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TODORELATOS » RELATOS » C.D. LOS TILOS (6: SOLIDARIDAD ENTRE ADVERSARIOS)
[ No por mucho pan, es peor el año. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 04 de Diciembre, 2008.
Fecha: 23-Jun-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6305 de 6573)

C.D. Los Tilos (6: Solidaridad entre adversarios)

Hector Richvoldsen
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Una cosa es ser rivales en el campo y otra ser de piedra. Si se pone a tiro un tio bueno, ¿qué importa si es del equipo contrario? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

La situación no pintaba nada bien. Dos empates y una derrota eran los resultados obtenidos hasta el momento por el C.D. Los Tilos, estaban al borde de quedar fuera de la lucha por el ascenso. Contaban con ello, pero siempre decepciona no hacerlo un poco mejor. Hoy jugaban fuera de casa el partido de vuelta contra Olímpico, y en vista de cómo había ido el partido de ida, tampoco esperaban llevarse muchos puntos. Rafael fue el primero en no darles muchas esperanzas, con que salieran y lo hicieran lo mejor posible y con ganas a él le bastaba.

El balón se puso en juego, y el dominio del Olímpico se hizo evidente desde el primer momento. No llegaban mucho a puerta, pero dominaban por completo el balón. Pablo estuvo listo despejando un balón, pues lo lanzó largo para que Gabriel lo recibiera justo al borde del área contraria. Amagó un poco y la coló por la izquierda del portero cuando aún no habían pasado los 10 minutos de juego. Las cosas se ponían de cara.

Lo malo es que unos minutos más tarde la situación se puso en contra, aunque no precisamente gracias al buen juego de Olímpico, que se había disuelto al encajar el gol y ahora jugaban sin la coordinación de antes. Gabriel andaba empeñado en marcar un hat-trick, pues Nieto lo había logrado la anterior temporada y siempre estaba presumiendo de ello, así que el gitano se estaba esforzando al máximo por marcar un segundo gol y después un tercero. En uno de esos forcejeos por el balón lo pisó de mala manera, de forma que cayó de medio lado y con el brazo derecho retorcido.

Por lo general Gabriel aguantaba sin rechistar cualquier patada en la espinilla, así que en cuanto empezó a gritar todos supieron que se había hecho daño de verdad. Trató de levantarse como pudo, mientras un jugador de Olímpico mandaba la pelota fuera del campo para que pudiera ser atendido. Rafael le examinó con sus escasos conocimientos médicos, pero tuvo claro que se había roto el brazo. El padre de Gabriel no solía ir a los partidos fuera de casa, así que el de Roberto y Cristian se ofreció para llevarle en coche a algún centro de salud. No es que fuera grave, pero el dolor le estaba haciendo soltar algunas lágrimas.

El partido se reanudó, Gabriel fue sustituido por Alberto y Nieto devolvió limpiamente el balón a sus rivales, pero no tardaron mucho en perderlo ellos solos. El Los Tilos dominaba ahora el juego, y debían sentenciar si no querían echar todo el esfuerzo a perder.

Un contraataque del Olímpico supuso el primer corner del partido, y como en la ida, el delantero centro se pegó a Andrei y volvió a rozarle, esta vez con muy poco disimulo. Después de lo de Míchel a Valderrama aquello no era nada, así que nadie reparó demasiado en aquella especie de forcejeo que se traían, pero los apretones por encima de la ropa eran un tanto descarados.

-Ya vale, ¿no? –Dijo Andrei, más preocupado de que alguien les viera que molesto.

-¿Qué pasa? Si hasta seguro que te gusta...

-¡Calla gilipollas! –Espetó el portero, adelantándose unos cuantos pasos y atrapando el balón con un pequeño salto.

Lanzó el balón hacia delante, mientras Nieto corría para hacerse con él. Un defensa de Olímpico despejó, con tan mala fortuna de mandarla a los pies de Eloy. Éste avanzó unos metros y tiró desde fuera del área, probando suerte sin mucha confianza. El portero no se lo esperaba y no pudo más que despejar, el balón fue a parar al lado de Nieto. Tiró con todas sus fuerzas y sin mucho estilo consiguió hacer el segundo gol del partido. Aún había esperanzas.

De camino a los vestuarios, Andrei se cruzó con el delantero rival que tanta lata le estaba dando, tanto deportiva como extradeportivamente.

