La situación no pintaba nada bien. Dos empates y una derrota
eran los resultados obtenidos hasta el momento por el C.D. Los Tilos, estaban al
borde de quedar fuera de la lucha por el ascenso. Contaban con ello, pero
siempre decepciona no hacerlo un poco mejor. Hoy jugaban fuera de casa el
partido de vuelta contra Olímpico, y en vista de cómo había ido el partido de
ida, tampoco esperaban llevarse muchos puntos. Rafael fue el primero en no
darles muchas esperanzas, con que salieran y lo hicieran lo mejor posible y con
ganas a él le bastaba.
El balón se puso en juego, y el dominio del Olímpico se hizo
evidente desde el primer momento. No llegaban mucho a puerta, pero dominaban por
completo el balón. Pablo estuvo listo despejando un balón, pues lo lanzó largo
para que Gabriel lo recibiera justo al borde del área contraria. Amagó un poco y
la coló por la izquierda del portero cuando aún no habían pasado los 10 minutos
de juego. Las cosas se ponían de cara.
Lo malo es que unos minutos más tarde la situación se puso en
contra, aunque no precisamente gracias al buen juego de Olímpico, que se había
disuelto al encajar el gol y ahora jugaban sin la coordinación de antes. Gabriel
andaba empeñado en marcar un hat-trick, pues Nieto lo había logrado la anterior
temporada y siempre estaba presumiendo de ello, así que el gitano se estaba
esforzando al máximo por marcar un segundo gol y después un tercero. En uno de
esos forcejeos por el balón lo pisó de mala manera, de forma que cayó de medio
lado y con el brazo derecho retorcido.
Por lo general Gabriel aguantaba sin rechistar cualquier
patada en la espinilla, así que en cuanto empezó a gritar todos supieron que se
había hecho daño de verdad. Trató de levantarse como pudo, mientras un jugador
de Olímpico mandaba la pelota fuera del campo para que pudiera ser atendido.
Rafael le examinó con sus escasos conocimientos médicos, pero tuvo claro que se
había roto el brazo. El padre de Gabriel no solía ir a los partidos fuera de
casa, así que el de Roberto y Cristian se ofreció para llevarle en coche a algún
centro de salud. No es que fuera grave, pero el dolor le estaba haciendo soltar
algunas lágrimas.
El partido se reanudó, Gabriel fue sustituido por Alberto y
Nieto devolvió limpiamente el balón a sus rivales, pero no tardaron mucho en
perderlo ellos solos. El Los Tilos dominaba ahora el juego, y debían sentenciar
si no querían echar todo el esfuerzo a perder.
Un contraataque del Olímpico supuso el primer corner del
partido, y como en la ida, el delantero centro se pegó a Andrei y volvió a
rozarle, esta vez con muy poco disimulo. Después de lo de Míchel a Valderrama
aquello no era nada, así que nadie reparó demasiado en aquella especie de
forcejeo que se traían, pero los apretones por encima de la ropa eran un tanto
descarados.
-Ya vale, ¿no? –Dijo Andrei, más preocupado de que alguien
les viera que molesto.
-¿Qué pasa? Si hasta seguro que te gusta...
-¡Calla gilipollas! –Espetó el portero, adelantándose unos
cuantos pasos y atrapando el balón con un pequeño salto.
Lanzó el balón hacia delante, mientras Nieto corría para
hacerse con él. Un defensa de Olímpico despejó, con tan mala fortuna de mandarla
a los pies de Eloy. Éste avanzó unos metros y tiró desde fuera del área,
probando suerte sin mucha confianza. El portero no se lo esperaba y no pudo más
que despejar, el balón fue a parar al lado de Nieto. Tiró con todas sus fuerzas
y sin mucho estilo consiguió hacer el segundo gol del partido. Aún había
esperanzas.
De camino a los vestuarios, Andrei se cruzó con el delantero
rival que tanta lata le estaba dando, tanto deportiva como extradeportivamente.
-¿Se puede saber que te pasa conmigo? –Le dijo de buenas
maneras.
-¿A mí? Nada. Te llamas Andrei, ¿verdad? ¿Eres rumano?
-Ruso, ¿por?
-No, por nada. Bueno, yo soy Jose, en la segunda parte nos
vemos. –Dijo sonriendo el delantero. Su actitud había cambiado
considerablemente.
