo y yo me acerqué a pagar nuestras bebidas.
Nos despedimos del grupo y nos fuimos andando hasta su casa que estaba
relativamente cerca. Durante el trayecto nos empezó a llover una tromba de agua
y llegamos a su casa empapados.
Ella vivía en un pequeño estudio de un edificio donde vivían
bastantes universitarios. Nada más entrar me condujo al único dormitorio, allí
encendió un pequeño calefactor y empezó a desvestirme.
-Quítate la ropa antes de que cojas frío. - me dijo.
-¿Y tú?¿No te desnudas para no resfriarte?
-Yo ya estoy caliente. – me contestó y me besó
metiéndome la lengua hasta el esófago.
Sólo me quedaban los pantalones y los calzoncillos puestos
pero Ilayda ya me los estaba desabrochando mientras que yo la abrazaba y la
cogía por el culo sin dejar de besarla. Me terminó por desnudar y empezó a
acariciarme la polla suavemente mientras me besaba el cuello. Dijo algo en turco
que más tarde supe que significaba algo así como "¡Lo vas a flipar!" o
"¡Alucina!". Apartó el edredón y sábanas de la cama y me tumbó en ella, y ante
mis insistentes palabras para que se desnudara ella se limitaba a llevarse un
dedo a los labios para hacerme callar.
Puso un CD en una pequeña radio del escritorio y empezó a
sonar una música árabe, algo de su tierra, supuse, y me dijo.
-Prohibido tocar.
Acto seguido se puso a bailar al ritmo de la música mientras
se iba desnudando poco a poco. La muy jodida me estaba poniendo cachondo perdido
con sus movimientos y cuando quise pajearme un poco me negó con la cabeza, yo
hipnotizado la obedecí.
Cuando ya había quedado sólo con su ropa interior se puso a
los pies de la cama y dándome la espalda se fue inclinando hacía delante a la
vez que se bajaba las pequeñas braguitas que apenas tapaban sus nalgas. Su culo
quedó entonces a mi vista en total magnitud y fueron muchas las ganas que tuve
de lanzarme a darle un buen mordisco en aquellas nalgas.
Se subió a la cama y gateando se fue acercando a mí, sólo con
el sostén puesto. Me acariciaba las piernas, me lamía y besaba subiendo con
calma por todo mi cuerpo. Se entretuvo en mi entrepierna para lamerla y
acariciarla, pero nunca tocó mi verga aunque sí mis huevos. Tras pellizcarme los
pezones y lamerme el cuello volvió a invadir mi boca con su lengua pero cuando
fui a abrazarla me detuvo con sus brazos y se separó de mí.
-Prohibido tocar.
Se sentó a horcajadas sobre mi pecho y se frotó despacio.
Luego se subió un poco más y poniendo su coño a un palmo de mi boca comenzó a
mover sus caderas de forma muy sensual.
Pude ver como los oscuros pelos que rodeaban su raja estaban
recortados, que no afeitados, y me invadió un olor que me hizo saber que ya
había empezado a humedecerse.
Sin poder contenerme más tiempo, pues ya había estado mucho
tiempo quieto acerqué mi lengua a su vagina y paré sus movimientos de caderas
agarrándole el culo.
-Ooooohhhhh. – gimió al primer contacto de mi lengua.
Su coño estaba realmente caliente y mi lengua se entretuvo
palpando esa calentura. Ilayda terminó por sujetarme la cabeza para impedirme
que despegara mi boca de su chochete persa. Aparte de lamerle la vagina y darle
lametazos a su clítoris empecé a follarla con la lengua metiéndola y sacándola
en su interior, tragándome en el proceso los jugos que cada vez en mayor medida
manaban de aquella cavidad carnosa.
-¡Ooohhh!¡Oooohhh!¡Oooohh!¡Aaaahh! – se corrió en mi
boca con espasmos vaginales.
Se tumbó a mi lado jadeando.
-Mmmmm, sííí. – me miró. – Has sido malo. Te dije
que no me tocaras.
