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Fecha: 25-Jun-08 « Anterior | Siguiente » en Orgías

Compartiendo a mi mujer con los amigos de trabajo

Mortocoro
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Tiempo estimado de lectura: [ 24 min. ]
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Todos estábamos de acuerdo y aprovechamos para realizar nuestras más perversas fantasías. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Me llamo Enrique, estoy casado con Marta, mi sensual y seductora mujer desde el año noventa y dos. Siempre hemos tenido una buena relación matrimonial. Tenemos dos hijos ya bien criados de dieciocho y veintiún años que son prácticamente independientes.

En el tema sexual tampoco nos podemos quejar, hemos probado a hacer casi de todo juntos, pero en los últimos meses hemos echado en falta algo. Hará cosa de un mes decidimos que cada uno tuviera una aventura con quien se quisiera y después de unas semanas no la contaríamos.

Y así fue como después de pasar dos semanas, una noche en la que los dos estábamos solos decidimos contarnos nuestra aventura o aventuras para calentarnos y tener sexo.

-¡Bueno cariño! – Le dije a Marta. – Comienza tú.

-¡Vale! Empezaré mi historia.

"Fue un lunes por la mañana, yo me dirigía al trabajo y a unos dos kilómetros del hospital el coche pinchó. Llamé para avisar que tenía problemas con el coche y mis compañeros me cubrirían mientras conseguía cambiar la maldita rueda.

Cariño, sabes que soy un desastre en cuestiones mecánicas, así que intentaba saber donde estaban todas las piezas necesarias para cambiar la rueda, que era la única que localicé bajo el coche en la parte trasera. Ahora sólo tenía que encontrar la llave que quitaba el tornillo que la fijaba y el maldito gato.

Le daba vueltas al coche y no dejaba de mirar por todos los rincones para averiguar donde estarían. Ya estaba nerviosa y me estaba desesperando cuando una moto paró tras de mí. El piloto era un hombre alto y fornido. A primera vista me gusto físicamente. Se acercó a mí y se quitó el casco. No era muy guapo, pero me resultaba atractivo y creí conocerlo de algo.

-¡Hola Marta! – Me sorprendió que me conociera. – Perdona, soy Juanjo, el nuevo de mantenimiento del hospital…

-Ah, ahora me acuerdo, - muchas de mis compañeras me habían hablado de lo rico que estaba y ahora podía comprobarlo – llevas sólo dos semanas aquí ¿no?

-Tres exactamente. Espera, llamaré a mi compañero y le diré que tardaré un poco para poder ayudarte.

Se alejó unos dos pasos de mí y con su móvil empezó a llamar a su compañero. No lo escuchaba claramente, pero entendí algo así "Sí Manuel, llegaré algo tarde, me encontrado a Marta en la carretera con el coche pinchado y le voy a ayudar (…) Sí por favor cúbreme y ahora voy allá (…) Sí esa, la misma, la que te dije (…) Sí claro, tú lo que has visto muchas películas por… por favor cúbreme y ahora voy." Por lo colorado que se había puesto supuse que estaba hablando de mí con su compañero. En ese momento decidí que ese sería el que me daría mi aventura.

Llevaba un mono de motorista y se desabrochó y quitó la parte de arriba. Debajo sólo llevaba una camiseta de manga corta. En un momento encontró todo lo necesario para cambiar la rueda. Mientras hacía fuerza para cambiar aquella rueda el me explicaba cortésmente cómo se hacía y yo ponía atención en como cada músculo de su cuerpo se tensaba. Sus brazos eran fuertes y podía ver marcado en su camiseta sus pectorales y sus dorsales. Sin duda tenía que conseguir que aquel hombre fuera mío aunque por una vez.

-Bueno, ya está acabado. – Me dijo cuando terminó de meter la rueda y guardar las herramientas. - ¿Ves cómo no es difícil?

-Claro, si yo fuera tan fuerte como tú no me costaría nada, pero soy una débil mujer… - dije bromeando – dame tu teléfono y te llamo la próxima vez que pinche.

-Seis, cuatro, cuatro, cinco, tres, tres, cinco, sesenta y nueve…

-Espera que lo apunte… - dije yo y me sorprendió que me lo diera – me quedé con el sesenta y nueve del final… - Le dije intentando que ese número le evocara algo picante y yo pensé que siempre iba primero, no al final.

-Hay a quien le gusta al final, pero si lo quieres al principio sólo tienes que darle la vuelta al móvil y lo tendrás al principio, el sesenta y nueve es algo que no varía lo ponga como lo pongas… - y te juro que la sonrisa pícara que tenía casi me derrite allí mismo.