El segundo tiempo estuvo bastante más igualado desde el
primer momento, debido fundamentalmente a la bronca del entrenador de Olímpico a
sus jugadores en el descanso. Salieron con mucha fuerza, dispuestos a remontar
el marcador en los primeros minutos, pero en vista de que el gol no llegaba,
comenzaron a desinflarse. Jose llegó a puerta un par de veces, pero las dos
Andrei le adivinó el pensamiento y se hizo con el balón sin problemas.
De nuevo corner para Olímpico, y una vez más se repitió el
marcaje portero-delantero. Esta vez ambos estaban más pendientes el uno del otro
que del balón, mirándose de reojo y rozándose con mucho disimulo. Quizá fuese
para despistar, pero justo cuando el balón se dirigía al área, José se acercó al
portero y le susurró: "quiero comerte la pedazo de polla que guardas ahí
debajo". Andrei se quedó un tanto descolocado en todos los sentidos, y ni
siquiera vio como Jose saltaba enfrente suyo y colaba el balón en la red de
cabeza. 1-2 y más de quince minutos de segunda parte por delante. O volvían a
marcar o el Los Tilos iba a sufrir lo que quedaba de partido.
Y las cosas no empezaron muy bien tras el saque de centro,
Andrei tuvo que despejar con la punta de los dedos un tiro que todo el mundo
daba por hecho que supondría el empate.
-Muy buena. –Dijo Jose, mientras se acercaba una vez más a
Andrei para el saque de esquina.
-No me vas a volver a despistar. –Respondió el portero sin ni
siquiera mirarle.
-No lo he dicho para despistarte, es la verdad. Y lo de antes
también. –Dijo muy convencido.
-Si claro, y voy y yo y me lo creo.
-Tú te lo pierdes...
Esta vez el balón ni siquiera llegó al área, y el Los Tilos
salió rápidamente al contraataque, aunque sin conseguir nada. Andrei por su
parte se quedó pensando mientras seguía el partido desde lejos. ¿Y si iba en
serio? La verdad es que el chico estaba buenísimo, pero era difícil saber hasta
que punto no estaba vacilándole. No tenía ninguna experiencia en aquel tipo de
juegos, y eso jugaba en su contra. O se lo dejaba aún más claro, o no haría
nada. No era cuestión de quedar en evidencia a las primeras de cambio.
Desde lejos, Andrei seguía a lo suyo, aprovechando que ahora
el juego se desarrollaba en el campo contrario. Por eso, ni siquiera pudo ver el
gol de Eloy, sólo se percató cuando el griterío le sacó de su ensimismamiento.
No era muy bueno calculando el tiempo, pero no debían de quedar más de cinco
minutos, y ya tenían dos goles de diferencia, el partido estaba en sus manos si
no perdían la concentración. Y en eso él tenía bastante responsabilidad.
Por suerte para él y para su equipo, Andrei apenas tuvo que
atajar un par de balones en lo que quedaba de partido, ninguno de ellos con
mucho peligro. El pitido final fue un alivio y un revulsivo para el equipo, que
se resignaba a luchar por no quedar últimos antes del partido y ahora podían
volver a soñar con subir. Iba a ser difícil, y aún quedaba mucho por hacer, pero
podían hacerlo si no pinchaban los dos partidos restantes y el resto de
resultados les eran favorables.
Andrei ni siquiera pensaba en eso mientras estrechaba
deportivamente la mano de los rivales, sino en si Jose seguiría en su misma
actitud ahora que ya no había motivos para tratar de distraerle. Se secó las
manos sudadas por los guantes en la camiseta cuando le vio acercarse, y le
dedicó las mismas palabras que al resto:
-Buen partido.
-Lo mismo digo. –Dijo Jose estrechando fuertemente su mano.
–No me has contestado.
-¿A qué? –Andrei se hizo el distraído, pero sus nervios
delataban que sabía perfectamente a qué se refería.
-A lo que te he dicho jugando. ¿Por qué no te vienes conmigo
y hablamos un rato los dos?
-Es que me tengo que duchar... –Se excusó Andrei, tratando de
no seguirle aún el juego, por si acaso.
-Mira, si no me has mandado a la mierda a estas alturas es
porque te gusta este rollo, así que no vayas de inocente. –Jose había cambiado
su tono juguetón de antes, comenzaba a hartarse. –Si quieres te espero dentro de
dos minutos en el cuarto de mantenimiento, es la segunda puerta que hay pasando
los vestuarios. Y si no quieres, pues nada, tú te lo pierdes...