-¿Se puede saber que te pasa conmigo? –Le dijo de buenas maneras.

-¿A mí? Nada. Te llamas Andrei, ¿verdad? ¿Eres rumano?

-Ruso, ¿por?

-No, por nada. Bueno, yo soy Jose, en la segunda parte nos vemos. –Dijo sonriendo el delantero. Su actitud había cambiado considerablemente.

El segundo tiempo estuvo bastante más igualado desde el primer momento, debido fundamentalmente a la bronca del entrenador de Olímpico a sus jugadores en el descanso. Salieron con mucha fuerza, dispuestos a remontar el marcador en los primeros minutos, pero en vista de que el gol no llegaba, comenzaron a desinflarse. Jose llegó a puerta un par de veces, pero las dos Andrei le adivinó el pensamiento y se hizo con el balón sin problemas.

De nuevo corner para Olímpico, y una vez más se repitió el marcaje portero-delantero. Esta vez ambos estaban más pendientes el uno del otro que del balón, mirándose de reojo y rozándose con mucho disimulo. Quizá fuese para despistar, pero justo cuando el balón se dirigía al área, José se acercó al portero y le susurró: "quiero comerte la pedazo de polla que guardas ahí debajo". Andrei se quedó un tanto descolocado en todos los sentidos, y ni siquiera vio como Jose saltaba enfrente suyo y colaba el balón en la red de cabeza. 1-2 y más de quince minutos de segunda parte por delante. O volvían a marcar o el Los Tilos iba a sufrir lo que quedaba de partido.

Y las cosas no empezaron muy bien tras el saque de centro, Andrei tuvo que despejar con la punta de los dedos un tiro que todo el mundo daba por hecho que supondría el empate.

-Muy buena. –Dijo Jose, mientras se acercaba una vez más a Andrei para el saque de esquina.

-No me vas a volver a despistar. –Respondió el portero sin ni siquiera mirarle.

-No lo he dicho para despistarte, es la verdad. Y lo de antes también. –Dijo muy convencido.

-Si claro, y voy y yo y me lo creo.

-Tú te lo pierdes...

Esta vez el balón ni siquiera llegó al área, y el Los Tilos salió rápidamente al contraataque, aunque sin conseguir nada. Andrei por su parte se quedó pensando mientras seguía el partido desde lejos. ¿Y si iba en serio? La verdad es que el chico estaba buenísimo, pero era difícil saber hasta que punto no estaba vacilándole. No tenía ninguna experiencia en aquel tipo de juegos, y eso jugaba en su contra. O se lo dejaba aún más claro, o no haría nada. No era cuestión de quedar en evidencia a las primeras de cambio.

Desde lejos, Andrei seguía a lo suyo, aprovechando que ahora el juego se desarrollaba en el campo contrario. Por eso, ni siquiera pudo ver el gol de Eloy, sólo se percató cuando el griterío le sacó de su ensimismamiento. No era muy bueno calculando el tiempo, pero no debían de quedar más de cinco minutos, y ya tenían dos goles de diferencia, el partido estaba en sus manos si no perdían la concentración. Y en eso él tenía bastante responsabilidad.

Por suerte para él y para su equipo, Andrei apenas tuvo que atajar un par de balones en lo que quedaba de partido, ninguno de ellos con mucho peligro. El pitido final fue un alivio y un revulsivo para el equipo, que se resignaba a luchar por no quedar últimos antes del partido y ahora podían volver a soñar con subir. Iba a ser difícil, y aún quedaba mucho por hacer, pero podían hacerlo si no pinchaban los dos partidos restantes y el resto de resultados les eran favorables.

Andrei ni siquiera pensaba en eso mientras estrechaba deportivamente la mano de los rivales, sino en si Jose seguiría en su misma actitud ahora que ya no había motivos para tratar de distraerle. Se secó las manos sudadas por los guantes en la camiseta cuando le vio acercarse, y le dedicó las mismas palabras que al resto:

-Buen partido.

-Lo mismo digo. –Dijo Jose estrechando fuertemente su mano. –No me has contestado.

-¿A qué? –Andrei se hizo el distraído, pero sus nervios delataban que sabía perfectamente a qué se refería.

-A lo que te he dicho jugando. ¿Por qué no te vienes conmigo y hablamos un rato los dos?

-Es que me tengo que duchar... –Se excusó Andrei, tratando de no seguirle aún el juego, por si acaso.