-Esto te lo tengo que pagar de alguna forma, después te invito a desayunar…

-¡Vale Marta! Después te busco por la planta cuarta ¿no?

Entré en mi coche y lo vi como acababa de ponerse su ceñido mono y como se montaba en su moto. Arranqué y me incorporé a la carretera. Él iba detrás y de momento, como queriendo lucirse, aceleró y empezó a adelantarme, haciendo un caballito cuanto estaba a mi lado. Lo vi perderse en la siguiente curva.

Cuando me reuní con mis compañeras y le conté lo que me había pasado, ninguna se lo creía. No les dije que iba a desayunar con él. Ya eran sobre las diez de la mañana, todos estábamos haciendo nuestro trabajo. Mara y yo estábamos en el mostrador rellenando unos documentos de unos pacientes. No te he comentado que Mara está que se muere por los huesos de Juanjo desde el día que lo vio, llevaba toda la mañana llamándome "suertuda" pues desde que escuchó mi historia deseaba que a ella también se le pinchara el coche.

-Hola, Marta ¿vamos a desayunar? – La voz de Juanjo nos hizo levantar la cabeza a las dos y allí estaba. Sus ojos azules nos miraban. - ¿Puedes o lo dejamos para mañana?

-¡Nada de eso! – Saltó Mara. - ¡Ya acabo yo esos papeles! Vete y desayuna que después me toca a mí.

-¡Bueno, ahora vuelvo! – Le dije a mi compañera.

Fuimos al bar del hospital y empezamos a hablar. Él tenía veinticinco años, era mecánico y ahora estaba allí trabajando, pero su reto era abrir su propio taller. Era de Málaga y, lo más importante, estaba soltero y con total libertad para tener amor cuando necesitara.

-Sí he tenido varias novias y todas acaban siendo celosas. – Y no era para menos, aquel hombre seguro que se lo querían tirar hasta las monjas. – De un tiempo que solamente tengo relaciones esporádicas, más bien para desfogarme… - me hablaba sin ningún tipo de tapujo – ¡Perdona! ¿Te molesta que te hable así?

-Para nada, hace tiempo que no tengo ningún amigo con quien hablar sinceramente…

-Gracias, en el poco tiempo que llevo aquí, aún no tengo amigos con los que salir… hablando contigo me siento a gusto, te veo como a un amigo…

-Gracias. – Respondí y aquel Adonis me estaba volviendo loca.

Mientras me contaba algunas cosas de su vida, yo pensaba en como podía hacer para que fuera mío. A fin de cuentas yo tengo ya cuarenta y tres años, no es que esté hecha una vieja, pero sólo tenía cuatro años más que mi hijo mayor y calculando, podría ser su madre si lo hubiera tenido a los dieciocho años… pero es que aquel cuerpo, aquellos ojos de mirada tierna, su dulce voz me hipnotizaban mientras desayunábamos. Miré el reloj y habían pasado una hora.

-¡Dios, Mara me va a matar! – La pobre Mara estaría esperando - ¡Tengo que irme rápido!

-No te preocupes… - él no parecía tener prisa – Nos vemos mañana.

Salí de allí y cuando llegué junto a mi compañera, me recibió una cara de enfado.

-¡Sólo te perdonaré si al final te lo follas!

-¡Eres una pervertida Mara!

Mara era una mujer de cincuenta y tantos años. Estaba divorciada, no tenía hijos y de vez en cuando tenía algún romance, con su buen polvo, con el incauto que caía en sus redes. Cachonda, le gustaba bromear sobre todo con temas de sexo. Era público que se había tirado a más de un médico de nuestra ala.

El resto de la mañana había pasado sin más percances hasta que cogí de nuevo el coche para volver a casa. Salí del hospital y tras recorrer cierta distancia, vi por el retrovisor una moto que se acercaba. Quería que fuese Juanjo, deseaba que fuera él. Venía rápido y cuando se puso detrás, redujo la velocidad y me empezó a seguir. Lo pude reconocer, era él. Levanté la mano para saludarlo y el me correspondió.

En cada semáforo, en cada rotonda, en cada cruce giraba en mi misma dirección, me estaba siguiendo y yo me sentía como una jovencita a la que la persigue su joven amante. Me siguió hasta casa y después pasó por mi lado e hizo un leve gesto como saludo de despedida. Supongo que temía que tú lo vieras y te enfadaras. El resto del día me sentía caliente cuando pensaba en él, en su cuerpo.

Al día siguiente me disponía a marchar de nuevo para el trabajo y el recuerdo del día anterior aún me turbaba. El día anterior por la tarde había arreglado la rueda, pero se me ocurrió sobre la marcha. Busqué en el bolso el teléfono de Juanjo y cuando todos os habíais ido lo llamé.