Sin darme tiempo a contestar descendió hasta mi verga y ahora
sí empezó a lamerla a la vez que le dedicaba manoseos a mis pelotas. Estuvo un
buen rato comiéndose mi rabo golosamente, sobre todo le encantaba succionarme el
glande para luego sacárselo y lamerlo cual helado.
Sin dejar de mamarme puso su entrepierna nuevamente al
alcance de mi boca e inmediatamente me lancé a devorárselo por segunda vez. Mis
manos amasaban su enorme culo sin parar mientras que nos comíamos uno al otro en
un genial sesenta y nueve.
-Aaaahhh, aaaahh. – empecé a resoplar ante mi
inminente corrida deteniendo mi comida vaginal.
Ilayda metió su mano bajo mi cuerpo para acariciarme el
perineo y con más dificultad mi estrecho ano. El increíble cosquilleo de placer
que sentí hizo que mi polla explotara al instante.
Sin dejar de subir y bajar su cabeza fue tragándose mi
corrida según iba eyaculando en su boca. Cuando hube terminado se sacó mi verga
y le dio un último lametón por toda la cabeza. Acto seguido se volvió hacía mí y
me besó intensamente.
Podía notar el olor mi propio semen en su boca pero no me
importó, me gustó que se comportara de esa forma tan cerda pues no imaginaba que
hiciera algo así.
-Esto no ha terminado. – le dije mientas me pajeaba
para evitar que me bajara la erección tras la corrida.
Se levantó a buscar en un cajón y sacó varios condones,
tomando uno de ellos y poniéndomelo al ver que efectivamente, mi verga mantenía
su dureza. Se subió sobre mí y se ensartó mi cipote casi en su totalidad de una
tacada.
-¡Aaaaaaaaahhhhhhh! – gimió.
Empezó a subir y bajar sobre mí. Se le notaba que era una
mujer dominante que le gustaba llevar el control, pues además de llevar el ritmo
de la follada, aunque yo le daba mis envites, me sujetó las manos nuevamente
para que no la tocase. Algo que me estaba poniendo malo de excitación pues sus
tetas no dejaban de botar ante mí con cada trote de su cuerpo.
-Quítate el sujetador. – le dije.
Aminoró su cabalgadura sobre mi cipote y se lo quitó, cayendo
en el acto un par de auténticos melones morenos. Ya tenía los pezones, de marrón
oscuro, algo tiesos. Instintivamente me lance a devorarlos. Uno lo aprisionaba
con mis dientes y otro con mis dedos y todo ello cuando Ilayda botaba sobre mi
polla con más velocidad.
-¡Come, come! ¡Alex, cómeme! – me gritaba pues me
había dedicado por entero a comerle aquellos tetones.
Ella tras estar clavándose mi polla con bruscas sacudidas
empezó a mover su cintura en círculos cada vez más rápido hasta que terminó por
correrse.
-¡Aaaaaaahhhhh!¡Aaaaahhh!¡Mmmmm!¡Aaaaahhh!¡Síiii!¡Aaaaahhhh!
Se tumbó sobre mí, permitiéndome seguir saboreando sus pechos
más cómodamente mientras que ella jadeaba y resoplaba. Su coño me apretaba la
polla con esporádicos movimientos vaginales. Tiró de mí hasta que quedé sentado
y ella cerrando sus piernas en torno a mi cintura, quedó sentada sobre mí. Hacía
lentos movimientos que nos permitían seguir disfrutando pero sin llegar a las
duras embestidas que le había dado anteriormente.
Para facilitar esos movimientos de Ilayda yo le sostenía el
culo y mis manos comenzaron a deslizarse por ese canalillo de arriba abajo,
deteniéndome en acariciar la entrada de su ano.
-¿Quieres follarme el culo? – me preguntó mientras nos
mirábamos sudorosos.
Yo asentí y ella, sin dejar de mirarme se sostuvo una de sus
grandes tetas y la llevó hasta mis labios y me pidió que se lo lamiera.