Andrei ni siquiera tuvo tiempo de contestar, pues Jose se fue
a paso ligero para estrechar la mano de Pablo. Le siguió con la mirada y le vio
alejarse antes que nadie del campo, procurando que nadie le echara en falta. El
problema que tenía ahora es que aunque sabía desde hacía tiempo que le gustaban
los chicos, Andrei nunca había tenido ocasión de ponerlo en práctica. Lo más
aproximado había sido pajearse con los compañeros, pero de ahí a llegar a algo
más había una barrera psicológica importante. Era muy sencillo fantasear con
hacer mil cosas a un chico guapo, pero pasar a la práctica era mucho más serio.
El tiempo se acababa, y si no quería llamar la atención tenía
que irse ya, antes de que los demás se volvieran al vestuario. El resto del
equipo seguía celebrando la primera victoria de la liguilla, así que Andrei
salió discretamente detrás de Jose, rezando porque nadie le preguntara que a
dónde iba. Al parecer nadie le vio, o al menos a nadie le extrañó que se fuera
al vestuario por su cuenta sin esperar a los demás.
Jose esperaba en el cuarto de mantenimiento, donde se
almacenaban los balones, banderines de corner, la máquina de pintar las líneas
del campo... Era un cuartucho pequeño, húmedo y oscuro, pero también era el
único sitio donde tener algo de intimidad. Al igual que los vestuarios, estaba
justo debajo de la grada del campo de hierba donde jugaban los mayores, y a esa
zona sólo tenían acceso los jugadores y el árbitro. Jose había elegido bien el
sitio.
Andrei golpeó la puerta de chapa con sus nudillos, aún dudoso
de que Jose fuera en serio. La voz del delantero rival le instó a entrar, y sin
demasiada confianza todavía el ruso entró al cuarto.
-Creía que te ibas a rajar...
-No. –Contestó Andrei, visiblemente cortado ante la
situación.
-Ya veo... Ven anda. ¿Has estado alguna vez con un chico?
-No. –Respondió casi con el mismo tono de voz que antes.
-Bueno, pues déjame hacer a mí entonces...
Jose se acercó a Andrei y le dio un beso rápido en los
labios, como tanteándole. El portero del Los Tilos respondió tímidamente, pero
cuando Jose le rozó el muslo levantándole un poco el pantalón corto se empezó a
soltar. Le besó sin mucha pasión, y posó sus manos en la espalda de Jose, como
quién no sabe donde ponerlas. El delantero sonrió, e introdujo su mano entre la
ropa de Andrei. Se abrió paso como pudo hasta llegar a la polla, y comenzó a
masturbarle.
El ruso se dejó hacer, soltó los labios de Jose y apoyó la
espalda contra la puerta cerrada del cuartucho. Ahora el olor a humedad se
mezclaba con el del sudor, había sido un partido duro en un día de mucho calor,
y los cuerpos de los chicos necesitaban hacer descender su alta temperatura
corporal mediante la transpiración. No era un ambiente muy agradable, pero
tampoco estaban para ponerse exquisitos. Jose había bajado los pantalones de
Andrei lo suficiente como para poder pajearle más cómodamente, y éste disfrutaba
de su primer contacto real con el sexo.
Su polla apuntaba hacia arriba y comenzaba a segregar fluidos
preseminales, facilitando la tarea de Jose. No iba muy deprisa, aunque tampoco
se podían demorar mucho o los echarían en falta. Le sorprendió su tamaño, aunque
iba acorde con la corpulencia de Andrei, algo más alto y más ancho de hombros
que sus compañeros. Jose le sacaba menos de cinco centímetros de altura, pero en
pollas iban equipados de forma similar, aunque él aún no había desenfundado.
Prefería centrarse en Andrei, después de casi un mes había
conseguido su objetivo. Ya se había fijado en él en los partidos de la liga
regular del año anterior, aunque aquello no era de extrañar, pues en cada
partido Jose fichaba a dos o tres chicos para su particular dream team de
tíos buenos. Había sido en el primer partido de la liguilla, cuando había
entablado un poco de conversación con el portero del Los Tilos cuando había
decidido lanzarse con él. Había tenido ya un par de escarceos con compañeros de
clase, pero en ambas ocasiones había sido él el seducido. Esta vez Jose había
usado lo que había aprendido para atraer a Andrei.