-Sí. – Su voz sonaba a recién levantado.

-Perdona, soy Marta, la del pinchazo de ayer…

-Sí dime, ¿qué te pasa? ¿Has pinchado de nuevo?

-No, es el mismo pinchazo… - le mentí – no pude arreglarlo ayer y arriesgarme a pinchar de nuevo… ¿Podrías recogerme para llevarme al trabajo?

-¡Vale, en diez minutos estaré ahí!

En el tiempo que lo esperaba me arreglé y me puse lo más bonita posible para gustarle. Estaba como una colegiala que espera que su nuevo amor venga a recogerla en la moto, aunque su padre no quiere que lo haga. Al poco llegó. Escuché el claxon de su moto y salí.

-Pasa, aún hay tiempo para tomar un café.

Entró en casa y pasamos a la cocina, al igual que el otro día se quitó la parte de arriba del mono y me mostró su torso cubierto por una simple camiseta. ¡Qué bueno está! Eché los dos café y hablábamos del buen tiempo que empezaba a hacer.

-La verdad es que ya apetece ir en camiseta al medio día. ¿En la moto y temprano aún debe hacer frío?

-Yo no, como siempre llevo el mono. – Y entonces empezó a mirarme de arriba abajo, no sabía lo que estaba haciendo. - ¿Tiene que ser una maravilla verte las piernas?

-¿Cómo? – Dije yo haciéndome la estrecha y mis flujos empezaban a mojar mis bragas. - ¿Qué dices? – Y pensaba que me iba a follar allí mismo en la cocina, una cosa rápida ¿tú sabes?

-¡Perdóname, Marta! – Se puso de rojo intenso. – Es que estaba pensando en le mono que llevo puesto y te he mirado para ver la ropa que tu llevas. Se te va a levantar toda la falda y todos veremos tus piernas. En ningún momento quise…

-¡Vale, no te preocupes! La verdad es que la ropa que llevo no la más apropiada para montar en moto. Espera que me vaya a cambiar.

He de reconocer que me hubiera gustado que Juanjo subiera conmigo a ayudarme a cambiarme, pero ya no había tiempo ni siquiera para uno rápido. En cinco minutos bajé y él ya tenía puesto de nuevo el mono. Salimos a la calle y me dio un casco. Puse un pie en el apoyo, tomé impulso y me monté detrás de él. Lo abracé y sentí su fuerte cuerpo. Pensé que ahora correría como un loco para mostrarme su habilidad con la moto, pero todo lo contrario, viajábamos suavemente y en un momento llegamos al hospital.

Mara acababa de dejar su coche en el aparcamiento y se acercaba a la puerta de acceso cuando Juanjo y yo llegamos en la moto. Él aparcaba justo al lado de la puerta en un lugar al resguardo del sol. Mara nos miraba sin saber seguro si la que iba de paquete era yo. Me bajé y me quité el casco. Mi compañera mostraba una cara de incredulidad que era para verla. Me despedí de Juanjo hasta el desayuno y me acerqué a Mara que me esperaba para acompañarme, bueno más bien para interrogarme.

-¡Dime que te lo has tirado y dame todos los detalles! – Me decía totalmente excitada.

-¡Buenos días! Por lo menos.

-Lo que tu quieras, pero cuéntame.

-Nada hija, le he dicho que aún no había arreglado el pinchazo y temprano lo he llamado para que me recogiera y me trajera al trabajo.

-¿Seguro? – Su cara me indicaba que no me creía. - ¿No será que habéis estado juntos toda la noche, follando como animales y no quieres que nadie se entere? ¡Te juro que no se lo diré a nadie! – Ahora imploraba que le dijera la verdad.

-¡Seguro! Me crees capaz de follarme a un chaval que por su edad podría se hijo mío…

-¡Sí! – Fue tajante en su afirmación y además tenía razón. - ¡Y creo que al final lo haréis!

Después de pasada la mañana, me volvió a traer a casa. Le pedí que me dejara en la esquina para que no me vieran llegar con él y ustedes tampoco. Quedamos en que al día siguiente lo recogería yo a él. Y así hemos estado durante varias semanas. Creo que está a punto para que me haga todo lo que quiera."

-Pero entonces aún no habéis hecho nada. – Le pregunté incrédulo.

-No nada.

-Y toda la historia que me has contado…

-Verás, he descubierto que solamente disfruto haciéndolo contigo, más bien sabiendo que me ves disfrutar.

-¿Y…? – Le pregunté sin saber bien por donde iba.

-Pues he de reconocerte que el chico me pone caliente, pero que no soy capaz de hacer nada sin ti. – Sus palabras eran totalmente sinceras. – Pero cuéntame ¿Cómo te ha ido a ti?