Aceptando su ofrecimiento lo hice, le lamí su teta, le rodeaba la aureola y le
frotaba con la viveza de mi lengua todo su pezón. No obstante, mi mano seguía
hurgando en la entrada de su culo.
-Ooohhh. Mmmmmmm. ¡Aaaahhh! – se corrió otra vez, pero
de forma muy tranquila.
Dejó de botar sobre mí y apartó su melón de mi boca. Nos
volvimos a mirar y con una cara de pura lascivia y lujuria me dijo.
-Fóllame el culo, Alex, que me encanta.
Del mismo cajón del que sacó los condones extrajo un pequeño
bote de aceite lubricante del que venden en los sex shops. Definitivamente le
tenía que gustar recibir pollas por el culo si ya estaba preparada para ello. Se
colocó de rodillas al borde de la cama dejando su magno culo bien alto y me dio
el bote.
Yo sólo había practicado el sexo anal una vez con la madre de
mí amigo Javier, aunque aquello fue en realidad una violación (véase relato:
Patricia (1: Madre violada.)). Me unté el aceite en un par de dedos, aunque sólo
y con cuidado le introduje uno en su culo.
Para mí sorpresa, noté que en poco tiempo pude meter el
segundo dedo en su interior. Estaba claro que Ilayda había probado el sexo anal
en más ocasiones pues sus músculos estaban más preparados. Ella se pajeaba
suavemente, al ritmo que mis dedos la penetraban, yo de de vez en cuando le daba
algún mordisco en su culo, pues estaba para comérselo.
-Venga, empieza ya. – me urgió.
-Espera un poco o te dolerá.
-No, hazlo ya Alex, fóllame.
Obedeciéndola una vez más, me embadurné el rabo y situé mi
polla en la entrada de su culo, el cual mostraba abierto su negro agujero. La
fui perforando despacio pero sin detenerme y con mis manos ayudaba a separar sus
nalgas, algo que ella también hacía con una mano mientras que la otra seguía
dedicada en pleno a darse placer en su coño. Fue mucho más fácil y menos
doloroso para mí que cuando lo hice con Patricia.
En cambio a Ilayda debió de dolerle pues emitía algunos
quejidos, aunque cada vez me detuve para aliviarle el dolor, me incitaba a
seguir con sus innumerables "¡Go on!". Y así mi polla quedó totalmente
incrustada en el interior de su culo.
-OK, quédate así un momento. – me dijo mientras
resoplaba y gruñía levemente de dolor. – Aaaauuu. No vayas a moverte.
Aaaarrhh.
Le estrujaba y le pellizcaba, incluso le palmeaba sus nalgas,
mientras esperaba a que su esfínter se adaptara al tamaño de mi tranca. Poco
después acarició mis bolas colgantes y me pidió que la bombeara despacio.
Poco a poco la fui taladrando hasta que ella misma meneaba su
trasero para que la penetración fuese más profunda. Me agarré a sus caderas para
imprimir un mete-saca más veloz e intenso mientras que le decía cosas tanto en
inglés como en español.
-Guarra, te gusta tener una polla en el culo,
¿verdad?¡Toma, cerda!
-¡Aaaaarrrrgghhhh!¡Sííí!¡Fóllame! – empezaba a gritar
como una loca en celo. - ¡Aaaarrrgghh!¡Aaaarrrggh!¡Más!
De tanto acelerar las embestidas sentí que mi orgasmo estaba
cerca por lo que di varios secos y fuertes envites que terminaron por vaciar mi
polla.
-Aaaaaahhhh. ¡Síí! – grité.
Saqué mi rabo de su interior, me quité el condón y me senté
en la cama. Ella se quedó un momento en la misma posición y poco a poco se tumbó
de lado en la cama. Me atrajo hacía ella y estuvimos besándonos un buen rato en
los que volvía a magrearle sus grandes tetas.
-¿Puedes seguir? – me preguntó con la mirada
lujuriosa.
-Sí, pero necesito parar un momento.