Y no sólo para atraerle, también estaba poniendo en práctica
sus artes a la hora de hacer pajas. De lo poco que había probado hasta el
momento era lo que más le gustaba, sentir como una polla ajena crecía poco a
poco en su mano para acabar llenándosela de lefa. Era rápido, simple, pero muy
efectivo. Bastaba con subir y bajar rítmicamente para que el otro se volviera
loco de gusto. Y si luego te devolvían el favor, mejor que mejor.
Andrei ni siquiera pensaba en lo que iba a hacer en los
siguientes cinco minutos, bastante tenía con mantenerse de pie con el temblor de
piernas que tenía. Jadeaba procurando no hacer mucho ruido, pero lo cierto es
que de ser otras las circunstancias hubiera gritado de gusto. Busco la boca de
Jose para silenciarse un poco, aunque eso tampoco era de gran ayuda. Su
respiración seguía siendo tan agitada que tenía que gemir para llenar de aire
sus pulmones.
Jose logró su objetivo, y su mano se salpicó del semen que
fluía de la polla de Andrei. El ruso se revolvía como un loco mientras Jose
seguía masturbándole, prolongando durante unos segundos más su orgasmo. Si la
sensación de ser pajeado superaba a la de una masturbación normal, la corrida
multiplicaba exponencialmente el gusto al ser provocada por otro. Los chorros
iniciales se convirtieron un leve goteo de leche que resbalaba por la mano de
Jose, que aflojaba el ritmo. Cuando paró, Andrei se había agarrado a lo que
tenía más a mano para no caerse al suelo. Las piernas le fallaban.
Se recuperó pronto, quizá para agradecer cuando antes el
favor a Jose. Éste se quitó la camiseta roja con el número 9 a la espalda, los
pantalones del mismo color y unos boxers negros de lycra, dejándose sólo puestas
las medias y las botas. Lo demás podía ponérselo rápidamente si alguien llamaba
a la puerta. Su polla salió disparada hacia arriba, golpeando sonoramente con la
parte inferior de su ombligo. Jose supuso que el portero se limitaría a devolver
literalmente el favor, pero Andrei prefirió hacerlo con creces.
Aprovechando el acolchado de sus pantalones de portero, se
arrodilló en el duro suelo de cemento del cuarto y comenzó a ensalivar la polla
de Jose a lametazos. Para los dos era la primera mamada, así que la torpeza de
uno se compensaba a priori con la falta de exigencia del otro. Pese a que ponía
todo su empeño, la labor de Andrei dejaba mucho que desear, sus lengüetazos
apenas hacían sentir nada a Jose. Había fantaseado muchas veces con chupar una
polla, incluso lo había practicado con alguno de sus dedos, pero a la hora de la
verdad su técnica no estaba a la altura.
En vista de que Jose no expresaba ningún placer, Andrei
decidió intentarlo a la desesperada, metiéndose la polla en la boca y comenzando
a chupar, como salía en todas las películas porno. Eso siempre funcionaba,
hiciera lo que hiciera la chica, el chico siempre disfrutaba como un loco.
Aunque con Jose tampoco funcionaba.
Y es que Andrei, en su esfuerzo desmesurado por devolverle el
favor, le estaba arañando con los dientes una y otra vez, y Jose estaba
sufriendo más que disfrutando. Tampoco era plan de ponerse borde y exigirle que
lo hiciera mejor, pues era más que probable que Andrei ya se estuviera empleando
a fondo.
-Pajéame mejor, que así tardo menos y no nos pillan. –Dijo
Jose finalmente, después de pensar mucho en que frase sería menos ofensiva.
-Vale. –Dijo Andrei sin ofenderse, para él también era más
sencillo en vista de que lo de las mamadas no era lo suyo.
Se levantó del suelo y se puso de pie a su lado, igual que
había hecho Jose con él. Agarró su polla con la mano y la agitó unas cuantas
veces hasta que recobró la dureza que había perdido. Ahora sí. Andrei le echaba
el prepucio completamente hacia atrás, dejando todo el capullo al descubierto
para luego taparlo de nuevo. Jose solía pajearse haciendo movimientos mucho más
cortos, sin apenas descorrerlo, pero aquella nueva forma tampoco estaba mal.