-Para qué contarte. Un desastre. No hay ninguna mujer, ni en el trabajo, ni amiga, ninguna por mucho que me insinuara que pareciese que pudiera querer algo conmigo. – Puse cara de desaviado. – Menos mal que tengo a la mejor mujer del mundo que sólo me ama a mí y no lo hace con nadie más.

-Bueno, - Ahora ella era la que bajaba la vista como apesadumbrada. – La verdad es que te quería proponer una cosa haber si estabas de acuerdo…

-Dime. – Dije algo preocupado.

-No he hecho nada con él pues quería proponerte una cosa… - La miraba sin entenderla bien y expectante. – Mira hablando con Juanjo he llegado a saber que le gusta mucho hacerlo con maduras ¿Vale? – Yo asentía con la cabeza. – Resulta que Mara está loquita por los huesos de él, y he de reconocer que a mí también me pone también… Con lo que me has contado creo que te gustará mi propuesta.

Ahora se la veía excitada. No tenía clara cuales eran las intensiones que tenía, pero hablando de Mara, de Juanjo, de la calentura que a las dos les producía aquel tipo que tenía que ser una escultura griega, la cosa pintaba a orgía. Dos maduras follando con un chaval y conmigo, seguro que con dos hembras en celo por aquel macho algo cogería…

La dejé hablar y mis sospechas se fueron haciendo realidad. Marta se encargaría de hacer que Mara y Juanjo vinieran a casa algún día en que pudiéramos estar los cuatro tranquilos y poder dar riendas sueltas a nuestros deseos. Nunca pensé en hacer un trío o intercambio de pareja, ni siquiera había pensado en meternos en una orgía en la que coger lo que se pusiera por medio, sin mirar a qué mujer podía pertenecer aquel coño o culo, de momento la carne masculina era algo que no me atraía.

Marta seguía yendo y viniendo al trabajo con su nuevo "amigo". Dos semanas más tarde parecía que se presentaría la oportunidad, nuestros hijos saldrían de viaje con unos amigos y estaríamos solos en casa. El fin de semana anterior quedamos con ellos para que nos fuéramos conociendo. Quedamos en ir todo el fin de semana con ellos a la playa. Saldríamos el sábado y volveríamos el domingo.

De esta manera lo habíamos previsto y así lo propusimos. A las ocho de la mañana de aquel sábado teníamos preparada la autocaravana y marchamos a recoger la otra "pareja". Primero pasamos por Mara.

-¡Hola Marta! ¡Hola Enrique! – Aquella mujer si bien ya estaba por encima de los cincuenta, aún mostraba belleza y sobre todo la lujuria que le provocaba pasar aquellos días cerca de su adorado Juanjo.

Después fuimos a por él y Mara se lo comía con los ojos. Habíamos acordado que ese fin de semana no habría nada de sexo, seríamos cuatro amigos que se reúnen para conocerse y pasarlo bien. Como resumen de aquellos días he de decir que Mara se pasó todo el tiempo babeando por Juanjo. Marta y yo simulamos que éramos amigos, no esposos y ni siquiera nos acostamos juntos. Las dos mujeres durmieron juntas en una cama, Juanjo en otra solo y yo en otra.

Después de esos dos días, habíamos creado algún lazo aparte del sexual que nos uniría en nuestro próximo encuentro en nuestra casa. En ese fin de semana supimos que Juanjo no estaba con ninguna chica de su edad pues tenía un problema, le encantaban las mujeres maduras y siempre acababa mal con las chicas que salían, pues acababa follándose a sus madres.

Mara no era exigente en cuanto a la edad de sus amantes. Su mayor fantasía era encontrar a uno que tuviera por lo menos un aparato de esos que salen en las películas, de no menos de veinticinco centímetros. En pareja le gustaba de todo y por todos lados. Nunca había estado en una orgía y esperaba ansiosa la experiencia.

De Marta yo sabía sus gustos. Nunca lo había hecho con otro hombre más que conmigo y esperaba disfrutar de los dos la noche que hiciéramos el sexo en grupo. Lo que más le excitaba era disfrutar de una buena follada y que yo la viese. Y que la viese follar con mi polla lo había hecho hasta ese momento, estaba ansiosa y excitada pensando que yo la vería con la de otro.

Yo tuve que confesar que una de las cosas que más me gustaba y que esperaba que me dieran era ver como mi polla era mamada por dos golosas mujeres. Las dos me prometieron una buena mamada en pareja. Por lo demás me gustaba todos los agujeros de una mujer y ver a Marta follar con otro y acompañada de su amiga, esperaba me excitara y me diera un éxtasis supremo.