Estuvimos descansando durante un rato en el que la acariciaba
de arriba a abajo toda su piel morena pero siempre tenía tiempo para engullir
sus tetones en mi boca.
-Te gustan mucho, ¿verdad? – dijo acariciándose uno de
sus pezones con su dedo ensalivado.
-Bastante. Pero no menos que a ti esto. – dije y llevé
su mano hasta mi cipote que empezaba a recuperarse de tanta follada.
-Sigue follándome el culo que quiero correrme con tu polla
dentro. – me dijo colocándose otra vez de rodillas a cuatro patas.
Me volví a vestir con un preservativo y lo unté del
lubricante. Esta vez no me entretuve en meterle ningún dedo pues ya le había
dejado el culo abierto. Mientras Ilayda se separaba las nalgas yo la empitoné
con una nueva acometida.
-¡Aaaaaaaaaaaaauuuuuhh! – chilló tratando de separarse
de mí. - ¡Espera!¡Joder!¡Para!¡Aaaaauuuu!
Le había metido más de medio mástil de una tacada y ante mi
extrañeza le había dolido más que antes. Se debía al parecer a que mientras
habíamos estado descansando su anillo se había cerrado un poco. Esperé a que me
diera permiso para seguir y cuando lo hizo me lancé rápidamente a dar duras
penetraciones.
-¡Más!¡Más!¡Aaaaaaarrghhh!¡Más rápido!¡Máááss
ooooohhhh!¡Sí!¡Más!
Había alcanzado un ritmo endiablado y la muy guarra me pedía
más. Ella había dejado de separarse el culo hacía rato y se limitaba a
acariciarse el coño a la vez que a meterse algunos dedos en él. Pensé que debía
de estar cerca de un nuevo orgasmo por lo que aceleré los empellones en su culo
todo lo que pude.
-¡Aaaaaarrrggghh!¡Aaaaauuu!¡Aaaaaarrrggh!¡Más
rápido!¡Aaaaarrrggghh! – me seguía gritando.
No me lo podía creer, le estaba dando duro y rápido en el
culo y la muy puta seguía queriendo más y más, yo creía que si iba más rápido se
me dislocaría la cadera pues la estaba taladrando de una manera brutal. Con tan
brutales enculadas sentí algo en la punta de mi verga y me detuve en el acto
para sacársela del culo ante las quejas de Ilayda que quería que continuara. Lo
primero que pensé es que con el cuerpo totalmente descontrolado se me había
cagado en la polla, pero al vérmela, lo que comprobé es que el condón se había
roto de la fricción tan abusiva. Me lo cambié rápidamente pues no me iba a
arriesgar a contraer alguna enfermedad pero cuando iba a untarlo con lubricante,
Ilayda me tumbó en la cama y con cierta dificultad y haciendo alguna mueca de
dolor se empaló mi cipote en su recto para empezar a cabalgarme de forma feroz.
-¡Aaaaaaaahhhh!¡Sííííí!¡Fóllame, fóllame el
culo!¡Aaaaaaarrrrghh!
Caliente y cachondo la agarré y la tumbé sobre mí. Notaba su
espalda sudada en mi pecho, le separé las piernas usando las mías y mis manos
agarraron sus melones. En esa postura me hice dueño del cuerpo de Ilayda y lo
perforaba a placer.
-Te gusta tener una polla en el culo como las putas,
¿verdad? ¿Disfrutas con mi polla en tu culo? Córrete como una puta para mí.
– estás cosas y otras similares le decía al oído entre jadeos.
-¡Sííí!¡Aaaarrggh!¡Aaargh!¡Sííííí!¡Jódeme!¡Aaaaaahhhh!¡Alex!¡Sí!¡Fóllame
el culo!¡Sííí!¡Aaaaaaahhhhhh! – me animaba con sonoros gemidos. - ¡Me
vengooo!¡Sííí!¡Oooohhhh!¡Sííí!¡Síí!¡Aaaaaarrghhh!