Ahora que podía disfrutar de su cuerpo desnudo, Andrei se
dedicó a darle un buen repaso con la mirada. Jose apenas tenía vello, sólo una
mancha negra en el pubis y unos cuantos pelos que asomaban en sus axilas, pero
aún así su cuerpo estaba completamente formado. Su abdomen mostraba unos
incipientes abdominales, que descendían hacía su entrepierna de una forma muy
sensual. Su ombligo no era muy profundo, pero destacaba junto a los pezones, muy
marrones y duros de excitación. Su pecho se hinchaba y deshinchaba con cada
respiración, más agitada según Andrei iba cogiendo ritmo.
Los huevos de Jose pendulaban de un lado a otro mientras le
pajeaba, y Andrei los agarró con la mano libre para impedir dicho movimiento y
para sobarlos un poco, pues se le antojaban apetecibles. Los pellizcó
suavemente, como solía hacer de vez en cuando con los suyos para ponerse aún más
cachondo mientras se pajeaba. Jose soltó un jadeo, a él también debía de
gustarle aquello.
-Joder que bien lo haces.
Aquel comentario animó a Andrei, que se había quedado algo
chafado después de su intento fallido de mamada. Apretó un poco la polla que
tenía entre los dedos, sintiendo su dureza. Estaba ya muy lubricada gracias a
los líquidos preseminales, así que pasó un par de dedos por la punta muy
suavemente, haciendo estremecer a Jose. Por la cara de éste, podía adivinarse
que no iba a tardar mucho más en correrse.
Andrei se percató de ello, y retomó de nuevo la paja rápida
que había parado por unos instantes, con la intención de no volver a detenerse
hasta que no hubiera acabado. Jose se mordió el labio inferior sin dejar de
jadear; si no era la mejor paja que le habían hecho, no debía de andar muy
lejos. Fuera como fuera, no se arrepentía de haberse lanzado a la piscina con el
portero.
Los jadeos de Jose subieron de volumen, asustando un poco a
Andrei. No estaban lejos de los vestuarios y cualquiera que pasara por delante
de la puerta del cuarto podría oírles. El problema es que Jose cuando se corría
era algo escandaloso, incluso cuando se masturbaba en su habitación con sus
padres no muy lejos le era imposible reprimir algún gemido. Y si encima se lo
hacía otro, le costaba no ponerse a gritar de gusto al final.
Y ese final estaba a punto de llegar. Las extremidades de
Jose comenzaron a estremecerse con un ligero cosquilleo. Dado que Andrei le
masturbaba casi horizontalmente, la primera ráfaga salió directa a la pared que
ambos tenían delante, casi a dos metros de distancia. El resto cayó hacia abajo,
manchando las botas de Andrei y sobre todo las de Jose, quien no paraba de
jadear sonoramente. El ruso paró enseguida, tratando de que Jose se moderara un
poco o acabarían por pillarles.
Debían llevar más de 10 minutos separados de sus respectivos
equipos, y su ausencia debería haber empezado a notarse. Andrei se recompuso un
poco, estaba prácticamente vestido pero los goterones en sus botas negras
delataban lo que había estado haciendo. Se limpió como pudo con uno de los
banderines de corner que por allí había, mientras Jose se ponía de nuevo su
ropa. Apenas se dijeron nada, ni siquiera cruzaron más de un par de miradas
antes de salir del cuarto. No se podían entretener mucho, pero pesaba más la
vergüenza. Aunque los dos hubieran actuado siendo plenamente conscientes de lo
que hacían, aún no estaban preparados para afrontar ese tipo de situaciones. Y
quizá por las prisas o por pudor ambos olvidaron intercambiar los teléfonos.
-Joder tío, ¿dónde coño estabas? –Preguntó Gabriel, buscando
algo en su mochila con sólo una toalla enrollada en la cintura.
-Estaba cagando. –Respondió Andrei, sin ganas de dar muchas
más explicaciones.
-¡Venga ya! –Intervino Eloy, de los pocos que aún no se
habían metido a la ducha. –Pero si aquí también hay baño...
-Si claro, como que me ibais a dejar tranquilo... Me he
metido en un baño que he encontrado por ahí y se ha atascado la puerta. Punto.
–Dijo, quitándose la camiseta.
-Bueno, pues venga, que creo que estos ya han empezado a
cascársela sin nosotros...
-Yo hoy ya estoy servido... –Dijo Andrei entre dientes.