Así pasamos aquel fin de semana. Los días iban pasando poco a poco. Marta me traía noticias de nuestros amigos, sus compañeros de trabajo, contando lo impacientes que estaban y lo salida que Mara se encontraba en aquellos días.

-Creo que Mara debe echar un polvo con Juanjo cuanto antes para que se desfogue, si no va a reventar.

-No cariño, - le dije – hagamos que sufra hasta que ya no pueda más y entonces que la penetre.

Y cuando nos dimos cuenta era sábado por la mañana. Nuestros hijos salieron temprano de viaje. Los despedimos desde la puerta y al entrar en la casa abracé a mi mujer por detrás, pasando mis manos por su cintura, acerqué mi boca a su oído y le dije.

-¡Esta tarde follaremos con nuestros amigos! ¡Te veré follar con otro y tú me veras con tu amiga!

-¡Estoy deseando que llegue ya la noche! – Metí mi mano bajo su falda y encontré que su sexo estaba húmedo, sin duda estaba caliente.

Preparamos el salón para la noche que nos esperaba. Retiramos la mesa que allí teníamos siempre y en el suelo pusimos un montón de mantas extendidas y alrededor todos los cojines que encontramos por la casa. Preparamos una luz tenue y algunas velas colocadas por toda la habitación.

Cuando llegaron nuestros amantes invitados, Mara había ido a recogerlo seguramente impaciente por verlo y tenerlo para ella, Nos fuimos todos al pequeño jardín que tenemos. Habíamos preparado una mesa y la cena estaba lista. Después de comer, aunque no comimos mucho pues todo estábamos impacientes por entrar en materia, dejamos todo allí y nos fuimos al salón.

Yo había encendido las velas unos minutos antes y con la tenue iluminación aquello parecía algún lugar para celebrar un ritual, el ritual del amor. Mara no se despegaba de Juanjo ni un segundo, tal era su deseo hacia aquel muchacho.

-Hagamos una cosa, - dijo Marta – ya que Enrique y yo hemos tenido siempre sexo, yo me sentaré con Juanjo en aquel sofá y tú, Mara, siéntate con él en este otro.

Mara se sentó en el sofá que le había indicado mi mujer un poco frustrada, llevaba desde el fin de semana que pasamos en la playa loca por qué aquel joven la amara y la hiciera subir a los cielos, además ya hacía tiempo que no tenía ningún amante y cada vez le costaba más encontrarlos, aquella noche sería un paraíso para ella.

-¡Tranquila Mara! ¡Tarde o temprano lo tendrás dentro de ti! – Le dijo Marta para consolarla.

Me senté junto a la madura Mara. Mi mujer se sentó junto a Juanjo y esté la rodeo con su brazo por los hombros y besó su mejilla, sin duda estaba impaciente por tener a mi mujer. Todos teníamos copas y la verdad es que no sabíamos bien que hacer.

-¿Alguien sabe como empezar? – Preguntó Marta.

-Pues nada… - dijo Juanjo y empezó a besar a mi mujer.

Marta me miraba mientras su joven amante la besaba y mordisqueaba por los brazos y subía en dirección a su cuello. Las manos de él se movían por todo el cuerpo de ella. Mara a mi lado miraba como la otra pareja se tocaban y acariciaban. Mi mujer empezó a tocar su paquete. Su amiga empezaba a sentirse cada vez más caliente y empezó a tocarme. Nos besamos, sentía cómo la lengua de ella se retorcía en mi boca, cómo jugaba con la mía mientra su mano me acariciaba la polla por encima del pantalón.

-Enrique, cariño, te prometimos una buena mamada entre las dos… - Habló Marta desde el otro sofá mientras era magreada por el impaciente joven que tenía una mano bajo su falda y tocaba su sexo por encima de las bragas. - ¿Se la damos Mara?

-Parece que tu marido tiene un buen instrumento, ¿por qué no? – y se arrodilló junto a mí.

Marta apartó la mano de su amante y a cuatro patas vino hasta donde mi polla la esperaba impaciente de sentir su boca y la de su amiga. Juanjo se levantó y se desnudó por completo. Tenía un hermoso cuerpo fruto de muchas horas de esfuerzo en algún gimnasio. Se acercó a mi mujer por detrás para empezar a tocar su culo. Mara lo miró y lo paró antes de que pudiera acercarse a ella.

-¡Antes déjame admirarte! – Le imploró Mara.

Él permaneció de pie y dejó que la madura lo tocase por todas partes, recorriendo cada hendidura y cada bulto que formaban sus músculos. Besaba cada parte de aquel joven y escultural cuerpo. Por momentos besaba y lamía sus pezones y un segundo estaba tras él apretando y besando sus nalgas. Se quitó toda la ropa y todos podíamos ver sus maduras carnes.