-Mira, si no me has mandado a la mierda a estas alturas es porque te gusta este rollo, así que no vayas de inocente. –Jose había cambiado su tono juguetón de antes, comenzaba a hartarse. –Si quieres te espero dentro de dos minutos en el cuarto de mantenimiento, es la segunda puerta que hay pasando los vestuarios. Y si no quieres, pues nada, tú te lo pierdes...

Andrei ni siquiera tuvo tiempo de contestar, pues Jose se fue a paso ligero para estrechar la mano de Pablo. Le siguió con la mirada y le vio alejarse antes que nadie del campo, procurando que nadie le echara en falta. El problema que tenía ahora es que aunque sabía desde hacía tiempo que le gustaban los chicos, Andrei nunca había tenido ocasión de ponerlo en práctica. Lo más aproximado había sido pajearse con los compañeros, pero de ahí a llegar a algo más había una barrera psicológica importante. Era muy sencillo fantasear con hacer mil cosas a un chico guapo, pero pasar a la práctica era mucho más serio.

El tiempo se acababa, y si no quería llamar la atención tenía que irse ya, antes de que los demás se volvieran al vestuario. El resto del equipo seguía celebrando la primera victoria de la liguilla, así que Andrei salió discretamente detrás de Jose, rezando porque nadie le preguntara que a dónde iba. Al parecer nadie le vio, o al menos a nadie le extrañó que se fuera al vestuario por su cuenta sin esperar a los demás.

Jose esperaba en el cuarto de mantenimiento, donde se almacenaban los balones, banderines de corner, la máquina de pintar las líneas del campo... Era un cuartucho pequeño, húmedo y oscuro, pero también era el único sitio donde tener algo de intimidad. Al igual que los vestuarios, estaba justo debajo de la grada del campo de hierba donde jugaban los mayores, y a esa zona sólo tenían acceso los jugadores y el árbitro. Jose había elegido bien el sitio.

Andrei golpeó la puerta de chapa con sus nudillos, aún dudoso de que Jose fuera en serio. La voz del delantero rival le instó a entrar, y sin demasiada confianza todavía el ruso entró al cuarto.

-Creía que te ibas a rajar...

-No. –Contestó Andrei, visiblemente cortado ante la situación.

-Ya veo... Ven anda. ¿Has estado alguna vez con un chico?

-No. –Respondió casi con el mismo tono de voz que antes.

-Bueno, pues déjame hacer a mí entonces...

Jose se acercó a Andrei y le dio un beso rápido en los labios, como tanteándole. El portero del Los Tilos respondió tímidamente, pero cuando Jose le rozó el muslo levantándole un poco el pantalón corto se empezó a soltar. Le besó sin mucha pasión, y posó sus manos en la espalda de Jose, como quién no sabe donde ponerlas. El delantero sonrió, e introdujo su mano entre la ropa de Andrei. Se abrió paso como pudo hasta llegar a la polla, y comenzó a masturbarle.

El ruso se dejó hacer, soltó los labios de Jose y apoyó la espalda contra la puerta cerrada del cuartucho. Ahora el olor a humedad se mezclaba con el del sudor, había sido un partido duro en un día de mucho calor, y los cuerpos de los chicos necesitaban hacer descender su alta temperatura corporal mediante la transpiración. No era un ambiente muy agradable, pero tampoco estaban para ponerse exquisitos. Jose había bajado los pantalones de Andrei lo suficiente como para poder pajearle más cómodamente, y éste disfrutaba de su primer contacto real con el sexo.

Su polla apuntaba hacia arriba y comenzaba a segregar fluidos preseminales, facilitando la tarea de Jose. No iba muy deprisa, aunque tampoco se podían demorar mucho o los echarían en falta. Le sorprendió su tamaño, aunque iba acorde con la corpulencia de Andrei, algo más alto y más ancho de hombros que sus compañeros. Jose le sacaba menos de cinco centímetros de altura, pero en pollas iban equipados de forma similar, aunque él aún no había desenfundado.

Prefería centrarse en Andrei, después de casi un mes había conseguido su objetivo. Ya se había fijado en él en los partidos de la liga regular del año anterior, aunque aquello no era de extrañar, pues en cada partido Jose fichaba a dos o tres chicos para su particular dream team de tíos buenos. Había sido en el primer partido de la liguilla, cuando había entablado un poco de conversación con el portero del Los Tilos cuando había decidido lanzarse con él. Había tenido ya un par de escarceos con compañeros de clase, pero en ambas ocasiones había sido él el seducido. Esta vez Jose había usado lo que había aprendido para atraer a Andrei.