Dejó de masturbarse y tomó mis manos para que le estrujase
más aún los pechos mientras se retorcía de placer ante su nueva corrida. Quiso
hacerse a un lado cuando se relajó pero como yo no me había corrido no la dejé y
seguí taladrándole su negro agujero con fuerza. Ahora ya no se masturbaba, por
el contrarío envolvió mi cuello con uno de sus brazos y me "obligó" a besarla.
Nos comimos la boca mientras seguía embistiéndola.
-¿Te gusta tu puta turca? – me preguntó acariciándome
el cuello y agarrándome el pelo.
-Síííí. Me gustas.
Noté como trató de ponerse de lado inmediatamente, así que la
giré sin dejar de sacársela y seguí dándole tranca hispana a la jodida turca. En
esta posición ella volvió a mover su cuerpo para hacer que las embestidas fueran
profundas.
Agotado, tensé mi cuerpo y mientras le resoplaba en la nuca
me corrí en su culo. Nuestros jadeos se unieron y a pesar de haberme vaciado ya
en el condón seguí moviéndome un poco más en su ano hasta que me detuve
finalmente.
-Aaaaaaaauuuuu. ¡Uuuhhmmm!¡Ufff! Aaaaauuu. – se quejó
Ilayda cuando se separó de mí y se tumbó boca abajo mirándome. - ¿Estoy
sangrando? – me preguntó.
Me quité el preservativo y no había señal alguna de sangre,
apenas de heces. Le dije que no y le pregunté si le había hecho mucho daño.
-Sí. Me gusta el sexo duro y siempre que lo he hago por el
culo me duele un poco, pero me gusta. Aunque en algunos momentos me has hecho
verdadero daño. – me dijo con una leve mueca de dolor al moverse para
abrazarse a mí. – Pero no te preocupes, aunque me haya dolido me he encantado
que me follaras con tanta pasión. – me guiñó un ojo. - ¿Y a ti?
-Creo que ha sido el polvo más salvaje de toda mí vida.
– respondí y le di un par de sonoras palmadas en las nalgas.
-Esta noche te quedas a dormir, ¿no? Podemos ver alguna
película. Además tu ropa aún estará mojada. – me propuso. – Y bueno, te
quiero para mí un poco más.
-¿Sí? ¿Y qué quieres hacerme? – le dije a la vez que
llevaba mis dedos a la entrada de su ano.
-Aaaaauu. – me detuvo la mano. – Me temo que cosas
más "light". – rió.
-Mejor, porque yo no creo que pueda más hasta dentro de
algunas horas.
Durante meses y hasta hace semanas estuvimos manteniendo
relaciones esporádicas, lo mismo nos acostábamos todos los días de la semana que
estábamos una semana sin hacer nada, aunque ninguna fue tan salvaje y genial
como esa primera. Nunca lo llegué a plantear como una relación de pareja
novio-novia, y creo que ella tampoco. De hecho, tras reflexionar sobre la
relación que tuve con Ilayda, dudo que pudiera tener una novia tan ardiente y
tan insaciable como ella, eso de estar cachondo, morboso y celoso a todas horas
no lo podría soportar, y por ahora sólo me ha pasado con ella. Creo que yo
necesito una pareja más "normal" aunque desearía toparme de vez en cuando con
Ilayda o con alguien como ella para dejarme llevar por el puro instinto sexual.
Cada uno volvimos a nuestro país a mediados de junio, hace
pocos días y aunque veíamos difícil vernos otra vez, prometimos estar en
contacto (intercambiamos teléfonos y direcciones del Messenger y Gmail) e ir a
vernos si estábamos en el país del otro.
Mi consejo como estudiante Erasmus es que vayáis a estudiar
fuera si tenéis la oportunidad, aunque sea sólo un cuatrimestre. Vais a conocer
un país nuevo, gente nueva. Cierto, tontos los hay en todos sitios, pero la
mayoría son buena gente y eso sí, aunque el viaje es para estudiar, hay tiempo
para todo: para estudiar, hacer el gandul, hacer turismo, salir de marcha y por
qué no, para enamorarse.