-Mara ven acá que tienes un trabajo. – La llamó mi mujer.

Marta había sacado mi polla mientras su amiga saboreaba al joven y había empezado a mamarme. Cuando llegó hasta nosotros y se colocó de rodillas al lado, Marta se puso de pie y se desnudó por completo con la ayuda de Juanjo que desde ese momento no dejó de tocarla por todas partes. Mara me ayudó a desnudarme.

-Ahora todos estamos desnudos, que cada uno coja lo que más le guste. – Dije en voz alta para que empezáramos.

Marta estaba franqueada por los fuertes brazos de su joven amante, mientras su polla se apoyaba en su culo y ella pasaba una mano por su nuca para ofrecerle su cuello que mostraba inclinando la cabeza a un lado, él devoraba todo lo que ella le ofrecía y una de sus manos acariciaba su pecho.

Mara estaba delante de mí y tragaba mi polla produciendo sonidos con sus intensas chupadas. Marta se separó del otro y se arrodilló junto a nosotros para que su boca se uniera a la de su amiga en una mamada conjunta. Cada una lamía por un lado de mi polla, mientras Juanjo se arrodilló tras las dos maduras y empezó a tocar los dos culos con ambas manos a la vez.

Mara ronroneó como una gata cuando sintió el contacto de su deseado e intentó volverse para comérselo, pero la mano de mi mujer la agarró por los pelos, con la otra mano sostenía mi polla y la ofreció a su amiga que abrió la boca. Marta tiró de su pelo y la forzó a que se tragara toda mi polla, empujándola para que no pudiera retirarse y haciendo que medio se ahogara.

Juanjo estaba tras Marta y separó los cachetes de su culo. Ella lo miró y él le sonrió, se dobló y metió su lengua para lamerle su ano. Mi mujer gimoteaba por el placer que le producía su joven amante. Se separó de ella y se colocó tras Mara, hizo lo mismo, apartó cada nalga y metió su boca para lamerle el ano.

-¡Umm, que bueno! ¡Qué bien juegas con tu lengua! – Protestaba y se retorcía de placer.

Ahora Marta se tragaba toda mi polla y sentía como su mano amasaba mis huevos. Le saqué la polla de la boca e hice que se colocara sobre el sofá de forma que su raja quedara encima de mi boca. Empecé a lamer y de su húmeda vagina salieron más flujos aún. Juanjo colocó a Mara sentada en el suelo, entre mis piernas. Podía sentir los pelos de ella que acariciaban mi sexo cuando comenzó a mover la cabeza, pues él le puso delante su polla y se inclinó para lamer el ano a mi mujer, mientras yo todavía trabajaba su coño.

Mara seguía dando chasquidos ruidosos con su mamada cuando sentí que mi mujer se corría en mi boca. Una gran cantidad de flujos llenaron mi boca y corrieron por mi barbilla. Mi lengua en su raja la estaba volviendo loca, pero sentir además la de Juanjo en su esfínter la hizo tocar el cielo y correrse como nunca antes la había visto.

Yo sabía que después de que mi mujer tenía un orgasmo tras estimular su clítoris, necesitaba urgentemente una polla que la follase, pero aquella noche tenía dos. Se retiró un poco de mí y me miró a la cara. Me pedía permiso para que la follase nuestro amigo.

-¡Cariño, me gusta verte disfrutar! - Esas palabras le bastaron para entender que no me importaba que la joven polla de Juanjo la penetrara y la hiciera disfrutar. – En la mesa he puesto los preservativos.

Yo estaba operado y no podía dejar embarazada a ninguna mujer, pero la juventud del otro amante hacían peligrosas las penetraciones a las otras mujeres. Se levantó y fue a la mesa cuanto antes para coger uno. Mara se tragaba la polla de él hasta el fondo, dándole terribles mamadas que arrancaban gemidos de placer de su amante.

-¡Ah, so puta! ¡Vas a hacer que me corra! – Dijo en tono fuerte y era evidente que no podía aguantar muchas más mamadas de la experta boca de la madura amante.

-¡No lo hagas Mara! – Gritó mi mujer. - ¡Necesito que me entre en el coño!

Pero su amiga quería el néctar de aquella joven polla y no pararía hasta que sus testículos descargasen toda su carga en lo más profundo de su garganta. Se tragaba toda la polla hasta que los huevos tocaban sus labios. Estaba medio ahogada por el esfuerzo, pero no estaba dispuesta a que la primera descarga se perdiera en un inerte preservativo. Daba fuertes chupadas y en menos de un minuto Juanjo se tensó y sus piernas temblaron cuando empezaba a lanzar los chorros blancos de su semen dentro de la boca de Mara. Ella disfrutaba con cada descarga que sentía dentro de su boca. Él cayó rendido en medio de la improvisada cama que habíamos preparado y no podía más.