Y no sólo para atraerle, también estaba poniendo en práctica sus artes a la hora de hacer pajas. De lo poco que había probado hasta el momento era lo que más le gustaba, sentir como una polla ajena crecía poco a poco en su mano para acabar llenándosela de lefa. Era rápido, simple, pero muy efectivo. Bastaba con subir y bajar rítmicamente para que el otro se volviera loco de gusto. Y si luego te devolvían el favor, mejor que mejor.

Andrei ni siquiera pensaba en lo que iba a hacer en los siguientes cinco minutos, bastante tenía con mantenerse de pie con el temblor de piernas que tenía. Jadeaba procurando no hacer mucho ruido, pero lo cierto es que de ser otras las circunstancias hubiera gritado de gusto. Busco la boca de Jose para silenciarse un poco, aunque eso tampoco era de gran ayuda. Su respiración seguía siendo tan agitada que tenía que gemir para llenar de aire sus pulmones.

Jose logró su objetivo, y su mano se salpicó del semen que fluía de la polla de Andrei. El ruso se revolvía como un loco mientras Jose seguía masturbándole, prolongando durante unos segundos más su orgasmo. Si la sensación de ser pajeado superaba a la de una masturbación normal, la corrida multiplicaba exponencialmente el gusto al ser provocada por otro. Los chorros iniciales se convirtieron un leve goteo de leche que resbalaba por la mano de Jose, que aflojaba el ritmo. Cuando paró, Andrei se había agarrado a lo que tenía más a mano para no caerse al suelo. Las piernas le fallaban.

Se recuperó pronto, quizá para agradecer cuando antes el favor a Jose. Éste se quitó la camiseta roja con el número 9 a la espalda, los pantalones del mismo color y unos boxers negros de lycra, dejándose sólo puestas las medias y las botas. Lo demás podía ponérselo rápidamente si alguien llamaba a la puerta. Su polla salió disparada hacia arriba, golpeando sonoramente con la parte inferior de su ombligo. Jose supuso que el portero se limitaría a devolver literalmente el favor, pero Andrei prefirió hacerlo con creces.

Aprovechando el acolchado de sus pantalones de portero, se arrodilló en el duro suelo de cemento del cuarto y comenzó a ensalivar la polla de Jose a lametazos. Para los dos era la primera mamada, así que la torpeza de uno se compensaba a priori con la falta de exigencia del otro. Pese a que ponía todo su empeño, la labor de Andrei dejaba mucho que desear, sus lengüetazos apenas hacían sentir nada a Jose. Había fantaseado muchas veces con chupar una polla, incluso lo había practicado con alguno de sus dedos, pero a la hora de la verdad su técnica no estaba a la altura.

En vista de que Jose no expresaba ningún placer, Andrei decidió intentarlo a la desesperada, metiéndose la polla en la boca y comenzando a chupar, como salía en todas las películas porno. Eso siempre funcionaba, hiciera lo que hiciera la chica, el chico siempre disfrutaba como un loco. Aunque con Jose tampoco funcionaba.

Y es que Andrei, en su esfuerzo desmesurado por devolverle el favor, le estaba arañando con los dientes una y otra vez, y Jose estaba sufriendo más que disfrutando. Tampoco era plan de ponerse borde y exigirle que lo hiciera mejor, pues era más que probable que Andrei ya se estuviera empleando a fondo.

-Pajéame mejor, que así tardo menos y no nos pillan. –Dijo Jose finalmente, después de pensar mucho en que frase sería menos ofensiva.

-Vale. –Dijo Andrei sin ofenderse, para él también era más sencillo en vista de que lo de las mamadas no era lo suyo.

Se levantó del suelo y se puso de pie a su lado, igual que había hecho Jose con él. Agarró su polla con la mano y la agitó unas cuantas veces hasta que recobró la dureza que había perdido. Ahora sí. Andrei le echaba el prepucio completamente hacia atrás, dejando todo el capullo al descubierto para luego taparlo de nuevo. Jose solía pajearse haciendo movimientos mucho más cortos, sin apenas descorrerlo, pero aquella nueva forma tampoco estaba mal.

