Habían transcurrido más de 15 meses del encuentro con mi cuñada. Desde lo
ocurrido con ella, los dos actuamos como si nunca hubiera pasado, pero no
desistí en el empeño de volver a intentarlo y buscar la mejor oportunidad.
Con los calores del verano, las mujeres se muestran mucho más y sus conjuntos
son un regalo a los sentidos. Raquel, cada vez que sabía que podíamos coincidir,
se ponía esa blusa, falda, short o vestido que sabía que me despertaría mis
instintos depredadores.
Recientemente, llevé a mi esposa al apartamento donde mis suegros y mi cuñada
viven. Los tres, suegros y mi mujer se marchaban al entierro de un familiar
lejano, al que yo no había visto en mi vida, y el viaje de ida y vuelta les
obligaba a hacer noche fuera de casa. Con la excusa de tener trabajo que sacar,
me llevé el portátil y me "instalé" en el despacho de mi suegro. Raquel, como
estaba de exámenes en la Universidad, también decidió no asistir argumentando
que tenía mucho que estudiar.
Los suegros contentos, porque me quedaba trabajando en su casa y así Raquel
no se subía al apartamento al novio y no estudiaba, se despidieron a eso de las
11 de la mañana y se fueron con mi mujer. Mientras revisaba un texto de un
informe, Raquel se pasó casi una hora hablando por teléfono.
Al acabar, se acercó a mí:
Me voy a dar una ducha. Si llaman a la puerta, abre tú, por favor,
que será Sara.
Me dio un muy leve beso en los labios y se fue a la ducha.
Sonó el timbre de la puerta. La abrí y una preciosidad de 20 añitos me
deleitó la vista: pelo negro corto, ojos negros, labios normales, camiseta
ajustada, enseñando ombligo y cadera , unos pechos como naranjas, sin sujetador,
marcando pezón, pantalón de lino amplio, sandalias y piercing en la nariz.
¡Hola!, tu debes ser Sara. ¿no?.
Sí – sonrió-, ¿está Raquel?.
Pasa, que se está duchando. ¿Quieres tomar algo?.
Pues…me apetece una cerveza, si me acompañas. No me gusta beber sola.
Vale, voy por un par. Ponte cómoda en el salón. ¿Alguna cerveza en
especial?, aquí tienen de todo.
Elige la que más te guste.
Dicho y hecho, busqué dos del tipo abadía, de alta graduación. Saqué dos
copas grandes del congelador y serví las cervezas.
Al llegar al salón, Sara estaba descalza, sentada el sofá y haciendo zapping
con la TV.
Al parecer, le gustó, porque la cerveza le duró dos suspiros y ya me estaba
pidiendo otra. Pasé a la cocina y escuché a Raquel usando el secador de pelo,
por lo que deduje que saldría pronto.
Le serví de nuevo a Sara y me senté en otro sillón para tener una mejor
visión de ese culito. Ni que decir tiene, que ella me cazó más de una vez
mirándola.
-Siéntate aquí que te has puesto muy lejos y parece que no queremos
hablarnos.
Al levantarme, el bulto de mi pantalón me delató. Ví que ella lo había visto.
Se reincorporó y se sentó bien pegada a mi lado, no sin antes terminar la
cerveza de un solo trago.
-Ahora el que tiene calor soy yo-.
-Pues quítate los pantalones-, dijo ella,-que así te veo las piernas, que me
ha dicho Raquel que las tienes muy bonitas.
-¿Sí?-la pregunté un poco sorprendido-¿y qué más te ha contado?-.
Me puso la mano en el paquete, lo presionó y me buscó el bulto de mi polla,
se acercó a mi oreja y me dijo suavemente:-que te defiendes muy bien en la
cama-.
Giré mi cara, encaré su rostro y le metí la lengua casi hasta la garganta, en
un profundo beso.
Ella, se sentó encima mía, se quitó la camiseta, y nos seguimos besando,
mientras mis manos se ocupaban de sus pechos y su espalda y ella restregaba su
pelvis contra la mía .
Entró Raquel, con la bata de baño.
-Pero bueno, cabrones, si no habéis tardado nada. Venid a la habitación de
mis padres, que estaremos más cómodos, ¿no os parece?.
A toda prisa, me quité los pantalones, la camisa, zapatos….y calzoncillos.
Raquel, bajó la persiana de la habitación para quedarnos casi en penumbra. Sara,
se arrodilló frente a mí. Me agarró la polla por la base y me la empezó a chupar
lentamente, mientras me acariciaba el culo. A mi izquierda, se colocó, Raquel.
Nos besamos. Se despojó de la bata y fui recorriendo con mi mano, su espalda, su
costado, su trasero…Le pedí a Sara que se detuviera o me corría en su boca antes
de tiempo y nos fuimos sobre la cama. Raquel, comenzó a comerme el rabo y a
acariciarme los huevos y me arrimó su trasero para que mis dedos explorasen su
vulva . Sara, se colocó de rodillas encima de mi cama y me puso su coñito sobre
la boca. Empecé a besar sus labios como si de una boca se tratase, succionando
sobre el clítoris, restregando la lengua, mezclando saliva y fluidos en mi
garganta.
Raquel succionaba cada vez más fuerte y en una de sus mamadas, me corrí en su
boca. Notaba cómo se iba tragando mi leche, sin dejar escapar la verga del
interior de su boca a la vez que su cuerpo se acomodaba al ritmo que mis dedos
se metían a la vez en su vagina y su ano.
Sara, ya se movía cada mes mas rápido. Me centré en succionar su clítoris
como si de la mamada a una polla se tratara y ella se apoyó con un brazo en la
pared, mientras que con u otra mano empujaba mi cabeza contra su cuerpo. Sus
gemidos excitaron aún más a Raquel, que se acabó corriendo.
Se incorporó, se colocó detrás de Sara y la fue acariciando los pechos y las
caderas. Aquello la terminó por desbordar y se corrió en medio de espasmos de
cadera, arqueo de la espalda y un gemido largo y profundo.
Raquel, se movió para sentarse sobre mi polla y comenzar a restregar su sexo
contra el mío hasta que me la volvió a poner como una piedra. Se adelantó un
poco y comenzó a metérsela entera en su vagina. Se tumbó sobre mí y ambos nos
besamos, moviéndonos muy lentamente. Sara, se arrodillo junto a los dos y
comenzó a acariciar la espalda de Raquel, hasta llegar a su culito y finalizar
metiendo sus dedos en su ano. Esa sensación le vuelve loca, y hace que se corra
muy rápidamente, cosa que no pudo evitar.
Entonces, Sara, se tumbó boca arriba y me invitó a acabar dentro de ella.
Busqué los condones de mi suegro, pero Sara me avisó de que tomando la píldora,
no los necesitaba. Se la metí a pelo y me demostró cuánta práctica tenía con los
músculos de su vagina. Apretó mi verga buscando exprimir toda la leche que
Raquel me había dejado sin sacar y acabé eyaculando hasta la última gota.
Los tres, nos quedamos tumbados sobre la cama, dándonos suaves caricias. La
noche, prometía.