-¡Quiegues un pogco de lecche! – Le preguntó como pudo con toda la boca llena de la corrida a mi mujer.

-¡Quita so puta! – Le contestó la otra que esperaba estar penetrada por la polla del exhausto muchacho.

Cerró la boca y haciendo un gesto para que todos la viéramos, se tragó todo el semen, empujando después con los dedos lo poco que pudiera quedar por fuera de su boca y chupándolos. Marta la miraba deseando que se atragantara por haberle privado de aquella joven polla. No quedó satisfecha, un momento después se arrodilló junto a Juanjo y comenzó a lamerlo para dejarlo limpio de semen. Al momento su polla reaccionaba y volvía a engordar.

-¡Ves tonta! – Le dijo a mi mujer. – Te la he desfogado un poco para que te dure más tiempo dura, ¡verás como ahora disfruta más tiempo de él!

Mi mujer se puso junto a su amiga y entre las dos le daban una buena mamada. Se alternaban en mamar y el joven volvía a tener ganas de sexo. Yo las miraba desde el sofá, podía ver sus redondos y algo celulíticos culos que se movían al ritmo de los movimientos de aquellas cabezas que disfrutaban dándole una buena mamada.

Me arrodillé detrás de ellas. Podía escuchar los chasquidos de las bocas chupando al joven amante. Puse cada una de mis manos en los culos de ellas. Mara abrió un poco las piernas para que metiera mi mano y tocara su peluda raja. Así lo hice, bajé por la raja de su culo hasta que encontré su húmeda entrada. Con los dedos jugué hasta que separé sus pelos y sus labios. Empecé a meter mi dedo haciendo que Mara dejara de chupar y volviera la cabeza para mirarme.

Ese momento lo aprovechó Marta para sacar el preservativo y colocarlo en la dura polla que pensaba clavarse hasta lo más profundo de su vagina. Y así lo hizo, Mara apenas se dio cuenta de que lo tenía preparado cuando Marta abrió las piernas y se colocó sobre su polla. Cuando Mara miró ya era inevitable que el pene de él entrara en mi mujer. Agarró la polla con una mano y ayudo a su amiga para que su joven amante la penetrara por fin.

Con un largo y dulce gemido recibió mi mujer la polla que le iba abriendo los labios de su coño y las paredes de su vagina con el gordo grande que tenía. Sintió como poco a poco su vientre se iba llenando de aquella dura y excitada carne que deseaba darle todo el placer del mundo. Sus uñas se clavaban en su pecho un poco más con cada poco de polla que le entraba.

Yo veía como disfrutaba mi mujer y me puse demasiado caliente para seguir mirando. Empecé a buscar con mi polla la entrada de Mara, me miró y se movió hasta poner su boca junto a la de él, lo besaba y abrió su culo para que yo pudiera atravesar su coño.

-Todo tuyo, fóllame… - Me dijo mirándome a la cara y volviendo a besar los jóvenes labios de Juanjo.

Agarré mi polla y la llevé hasta el redondo culo de ella, moví mi glande para que pasara por toda su raja y separara los labios en busca de su húmedo interior. Sentí como la punta de mi polla era rodeada por los labios de aquel usado coño y como un calor que parecía salir del mismo infierno me quemaba. Empujé y la metí casi entera. Mientras la boca de Mara estaba llena con la lengua de Juanjo, lanzó un gemido al sentirse penetrada por mí.

Marta me miraba penetrar a su amiga. Veía como me agarraba a sus caderas y empujaba con toda fuerza, con una fuerza que nunca había visto en todas los días que habíamos follado. Yo estaba muy excitado al ver como se follaban a mi mujer a la vez que probaba el maduro coño de Mara. Mire a los ojos medio cerrados de mi mujer que gemía y se retorcía por el placer que sentía y ella dejó de botar sobre él para ofrecerme su boca. Él movía rápido sus caderas para seguir penetrando el coño de mi mujer y sentía como ella gemía en mi boca.

-Coge ahora a tu mujer y déjame a esa puta madura para que la folle. – Me pidió Juanjo.

Saqué mi dura polla de Mara y Marta se levantó. Me senté en el sofá y mi mujer abrió las piernas y dándome la espalda, cogió mi polla y la dirigió a su coño. Pude sentir como se hundía poco a poco dentro de ella, su calor. Veía su redondo culo moverse haciendo que mi polla se perdiera dentro se su raja. Ella se entretenía viendo como follaban Mara y su joven amante. Mientras sentía como mi polla entraba y salía de su coño, veía a su amiga a cuatro patas. Juanjo la agarraba fuertemente por las caderas y le daba embestidas para clavársela entera. La habitación estaba completamente llena de gemidos y gruñidos de placer.