Ahora que podía disfrutar de su cuerpo desnudo, Andrei se dedicó a darle un buen repaso con la mirada. Jose apenas tenía vello, sólo una mancha negra en el pubis y unos cuantos pelos que asomaban en sus axilas, pero aún así su cuerpo estaba completamente formado. Su abdomen mostraba unos incipientes abdominales, que descendían hacía su entrepierna de una forma muy sensual. Su ombligo no era muy profundo, pero destacaba junto a los pezones, muy marrones y duros de excitación. Su pecho se hinchaba y deshinchaba con cada respiración, más agitada según Andrei iba cogiendo ritmo.

Los huevos de Jose pendulaban de un lado a otro mientras le pajeaba, y Andrei los agarró con la mano libre para impedir dicho movimiento y para sobarlos un poco, pues se le antojaban apetecibles. Los pellizcó suavemente, como solía hacer de vez en cuando con los suyos para ponerse aún más cachondo mientras se pajeaba. Jose soltó un jadeo, a él también debía de gustarle aquello.

-Joder que bien lo haces.

Aquel comentario animó a Andrei, que se había quedado algo chafado después de su intento fallido de mamada. Apretó un poco la polla que tenía entre los dedos, sintiendo su dureza. Estaba ya muy lubricada gracias a los líquidos preseminales, así que pasó un par de dedos por la punta muy suavemente, haciendo estremecer a Jose. Por la cara de éste, podía adivinarse que no iba a tardar mucho más en correrse.

Andrei se percató de ello, y retomó de nuevo la paja rápida que había parado por unos instantes, con la intención de no volver a detenerse hasta que no hubiera acabado. Jose se mordió el labio inferior sin dejar de jadear; si no era la mejor paja que le habían hecho, no debía de andar muy lejos. Fuera como fuera, no se arrepentía de haberse lanzado a la piscina con el portero.

Los jadeos de Jose subieron de volumen, asustando un poco a Andrei. No estaban lejos de los vestuarios y cualquiera que pasara por delante de la puerta del cuarto podría oírles. El problema es que Jose cuando se corría era algo escandaloso, incluso cuando se masturbaba en su habitación con sus padres no muy lejos le era imposible reprimir algún gemido. Y si encima se lo hacía otro, le costaba no ponerse a gritar de gusto al final.

Y ese final estaba a punto de llegar. Las extremidades de Jose comenzaron a estremecerse con un ligero cosquilleo. Dado que Andrei le masturbaba casi horizontalmente, la primera ráfaga salió directa a la pared que ambos tenían delante, casi a dos metros de distancia. El resto cayó hacia abajo, manchando las botas de Andrei y sobre todo las de Jose, quien no paraba de jadear sonoramente. El ruso paró enseguida, tratando de que Jose se moderara un poco o acabarían por pillarles.

Debían llevar más de 10 minutos separados de sus respectivos equipos, y su ausencia debería haber empezado a notarse. Andrei se recompuso un poco, estaba prácticamente vestido pero los goterones en sus botas negras delataban lo que había estado haciendo. Se limpió como pudo con uno de los banderines de corner que por allí había, mientras Jose se ponía de nuevo su ropa. Apenas se dijeron nada, ni siquiera cruzaron más de un par de miradas antes de salir del cuarto. No se podían entretener mucho, pero pesaba más la vergüenza. Aunque los dos hubieran actuado siendo plenamente conscientes de lo que hacían, aún no estaban preparados para afrontar ese tipo de situaciones. Y quizá por las prisas o por pudor ambos olvidaron intercambiar los teléfonos.

-Joder tío, ¿dónde coño estabas? –Preguntó Gabriel, buscando algo en su mochila con sólo una toalla enrollada en la cintura.

-Estaba cagando. –Respondió Andrei, sin ganas de dar muchas más explicaciones.

-¡Venga ya! –Intervino Eloy, de los pocos que aún no se habían metido a la ducha. –Pero si aquí también hay baño...

-Si claro, como que me ibais a dejar tranquilo... Me he metido en un baño que he encontrado por ahí y se ha atascado la puerta. Punto. –Dijo, quitándose la camiseta.

-Bueno, pues venga, que creo que estos ya han empezado a cascársela sin nosotros...

-Yo hoy ya estoy servido... –Dijo Andrei entre dientes.

TodoRelatos.com © Hector Richvoldsen

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