-¡Párteme el culo! – Le pidió Mara al macho que la poseía.

No tuvo que repetírselo de nuevo. Sacó su chorreante polla de la vagina de ella, la agarró con una mano y al momento aquel gordo glande empezó a forzar su esfínter para que se abriera y dejara pasar el resto de polla. Mara daba fuertes gritos mezcla de dolor y placer. Ella las veces que se había metido algo por tal sitio habían sido consoladores finos. Juanjo no se limitaba a meter su polla, no, además era poco considerado y lo hacía con rudeza. Ella ponía su mano sobre su brazo gritando de dolor y gimiendo para que se apiadara de su culo. Lo miraba implorando compasión, pero agarró su pelo y la forzó a besarlo sin dejar de follar su estrecho ano.

Marta con aquella visión empezó a sentir gran excitación y al momento se corrió con mi polla dentro, teniendo convulsiones. Los gemidos de placer de Marta se mezclaban con los gritos de Mara que chillaba y pedía a su hombre que siguiera. Mi mujer se bajó y se colocó con el culo en pompa y el pecho apoyado en el asiento del sofá, se agarró cada cachete con una mano y los separó. Su mojada raja y su redondo ano quedaron expuestos a la vista de Juanjo.

-¡Ahora párteme a mí!

Fue lo único que dijo. Él la miro y la sacó de la amiga, de rodillas llegó hasta el culo de Marta y hundió su boca en aquel culo para lamer su esfínter. Cogió otro preservativo y cambió el usado en el culo de Mara. Después se colocó detrás de mi mujer que se dilataba el ano con dos dedos. Cuando él acercó el hermoso glande ella retiró los dedos. De la boca de él cayó saliva que fue a parar al dilatado ano, cogió la polla y la dirigió a la estrecha entrada.

Yo estaba sentado al lado de mi mujer y podía ver como su cara se descomponía al entrarle aquella joven polla. Agarró con fuerza la tela que cubría el sillón y clavó las uñas en el cojín del asiento. Daba resoplidos y suspiros, gemidos, gritos, movía el culo, cerraba los ojos, abría la boca… Estaba poseída por la lujuria que le provocaba aquel joven y se sentía en la gloria mientras era enculada.

Mara observaba la situación de su amiga que era penetrada por su joven amante, mientras a su lado su marido la veía follar con otro y se masturbaba. No podía más, se levantó, abrió las piernas y se clavó mi polla en su coño. Mientras cabalgaba sobre mí y yo acariciaba sus tetas y chupaba aquellos duros y erectos pezones, escuchamos como mi mujer daba los últimos gemidos de un orgasmo glorioso. Ella no estaba satisfecha hasta que tenía tres tipos de orgasmos, el primero actuando sobre su clítoris. El segundo con una polla clavada hasta lo más profundo de su vagina y el tercero cuando la enculaban bien.

Yo estaba concentrado en las tetas de Mara y no me di cuenta que se había acercado por detrás y la había parado. Ella esperaba a que la polla de él entrara en su culo dilatado. Cuando estuvo dentro nos movimos intentando darle el máximo placer. Y vaya si se lo dimos. Nunca había escuchado chillar a una mujer de aquella manera. Se retorcía entre los dos para sentir nuestras pollas dentro de sus dos agujeros. Entonces, cuando ella estaba a punto de correrse de nuevo, Juanjo sacó su polla y se quitó el preservativo. Marta le esperaba con la boca abierta para recibir todo su semen. Él se masturbaba a escasos centímetros de la cara de mi mujer y cuando no pudo más empezó a lanzar chorros de semen que llenaron la boca, la nariz y el pelo de ella que siguió chupándolo para dejarlo limpio.

Mara empezó a cabalgarme como una auténtica profesional para hacerme correr. Sus "córrete dentro de mí, quiero sentir tu calor" me estaban excitando y cada vez la penetraba más rápido. Llego un momento en que no pude aguantar más y empecé a descargar mi leche llenando toda su vagina. Cuando mi polla empezó a menguar, ella se levantó y por sus labios brotaba algo de mi semen.

Estuvimos un rato descansando y después ellos tres comenzaron con los juegos hasta que me calentaron y de nuevo volvimos a hacerlo. Aquella noche no la olvidaré. Nunca más repetimos los cuatro juntos. Mara y Juanjo, según me contó mi mujer siguieron follando por mucho tiempo más. Eso sí, cada vez que recordamos aquella aventura acabamos echando un buen polvo.


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